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“Quienes votaron a Macri aceptaron sacrificarse hoy para estar mejor mañana, pero están cada vez más descreídos. Ahora, lo que va a quedar va a ser peor que lo que dejó Menem”. Beatriz Sarlo
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Entre Ríos - 09-01-2018 / 07:01
PANORAMA POLÍTICO PROVINCIAL

Bordet en camino a otro año complicado

Bordet en camino a otro año complicado
Dispuestos a recibir la desconfiada irritación con que siempre son recibidos los voceros del realismo y la sobriedad, hay que enfrentar la ingenuidad política que ve todo rosado, pase lo que pase, y decir que 2018 será otro año difícil para el peronismo, que el gobierno de Macri no se va a ir en un helicóptero y que nuevas tareas y sacrificios le quedan por delante al Movimiento en esta dura etapa.
Mauricio Macri pretende asignarle a Gustavo Bordet, junto a otros mandatarios del PJ, el rol de opositor razonable, negociador y confiable. El gobernador no lo defraudó en los días difíciles de diciembre. Y en el transcurso de los dos años del Gobierno de los CEOs respaldó alguna de las medidas más espinosas.
 
Así, un problema carcome a los referentes entrerrianos de Cambiemos. Los condiciona y les arrebata a cada paso el libreto típico de los opositores: en Casa Rosada no están bien vistas las críticas a Bordet. Ni siquiera los radicales más sectarios desafían esa regla. ¿Cómo ejercer así las funciones propias de los opositores?
 
Lo paradojal es que en el PJ no existen las dudas que desvelan a Cambiemos. Tras la derrota en las legislativas y dada la magnitud que alcanzó en Entre Ríos la ola amarilla, a cada paso la gestión de Bordet da señales de estar preparándose para una batalla electoral complicada, con el objetivo de que el peronismo continúe en el poder tras el enorme desgaste de las dos gestiones de Sergio Urribarri.
 
El Consenso Fiscal -que el gobernador negoció- le ofrece a la Provincia algunos recursos extra y un horizonte sin grandes sobresaltos. El acuerdo garantiza financiamiento suficiente para no tener conflictos con los beneficiarios de las jubilaciones entrerrianas. Recibir un regalo de los Reyes tiene contraprestación. Los niños lo saben: hay que portarse bien para merecer un presente.
 
El programa de obras públicas de la Provincia -no paran de anunciar nuevos proyectos que se financiarán con deuda- estará finalizando justo cuando despunte la campaña electoral. En este contexto, de posible fortalecimiento de la gestión y de "confusión" de la oposición, buscaran dar vuelta los últimos resultados electorales.
 
Como para que no queden dudas de que el PJ se prepara para una elección difícil, el oficialismo especula con llevar a la Legislatura una modificación electoral destinada a votar con boleta única de papel, no electrónica, y se le quitará el carácter obligatorio a las internas abiertas y simultáneas. Todo en el marco de elecciones provinciales separadas de las nacionales. ¿Bordet podrá concretar así su deseo de robustecer a la democracia con un sistema electoral mejorado?
 
En la alianza Cambiemos, por supuesto, se oponen al desdoblamiento electoral que les impediría a sus candidatos provinciales y locales beneficiarse de la ola nacional que supondrá la postulación a la reelección de Macri, y ellos enganchados en la boleta.
 
La Opinión Popular

 
El 2018 será muy importante para el futuro político tanto del oficialismo, como para la oposición. Ambos van a intentar construir las alternativas que ofrecerán en las elecciones de 2019. Unos, para quedarse cuatro años más en el poder. Otros, para intentar volver al poder. Este es el año donde Mauricio Macri pretenderá profundizar las reformas neoliberales, dado que 2019 será un año electoral, y en el que presuntamente irá por su reelección.
 
La clave será la negociación con el sector más moderado del peronismo, articulado alrededor de los gobernadores del PJ. Este sector controla un bloque de 25 senadores (el segundo en la Cámara alta) y de 35 diputados (el tercero en la Cámara baja), con los cuales el macrismo intentará seguir negociando como lo hizo a fines de 2017, para la aprobación de reformas en el Congreso. Esta relación es la clave de la gobernabilidad de Macri, en el año que se inicia.
 
Una negociación triunfante con el sector moderado del peronismo es algo que no pudieron manejar con éxito sus dos predecesores no peronistas, Raúl Alfonsín y Fernando De la Rúa. La negociación con la CGT es el otro intríngulis. La central obrera peronista está dividida entre "duros" y "blandos" respecto al gobierno.
 
A partir del 1 de febrero se reinician las sesiones extraordinarias del Congreso y el oficialismo quiere retomar el tema de la precarizadora reforma laboral, la única que quedó pendiente a fines de 2017, que cerró con un sinnúmero de despedidos y suspendidos. Pero también se impulsarán otras reformas, como la electoral.
 
En el marco de la cruzada de Cambiemos por aprobar la Reforma Laboral, en el tiempo récord en que se aprobó la previsional y fiscal, se ve que buscan reducir trabajadores en la industria y el Estado. Si atendemos a las atroces condiciones laborales a las que apunta el proyecto de reforma y las sustanciosas ventajas que trae para los empresarios, se puede decir que los únicos perjudicados serán los trabajadores.
 
Un grupo de gremios avanza en la formación de una "multisectorial" en contra de tratamiento de la reforma laboral acordado entre el gobierno y la cúpula de la CGT, postergada en el Senado por decisión del bloque peronista federal. En la segunda mitad de enero se discutirá un calendario de protestas y otras medidas de acción directa de los sindicatos rebeldes si el gobierno habilita extraordinarias para debatirlo en febrero.
 
Paralelamente, se va conformando una oposición política "dura", que hará de la calle un ámbito de expresión y presión política. En el mismo convergen el cristinismo, las organizaciones de derechos humanos, los partidos de izquierda, los movimientos sociales duros y el sindicalismo combativo (las dos CTA). Esta oposición realizó una demostración de fuerza frente al Congreso cuando se trató la reforma previsional.
 
Sin gobernadores, tiene a través del cristinismo la tercera bancada en el Senado con 8 legisladores y la segunda en Diputados con 64. Cristina Fernández es su figura más relevante en el plano político nacional. Esta oposición dura seguirá haciendo del relato y la denuncia su arma política más eficaz, a la vez que reforzará sus manifestaciones en la calle, buscando capitalizar a su favor el descontento y el conflicto social.
 
Mientras la economía esté bajo control, el conflicto será manejable, pero si se combina con pobres resultados en este tema, se puede complicar. El gobierno de los CEOs intentará por todos los medios mejorar las variables económicas y llevar señales a los sectores de clase media que ya empiezan a tomar distancia. Según las encuestadoras consultadas por Casa Rosada, el Presidente perdió diez puntos de imagen en las últimas semanas.
 
Quienes creen que las consecuencias de las políticas neoliberales impactaran de lleno en la sociedad entienden que cuando comiencen a sentirse los efectos de las medidas neoliberales "reformistas" y sea imposible contener la protesta popular, las flores de invernadero del PJ, esas expresiones que se marchitan si no les da el sol oficial, se encontrarán en una difícil situación y sólo le quedará con fantasear con que hay que esperar el momento y preparar las fuerzas para actuar. Es el neoperonismo versión 2018.
 
 
¿Y la UCR? Mal, pero acostumbrada
 
¿Y la UCR? Mal, pero acostumbrada a no estar en la punta de la pirámide del poder nacional. Con muchísimo viento a favor -algo que hoy por hoy no sucede- la máxima aspiración del radicalismo podría concentrarse en que Macri le dispense la candidatura a la vicepresidencia.
 
La UCR es tan dependiente de la derecha macrista que si al Presidente le va bien, no tiene chances de sucederlo un dirigente radical. Y si le va mal, el radicalismo pagará un costo político. Algunos dirigentes boinas blanca se conformarán con gobernar alguna provincia desde 2019. Al PRO no le hace ni cosquillas la posibilidad radical de volver a poder.
 
 
Opositor razonable, negociador y confiable
 
Macri pretende asignarle a Gustavo Bordet, junto a otros mandatarios del PJ, el rol de un opositor razonable, negociador y confiable. El gobernador no lo defraudó en los días difíciles de diciembre. Y en el transcurso de los dos años del Gobierno de los CEOs respaldó alguna de las medidas más espinosas.
 
Un problema carcome a los referentes entrerrianos de Cambiemos. Los condiciona y les arrebata a cada paso el libreto típico de los opositores: en Casa Rosada no están bien vistas las críticas a Bordet. Ni siquiera los radicales más sectarios desafían esa regla. ¿Cómo ejercer así las funciones propias de los opositores?
 
Lo paradojal es que en el PJ no existen las dudas que desvelan a Cambiemos. Tras la derrota en las legislativas y dada la magnitud que alcanzó en Entre Ríos la ola amarilla, a cada paso la gestión de Bordet da señales de estar preparándose para una batalla electoral difícil, con el objetivo de que el peronismo continúe en el poder tras el enorme desgaste de las dos gestiones de Sergio Urribarri.
 
El Consenso Fiscal -que el gobernador negoció- le ofrece a la Provincia algunos recursos extra y un horizonte sin grandes sobresaltos. El acuerdo garantiza financiamiento suficiente para no tener conflictos con los beneficiarios de las jubilaciones entrerrianas. Recibir un regalo de los Reyes tiene contraprestación. Los niños lo saben: hay que portarse bien para merecer un presente.
 
El programa de obras públicas de la Provincia -no paran de anunciar nuevos proyectos que se financiarán con deuda- estará finalizando justo cuando despunte la campaña electoral. En este contexto, de posible fortalecimiento de la gestión y de "confusión" de la oposición, buscaran dar vuelta los últimos resultados electorales.
 
Como para que no queden dudas de que el PJ se prepara para una elección difícil, el oficialismo especula con llevar a la Legislatura una modificación electoral destinada a votar con boleta única de papel, no electrónica, y se le quitará el carácter obligatorio a las internas abiertas y simultáneas. Todo en el marco de elecciones provinciales separadas de las nacionales. ¿Bordet podrá concretar así su deseo de robustecer a la democracia con un sistema electoral mejorado?
 
En la alianza Cambiemos, por supuesto, se oponen al desdoblamiento electoral que les impediría a sus candidatos provinciales y locales beneficiarse de la ola nacional que supondrá la postulación a la reelección de Macri, y ellos enganchados en la boleta.
 
En este largo año de preparativos, hasta habrá tiempo para cubrir flancos débiles: el flojo combate contra la corrupción, que sólo aporta desconfianza pública y sospechas sobre los funcionarios que supuestamente deben combatirla, será tema de discusión antes de la campaña.
 
La gran duda es si Bordet se prepara sólo para enfrentar a Cambiemos. O si está más preocupado por el paso previo: qué hará Urribarri y el cristinismo irredento de cara a 2019. ¿Se podrá acordar en términos racionales? ¿Tiene sentido acordar? ¿Qué suman, qué restan? Es el gran enigma del año que iniciamos.
 
El peronismo requiere de dos ingredientes para volver a ser competitivo: renovación y transparencia. Sin renovación real y si no hay transparencia, está más que claro que al Gobierno no le preocupa que se reedite el tema en las próximas elecciones provinciales. La historia volverá a repetirse. Con un agravante: más de lo mismo no es lo mismo, es peor.
 
 
La contienda provincial
 
Este año de definiciones planteará inquietud en el PJ y también en Cambiemos, coalición que después de las elecciones de octubre se insufló aire suficiente para entrar por la puerta grande en la próxima renovación gubernamental en la Provincia.
 
Para la futura contienda se pondrá en disputa la supremacía del modelo de sistema partidario del PJ que deberá plantear la renovación puertas adentro con dirigentes que le permite ser confiable en el tiempo. En la otra vereda, la acumulación de personalidades como candidatos, simbolizadas en Cambiemos, postura que para algunos es totalmente apolítica y por lo tanto riesgosa para quienes la integran.
 
El primero es el partido fundacional de las políticas de bienestar y el otro una alianza neoconservadora que le cuesta acomodarse al corset partidario cuando le piden pedigree político desde la Unión Cívica Radical.
 
 
La unidad es indispensable para cambiar el escenario
 
De cara al 2019, Macri debiera considerar que, si bien el 42% obtenido en octubre fue un importante aval a su gestión, no es un cheque en blanco: aún lidera un gobierno de minorías y deberá negociar cada iniciativa. Se viene un periodo de debate de iniciativas como la reforma laboral, el ajuste de subsidios y las paritarias, que afectan a sectores sociales sensibles y poderosos intereses sectoriales. La "unidad" con el macrismo, de sometimiento al privilegio y obediencia a la extorsión y el autoritarismo no es la que le conviene al pueblo.
 
Los macristas creen que el peronismo es un asunto terminado; que podrán encarrilarlo fácilmente hacia la resignación planificada. Es de esperar que se equivoquen. Mientras en 1983 y en 1999, después de sendas derrotas, el peronismo comenzó inmediatamente a reconstruir una máquina de combate que deparó reveses espectaculares a los gobiernos antiperonistas restaurados; ahora los sectores populares tienen que soportar el peso de direcciones políticas que seguirán auxiliando al régimen macrista todo el tiempo que consigan mantenerse en ese papel dual.
 
Dispuestos a recibir la desconfiada irritación con que siempre son recibidos los voceros del realismo y la sobriedad, hay que enfrentar la ingenuidad política que ve todo rosado pase lo que pase, y decir que 2018 será otro año difícil para el peronismo. Que el gobierno de Macri no se va a ir en un helicóptero y que nuevas tareas y sacrificios le quedan por delante al Movimiento en esta dura etapa.
 
Para el peronismo, que en 2019 literalmente se jugarán la vida, lo principal es saber cómo y para qué hacer la unidad, cuáles son los objetivos cercanos (como por ejemplo las elecciones) y cuáles los grandes objetivos. Unidad para simple usufructo politiquero, no. Sí, en cambio, para dar las grandes batallas por la causa popular.
 
Encolumnándose, hombro con hombro y codo con codo, poniéndose al frente de las luchas y las esperanzas populares, en la resistencia contra el régimen conservador macrista se llegará más pronto a la unidad, forjada en la acción. Dentro de este régimen, mescla de "Revolución Libertadora" y "Década Infame", sólo hay manipulaciones, frustraciones, derrotas, y pequeños triunfos que luego serán desastres. Si no hay unidad opositora, los comicios del año que viene serán un "sálvese quien pueda", para la dirigencia peronista.
 
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