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Paraná - 08-10-2017 / 12:10
HUBO MÚSICA, BAILE Y FIESTA POPULAR

Una multitud vibró en plaza Alvear al ritmo del Contrafestejo

Una multitud vibró en plaza Alvear al ritmo del Contrafestejo
Una multitud vibró en la plaza Alvear al ritmo del Contrafestejo. Foto: UNO
 
Una nueva edición del ya tradicional Contrafestejo convocó ayer a una multitud en el antiguo barrio El Tambor, en la zona de la plaza Alvear en Paraná. Tras la ceremonia del fuego y el templado de los tambores, apenas pasadas las 16 comenzó la llamada, con la participación de diversas agrupaciones.
 
Al ritmo de los tambores y las danzas que evocan y reivindican la cultura afro, y que no solo movilizan los cuerpos sino también las emociones, los asistentes recorrieron el barrio para volver a la plaza.
 
Maquillajes, máscaras y vestimentas que invocan las tradiciones de los pueblos originarios o identifican a cada agrupación que formó parte de esta ceremonia fueron parte del paisaje y llenaron de colores las calles. Como es habitual, la celebración culminó con una Fiesta Popular, de la que formaron parte diferentes artistas del ámbito regional.
 
La Opinión Popular

 
Contrafestejo: La alegría de los Pueblos Libres
 
Con llamada de tambores, se realizó este sábado en el antiguo "barrio de los negros" la décimosexta edición del Contrafestejo, un espacio que visibiliza la riqueza cultural originaria americana y afroamericana, durante tantos años desvalorizados y borrados de nuestra historia.
 
Fueron protagonistas mujeres y hombres integrantes de las cuerdas de candombe La Yaguarona (Paraná), Las Dragonas (Paraná), La Conventillo Candombe (Paraná), Cambá Nambí -Santa Fe-, Macumbê - Mujeres Candomberas (Santa Fe), Candombe Hormiga Rosario, Candombe Amistad (Rosario), La Rikitonga Candombe (Buenos Aires), Bateria NN y el Rejunte Candombero.
 
Este sábado, los tamborileros blandieron sus manos con furia sobre los parches de cuero, como caía el látigo en las espaldas de los esclavizados.
 
Todo ellos trajeron a la memoria la antigüedad, cuando los afroamericanos vivían en el "barrio de los negros", y expresaban alegrías y tristezas sonando sus tambores. El Contrafestejo recordó a los paranaenses que el 12 de octubre de 1492 no fue un 'encuentro' de culturas, sino un hecho de provocación y destrucción.
 
 
La fiesta
  
En la plaza Alvear se efectuó la tradicional ceremonia del fuego y el templado de los tambores, en la previa del decimosexto Contrafestejo. Mientras se calentaba el cuero, los cuerpos de los danzarines se templaban para dar vida a lo que fue el antiguo Barrio del Tambor.
 
Después, la llamada recorrió el antiguo "barrio de los negros", con las comparsas La Yaguarona (Paraná), Las Dragonas (Paraná), La Conventillo Candombe (Paraná), Cambá Nambí -Santa Fe-, Macumbê - Mujeres Candomberas (Santa Fe), Candombe Hormiga Rosario, Candombe Amistad (Rosario), La Rikitonga Candombe (Buenos Aires), Bateria NN y el Rejunte Candombero.
 
Tamborileros y bailarines de diversas cuerdas recorrieron calle Buenos Aires hasta Garay, y San Martín hasta retornar a la Plaza Alvear, donde se realizó un acto cultural.
 
Como ya es tradicional, los presentes se sumaron a las cuerdas y marcharon a paso firme pero seguro acompañando el recorrido. Niños, adolescentes, adultos y viejos se convirtieron este sábado en testigos conscientes de la historia que ratifica que el 12 de octubre de 1492 no fue un 'encuentro' de culturas, sino un hecho de provocación y destrucción.
 
 
Un poco de historia
  
Las "llamadas" existían ya en África y se producían los domingos en Montevideo desde mediados del siglo XVIII cuando los amos permitían a los esclavos reunirse en "canchitas", pequeños espacios libres de arena junto a las murallas de la ciudad.
 
Allí las "naciones": cabindas, banguelas, magises, casanches, lubolos, se reunían para cantar y bailar, "llamadas" por los tambores cada uno con un ritmo diferente, inconfundible. Todavía hay llamadas en el barrio Sur.
 
El candombe, palabra de una lengua de la familia bantú que significa "del pueblo de Ndombe" (de Angola) sufrió transformaciones para hacerlo menos "lascivo".
 
Pero había sido distinto a principios del siglo XIX cuando incluía la "ombligada" o roce de vientres del varón y la mujer. Era una danza ritual en que los tambores marcaban la prodigiosa riqueza rítmica de la música africana, inseparable de sus creencias religiosas.
 
 
Los personajes
 
El gramillero o la mama vieja, siguen la línea de la persistencia del África en América. La mama vieja seduce al gramillero: "vestida con enagua, pollerón repleto de volados y toda clase de abalorios que remiten a las joyas y la bijou que las patronas les daban, acostumbraban ponerse almohadones para ensanchar sus caderas".
 
Algunas llevan pañoletas en la cabeza, sombrilla, y todas se hacen las ofendidas mientras el gramillero se distrae mirando a otra mama vieja. Él hace que se siente mal para llamar su atención.
 
Cientos de personas caminaron a paso lento pero firme, acompañando a los tamborileros y a los frenéticos danzarines. No faltaron el gramillero y la mama vieja en Cambá Nambí (Santa Fe),  protagonizando a los personajes con toda la fuerza de la historia.
 
Fuente: AIM 
 

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Pasivos entrerrianos expresaron su malestar por la modalidad instrumentada por la entidad financiera Banco de Entre Ríos, agente financiero de la provincia para el pago de salarios. Reclaman cobrar por ventanilla.
 
El uso de los medios de pago electrónicos y las extracciones de dinero por cajero automático siguen siendo una materia pendiente para quienes cruzan la barrera de los 60 años, y más todavía cuando pasan los 75. Dos de cada tres retiran el dinero por ventanilla, apenas 36% usa el cajero automático por sus propios medios.
 
El bajo uso de estos medios de pago y de acceso a la tecnología en general plantea un gran interrogante respecto de los resultados de medidas públicas puestas en marcha. Un factor para tener en cuenta es cuán amigable es un sistema tecnológico para las personas mayores.
 
Hay jubilados, en especial los muy mayores, que no alcanzan a ver la letra o que les parece que las operaciones son poco amigables. El sistema debiera ser más simple y con menos opciones.

 
El mayor riesgo está entre los mayores más vulnerables, justamente a quienes van destinadas estas medidas, ya que el acceso a la PC y al teléfono propio es mucho más bajo ahí que en hogares de ingresos más altos.
 
Los bancos han hecho esfuerzos para acercar a los jubilados al uso del cajero automático. ¿Por qué no se animan? Les da desconfianza, es un proceso invisible que hace que se tenga o no se tenga el dinero en la mano; piensan que al no verlo y al no haber humanos, nadie se hace responsable.

 
Los que no los usan es porque temen que la máquina los pueda estar "burlando". Manejar un cajero requiere de mucha atención y de ayuda para automatizar el procedimiento, no porque sean viejos, sino porque son de una legión muy alejada de la tecnología y del dinero digital. A esta generación hay que ayudarla.
 
Pero hay algo más. La ida al banco es una excusa mensual para entablar contacto con otros. No es una resistencia a las nuevas tecnologías, sino que se resisten a frivolizar ese contacto que les permite, al menos una vez al mes, modificar su rutina. Si los bancos se dieran cuenta de que los jubilados priorizan la humanización del servicio, deberían humanizar el cajero automático, que haya personas que ayuden a hacer las extracciones. No lo hacen o no son suficientes.
 
La Opinión Popular

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