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Sociedad e Interés General - 08-12-2017 / 17:12
EFEMÉRIDES HISTÓRICAS. EN EL MARCO DE LA GUERRA CIVIL, UNITARIOS Y FEDERALES LIBRAN LA BATALLA DE DON GONZALO

La Última Batalla de Ricardo López Jordán, el Último Caudillo Federal en Armas

La Última Batalla de Ricardo López Jordán, el Último Caudillo Federal en Armas
La batalla de Don Gonzalo, librada al noreste de Paraná, en la provincia de Entre Ríos, el 09 de diciembre de 1873, fue un combate durante la guerra civil entre unitarios y federales, y significó la derrota del caudillo federal Ricardo López Jordán (imagen) frente a las fuerzas nacionales, de unitarios y liberales. Las expediciones punitivas porteñas ahogaron a sangre y fuego las protestas de los pueblos del interior. La oligarquía forjó así un país semicolonial y dependiente, oprimido por el imperialismo británico.
La batalla de Don Gonzalo, librada al noreste de Paraná, en la provincia de Entre Ríos, el 09 de diciembre de 1873, fue un combate durante la guerra civil entre unitarios y federales, y significó la derrota del caudillo federal Ricardo López Jordán frente a las fuerzas nacionales, de unitarios y liberales, al mando del general Martín de Gainza.
 
El 1 de mayo de 1873, López Jordán regresó y sublevó a la provincia de Entre Ríos, reuniendo en poco tiempo más de 18.000 hombres, mal armados y sin experiencia en combate. La inmensa mayoría de la población se puso de su lado, mientras el presidente Sarmiento ponía precio a la cabeza del caudillo y ordenaba la movilización de la mayoría del ejército nacional contra Entre Ríos.
 
Las fuerzas nacionales contaban con modernos fusiles Remington, revólveres Colt, cañones Krupp y ametralladoras Gatling, que hicieron estragos entre los jordanistas. Fue una "carnicería" la primera batalla en la historia argentina en que se usaron ametralladoras contra las lanzas federales. Se dijo que también se usaron balas explosivas, algo que casi todos deploraron como violación del derecho de guerra, y más tarde fueron prohibidas en los países occidentales.
 
Las sucesivas cargas de la caballería entrerriana lograron evitar el desastre entre los federales, pero éstos dejaron cientos de muertos en el campo de batalla. La lucha se detuvo al caer la noche. En la retirada que siguió, López Jordán perdió casi todas sus armas, incluso toda la artillería. A la mañana siguiente, muchos soldados de sus escuadrones regresaron a sus pueblos, ocultando sus armas y tratando de pasar desapercibidos como pacíficos pobladores. Al día siguiente el triunfante coronel Ayala, siguiendo la costumbre liberal "civilizada" y la suya propia, pasa por las armas sin juicio previo, entre muchos, al teniente José Camejo.
 
Esta fue la última batalla del último caudillo federal en armas. Todavía habrá guerras civiles durante el resto de la década de 1870, pero éstas serán enfrentamientos internos entre facciones del partido liberal, descendiente legítimo del partido unitario. La batalla de Don Gonzalo fue la última librada en la Argentina por caudillos federales del interior del país contra fuerzas unitarias porteñas.
 
En las guerras civiles del siglo XIX se definió la identidad de nuestra Patria y su lugar en el mundo con el triunfo de quienes se identificaban con la "civilización", de acuerdo a la definición de Sarmiento, en perjuicio de quienes representarían a la "barbarie". Las masas populares que pelearan por la Independencia, en Ituzaingó contra el Imperio esclavista de Brasil, y en la Vuelta de Obligado contra ingleses y franceses, fueron declaradas raza inferior condenada a la extinción.
 
Las expediciones punitivas porteñas ahogaron a sangre y fuego las protestas de los pueblos del interior. La oligarquía forjó así un país semicolonial y dependiente, oprimido por el imperialismo británico, que perjudicaba a las producciones provinciales, que no podían competir con la industria inglesa.
 
Por Blas García 

La década de 1860 se inició con la batalla de Pavón, en la que el ex presidente Justo José de Urquiza, traicionado al Partido Federal y retirándose cuando iba ganando, dejó la victoria en manos del gobernador unitario y liberal porteño Bartolomé Mitre, que gracias a esa victoria llegó a la presidencia.
 
Pero durante buena parte de la década, las fuerzas unitarias porteñas, cada vez más identificadas como nacionales, se enfrentaron a sucesivas rebeliones federales en casi todas las provincias. Una de las pocas provincias en que no hubo reacciones fue la de Entre Ríos, donde un acuerdo tácito del gobernador Urquiza con el gobierno unitario nacional dejaba en paz al ex presidente en su provincia, mientras los liberales derrotaban a los federales en las demás.
 
Muchos personajes de su provincia y de otras decidieron derrocar a Urquiza, para unir Entre Ríos a las rebeliones federales. Pero en el intento, Urquiza terminó asesinado, lo que provocó la intervención militar del presidente Domingo Faustino Sarmiento. Tras ocho meses de combates, el jefe de los federales, general Ricardo López Jordán, fue derrotado en la batalla de Ñaembé, en la provincia de Corrientes. Ante estas derrotas, con 1.500 hombres López Jordán huyó al Uruguay y luego pasó al Brasil.
 
La provincia de Entre Ríos fue sometida a un régimen de ocupación militar y policial humillante, en que los opositores fueron perseguidos, sus bienes saqueados, y su gobierno dejado en manos de sucesivas camarillas de liberales adictos al gobierno nacional. Los liberales eran una ínfima minoría de la población, de lo que surge que la gran mayoría de sus habitantes estaban sometidos a toda clase de ataques del gobierno.
 
En su ausencia, hubo elecciones en Entre Ríos, pero sin candidatos federales, que estaban prohibidos, y con muy pocos votantes. El gobernador Emilio Duportal hizo desplazar a todos los federales de todos los puestos públicos, incluso a los curas y los maestros.
 
Las tierras públicas fueron vendidas en subastas "públicas", reservadas a los amigos del gobierno; muchos colonos fueron expulsados de sus tierras, y la policía, formada por forasteros, cometió toda clase de atropellos y crímenes. Avergonzado, Duportal renunció y la provincia quedó en manos de Leonidas Echagüe, hijo del ex gobernador Pascual Echagüe, que no tuvo los problemas morales del anterior.
 
En esas circunstancias, llamado por su población, el 1 de mayo de 1873 regresó López Jordán a Entre Ríos, reuniendo en poco tiempo más de 18.000 hombres, mal armados y sin experiencia en combate. La gran mayoría de la población se puso de su lado, mientras el presidente Sarmiento ponía precio a la cabeza del caudillo y ordenaba la movilización de la mayoría del ejército nacional hacia Entre Ríos.
 
Al mando de esas tropas iba el general Julio de Vedia, cuyos reales méritos estaban opacados por los privilegios obtenidos durante la presidencia de su cuñado, Mitre.
 
Pero López Jordán dominó todo el interior de la provincia, obligando a los hombres de Vedia a movilizarse continuamente y atacándolo con continuas guerrillas; es decir, la misma táctica con que los federales habían atacado a los porteños durante la década de 1810, y de nuevo durante la década de 1860. Lograron ocupar varios de los poblados más grandes, como Gualeguay, Rosario del Tala, Nogoyá y La Paz.
 
 
La batalla
 
Mientras López Jordán avanzaba hacia el norte de la provincia, donde pretendía recibir ayuda de los federales de Corrientes, su retaguardia de 2000 gauchos a órdenes del coronel Carmelo Campos fue derrotada en Alcaraz. De modo que el caudillo tuvo que volver hacia el sur, para conservar viva la revolución en esa parte de la provincia.
 
Al llegar al arroyo Don Gonzalo, al noreste de Paraná, los federales encontraron el arroyo crecido y comenzaron a vadearlo con precaución, para no mojar la pólvora teniendo al enemigo muy cerca de sus filas. El arroyo continuó creciendo, de modo que el cruce duró hasta el día siguiente.
 
A las cuatro de la tarde del día siguiente, 9 de diciembre, una súbita crecida adicional del arroyo dejó a sus fuerzas divididas en dos, momento que aprovechó el general Gelly y Obes para atacar. Los nacionales contaban con fusiles de repetición y ametralladoras; fue la primera batalla en la historia argentina en que se usaron ametralladoras. Se dijo que también se usaron balas explosivas, algo que casi todo el mundo deploró como violación del derecho de guerra, y más tarde fueron prohibidas en los países occidentales.
 
Las sucesivas cargas de la caballería lograron evitar el desastre entre los federales, pero éstos dejaron cientos de muertos en el campo de batalla.
 
La batalla se detuvo al caer la noche. En la retirada que siguió, López Jordán perdió casi todas sus armas, incluso toda la artillería. A la mañana siguiente, muchos soldados de sus escuadrones regresaron a sus pueblos, ocultando sus armas y tratando de pasar desapercibidos como pacíficos pobladores.
 
 
Consecuencias
 
A finales del mes, una segunda derrota en Nogoyá dejaba a los rebelde sin recursos. Unos pocos días después, López Jordán tuvo que huir nuevamente a Brasil, y la provincia fue nuevamente sometida por la violencia. El caudillo volvería a intentar una nueva revolución en 1876, pero ya muy pocos lo iban a seguir, y terminaría preso como un simple delincuente, por lo que ésta no contará como revolución federal.
 
Esta fue la última batalla del último caudillo federal en armas. Todavía habrá guerras civiles durante el resto de la década de 1870, pero éstas serán enfrentamientos internos entre facciones del partido liberal, descendiente legítimo del unitario. La batalla de Don Gonzalo fue la última librada en la Argentina por caudillos federales contra fuerzas unitarias.
 
Fuente: Wikipedia

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La Última Batalla de Ricardo López Jordán, el Último Caudillo Federal en Armas
A las cuatro de la tarde del día 09 de diciembre, una súbita crecida adicional del arroyo Don Gonzalo dejó a sus fuerzas federales divididas en dos, momento que aprovechó el general unitario Gelly y Obes para atacar.
18-01-2018 / 20:01
18-01-2018 / 19:01
El 19 de enero de 1906 moría Bartolomé Mitre. Militar, "historiador", periodista y Presidente de la Nación entre 1862 y 1868. Mitre fue el instrumento la política colonial británica en el Río de la Plata. Expresó la utilización del puerto de Buenos Aires contra todo el interior federal, al servicio de intereses, de una mentalidad y designios exclusivamente europeístas.
 
Desde un punto de vista nacional y popular, la actuación de Mitre, para la constitución de la Argentina como Nación independiente, es nefasta. Sus "aportes" a la dependencia del capital extranjero y la obsecuencia a la cultura europea, significaron mandar a la muerte a miles de argentinos, generando además una mentalidad cipaya, liberal y colonial sumamente potente, en la medida que contaba con todo el apoyo de la oligarquía local y el Imperio Británico.
 
Además, Mitre tuvo responsabilidad en los orígenes de la guerra genocida contra el Paraguay. Mitre -y no la Argentina- fue un instrumento consciente de la destrucción del Paraguay. De un Paraguay que era -gracias a Rosas y su política de amistad- considerado parte de nuestra propia tierra, como provincia/nación hermana.
 
El exterminio del pueblo paraguayo se resolvió en el Foreign Office de Londres, y Mitre y el Brasil actuaron de mandatarios de esa decisión. Era el último golpe contra el federalismo criollo, y Mitre tenía plena conciencia de la necesidad de darlo para que su proyecto dependiente pudiera seguir adelante.
 
El Chacho Peñaloza, Ambrosio Chumbita, Aurelio Salazar, Felipe Várela junto a miles de gauchos y campesinos, de condenados de la tierra del noreste argentino se levantaron en armas contra Mitre, en respuesta a la política unitaria y porteñista que "el círculo de Mitre" llevaba a cabo contra el interior provinciano.
 
Con Mitre, las masas populares que pelearon en la guerra de Independencia, en Ituzaingó contra el Imperio esclavista de Brasil, en la Vuelta de Obligado contra británicos y franceses, fueron declaradas raza inferior condenada a la extinción. Las expediciones punitivas porteñas ahogaron a sangre y fuego las protestas de los pueblos del interior.
 
La liquidación del mercado interno era una necesidad básica para la política porteña como intermediaria de la importación de productos británicos. Asimismo, la consolidación de pequeños grupos que se van afirmando como oligarquías provincianas, correas de transmisión de la política mitrista en el interior, jugarán un papel en la represión y dominio liberal de las provincias. La negatividad del ciclo porteñista, mitrista, centralista y unitario se siente todavía hoy en el interior después de 150 años.
 
La Opinión Popular

18-01-2018 / 19:01
17-01-2018 / 20:01
El 18 de enero de 1983, en Córdoba, fallece Arturo Umberto Illia. Fue un médico y político radical que fue elegido presidente de la Argentina, cargo en el que se desempeñó entre el 12 de octubre de 1963 y el 28 de junio de 1966, cuando fue derrocado por un golpe de estado cívico-militar.
 
Illia llegó a la presidencia de la Nación en elecciones controladas por las Fuerzas Armadas en las que se proscribió al Peronismo y mientras estaba detenido el anterior presidente constitucional Arturo Frondizi.
 
En materia económica, se destaca el crecimiento del Producto Bruto Industrial un 18,9% en 1964 y un 13,8 en el año siguiente. El desempleo, que en 1963 ascendía al 8,8%, se redujo en 1966 al 5,2. La deuda externa, que alcanzaba la cifra de 3300 millones de dólares en 1963, bajó a 2600 millones en 1965.
 
Sostuvo el presupuesto educativo más alto que recuerde la Argentina; eliminó la censura en los espectáculos públicos, sancionó la Ley del Salario Mínimo, Vital y Móvil y se negó a enviar tropas argentinas en apoyo a la invasión de marines yanquis a Santo Domingo en 1965.
 
Se desempeñó también como senador provincial, diputado nacional y vicegobernador de Córdoba. En 1962 fue elegido gobernador de la provincia de Córdoba, cargo que la dictadura instalada el 29 de marzo de 1962 le impidió asumir. Fue dirigente de la Unión Cívica Radical y de la Unión Cívica Radical del Pueblo. Sus adeptos destacan su comprobada honestidad y honradez.
 
Carlos Morales para La Opinión Popular

17-01-2018 / 20:01
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