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Por Natalio R. Botana. Historiador y politólogo
“Con la reforma previsional impulsada por el Gobierno de Macri, los jubilados van a perder plata, pero no poder adquisitivo”. Pablo Tonelli, diputado nacional por el PRO.
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Sociedad e Interés General - 01-12-2017 / 16:12
EFEMÉRIDES HISTÓRICAS

El general Leandro Gómez y la defensa de la Heroica Paysandú

El general Leandro Gómez y la defensa de la Heroica Paysandú
En 1863, Bartolomé Mitre mandó a Venancio Flores, famoso degollador de montoneros federales en Cuyo, a invadir el Uruguay. Lo apoyarían soldados y flota brasileños. Tras el inicio de la revuelta, el caudillo colorado la bautizó «cruzada libertadora». El 02 de diciembre de 1864, las fuerzas sublevadas -que cometieron traición a la Patria al contar con el respaldo de una escuadra fluvial del Imperio de Brasil, al mando del Marqués de Tamandaré y de tropas porteñas enviadas por el unitario Bartolomé Mitre (acérrimo enemigo de Uruguay)- pusieron cerco a Paysandú (Uruguay). En la imagen, el general Leandro Gómez, jefe de la defensa heroica de Paysandú.
En 1863, Bartolomé Mitre mandó a Venancio Flores, famoso degollador de montoneros federales en Cuyo, a invadir el Uruguay. Lo apoyarían soldados y flota brasileños. Tras el inicio de la revuelta, el caudillo colorado la bautizó «cruzada libertadora».
 
El 02 de diciembre de 1864, las fuerzas sublevadas -que cometieron traición a la Patria al contar con el respaldo de una escuadra fluvial del Imperio de Brasil, al mando del Marqués de Tamandaré (corbetas a vapor Recife, Belmonte y Paranahíba y las cañoneras Ivahý y Araguaia), y de tropas porteñas enviadas por el unitario Bartolomé Mitre (acérrimo enemigo de Uruguay)- pusieron cerco a Paysandú (Uruguay).
 
Los patriotas orientales, al mando de Leandro Gómez, sumaban poco más de 1.000 hombres (incluidos algunos federales argentinos, paraguayos y unos cuantos europeos), mientras que los partidarios de Flores, los unitarios porteños argentinos y los brasileños eran más de 20.000.
 
La escuadra brasileña bombardeó la ciudad con sus cañones, debiendo evacuarse de ella mujeres, niños y ancianos. La dotación militar de Paysandú sufrió enormes bajas pero resistió el asedio, negándose terminantemente a la rendición. Los orientales se defienden con la esperanza de que llegasen refuerzos, que nunca llegan. Uno de los que promete varias veces ir, es el jefe "federal" Urquiza. Pero el traidor nunca fue.
 
El 02 de enero de 1865, finalmente, los atacantes entraron al asalto de la ciudad, todavía defendida por unos 600 soldados y oficiales. El combate fue encarnizado, siendo finalmente derrotados los defensores. El general Leandro Gómez fue tomado prisionero y fusilado en plena calle, junto a varios de sus oficiales. El sitio y batalla final de Paysandú constituye el primer acto de una tragedia mayor: la Guerra del Paraguay o guerra de la "triple infamia".
 
La Defensa de Paysandú, contra los liberales uruguayos, argentinos y brasileros, tiene ribetes de leyenda y se ha mantenido en la memoria histórica de Latinoamérica este hecho de características épicas, al que un final trágico y heroico redondea como uno de los hitos del pasado común, no solo de todos los uruguayos, sino de la Patria Grande.
 
Por Carlos Morales

LA SOMBRA DE PAYSANDU
 
En 1863 gobernaba en la otra orilla el Partido Blanco, asimilable al Federal de nuestro país. Aquí estaba en su apogeo la guerra de policía de Mitre contra las provincias.
 
La historia oficial, es decir, la historia mistificada por el propio Mitre y sus herederos con la misma coherencia que tuvieron los dictadores de 1976-83 para designar a su propia matanza "Proceso de Reorganización Nacional", llamó a aquella masacre "pacificación del interior".
 
El 12 de noviembre de 1863 era degollado el Chacho Peñaloza y colgada su cabeza sangrante de una pica en la localidad de Olta. Sarmiento -director de la guerra- aplaudió el asesinato "sobre todo por su forma".
 
Marcos Paz, vicepresidente de Mitre, diría para que no quedaran dudas: "En este banquete de civilización y de principios, sólo se excluyen el poncho, el crimen, la barbarie, es decir los caudillos".
 
Con el exterminio de éstos, vendrían las mercaderías extranjeras cometiendo un segundo aniquilamiento, más silencioso: la desarticulación de las economías artesanales del interior profundo.
 
Ahora se imponía hacer lo mismo en la ex Banda Oriental, gobernada por el partido opuesto a los unitarios de ambas orillas, y para cumplir ese cometido se anotaban varios "pacificadores".
 
Entre los emigrados colorados en Buenos Aires se hallaban los llamados "coroneles de Mitre": Ambrosio Sandes, Ignacio Rivas, Wenceslao Paunero - todos de prominente actuación en la guerra civil argentina- y el más calificado de ellos, Venancio Flores, responsable del masivo degüello de Cañada de Gómez, luego de Pavón.
 
Encabezando un grupo de exiliados y mercenarios, Flores invadió tierra oriental el 19 de abril de 1863. Su objetivo -y el de Mitre, que lo apoyó con armas y logística-, era derribar al presidente constitucional Bernardo Berro.
 
Denominó a su golpe de estado con el épico nombre de "Cruzada Libertadora" y en vista de que la resistencia de Berro y su sucesor Atanasio Aguirre era difícil de vencer, no trepidó en aliarse con el Imperio de Brasil, que intervino en la contienda en defensa de sus propios intereses, que, al mismo tiempo, eran los de su mandante, Gran Bretaña, siempre interesada en destruir los lazos que pudieran unir a nuestros países.
 
La escuadra brasileña al mando del almirante Tamandaré y una fuerza de 10.000 hombres ponen sitio a Paysandú y durante varias semanas, sin previa declaración de guerra, la cañonean hasta destruirla, hecho inédito en la historia de Latinoamérica. Entre los defensores se hallaban federales argentinos, entre ellos Rafael Hernández, hermano del autor de Martín Fierro.
 
El jefe de la plaza sitiada, general Leandro Gómez, resiste hasta el último aliento, al frente de 600 hombres, "un puñado de héroes de los tiempos de Sagunto y de Numancia", al decir de Francisco F. Fernández.
 
Finalmente, sin cumplir una tregua pactada entre ambas facciones, la plaza es tomada y, por orden superior, de sargento arriba, fusilados todos los defensores. Los restantes serán masacrados a cuchillo.
 
Lo que no será obstáculo para que días después, "La Nación Argentina", diario del presidente Mitre, enfatice: "La conducta del general Flores y del barón de Tamandaré en el asalto y toma de Paysandú ha sido la más noble, generosa y Caballeresca".
 
Tomada Paysandú, la caída de Montevideo era cuestión de tiempo. La intervención, en defensa propia, del Paraguay de Solano López, sería una de las consecuencias del drama.
 
El otro, la conformación de la Triple Alianza entre los gobiernos "liberales" de Brasil, Argentina y Uruguay. La máxima tragedia sudamericana del siglo XIX estaba por iniciarse.
 
Por Juan Carlos Jara
 
Fuente: TELAM

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El general Leandro Gómez y la defensa de la Heroica Paysandú
El sitio y batalla final de Paysandú, con la inmolación de Leandro Gómez y sus hombres, el 2 de enero de 1865, constituye el primer acto de una tragedia mayor: la Guerra del Paraguay o guerra de la "triple infamia", como la llamó Juan Bautista Alberdi.
10-12-2017 / 20:12
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09-12-2017 / 18:12
09-12-2017 / 18:12
08-12-2017 / 17:12
La batalla de Don Gonzalo, librada al noreste de Paraná, en la provincia de Entre Ríos, el 09 de diciembre de 1873, fue un combate durante la guerra civil entre unitarios y federales, y significó la derrota del caudillo federal Ricardo López Jordán frente a las fuerzas nacionales, de unitarios y liberales, al mando del general Martín de Gainza.
 
El 1 de mayo de 1873, López Jordán regresó y sublevó a la provincia de Entre Ríos, reuniendo en poco tiempo más de 18.000 hombres, mal armados y sin experiencia en combate. La inmensa mayoría de la población se puso de su lado, mientras el presidente Sarmiento ponía precio a la cabeza del caudillo y ordenaba la movilización de la mayoría del ejército nacional contra Entre Ríos.
 
Las fuerzas nacionales contaban con modernos fusiles Remington, revólveres Colt, cañones Krupp y ametralladoras Gatling, que hicieron estragos entre los jordanistas. Fue una "carnicería" la primera batalla en la historia argentina en que se usaron ametralladoras contra las lanzas federales. Se dijo que también se usaron balas explosivas, algo que casi todos deploraron como violación del derecho de guerra, y más tarde fueron prohibidas en los países occidentales.
 
Las sucesivas cargas de la caballería entrerriana lograron evitar el desastre entre los federales, pero éstos dejaron cientos de muertos en el campo de batalla. La lucha se detuvo al caer la noche. En la retirada que siguió, López Jordán perdió casi todas sus armas, incluso toda la artillería. A la mañana siguiente, muchos soldados de sus escuadrones regresaron a sus pueblos, ocultando sus armas y tratando de pasar desapercibidos como pacíficos pobladores. Al día siguiente el triunfante coronel Ayala, siguiendo la costumbre liberal "civilizada" y la suya propia, pasa por las armas sin juicio previo, entre muchos, al teniente José Camejo.
 
Esta fue la última batalla del último caudillo federal en armas. Todavía habrá guerras civiles durante el resto de la década de 1870, pero éstas serán enfrentamientos internos entre facciones del partido liberal, descendiente legítimo del partido unitario. La batalla de Don Gonzalo fue la última librada en la Argentina por caudillos federales del interior del país contra fuerzas unitarias porteñas.
 
En las guerras civiles del siglo XIX se definió la identidad de nuestra Patria y su lugar en el mundo con el triunfo de quienes se identificaban con la "civilización", de acuerdo a la definición de Sarmiento, en perjuicio de quienes representarían a la "barbarie". Las masas populares que pelearan por la Independencia, en Ituzaingó contra el Imperio esclavista de Brasil, y en la Vuelta de Obligado contra ingleses y franceses, fueron declaradas raza inferior condenada a la extinción.
 
Las expediciones punitivas porteñas ahogaron a sangre y fuego las protestas de los pueblos del interior. La oligarquía forjó así un país semicolonial y dependiente, oprimido por el imperialismo británico, que perjudicaba a las producciones provinciales, que no podían competir con la industria inglesa.
 
Por Blas García 

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