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“Se viene una recesión atroz. El Gobierno no puede hablar solo de ajuste, tiene que diseñar la creación de riqueza y crecimiento. No hay derecho para decirle a la gente que no va a poder hacer nada, que no se va a poder bañar en invierno”. Jorge Asís
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Nacionales - 26-11-2017 / 11:11

Hasta las tragedias agrandan la grieta

Hasta las tragedias agrandan la grieta
El macrismo achaca al kirchnerismo asociar todo lo que lleva uniforme a la dictadura.
La tragedia del submarino ARA San Juan, que conmocionó al país y unió a los argentinos en la espera de un milagro, dejó al descubierto diferencias políticas irreconciliables entre el Gobierno de Mauricio Macri y gran parte de la oposición.
 
La desaparición del navío llevó a la gestión de Macri a un momento difícil, después de moverse con holgura durante la primera mitad del mandato en la que la construcción de poder le resultó más sencilla de lo que imaginaba, ayudado por la fragmentación del peronismo.
 
En la Casa Rosada esperaban gestos de solidaridad de la oposición para con las familias de los 44 submarinistas, pero primó el silencio, tal como sucedió en diciembre de 2016 con la muerte de 43 gendarmes en el desbarranco de un colectivo en Salta.
 
Los funcionarios hablan de muestras de humanidad ante la desaparición de 44 personas. La ex ministra de Defensa, Nilda Garré, fue una de las pocas que se expresó desde el kirchnerismo: defendió la reconstrucción del navío, que estuvo a cargo del gobierno anterior en 2014.
 
Cristina Fernández, quien hoy es la mayor expresión opositora a Macri, escogió el silencio. En su entorno sostienen que fue por respeto a las familias y porque quien debía hablar era Macri. Pero en la Rosada lo asocian más a mezquindades ideológicas.
 
El macrismo achaca al kirchnerismo asociar todo lo que lleva uniforme a la represión, la dictadura, los años de plomo, cuando en este caso algunos de los submarinistas desaparecidos tienen apenas 27 años.
 
Frente a la consternación social, el Gobierno pareció pasar de un manejo de crisis a una crisis de manejo comunicacional en la que ni Macri ni los ministros hablaron durante ocho días, dejando al vocero militar Enrique Balbi como único contacto con la opinión pública. 

 
Tensión y cambios
 
La relación del Gobierno con la Armada, al mando de Marcelo Srur, venía muy tensa desde que en octubre el ministro de Defensa, Oscar Aguad, presentó su plan de reestructuración de las Fuerzas Armadas. La salida de Srur sería una cuestión de tiempo.  
 
El disgusto del Gobierno con la actuación de la Armada no es ocultado por ningún vocero oficial, aunque el viernes en público Macri haya puesto paños fríos al sostener que no es momento para "aventurarse a buscar culpables".
 
Pero la decisión está tomada: una vez que pase la crisis, Cambiemos descabezará la cúpula de la Armada, el fusible más previsible en una serie de cambios que podría llegar incluso hasta Defensa, con la eventual salida de Aguad.
 
Los funcionarios no asumen como propias las responsabilidades de la tragedia: ponen el dedo sobre la cadena de mandos de la fuerza militar implicada y apuntan contra las tres décadas de desinversión en el sector.
 
La trágica desaparición del submarino llevó al Gobierno a abocarse a resolver el problema, para el cual recibió ayuda de 16 países entre los que están los Estados Unidos, Rusia y Gran Bretaña, pero sin descuidar la agenda de cambios.
 
La marcha reformista que llegó a su etapa legislativa, tras una ardua negociación política en la que el Gobierno logró persuadir a los gobernadores para conseguir su apoyo, alcanzará su primer hito el jueves, cuando el Senado trate la reforma previsional.
 
Esa disputa, en la que a pesar del cambio impuesto por senadores del PJ el Gobierno se siente victorioso, es netamente económica: el nuevo cálculo para ajustar las jubilaciones y la AUH significará un recorte de 138 mil millones de pesos en 2018.
 
 
Disputa laboral
 
Con el apoyo del bloque peronista que lidera Miguel Pichetto, el avance de los cambios previsionales serán casi un trámite exprés. Lo que que preocupa el Gobierno -aunque sin quitarle el sueño- son los tiempos para los cambios tributarios.
 
Hay sectores económicos que lanzaron un fortísimo lobby para voltear nuevos impuestos internos. En la oposición hay un mar de dudas sobre si la mejora económica que promete Cambiemos terminará de compensar a las provincias.
 
La incidencia de los gobernadores sobre los senadores, en tanto, parece no ser decisiva: si bien ya se comprometieron, no quieren pagar el costo político de medidas antipáticas para la opinión pública como lo es la reforma laboral.
 
El Gobierno quería evitar la presencia de Cristina -que ocupará su banca el 10 de diciembre- en los debates reformistas. La ex mandataria no llegará a discutir las jubilaciones pero sí las reformas tributaria y laboral.
 
En el Ministerio de Trabajo responden que los cambios a la legislación laboral podrían demorarse incluso en Diputados, hasta las sesiones extraordinarias de febrero. La resignación oficialista está dada por las palabras del pichettismo: "No vamos a debatirlo hasta que la CGT dé la cara".
 
Pero la central obrera está más cerca de la fractura que de la unificación discursiva. Con Pablo Moyano y la Corriente Federal que lleva al bancario Sergio Palazzo a la cabeza, una facción crítica de la CGT ya se expresó en contra de la reforma laboral y prometió dar la pelea para que el proyecto no se convierta en ley.
 
Con un guiño a Moyano y Palazzo, el diputado kirchnerista Héctor Recalde sostuvo que la reforma laboral generará inseguridad jurídica, litigiosidad y más trabajo no registrado. Señaló que la previsional "es una defraudación" a los jubilados porque son los que más "pierden".
 
Macri sigue confiado en que el peronismo dialoguista entenderá las distorsiones estructurales que tiene el país para despegar económicamente y apoyará en el Congreso el avance de las reformas.
 
Por Javier Álvarez - Corresponsalía Buenos Aires
 
Fuente: losandes.com
 

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27-05-2018 / 18:05
27-05-2018 / 09:05
Como la crisis cambiaria que cambió el rumbo del gobierno de Mauricio Macri arreció en medio de la disputa política por el ajuste tarifario, los primeros límites visibles del nuevo escenario político se hicieron evidentes en el Parlamento y la liga de gobernadores justicialistas.
 
Esa frontera sigue indefinida. Se terminará de conocer cuando se conozcan los términos del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional. Recién entonces los gobernadores del PJ sabrán el tamaño definitivo del ajuste requerido y harán valer su poder de presión en el Congreso.
 
Mientras, hay aprestos preventivos en los que Macri ha preferido evitar la confrontación. Accedió a negociar la transferencia de Aysa, Edenor y Edesur a los presupuestos de las jurisdicciones que se benefician con sus servicios. Una deuda antigua de la Nación con la equidad federal que ordena la Constitución.
 
Del lado de los gobernadores primó también la cautela. El proyecto aprobado en Diputados para detonar el ajuste tarifario entró en el ritmo más pausado del Senado y el gobierno se ilusionó con encontrar una salida que evite el veto anunciado por el Presidente.
 
Pero no por ser los primeros y más evidentes, los límites a Macri en el Congreso y las administraciones provinciales son los únicos y de mayor complejidad.
 
El Fondo Monetario no es sólo el horizonte de un acuerdo para garantizar la estabilidad del programa económico. Es también el eje de un relato que había caído en desgracia con la decadencia del kirchnerismo y que ahora busca una oportunidad para resucitar.
 
En ese relato convergen la ex presidenta Cristina Fernández y la izquierda tradicional, que ahora revive la idea de un empate hegemónico entre el gobierno, que se había agigantado tras las elecciones de octubre, y la oposición frontal, que había remitido tras el fracaso de su última operación política de envergadura, el caso Maldonado.
 
La marcha hacia el Obelisco porteño, acicateada por esa alianza del kirchnerismo y la izquierda que desde la salida de Cristina viene siendo una constante en las calles, ha sido la primera exhibición pública de ese reposicionamiento político. Que corre por izquierda al peronismo parlamentario, mientras lo asiste como factor de presión social.

27-05-2018 / 09:05
Volvió el FMI, volvió la calle y volvieron los gobernadores. Esas cosas siempre ocurren al mismo tiempo. Caras de la misma crisis. ¿Cuándo tuvieron poder "los gobernadores"? A fines de los 90 y durante el crítico gobierno de la Alianza. Cuando se hablaba de La liga de los gobernadores.
 
De allí quedó esa estela de poder detrás del poder en los años de Néstor Kirchner que no fue tal, como no fue tal en los años de esplendor de Menem, porque los presidentes peronistas tienen un temor principal: el poder de otro peronista.
 
Y ahora que el primer ajuste del Fondo llegó a la política (la reducción de la discusión económica a una discusión fiscal) los gobernadores del PJ retoman su peso a pedido de un gobierno que perdió volumen. Los quieren socios del ajuste. Una Moncloa con manos de tijera.
 
El gobierno de Cambiemos se sobregiró en la batalla que creyeron pendiente: matar al peronismo. Si cada presidencia diseñó sus batallas, sus rivales, inspirado en una trascendencia histórica.
 
Si Alfonsín fue contra los militares y el autoritarismo, si Menem contra la inflación y el Estado de bienestar, si Kirchner y Cristina contra el neoliberalismo y Clarín, Cambiemos sintió desde el principio que su mandato histórico era poder gobernar contra el peronismo.
 
Como si fuera el último capítulo de la transición democrática. Ahora ocurre que lo necesita. Al menos una versión de él: la de los que gobiernan, pagan salarios y quieren "hacer obras".
 
¿Qué ocurre? No anda. Entre la política cómoda para la gente y el ajuste cómodo para el liberalismo se abrió una zanja en la que cayeron irremediablemente.

26-05-2018 / 18:05
26-05-2018 / 09:05
Mauricio Macri no juró por la Patria cuando asumió y no  es adepto a las fiestas patrias, se lo ve incómodo, en los festejos oficiales se toman severas medidas de seguridad, no hay participación ciudadana y el presidente evita mostrarse "patriótico". En el bicentenario de la declaración de Independencia, el único invitado relevante fue el Rey de España, a quien le pidió disculpas por el Congreso de Tucumán que habría actuado con "angustia" cuando declaró la Independencia.
 
Este gobierno abandonó la noción de Patria o Nación. Son palabras que casi no pronuncia. Ese repliegue hace más notoria la necesidad popular de recuperarlas como identidad comunitaria. Y no es solamente una recuperación simbólica, sino que se produce desde una profunda actitud política.
 
Para el millón y medio de personas que se congregaron ayer en el Obelisco hay una continuidad lógica entre la fecha patria y el rechazo a la dependencia del Fondo Monetario Internacional (FMI). El Presidente, mientras tanto, encabezaba una fiesta cerrada para funcionarios millonarios y un puñado reducido de vecinos en la quinta de Olivos.
 
Pero ayer se prendieron cuatro luces rojas para Macri. La impresionante multitud que asistió a al acto a pesar de que la convocatoria fue absolutamente tapada y distorsionada por los grandes medios macristas, un acto con muy poco despliegue de aparato y con gran cantidad de personas que asistieron sin estar integradas en columnas o agrupaciones, tiene que hacer pensar a la Casa Rosada. No puede gobernar atropellando a esa multitud que representa a una gran parte de la sociedad. Las encuestas indican que solamente un 35% respalda las medidas del gobierno.
 
Segunda advertencia: el FMI le subrayó que está obligado a buscar formas de resolver el déficit sin depender tanto del endeudamiento y el gobierno se resiste a volver a las retenciones al campo. Tercera luz roja: las grandes patronales rurales salieron con los tapones de punta ante el rumor y se quejaron por la situación económica: no lo van a apoyar solamente por lealtad. Y la cuarta fue la homilía en la Catedral.
 
El cardenal Mario Poli le habló a Macri de "Zaqueo", un recaudador de impuestos que aparece en la Biblia. El de Zaqueo "era un oficio despreciable porque la mayor parte del dinero que recaudaban iba a parar a las arcas romanas no sin retener una buena parte de los impuestos, de modo que se enriquecían notablemente", le explicó a la tropa de funcionarios en el templo. "Eran indiferentes al patriotismo de sus conciudadanos que luchaban por obtener la libertad de su pueblo humillado. Estas y otras actitudes les valieron el desprecio popular y eran considerados grandes pecadores", enfatizó. 
 
El macrismo ha gobernado despreciando esta realidad y tratando de esconderla con la complicidad de los medios corporativos, como Clarín, La Nación e Infobae, y de los periodistas oficialistas que insisten en ridiculizar a los sectores populares y difamar a sus dirigentes. La 9 de Julio, la avenida más ancha del mundo, le respondió al presidente. Llenarla requiere una multitud como la de ayer a la tarde.
 
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