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Nacionales - 11-02-2018 / 10:02

Macri y Bullrich bancan a muerte el gatillo fácil

Macri y Bullrich bancan a muerte el gatillo fácil
MATAR POR LA ESPALDA NO ES LA MEJOR MANERA DE COMBATIR LA DELINCUENCIA. La Constitución Nacional (CN) prohíbe la pena de muerte, sin excepciones. Ninguna Constitución es pétrea, siempre es posible modificarla. El itinerario es largo y riguroso. Dos tercios de cada una de las Cámaras del Congreso deben votar la necesidad, luego el pueblo elige constituyentes, luego la Asamblea resuelve. El retroceso sería terrible, Macri no la intenta porque los números no le darían. De prepo, las normas se adecuan, para peor.
El policía Luis Chocobar mató a Juan Pablo Kukoc en un contexto tensionado y violento. Un delito grave, descubierto en flagrancia. Pero violando los deberes de quien lleva un arma para ejercer el monopolio de la violencia legítima. El procesamiento dispuesto por el juez Enrique Velázquez tipifica razonablemente el hecho: abuso en la legítima defensa.
 
El policía puso en riesgo la vida de ciudadanos de a pie, que pudieron ser alcanzados por la parva de disparos que no impactaron en Kukoc. Los abogados de Chocobar piden el sobreseimiento. El policía violó la ley, tiene derecho a un juicio imparcial, no a una absolución exprés decretada por el Ejecutivo.
 
Para muchas personas -entre ellos el presidente de la Nación, Mauricio Macri- Chocobar es un héroe, un policía ejemplar. Para muchas otras -la más notoria de ellas fue la mamá del delincuente abatido- es un asesino. Para unos, Chocobar es un modelo de cómo debe actuar un buen policía. Para otros, un ejemplo del abuso del gatillo fácil.
 
Como no lo alcanzaba y el otro no se detenía, le disparó. El primer tiro hirió al delincuente en las piernas y el segundo, el letal, en la zona inferior de la espalda. ¿Fue gatillo fácil? ¿Podía haber dejado de disparar luego del primer impacto? ¿Por qué razón un policía es más lento que un delincuente? ¿Están bien entrenados los policías?
 
Esta semana se conoció el caso del joven Fabián Enrique, fusilado por la espalda por un agente del Grupo Halcón en Quilmes. La "nueva doctrina" de "seguridad" ya riega de sangre las calles. Por otra parte, el tiroteo del lunes, en el centro porteño, es un dilema dramático para cualquier fuerza de seguridad seria. Si la policía no interviene, los ladrones se fugan. Pero si interviene a los tiros, puede matar a transeúntes, a personas que pasaban por allí.
 
De hecho, en ese operativo hubo cuatro personas inocentes heridas y solo uno de los cuatro ladrones fue capturado. El país estuvo al borde de una tragedia: por azar, alguna de las cuatro personas heridas de bala no murieron. ¿Hay licencia para matar? ¿Hay pena de muerte, hay ley marcial? La Constitución Nacional prohíbe la pena de muerte, sin excepciones. Y jamás podría serlo por decisión de un policía de bajo rango, con evidente sobrepeso y falta de entrenamiento.
 
El macrismo convalida la mano dura extrema, la pena de muerte resuelta en la calle o en rutas o plazas. Comenzó buscando una coartada en la muerte de Santiago Maldonado, intenta reiterarlo frente al homicidio calificado de Rafael Nahuel. La protesta social está en la mira, puesta bajo sospecha. Las represiones en las jornadas de movilización contra la Reforma Jubilatoria valen como precedente.
 
El objetivo principal de este marketing de mano dura es acrecentar el autoritarismo y la exaltación de la violencia institucional. No es alarmismo prever que la "doctrina Bullrich" se implementará en escalada, ante una inminente seguidilla de  movilizaciones, paros y ocupaciones pacíficas de fábricas o instituciones estatales que cierran.
 
La Opinión Popular

 
Caso Chocobar: el eterno encanto de las ideas sencillas
 
El escritor catalán Carlos Ruiz Zafón escribió en 2008 un hermoso libro lamado "El juego del ángel", donde el Diablo, transfigurado en un editor, le pedía a un escritor talentoso y moribundo que creara un libro fundante de una nueva religión.
 
Como parte del acuerdo, el Diablo le transmitía sus recomendaciones. Se trataba, en realidad, de una serie de ideas extremadamente sencillas y eficientes que, si se mira con atención, han ordenado la vida de los sectores políticos dominantes de Argentina en estos últimos años.
 
Entre ellas: "Nada aviva más el celo y el dogma como un buen antagonista"; "El mal, la amenaza, siempre está en el otro"; "El primer paso para creer apasionadamente es el miedo"; "Nada nos hace creer más que la certeza de estar amenazados".
 
El estallido del llamado "caso Chocobar" instaló nuevamente la discusión acerca de cómo deben actuar las fuerzas de seguridad, o sea, acerca de cómo el Estado debe cuidar nuestra vida y la de nuestro hijos. Es interesante recorrer los caminos que dominaron ese debate porque allí se ve, como tantas otras veces, el predominio de las ideas sencillas, de esas que son muy útiles para fundar religiones, facciones, bandos, pero quizá sean menos eficientes para comprender una realidad compleja y, por lo tanto, para operar con criterio sobre ella.
 
La mejor síntesis de cómo funciona el mecanismo de las ideas sencillas fue el zócalo que acompañó en el noticiero de Telefé la difusión del video donde se veía que Chocobar disparaba por la espalda al delincuente que intentaba fugarse. "¿Héroe o asesino?", se preguntaba, con esa simpleza que es natural en el lenguaje televisivo pero debería matizarse en el debate político.
 
En efecto, para muchas personas -entre ellos el presidente de la Nación, Mauricio Macri- Chocobar era un héroe, un policía ejemplar. Para muchas otras -la más notoria de ellas fue la mamá del delincuente abatido- era un asesino. "Ese señor no es ningún héroe, es el asesino de mi hijo", dijo. Para unos, Chocobar es un modelo de cómo debe actuar un buen policía. Para otros, un ejemplo del abuso policial, del gatillo fácil.
 
La verdad es siempre más compleja. En principio, Chocobar tuvo una conducta virtuosa: no estaba en funciones y, sin embargo, se metió en una situación donde se jugaba la vida. Acababa de ver cómo un delincuente intentaba asesinar a cuchilladas a una persona y resolvió perseguirlo. No tenía ninguna obligación y, sin embargo, allí fue.
 
Como no lo alcanzaba y el otro no se detenía, le disparó. El primer tiro hirió al delincuente en las piernas y el segundo, el letal, en la zona inferior de la espalda. ¿Fue gatillo fácil? ¿Le disparó a las piernas dos veces y la segunda le pegó más arriba porque el delincuente venía en caída? ¿Podía haber dejado de disparar luego del primer impacto? ¿Por qué razón un policía es más lento que un delincuente? ¿Están bien entrenados los policías argentinos?
 
Los partidarios de las ideas sencillas no se hacen estas preguntas. Para ellos todo se reduce a un enfoque simplísimo: el policía es un héroe, el asesino debe morir; o el policía es un asesino, debe terminar entre rejas.
 
Pocas personas merecen la canonización o la crucifixión. Probablemente, Chocobar no sea una de ellas. Pero esas complejidades aburren a los fanáticos. Héroe o asesino. No hay términos medios.
 
Unos días después de que el presidente recibiera a Chocobar, la ministra Patricia Bullrich proclamó que "la doctrina cambió" y que ahora se vería a "la Policía en acción". La tarde en que dijo eso, efectivamente, la Policía entró en acción.
 
Un grupo de delincuentes entró en una joyería en el microcentro, golpeó a la persona que atendía allí y se llevó un botín millonario. Al salir, se encontró con un policía y comenzó un tiroteo tremendo, en el que intervinieron refuerzos policiales. Hubo, como mínimo medio centenar de disparos de los delincuentes y de la policía.
 
Cuando todavía se oían los tiros, se disparó una vez más el mundo de las ideas sencillas. "¿Ahora también los progres van a defender a los delincuentes?", preguntaban los defensores de la mano dura en las redes. "Eso es culpa de Bullrich. La Policía no tiene problemas en disparar cuando hay montones de inocentes en la zona del tiroteo", acusaban los otros. El Gobierno, una vez más, defendió el accionar policial: o sea, se paró en uno de los dos polos.
 
El tiroteo del lunes es un dilema dramático para cualquier fuerza de seguridad seria. Si la policía no interviene, los ladrones se fugan. Pero si interviene a los tiros, puede matar a transeúntes, a personas que pasaban por allí. ¿Qué debe hacer? Esa pregunta no se responde con consignas de cancha: "Hay que meter bala a los delincuentes", "Ahora verán a la policías en acción", "Se acabaron los tiempos en que solo había derechos humanos para los delincuentes". "La doctrina cambió".
 
Solo grupos marginales desean que los ladrones se escapen con el botín. Pero una intervención desacertada puede provocar lo peor de ambos mundos. De hecho, en ese operativo hubo cuatro personas heridas y solo uno de los cuatro ladrones fue capturado. ¿Eso es un éxito o un fracaso?
 
La mayoría de las decisiones en la conducción de un país no se desprenden de consignas generales, ni de ideas sencillas. Muchas veces son respuestas a dilemas cuya resolución requiere de profesionalismo, rigor y mucha sofisticación. Salir a los tiros puede satisfacer a un grupo de exaltados, pero también generar problemas mucho más serios de los que se pretende resolver.
 
El lunes, el país estuvo al borde de una tragedia: por el mero influjo del azar, las cuatro personas heridas de bala no murieron. Estaríamos hoy, ante otra Argentina.


 Macri y Bullrich bancan a muerte el gatillo fácil 

Escena del tiroteo en pleno Centro el lunes.
 
Durante, los ochos años que gobernó, Cristina Fernandez de Kirchner intentó ordenar todo el debate según opciones derivadas de ideas sencillas, como Democracia o Corporaciones, Kirchnerismo o Clarín, Patria o Buitres.
 
Hubo muchas variantes del "ellos o nosotros" que alineaban a su militancia y servían para que la disidencia fuera vista como una traición, como un gesto de complicidad con el enemigo. Muchos dirigentes, cuando se les preguntaba qué era lo que le entusiasmaba del kirchnerismo, lo resumía en dos palabras: los enemigos.
 
El gobierno de Mauricio Macri disfruta los beneficios de esa misma lógica, pero aplicándola en un sentido inverso. La opción, ahora, sería Democracia o Kirchnerismo, donde la democracia sería el Presidente y los suyos.
 
Muchas veces, ante diversos desafíos, los disidentes son calificados como kirchneristas, para desacreditar sus ideas. Un ejemplo de eso ocurrió apenas seis meses después de la asunción. Marcelo Tinelli se había atrevido a incluir una pieza de sátira sobre el humor presidencial.
 
Desde las redes se impulsó el hashtag #tinellimercenariok. Macri lo respaldó: "Él decidió satirizarme y recibió 150.000 tuits de crítica. Es increíble que se ofenda. Tinelli me satiriza de mala manera ante tres millones de personas en televisión y se ofende porque lo critican 30.000 tuiteros".
 
Alrededor del asunto Chocobar, el Gobierno ha vuelto a reflotar una cascadas de ideas sencillas. "Vamos a decidir que la Policía no use armas, a ver cómo nos va", dijo Patricia Bullrich. O sea, las opciones son dos: la policía que dispara por la espalda o la que no usa armas. El mundo se parte en mitades: los garantistas que solo defienden los derechos humanos de los delincuentes y los justicieros que defienden a las personas honestas.
 
A esa simplicidad, Bullrich la elevó al nivel de "doctrina", o de "nueva doctrina". Las doctrinas, mucho menos las que se resumen en seis palabras, generalmente son desbordadas por los desafíos de la realidad. Pero, al mismo tiempo, generan fieles, creyentes, fanáticos, cruzados.
 
Por eso, en estas semanas, la agresividad en las redes sociales contra cualquier disidente se disparó: Marcos Novaro y Gustavo Noriega, dos figuras públicas que han manifestado su cercanía con el Gobierno, pueden contar las amenazas e insultos que sufrieron por sugerir que los disparos por la espalda no son la mejor manera de combatir la delincuencia.
 
Jaime Durán Barba ha sostenido que la gente quiere que a los delincuentes se los reprima brutalmente. ¿Será así? El Gobierno ha triunfado en las dos últimas elecciones por una distancia muy pequeña. Si se refugia en opciones binarias, en ideas extremas, si deja -o estimula- que los suyos ataquen con furia a quien manifiesta ideas alternativas, aun a los cercanos, ¿será que gana votos o que los pierde?
 
En cualquier caso, si alguien busca un remedio contra el fanatismo o un recurso para exacerbarlo, debería releer esa novela de Ruiz Zafón: "Cuando nos sentimos víctimas, todas nuestras acciones quedan legitimadas, por cuestionables que sean. Nuestros oponentes o, simplemente, nuestros vecinos dejan de estar a nuestro nivel, y se convierten en enemigos. Dejamos de ser agresores para convertirnos en defensores. Basta convencer al santurrón de que está libre de todo pecado para que empiece a tirar piedras con entusiasmo".
 
Doctrinas, como se ve, hay para todos los gustos. Pero algunas sobreviven a los cambios de Gobierno.
 
Por Ernesto Tenembaum
 
Fuente: Infobae
 

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17-02-2019 / 09:02
La aceleración de los precios en el comienzo del año hizo saltar las alarmas en la Casa Rosada.
 
Es que las consecuencias del repunte inflacionario registrado por el INDEC durante enero (2,9% versus 2,6% de diciembre) van más allá del offside presidencial de Macri, quien dijo que "está empezando a bajar la inflación" un día antes de ser desmentido por el dato oficial.
 
El hecho es que la inflación vuelve a crecer como la principal preocupación de los argentinos y, a la par, baja la imagen del Gobierno y se perjudican sus perspectivas para las elecciones.
 
Según una encuesta de la consultora Synopsis, el 34,9% de los argentinos consideran hoy al alza de precios como el principal problema del país. Así, el tema vuelve al primer plano (subió 4,3% en el último sondeo) luego de haber venido en baja desde noviembre, acompañando el freno a la inflación que se vio en el último bimestre de 2018.
 
El desempleo (19,1%) es otra cuestión económica que escala como amenazante en el imaginario de los encuestados, escoltado por la corrupción (19,7%) y la inseguridad (13,1), dos temas que dan más comodidad a Cambiemos de cara a la disputa en las urnas.
 
Ante los precios que no detienen su marcha, la valoración negativa del desempeño de la administración nacional registró un fuerte incremento (+6,5%) y una leve caída de la valoración positiva (-1,1%). De esta manera, un 58% evalúa de manera negativa al Gobierno y se reducen a un 25,6% los que lo ven bajo una luz positiva.
 
Si existe un vínculo entre el nivel de la inflación y la valoración de la gestión, las cosas podrían empeorar para Macri. Distintas consultoras anticipan que en febrero los precios no se aplacarán, sino que su trepada será todavía más importante que la de enero.
 
Desde LG -fundada por Martín Lousteau- prevén un índice de 3,5%, mientras que Elypsis calcula una suba del 3,8%. Las más moderadas, como Eco Go, postulan un 3%.
 
En medio de la recesión que marcan los indicadores de actividad en la industria, construcción y comercio, el ánimo de los votantes no evoluciona de la mejor manera para Cambiemos.

17-02-2019 / 08:02
El miércoles por la tarde, el presidente Mauricio Macri sostuvo que la inflación estaba bajando y que comenzaba el tiempo de volver a crecer en la Argentina. Un día después, el Indec -o sea, la realidad- lo desmintió: la inflación está subiendo y, dentro de ella, lo que más sube es el precio de los alimentos.
 
No se trató de un episodio aislado. Pocos días antes de asumir, el Presidente anunció que eliminaría los controles de cambios y que eso no tendría efectos sobre los precios porque "ya están al nivel del dólar a 15": la respuesta de la realidad fue tremenda.
 
En aquellos días felices, el Gobierno pronosticó también que la inflación sería de 24 puntos en 2016 y de un dígito este año: la realidad volvió a responder con violencia.
 
En esa seguidilla de derrotas se puede percibir un problema histórico del país -su dificultad para vencer la inflación- y otro del presidente -su limitación para entender los motivos de su propio fracaso, la persistencia en el error, su rigidez extrema.
 
En unos años, este problema podría ser motivo de un interesante debate teórico titulado "¿por qué la Argentina fracasó nuevamente?". Pero en estos días, se trata de un asunto serio, en parte porque, al menos hasta hoy, Mauricio Macri sigue siendo, por leve margen, el favorito para gobernar la Argentina en el período que viene.
 
En el Gobierno, algunas personas repiten como un mantra que los primeros mandatos de Macri -en Boca Juniors, en la Ciudad de Buenos Aires- fueron muy turbulentos y los segundos compensaron con resultados sorprendentes.
 
Si no aplica nuevos enfoques, ese eventual segundo mandato puede ser aun más accidentado que el primero. Pero además, si llega a perder las elecciones, los fracasos de Macri encierran lecciones para quien lo suceda.
 
Quien recorra brevemente hacia atrás la lucha del Presidente contra la inflación, deberá rendirse ante cierta perplejidad. En el principio, el Presidente anunció que la liberación del cepo no produciría un aumento precios.
 
¿De dónde salió semejante idea, en un país donde la relación entre la suba del dólar y la de los precios es un clásico, una constante, una patología? Gran parte del mundo económico -Espert, la UIA, Ferreres, Melconian- le advirtió que estaba equivocado. Era una obviedad. Él decidió apretar el botón.
 
Luego, pronosticó que la tasa de inflación del primer año sería del 24 por ciento. Otro contrasentido. Ese había sido el aumento de precios del 2015. Y el Gobierno le echaría nafta con un aumento fuerte de tarifas y una bruta devaluación. ¿Por qué razón la inflación no iba a aumentar si se tomaban medidas que, para cualquier principiante, tendrían ese efecto? 

16-02-2019 / 09:02
A continuación, las palabras del excelentísimo señor presidente de la Nación, don Mauricio Macri: "Tras el golpe duro del año pasado, ya está bajando la inflación". El hombre habla porque es gratis. El miércoles, un día antes de que el Indec anunciara que la inflación de enero fue casi del ¡¡¡treees por ciento!!! (2,9), Macri largó suelto de cuerpo que el flagelo va en descenso.
 
No hay salario que aguante y el mayor responsable se hace el oso. Las cifras de la economía parecen un campo de batalla con la industria que funciona al 56 por ciento de su capacidad, con 750 Pymes y 2550 comercios que cierran por mes.
 
Un escenario dramático que los medios del oficialismo tratan de ocultar como pueden aunque esas cifras destrozan la economía familiar, aumentan el desempleo, la pobreza y la marginalidad. "Estamos mejor que en el 2015", repitió con desparpajo en esa entrevista a una radio de San Luis.
 
La clase media que ha sido el principal argumento del triunfo electoral del macrismo es fuertemente agredida por este bombardeo persistente sobre su calidad de vida. Una clase media que se dispone a votar en este año con la cabeza repartida entre la tragedia concreta de la economía y el imaginario casi infantil que le propone el discurso macrista contra viento y marea.
 
Las encuestas pivotean sobre esa disputa sorprendente entre el imaginario emotivo y la inteligencia y muestran todavía que una parte significativa de esa misma clase media se resiste a abandonar los sueños incumplidos. Es la puja fascinante entre la carga subjetiva que la pinta rubia y de ojos celestes y una economía que la está mandando al tacho.
 
En el plano de la política pareciera que la mayoría apuesta a los efectos destructivos de la economía macrista por sobre lo subjetivo. Así, los aliados del oficialismo se alejan cada vez más o se muestran más reacios. Y los aliados más débiles, aprovechan para comer de las sobras.
 
El radicalismo, que le ha dado territorialidad a la alianza de gobierno empieza a sacudirse la subordinación que mantuvo con el PRO y está logrando imponer sus candidatos a gobernador. Al mismo tiempo desdobló las elecciones en sus distritos para no ser arrastrado por la presumible caída de la imagen de Macri.
 
El protagonismo que adquirió el radicalismo, tras ser el amigo sumiso del gobierno, ahora lo lleva a insistir con una interna con Martín Lousteau y Horacio Rodríguez Larreta en la CABA, al mismo tiempo que interviene a la regional Santa Fe porque no quiso separarse de los socialistas. Son movimientos en los que apuestan al debilitamiento de Macri como candidato, pero no para confrontarlo, sino para disputar espacio en la interna oficialista.
 
La base radical conservadora, que ha sido fiel a la alianza con el macrismo, es la que expresa con más claridad esa dualidad entre el imaginario y la economía, o entre la subjetividad y la razón. La cúpula partidaria oscila en esa dicotomía esquizofrénica y la representa en la política con el riesgo de convertirse ante la historia en responsable de los desatinos del PRO.

15-02-2019 / 11:02
El presidente Mauricio Macri volvió a ser cacheteado por el INDEC. Luego de asegurar -otra vez- que "la inflación está bajando", contra todos los pronósticos del Gobierno la inflación en lugar de caer volvió a acelerarse.
 
El Indec reconoció una suba del 2,9%, muy por encima del 2,6% de diciembre. Si se toman los últimos doce meses, llega a 49,3%, la más alta desde enero de 1992. Los alimentos empujaron la escalada. En la Ciudad de Buenos Aires, la suba de los precios minoristas fue de 3,8 por ciento en enero.
 
La inflación de enero fue impulsada por alimentos y bebidas, servicios públicos, comunicación y turismo. En alimentos y bebidas, que compone el centro de la canasta básica, el aumento de los precios en los últimos doce meses es del 53%, lo cual explica el fuerte aumento de los indicadores de pobreza e indigencia en la última parte del año pasado.
 
La inercia inflacionaria de 2018, junto a los aumentos de costos derivados de la devaluación que todavía no se trasladaron a los precios minoristas y la catarata de aumentos de servicios públicos determinan que la expectativa de inflación para este año no baje del 30%.
 
La inflación de 2,9% en enero es sorprendente en una economía en donde el consumo interno está muy debilitado y el dólar no registró mucha movilidad en el marco de un profundo ajuste fiscal y monetario. Sin embargo, la suba del dólar de 120% el año pasado junto a los grandes tarifazos sobre una economía cuyos precios se movía al 25 % anual antes de la crisis cambiaria multiplicó la inercia inflacionaria.
 
Esto quiere decir que los actores económicos incorporaron la indexación de los precios con números cada vez más grandes. Además, todavía existe una brecha de 20 puntos entre la suba que registran los precios mayoristas y el incremento de los minoristas.
 
El dato del 49,3% es horrible porque pone en tela de juicio el sentido del enorme sacrificio que Macri le pide a la sociedad, con el único objetivo visible de equilibrar el déficit para bajar la inflación. Sería difícil esperar que febrero muestre un incremento de precios menor al de enero. Este mes empezaron a regir nuevos aumentos en el transporte, la luz, las prepagas y la garrafa social. También se preparan nuevos aumentos en el gas (de 35 %).
 
Aunque los medios afines al gobierno se empeñan en pronosticar para el año una inflación por debajo de 30 %, las decisiones oficiales le meten fuerte presión a los precios. Según transcendidos periodísticos, el ministro de Hacienda Nicolás Dujovne le advirtió a Macri que no va a bajar hasta mayo pero, ¿si tampoco baja en mayo?
 
La Opinión Popular

14-02-2019 / 10:02
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