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“Quienes votaron a Macri aceptaron sacrificarse hoy para estar mejor mañana, pero están cada vez más descreídos. Ahora, lo que va a quedar va a ser peor que lo que dejó Menem”. Beatriz Sarlo
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Entre Ríos - 27-03-2018 / 08:03
PANORAMA POLÍTICO PROVINCIAL

Los avatares del peronismo entrerriano

Los avatares del peronismo entrerriano
En el peronismo entrerriano hoy más que nunca es necesaria la unidad. Pero hay un trípode inestable de poder que podría fragmentarse en algún momento: Gustavo Bordet, Jorge Busti y Sergio Urribarri. Dos podrían juntarse para despachar al tercero a los fines de aclarar el panorama interno para la militancia. Con este escenario, el justicialismo se obliga a sí mismo a levantar urgentemente un conductor, uno solo, único, que aglutine a todos. ¿Quién? Uno de los tres, seguramente Bordet. Pero, ¿con quién y con qué estructura de alianzas? Porque la gestión avanza y resulta cada vez más difícil encasillarla. ¿Existe el bordetismo? ¿Es una continuidad del urribarrismo? ¿Se le entrometió el bustismo?
Gustavo Bordet, un peronista de experiencia política pese a su juventud, más allá de su ocasional afiliación al Frente para la Victoria, si algo tiene en claro es que el futuro está lejos de Cristina. Para él, el peronismo debe ser la base hacia una "instancia superadora" porque "el pasado no vuelve". "La gente se inclinó por Cambiemos porque estaba harta del cristinismo", suelen reconocer en su entorno, con seguridad absoluta.
 
Bordet busca sintetizar todo lo que está bien de la política y reflejar lo que la gente le reclama a la clase dirigencial: hechos, transparencia, gestión y empatía. Uno de sus mayores desafíos quizá haya sido haber asumido la gobernación en una provincia en crisis tras los ocho años de mandato de Sergio Urribarri, fiel alfil K que, en silencio, apoyó todos los disparates del cristinismo, en particular los del periodo 2011-2015 cuando de la mano de la hegemonía vino el peor mandato, por lejos, tanto de Cristina como de Urribarri
 
Con los avatares del peronismo, la vida interna del PJ entrerriano puede revitalizarse o eventualmente agrietarse más, máxime si Urribarri acudió rápido al llamado del kirchnerismo en San Luis y Bordet -junto al resto de los gobernadores- vació la convocatoria K. Este elemento puede sumar a la divisoria de aguas.
 
La posición ultra K de Urribarri se reiteró en el acto que encabezó Jorge Capitanich, presentando en Paraná la consigna del "Hay 2019". Estuvieron legisladores nacionales, provinciales y concejales del peronismo que reivindican la década K; ex funcionarios de los gobiernos de Urribarri; referentes del Partido Comunista; y actores de la vida sindical. No hubo funcionarios de la primera línea del gobierno de Bordet, ni intendentes del PJ.
 
En el peronismo entrerriano hoy más que nunca es necesaria la unidad. Pero hay un trípode inestable de poder que podría fragmentarse en algún momento: Gustavo Bordet, Jorge Busti y Sergio Urribarri. Dos podrían juntarse para despachar al tercero a los fines de aclarar el panorama interno para la militancia.
 
Con este escenario, el justicialismo se obliga a sí mismo a levantar urgentemente un conductor, uno solo, único, que aglutine a todos. ¿Quién? Uno de los tres, seguramente Bordet. Pero, ¿con quién y con qué estructura de alianzas? Porque la gestión avanza y resulta cada vez más difícil encasillarla. ¿Es una continuidad del urribarrismo? ¿Existe el bordetismo? ¿Se le entrometió el bustismo?
 
La figura de Bordet no puede quedar absorbida por las presiones de los otros dos caciques del peronismo. Urribarri y Busti le arrebatan constantemente la iniciativa política. Uno, el diputado K, por presencia y ascendencia con buena parte de la dirigencia oficialista. El otro, el anti K, por activismo y militancia.
 
La Opinión Popular

 
Golpe cívico militar
 
El 24 de marzo de 2018 recordamos al sangriento golpe de Estado promovido por las fuerzas armadas en 1976. En Capital Federal hubo no una sino dos Plazas de Mayo repletas, acompañadas por marchas multitudinarias en todo el país. Todas estas amplias movilizaciones se manifestaron contra el gobierno neoliberal de Mauricio Macri.
 
Hay un amplio consenso en condenar aquel golpe de Estado que, en nombre de la seguridad nacional, produjo crímenes que la justicia calificó de atroces, de lesa humanidad. Testimonios, fallos judiciales, documentaciones, dan cuenta de la certeza de esta calificación.
 
En los últimos años, corrientes afines al peronismo insistieron en calificar al régimen militar como dictadura cívico militar, una designación opuesta a la de dictadura militar a secas, aunque -a decir verdad- para el hombre de la calle ambas denominaciones aludan a lo mismo.
 
El agregado de "cívica" no está de más, pretende enfatizar la participación civil, en el golpe de Estado, de los tradicionales representantes del poder oligárquico, neoliberal y gorila. Es decir, el régimen militar de 1976 fue dirigido por el bloque oligárquico-empresarial-terrateniente, que aseguraba así su dominación en la Argentina a través de su brazo armado: los militares, justificados y financiados por EE.UU. en nombre de la Guerra Fría.
 
 
Una omisión inentendible
 
Lo llamativo fue que no hubo un solo acto oficial desde el gobierno de Macri, que democráticamente hoy representa al Estado de Derecho, alusivo a la fecha. Que Macri haya preferido no recordar nunca más al golpe, de cualquier forma, es el acto de un dirigente del PRO que convocó, en dos elecciones, a la mayoría de los votantes que piensan de una u otra forma.
 
Es la omisión del dirigente de un sector político muy importante que hace pesar más sus propios intereses económicos, beneficiados durante la dictadura, que el deber de un jefe de un Estado de Derecho de poner en la memoria colectiva el límite indiscutible a la prepotencia contra la Constitución y su avasallamiento.
 
 
Ausencia de Bordet y sus funcionarios
 
El tema se presenta, además, en un momento de la memoria histórica, sensible para el país y la provincia. Por eso, sorprendió (y preocupó) la escasa presencia del gobernador Gustavo Bordet y sus principales funcionarios en un nuevo aniversario del inicio de la última dictadura cívico-militar que en Entre Ríos causó más 20 desapariciones forzadas y dejó secuelas a más de cien víctimas de torturas y tormentos en la provincia.
 
Criticando la "partidización" de los derechos humanos, el intendente de Paraná, Sergio Varisco, y un grupo de radicales aliados al PRO en Cambiemos se reunieron en el monumento al ex presidente Raúl Alfonsín, el primer presidente de la reapertura democrática, para dar la mirada radical sobre lo ocurrido durante la dictadura. La convocatoria fue señalada como divisionista.
 
No es de extrañar entonces que en Paraná hubiera una masiva marcha con críticas a Cambiemos y al peronismo dialoguista con el gobierno nacional. Se reiteró la idea según la cual Cambiemos expresa a los mismos sectores económicos que detentaron el poder en la dictadura 
y que tiene puntos de continuidad en la política económica del Gobierno de Cambiemos. La novedad fue la dura crítica al peronismo que representan los gobernadores del PJ y sus legisladores nacionales.

 
Más allá de las diferencias, este aniversario del golpe debió ser propicio para reflexionar sobre el pasado aciago, pero también para poner en primer plano el valor de la democracia como única forma republicana de convivencia en paz y en libertad.
 
 
Los avatares del peronismo
 
En la recordación del aniversario 42 del golpe más criminal de la Argentina, hubo tantas posiciones como mezquindades políticas se conocen. ¿Qué cosas unen a los peronistas de manera indiscutible en este tema? ¿El enfoque frente a la dictadura? ¿Frente al plan económico neoliberal implementado por Martínez de Hoz que terminó explotando por los aires? Está visto que no. Estas diferencias remiten concretamente a los avatares del peronismo.
 
El 24 de marzo es una fecha que debió unir a los peronistas y diferenciarlos de Macri. La falta de unidad de concepción sobre cuestiones importantes y de un candidato presidencial indiscutido para 2019, supone una ventaja para el macrismo.
 
Tanto o más como la decisión de varios mandatarios del PJ de adelantar las elecciones en sus provincias para garantizar el territorio, en una movida que podría dejar librado a su suerte al postulante nacional que surja de una eventual Primaria opositora.
 
Después del Congreso Provincial del PJ bonaerense y el Encuentro de la Militancia que se realizó en La Pedrera, San Luis, comenzó a consolidarse la idea de una unidad del peronismo, que incluya a todas las agrupaciones políticas, todas las organizaciones sociales y que tenga como eje a los trabajadores para lograr "la mejor síntesis" de cara al 2019.
 
Pero, los peronistas que aspiren al triunfo en las presidenciales 2019 deberán construir un armado político tan alejados de Cristina Fernández como de Mauricio Macri. Porque si en 2015 el soberano optó por echar de la Casa Rosada al Gobierno K lo hizo por una promesa de cambio que el Presidente no cumplió. Y el voto hará pagar con creces esa mentira.
 
 
Para Bordet, el futuro está lejos de Cristina
 
Bordet, un peronista de experiencia política pese a su juventud, más allá de su ocasional afiliación al Frente para la Victoria, tiene en claro que el futuro está lejos de Cristina. Para él, de ahora en más el peronismo debe ser la base hacia una "instancia superadora" porque "el pasado no vuelve". "La gente se inclinó por Cambiemos porque estaba harta del kirchnerismo", suelen reconocer en su entorno, con seguridad absoluta.
 
Bordet busca resumir todo lo que está bien de la política y reflejar lo que la gente le reclama a la clase dirigencial: hechos, transparencia, gestión y empatía. Uno de sus mayores desafíos quizá haya sido haber asumido la gobernación en una provincia en crisis tras los ocho años de mandato de Sergio Urribarri, fiel alfil K que, en silencio, apoyó todos los disparates del cristinismo, en particular los del periodo 2011-2015 cuando de la mano de la hegemonía vino el peor mandato, por lejos, tanto de Cristina como de Urribarri
 
 
El PJ entrerriano puede revitalizarse o agrietarse
 
Con los avatares del peronismo, la vida interna del PJ entrerriano puede revitalizarse o eventualmente agrietarse más, máxime si Urribarri acudió rápido al llamado del kirchnerismo en San Luis y Bordet -junto al resto de los gobernadores- vació la convocatoria K. Este elemento puede sumar a la divisoria de aguas.
 
La posición ultra K de Urribarri se reiteró en el acto que encabezó Jorge Capitanich, presentando en Paraná la consigna del "Hay 2019". Estuvieron legisladores nacionales, provinciales y concejales del peronismo que reivindican la década K; ex funcionarios de los gobiernos de Urribarri; referentes del Partido Comunista; y actores de la vida sindical. No hubo funcionarios de la primera línea del gobierno de Bordet, ni intendentes del PJ.
 
Las definiciones de Capitanich fueron dos. La primera: "Vamos a respetar lo que diga Cristina", aseguró. La segunda quedó plasmada en su crítica a quienes, con argumento en "la gobernabilidad" estarían "flirteando con el gobierno mientras el pueblo sufre las consecuencias del ajuste". A su lado, Urribarri aplaudía entusiastamente.
 
Por su parte, el peronismo de los gobernadores convoca a una reunión el 6 de abril en Gualeguaychú, espacio en que Bordet tendrá un protagonismo relevante con proyección nacional incluida.
 
 
Trípode inestable de poder
 
En el peronismo entrerriano hoy más que nunca es necesaria la unidad. Pero hay un trípode inestable de poder que podría romperse en algún momento: Gustavo Bordet, Jorge Busti y Sergio Urribarri. Dos podrían juntarse para despachar al tercero a los fines de aclarar el panorama interno para la militancia.
 
Bordet juega con la tranquilidad (siempre relativa en política) de saber que un encuentro entre el bustismo y el urribarrismo es la menos probable de las ecuaciones.
 
Con este panorama, el justicialismo se obliga a sí mismo a levantar urgentemente un conductor, uno solo, único, que aglutine a todos. ¿Quién? Uno de los tres, seguramente Bordet. Pero, ¿con quién y con qué estructura de alianzas? Porque la gestión avanza y resulta cada vez más difícil encasillarla. ¿Es una continuidad del urribarrismo? ¿Existe el bordetismo? ¿Se le entrometió el bustismo?
 
La figura de Bordet no puede quedar absorbida por las presiones de los otros dos caciques del peronismo. Urribarri y Busti le arrebatan constantemente la iniciativa política. Uno, el diputado, por presencia y ascendencia con buena parte de la dirigencia oficialista. El otro, por activismo y militancia.
 
En el contexto que se avecina el titular del Poder Ejecutivo está obligado a anticiparse, a los efectos de una mayor presencia política. Pero el bordetismo todavía sigue lentos de reflejos en lo que a política se refiere.
 
Muchos dirigentes del oficialismo provincial y funcionarios de primera línea no siguen el ritmo de Bordet ni parecen ser funcionales a lo que la coyuntura política está demandando. Los críticos del bordetismo, sobre todo los más allegados a Urribarri entienden que Bordet no aparece y, cuando lo hace, generalmente llega tarde. Agregan que el gobernador, además, se muestra demasiado ensimismado en su núcleo de estrecha confianza.
 
En el fondo, el gran reto político para el PJ de Entre Ríos no es el de contener una victoriosa clase dirigente de batallas pírricas sino un verdadero líder que logre aglutinar a toda la militancia, a la dirigencia y a los simpatizantes del peronismo. Que mantenga unidos a los compañeros y que los contenga. Si ese tipo de referente político no emerge, el macrismo será un problema para ellos en 2019.
 
Además, lo que no va más es la estrategia de esperar a las elecciones y mientras tanto rosquear con Macri. Esta propuesta tiene un problema: La gente está perdiendo el laburo ahora. Las personas no pueden pagar el alquiler ahora. Los jubilados están cobrando menos ahora. Las mujeres mueren por abortos clandestinos ahora. Hay temas que no pueden esperar más.
 
Para salir de la encrucijada, el bordetismo debe poner en marcha la militancia política. El 2019 es un año de elecciones y se trata de política y militancia, cualquier otra solución que se esboce es quimera. Por eso es que desde dentro del oficialismo provincial ven con preocupación las pocas ganas de militar que tienen muchos de los funcionarios, su evidente desgano. Y distancia que ponen con la militancia y las banderas con las cuales el peronismo en forma inconfundible se reconoce histórica y culturalmente. Esto alarma a propios y extraños.
 
En la recta final de un armado que desemboca en una elección provincial tanta indiferencia puede resultar muy perjudicial para el peronismo. 
 
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