Lemlich sufrió golpes, contusiones con el resultado de seis costillas rotas; y se la detuvo un total de diecisiete veces.
 
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Por Natalio R. Botana. Historiador y politólogo
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Internacionales - 22-11-2017 / 20:11
EFEMÉRIDES POPULARES

En 1909, en Nueva York, comienza la Huelga en las fábricas de camisas

En 1909, en Nueva York, comienza la Huelga en las fábricas de camisas
Mujeres trabajadoras durante la huelga de las 20.000 camiseras de 1909 en Nueva York.
En 1900 más de la mitad de la población de Nueva York estaba constituida por inmigrantes. Los trabajadores textiles, sobre todo mujeres y niñas, que confeccionaban camisas, blusas y otras prendas eran casi en su totalidad inmigrantes de Europa, de origen judío en muchos casos. Vivían hacinados en los barrios de inmigrantes y muchos trabajaban por un salario bajo en terribles condiciones de trabajo.
 
La huelga de las camiseras de Nueva York de 1909 o Levantamiento de las 20.000 fue una huelga laboral en la que participaron principalmente mujeres inmigrantes de origen europeo y familia judía que trabajan en la Nueva York en las fábricas textiles de camisas.
 
Fue la mayor huelga de mujeres hasta la fecha en la historia de Estados Unidos y fue liderada por Clara Lemlich, de origen ruso, y apoyado por la Liga Nacional de Sindicatos de Mujeres de América (National Women's Trade Union League of America -NWTUL). La huelga comenzó el 23 de noviembre de 1909. Lemlich sufrió golpes, contusiones con el resultado de seis costillas rotas; y se la detuvo un total de diecisiete veces.
 
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Desde el principio, las jóvenes en huelga fueron víctimas de una fuerte oposición y represión a sus demandas: desde los fabricantes, la represión política -represión policial y de los tribunales de justicia-.
 
Las empresas Triangle y Leiserson contrataron matones y prostitutas para acosas y perjudicar a los huelguistas, a menudo con ayuda de policías que luego detuvieron a los huelguistas por cargos inventados.
 
En la corte suprema, los huelguistas se enfrentaron a magistrados hostiles que reprochaban a las mujeres jóvenes su mal comportamiento (un dijo a una mujer. "Usted está en huelga contra Dios y la naturaleza"), los sindicalistas y huelguistas fueron multados, y, en algunos casos, condenados por distintos delitos.
 
En febrero de 1910, la NWTUL acordó con los dueños de algunas fábricas la mejora en los salarios, mejores condiciones laborales y reducción de la jornada laboral. La huelga general fue suspendida el 15 de febrero de 1910 aunque algunas protestas continuaron.
 
Un año más tarde tuvo lugar el incendio en la fábrica Triangle Shirtwaist de Nueva York, que puso en evidencia pública las terribles condiciones de trabajo de las mujeres inmigrantes.
 
El éxito de la huelga laboral marcó un hito importante para el movimiento obrero estadounidense, especialmente para los sindicatos de la industria del vestido. Fue una de las primeras grandes revueltas exitosa de las trabajadoras en la historia estadounidense. Además, Clara Lemlich se convirtió en una estrella mediática ya que en tres novelas publicadas poco después de la huelga apareció como su nombre como gran protagonista.
 
Aunque no fue una victoria completa, el levantamiento de las bluseras logró avances concretos significativos. Muchas empresas firmaron acuerdos de mejoras: una semana laboral de cincuenta y dos horas, vacaciones pagadas al año, no discriminación contra los afiliados del sindicato, suministro de instrumentos y materiales de trabajo por las empresas de manera gratuita, división equitativa del trabajo durante las temporadas bajas, la negociación de los salarios con los empleados. En el final de la huelga el 85 por ciento de todos los fabricantes de camisas de Nueva York se había unido al acuerdo con la WTULF.
 
Menos tangible pero muy importante, la huelga laboral de las trabajadoras camiseras de 1909 convenció a los veteranos sindicalistas conservadores de la necesidad de aceptar a las mujeres y sus reivindicaciones en píe de igualdad como activistas sindicales. Las propias mujeres jóvenes descubrieron su propio valor a través de los sucesos y luchas ideológicas de 1909 a 1910. Muchas de ellas recordaban la sublevación de las 20.000 como gran suceso formativo en su posterior vida adulta.
 
Fuente: Wikipedia

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La Batalla de Ayacucho fue el último gran enfrentamiento dentro de las campañas terrestres de las guerras de independencia hispanoamericanas (1809-1826) y significó el final definitivo del dominio colonial español en América del sur. La batalla se desarrolló en la Pampa de Quinua o Ayacucho, Perú, el 09 de diciembre de 1824. Alrededor de 80 valientes Granaderos argentinos (los últimos de los 4.000 que cruzaron los Andes con José de San Martín) participaron en la victoria, junto a combatientes colombianos, venezolanos, peruanos y chilenos. 
 
El general venezolano Antonio José de Sucre, a los 29 años, fue el protagonista central de la batalla, al mando de las fuerzas patrióticas, que acometieron directamente a la masa desorganizada de tropas colonialistas que, sin poder formar para la batalla, descendía en hileras de las montañas. Lo acompaña el intrépido general colombiano José María Córdoba, de 25 años, que alzando su sombrero blanco de jipijapa en la punta de su espada, entusiasma a sus hombres lanzándose al combate con el grito: "¡División! ¡De frente! ¡Armas a discreción y paso de vencedores".

La frase lanzada por el general Jacinto Lara al iniciar el combate es menos homérica pero más criolla. Los hombres de Lara eran hijos de los llanos venezolanos y "gente cruda". Su general les dirigió antes de la batalla la siguiente arenga: "¡Zambos del carajo! ¡Al frente están los godos puñeteros! El que manda la batalla es Antonio José de Sucre, que como  ustedes saben, no es ningún cabrón. Conque así, apretarse los cojones y ... ¡a ellos!".
 
Las fuerzas patriotas sumaban 5.780 hombres y los realistas, 9.310 soldados. La victoria americana fue completa. Cayeron prisioneros el virrey José de la Serna con todos sus generales, empezando por José de Canterac y Jerónimo Valdés, con más de 600 oficiales y dos mil hombres de tropa. Más de dos mil muertos (307 patriotas y 1800 realistas) quedaron sobre el campo de Ayacucho donde concluía el poder colonial español en América.

La victoria de los revolucionarios independentistas supuso la desaparición del contingente militar realista español más importante que seguía en pie, sellando la independencia peruana con una capitulación militar que puso fin al Virreinato del Perú. Terminaron así estas guerras de liberación en todo un continente, que había comenzado medio siglo atrás, cuando los yanquis iniciaron las hostilidades contra los ingleses el 19 de abril de 1775.

 
Presencia indestructible de Eva Perón 
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