La Opinión Popular
                  06:20  |  Domingo 19 de Agosto de 2013  |  Entre Ríos
El clima en Paraná
“Tenemos inflación, recesión, desempleo, endeudamiento y riesgo de default. Todo gracias a Macri, que en vez de resolver los problemas de la década K, los potenció. Y encima debemos bancarnos al FMI”. Alberto Fernández
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Nacionales - 12-02-2018 / 09:02
PANORAMA ECONÓMICO NACIONAL

La credibilidad del equipo económico macrista padece su peor devaluación, mientras se acumulan las luces amarillas

La credibilidad del equipo económico macrista padece su peor devaluación, mientras se acumulan las luces amarillas
LA "MACRINOMICS" EN CAÍDA LIBRE. Ya son mayoría las consultoras que prevén que no sólo se incumplirá la meta oficial de inflación de 15%, sino que hasta es probable que se pueda superar el registro de 2017 y, para colmo, con bajo crecimiento. Los reproches no se limitan al ámbito doméstico, sino que alcanzan a inversores externos. Un camino neoliberal que ya se intentó transitar otras veces, con un final anunciado de fracaso.
En la City financiera, en las empresas y en las oficinas de los economistas predomina por estos días una sensación de "deja vu". Es que, en poco tiempo, se han acumulado señales de alarma sobre parecidos con las pre-crisis del pasado reciente.
 
La lista de esas situaciones de riesgo impresiona por lo extenso. Entre los principales puntos se destacan:
 
-Déficit de cuenta corriente que crece aceleradamente y ya se ubica en torno a 5% del PBI. Lo cual es acompañado por el récord histórico de u$s8.500 millones en el "rojo" de la balanza comercial y una imparable salida de dólares por turismo.
 
-Objetivos de inflación en los que nadie cree y que son ignorados olímpicamente, tanto en las negociaciones salariales como en las indexaciones de alquileres y demás contratos de la economía.
 
-Un déficit fiscal duro de bajar que sólo se puede financiar con un endeudamiento externo. Y, para colmo, con la perspectiva de peores condiciones para tomar crédito, dada la suba en las tasas internacionales.
 
De hecho, los bonos argentinos caen mientras los del resto de la región suben y la maldita expresión "riesgo país" vuelve a  dominar los titulares.
 
-Los indicadores positivos que durante 2017 habían entusiasmado al gobierno -los famosos "brotes verdes"- empiezan a dar señales de agotamiento, como se vio en los últimos números de consumo, actividad industrial y en la recaudación impositiva. Por caso, la utilización de capacidad instalada en las industrias cayó a su nivel más bajo en 10 meses.
 
En, fin, un clima de película ya vista. Tanto que los economistas usan cada vez menos eufemismos para referirse al futuro. Palabras como "choque", "explosión" y "crisis" se repiten en declaraciones periodísticas y reportes de consultoras.

 
Confianza devaluada
 
Con todo, el deterioro de los indicadores no parece ser lo peor. Más bien, el cambio más notorio en estos días es una pérdida en la credibilidad de los funcionarios, un fenómeno que empezó a agudizarse desde el "recalibramiento" de metas que fue interpretado por el mercado como un recorte a la autonomía del Banco Central.
 
De hecho, esa fue una de las argumentaciones que aportaron los analistas para explicar la caída en las cotizaciones de los bonos de deuda soberana, a contramano de las mejoras que se constataban en el resto de la región.
 
Las noticias que llegaron por la vía "no oficial" indican que, en la reciente gira europea junto al presidente Mauricio Macri, los funcionarios del equipo económico escucharon -de parte de esos mismos empresarios a los que se intenta seducir para que "hundan" inversiones- reproches y expresiones de decepción ante lo que interpretaban como una renuncia al compromiso del equilibrio fiscal.
 
Pero a la hora de las declaraciones públicas, los funcionarios se aferran a su "cassette" sobre una economía en recuperación y con las variables tendiendo a la estabilización.
 
Se destacó en ese sentido la displicencia con la que el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, tomó el cambio de escenario financiero global tras el retoque de la tasa estadounidense. Para el ministro, el tema no afectará los planes, porque con los bonos por u$s9.000 millones que colocó en enero, el país arranca el año sin necesidades financieras urgentes.
 
Pero, como era de prever, muchos le recordaron que en realidad, dichas necesidades alcanzan los u$s30.000 millones. "No está cubierto el programa financiero de todo el año. Están montados sobre la volatilidad", apuntó Marina dal Poggetto, directora de EcoGo.
 
En tanto, el mercado reaccionó con el pragmatismo habitual: ante las primeras señales de volatilidad, los indicadores bursátiles cayeron y el dólar volvió a ser el refugio, ya definitivamente instalado en torno a los $20.
 
Pero de todas las predicciones de los funcionarios, la que más desconfianza genera es la referida a la inflación. Con un enero que cerrará en torno del 2% según la mayoría de las consultoras privadas, y encima con ajustes tarifarios que recalientan febrero -incluyendo el imprevisto ajuste en las naftas-, ya muchos dan por fracasada la nueva meta del 15%.
 
Por lo pronto, los sindicatos se niegan a aceptar la cifra como un referente en las paritarias y reclaman, como mínimo, la inclusión de cláusulas gatillo en los convenios.
 
Por caso, en el conflicto de los bancarios, la dirigencia sindical difundió un documento titulado "No somos tontos", en el cual recuerda que el Relevamiento de Expectativas del Mercado -en el cual participan los propios bancos- corrigió al alza su previsión de inflación hasta el 19%.
 
En ese marco, el funcionario que quedó más expuesto a las críticas fue el titular del Banco Central, Federico Sturzenegger, quien después de haberse ganado fama de "duro" en materia monetaria, ahora bajo una mayor presión política, argumenta que "sobra tasa" a pesar de la evidencia de presiones inflacionarias.
 
Hay economistas como Jorge Vasconcelos, de la Fundación Mediterránea, que estiman que en abril ya se habrá acumulado la mitad de la inflación prevista para todo el año y se pregunta por las derivaciones políticas de esa situación.
 
"El tema es que, después del 'fuego amigo' que sufriera el Banco Central en diciembre, ahora es más difícil conjeturar qué es lo que haría el gobierno en abril o mayo si se confirmara la existencia de desvíos significativos", afirma Vasconcelos.
 
Más escéptico aun es Diego Giacomini, director de Economía & Regiones, quien cree que hay riesgo ya no de que la nueva meta inflacionaria del 15% se incumpla, sino que hasta se pueda superar la inflación del 24% registrada en 2017. Su argumento es que el Banco Central incurrirá en un relajamiento de la política monetaria que, para colmo, no redundará en un mayor nivel de actividad productiva.
 
"El BCRA está cometiendo un error de política monetaria similar al que cometió sobre finales de 2016 y comienzos de 2017 cuando avanzó con un relajamiento sin que las condiciones monetarias e inflacionarias estuvieran dadas para hacerlo", denuncia Giacomini, para quien la inyección de dinero en exceso "terminó abortando el proceso desinflacionario".
 
A esta altura, el descreimiento llega al nivel de que hasta ya se discute abiertamente si la política de metas de inflación -que se aplica en toda la región- tiene sentido en un país como la Argentina.
 
Uno de los analistas más duros en ese sentido es Guillermo Nielsen, ex negociador del canje de deuda, para quien hay señales de que la lucha contra la inflación "dejó de ser una prioridad". Y lamenta la pérdida de credibilidad del Central: "Es muy poco realista tirar un número oficial de inflación a tres años, porque no es profesionalmente serio, afirma.
 
 
Críticas viejas y nuevas
 
Curiosamente, empiezan a ser cada vez más parecidas las críticas que se le hacen ahora al Gobierno de Macri con las que se le hacían al "modelo K".
 
Pocas frases son más gráficas que esta del influyente Miguel Angel Broda: "La configuración económica elegida por el Gobierno ha sido muy exitosa para ganar elecciones, pero tiene complicaciones. Este es un modelo que necesita recalibrarse permanentemente. No quieren tocar la madre de todos los problemas, que es el tamaño del gasto público y el déficit fiscal y, por lo tanto, van recalculando, compensando y emparchando".
 
Era el mismo tipo de juicio que los economistas emitían sobre las políticas de incentivo al consumo que realizaba el gobierno anterior. Generalmente, la crítica deriva hacia el riesgo de que el endeudamiento público se salga de control.
 
Sobre ese punto, el ex ministro Ricardo López Murphy hizo un vínculo entre la deuda y la elección macrista por la vía gradualista. "No nos engañemos, el gradualismo siempre es más caro, porque no resolver los problemas hoy implica financiarse con endeudamiento", afirmó.
 
Aun así, la preocupación del Gobierno no viene de las críticas internas. Tiene asumido que el sector ortodoxo de los economistas siempre verá con malos ojos su negativa a las medidas de shock, así como que los sectores "corporativos" mirarán con desconfianza su agenda de reformas.
 
Más bien, lo que aflige a los funcionarios es que aquellos en quienes han puesto las mayores esperanzas para el despegue -es decir, los inversores externos- también manifiestan dudas sobre el camino trazado.
 
Lo constató Dujovne en la reciente gira del presidente por Europa y el Foro de Davos, cuando sus interlocutores le echaron en cara la persistencia del problema fiscal y el relajamiento en la lucha antiinflacionaria.
 
Por estos días, las pocas buenas noticias vienen de sectores como telecomunicaciones, que este año tiene planeadas inversiones por u$s3.000 millones, y de los créditos indexados UVA, que empujan a la construcción y la actividad inmobiliaria.
 
Pero el resto muestra poco dinamismo. Y, particularmente, no se ven grandes mejoras en el empleo privado registrado, una lentitud que, a su vez, es lo cual complica el recorte de gastos en el Estado.
 
Lo cierto es que el Gobierno intenta avanzar haciendo equilibrio en un pretil angosto: acelerar el recorte del gasto sin que eso provoque inquietud social, avanzar en agenda de reformas pero cuidando que no estalle una crisis política, aceitar la actividad y el crédito pero sin que se contagie a los precios. Para los más pesimistas, un camino que ya se intentó transitar otras veces. Lamentablemente, con un final anunciado de fracaso.
 
Por Fernando Gutiérrez
 
Fuente: iProfesional
 

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18-08-2018 / 10:08
El impacto dramático de la crisis y los empresarios que denuncian a la corrupción K, parecen disputar el interés de los argentinos. Los empresarios corruptos entusiasman a los zocaleros de la tele y a los tituleros de los medios oficialistas.
 
Pero la sensación es que esa construcción, esas tapas que inundan los kioscos y los programas gritones, se han despegado de la preocupación general más extendida y más profunda.
 
Para muchos ya no se trata de preocupación sino de desesperación, porque la quiebra de empresas, el cierre de fuentes de trabajo y la disparada de la carestía de la vida ya conforman un drama nacional. Y es difícil que las tapas y los zócalos puedan competir con la desesperación.
 
Hay un disloque entre la profusa información que ha caracterizado a las operaciones mediáticas anti K, y la preocupación instalada en la sociedad.
 
En otros momentos, esas operaciones conseguían crear un clima que ocupaba todo, la charla de los taxistas, las discusiones de sobremesa o los comentarios en el trabajo.
 
La bomba psíquica de indignación denuncista y griterío mediático que induce al odio linchador está en su máxima expresión. Y lo que en otro momento podría haber sido una sociedad enardecida, ahora le presta poca atención.
 
Está absorta en las facturas de los servicios y el precio de los alimentos. "Absorta" es el punto previo a la rabia, primero rabia individual y después la reacción colectiva, el hecho social y su consecuencia política.
 
Esta ofensiva mediático judicial funcionó como la herramienta que el gobierno guardaba para contrarrestar su momento más crítico.  Habría que ser muy ingenuo para pensar que la aparición de fotocopias de supuestos cuadernos coincidió por puro azar con el punto de inflexión más grave de la crisis.
 
Habría que ser más ingenuo  para pensar que toda la movida en la justicia no estaba hablada previamente con los empresarios que fueron a declarar y con las altas esferas del Poder Judicial.
 
Toda la aparatosa movida no se implementa de la noche a la mañana. Implica largas negociaciones donde cada uno trata de preservar su interés y deslindar concesiones y ganancias, donde se dibujan y recortan los alcances y los imputados y se subrayan los perdones y sus mecanismos.
 
Por eso resulta más sospechoso aún que intenten presentarla como algo repentino y casual.

17-08-2018 / 10:08
En los próximos días, el triunvirato de la CGT hará una fuerte ofensiva contra el Gobierno de Mauricio Macri: reclamará que se suspendan los despidos, por lo menos hasta fin de año. Lo hará como respuesta a lo que los gremialistas consideran una pasividad de la Casa Rosada frente a la crisis. Y en reacción a lo que, señalan, fue una provocación del lado oficial: la convocatoria inconsulta a una cumbre con los empresarios.
 
Los gremios más combativos -con Camioneros a la cabeza- vienen reclamando que la cúpula de la CGT active un plan de lucha. Critican con suma dureza al triunvirato (Héctor Daer, Juan Carlos Schmid y Carlos Acuña) por su "buena onda" con Macri. Lo hizo Hugo Moyano, quien fue el principal orador del acto de lanzamiento de la Multisectorial 21F que se realizó en el microestadio de Atlanta.
 
Durante su discurso calificó a los integrantes del Gobierno de Macri como "mamarrachos" que responden a las órdenes de los poderes establecidos y al FMI pero también convocó a los sectores gremiales, sociales y políticos a unirse y advirtió que "o se suman a la lucha de los trabajadores o se quedan con los oligarcas".
 
Moyano no tuvo piedad con Macri y llegó a decir que "si comparamos el Gobierno de De la Rúa con el que tenemos ahora, De la Rúa era un estadista al lado de este Presidente. ¡No sabe qué hacer!", dijo para deleite de los participantes que comenzaron a entonar el cántico que se conoció como el hit del verano: MMLPQTP.
 
Moyano le aseguró a los participantes de la Multisectorial que el Gobierno de Macri "se quiere quedar con el dinero de las organizaciones gremiales, el de los jubilados, las asignaciones familiares y todo para pagar a los dueños del país que hoy ejercen el gobierno y el FMI".
 
Y agregó en este grupo de beneficiarios a "los sectores de poder permanente que en otras épocas usaban las dictaduras para aplicar política de hambre y hoy utilizan estos mamarrachos que tenemos que lo único que hacen es obedecer todo lo que sea en contra de los trabajadores y los humildes".
 
Recordó las multas que le impuso el Ministerio de Trabajo a su gremio y a Suteba: "Quieren tapar el hambre, la miseria y la desocupación. Pero no hay que abandonar la lucha por más presiones que nos quieran meter", dijo. Luego insistió en la presión que realiza el Gobierno sobre jueces y fiscales para perseguirlo a él y su hijo Pablo luego de que lograran frenar la reforma laboral y rompieran el techo a las paritarias de este año. 
 
Por último, Moyano convocó a todos a continuar trabajando por la unidad "porque una vez más el triunfo será de los trabajadores".
 
La Opinión Popular

17-08-2018 / 09:08
En el gobierno de Mauricio Macri se disponen a capitalizar la causa de los "cuadernos de las coimas", novela con aires de burlesque, y poner al Presidente -un hombre que fue por años un empresario de la obra pública- del lado de la transparencia y la anticorrupción.
 
Los cuadernos, el show mediático, el desfile por Comodoro Py, resulta para los empresarios una traición de quien consideraban un par: el hijo rico nacido en las entrañas de la "Patria contratista", testigo y partícipe de la corrupción con Socma, la empresa que le legó su padre; o Iecsa, de Ángelo Calcaterra, el primo testaferro y "arrepentido" al que, no obstante, le otorgó el soterramiento del tren Belgrano.
 
Macri en su momento fue procesado por contrabando y luego sobreseído por la Corte menemista, sin embargo ayer, ante sus antiguos colegas, pronunció palabras que rozaron la burla y el cinismo: "Vayan para adelante. Ustedes son los generadores de riqueza", les dijo. Y, tras el desplante, les propuso: "Si alguno se encuentra con un pedido indebido, acá tienen un Presidente al cual acudir". "¿Y Macri, a quién acudirá", deslizó con irónica bronca un alto empresario.
 
No será gratuito que la Justicia alcance al gran poder económico de la Argentina, que incluye al clan Macri. Lo grave es que, más allá de las condenas, del efecto judicial e individual que la causa tenga en cada uno de los imputados, ellos son empresarios que tienen a su cargo algunas de las obras más importantes del país. De ellos depende la inversión que emplea a tantos obreros, que mueven el débil consumo, que hacen que la economía no desfallezca más.
 
Hoy vemos arrepentirse o negar el pago de coimas al poderoso Paolo Rocca, presidente del Grupo Techint, mayor productor de acero de la Argentina y el mayor productor del mundo de tubos sin costura, comprometido en la explotación de Vaca Muerta. También a Aldo Roggio, que, tras declarar como "arrepentido", renunció a la presidencia del holding que carga con más de un siglo de historia; pero también a Carlos Wagner, expresidente de la Cámara de la Construcción, y actual titular de Esuco, de quien dependen varias de las obras públicas en marcha.
 
También, aparece ahora el banquero Luis María Ribaya, exdirectivo del Galicia y Nación (donde se desempeñó hasta el año pasado), quien se sumaría a la ola de "arrepentidos" y podría provocar un tembladeral en el sistema financiero argentino. Los bancos, encargados de blanquear el dinero negro, podrían ventilar nuevos males.
 
Nada importaría si esto fuera simplemente una escena de empresarios delatores y vengativos, pero si la Justicia, o el propio humor de estos magnates, lo dispone, las pocas obras públicas en marcha podrían paralizarse, empujando a más trabajadores fuera del sistema, agregando más sal a la herida de la recesión.
 
La difusa meta de campaña del Presidente se pervierte: de la pobreza cero, pasaremos a la obra pública cero, nos volveremos todos un poco más pobres. Si eso sucede, el hilo se habrá cortado por lo más delgado, por el pueblo que nada hizo y sufre la corrupción enquistada. Los inmorales deben recibir su castigo. Pero, ¿pagarán los responsables?
 
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16-08-2018 / 09:08
16-08-2018 / 09:08
En una semana negra para la economía neoliberal macrista, el Indec informó que el índice de precios de julio registró una suba promedio de 3,1% y en lo que va del año llega al 19,6%. Mientras que en los últimos 12 meses la suba de precios trepó al 31,2%. La aceleración de la devaluación torna incumplibles las metas que el gobierno de Mauricio Macri asumió ante el FMI, empezando por las de acumulación de reservas y las de inflación.
 
La inflación no da respiro y la asfixia para los bolsillos populares será mayor tras el salto devaluatorio de las últimas jornadas, que encaminan el dólar hacia los $31. Es el reflejo de la falta de credibilidad en el Gobierno de los Ricos, que alimenta la corrida cambiaria y la depreciación del peso.
 
Así, a solo dos meses de haber negociado con el FMI, se acerca al 32% que el Fondo le puso como límite a la alianza Cambiemos para que los desembolsos de dólares trimestrales sean automáticos y no requieran de una intervención más feroz de su Junta Directiva. De hecho, los especialistas recomendaban ayer renegociar el acuerdo, y defender el valor del peso para evitar un estallido económico y social.
 
Mientras, lo preocupante es que el alza promedio de la inflación estuvo traccionada por el fuerte incremento en rubros sensibles como el transporte (5,2%), que ayer volvió a subir, con incrementos superiores a los anunciados y que continuarán, al menos, hasta octubre. En la misma línea, la canasta de alimentos y bebidas trepó un 4%.
 
También, en lo que va del año, el rubro transporte lidera las subas con un 28,4%, seguido por educación con un 22,3% y alimentos y bebidas con un 22%. La tendencia alcista es explicada por el incesante tarifazo en trenes y colectivos, la cuota de los colegios privados y el impacto que generó la devaluación del peso en las góndolas que, frente a la debilidad del peso argentino, se mueven a ritmo dólar.
 
Siempre según los números del Indec, en los últimos doce meses las mayores subas se registran en los rubros "vivienda, agua, gas, electricidad y otros combustibles" (47%), transporte (40,9%), alimentos y bebidas (31%) y educación (30,8%). Este mes, en tanto, la inflación se recalentará por las subas constantes en las naftas, las prepagas, electricidad y transporte.
 
Sin embargo, meta de inflación cumplible o incumplible no es la cuestión, sino que el poder adquisitivo de los salarios continúa en descenso. Menor consumo y salarios anémicos mientras los precios siguen sin frenos, hace cada día más complicado llegar a fin de mes. Las paritarias a la baja de este año agravaron esta situación.
 
El menor poder adquisitivo se expresó en la baja del consumo. La inflación no da tregua y las nuevas exigencias del FMI empeorarán las condiciones de vida de los sectores populares. La crisis la tienen que pagar los ricos y no el pueblo trabajador.
 
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