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Sociedad e Interés General - 12-04-2018 / 16:04
EFEMÉRIDES POPULARES

Eduardo Galeano, escritor fundamental de la literatura latinoamericana

Eduardo Galeano, escritor fundamental de la literatura latinoamericana
El escritor y periodista uruguayo Eduardo Galeano, una de las plumas más destacadas de la literatura latinoamericana, murió un 13 de abril en Montevideo a los 74 años, de un cáncer de pulmón.
El escritor y periodista uruguayo Eduardo Galeano, una de las plumas más destacadas de la literatura latinoamericana, murió un 13 de abril en Montevideo a los 74 años, de un cáncer de pulmón.
 
Eduardo Germán María Hughes Galeano fue ganador del premio Stig Dagerman. Sus libros más conocidos, Las venas abiertas de América Latina (1971) y Memoria del fuego(1986), han sido traducidos a veinte idiomas. Sus trabajos trascienden géneros ortodoxos y combinan documental, ficción, periodismo, análisis político e historia.
 
Publicó más de 30 libros. Su libro Las venas abiertas de América Latina fue censurado por las dictaduras militares de Uruguay, Argentina y Chile. Y sufrió el exilio por la dictadura argentina.
 
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Una nena chiquita, nacida en Tacuarembó, una localidad del interior uruguayo, llega por primera vez al mar. Se encuentra con esa bestia de agua que la enmudece, y cuando logra articular palabra, le pide al padre: "Papá, por favor ayudame a mirar". La anécdota la contó Eduardo Galeano en el Teatro San Martín, en 1986. La contó para decir algo más: "Yo creo que la función del escritor consiste en ayudar a mirar. Que el escritor es alguien que quizás puede tener la alegría de ayudar a mirar a los demás".
 
Ser escritor no fue el primer destino de Eduardo Hughes Galeano, nacido en Montevideo el 3 de septiembre de 1940, y fallecido hoy, a los 74 años, a causa de un cáncer de pulmón. Su primera aspiración fue el "fútbol-fiesta" -así describía a esa gran pasión a la que le dedicó dos libros y miles de minutos de su vida-, pero pronto se supo un "patadura". Después vendrían las ganas de ser pintor, dibujante, "de ser Picasso", decía. De hecho, su primera publicación no fue un artículo periodístico ni un cuento, sino una caricatura política a sus catorce años en el semanario El sol del Partido Socialista. Las Letras llegarían unos (pocos) años más tarde, de la mano de la prensa gráfica: primero como editor en el semanario Marcha, más tarde a cargo de la dirección del diario Epoca, cuando tenía 24 años.
 
Para Galeano, el periodismo no tenía en ese entonces -ni tuvo nunca- nada que envidiarle a la literatura. Sus artículos de opinión se publicaron durante décadas, en la Argentina especialmente en el diario Página/12, del que fue asiduo encargado de las contratapas. Sin embargo, la vocación por la ficción apareció enseguida: en 1963 publicó Los días siguientes, una novela corta a la que más tarde juzgaría como "bastante mala" pero que sirvió de puntapié inicial para su camino literario, que luego contaría con títulos entre los cuales se destacaron, por sobre todos, Las venas abiertas de América Latina, de 1971 y la trilogía Memoria del fuego, publicada entre 1982 y 1986.
 
La historia de Latinoamérica, que intentó narrar sobre todo en esas dos ocasiones, fue una de sus obsesiones: "Probablemente no haya región en el mundo que contenga tantas maravillas escondidas como América Latina", sostenía. Sobre Las venas..., que recorrió el continente en la espalda de miles de mochileros y que el presidente venezolano Hugo Chávez le regaló a su par estadounidense Barack Obama en 2009 haciéndola subir 60.275 lugares en el ranking de los libros más vendidos de Europa hasta llegar al quinto puesto, Osvaldo Bayer dijo: "Muy pocos autores latinoamericanos entraron tanto, en cuanto a política, historia y sociología, como entró Galeano; si en Europa se conocen los problemas de la región entre la intelectualidad y el estudiantado es por su libro".
 
Chávez le regaló a Obama el libro de Galeano durante la Quinta Cumbre de las Américas, Galeano escribió la obra entre los 27 y los 31 años, y se convirtió a través de ella en un referente de la izquierda regional, aunque prefirió nunca identificarse directamente con un partido, sino con el socialismo. Su libro, del que en 2011 se manifestaría "muy orgulloso" pero diría también "me pesa como un ancla porque marca un estándar que me siento obligado a alcanzar una y otra vez" le valdría la lamentable censura por parte de las dictaduras uruguaya, chilena y argentina durante los años setenta. Llegaría al mismo tiempo el exilio de su país, al que definió habitado por "tres millones de anarquistas conservadores: no nos gusta que nadie nos mande, y nos cuesta cambiar".
 
Buenos Aires fue entonces su primer destino, y allí dirigió durante 1973 la revista cultural Crisis, que apostó a la difusión de cultura popular: "La revista recogió las voces de los locos del manicomio, los niños de las escuelas, los obreros de las fábricas, los enfermos de los hospitales; queríamos difundir a los que venían de abajo", sostenía. Para él, en ese entonces "Buenos Aires era el centro del renacimiento cultural latinoamericano".
 
Pero la dictadura le puso fin a ese impulso, y se llevó, entre tantos, a Haroldo Conti, a quien Galeano definió como "un hermano". Su siguiente destino fue España, donde en Puerta de Hierro ya había conocido a Juan Domingo Perón durante un viaje. El General había sugerido, durante su exilio en España, que quería conocer al escritor, y cuando Galeano le preguntó por qué no se mostraba en público más seguido, Perón le contestó, según el propio uruguayo relataba, que "el prestigio de Dios está en que se hace ver muy poco".
 
La estadía en España fue clave para seguir viendo Latinoamérica desde lejos, y construir así Memorias del fuego, el libro que más orgullo le generaba: "Fueron tres tomos, mil páginas, toda la historia de las Américas de norte a sur. Había que estar muy loco para emprender semejante aventura. Muy loco o muy exiliado", dijo en 2012. Recién en 1985 volvió a su Montevideo natal, donde muchos decían que era habitual encontrarlo caminando por la costanera.
 
La ecología, la política internacional, la historia, el fútbol, el lugar de la mujer, los derechos humanos y el amor fueron tema para su pluma, que le valió el premio Casa de las Américas en 1975 y 1978 y el premio Stig Dagerman en 2010, entre otros reconocimientos. Escribir también le valió amigos: uno de ellos fue el también uruguayo Juan Carlos Onetti, a quien definió como un "falso puescorpín". "Conmigo, siempre fue cariñoso, quizá porque yo, que era muy chiquilín, era capaz de compartir con él jornadas de largos silencios". De él aprendió una de las únicas rutinas que guiaron su escritura: "Las únicas palabras que merecen existir son las palabras mejores que el silencio", le dijo el autor de El astillero, y Galeano tomó nota. Su otra rutina era "escribir cuando le picaba, sin horarios ni obligación".
 
El libro de los abrazos, El fútbol a sol y a sombra, Bocas del tiempo, Espejos y Voces de nuestro tiempo son algunos de los títulos de un autor que fue traducido a más de veinte idiomas y que sacudió la escena latinoamericana extendiendo su influencia a las generaciones que lo siguieron: alcanza con recordar su visita a la Feria del Libro de Buenos Aires en 2012 para presentar su último libro, Los hijos de los días. Llenó las dos salas más grandes de La Rural -una con su presencia, la otra con pantallas en vivo-, y la mayoría allí era sub 30, con uno, dos, varios de sus libros suyos en una mochila lista para recorrer las venas del continente que Galeano narró.
 
Hace casi treinta años, Galeano dijo que "la idea de la muerte individual deja de tener importancia, si uno adquiere la certeza de sobrevivir en los demás, sobrevivir en las cosas que quedan". Los libros que escribió, los artículos periodísticos que publicó, las conferencias que brindó durante más de cincuenta años ayudaron a mirar a miles. En esas miradas, atravesadas y ampliadas por su obra, sobrevive el patadura, dibujante y escritor uruguayo.
 
Por Julieta Roffo
 
Fuente: Clarín 

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18-07-2018 / 19:07
18-07-2018 / 19:07
Envar "Cacho" El Kadri desde muy joven dedicó su vida a la militancia solidaria, generosa y por lo tanto, sacrificada. Fue uno de esos muchachitos de quince o dieciséis años que inventaron la Juventud Peronista, junto a Carlos Caride, Jorge Rulli, Felipe Vallese y el recordado Gustavo Rearte, entre otros.
 
Los bombardeos a la Plaza de Mayo, los fusilamientos de José León Suárez y la proscripción del peronismo fueron acontecimientos que los marcaron a fuego. El Kadri fundó, junto con otros patriotas, el Movimiento de la Juventud Peronista (MJP) en la etapa de la Resistencia heroica a la dictadura militar fusiladora de 1955.
 
En 1968, como jefe guerrillero desarrolló, con otros jóvenes rebeldes, el destacamento rural 17 de Octubre implantado por las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP) en los montes de la localidad tucumana de Taco Ralo. Prematuramente abortado el intento, fue encarcelado por varios años hasta que recuperó la libertad por obra y gracia de la movilización popular que forzó el decreto de amnistía en 1973.
 
Liberado, se integró inmediatamente a la militancia del Peronismo Revolucionario y tuvo que seguir el camino del exilio donde trabajó por la caída de los milicos y forjó junto a otros compañeros, que sufrían la misma suerte, generosas instancias de solidaridad.
 
Retornó al país lleno de ganas y se encontró con que el mismo había cambiado. Sin embargo no aflojó, recorrió barrios y provincias, hablando con jóvenes que ansiosos, requerían de sus conocimientos de la historia reciente, la de los años en que otros jóvenes estaban dispuestos a entregar todo lo que tenían, incluso su vida, a cambio de que el Pueblo pudiera aspirar a vivir mejor.

Sin embargo, los dolores recibidos en el pasado no fueron nada comparado con lo que tuvo que padecer en los años nefastos del menemismo. A él, como a tantos que abrazaron con pasión la causa del peronismo revolucionario, Menem le significó algo peor que los militares y su cruzada genocida.
 
La razón es obvia: el riojano culminó con éxito lo comenzado por los uniformados y lo hizo, nos guste o no, en nombre del peronismo. Usufructuando las banderas históricas arrojó a la miseria a millones de compatriotas.
 
De allí que no es impensable que el infarto de Cacho El Kadri en Tilcara, el 19 de julio 1998,  tuviera mucho que ver con la bronca e impotencia acumulada al ver cómo se iba desmoronando paso a paso la esperanza surgida tras el retorno del peronismo al poder.
 
Por Carlos Morales

18-07-2018 / 18:07
18-07-2018 / 18:07
Roberto "El Negro" Fontanarrosa falleció el 19 de julio de 2007, a la edad de 62 años, víctima de un paro cardiorrespiratorio una hora después de ingresar en un hospital con un cuadro de insuficiencia respiratoria aguda. Vamos a recordarlo como corresponde, con humor.
 
"Endijpué de tantos años, si tengo que elegir otra vez, la elijo a la Eulogia con los ojos cerrados. Porque si los abro elijo a otra".
 
- Mendieta, uno se deslumbra con la mujer linda, se asombra con la inteligente... y se queda con la que le da pelota.
 
- Vago no soy, quizá algo tímido para el esjuerzo.
 
- Estoy comprometido con mi tierra, casado con sus problemas y divorciado de sus riquezas.
 
- ¿Y usted cómo se gana la vida?
- ¿Ganar? ¡De casualidá estoy sacando un empate!
 
- Con la verdá no ofendo ni temo. Con la mentira zafo y sobrevivo, Mendieta.
 
- La historia lo juzgará. Pero tiene el mejor de los abogados: el olvido.
 
- Usté no está gorda, Eulogia. Es un bastión contra la anorexia apátrida.
 
- Pereyra, míreme a la cara.
-¿Por qué este castigo, Eulogia? ¿Por qué tanta crueldá?
 
- La Eulogia es, de lejos, la mejor prienda que conocí en mi vida.
Bien lejos... 20, 30 kilómetros. De cerca es así, jodida...
 
- La Eulogia es una santa. No como mi cuñada que sufre el Síndrome de la Abeja Reina. Se cree una reina y es un bicho.
 
- Ahura hay fertilización asistida. Vea el caso de la señora del viejo Aredes. Quedó embarazada. En el pueblo se comenta que al viejo lo ayudaron.
 
- La muerte nivela a güenos y malos, don Inodoro. Lo malo es que nivela pa' bajo.
 
 La Opinión Popular

18-07-2018 / 12:07
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