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Sociedad e Interés General - 02-02-2018 / 18:02
EFEMÉRIDES POPULARES. DEFENSA Y PÉRDIDA DE NUESTRA INDEPENDENCIA: EL 3 DE FEBRERO DE 1852, COMANDADAS POR URQUIZA, TROPAS ENTRERRIANAS, ORIENTALES Y BRASILEÑAS VENCEN AL PARTIDO NACIONAL Y FEDERAL DE ROSAS

Batalla de Caseros: Triunfo de la Oligarquía y Derrota de la Patria

Batalla de Caseros: Triunfo de la Oligarquía y Derrota de la Patria
JUAN MANUEL DE ROSAS Y JUSTO JOSÉ DE URQUIZA. El 03 de febrero de 1852, en la Batalla de Caseros, comandadas por Urquiza, tropas entrerrianas, orientales y brasileñas vencen a los federales argentinos de Rosas. Después de la derrota de Caseros, la Argentina se incorporó al proceso económico mundial, pero como mercado complementario del capitalismo ingles. El 10 de julio de 1852 Urquiza firmó, cumpliendo compromisos adquiridos, tratados con Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos, que establecían el libre tránsito de los ríos Paraná y Uruguay. El ingreso de la manufactura importada terminó de aniquilar nuestras industrias artesanales. Los ferrocarriles británicos dibujaron una nueva geografía donde el intercambio interregional del interior desaparece, se expande el mercado comprador de artículos ingleses y nacen las "provincias pobres" del interior.
La historia oficial, la que nos enseñaron por décadas, es, como la definió y calificó Ernesto Palacio, "La Historia Falsificada". Escrita por los vencedores de Caseros, es una historia liberal, porteñista, extranjerizante, elitista y antiprovinciana.
 
Es una permanente descalificación de las luchas populares y los lideres que la encarnaban. Es también un sistemático ocultamiento de las verdades históricas fundado en un sistema de valores liberales usado para edificar, sobre la impostura histórica, el orden colonial de la oligarquía.
 
Con gran agudeza conceptual Arturo Jauretche afirma que "la falsificación de nuestra historia ha perseguido el doble fin. El primero, determinar un mito fundacional funcional al modelo de país diseñado por los vencedores de Caseros y el segundo, "...impedir que los argentinos poseamos la técnica, la aptitud para concebir y realizar una política nacional" ya que una comunidad no puede edificar eficazmente su futuro sobre la base de un pasado falsificado.
  
Escribe Blas García

Trascendencia política e histórica del 17 de octubre de 1945
Blas García


Las luchas entre federales y unitarios
 
En el Río de la Plata, desde los días de la independencia, se enfrentaron por el poder dos partidos: el de la minoría vernácula aliada al capitalismo europeo y el de la gran mayoría de criollos y gauchos apegados a la tierra.
 
El Partido Unitario era liberal y se organizó en base a la hegemonía de Inglaterra y Francia como metrópolis extranjeras; el Partido Federal era nacionalista y se organizó en base al liderazgo de caudillos provinciales que, por orgullo nacional y por conciencia patriótica, resistieron la penetración foránea.
 
Existía entre ambos partidos una diferencia de clase y de ideología que eran esenciales. En el Partido Unitario se agrupaban las minorías anti-nacionales vinculadas al capitalismo extranjero; en el Partido Federal se encuadraban las mayorías nacionales que impulsaban un proyecto de país independiente, soberano y desarrollado.
 
Continuador de la política de Artigas, fundador del federalismo en el Río de la Plata, el Partido Federal se estructuró a través de cuatro caudillos que constituyeron sus más sólidas columnas: Juan Manuel de Rosas, Facundo Quiroga, Pancho Ramírez y Estanislao López.


 Batalla de Caseros: Triunfo de la Oligarquía y Derrota de la Patria

 
Comerciantes y ganaderos
 
Buenos Aires, ciudad y campaña, estaba conducida por dos clases principales: la burguesía comercial porteña y los ganaderos bonaerenses.
 
Los estancieros intervenían en la economía local como productores directos en la ganadería. Los comerciantes de la ciudad-puerto, en cambio, cumplían una función de intermediarios y estaban ligados esencialmente al comercio de importación con los países europeos, lo que, en definitiva, los ataba a la política de éstos.
 
La clase ganadera no tenía una relación de vasallaje y dependencia con respecto a Europa, porque colocaba sus productos en mercados no europeos, sobre todo la carne salada que se enviaba a Centroamérica y el Caribe.
 
La política abiertamente anti-nacional ejecutada por la burguesía comercial porteña obligó a los estancieros a desplazarla del poder y a tomar en sus manos las riendas de la situación. Lo hecho por el partido rivadaviano había provocado el alzamiento de todas las provincias, llevando a la guerra civil y la actividad económica se vio directamente perjudicada en todos los terrenos.
 
Los porteños pretendían someter las provincias a sangre y fuego; los estancieros, en cambio, se encontraban en condiciones de llegar a un acuerdo con ellas, encontrando un equilibrio que les permitiera seguir adelante con sus negocios.
 
Tras la caída de Rivadavia, fue designado gobernador el federal Manuel Dorrego. Sin embargo, el Partido Unitario conspiró para tomar el gobierno por la fuerza y utilizó al general Juan Lavalle para dar un golpe de Estado (1-12-1828). Éste hizo prisionero y ordenó el fusilamiento de Dorrego, "el mártir del federalismo".
 
Juan Manuel Rosas, defensor de la Soberanía Nacional
 
La contraofensiva nacional frente al Partido Unitario la encarnaron las masas populares, los "orilleros" del puerto, los gauchos y peones de las estancias y los ganaderos bonaerenses. Ellos promovieron la figura de Juan Manuel de Rosas como nuevo Gobernador.
 
Rosas impulsó un acercamiento entre las provincias de Buenos Aires, Santa Fe y Entre Ríos con la firma del Pacto Federal, el 4 de enero de 1831. En febrero de ese año, los federales declararon la guerra a los unitarios y los vencieron rápidamente. Derrotado el Partido Unitario, todas las provincias se sumaron al Pacto Federal y así nació la "Confederación Argentina". Se respetaba la autonomía de cada provincia (conforme el ideario artiguista) y se delegaba el manejo de las relaciones exteriores en el gobernador de Buenos Aires.
 
El gobierno de Rosas y la creación de la Confederación Argentina pusieron fin al proceso de disgregación que Inglaterra y sus cómplices locales estaban impulsando. Ya no habría más desmembramientos, como el plan de la "Republica de Entre Ríos". El objetivo seria conseguir que se sumaran a la Confederación la Banda Oriental, el Paraguay y Bolivia.
 
Ley proteccionista de Aduana
 
Rosas sancionó la "Ley de Aduana", que se convirtió en el eje de su política revolucionaria. Esta ley impuso un sistema económico proteccionista que hizo prevalecer las conveniencias nacionales sobre los intereses porteños y rodeó a Rosas de prestigio verdaderamente nacional. Protegió a las manufacturas criollas frente a la competencia ruinosa que provenía desde el exterior y posibilitó el nacimiento de la riqueza agrícola local, que había sido imposibilitada hasta entonces por los bajos aranceles de los granos y harinas extranjeros.
 
La ley prohibía la introducción de los productos extranjeros cuyos similares criollos estaban en condiciones de satisfacer el mercado interno. Todas las provincias vieron reactivadas las artesanías y el tráfico comercial. Conforme la política americanista de Rosas, los productos de la Banda Oriental, Paraguay y Chile no eran considerados extranjeros.
 
Al mismo tiempo, la ley gravaba la importación de productos extranjeros que no competían con la producción local. Estos ingresos los retenía la Aduana de Buenos Aires, y Rosas los utilizaba para consolidar el Poder popular que él encabezaba, financiando los ejércitos federales que, en todo el país, mantenían a raya a la subversión reaccionaria de los unitarios que recibían dinero y armas de Francia e Inglaterra.
 
Rosas y el desarrollo autónomo
 
Por entonces, comenzaron a mejorar las condiciones de vida del pueblo, y se fue desarrollando un mercado interno en franca expansión que beneficiaba a la gran mayoría de la sociedad local.
 
Al terminar Rosas su gobierno, el país había conseguido por primera vez obtener una balanza comercial favorable en el comercio internacional, cuadruplicando la cantidad de sus exportaciones.
 
El Estado pudo imponer una política financiera eficiente y austera, capaz de hacer frente a los sucesivos bloqueos militares sin recurrir a empréstitos o ayudas extranjeras.
 
Gobernante nacional y popular
 
El mandatario bonaerense surgido de la clase ganadera, se convirtió en un argentino cabal, jefe del Estado nacional y celoso guardián de la independencia económica.
 
Para la oligarquía liberal, Rosas cometió un pecado imperdonable, ya que soliviantó a las clases bajas, a los gauchos, los negros y la peonada. Lo real es que respetó, dio derechos y trabajo a la mayoría de la población. En un profundo y concreto sentido, fue un demócrata.
 
Rosas significa la unión nacional. Antes de su llegada al poder existían dos países: Buenos Aires y el interior. Durante su gobierno existirá una sola Confederación.
 
Defensa de la soberanía contra Francia e Inglaterra
 
Los unitarios se establecieron en la Banda Oriental, Bolivia y Chile y desde allí organizaron mercenarios que, con dinero y con armas de Francia e Inglaterra, penetraban en el territorio de la Confederación Argentina.
 
Rosas derrotó esta infiltración y el capitalismo europeo apostó entonces al bloqueo como forma de intentar asfixiar a la Confederación Argentina y de abrir fisuras en el frente interno.
 
El bloqueo fue ruinoso porque el país vivía de la venta al exterior de sus productos y necesitaba importar muchas cosas. Los estancieros no podían embarcar sus cueros, crines, astas y carne salada.
 
El intento de penetrar y navegar nuestros ríos, fue enfrentado por las armas nacionales en un paraje del Río Paraná que lleva por nombre Vuelta de Obligado, en una gran batalla contra el colonialismo. El 20 de noviembre es una fecha épica y memorable en la historia de nuestra dignidad nacional. Inglaterra levantó el bloqueo en julio de 1847. Francia, en junio de 1848.
 
En 1852 el país iba camino a integrarse como nación moderna y soberana, constituyendo una unidad económica con el territorio nacional como mercado interno único y el puerto porteño estaba al servicio de un desarrollo capitalista autónomo. Pero la reacción oligárquica lo impidió. Ocurrió todo lo contrario. Ocurrió la batalla de Caseros el 03 de febrero de 1852.
 
La batalla de Caseros es una verdadera derrota nacional donde se perdió no sólo una batalla sino la hegemonía continental abriendo las puertas a la penetración europea y dando comienzo a un largo periodo de dependencia económica en el Río de la Plata.
 
 Batalla de Caseros: Triunfo de la Oligarquía y Derrota de la Patria

Caseros y la participación del Imperio del Brasil
 
A Caseros hay que considerarla como "la segunda guerra argentina brasileña". Fue la revancha del Brasil porque, cuando Francia y Gran Bretaña se retiran del Plata,  vislumbró la llegada de su oportunidad histórica.
 
El Imperio de Brasil no había perdido su viejo sueño de anexar la "Cisplatina", frustrado en el triunfo de Ituzaingó (1827) y obtener territorios en la cuenca del Plata.  La diplomacia del imperio sabía que podía contar con importante aliados unitarios para enfrentar a la Confederación.
 
 
El orden de la oligarquía liberal
 
A la caída de Rosas confluyeron los poderosos intereses de la burguesía comercial porteña que exigía una política comercial más abierta con el imperio británico.
 
Los dueños del puerto de Buenos Aires afirmaron su predominio económico y se apoderaron de los campos más rentables también. Rosas no pudo contra tantos enemigos. La burguesía comercial portuaria, la clase terrateniente y la corona británica sentenciaron a muerte el proyecto de soberanía nacional del "Restaurador".
 
El hecho se consumó cuando Urquiza hipotecó su caudillaje federal (para salvar sus vacas) el 3 de febrero de 1852, en Caseros, y cuando la "barbarie" del interior fue aniquilada para asegurar la hegemonía de la oligarquía local al servicio del imperio inglés.
 
Rosas, derrotado en Caseros, desaparece de la escena. Urquiza, traidor al Partido Federal, abrió las puertas para que los liberales porteños ejecuten la penetración del imperialismo, que consistía en la coincidencia de los sectores ganaderos y comerciales rioplatenses con los importadores de productos industriales ingleses, que trabajaban mancomunados con los inversores británicos. Argentina debía ser la granja y Gran Bretaña, la fábrica.
 
En las guerras civiles argentinas del siglo XIX se definió la identidad de nuestra patria y su lugar en el mundo. Caseros, Pavón, Cepeda y la guerra de genocidio que el mitrismo llevará al Paraguay, consolidaron el triunfo de quienes se identificaban con la "civilización", de acuerdo a la definición de Sarmiento, en perjuicio de quienes representarían a la "barbarie".
 

Batalla de Caseros: Triunfo de la Oligarquía y Derrota de la Patria

La neocolonización británica
 
Después de la derrota de Caseros, la Argentina se incorporó al proceso económico mundial, pero como mercado complementario del capitalismo ingles.
 
El 10 de julio de 1852 Urquiza firmó, cumpliendo compromisos adquiridos, tratados con Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos, que establecían el libre tránsito de los ríos Paraná y Uruguay.
 
El ingreso de la manufactura importada terminó de aniquilar nuestras industrias artesanales. Los ferrocarriles dibujaron una nueva geografía donde el intercambio interregional desaparece, se expande el mercado comprador de artículos ingleses y nacen las "provincias pobres".
 
Las compañías extranjeras, los grandes terratenientes y la burguesía que participa en el comercio de importación y exportación, engordan a medida que la riqueza del interior cae en los toboganes que los trenes depositan en los puertos para ser transferida a las islas británicas.
 
La subordinación Argentina a la economía dominante inglesa, produjo el "crecimiento" desigual del país, expandiendo el litoral y estancando el interior mediterráneo y el noroeste, pues su producción no convenía ni a la industria británica ni al consumo de los ingleses.
 
La Argentina de las lanzas
 
La historia de nuestra Patria parece ser una atroz sucesión de derrotas, pero no es menos cierto que hay otra historia, autentica y digna, la de la resistencia heroica de los gauchos y las masas populares que pelearan en las guerras de  Independencia, en Ituzaingó y en la Vuelta de Obligado, que fueron declarados raza inferior y condenada a la extinción.
 
Próceres como Bartolomé Mitre y Domingo Faustino Sarmiento persiguieron con extrema crueldad a sus opositores, a quienes negaron los derechos más elementales, ejecutando a muchos de ellos con la excusa de que no eran integrantes del Partido federal en armas, sino simples bandidos.
 
Las expediciones punitivas y represoras de Mitre y Sarmiento ahogaron a sangre y fuego las protestas de los pueblos del interior, del Chacho Peñaloza, de Felipe Varela, de López Jordán.
 
Había muerto la Argentina de las lanzas y faltaba mucho para que comenzara la Argentina de las alpargatas con Juan Perón.
 
Escribe Blas García para La Opinión Popular

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