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Internacionales - 12-02-2018 / 10:02
EFEMÉRIDES POPULARES. LOS CHICOS DE LA GUERRA

Día Internacional contra el Uso de Niños como Soldados

Día Internacional contra el Uso de Niños como Soldados
El 12 de febrero se celebra el Día Internacional contra el Uso de Niños Soldado relativo a la participación de niños en los conflictos armados, que obliga a los Estados a prevenir el reclutamiento de niños, niñas y adolescentes y a brindar apoyo a aquellos que se ven afectados por esta práctica.
 
El 12 de febrero se celebra el Día Internacional contra el Uso de Niños Soldado o el Día de la Mano Roja, al conmemorar la entrada en vigencia del Protocolo Facultativo de la Convención de Derechos del Niño relativo a la participación de niños en los conflictos armados, que obliga a los Estados a prevenir el reclutamiento de niños, niñas y adolescentes y a brindar apoyo a aquellos que se ven afectados por esta práctica.
 
Los niños soldado son personas menores de dieciocho años que forman parte de cualquier fuerza armada regular o irregular, y representan actualmente una realidad en las zonas de conflicto de África, Asia y Latinoamérica, donde mueren, son heridos en combates armados, sufren reclutamiento forzado, violencia sexual, mutilaciones y son usados como escudos humanos.
 
En algunas guerras civiles como las de la República Democrática del Congo, Liberia y Sierra Leona, el porcentaje de niños soldado llego a ser del 70 por ciento del total de las milicias.

 
La utilización de niños en conflictos armados es milenaria, y en los últimos años la utilización de drogas, en particular cocaína y anfetaminas, es una táctica aceptada por muchas milicias para lograr combatientes formidables, resueltos y eficaces.
 
Niños reclutados forzosamente que matan sin vacilar, si comprender el significado de la muerte y que se comportan como máquinas. Niños que no tendrán adultez ni desarrollo personal posible, incluso en el caso de que sobrevivan.
 
El escenario de acción habitualmente tiene que ver con disputas civiles en zonas de "Estado débil", zonas sin ley, donde la línea de batalla contra los enemigos es difusa y las víctimas civiles dan cuenta de la mayoría de las bajas.
 
Los "niños soldado" son un buen negocio: comen y beben menos, son más baratos de mantener, no necesitan alojamiento ni vestimenta especiales, cumplen órdenes con mayor docilidad, son más susceptibles de adoctrinamiento (a través de brutales ritos iniciáticos), no dependen de sofisticados sistemas lógicos para sus operaciones, se los puede enviar rápidamente a la primera línea de fuego sin más que un adiestramiento rudimentario y pueden desconcertar a las tropas o fuerzas adultas regulares de la contraparte.
 
Según Kamienski, en su texto "Las drogas en la guerra" (2017), los niños soldado no sólo no tienen nada que perder, sino que no han desarrollado una correcta comprensión del valor de la vida. Son candidatos ideales para ser convertidos en guerreros leales, que rompen con su vida pasada (muchas veces inexistente) y se incorporan a una estructura de patronazgo que viene a reemplazar todos los vínculos del pasado.
 
En Latinoamérica los grupos de "niños soldado" urbanos adquieren otra morfología pero con principios muy similares y se han convertido en el brazo armado de los carteles de la droga. Las cifras indican que seis mil niños son parte de la estructura del tráfico en las favelas de Rio de Janeiro y que existen cerca de treinta mil en México.
 
El perfil de los niños reclutados es siempre el mismo: pobreza extrema, ausencia sistemática de una salida posible y la promesa de una buena paga. En Colombia, según el informe "La guerra sin edad", del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) divulgado este mes, un total de 16.879 menores de 18 años fueron víctimas de reclutamiento entre 1960 y 2016 por parte de todos los actores que intervinieron en el conflicto armado (guerrilla, fuerzas paramilitares y bandas narco).
 
La gran mayoría de estos menores, el 76 por ciento de los chicos y el 63 por ciento de las chicas, fue reclutada entre los 12 y los 16 años.
 
En el gueto de pobreza de muchos sectores de la provincia de Buenos Aires, la relación más cercana y empática de muchos niños y adolescentes es el dealer, el transa. Donde el Estado está ausente en forma estructural, existen estructuras sociales que rellenan grotescamente ese agujero.
 
Desde la compra de zapatillas, los gastos de velorio de un ser querido hasta los honorarios médicos de una intervención quirúrgica, es muchas veces el transa del barrio el que oficia como facilitador de recursos. En la miseria y exclusión extrema,  el transa del barrio cumple el rol del Estado y se convierte en un ideal social. "Quiero ser transa", dicen los chicos. Ni policía ni médico ni abogado. Transa. Autos, plata en la mano, diversión, buena pilcha, respeto.
 
En plena ola de violencia narco policial en Rosario y en un contexto político nacional atravesado por la ratificación del paradigma de la guerra contra las drogas, el intervencionismo geopolítico de la DEA y de proyectos del Poder Ejecutivo para disminuir la edad de punibilidad, el reclutamiento de niños para el negocio narco está vigente y activo. Representan un eslabón clave y vital del negocio.
 
En la profunda investigación de los periodistas De los Santos y Lascano para su libro Los monos (2017), el rol de los chicos se describe como la parte más sustancial del negocio. Las bandas narcos reclutan niños desde los ocho años a través de conocidos en el barrio, los invitan a cortar la droga o despacharla y, de esta manera, los jóvenes sustentan lo que consumen y obtienen además un rédito económico muy superior a cualquier chico de su edad.
 
Los niños tienen como ideal de identificación a los triunfadores que surgen de las mismas calles, para viajar, comprar cosas o pasear en autos de lujo. La maquinaria narco ofrece una ilusión de salida y los pequeños custodian en guardias infrahumanas los precarios bunkers de cemento (celdas de encierro y tortura para ellos mismos), realizan los trabajos pesados, son perseguidos (por la policía y otras bandas rivales), son fusilados y, si corren con mejor suerte, pueden ser detenidos por las fuerzas federales en espectaculares procedimientos con helicópteros y cámaras GoPro.
 
En Rosario, según el informe periodístico citado, el 40 por ciento de los sepulcros de su mayor cementerio en los últimos cinco años está ocupado por jóvenes víctimas de la denominada guerra por las drogas entre bandas.
 
Ya sea formando parte de una milicia regular en un contexto de guerra civil o integrando bandas urbanas de narco criminalidad, los niños soldados representan un problema actual grave y en alza. Las Naciones Unidas sostiene que los niños asociados con grupos armados no deberían ser detenidos ni procesados, sino que deberían ser tratados principalmente como víctimas en virtud de su edad y la naturaleza forzosa de su asociación.
 
Los niños soldados son un dolor anestesiado. Un reflejo de la desigualdad extrema. Chicos de la guerra que encuentran su destino vital en la misma muerte.  Y todo antes de comenzar a vivir.
 
Por Rebeca Faur y Federico Pavlovsky
 
Fuente: Página12
 

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21-04-2018 / 19:04
20-04-2018 / 18:04
Joaquim José da Silva Xavier -Tiradentes- fue educado por su hermano, que era sacerdote. Conocía en profundidad las constituciones promulgadas poco tiempo antes por las asambleas estatales de Estados Unidos, y llevaba siempre consigo ejemplares de las mismas.
 
Pasó algún tiempo trabajando como médico, comerciante y dentista (oficio del que viene su apodo, Tiradentes). Fue oficial de caballería en la inconfidência mineira ('conjuración minera'), revuelta provocada con el fin de lograr la independencia del dominio portugués.
 
Pretendía provocar un levantamiento, lograr la independencia de Brasil y crear una república, libre de las restricciones impuestas a la minería, fabricación y sistema monetario del diamante. Además se intentó crear una universidad y la puesta en marcha de una serie de servicios sociales. La república iba a ser gobernada por una asamblea y un gobierno nacional encabezado por un presidente elegido anualmente.
 
El inicio del levantamiento tuvo lugar cuando las autoridades portuguesas trataron de recaudar los impuestos atrasados, pero tras ser traicionado, la sublevación fue reprimida y fue detenido en Río de Janeiro en abril de 1789.
 
Su juicio duró dos años, durante los cuales defendió la causa republicana. Admitió voluntariamente haber sido el líder del levantamiento así que le ahorcaron públicamente en Río de Janeiro, el 21 de abril de 1792.
 
Cinco de sus compañeros fueron exiliados a Angola. Convertido en un mártir, se  le concedió un lugar privilegiado en la cultura popular brasileña como héroe nacional. Está considerado actualmente Patrón Cívico de Brasil.
 
La Opinión Popular

19-04-2018 / 19:04
19-04-2018 / 18:04
19-04-2018 / 18:04
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