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“Quienes votaron a Macri aceptaron sacrificarse hoy para estar mejor mañana, pero están cada vez más descreídos. Ahora, lo que va a quedar va a ser peor que lo que dejó Menem”. Beatriz Sarlo
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Nacionales - 04-05-2018 / 10:05
UNA CRISIS CON RESPONSABLES CLAROS

Por el tarifazo, Macri se dio la piña con el dólar y la inflación

Por el tarifazo, Macri se dio la piña con el dólar y la inflación
El escenario no podría ser peor: de cada cinco dólares, uno va a la producción y cuatro a la especulación. La sequía de inversiones se cubre tomando deuda cada vez más cara. Y la economía local resulta cada vez menos atractiva en un país que no ofrece garantías, a punto tal que encumbrados ministros del Gobierno no se arriesgan a repatriar los activos que tienen en el exterior. El plan de Cambiemos es el de favorecer a los grandes grupos financieros a costa de la derrota de todos, generando más pobreza, más hambre, más violencia.
La moneda yanqui tocó su techo histórico, superando los $ 23. Por la noche, Elisa Carrió salió cínicamente a apoyar al ministro Aranguren, responsable directo de las subas de tarifas. La imagen de Mauricio Macri abandonado la Casa Rosada en helicóptero recorrió los medios de todo el país. Parecía una broma pero no lo era. En las redes sociales la asociación con el 2001 apareció enseguida.
 
El jueves volvió a resultar complejo y problemático para el oficialismo nacional. A la fuerte suba del dólar se sumaron más cuestionamientos por el tema de los tarifazos que sigue en el centro de la agenda nacional. Como si fuera una comedia, y aportando al clima general, en la noche del miércoles el canal (¿oficialista?) Todo Noticias había llevado al piso al ex ministro de Economía Domingo Cavallo.
 
Desde la mañana se hizo evidente que las medidas destinadas a frenar la escalada del dólar no lograban efecto. La moneda estadounidense trepó rápidamente a pesar de las medidas que se habían anunciado recientemente. Otra vez la divisa extranjera volvió a escalar y superó los $ 23 en su valor. En algunos bancos alcanzó a cotizar a $ 23.50, el monto más alto desde la salida de la Convertibilidad.
 
La respuesta oficial vino con nuevos desembolsos de las reservas del BCRA y una nueva suba de las tasas de interés, que pasó de 30.25 % a 33.25 %, una suba nada desdeñable. La decisión fue presentada como una jugada fuerte del BCRA. Pero lo que puso en escena son las enormes tensiones que recorren al esquema económico del macrismo.
 
Las malas noticias parecen hacer fila para entrar a Casa Rosada. Así, en la tarde de este jueves se conoció la evaluación que hacen algunos de los principales diarios yanquis sobre la gestión de Macri. Tanto The Wall Street Journal como The Economist dedicaron análisis a la situación del país. La conclusión común fue meter presión sobre el gobierno nacional hacia un mayor ajuste neoliberal. La revista Forbes fue la más osada y publicó un artículo directamente titulado "Puede que sea momento de salir de la Argentina". 
 
En ese marco, volvieron a aflorar con fuerza los cuestionamientos hacia el gabinete nacional y, en particular, hacia los responsables de la economía. Nicolás Dujovne, ministro de Hacienda, volvió a ser el blanco de numerosas críticas y pedidos de renuncia. Seguramente se encargaron nuevas raciones de Chocoarroz para calmar la ansiedad en la cartera que dirige.
 
A esta altura nadie cree seriamente en la meta inflacionaria del 15%. Ni siquiera el mismo gobierno que interviene en negociaciones paritarias donde se manejan porcentajes superiores a esas cifras. Sin embargo, se busca mantener las apariencias. El motivo está orientado a seguir imponiendo límites a los reclamos salariales de los trabajadores. La devaluación del peso frente al dólar se traslada ya a los precios. Los grandes empresarios quieren salarios bajos y precios altos. El gobierno de los ricos trabaja para ese objetivo.
 
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Infelices ilusiones
 
El nuevo consenso de los economistas oficialistas y paraoficialistas, esa amplia franja de consultores que se nutren de fuentes como la Universidad Torcuato Di Tella, una usina ortodoxa apenas más sofisticada que la noventista CEMA, sostiene que, con tipo de cambio flotante no hay que preocuparse por la restricción externa (escasez de dólares), dato que presupone una entrada de capitales siempre abundante (o un dólar a 1000).
 
Estas ideas simples son las que nutrieron las esperanzas de Cambiemos desde que asumió el gobierno. Se creía que el poder económico global, al conocer la nueva existencia de una administración amistosa, apostaría por la nueva Argentina desencadenando una lluvia de inversiones que, al madurar, conjuraría la dependencia crónica de dólares.
 
La tarea del gobierno consistía en cambiar las reglas para la rentabilidad del capital y, especialmente, financiar la transición recurriendo a los mercados internacionales. Esa fue la racionalidad de pagar a los buitres sin chistar para poder empezar a endeudarse lo más rápido posible. El proceso sería ayudado por el carry trade, la bicicleta financiera, que aportaría la entrada de dólares financieros.
 
Deuda más dólares financieros, entonces, deberían traducirse en un tipo de cambio estable. A la vez, un dólar estable resultaba una condición necesaria para una macroeconomía equilibrada, ya que el tipo de cambio es uno de los tres principales precios relativos de la economía, junto con salarios y tarifas.
 
Obviando la discusión sobre las graves dificultades teóricas de estas líneas de argumentación, los hechos no se sucedieron según lo esperado. Al comienzo todo funcionó acorde a lo programado. Efectivamente, mercados financieros globales altamente líquidos le abrieron al país la posibilidad de endeudarse, aunque a tasas suculentas en la comparación regional, mientras que las condiciones de altísimas tasas internas en pesos y dólar estable fueron el contexto ideal para la bicicleta.
 
El problema fue que mientras en el mundo financiero todo marchaba sobre ruedas las inversiones no derramaban a la economía real, que nunca comenzó a aumentar la generación de dólares genuinos. Ya en el tercer año de gobierno lo único que se avizora es la continuidad de déficits de cuenta corriente. En concreto la demanda futura de dólares prestados será mayor, no menor. En abril se conoció que ni siquiera el FMI cree en las súper optimistas proyecciones de estabilización de la relación deuda/PIB a partir de 2020.
 
Luego, los capitales financieros no se guían solamente por los análisis de largo plazo, sino fundamentalmente por la rentabilidad esperada en el corto. Frente a la ausencia de llegada de capitales productivos del exterior una parte del gobierno comenzó a creer que el problema era la alta tasa de interés interna y, a fines de diciembre pasado, se indujo al Banco Central a iniciar una baja de tasas.
 
La consecuencia esperable fue que el dólar pasó de 17,5 pesos en el promedio de diciembre a 19 en enero y a 20 en febrero. Para quienes apostaron a la bicicleta fue un desastre. La señal para los capitales especulativos fue de salida de las posiciones en Lebac y de regreso al dólar y a sus países de origen. Un artículo de Forbes de ayer, por ejemplo, sostenía desde su título que había llegado el momento de "salir de Argentina".
 
Sin embargo, esta es solamente una parte de la película. La otra, igual o más importante, es la puja distributiva, la que no se expresa solamente a través del nivel nominal de salarios, sino en los restantes precios relativos, especialmente el dólar. El tipo de cambio es también una variable distributiva.
 
El dato duro de la corrida, con grandes empresas y bancos comprando dólares, es que no existe consenso entre los sectores dominantes locales para mantener el tipo de cambio apreciado. Esto puede ser útil para algunas fracciones del capital que remiten utilidades al exterior, pero al mismo tiempo aumenta los salarios en dólares disminuyendo la tasa de ganancia global de la economía.
 
Lo que comenzó a preanunciar la corrida de los últimos días fue que luego de la devaluación de diciembre-febrero sumada al shock tarifario, un gobierno que representa al capital financiero decidió estabilizar la inflación recurriendo al "ancla cambiaria" para el resto de 2018. En parte ello fue una consecuencia de la densidad sindical que, más allá de defecciones y complicidades, diferencian a la Argentina de otros países de la región.
 
Aunque en 2018 los salarios perderán contra la inflación lo harán menos que lo necesario para contrarrestar las subas de los restantes precios relativos. En consecuencia, dada la virtual dolarización de las tarifas, anclar en dólar se convirtió en un objetivo clave de la política económica. Fue por eso que se malgastaron 4300 millones de dólares la semana pasada y aún se desconoce cuál será el número final de la primera semana de mayo.
 
La pérdida de reservas no evitó que el dólar salte primero a 21 pesos y luego a más de 23. Y ello a pesar de los 600 puntos básicos adicionales en la tasa de referencia, lo que la llevó hasta 33,25 puntos, un nivel que no se veía desde diciembre de 2015.
 
Las razones de la intensa corrida, entonces, son internas y fundamentalmente dos. Primero los inversores financieros ya saben que la restricción externa es un hecho sin final feliz y, frente a la incertidumbre de tasas y dólar generada por las impericias de política, comenzaron a desarmar posiciones en pesos, dato agravado por la completa desregulación de estos movimientos. Segundo, el capital local no está dispuesto a aceptar salarios altos en dólares. Todavía no está claro en qué nivel quedará la divisa, sí que su alza se traducirá rápidamente en ajustes de precios que impactarán en la inflación de los próximos meses, con una meta oficial que sólo quedó en el recuerdo, en el "mate lleno de infelices ilusiones".
 
Por Claudio Scaletta
 
Fuentes: Página12, Hoy en la Noticia, La Izquierda Diario y La Opinión Popular
 

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Por el tarifazo, Macri se dio la piña con el dólar y la inflación
La prensa económica mundial se hizo eco de la crisis cambiaria en Argentina. El Financial Times, uno de los principales diarios especializados ingleses, destacó en su portada que "Argentina vuelve a subir las tasas de interés a medida que se desploma el peso", mientras que la revista Forbes publicó un artículo bajo el título "Puede que sea momento de salir de la Argentina". The Economist, en tanto, habló de una "crisis del gradualismo argentino".
17-07-2018 / 10:07
En una carta dirigida a la directora gerente del FMI, Christine Lagarde, un amplio conglomerado opositor le advierte al Fondo Monetario Internacional (FMI) que la deuda pactada entre el organismo y el gobierno de Mauricio Macri es considerada "odiosa o execrable" en términos jurídicos y que agotará todos los mecanismos parlamentarios y judiciales para desconocerla.
 
En la misma semana en que Lagarde visitará la Argentina para reunirse con el Presidente, Mauricio Macri, y el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, el organismo difundió un nuevo informe en el que vaticina una baja en el crecimiento de América Latina, impulsado, entre otros motivos, por la crisis que atraviesa la Argentina. 
 
Los números fríos del FMI recortaron las previsiones de crecimiento económico de la región al 1,6% en 2018 y al 2,6% en 2019, cuatro y dos décimas menos, respectivamente, que lo calculado en abril. En lo que respecta al caso argentino, el FMI puntualizó que "las menores estimaciones reflejan perspectivas más difíciles para economías clave, debido a la constricción de las condiciones financieras y el ajuste necesario de las políticas".
 
El argumento, cínico, perverso, es similar al utilizado por el presidente Macri: "Sufrir hoy, para estar mejor mañana", mientras vemos cómo ese "mañana" nunca llega y la promesa de ese futuro paradisíaco se aleja un poco más, hasta esfumarse. Como si estuviéramos condenados a vivir de prestado, entre la miseria y la dependencia, de rodillas ante el "verdugo" que propone más ajuste y lo disfraza de "necesario".
 
Más bien, habría que decir que nacimos bendecidos en una tierra rica en reservas de agua dulce, con gente dedicada y dispuesta al trabajo, tierra fértil en la que crece lo que tiremos. Y en cambio, desde el gobierno de Macri prefieren sembrar corrupción, miseria, entregar nuestros recursos al mejor postor, poniéndonos de rodillas ante el FMI, que promociona como "necesarias" paritarias del 8%, que promueve despidos y tarifazos.
 
El conglomerado opositor sostiene que, de acuerdo a la Constitución Nacional, le corresponde al Congreso "contraer empréstitos sobre el crédito de la Nación" y "arreglar el pago de la deuda interior y exterior de la Nación".
 
Pero nadie podría acusar de traidor al diablo. La traición, si cabe, viene de aquellos representantes que la mayoría de los argentinos eligió para defender sus intereses y hoy nos ponen de rodillas bajo el yugo de un diablo que nadie votó.
 
La Opinión Popular

16-07-2018 / 16:07
16-07-2018 / 09:07
La industria sufrió un fuerte retroceso en mayo según las estadísticas que reveló la Unión Industrial Argentina (UIA) y que difundirá en las próximas horas. El nivel de actividad fabril cayó por debajo del -2% en la comparación interanual, situación que se verá agravada ante un escenario de crisis generalizada que se observará desde junio en adelante, con sectores clave en pleno descenso, lo que provocará que la producción manufacturera termine el año con un promedio de cero crecimiento.
 
A contramano de esa realidad y sin autocrítica frente a la crisis que cada día golpea con más recesión, devaluación e inflación, el presidente Mauricio Macri, desde la nube de gas en que vive, se empeña en afirmar que "vamos por el camino correcto" hacia "un país pujante e inclusivo".
 
"De eso se trata el cambio que vine a proponerles desde el primer día: de construir una Argentina más justa, transparente, donde se dice la verdad y se trabaja con las manos limpias", dijo ayer Macri aferrándose a la letanía de ese inasequible país virtual, tan distinto de la realidad con la que se convive a diario.
 
Hablan por él y sus "manos limpias", el millonario escándalo por la millonaria deuda (que se niega a pagar) del Correo Argentino, una de sus tantas empresas; o la cantidad de funcionarios (él incluido) con empresas fantasmas en paraísos fiscales para facilitar el lavado de dinero; o las denuncias que salpican a su alfil bonaerense, la gobernadora Mariu Vidal, por solo citar algunos casos.
 
Sin autocrítica frente a la crisis que cada día golpea a cinco de cada diez chicos que viven en la pobreza, que no comen como corresponde y vastos sectores de la clase media que son empujados a la miseria. Mientras se acepta el brutal ajuste que impone el FMI, sin proponer un plan económico que cambie el rumbo neoliberal, con empleo y producción capaz de reactivar la economía.
 
En la misma línea se pronunció el jefe de Gabinete, el inútil Marcos Peña, al postular que, pese a la "economía más fría" y "recesiva" de los próximos meses, lo que se viene tras la "tormenta" es un camino de "crecimiento y desarrollo". Son metáforas de un país virtual. La pregunta sobreviene: ¿En qué mano esconderá Macri la varita mágica que no la vemos?
 
La Opinión Popular

15-07-2018 / 11:07
Por más maquillaje que intente ponerle, el ajuste que el FMI le impuso a Mauricio Macri se concretará recortando gasto público (social, si se puede), salarios de estatales, subsidios. Despidos, reducción de áreas, imposiciones simétricas a las provincias. La "fiesta" la pagarán los laburantes, los humildes, las clases medias en descenso, las Pymes. El resto es fulbito para la tribuna.
 
El macrismo ni siquiera amaga o maquina mejorar un poco la recaudación impositiva. El poder fáctico aliado (banca internacional, exportadores agropecuarios, petroleras, concesionarias de energía o gas) lo hiere con fuego amigo. El Gobierno no les pide una pequeña ayuda a los amigos: que aporten un diezmo al "sacrificio colectivo", ajeno a las clases dominantes.
 
Tal vez el torniquete del FMI fuerce al macrismo a revisar el fundamentalismo fiscal pro establishment, hasta hoy cedieron a las presiones de los aliados fácticos, casi gozosamente, como en la reunión con la Mesa de Enlace del campo.
 
Todo se le hubiera facilitado a Macri suponiendo que la Selección Argentina hubiera estado hoy domingo en la Final del Mundial con Lionel Messi a la cabeza y que a su vez combinaba perfectamente con el inicio de las vacaciones de invierno, que el  Gobierno lo imaginaba como real.
 
En ese marco, pretendía avanzar con el ajuste, principalmente en el recorte de empleados públicos, y cumplir la letra chica del acuerdo con el FMI firmado hace un mes, que estima un achique del 30% del personal dependiente del estado.
 
A esto hay que sumarle a un contexto de país en el que  el empleo genuino no funciona como consecuencia de la inflación y la brutal caída del consumo y con la imposibilidad de que las pymes puedan crecer por la falta de créditos, siendo este país el que paga en la actualidad la tasa de interés más alta a nivel mundial
 
Ese combo explosivo hará que la economía actual siga teniendo consecuencias letales. Nos gustaría decir que "lo peor ya pasó", que va a crecer el empleo y los salarios, como afirman los periodistas militantes del macrismo, pero no solo será un sueño que se esfumará inmediatamente como de Messi levantando la Copa en Moscú. 
Terminó el Mundial que no sirvió de cortina de humo ni de freno al conflicto. En esas ligas, como en tantas otras, las penas son de nosotros y las vaquitas son ajenas.


La Opinión Popular

15-07-2018 / 10:07
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