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Nacionales - 09-02-2018 / 10:02

El peronismo intenta retomar el camino de la unidad

El peronismo intenta retomar el camino de la unidad
En busca de obtener la unidad peronista de cara al 2019, distintos referentes del kirchnerismo, el randazzismo y el massismo se dieron cita en la sede de la Universidad Metropolitana (UMET) con una catarata de críticas hacia el Gobierno de Macri. El camino es interpelar a “la gente”, revertir las huellas que deja el neoliberalismo en la sociedad: individualismo, apatía, incredulidad, sálvese quien pueda. Recrear la política y aggiornar las identidades. En el tramo final estarán los votos: en las PASO y en las elecciones nacionales o provinciales.
El 11 de noviembre de 1953,  Juan Perón afirmó: "El año 2000 nos encontrará unidos o dominados". La profecía ya entró en el pasado pero, como toda frase genial, merece ser re escrita para la ocasión. Los compañeros (digamos casi todos para no exagerar) olfatean que el 2019 los encontrará unidos o hundidos. O, cuanto menos, a merced de Cambiemos que viene de ganar dos elecciones consecutivas.
 
Por eso, en el "Encuentro por la unidad" realizado ayer se congregaron justicialistas con votos y sin ellos, con poder territorial y homeless, gobernadores, diputados, intendentes, figuras reconocidas, personajes orgánicos y en tránsito. Responden a distintas facciones. Una riqueza potencial que aspira a contrapesar la carestía territorial y la fragmentación, saldos desoladores del veredicto popular de 2015.
 
El sentido común indica que el panperonismo tiene que confluir el año próximo como alternativa electoral y que las Primarias Abiertas (PASO) son condición necesaria pero no suficiente para ser competitivo. Sin voluntad nada es posible, la voluntad pelada tampoco basta.
 
Las divisiones internas, talladas desde 2011, desde el inicio del segundo mandato de Cristina Fernández son uno de los escollos. La división del movimiento obrero, incluso al interior de la Confederación General del Trabajo (CGT), otro. El común denominador es la necesidad, que tira más que una yunta de bueyes. No atañe en particular a los dirigentes sino a millones de argentinos, crecientemente dejados de lado por el programa real del macrismo. Necesitan ser representados, convocados, interpelados, sumados.
 
La arrogante embestida postelectoral del macrismo acumuló un sinfín de errores. Entre ellos, agrupar a sus adversarios. La reducción de su agenda parlamentaria viene en combo: la reforma política parece haber quedado relegada o archivada. Las PASO perdurarán y otorgan una chance al peronismo opositor: ir construyendo un esbozo de unidad y dirimir supremacías a la hora señalada.
 
La condición de opositor al proyecto oficial es el piso de pertenencia al pan peronismo en ciernes. Los campos para demostrarlo son: el Congreso, las paritarias y el espacio público. El Parlamento es el ámbito más sencillo sobre todo porque el Gobierno ha dado rienda suelta a su autoritarismo, relegando su fachada pactista. Por otra parte, porque los debates definen posiciones; en un momento se vota y ahí se mide quién es quién y para qué arco patea.
 
La unidad del peronismo, tomada al pie de la letra, es una quimera desde hace décadas. La conformación de un frente opositor con identidad y programa nacional-popular, de fronteras amplias, un objetivo complicado y deseable. Puesto de modo sencillo: el piso para sumarse es ser opositor antes que autodefinirse como peronista.
 
El macrismo persistirá en su programa hasta terminar el mandato. La Argentina será en 2019 un país más desigual, híper endeudado, con creciente violencia institucional. Oponerle una alternativa democrática y viable en las presidenciales es el deber de la dirigencia opositora.

 El peronismo intenta retomar el camino de la unidad

DISTINTOS SECTORES DEL PERONISMO SE REUNIERON PARA ELABORAR UNA AGENDA COMÚN
 
Primer encuentro para la unidad opositora
 
 "Escuchamos lo que nos dice el pueblo todos los días en la calle: a donde vamos la gente nos pide que nos unamos", planteó el diputado Daniel Filmus el origen del encuentro de ayer que en poco más de un año y medio, cuando lleguen las elecciones presidenciales, se podrá definir si fue histórico o simplemente anecdótico.
 
Que una tórrida tarde de febrero kirchneristas, randazzistas y massistas se juntaron en un marco entusiasta a debatir propuestas en diferentes mesas temáticas, con la idea de que sea sólo el puntapié inicial y luego se replique en distintos puntos del país sumando protagonistas.
 
Ayer, entre los oradores que pasaron por la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo (UMET) hubo legisladores, intendentes, sindicalistas, especialistas de diversas temáticas y en el cierre un gobernador, el puntano Alberto Rodríguez Saá.
 
Aunque para otros el interés estuvo en los pasillos, donde se saludaban muchos que hacía tiempo que no se veían. "Nos juntábamos a charlar y nos terminábamos preguntando: ¿por qué estábamos separados?", contó el ex jefe de gabinete Alberto Fernández el germen de la iniciativa.
 
El acto empezó con impuntualidad peronista, casi hora y media después de lo anunciado. El auditorio del subsuelo de la universidad desbordaba, casi el doble de su capacidad, y el aire no daba abasto. La mesa de apertura del "Encuentro por la unidad" estuvo a cargo del grupo que viene trabajando en el tema desde diciembre pasado.
 
La bienvenida fue del titular del Suterh y del PJ porteño, Víctor Santa María, en carácter de anfitrión y organizador. "El adversario no está acá dentro, el adversario está afuera", planteó, una idea que se repetiría en otros expositores. Presentó el evento de ayer como "el inicio de un camino" y advirtió a quienes les tocara protagonizar el proceso que "muchas veces nos van a atacar". 
 
Aunque resultó inevitable que el acto cerrara con una marcha peronista a viva voz, no hubo bombos ni atriles. En la manera ya popularizada en la última campaña, los expositores se sentaron en sillones, se pararon para hablar micrófono en mano y se fueron presentando unos a los otros.
 
Daniel Arroyo, diputado del Frente Renovador, inició la ronda con una impactante recuento de lo había sucedido en el país apenas en los últimos 40 días en cuanto a tarifas, combustibles, inflación, dólar, reformas y demás, por lo que se hacía imperioso avanzar en una unidad opositora.
 
Y planteó cinco puntos para esa alternativa: que represente a los que "están afuera de todo", que ese modelo sea "distinto", que la oposición elabore una agenda común, que la "casa" de esa propuesta "está en el sur" (Mercosur, Unasur, etc.) y que, al fin, esa propuesta tiene que ser optimista porque "tenemos razón". 
 
"Todos los peronistas estamos contentos hoy", arrancó Alberto Fernández. Enseguida recibió varios comentarios de la platea, deseosa de participar. Eran peronistas y, efectivamente, estaban contentos. "Este encuentro es un llamado de atención de seis compañeros de toda la vida", explicó, y advirtió "que no nos hagan creer que el 2019 no existe para los peronistas".
 
Fernández fue el jefe de campaña de Florencio Randazzo en las últimas elecciones y antes del encuentro contó que, días atrás, se reunió con la ex presidenta para resolver sus cuitas. No se hablaban desde hacía una década, desde cuando renunció a la jefatura de gabinete.
 
"Esta responsabilidad, muy humildemente, queremos llevarla adelante. En estos últimos días hemos visto muchas iniciativas de unidad. Esta se suma a las otras, todas son bienvenidas y nosotros nos sumaremos a las que haya en diferentes ámbitos, sin protagonismos personales", adelantó Filmus.
 
Fue una preocupación del grupo organizador, Felipe Solá lo subrayó, que ellos no pretendían adueñarse de la "unidad" sino que sólo proponían arrancar la discusión y que apoyarían cualquier iniciativa por el estilo.
 
Cristina Kirchner y Randazzo dieron un aval explícito a los organizadores, pero había dudas con Sergio Massa. Al respecto, se supo que el bloque del Frente Renovador mantuvo con su referente una extensa reunión el miércoles para debatir qué hacer.
 
Massa era de la idea de "esperar". Uno de los motivos era, justamente, que la organización del encuentro le resultaba ajena. Pero Solá y Arroyo se mostraron en desacuerdo, ya no podían volverse atrás. Varios integrantes del bloque opinaron como ellos. Finalmente, Solá y Arroyo concurrieron, aunque "a título personal" y no como representantes del Frente Renovador. 
 
El planteo del referente del Movimiento Evita, Fernando "Chino" Navarro, fue volver a las "calles" y recuperar el trabajo de la militancia. "Calle, militancia y programa", sintetizó. Recién después de eso "aparecen los nombres".
 
Nadie habló de candidaturas pero sobrevoló en todas las exposiciones la idea de una gran PASO que unifique a todos los postulantes del peronismo.
 
El jefe del bloque de diputados del FPV-PJ, Agustín Rossi, resultó el más aplaudido y de discurso más encendido. Ya se ganó el primer reconocimiento por mencionar a Néstor Kirchner -algo que ningún orador había hecho- a propósito de aquello de las verdades relativas y de las convicciones que no se dejan en la puerta.
 
"Yo milito las 24 horas del día para que el 10 de diciembre de 2019 sea el último día que gobierne la derecha en la Argentina", lanzó. Ante las dudas de si con éste sí o con éste no, zanjó: "el único límite que tenemos para construir la unidad es Cambiemos, se llama Mauricio Macri".
 
La marcha surgió desde las plateas. En las primeras filas se acomodaron los invitados especiales, mucho de ellos luego expositores en algunas de las ocho mesas en las que se dividió el encuentro.
 
Estuvieron el presidente del PJ Nacional, José Luis Gioja, y el presidente y vice del PJ bonaerense, Gustavo Menéndez y Fernando Gray, el ex gobernador de Entre Ríos, Sergio Urribarri, los diputados Cristina Álvarez Rodríguez y Guillermo Carmona, el ex ministro Carlos Tomada, los ex legisladores Juan Abal Medina y Héctor Recalde, intendentes como Gabriel Katopodis (San Martín), Leo Nardini (Malvinas Argentinas) y Juan Pablo de Jesús (Partido de la Costa), sindicalistas como el diputado Hugo Yasky (CTA) y el ex legislador Tito Nenna (UTE), entre muchos otros.
 
Enseguida todos buscaron la salida del salón. Un poco para buscar aire pero también para saludarse con esos que hacían un rato que no se veían.
 
Por Fernando Cibeira
Por Mario Wainfeld
 
Fuente: pagina12.com.ar
 

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17-02-2019 / 09:02
La aceleración de los precios en el comienzo del año hizo saltar las alarmas en la Casa Rosada.
 
Es que las consecuencias del repunte inflacionario registrado por el INDEC durante enero (2,9% versus 2,6% de diciembre) van más allá del offside presidencial de Macri, quien dijo que "está empezando a bajar la inflación" un día antes de ser desmentido por el dato oficial.
 
El hecho es que la inflación vuelve a crecer como la principal preocupación de los argentinos y, a la par, baja la imagen del Gobierno y se perjudican sus perspectivas para las elecciones.
 
Según una encuesta de la consultora Synopsis, el 34,9% de los argentinos consideran hoy al alza de precios como el principal problema del país. Así, el tema vuelve al primer plano (subió 4,3% en el último sondeo) luego de haber venido en baja desde noviembre, acompañando el freno a la inflación que se vio en el último bimestre de 2018.
 
El desempleo (19,1%) es otra cuestión económica que escala como amenazante en el imaginario de los encuestados, escoltado por la corrupción (19,7%) y la inseguridad (13,1), dos temas que dan más comodidad a Cambiemos de cara a la disputa en las urnas.
 
Ante los precios que no detienen su marcha, la valoración negativa del desempeño de la administración nacional registró un fuerte incremento (+6,5%) y una leve caída de la valoración positiva (-1,1%). De esta manera, un 58% evalúa de manera negativa al Gobierno y se reducen a un 25,6% los que lo ven bajo una luz positiva.
 
Si existe un vínculo entre el nivel de la inflación y la valoración de la gestión, las cosas podrían empeorar para Macri. Distintas consultoras anticipan que en febrero los precios no se aplacarán, sino que su trepada será todavía más importante que la de enero.
 
Desde LG -fundada por Martín Lousteau- prevén un índice de 3,5%, mientras que Elypsis calcula una suba del 3,8%. Las más moderadas, como Eco Go, postulan un 3%.
 
En medio de la recesión que marcan los indicadores de actividad en la industria, construcción y comercio, el ánimo de los votantes no evoluciona de la mejor manera para Cambiemos.

17-02-2019 / 08:02
El miércoles por la tarde, el presidente Mauricio Macri sostuvo que la inflación estaba bajando y que comenzaba el tiempo de volver a crecer en la Argentina. Un día después, el Indec -o sea, la realidad- lo desmintió: la inflación está subiendo y, dentro de ella, lo que más sube es el precio de los alimentos.
 
No se trató de un episodio aislado. Pocos días antes de asumir, el Presidente anunció que eliminaría los controles de cambios y que eso no tendría efectos sobre los precios porque "ya están al nivel del dólar a 15": la respuesta de la realidad fue tremenda.
 
En aquellos días felices, el Gobierno pronosticó también que la inflación sería de 24 puntos en 2016 y de un dígito este año: la realidad volvió a responder con violencia.
 
En esa seguidilla de derrotas se puede percibir un problema histórico del país -su dificultad para vencer la inflación- y otro del presidente -su limitación para entender los motivos de su propio fracaso, la persistencia en el error, su rigidez extrema.
 
En unos años, este problema podría ser motivo de un interesante debate teórico titulado "¿por qué la Argentina fracasó nuevamente?". Pero en estos días, se trata de un asunto serio, en parte porque, al menos hasta hoy, Mauricio Macri sigue siendo, por leve margen, el favorito para gobernar la Argentina en el período que viene.
 
En el Gobierno, algunas personas repiten como un mantra que los primeros mandatos de Macri -en Boca Juniors, en la Ciudad de Buenos Aires- fueron muy turbulentos y los segundos compensaron con resultados sorprendentes.
 
Si no aplica nuevos enfoques, ese eventual segundo mandato puede ser aun más accidentado que el primero. Pero además, si llega a perder las elecciones, los fracasos de Macri encierran lecciones para quien lo suceda.
 
Quien recorra brevemente hacia atrás la lucha del Presidente contra la inflación, deberá rendirse ante cierta perplejidad. En el principio, el Presidente anunció que la liberación del cepo no produciría un aumento precios.
 
¿De dónde salió semejante idea, en un país donde la relación entre la suba del dólar y la de los precios es un clásico, una constante, una patología? Gran parte del mundo económico -Espert, la UIA, Ferreres, Melconian- le advirtió que estaba equivocado. Era una obviedad. Él decidió apretar el botón.
 
Luego, pronosticó que la tasa de inflación del primer año sería del 24 por ciento. Otro contrasentido. Ese había sido el aumento de precios del 2015. Y el Gobierno le echaría nafta con un aumento fuerte de tarifas y una bruta devaluación. ¿Por qué razón la inflación no iba a aumentar si se tomaban medidas que, para cualquier principiante, tendrían ese efecto? 

16-02-2019 / 09:02
A continuación, las palabras del excelentísimo señor presidente de la Nación, don Mauricio Macri: "Tras el golpe duro del año pasado, ya está bajando la inflación". El hombre habla porque es gratis. El miércoles, un día antes de que el Indec anunciara que la inflación de enero fue casi del ¡¡¡treees por ciento!!! (2,9), Macri largó suelto de cuerpo que el flagelo va en descenso.
 
No hay salario que aguante y el mayor responsable se hace el oso. Las cifras de la economía parecen un campo de batalla con la industria que funciona al 56 por ciento de su capacidad, con 750 Pymes y 2550 comercios que cierran por mes.
 
Un escenario dramático que los medios del oficialismo tratan de ocultar como pueden aunque esas cifras destrozan la economía familiar, aumentan el desempleo, la pobreza y la marginalidad. "Estamos mejor que en el 2015", repitió con desparpajo en esa entrevista a una radio de San Luis.
 
La clase media que ha sido el principal argumento del triunfo electoral del macrismo es fuertemente agredida por este bombardeo persistente sobre su calidad de vida. Una clase media que se dispone a votar en este año con la cabeza repartida entre la tragedia concreta de la economía y el imaginario casi infantil que le propone el discurso macrista contra viento y marea.
 
Las encuestas pivotean sobre esa disputa sorprendente entre el imaginario emotivo y la inteligencia y muestran todavía que una parte significativa de esa misma clase media se resiste a abandonar los sueños incumplidos. Es la puja fascinante entre la carga subjetiva que la pinta rubia y de ojos celestes y una economía que la está mandando al tacho.
 
En el plano de la política pareciera que la mayoría apuesta a los efectos destructivos de la economía macrista por sobre lo subjetivo. Así, los aliados del oficialismo se alejan cada vez más o se muestran más reacios. Y los aliados más débiles, aprovechan para comer de las sobras.
 
El radicalismo, que le ha dado territorialidad a la alianza de gobierno empieza a sacudirse la subordinación que mantuvo con el PRO y está logrando imponer sus candidatos a gobernador. Al mismo tiempo desdobló las elecciones en sus distritos para no ser arrastrado por la presumible caída de la imagen de Macri.
 
El protagonismo que adquirió el radicalismo, tras ser el amigo sumiso del gobierno, ahora lo lleva a insistir con una interna con Martín Lousteau y Horacio Rodríguez Larreta en la CABA, al mismo tiempo que interviene a la regional Santa Fe porque no quiso separarse de los socialistas. Son movimientos en los que apuestan al debilitamiento de Macri como candidato, pero no para confrontarlo, sino para disputar espacio en la interna oficialista.
 
La base radical conservadora, que ha sido fiel a la alianza con el macrismo, es la que expresa con más claridad esa dualidad entre el imaginario y la economía, o entre la subjetividad y la razón. La cúpula partidaria oscila en esa dicotomía esquizofrénica y la representa en la política con el riesgo de convertirse ante la historia en responsable de los desatinos del PRO.

15-02-2019 / 11:02
El presidente Mauricio Macri volvió a ser cacheteado por el INDEC. Luego de asegurar -otra vez- que "la inflación está bajando", contra todos los pronósticos del Gobierno la inflación en lugar de caer volvió a acelerarse.
 
El Indec reconoció una suba del 2,9%, muy por encima del 2,6% de diciembre. Si se toman los últimos doce meses, llega a 49,3%, la más alta desde enero de 1992. Los alimentos empujaron la escalada. En la Ciudad de Buenos Aires, la suba de los precios minoristas fue de 3,8 por ciento en enero.
 
La inflación de enero fue impulsada por alimentos y bebidas, servicios públicos, comunicación y turismo. En alimentos y bebidas, que compone el centro de la canasta básica, el aumento de los precios en los últimos doce meses es del 53%, lo cual explica el fuerte aumento de los indicadores de pobreza e indigencia en la última parte del año pasado.
 
La inercia inflacionaria de 2018, junto a los aumentos de costos derivados de la devaluación que todavía no se trasladaron a los precios minoristas y la catarata de aumentos de servicios públicos determinan que la expectativa de inflación para este año no baje del 30%.
 
La inflación de 2,9% en enero es sorprendente en una economía en donde el consumo interno está muy debilitado y el dólar no registró mucha movilidad en el marco de un profundo ajuste fiscal y monetario. Sin embargo, la suba del dólar de 120% el año pasado junto a los grandes tarifazos sobre una economía cuyos precios se movía al 25 % anual antes de la crisis cambiaria multiplicó la inercia inflacionaria.
 
Esto quiere decir que los actores económicos incorporaron la indexación de los precios con números cada vez más grandes. Además, todavía existe una brecha de 20 puntos entre la suba que registran los precios mayoristas y el incremento de los minoristas.
 
El dato del 49,3% es horrible porque pone en tela de juicio el sentido del enorme sacrificio que Macri le pide a la sociedad, con el único objetivo visible de equilibrar el déficit para bajar la inflación. Sería difícil esperar que febrero muestre un incremento de precios menor al de enero. Este mes empezaron a regir nuevos aumentos en el transporte, la luz, las prepagas y la garrafa social. También se preparan nuevos aumentos en el gas (de 35 %).
 
Aunque los medios afines al gobierno se empeñan en pronosticar para el año una inflación por debajo de 30 %, las decisiones oficiales le meten fuerte presión a los precios. Según transcendidos periodísticos, el ministro de Hacienda Nicolás Dujovne le advirtió a Macri que no va a bajar hasta mayo pero, ¿si tampoco baja en mayo?
 
La Opinión Popular

14-02-2019 / 10:02
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