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“Agraviados en nuestra dignidad, heridos en nuestros derechos, despojados de nuestras conquistas, venimos a alzar en el punto donde otros las dejaron, viejas banderas de la lucha”. CGT de los Argentinos, 1 de mayo de 1968
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Nacionales - 04-05-2018 / 11:05
RECIÉN PRESENTADO Y YA SE EMPANTANÓ EL PROYECTO DE MACRI

El Peronismo afirma que la reforma laboral no va a pasar

El Peronismo afirma que la reforma laboral no va a pasar
Miguel Ángel Pichetto ayer volvió a decir que no iba a pasar por el senado una ley que no tuviera consenso con la CGT. Más jugado con su fraseología opositora, Pichetto aseveró que cambiar la ley que regula las indemnizaciones es "una provocación" y que va a decir que no a "cualquier cosa que sea un ajuste laboral".
El peronismo en el Senado ya le bajó el pulgar a la reforma laboral que el Gobierno de Mauricio Macri envió en los días previos al día del trabajador. El jefe del Bloque Justicialista, Miguel Pichetto, había enviado las primeras señales días atrás, cuando sostuvo que no iban a "desmarcarse" de la decisión que adoptara la CGT frente a las tres iniciativas.
 
Ayer fue todavía más taxativo: "No va a pasar por el Senado. No vamos a tratar ningún proyecto que perjudique el mundo del trabajo", le dijo al diario Clarín. El rechazo de la bancada del senador rionegrino deja prácticamente herida de muerte a las iniciativas con las que la alianza conservadora Cambiemos buscaba beneficiar a las grandes empresas y, entre otras cosas, modificar a la baja el cálculo de las indemnizaciones.
 
En la Cámara alta el oficialismo cuenta con 25 senadores, muy lejos de los 37 necesarios para el quórum. Hasta ahora venía contando con la ayuda del interbloque Argentina Federal, que también preside Pichetto  y que cuenta con 24 integrantes.
 
El kirchnerismo, la tercera fuerza, quedó con nueve miembros tras sumar a la ex compañera de bloque de Pichetto, Silvina García Larraburu. Los senadores liderados por la ex presidenta Cristina Fernández, al igual que otros opositores, también adelantaron su rechazo a las propuestas de reforma laboral que desde el año pasado el macrismo intenta aprobar en el Congreso.
 
Al gobierno de los ricos cada vez le cuesta más avanzar con el núcleo de sus planes anti obreros. Mientras el gran empresariado empieza a desconfiar cada vez más de que Cambiemos pueda llevar adelante el ajuste que le piden, por el lado de los trabajadores el rechazo al plan neoliberal macrista también es cada vez más amplio.
 
La Opinión Popular

 
Senado: reforma laboral, con resistencias de la oposición como en 2017
 
Los tres proyectos de reforma laboral que presentó el oficialismo en el Senado aún no tienen fecha de tratamiento, aunque el escenario es el mismo que el del año pasado, cuando el justicialismo bloqueó el debate por la resistencia de la CGT.
 
Lo único definido en el Senado hasta el momento es que el proyecto sobre blanqueo laboral será tratado por las comisiones de Trabajo y de Presupuesto; el de capacitación (régimen de pasantías) solo pasará por la Comisión de Trabajo y el que crea la Agencia Nacional de Salud, lo tratará la Comisión de Salud.
 
Sin embargo, ninguna de las tres fue convocada hasta el momento y todavía no hay una fecha estipulada: en el interbloque de Cambiemos unos pocos arriesgan, sin seguridad, que tal vez se llame a alguna reunión la semana que viene.
 
La incertidumbre en torno a los proyectos es que el escenario en la Cámara alta no es distinto al de noviembre del año pasado, cuando el Bloque Justicialista comandado por Miguel Pichetto (que en ese entonces todavía se llamaba PJ-FPV) decidió postergar el tratamiento porque las opiniones divididas en la CGT.
 
Fuentes de esa bancada, cuyos votos son determinantes para el avance de cualquier proyecto, señalaron a NA que la postura frente a la iniciativa del oficialismo es la misma: no acompañar a menos que los referentes de la CGT concurran al Senado y den su opinión favorable.
 
En el bloque no ven con malos ojos el proyecto sobre blanqueo, que apunta a reducir la informalidad laboral cercana al 40% pero sí la eliminación en el cálculo de las indemnizaciones del aguinaldo, los premios y otros ítems.
 
Precisamente, cuando el Gobierno trató de avanzar el año pasado con la reforma la mayor parte de los gremios que integran la CGT se mostraron de acuerdo con el blanqueo y con el sistema de pasantías pero rechazaron el cambio en las indemnizaciones.
 
La historia se repite: dirigentes de todas las vertientes de la CGT ya anunciaron su rechazo a ese punto y el Bloque Justicialista se hace eco de esas críticas.
 
Además, la resistencia de los justicialistas se ve fortalecida por el hecho de que los proyectos, esta vez, ni siquiera fueron presentados por el Poder Ejecutivo sino por el senador Federico Pinedo, lo cual les da menos fuerza.
 
Según las fuentes consultadas, en la bancada de Pichetto -que hasta ahora se ha mostrado casi siempre colaborativa con el Gobierno- no entienden por qué el oficialismo insiste con temas que ya fueron objetados y que generaron que el proyecto se trabara el año pasado.
 
Fuente: Ámbito Financiero
 

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20-05-2018 / 11:05
No fue un descuido ni un fallido de Mauricio Macri cuando, recién asomando su candidatura, desestimó a la inflación cómo un problema, asegurando que era un asunto de solucionar, y su existencia era solamente la manifestación de "la incapacidad para gobernar".
 
Y es que entre sus economistas más cercanos, entre los que se destaca desde hace ya un tiempo Federico Sturzenegger, le sugerían que bastaba con manejar la cantidad de dinero en circulación para estabilizar los precios.
 
Ellos, el PRO, harían lo que nunca otros habían hecho: frenar la emisión monetaria. Si la solución era tan sencilla, la inflación no sería un problema, reflexionó el entonces candidato a presidente. Y así lo transmitió. A dos años y medio de gobierno de Cambiemos, la realidad económica le dio un mazazo en la frente a semejante simplificación.
 
El modelo económico impuesto a partir de diciembre de 2015 llevó a que la apertura comercial, la desregulación (descontrol) de los movimientos de capitales internacionales y las altas tasas de interés convirtieran la economía argentina en un pequeño casino para los grandes jugadores de las finanzas internacionales.
 
Y ubicara al país, por vía del endeudamiento externo y los múltiples déficit en las cuentas externas (balanza comercial, turismo, fuga de capitales, pagos de dividendos e intereses) en "uno de los países más vulnerables" ante las turbulencias financieras externas, como el propio Macri admitió al anunciar que iniciaba negociaciones con el FMI.
 
El modelo elegido para "la vuelta al mundo" que proclama el Gobierno de los Ricos también le impuso al país una muy elevada dependencia del dólar al momento de determinar sus precios internos.
 
Dolarizó tarifas, dolarizó el precio de los combustibles, eliminó retenciones (vinculando el precio de exportación al que debe pagar el mercado interno por los mismos productos), desreguló (perdió el control) sobre precios de insumos básicos y abrió el mercado interno a la importación de todo tipo de productos, permitiendo que desplazara a la producción interna.
 
Por lo dicho más arriba, el desequilibrio permanente en las cuentas externas genera tensión en el mercado cambiario y una tendencia constante al aumento del tipo de cambio. Por momentos, como el actual, en  forma abrupta. Por lo dicho en el párrafo anterior, eso está llamado a producir shocks inflacionarios periódicamente.
 
El gobierno de Cambiemos, con su fórmula simple para "gobiernos capaces", no logró resolver la inflación heredada. Pero creó otra mucho peor, por lo dañina en términos de desarrollo económico y costos sociales.
 
En el actual esquema económico, el dólar se cuela en los precios por todos los agujeros que deja la falta de controles. 

19-05-2018 / 17:05
19-05-2018 / 09:05
19-05-2018 / 09:05
Están el jeringozo, el esperanto y el mauribol. El primero ya se sabe que se arma con un juego de sílabas; el segundo con palabras de distintos idiomas y el último lleva la primera fracción de su nombre en homenaje a su principal promotor y el "bol" del final es porque, al hablar ese idioma, se trata de hacerse el tonto. Como los chicos.
 
Por ejemplo cuando se dice: "este es otro FMI". Todos saben que nunca hubo otro, más que el tristemente famoso representante de las economías centrales que ponen la mayor parte del dinero de sus préstamos.
 
Como es lenguaje de tontos, hay que ponerse en ese lugar e imaginar que si las potencias prestan 25 o 30 mil millones de dólares a un país en crisis -pongamos Argentina- no le impondrán ninguna condición. En el mauribol hay que entenderlo así. Por eso los de Cambiemos, que ya van por el decimoquinto nivel de ese lenguaje tontón, dicen: "este es un FMI distinto", niños.
 
Ellos saben que no es así -por eso hablan mauribol-, porque lo que cambió del FMI es que ahora no quiere pagar los costos políticos de sus medidas y las impone en forma secreta. El Gobierno se hace cargo. Es la nueva condición.
 
Por eso Macri dijo, mauriboludeando, que "la gente quiere que le saquen la mochila de encima", dando a entender como mochila el presupuesto para políticas sociales, educativas o de salud, los subsidios a los servicios y bajar el alto costo salarial, entre otras cuestiones.
 
O sea, el que entiende mauribol, traduce que la gente quiere que la revienten, que ya está cansada de vivir así, quiere que le rebajen el salario, la jubilación y los maten con el precio de los alimentos y las tarifas. Hay que sacarle esa mochila de encima a la gente, dice Macri. Y algunos le creen. Por eso lo de mauribol, es una lengua ad hoc para un público especial.
 
Todos en Cambiemos hablan mauribol para un público mauriboleado. Por ejemplo, la disculpa del ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne: "Nos cuesta bajar la inflación porque estamos haciendo muchas cosas a la vez".
 
En la primaria la profe te arrancaba la cabeza si ibas con esa excusa. Y lo dice un ministro al que la inflación -de la que es responsable- no lo perjudica porque tiene su fortuna millonaria en dólares y en el exterior.
 
En otro país, la vergüenza le impediría hablar de inflación con sus dólares afuera, pero aquí, como se habla mauribol, es lo natural.

19-05-2018 / 08:05
Fronteras adentro, el gobierno de Mauricio Macri se alista para una negociación aún más delicada que la que sostiene con el Fondo Monetario Internacional (FMI): el Presidente pretende trasladar a las provincias una carga significativa del ajuste adicional al que se comprometerá a cambio del auxilio financiero.
 
La obsesión de Macri consiste en cerrar cuanto antes el objetivo de déficit fiscal primario para 2019. Ese será el número mágico que el Gobierno debe llevar a Washington para acordar con el FMI. La crisis cambiaria incendió la previsión anterior, del 2,2% del PBI. "Vamos a presentar una meta creíble. No nos pedirán déficit 0, pero tampoco será el 2,2%. Será seguro una cifra que empiece con 1", dijo una fuente de máxima confianza del Presidente.
 
Cada decimal representa millones de pesos de ahorro (un punto del PBI equivale a unos US$6000 millones). El "gran acuerdo nacional" del que habló esta semana el jefe de Gabinete, Marcos Peña, anticipa una etapa de fuertes tensiones políticas.
 
Detrás de la intención declarada de abrir una etapa de desarrollo real de la Argentina, subyace la urgencia de decidir cómo se reparte el recorte.
 
Macri estableció dos parámetros, según relatan fuentes de su entorno íntimo. Uno: la tijera no se aplicará sobre el presupuesto social (jubilaciones, AUH y otras partidas que se llevan el 75% de la masa total). Dos: llegó la hora de que las provincias -en su mayoría en manos del peronismo- reduzcan fuerte el gasto.
 
"La clave pasa por revisar responsabilidades -añaden en la Casa Rosada-. A los gobernadores les transferimos una masa fenomenal de recursos y ahora les toca asumir las funciones que van atadas".
 
Aluden a la devolución pactada en 2016 del 15% de la coparticipación de impuestos que la administración central retenía desde la estatización en 2008 de las jubilaciones privadas. Gracias a esos fondos, la mayoría de las provincias roza el equilibrio fiscal.
 
El Gobierno imagina recortes de partidas nacionales que financian planes de vivienda provinciales, obras públicas y regímenes jubilatorios especiales (como ya sugirió Macri). Le tocaría a cada gobernador determinar cómo cuadra sus números sin ese dinero.
 
Por su parte, los gobernadores peronistas cerraron filas este miércoles en Tucumán, donde definieron que se sentarán a negociar con Macri pero se pondrán firmes para que el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) no implique un ajuste en sus provincias. No quieren que repitan sus recetas en provincias en las que el empleo público forma parte de su "estructura".
 
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