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Sociedad e Interés General - 09-04-2018 / 21:04
EFEMÉRIDES HISTÓRICAS

Combate de Pozo de Vargas: Lanzas federales contra fusiles unitarios provistos por los ingleses

Combate de Pozo de Vargas: Lanzas federales contra fusiles unitarios provistos por los ingleses
LA REVOLUCIÓN DE LOS COLORADOS. La Batalla de Pozo de Vargas, del 10 de abril de 1867, fue un enfrentamiento de las guerras civiles argentinas. Las fuerzas federales eran comandas por el caudillo Felipe Varela. Al frente de los batallones de su montonera iban los famosos capitanes Santos Guayama, Severo Chumbita, Estanislao Medina y Sebastián Elizondo. Se libró en las afueras de la ciudad de La Rioja.
La Batalla de Pozo de Vargas, del 10 de abril de 1867, fue un enfrentamiento de las guerras civiles argentinas. Las fuerzas federales eran comandas por el caudillo Felipe Varela. Al frente de los batallones de su montonera iban los famosos capitanes Santos Guayama, Severo Chumbita, Estanislao Medina Sebastián Elizondo. Se libró en las afueras de la ciudad de La Rioja.
 
El ejército "nacional" (mitrista) del Noroeste -reforzado con los veteranos del Paraguay y su brillante oficialidad, con el general Ignacio Rivas y el coronel Julio A. Roca; y con los cañones Krupp y fusiles Albion y Brodlin que los buques ingleses habían descargado poco antes en el puerto de Buenos Aires- estaba al mando del general liberal Antonio Taboada.
 
Los federales lucharon con bravura, pero sus caballos estaban debilitados y tenían muy pocas armas de fuego. Los liberales, en cambio, estaban armados con fusiles de repetición y se limitaron a resguardarse y tirar contra los blancos móviles que desfilaban frente a ellos. La superioridad numérica de los montoneros les permitió algunos éxitos parciales, entre ellos la captura por parte del coronel Elizondo del parque del ejército nacional y el avance hasta entrar en la ciudad de La Rioja. Pero sus hombres, casi muertos de hambre y sed, se dispersaron por la población, comiendo y bebiendo.
 
La victoria de Taboada significó el final de la última y mayor rebelión federal del norte contra la presidencia del liberal Bartolomé Mitre. La revuelta federal fracasó y el régimen liberal imperaría sin oposición durante varias décadas en la Argentina. Lentamente, los pueblos del interior se acostumbrarían a estar sometidas a la prepotencia de quienes llegaran desde Buenos Aires. Y a la pobreza impuesta por una política económica que sólo veía la prosperidad de la región pampeana como proveedora de materias primas baratas para el Imperio Británico.
 
La Opinión Popular

COMBATE POZO DE VARGAS
 
- 10 de abril de 1867 -
 
Los primeros días de abril el ejército "nacional" (mitrista) del Noroeste -reforzado con los veteranos del Paraguay y su brillante oficialidad y con los cañones Krupp y fusiles Albion y Brodlin que los buques ingleses habían descargado poco antes en el puerto de Buenos Aires- al mando del general liberal Antonio Taboada (del clan familiar unitario de ese apellido que dominó Santiago del Estero durante casi todo el siglo XIX), entró a la ciudad capital de La Rioja aprovechando la ausencia de su caudillo y obligó al coronel Felipe Varela a volver al sur para liberarla.
 
En plena marcha, el día 9 el caudillo invitó caballerescamente a Taboada "a decidir la suerte y el derecho de ambos ejércitos" en un combate fuera de la ciudad "a fin de evitar que esa sociedad infeliz sea víctima de los horrores consiguientes a la guerra y el teatro de excesos que ni yo ni V.S. podremos evitar".
 
Pero el general no era ningún caballero y no respondió. Ubicó sus fuerzas en el Pozo de Vargas, una hondonada de donde se sacaba barro para ladrillos, en el camino por donde venían las montoneras. El sitio fue elegido con habilidad porque Varela llegaría con sus gauchos al mediodía del 10, fatigados y sedientos por una marcha extenuante, a todo galope y sin descanso.
 
Mientras, los "nacionales" habían destruido los jagüeles del camino, dejando solamente el de Vargas, a la entrada misma de la ciudad, a un par de kilómetros del centro.
 
Taboada les dejará el pozo de agua como cebo, disimulando en su torno los cañones y rifles; sus soldados eran menos que los guerrilleros, pero la superioridad de armamento y posición era enorme.
 
En efecto, la montonera se arrojó sedienta sobre el pozo ("tres soldados sofocados por el calor, por el polvo y el cansancio expiraron de sed en el camino"), y fue recibida por el fuego del ejército de línea.
 
Una tras otra durante siete horas se sucedieron las cargas de los gauchos a lanza seca contra la imbatible posición parapetada de los cañones y rifles de Taboada.
 
En una de esas Varela, siempre el primero en cargar, cayó con su caballo muerto junto al pozo. Una de las tantas mujeres que seguían a su ejército -que hacían de enfermeras, cocineras del rancho y amantes, pero que también empuñaban la lanza con brazo fuerte y ánimo templado cuando las cosas apretaban- se arrojó con su caballo en medio de la refriega para salvar a su jefe.
 
Se llamaba Dolores Díaz pero todos la conocían como "la Tigra ". En ancas de la Tigra el caudillo escapó a la muerte. Dolores Díaz, "La Tigra" acompañaría por poco tiempo a la montonera.
 
Tuvo la mala suerte de caer prisionera de Taboada, que la trasladó a Brachal, un verdadero "campo de concentración" de Santiago del Estero. Nada más se sabe de "La Tigra".
 
Al atardecer de ese trágico día de otoño se dieron las últimas y desesperadas cargas, y con ellas se terminaron de hundir todas las esperanzas de un levantamiento federal del interior en favor de la nación paraguaya de Francisco Solano López y la "guerra de la Unión Americana".
 
Con un puñado de sobrevivientes apenas, Felipe Varela dio la orden de retirada, diciendo -despechado- al volver las bridas: "¡Otra cosa sería / armas iguales!".
 
La retirada se hizo en orden: Taboada no estaba tampoco en condiciones de perseguir a los vencidos.
 
Pero del aguerrido y heroico ejército de 5.000 gauchos que llegaron sedientos al Pozo de Vargas al mediodía, apenas quedaban 180 hombres la noche de ese dramático 10 de abril de 1867.
 
Los demás han muerto, fueron heridos o escaparon para juntarse con el caudillo en el lugar que los citase, que resultó ser la villa de Jáchal.
 
Pero Taboada también había pagado su precio: "La posición del ejército nacional -informa a Mitre- es muy crítica, después de haber perdido sus caballerías, o la mayor parte de ellas, y gastado sus municiones, pues en La Rioja no se encontrará quien facilite cómo reponer sus pérdidas".
 
En efecto, como nadie le facilitaba alimentos ni caballos voluntariamente, saqueó la ciudad durante tres días.
 
Gentileza de Miguel Eduardo Landro Lamoureux emelandro@gmail.com
 
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Combate de Pozo de Vargas: Lanzas federales contra fusiles unitarios provistos por los ingleses
Alto, enjuto, de mirada penetrante y severa prestancia, Felipe Varela conservaba el tipo del antiguo hidalgo castellano, tan común entre los estancieros del noroeste argentino. Pero este catamarqueño se parecía a Don Quijote en algo más que la apariencia física. Era capaz de dejar todo: la estancia, el ama, la sobrina, los consejos prudentes del cura y los razonamientos cuerdos del barbero, para echarse al campo con el lanzón en la mano y el yelmo de Mabrino en la cabeza, por una causa que considerase justa.
16-08-2018 / 18:08
Oscar Alfredo Gálvez nació en Caballito el 17 de agosto de 1913. Fue Campeón en Turismo de Carretera y en Pista (en 1947 y 1948); y en TC en 1953, 1954 y 1961. Adhirió fervorosamente al peronismo.
 
Escribió parte de la historia del automovilismo argentino, junto con su hermano Juan, y el menor Roberto, aunque éste último sólo asomó a este deporte. Hijos de una familia porteña, en que el padre era mecánico, desde chicos sintieron su pasión por los fierros, lo que hizo que Oscar se sintiera "mecánico", y dejara la escuela primaria, después de intentar tres veces cursar el 4º grado.
 
Los hermanos Gálvez fabricaban sus propios autos, rígidos, duros, cuadrados, pesados, prepararon el auto para que Oscar corriera en 1937 las Mil Millas Argentinas, y Juan logró acompañarlo, modificando su documento, pues era todavía menor de edad, y el anecdotario señala que perdieron el segundo puesto por perder tiempo en cambiar la correa que ataba el capot (que se cortaba por ser un cinturón común de pantalones).
 
En 1939 participaron en el Gran Premio Getulio Vargas, en que los Gálvez rompieron el diferencial, lo ataron con alambre y continuaron, pero sobre el final volcaron, se reacomodaron y llegaron segundos, atrás de Juan Manuel Fangio.
 
En 1940 tuvieron un tremendo vuelco al caer a un precipicio, y decidieron comenzar a usar casco. Oscar -lo que son las épocas- consiguió uno de paracaidista y Juan otro de los que usan en los tanques de guerra.  Esos eran los tiempos con anécdotas pintorescas de los pioneros de esta actividad.
 
La Opinión Popular

16-08-2018 / 18:08
16-08-2018 / 18:08
16-08-2018 / 18:08
El 17 de agosto de 1850, en Boulogne-sur-Mer (Francia), moría José Francisco de San Martín, un revolucionario americano, que fue un convencido impulsor de la liberación de la Patria Grande. Sus campañas militares fueron un aporte importante a la insurrección contra la colonización hispánica y decisivas para conseguir la Independencia Americana.

En 1816, año en que se concretó nuestra Independencia Nacional, San Martín era el patriota más esclarecido, desde el punto de vista político tanto como del militar, en el Río de la Plata, y conducía los sucesos en función de su estrategia para vencer al colonialismo español en toda América. 
 
En su proyecto para declarar la Independencia, San Martín se impuso militarmente a los españoles y políticamente a aquellos sectores vinculados a la elite de Buenos Aires que ya estaban negociando, tanto con España como con Inglaterra, una nueva dependencia para la Argentina. Esto no se lo perdonaron nunca los unitarios porteños y el Libertador se tiene que ir de nuestra Patria en 1824, perseguido por Rivadavia, y amenazado de muerte.

Desde su Cuartel General de Mendoza, el 4 de septiembre de 1816, nos dejaba una enseñanza siempre vigente: "La Patria no hace al soldado para que la deshonre con sus crímenes, ni le da armas para que cometa la bajeza de abusar de estas ventajas ofendiendo a los ciudadanos con cuyos sacrificios se sostiene. La tropa debe ser tanto más virtuosa y honesta, cuanto es creada para conservar el orden, afianzar el poder de las leyes y dar fuerza al gobierno para ejecutarlas y hacerse respetar de los malvados que serían más insolentes con el mal ejemplo de los criminales. La Patria no es abrigadora de crímenes". 

Hoy como ayer, la alternativa histórica es entre independencia económica o subdesarrollo y miseria, lo que implica optar entre un país dependiente o luchar por una nación justa, libre y soberana. Por eso, nuestra historia es la conjunción de triunfos y derrotas, de avances y de retrocesos en el camino hacia la liberación nacional. Y por eso, nuestra tradición política es hija de la lucha por la emancipación nacional, que se origina en las más antiguas raíces de la Patria.
 
José de San Martín, el ejemplo más claro a seguir, nos señaló: "Seamos Libres, lo demás no importa nada. Juremos no dejar las armas de la mano, hasta ver el país enteramente libre, o morir con ellas, como hombres de coraje". 

Escribe: Blas García

13-08-2018 / 20:08
El Juicio a las Juntas fue el proceso judicial realizado por la justicia civil (por oposición a la justicia militar) en la Argentina en 1985 por orden del presidente Raúl Ricardo Alfonsíncontra las tres primeras juntas militares de la dictadura autodenominada Proceso de Reorganización Nacional (1976-1983) debido a las graves y masivas violaciones de derechos humanos cometidas en ese período.
 
En diciembre de 1983, cinco días después de asumir como presidente, Alfonsín sancionó el decreto 158 por el cual ordenaba procesar a las tres juntas militares que dirigieron el país desde el golpe militar del 24 de marzo de 1976 hasta la Guerra de las Malvinas. El mismo día creó una Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep), integrada por personalidades independientes para relevar, documentar y registrar casos y pruebas de violaciones de derechos humanos, y fundar así el juicio a las juntas militares.
 
El juicio tuvo una gran trascendencia internacional y sobre todo para la región, en donde en los países limítrofes como Chile, Uruguay o Brasil, que sufrieron crímenes similares, llevar a los represores ante la justicia fue imposible y nunca condenaron a sus criminales. Jorge Rafael Videla Emilio Eduardo Massera fueron condenados a reclusión perpetua e inhabilitación absoluta perpetua con la accesoria de destitución. Los demás acusados fueron destituidos de sus cargos.
 
Este juicio, muy importante en la historia mundial, tuvo un alto impacto, tanto político como psicológico, y una trascendencia que puso al presidente Raúl Alfonsín a la vanguardia de su época en derechos humanos.
 
El 14 de agosto de 1998, bajo el Gobierno de Carlos Saúl Menem, los jueces de las más altas instancias deciden "dar carpetazo" (clausurar) a las investigaciones sobre los desaparecidos durante la dictadura. Volverán a abrirse recién durante el Gobierno de Néstor Kirchner.
 
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