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Sociedad e Interés General - 07-12-2017 / 17:12
EFEMÉRIDES POPULARES. EL 08 DE DICIEMBRE DE 1977 DÍA DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE LA VIRGEN SECUESTRAN A 9 PERSONAS EN LA IGLESIA DE LA SANTA CRUZ

Desaparecidos de la Iglesia de la Santa Cruz: Las madres y las monjas que desafiaron a la dictadura

Desaparecidos de la Iglesia de la Santa Cruz: Las madres y las monjas que desafiaron a la dictadura
El día de la Inmaculada Concepción de la Virgen María, dogma de fe de la Iglesia Católica, un grupo de hombres vestidos de civil, que se identificaron como policías, interceptó a los familiares de desaparecidos que salían de la Iglesia de la Santa Cruz. Se llevaron a nueve personas: la religiosa francesa Alice Domon, Angela Aguad, María Esther Ballestrino de Careaga, Raquel Bullit, Eduardo Gabriel Horane, José Julio Fondevilla, Patricia Cristina Oviedo, María Eugenia Ponce de Bianco y Horacio Aníbal Elbert.
Ese jueves, día de la Inmaculada Concepción de la Virgen María, dogma de fe de la Iglesia Católica, que declara que por una gracia especial de Dios, ella fue preservada de todo pecado desde su concepción, un grupo de hombres vestidos de civil, que se identificaron como policías, interceptó a los familiares de desaparecidos que salían de la Iglesia de la Santa Cruz.
 
Se llevaron a nueve personas: la religiosa francesa Alice Domon, Angela Aguad, María Esther Ballestrino de Careaga, Raquel Bullit, Eduardo Gabriel Horane, José Julio Fondevilla, Patricia Cristina Oviedo, María Eugenia Ponce de Bianco y Horacio Aníbal Elbert.
 
Ese mismo día desapareció de su atelier Remo Carlos Berardo, quien también participaba de las reuniones de la Santa Cruz. Dos días después, cuando iba a comprar el diario para ver una solicitada, fue secuestrada Azucena Villaflor. Al mediodía se produjo la detención de la compañera de Domon, Leonie Duquet.
 
El siniestro teniente de navío Alfredo Astiz, que se encontraba infiltrado, fue la pieza central que permitió que los militares concretaran el operativo que tenía como objetivo descomponer el incipiente movimiento de derechos humanos que se estaba organizando en el país en plena dictadura.
 
Por Carlos Morales


 
Los Desaparecidos de la Iglesia Santa Cruz 
 

La crónica de los hechos 
 
La tarde del 8 de diciembre de 1977 unos quince familiares de detenidos-desaparecidos estuvieron reunidos en la Iglesia de Santa Cruz. Desde hacía tiempo consideraban que era más seguro encontrarse allí.
 
La iglesia de la Santa Cruz (Carlos Calvo, General Urquiza, Estados Unidos y 24 de Noviembre), base de los padres pasionistas, se había convertido en el centro de reunión de personas cuyos familiares habían sido secuestrados por la dictadura militar. Astiz se infiltró entre ellos.
 
Una mañana, temprano, varios agentes de la Marina fueron distribuidos en distintos puntos de la Iglesia mientras se realizaba la misa de Primera Comunión. La orden: detener a quienes habían sido señalados previamente por Astiz. Así se hizo.
 
El jueves 8 de diciembre de 1977 a las ocho y media de la noche un grupo de hombres vestidos de civil, que se identificaron como policías, interceptó a los familiares de desaparecidos que salían de la Iglesia de la Santa Cruz, donde habían estado ultimando los detalles y recolectando la plata para una solicitada que saldría en el diario La Nación dos días después.
 
Se llevaron a nueve personas: la religiosa francesa Alice Domon, Angela Aguad, María Esther Ballestrino de Careaga, Raquel Bullit, Eduardo Gabriel Horane, José Julio Fondevilla, Patricia Cristina Oviedo, María Eugenia Ponce de Bianco y Horacio Aníbal Elbert. Ese mismo día desapareció de su atelier Remo Carlos Berardo, quien también participaba de las reuniones de la Santa Cruz.
 
Dos días después, cuando iba a comprar el diario para ver la solicitada, fue secuestrada Villaflor. Al mediodía se produjo la detención de la compañera de Domon, Leonie Duquet.
 
Astiz fue la pieza central que permitió que los marinos concretaran el operativo que tenía como objetivo descomponer el incipiente movimiento de derechos humanos que se estaba organizando en el país en plena dictadura militar.
 
El Ángel Rubio se presentó ante las Madres de Plaza de Mayo con la identidad falsa de Gustavo Niño, hermano de desaparecido y comenzó a participar de las reuniones de los familiares. Proporcionó los datos que guiaron a la patota de la ESMA hasta la Santa Cruz y terminó su tarea marcando a sus víctimas con un beso.
 
A la salida de la reunión, varios fueron secuestrados por un grupo de tareas de la ESMA. Entre ellos estaban las madres María Ponce de Bianco y Esther Ballestrino de Careaga. Dos días más tarde secuestran a Azucena Villaflor.
 
La Iglesia de Santa Cruz fue la última tierra que ellas, las Madres recuperadas, pisaron en libertad.
 
Alrededor del 20 de diciembre de 1977 comenzaron a aparecer cuerpos en la costa del Océano Atlántico, entre Santa Teresita y Mar del Tuyú, que fueron presurosamente enterrados como NN en el cementerio de General Lavalle, Provincia de Buenos Aires".
 
El Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), informaron el pasado viernes 8/7, en un conmovedor acto - conferencia de prensa, que las identidades de los cuerpos hallados en el cementerio de la localidad bonaerense de General Lavalle pertenecen a estas tres mujeres, fundadoras de la organización Madres de Plaza de Mayo.
 
El 24 de Julio, en un pequeño jardín lateral de la Parroquia Santa Cruz, fueron inhumados los restos de Esther Ballestrino de Carega y Mary Ponce de Bianco.
 
Los restos de Ballestrino de Careaga y Ponce de Bianco descansan en el jardín de la iglesia.
 
Tal como quedó expresado el testimonio de sus familiares:
 
-Estas madres, incansables luchadoras que dieron sus vidas por sus hijos, no pudieron vencer a la muerte pero eran tan obstinadas que pudieron vencer al olvido. Y volvieron.
 
-Volvieron con el mar, como si hubieran querido dar cuenta, una vez más, de esa tenacidad que las caracterizó en vida. La presencia de sus restos da testimonio de que no se puede desaparecer lo evidente.
 
Fuente: Nac&Pop

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Desaparecidos de la Iglesia de la Santa Cruz: Las madres y las monjas que desafiaron a la dictadura
El entonces teniente de fragata, Alfredo Astiz, integrante de un grupo de oficiales entrenados para la represión interna, había simulado ser hermano de un desaparecido y durante unos meses se dedicó a “buchonear” a las Madres.
13-12-2017 / 18:12
12-12-2017 / 19:12
La matanza fue perpetrada el 13 de diciembre de 1976 por una patrulla del Ejército contra 22 presos políticos secuestrados a los que previamente habían arrancado de la cárcel de Resistencia y centros clandestinos de detención, de los cuales hay varios que aún están desaparecidos.

El Ejército argumentó que los prisioneros intentaron fugarse en dos vehículos ayudados por un comando guerrillero que supuestamente atacó al convoy del Ejército que los transportaba en la ruta a Formosa.

Sin embargo, en el juicio quedó demostrado que las víctimas fueron recogidas semiconscientes después de ser torturadas en la prisión clandestina de la ex Dirección de Investigaciones de la Policía, de la Alcaidía Policial y de la Unidad Federal 7. Horas después, fueron llevados por la ruta 11 y a la altura de Margarita Belén -70 kilómetros al norte de Resistencia- los hicieron ingresar a dos autos en los cuales fueron acribillados.

La masacre de Margarita Belén es un uno de los crímenes más espantosos, planeado y decidido en los más altos niveles, que expresa rotundamente lo siniestro que fue la dictadura militar.

La gran mayoría de los masacrados pertenecían a la Juventud Peronista y a Montoneros. Eran militantes políticos, luchadores sociales o guerrilleros, que no merecían morir en esas condiciones. Los militares intentaron justificar esos crímenes diciendo que estaban en guerra. Pero, ni en la guerra se recurre a esos métodos. Y en todo caso, quienes los practican luego serán juzgados como lo que son: criminales de guerra.

La Opinión Popular

12-12-2017 / 19:12
Los integrantes del grupo unitario rivadaviano, primeros endeudadores del país, tras dejar a un Estado nacional en ruinas, con una situación internacional gravísima y una guerra ganada a Brasil en los campos de batalla pero perdida en los papeles, se retiraron del gobierno, pero no del poder. Le dejaron a Manuel Críspulo Bernabé Dorrego Salas una maldita herencia con mínimos márgenes para innovar o cambiar el rumbo de la economía y la política.
 
Republicano, federal y democrático, Dorrego, enfrentando poderosos intereses, tratará de torcer lo que muchos imaginaban como un destino manifiesto del fracaso nacional. Suspenderá el pago de la deuda, aplicará medidas de gobierno en defensa de los sectores populares e intentará una política de acercamiento con los gobernadores de provincia buscando evitar el naufragio y la disolución de la nación.
 
El principal objetivo de la política financiera de Dorrego fue terminar con la especulación que tenía como sede al Banco Nacional creado por los rivadavianos. Resultaba imposible seguir endeudando al país. En favor de las clases populares, fijó precios máximos sobre el pan y la carne para bajar la presión del costo de la vida y prohibió el monopolio de los productos de primera necesidad. Tuvo éxito y en febrero y marzo de 1828 el peso recuperó casi todo el valor que había perdido gracias a la política de Dorrego.
 
A mediados de 1828, la mayor parte de la clase terrateniente, afectada por la prolongación de la guerra, retiró a Dorrego el apoyo político y económico. Le negó, a través de la Legislatura, los recursos para continuar la guerra, llevándolo así a transigir e iniciar conversaciones de paz con el Imperio esclavista del Brasil.
 
El 1º de diciembre de 1828 el general unitario Juan Galo de Lavalle encabezó una sublevación contra el gobierno del coronel Manuel Dorrego a quien depuso. Pocos días más tarde Dorrego fue capturado y condenado a muerte, sin proceso ni juicio previo.
 
Dorrego fue fusilado, por orden de Lavalle, en un corral a espadas de la iglesia del pueblo de Navarro, el 13 de diciembre de 1828. Pero a los "salvajes unitarios" no les alcanzó con fusilarlo sino que, como consta en la autopsia, le cortaron la cabeza y se la destrozaron a culatazos.
 
Cuando Simón Bolívar se enteró del fusilamiento de Dorrego, dijo que "en Buenos Aires se ha visto la atrocidad más digna de unos bandidos". San Martín, que llegó hasta Montevideo poco después del golpe de Lavalle, no tenía duda alguna sobre quién era el principal responsable del crimen: "los autores del movimiento del 1° de diciembre son Rivadavia y sus satélites, y a usted le consta los inmensos males que estos hombres han hecho, no solamente a este país, sino al resto de América, con su conducta infernal".
 
La Opinión Popular

11-12-2017 / 20:12
10-12-2017 / 20:12
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