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“Si la fuerza material está monopolizada por el régimen, las fuerzas morales, los valores que no se afincan en lo material están de nuestro lado, del lado del pueblo, y la militancia los transformará en fuerza avasalladora”. John W. Cooke
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Nacionales - 04-02-2018 / 10:02
EL AJUSTE VIENE CON GATILLO FÁCIL

Patricia Bullrich: el amenazador ascenso de la mano derecha dura de Macri

Patricia Bullrich: el amenazador ascenso de la mano derecha dura de Macri
MANO DURA. El Gobierno de Macri decidió que se sepa que hay un apoyo incondicional a todo criminal de uniforme que cometa cualquier "desliz" en pos de mantener el control social en las barriadas populares y preferentemente sobre la juventud pobre. Sin dudas el prefecto, hasta ahora anónimo, que ejecutó, también por la espalda, a Rafael Nahuel hace poco más de dos meses al ver a Macri, Bullrich y Chocobar juntos se sintió mucho más aliviado. No está solo. Está por verse es si esta decisión de empujar el clima social y la agenda pública cada vez más a la derecha finalmente tendrá éxito. Porque una cosa es que cacareen que en este país no se puede vivir por los robos, por el narco, por las "mafias"; y otra muy distinta es defender con uñas, dientes y abogados a quien fue registrado por cámaras urbanas asesinando por la espalda a una persona desarmada.
La llegada del macrismo al poder político de la Argentina fue acompañada por un nuevo discurso en materia de seguridad que, en principio, sonaba legítimo y equilibrado: las fuerzas de seguridad debían contar con el respaldo de la conducción política del Estado porque de otra manera sería imposible contar con ellas para combatir el delito.
 
Esa perspectiva, lentamente, fue cambiando hacia un punto de vista más extremo, que se expresó por primera vez cuando cayó baleado Rafael Nahuel. Ante la evidencia de que había sido atravesado por una bala de Prefectura, el Ministerio de Seguridad difundió que ese balazo fue por un ataque. Cuando un periodista le pidió pruebas, Patricia Bullrich respondió: "Es la versión de Prefectura. Es una fuerza del Estado. Para nosotros tiene fuerza de verdad".
 
La escalada concluyó esta semana cuando la ministra llevó a Luis Chocobar a la Casa Rosada y ambos fueron recibidos por el presidente. "Me enorgullece que usted sea policía", le dijo Macri. Al día siguiente, se conoció el video donde se lo ve disparando por la espalda a Pablo Kukoc después de correrlo dos cuadras. Con la aparición de videos que muestran, al consagrado "héroe nacional" por el Presidente, fusilando por la espalda a una persona indefensa, a muchos periodistas les cuesta cada vez más reproducir como loros el discurso macrista.
 
Pasaron muchas horas. El Presidente no corrigió el mensaje: tampoco su jefe de Gabinete ni su ministra de Seguridad. ¿Está bien, entonces, que un agente dispare por la espalda? Toda fuerza que llega al poder está integrada por una multiplicidad de sectores, de convicciones heterogéneas. En Cambiemos, hay herederos de la tradición alfonsinista y personas que reivindican aún hoy a la dictadura militar.
 
En esa escena, en la que Macri respalda a Chocobar y vulnera de manera tan evidente la independencia del Poder Judicial se refleja el triunfo de los sectores más extremos, los que creen que los derechos humanos debe ser reemplazado por su violación, o que al garantismo lo debe suceder la falta de garantías. Antes, la policía era sospechosa aunque hiciera lo correcto. Ahora, es inocente aunque dispare por la espalda.
 
Somos un país pendular donde siempre hay público para las ideas extremas. En un Gobierno que ha decretado de hecho el estado de excepción, que mete presos manifestantes populares y manda a su casa al genocida Etchecolatz, la expresión más fuerte de esto es el ascenso de Patricia Bullrich en el firmamento oficial.
 
La orden oficial, no escrita, es que a ningún policía le tiemble el pulso a la hora de apretar el gatillo contra pibes chorros, jóvenes pobres u obreros que reclaman trabajo, salario, vivienda, salud o educación. Para defender a los tiros las políticas de ajuste del Gobierno y que crean tener la impunidad asegurada. Pero, hasta los militares genocidas, que habían sido sostenidos y festejados por los grandes medios, un día terminaron yéndose de la Casa Rosada como ratas por tirante.
 
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Patricia Bullrich: el amenazador ascenso de la mano derecha dura de Macri   
EL RELATO QUE INVENTÓ UN HÉROE. Macri dijo que Chocobar defendió al turista, pero no fue cierto. Dijo que disparó para proteger a los vecinos. Pero los puso en riesgo al disparar. Dijo que disparó en defensa propia, pero en ningún momento estuvo amenazado. Lo que es real es que el Presidente mandó un mensaje de violencia a las fuerzas de seguridad y a la sociedad.
 
 

El miércoles por la tarde, el policía de Avellaneda Luis Chocobar se quejó en las redes sociales porque un juez lo había procesado y embargado. Chocobar, como se sabe, estaba de franco el 8 de diciembre cuando fue testigo de cómo dos delincuentes juveniles acuchillaban a un turista para robarle una cámara. Entonces, persiguió a uno y lo mató.
 
La denuncia de Chocobar generó una abrumadora reacción solidaria a su favor, a la que en pocas horas se sumaría el propio presidente Mauricio Macri. Era un héroe: había que salvarlo de los jueces.
 
Una de las personas que agitaron con más eficiencia las redes sociales fue el abogado Alejandro Fargosi, ex miembro del Consejo de la Magistratura. Es interesante analizar su reacción porque su inusual franqueza permite percibir los riesgos que acechan en el sendero por el que lentamente se introduce el Gobierno.
 
El miércoles, cuando recién se conoció el caso, Fargosi escribió: "Con este juez Pierreti hay que hacer algo simple, someterlo a juicio político. Basta".
 
Unas horas después, aclaró: "Me acaban de explicar que el juez Gustavo Pierreti NO ES EL JUEZ que está persiguiendo al policía Chocobar. Ese juez lo había liberado. Quien lo hace es el juez Enrique Velázquez, que interviene ahora en la causa".
 
En esas horas, Fargosi reproducía una opinión del periodista de La Nación Mariano Obarrio: "El policía Chocobar debe ser reivindicado, condecorado y ascendido. Pero en la Argentina los jueces protegen a los delincuentes y castigan a los policías". Fargosi no tenía un solo dato de la causa pero repartía castigos, admoniciones, adjetivos y condecoraciones.
 
Con el mismo déficit de información, Macri recibió a Chocobar en la tarde del jueves y lo trató como un héroe. El policía era entrevistado en medios de amplia audiencia. Muchos colegas pedían la cabeza del juez.
 
Unas pocas voces aisladas, de distinto origen ideológico -Gerardo "Tato" Young, Sebastián Lacunza, Pablo Duggan- reclamaban prudencia. No se puede opinar sin conocer los fundamentos del fallo. Tal vez el policía disparó sin necesidad. En principio, el policía tenía un arma de fuego y el delincuente no. ¿No convendría esperar un poco?
 
Eran insultados masivamente. Dejen de defender delincuentes, les reclamaban.
 
El viernes al mediodía comenzó a trascender el auto de procesamiento, que incluía un dato inquietante: la escena había sido filmada y, según lo que escribió el juez, el policía disparaba contra el delincuente mientras este huía. Las imágenes trascendieron unas horas después.
 
Efectivamente, lo que se ve es una persona huyendo, de espaldas, y otra -Chocobar- que dispara desde atrás. En el momento de los disparos, no había riesgo para la vida de nadie, salvo para la del delincuente y, para las personas que transitaban por allí una mañana cualquiera.
 
El fallo del juez podía ser opinable, como todo. Pero, en cualquier caso, era un procesamiento a un policía cuya conducta, en cualquier país civilizado, hubiera sido objetada. Chocobar intervino con valentía, pero no está claro si esa intervención salvó una vida, apagó otra o ambas cosas.
 
Al conocerse el video, el abogado Fargosi, cambió nuevamente de enfoque: "No debemos analizar un tema tan grave, opinando como expertos cuando interpretar esas imágenes no es lineal ni debe descontextualizarse. Prejuzgar e ideologizar es lo opuesto un juicio imparcial y justo".
 
En una democracia, cualquiera tiene derecho a prejuzgar, agitar, adjetivar, pedir condenas a quien se le ocurra, desdecirse de todo y volver a afirmarlo. Lo que transforma la anécdota en algo relevante es que el estilo Fargosi curiosamente se adueñó de algunos de los mejores periodistas del país -opinar sin tener los datos- , y de gran parte de la dirigencia política: notablemente Cristian Ritondo, Patricia Bullrich, María Eugenia Vidal, Horacio Rodríguez Larreta y, finalmente, el presidente de la Nación.
 
Dos días antes del encuentro entre Macri y Chocobar, durante su primer discurso ante los miembros del Parlamento norteamericano, el presidente Donald Trump pidió un homenaje a un personaje, hasta ese momento, desconocido.
 
Dijo Trump: "Esta noche está aquí un líder en el esfuerzo de defender a nuestro país: el agente especial de Investigaciones de Seguridad Interior Celestino Martínez, conocido como CJ. CJ ha pasado los últimos 15 años sacando a peligrosos criminales de nuestras calles. Llegó un momento en el que los jefes de la MS-13 ordenaron asesinarlo. Pero él no cedió a las amenazas ni al miedo".
 
Celestino Martínez se puso de pié y el Congreso entero lo ovacionó. Minutos después, el presidente pidió otra ovación a dos parejas que habían perdido hijos a manos de delincuentes de origen latino. "Evelyn, Elizabeth, Freddy y Robert: esta noche, todos en esta cámara rezarán por ustedes".
 
Con esos golpes de efecto, Trump pidió el apoyo a las leyes contra los inmigrantes. Sin ellas, dijo, no se puede combatir el delito, el narcotráfico y el terrorismo.
 
Las estadísticas serias sobre crímenes reflejan que en las principales ciudades de los Estados Unidos los delitos han bajado a su nivel más bajo en los últimos cuarenta años. "En los años noventa, se discutía lo mismo pero, al menos, sobre un fenómeno preocupante: el aumento del crimen. Ahora, el presidente le echa la culpa a los extranjeros de algo que, directamente, no está sucediendo", escribió el premio Nobel Paul Krugman en The New York Times.
 
Muchas veces los presidentes prescinden de los datos molestos. Juegan con las angustias de los ciudadanos. Y se refugian en mensajes lineales para mostrarles que están junto a ellos y que los van a defender sin reparar demasiado en minucias.
 
Populismo es como llaman algunos teóricos a esos recursos.
 
Por Ernesto Tenembaum
 
Fuente: Infobae
 

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20-01-2019 / 09:01
Chico conoce chica, la comedia de Hollywood le saca el jugo. Presidente conoce presidente, las Cancillerías y los medios afines abusan del paralelismo: hablan de "química", "empatía", "onda" y otras simplezas. Como en las comedias o en la vida real el primer encuentro puede influir, pero la larga convivencia siempre es crucial.
 
El presidente brasileño, Jair Messias Bolsonaro, recibió a su colega argentino Mauricio Macri en Brasilia. Dos desaires anteriores (ahora dicen) quedaron atrás: Bolsonaro no vino para el G-20, Macri veraneaba cuando asumió su par. Sobreactuaron amistad aunque a Macri (cultor de la doctrina Chocobar) sus asesores le aconsejan no fotografiarse "disparando" con las manos.
 
Objetivamente tienen un destino común, una frontera gigantesca, un intercambio comercial único. Ningún país es soberano del todo, en la aldea global. Pero hay mandatarios o visiones ideológicas que se empeñan en ampliar los márgenes nacionales de decisión. Otros prefieren el alineamiento con los países hegemónicos aunque jamás hablen de dependencia.
 
A los contertulios de Brasilia no los unen el amor ni el espanto, sí intereses  y la subordinación al Departamento de Estado.
 
Como Aníbal Troilo, Estados Unidos nunca se fue de este Sur, pero su política exterior posterior al atentado a las Torres Gemelas permitió un resuello. Coincidió con la llegada de experiencias populares variadas, más o menos radicales pero muchas antagónicas con la herencia neoconservadora de los '90.
 
Prevalecieron la paz y la no intervención en otros Estados, por un lapso prolongado y con una intensidad tal vez sin precedentes. La Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) medió exitosamente para frenar sangrientos intentos golpistas contra el presidente boliviano, Evo Morales, y contra el ecuatoriano Rafael Correa que incluso fue secuestrado por fuerzas de seguridad.
 
Las coincidencias políticas gravitaban pero todos los gobiernos cooperaban en un organismo flamante, de nimia institucionalidad cuyas resoluciones exigen unanimidad de los presidentes. O, cuanto menos, inexistencia de vetos así fuera de uno solo.
 
Diplomacia presidencial al rojo vivo que eleva el protagonismo de los mandatarios y confina a las Cancillerías. Néstor Kirchner fue electo presidente del organismo con la anuencia de todos sus integrantes: una sola bolilla negra bastaba para dejarlo afuera.
 
Las derechas autóctonas, con la cooperación recurrente de "la Embajada" de EE.UU. le coparon la parada a Unasur. Cambiaron la correlación de fuerzas mediante golpes de Estado atípicos, novedosos: en Paraguay, Honduras, Brasil y ahora van por Venezuela. Macri y Bolsonaro 2019 se contraponen a Lula da Silva-Néstor Kirchner en 2003. Pasaron cosas, caramba. 

19-01-2019 / 11:01
19-01-2019 / 10:01
Es cada vez mayor la cantidad de personas que se suman a la protesta callejera contra la suba de los servicios públicos que implementa el gobierno de Mauricio Macri. Por cuarto viernes consecutivo, miles de porteños cortaron anoche las avenidas Rivadavia, Corrientes o Cabildo, entre otras, para protagonizar un nuevo "ruidazo" por los padecimientos derivados de las políticas de la alianza Cambiemos. También hubo manifestaciones en el conurbano bonaerense y en ciudades del interior de la provincia.
 
Las quejas por los aumentos de tarifas, por sueldos y jubilaciones cada vez más insignificantes frente a la inflación, se combinaron con reclamos puntuales de docentes por el cierre de las escuelas nocturnas resuelto por el jefe de gobierno, Horacio Rodríguez Larreta.
 
De fondo se alternaba el ya tradicional "Mauricio Macri la puta que te parió", como el menos usual "fuera, fuera, fuera Macri fuera". "Macri son un fracaso como presidente. La inflación es un cáncer. Sos un inepto, le mentís a la gente", se expresa un vecino desde su cartel. "Nos sacaron el Fútbol para Todos para hacer 3000 jardines. ¿Dónde están?", indaga otro.
 
Anoche volvieron a sentirse las cacerolas, los bocinazos y ruidazos en distintas ciudades del país. Se dan después de la segunda marcha de la multisectorial contra los tarifazos que este jueves se realizó en Rosario y que continuará en Mar del Plata y Mendoza. Así como los ruidazos seguirán todos los viernes por la noche.
 
El motivo central de las protestas es el mismo: la crisis económica del modelo neoliberal macrista. La gente se une para marchar o golpear cacerolas, para reclamar por los despidos, los bajos salarios, los aumentos del transporte y de los servicios públicos, porque la plata ya no alcanza.
 
La bronca se acumula de la misma manera que los gastos para llegar a fin de mes. La gente se junta por un reclamo, por una inconformidad que la unifica. Es una queja por el presente, pero con la esperanza de lograr un cambio en el futuro. Protestan porque entienden que quedarse en la comodidad de sus casas se convierte en un silencio cómplice del ajuste macrista.
 
Las protestas continuarán, con mayor o menor presencia en las esquinas de las ciudades, o terminar diluyéndose ante la falta de respuestas positivas. O pueden aumentar, si este año vuelven a golpear los bolsillos populares de manera intolerable. ¿Influirán en las elecciones? Es una pregunta difícil de responder. Por ahora, el ruido sigue. La gente está harta de Macri.
 
La Opinión Popular

18-01-2019 / 09:01
Con Mauricio Macri, se profundizó un fenómeno que había arrancado en la primera mitad del 2018 y que muestra de lleno cuál fue el sector más perjudicado por la crisis económica: los trabajadores asalariados perdieron otra vez participación en el reparto de la torta de ingresos y así se alejan cada vez más del famoso fifty fifty.
 
El fifty-fifty (cincuenta y cincuenta) que impulsó el primer peronismo proponía que trabajadores y empresas se repartieran en partes iguales los ingresos que genera el país.
 
Esta vez la caída de su porción fue de 4,7 puntos durante el tercer trimestre: pasaron de recibir el 50,6% de la torta al 45,9%. Así, volvió a niveles distributivos del 2010.
 
A la par, eso significó un crecimiento de la parte del producto que se quedaron los empresarios, a costa del salario de los trabajadores. Ahí el salto fue casi en espejo y los dueños de las empresas pasaron a recibir el 45,7% del total, lo que implicó un crecimiento de 4,8% puntos.
 
Es decir que el 4% de los que participan en la producción, o sea los empresarios tal como señala el propio Indec, se quedaron con una porción casi idéntica a la del 74% representado por los asalariados.
 
La cuestión del fifty-fifty tiene un poder simbólico fuerte en la Argentina, aunque en los países desarrollados la distribución capital-trabajo es bastante más favorable para los asalariados: la participación asalariada ronda el 60% y durante los 70 giraba en torno al 65%, tal el caso de Estados Unidos.
 
Aunque en 1945 esta proporción era vista como una conquista social, en la actualidad es insuficiente. Para reducir la pobreza y aumentar la equidad es necesario impulsar reformas para que los trabajadores aumenten su participación a niveles más parecidos a los observados en los países desarrollados. Todo lo contrario de lo que está haciendo el gobierno de Mauricio Macri.
 
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18-01-2019 / 08:01
Gracias a la política económica neoliberal del inepto gobierno de Mauricio Macri, la inflación mayorista fue de 73,5% en 2018, las más alta desde la crisis de 2002, explicadas ambas por el impacto directo e indirecto de la devaluación de la moneda en sus respectivos momentos.
 
Según informó ayer el Indec, el aumento interanual en el índice de precios mayoristas del año pasado fue consecuencia de la suba de 104,8% de los productos importados, una cifra casi calcada al alza del dólar en 2018, y del incremento de 71,2% en los precios de los bienes nacionales.
 
Así, alcanzó su nivel más alto desde 2002, cuando a la salida de la convertibilidad marcó 77,1%. Entre los rubros relevados que más subieron el año pasado se destaca el petróleo crudo y gas, con el 105,5 por ciento, empujados por el alza del dólar y la cotización internacional de esos commodities.
 
La dolarización de tarifas impactó en manufacturados y energía eléctrica, con un aumento de 67,6%, mientras que la industria automotriz dejó en evidencia la alta participación de componentes importados y unidades terminadas del exterior, dado que los precios de este segmento aumentaron 90,6% promedio.
 
El costo de la construcción, por su parte, fue de 44,8%, impulsado casi en su totalidad por la remarcación en materiales.
 
Esta semana se conoció la cifra oficial de inflación minorista del año pasado, la cual se ubicó en 47,6%, el mayor registro en 27 años, producto de la duplicación en el precio del dólar, los tarifazos y la desregulación de precios sensibles al bolsillo. Sin embargo, el aumento de la inflación mayorista fue 25,9 puntos porcentuales superior que la registrada al público.
 
Esta diferencia se explica por la decisión de absorber márgenes empresarios de algunos sectores, en los que aún había sido posible, para no trasladar todo el aumento ante el actual escenario de recesión económica.
 
No todos los precios fueron trasladados, primordialmente porque, por ejemplo, al almacenero, se le cayó la demanda y hay menos poder adquisitivo. Si sube los precios no vende nada.


Conclusión: con Macri hay inflación para rato. En este 2019, existirá una fuerte inercia inflacionaria, la pesada herencia de 2018. La brecha entre inflación mayorista y minorista deja un arrastre de precios que se irá trasladando a los bolsillos de pueblo y que se sumará a los brutales tarifazos del Gobierno de los Ricos.
 
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