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Nacionales - 11-02-2018 / 10:02

Macri y Bullrich bancan a muerte el gatillo fácil

Macri y Bullrich bancan a muerte el gatillo fácil
MATAR POR LA ESPALDA NO ES LA MEJOR MANERA DE COMBATIR LA DELINCUENCIA. La Constitución Nacional (CN) prohíbe la pena de muerte, sin excepciones. Ninguna Constitución es pétrea, siempre es posible modificarla. El itinerario es largo y riguroso. Dos tercios de cada una de las Cámaras del Congreso deben votar la necesidad, luego el pueblo elige constituyentes, luego la Asamblea resuelve. El retroceso sería terrible, Macri no la intenta porque los números no le darían. De prepo, las normas se adecuan, para peor.
El policía Luis Chocobar mató a Juan Pablo Kukoc en un contexto tensionado y violento. Un delito grave, descubierto en flagrancia. Pero violando los deberes de quien lleva un arma para ejercer el monopolio de la violencia legítima. El procesamiento dispuesto por el juez Enrique Velázquez tipifica razonablemente el hecho: abuso en la legítima defensa.
 
El policía puso en riesgo la vida de ciudadanos de a pie, que pudieron ser alcanzados por la parva de disparos que no impactaron en Kukoc. Los abogados de Chocobar piden el sobreseimiento. El policía violó la ley, tiene derecho a un juicio imparcial, no a una absolución exprés decretada por el Ejecutivo.
 
Para muchas personas -entre ellos el presidente de la Nación, Mauricio Macri- Chocobar es un héroe, un policía ejemplar. Para muchas otras -la más notoria de ellas fue la mamá del delincuente abatido- es un asesino. Para unos, Chocobar es un modelo de cómo debe actuar un buen policía. Para otros, un ejemplo del abuso del gatillo fácil.
 
Como no lo alcanzaba y el otro no se detenía, le disparó. El primer tiro hirió al delincuente en las piernas y el segundo, el letal, en la zona inferior de la espalda. ¿Fue gatillo fácil? ¿Podía haber dejado de disparar luego del primer impacto? ¿Por qué razón un policía es más lento que un delincuente? ¿Están bien entrenados los policías?
 
Esta semana se conoció el caso del joven Fabián Enrique, fusilado por la espalda por un agente del Grupo Halcón en Quilmes. La "nueva doctrina" de "seguridad" ya riega de sangre las calles. Por otra parte, el tiroteo del lunes, en el centro porteño, es un dilema dramático para cualquier fuerza de seguridad seria. Si la policía no interviene, los ladrones se fugan. Pero si interviene a los tiros, puede matar a transeúntes, a personas que pasaban por allí.
 
De hecho, en ese operativo hubo cuatro personas inocentes heridas y solo uno de los cuatro ladrones fue capturado. El país estuvo al borde de una tragedia: por azar, alguna de las cuatro personas heridas de bala no murieron. ¿Hay licencia para matar? ¿Hay pena de muerte, hay ley marcial? La Constitución Nacional prohíbe la pena de muerte, sin excepciones. Y jamás podría serlo por decisión de un policía de bajo rango, con evidente sobrepeso y falta de entrenamiento.
 
El macrismo convalida la mano dura extrema, la pena de muerte resuelta en la calle o en rutas o plazas. Comenzó buscando una coartada en la muerte de Santiago Maldonado, intenta reiterarlo frente al homicidio calificado de Rafael Nahuel. La protesta social está en la mira, puesta bajo sospecha. Las represiones en las jornadas de movilización contra la Reforma Jubilatoria valen como precedente.
 
El objetivo principal de este marketing de mano dura es acrecentar el autoritarismo y la exaltación de la violencia institucional. No es alarmismo prever que la "doctrina Bullrich" se implementará en escalada, ante una inminente seguidilla de  movilizaciones, paros y ocupaciones pacíficas de fábricas o instituciones estatales que cierran.
 
La Opinión Popular

 
Caso Chocobar: el eterno encanto de las ideas sencillas
 
El escritor catalán Carlos Ruiz Zafón escribió en 2008 un hermoso libro lamado "El juego del ángel", donde el Diablo, transfigurado en un editor, le pedía a un escritor talentoso y moribundo que creara un libro fundante de una nueva religión.
 
Como parte del acuerdo, el Diablo le transmitía sus recomendaciones. Se trataba, en realidad, de una serie de ideas extremadamente sencillas y eficientes que, si se mira con atención, han ordenado la vida de los sectores políticos dominantes de Argentina en estos últimos años.
 
Entre ellas: "Nada aviva más el celo y el dogma como un buen antagonista"; "El mal, la amenaza, siempre está en el otro"; "El primer paso para creer apasionadamente es el miedo"; "Nada nos hace creer más que la certeza de estar amenazados".
 
El estallido del llamado "caso Chocobar" instaló nuevamente la discusión acerca de cómo deben actuar las fuerzas de seguridad, o sea, acerca de cómo el Estado debe cuidar nuestra vida y la de nuestro hijos. Es interesante recorrer los caminos que dominaron ese debate porque allí se ve, como tantas otras veces, el predominio de las ideas sencillas, de esas que son muy útiles para fundar religiones, facciones, bandos, pero quizá sean menos eficientes para comprender una realidad compleja y, por lo tanto, para operar con criterio sobre ella.
 
La mejor síntesis de cómo funciona el mecanismo de las ideas sencillas fue el zócalo que acompañó en el noticiero de Telefé la difusión del video donde se veía que Chocobar disparaba por la espalda al delincuente que intentaba fugarse. "¿Héroe o asesino?", se preguntaba, con esa simpleza que es natural en el lenguaje televisivo pero debería matizarse en el debate político.
 
En efecto, para muchas personas -entre ellos el presidente de la Nación, Mauricio Macri- Chocobar era un héroe, un policía ejemplar. Para muchas otras -la más notoria de ellas fue la mamá del delincuente abatido- era un asesino. "Ese señor no es ningún héroe, es el asesino de mi hijo", dijo. Para unos, Chocobar es un modelo de cómo debe actuar un buen policía. Para otros, un ejemplo del abuso policial, del gatillo fácil.
 
La verdad es siempre más compleja. En principio, Chocobar tuvo una conducta virtuosa: no estaba en funciones y, sin embargo, se metió en una situación donde se jugaba la vida. Acababa de ver cómo un delincuente intentaba asesinar a cuchilladas a una persona y resolvió perseguirlo. No tenía ninguna obligación y, sin embargo, allí fue.
 
Como no lo alcanzaba y el otro no se detenía, le disparó. El primer tiro hirió al delincuente en las piernas y el segundo, el letal, en la zona inferior de la espalda. ¿Fue gatillo fácil? ¿Le disparó a las piernas dos veces y la segunda le pegó más arriba porque el delincuente venía en caída? ¿Podía haber dejado de disparar luego del primer impacto? ¿Por qué razón un policía es más lento que un delincuente? ¿Están bien entrenados los policías argentinos?
 
Los partidarios de las ideas sencillas no se hacen estas preguntas. Para ellos todo se reduce a un enfoque simplísimo: el policía es un héroe, el asesino debe morir; o el policía es un asesino, debe terminar entre rejas.
 
Pocas personas merecen la canonización o la crucifixión. Probablemente, Chocobar no sea una de ellas. Pero esas complejidades aburren a los fanáticos. Héroe o asesino. No hay términos medios.
 
Unos días después de que el presidente recibiera a Chocobar, la ministra Patricia Bullrich proclamó que "la doctrina cambió" y que ahora se vería a "la Policía en acción". La tarde en que dijo eso, efectivamente, la Policía entró en acción.
 
Un grupo de delincuentes entró en una joyería en el microcentro, golpeó a la persona que atendía allí y se llevó un botín millonario. Al salir, se encontró con un policía y comenzó un tiroteo tremendo, en el que intervinieron refuerzos policiales. Hubo, como mínimo medio centenar de disparos de los delincuentes y de la policía.
 
Cuando todavía se oían los tiros, se disparó una vez más el mundo de las ideas sencillas. "¿Ahora también los progres van a defender a los delincuentes?", preguntaban los defensores de la mano dura en las redes. "Eso es culpa de Bullrich. La Policía no tiene problemas en disparar cuando hay montones de inocentes en la zona del tiroteo", acusaban los otros. El Gobierno, una vez más, defendió el accionar policial: o sea, se paró en uno de los dos polos.
 
El tiroteo del lunes es un dilema dramático para cualquier fuerza de seguridad seria. Si la policía no interviene, los ladrones se fugan. Pero si interviene a los tiros, puede matar a transeúntes, a personas que pasaban por allí. ¿Qué debe hacer? Esa pregunta no se responde con consignas de cancha: "Hay que meter bala a los delincuentes", "Ahora verán a la policías en acción", "Se acabaron los tiempos en que solo había derechos humanos para los delincuentes". "La doctrina cambió".
 
Solo grupos marginales desean que los ladrones se escapen con el botín. Pero una intervención desacertada puede provocar lo peor de ambos mundos. De hecho, en ese operativo hubo cuatro personas heridas y solo uno de los cuatro ladrones fue capturado. ¿Eso es un éxito o un fracaso?
 
La mayoría de las decisiones en la conducción de un país no se desprenden de consignas generales, ni de ideas sencillas. Muchas veces son respuestas a dilemas cuya resolución requiere de profesionalismo, rigor y mucha sofisticación. Salir a los tiros puede satisfacer a un grupo de exaltados, pero también generar problemas mucho más serios de los que se pretende resolver.
 
El lunes, el país estuvo al borde de una tragedia: por el mero influjo del azar, las cuatro personas heridas de bala no murieron. Estaríamos hoy, ante otra Argentina.


 Macri y Bullrich bancan a muerte el gatillo fácil 

Escena del tiroteo en pleno Centro el lunes.
 
Durante, los ochos años que gobernó, Cristina Fernandez de Kirchner intentó ordenar todo el debate según opciones derivadas de ideas sencillas, como Democracia o Corporaciones, Kirchnerismo o Clarín, Patria o Buitres.
 
Hubo muchas variantes del "ellos o nosotros" que alineaban a su militancia y servían para que la disidencia fuera vista como una traición, como un gesto de complicidad con el enemigo. Muchos dirigentes, cuando se les preguntaba qué era lo que le entusiasmaba del kirchnerismo, lo resumía en dos palabras: los enemigos.
 
El gobierno de Mauricio Macri disfruta los beneficios de esa misma lógica, pero aplicándola en un sentido inverso. La opción, ahora, sería Democracia o Kirchnerismo, donde la democracia sería el Presidente y los suyos.
 
Muchas veces, ante diversos desafíos, los disidentes son calificados como kirchneristas, para desacreditar sus ideas. Un ejemplo de eso ocurrió apenas seis meses después de la asunción. Marcelo Tinelli se había atrevido a incluir una pieza de sátira sobre el humor presidencial.
 
Desde las redes se impulsó el hashtag #tinellimercenariok. Macri lo respaldó: "Él decidió satirizarme y recibió 150.000 tuits de crítica. Es increíble que se ofenda. Tinelli me satiriza de mala manera ante tres millones de personas en televisión y se ofende porque lo critican 30.000 tuiteros".
 
Alrededor del asunto Chocobar, el Gobierno ha vuelto a reflotar una cascadas de ideas sencillas. "Vamos a decidir que la Policía no use armas, a ver cómo nos va", dijo Patricia Bullrich. O sea, las opciones son dos: la policía que dispara por la espalda o la que no usa armas. El mundo se parte en mitades: los garantistas que solo defienden los derechos humanos de los delincuentes y los justicieros que defienden a las personas honestas.
 
A esa simplicidad, Bullrich la elevó al nivel de "doctrina", o de "nueva doctrina". Las doctrinas, mucho menos las que se resumen en seis palabras, generalmente son desbordadas por los desafíos de la realidad. Pero, al mismo tiempo, generan fieles, creyentes, fanáticos, cruzados.
 
Por eso, en estas semanas, la agresividad en las redes sociales contra cualquier disidente se disparó: Marcos Novaro y Gustavo Noriega, dos figuras públicas que han manifestado su cercanía con el Gobierno, pueden contar las amenazas e insultos que sufrieron por sugerir que los disparos por la espalda no son la mejor manera de combatir la delincuencia.
 
Jaime Durán Barba ha sostenido que la gente quiere que a los delincuentes se los reprima brutalmente. ¿Será así? El Gobierno ha triunfado en las dos últimas elecciones por una distancia muy pequeña. Si se refugia en opciones binarias, en ideas extremas, si deja -o estimula- que los suyos ataquen con furia a quien manifiesta ideas alternativas, aun a los cercanos, ¿será que gana votos o que los pierde?
 
En cualquier caso, si alguien busca un remedio contra el fanatismo o un recurso para exacerbarlo, debería releer esa novela de Ruiz Zafón: "Cuando nos sentimos víctimas, todas nuestras acciones quedan legitimadas, por cuestionables que sean. Nuestros oponentes o, simplemente, nuestros vecinos dejan de estar a nuestro nivel, y se convierten en enemigos. Dejamos de ser agresores para convertirnos en defensores. Basta convencer al santurrón de que está libre de todo pecado para que empiece a tirar piedras con entusiasmo".
 
Doctrinas, como se ve, hay para todos los gustos. Pero algunas sobreviven a los cambios de Gobierno.
 
Por Ernesto Tenembaum
 
Fuente: Infobae
 

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20-06-2018 / 10:06
La agenda oficial del presidente conservador Mauricio Macri marcaba que hoy a las 9 participaría en el Monumento a la Bandera del tradicional acto en conmemoración a Manuel Belgrano. Sin embargo, a último momento, el titular del PRO de Santa Fe, Federico Angelini, anunció que el mandatario no asistirá para evitar las protestas en su contra.
 
Angelini eligió decir que "se priorizó cuidar la paz". El discurso de Macri hubiera sido el primero tras los cambios en el equipo económico, que no frenaron la corrida ni la devaluación del peso frente al dólar. "Querían empañar el Día de la Bandera. No queremos darle margen a los violentos", fruteó el dirigente del PRO santafecino, al confirmar el faltazo del presidente, que debería haber compartido el acto con la intendenta Mónica Fein y el gobernador Miguel Lifschitz.
 
Luego la noticia fue confirmada por el ministro del Interior, Rogelio Frigerio: "Con motivo de haber recibido notificaciones de los responsables de la seguridad presidencial y del Gobierno de Santa Fe donde se indicaba que se debían reforzar las medidas de seguridad para evitar la posibilidad de que se generen disturbios en las calles de Rosario de organizaciones políticas, se suspenderá mañana la asistencia del Presidente".
 
Las protestas estaban organizadas por sectores que se movilizan y reclaman contra las medidas antipopulares que lleva adelante el gobierno de Macri. Además se preveía la movilización de organizaciones sociales y políticas. Solo dos muestras, entre muchas otras posibles, de rechazo al ajuste en curso que implementa el actual Poder Ejecutivo a favor del gran empresariado y en contra de los trabajadores.
 
El Gobierno de los Ricos viene atravesando tensos episodios, el último que se viralizó, fue la entrega de una banana al jefe de Gabinete, Marcos Peña, tras ser bautizado como "El Gorila del año", lo mismo pasó en el mundial de Rusia, en donde la hinchada argentina realizó cánticos con referencia al precio del dólar.
 
Por supuesto, para evitar este tipo de protestas o "escraches", en un ambiente "poco feliz" que se respira en las últimas semanas por los efectos de la política neoliberal: inflación, tarifazos, acuerdo neocolonial con el FMI, pérdida del poder adquisitivo, etc., el Gobierno de los CEOs decidió "por razones de seguridad", que Macri no viaje a Rosario.
 
La Opinión Popular

20-06-2018 / 09:06
Ni sostener una pyme o industria; ni financiarse con tarjeta de crédito; ni acceder a un crédito hipotecario. Nada de lo que implique producción, reactivación de la economía o sueños de futuro será posible en esta Argentina de Mauricio Macri condenada por sus gobernantes a ser un país de frontera.
 
Así lo ha vuelto a decretar el Gobierno de los CEOs, que ayer, para contener el dólar, convalidó el triunfo de la bicicleta financiera y volvió a hundir las fuerzas de cualquier sector productivo. Nada es más rentable que especular en el país de la alianza Cambiemos.
 
Ante las altas expectativas de devaluación, el nuevo titular del Banco Central, Luis Caputo, buscó en vano ganarle al mercado. Tratando de evitar que los bancos utilizaran los pesos provenientes del pago de vencimientos de Lebacs y se volcaran en manada a la compra de dólares, llevó la tasa de interés para el plazo más corto (27 días) del 40% al exorbitante 47%.
 
La decisión de Caputo de elevar la tasa de las Lebas de corto plazo -27 días- al 47% le generará a los tenedores de ese título una ganancia a julio de 7.106 millones de pesos. Sin embargo, apenas pudo renovar el 59,9% de los $514.779 millones que vencieron ayer. 
 
A la espera del préstamo del Fondo Monetario Internacional, que el Gobierno de Macri utilizará no para fomentar la producción, sino para contener la corrida cambiaria, la suba de tasas se complementará mañana con el incremento de los encajes bancarios, que implica inmovilizar unos $67.000 millones para evitar su traspaso a dólares. Además, se reduce del 10 al 5% la posición global neta en divisas, que funciona como un techo a la tenencia de dólares de bancos.
 
Pese a la batería de medidas, a los cambios de nombres, el rumbo de la economía y la desconfianza de los mercados en la Argentina no cambia: tal fue la demanda por el billete norteamericano ayer que cerró al alza, en $28,46. En el mercado de futuros, en tanto, se pactaron operaciones por US$595 millones, y para el cierre de diciembre, el plazo más largo negociado, el precio superó los $33. 
 
El cóctel es explosivo: las divisas genuinas no ingresan, los dólares se fugan y para contener la devaluación (con su consecuente efecto inflacionario) el Gobierno recurre a medidas recesivas que privilegian el dinero ocioso y desaniman la producción, verdadera fuente de riquezas en el país que tiene todo por hacer.
 
En tanto, el capital financiero sigue amasando grandes ganancias gracias a esta bicicleta financiera. Ahora necesita el Gobierno de los Ricos desarmar la bomba de las Lebac, que lo hará con nueva deuda, además de los fondos que recibirá del FMI. Un acuerdo neocolonial que viene con una profundización del ajuste para los trabajadores y demás sectores populares.
 
La Opinión Popular

19-06-2018 / 10:06
 Al filo de sus 60 años, el presidente Mauricio Macri parece la encarnación del extravío que el poder puede causar en algunos hombres.
 
Obnubilado quizá por expresiones de deseo sin asidero en la realidad, pensando más en el futuro electoral que en el pragmatismo de la coyuntura, ya no parece quedar en él nada de aquel joven con comprensión de los mercados, que desde muy chico se fogueó en el mundo empresarial y, junto a su padre, supo ser testigo del levantamiento del imperio Socma, que luego llegaría a gerenciar.
 
Herida la confianza de los mercados, pero también la de los ciudadanos que lo votaron, el Currículum Vitae del Presidente no alcanzó, siquiera, para que en sus más de dos años de Gobierno pudiera sacar al país del ostracismo de ser una economía de frontera y elevarlo a la categoría de emergente, en crecimiento, imán para los inversores del mundo.
 
De confirmarse lo que ya trascendió, tampoco lo logrará este año: mañana, Día de la Bandera, la Morgan Stanley Capital International (MSCI), sociedad encargada de tomar la decisión, anunciaría que la Argentina seguirá siendo un país de frontera.
 
La devaluación, la alta inflación, las tasas recesivas y el desplome de las acciones argentinas no son terreno fértil para la lluvia de inversiones ni el financiamiento externo.
 
Pudo el Presidente preparar el suelo para reactivar la producción, la generación de empleo y distribución de riquezas. Prefirió, en cambio, germinar la especulación y cuando los mercados no confiaron más, tuvo un rapto "brillante": acordar el salvataje de plomo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), que quita más de lo que da.
 
Porque, como se trasluce en la carta de intención enviada al organismo por el Gobierno argentino, los millones de dólares recibidos se utilizarán para asistir a la corrida cambiaria, mientras se buscará achicar el gasto con más miseria, mellando conquistas sociales como jubilaciones y salarios dignos y los pobres, como toda limosna, recibirán el equivalente a unos pocos gramos de pan por día.
 

18-06-2018 / 11:06
En algún momento tenía que empezar a pasar. Las devaluaciones no son gratuitas, sobre todo en la Argentina. El contagio a los precios suele ser rápido. Y es lo que ya ocurre.
 
Antes de que empezara el fin de semana, las principales cadenas de supermercados recibieron mails con nuevas listas de precios. Hay aumentos que, en su mayoría, van de 7% al 10% en los principales rubros. Aunque hay casos de incrementos de hasta 18%, como sucede con los importados.
 
Las fábricas y comercializadoras de alimentos y productos de limpieza justificaron las remarcaciones por la suba del dólar. Pero estos ajustes no responden a la escalada de la última semana. Estos incrementos toman en cuenta parte de la corrida del mes pasado.
 
Durante mayo, el tipo de cambio pasó de $20,80 a $25,40. Esa suba -del 22% en un solo mes- no había tenido su traspaso pleno a los demás precios de la economía.
 
El propio Federico Sturzenegger lo había contemplado, cuando en una de sus últimas apariciones públicas como jefe del Banco Central, manifestó que la inflación de mayo sería "bastante menor" a la de abril. Pero que esperaba un rebrote para junio.
 
En efecto, el Indec acaba de publicar un índice de "apenas" 2,1% para mayo. Y aunque los alimentos registraron un avance superior -de 3,3%-, ese registro tuvo que ver más que nada con la propia dinámica inflacionaria y no tanto con la primera ola devaluatoria.
 
La realidad es que la fuerza del contagio a los precios apareció ahora. La intransigencia de los fabricantes e importadores provocó, incluso, que alguno de los grandes supermercados devolviera la mercadería en medio de la entrega, argumentando que no podían convalidar semejantes aumentos.
 
En concreto, la ola de incrementos incluyó a las principales empresa del sector. Molinos, por ejemplo, anunció un ajuste general del 7% a partir de este mismo lunes.
 
Los aumentos incluyen a cientos de sus productos, todos protagonistas de la mesa familiar. Molinos elabora desde fideos y aceites (distintas categorías y calidades) hasta harinas. También es muy fuerte en arroz y congelados.

18-06-2018 / 10:06
Con una pésima gestión del mercado cambiario y sin dólares suficiente en las reservas, el sendero para el tipo de cambio es ascendente. El gobierno de Mauricio Macri no puede frenar la corrida, simplemente porque no hay suficientes dólares disponibles para atender la demanda y se sometió a los dictados del FMI.
 
"Que baje el dólar, la puta que te parió". El cántico, unánime, partió de entre la multitud de argentinos que este fin de semana caminaron por las calles rusas, convocados por la fiebre mundialista para ver a Lionel Messi y equipo. Condenarlo como un insulto o reducirlo a una picardía sería subestimar el poder de la alerta, de esas palabras que dicen mucho más de lo que gritan.
 
Lo que hay, lo que se percibe, es un hartazgo que ni los miles de kilómetros que nos separan de Rusia, ni la euforia mundialista por el debut argentino han podido mitigar. El desastre económico, esta vez, hace mella en la Argentina, sin distinción de capas sociales, castigando ya no solo a los vulnerables de siempre, sino también a las clases medias y medias altas.
 
Precisamente, son estas las que ahora dirigen sus gritos al presidente Macri, clamando por algo más que un dólar estable. Piden lo que todavía no existe: un programa económico razonable y sustentable. Un esquema, algo que vaya más allá del simple cambio de ministros como se pueden cambiar los fusibles de un hogar.
 
Pero la paciencia de la clase media que votó a este Gobierno de los Ricos, por momentos mezquina o adormecida, tiene sus límites y por fin parece advertir que le ha llegado su hora, que el acuerdo neocolonial alcanzado con el FMI es, menos que un rescate, un salvavidas de plomo, no solo para el sector público, o los castigados salarios de los obreros o las jubilaciones de miseria, sino también un ajuste que la incluye.
 
El acuerdo neocolonial con el FMI definirá, para mal, el futuro de la Argentina, afectará a vastos sectores de la sociedad y sobre el que, no obstante, el Presidente no ha abierto la boca para dar una explicación de lo acordado. Hacerlo, implicaría exponer la crudeza de una realidad y unas metas brutales de ajuste, alejadas de las promesas que hizo a sus votantes.
 
Macri se cuida de evitar el sincericidio, pero quienes lo eligieron ya sienten la traición, con un malestar hondo, que viaja kilómetros. Él hace como si no los escuchara, se empecina en su rumbo sin plan y reduce todo a un juego de ajedrez, cambiando figuritas en el mismo álbum.
 
En el tema del dólar, el acuerdo neocolonial Macri-FMI es claro, planea absorber las presiones externas a través de un tipo de cambio flexible y ventas de divisas muy limitadas. O sea, dejar que se devalué la moneda todo lo que el mercado estime o especule, sin mencionar que no habrá botes salvavidas para todos.
 
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