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Nacionales - 29-09-2017 / 11:09

Bombardeo de "buenas" noticias económicas para las elecciones

Bombardeo de
Aumenta la deuda en pesos y en dólares a un ritmo infernal. La industria no detiene la expulsión de trabajadores calificados. La red de protección social se debilita licuando programas. Se reducen las prestaciones en el sistema de cobertura a jubilados. Los empleos que se crean son precarios, monotributistas y en escalas salariales de medias a bajas. La fuga de capitales tiene niveles de intensidad máxima según registros oficiales. Se está ampliando la brecha de las cuentas externas con déficit creciente en el balance comercial y en la cuenta corriente de la balanza de pagos. El desequilibrio de las cuentas públicas se acentúa con la muy fuerte suba de la carga de intereses de la deuda, parcialmente compensado con reducción de subsidios, que es la contracara de los tarifazos.
El gobierno de Mauricio Macri y los multimedios afines observan con entusiasmo algunas novedades que viene dando la economía para ayudar al clima optimista. Caída de la pobreza, aumento del salario real, mejora de la actividad económica. En las últimas semanas el Gobierno reboza optimismo sobre los datos que va difundiendo. Sin embargo, aunque estos datos muestran un cambio en la situación de la economía después de la dura recesión producida por las medidas de ajuste que tomó Cambiemos desde que asumió, lo cierto es que se ven favorecidos por la comparación con el pico de la crisis, que ellos mismos provocaron y que es el momento con el que se están comparando.
 
El gobierno destaca la recuperación del poder de compra del salario. Toma para esto la comparación con el nivel más bajo, alcanzado a mediados del año pasado. Pero el salario compra menos que cuando asumió Macri y esta mejora podría evaporarse con los tarifazos que el gobierno tiene en carpeta para después de las elecciones.
 
El Gobierno difundió que la actividad económica registró en julio un crecimiento de 4,9 % respecto de un año atrás. Aunque el número podría resultar contundente considerado aisladamente, en julio de 2016 estaba registrando una caída interanual de 5,6 %.
 
Entre los principales determinantes de la recuperación se encuentra la obra pública, que explica el crecimiento de la construcción, uno de los capítulos que más están influyendo en el crecimiento de la actividad. Después de frenarla en 2016, el Gobierno la está empujando con todo en este año. Pero el empleo del sector según el INDEC está en julio por debajo del que registraba dos años atrás. Y habrá que ver qué continuidad mantiene la obra pública después de las elecciones, considerando la necesidad del Gobierno de ajustar las cuentas públicas.
 
En los primeros 8 meses de este año, el empleo registrado total tuvo, de acuerdo al ministerio de Trabajo, un crecimiento de 1,2 %. Esto muestra que después de retroceder en 2016, la recuperación del empleo es menor al crecimiento poblacional. La pobreza alcanzó al 28,6% de la población en el primer semestre del año y la indigencia llegó hasta el 6,2%. Contra los registros correspondientes a la segunda mitad del año pasado, las cifras publicadas por el Indec representan una leve disminución en la pobreza y un incremento en la indigencia.
 
El próximo domingo podrá percibirse un pequeño anticipo de lo que vendrá después de las elecciones. El Gobierno decidió liberar los precios del combustible a partir de ese día. Los funcionarios manifestaron su confianza en que serán cuidadosos con las subas. Sin embargo, la experiencia de los momentos en que rigió la liberalización de tarifas mostró la propensión de las empresas a remarcar sin frenos.
 
Hay otros golpes al salario de los trabajadores en gateras. En primer lugar en las tarifas de luz y gas, que el Gobierno pospuso para después del 22 de octubre. Pero también en prepagas y otros rubros, el Gobierno negoció que se pospongan aumentos. Habrá tarifazos varios para "celebrar" el resultado de octubre y serán malas noticias que llegarán todas juntas al final de 2017.
 
La Opinión Popular

 
OPINIÓN
 
¿Cuándo explota?
 
Aumenta la deuda en pesos y en dólares a un ritmo infernal. La industria no detiene la expulsión de trabajadores calificados. La red de protección social se debilita licuando programas. Se reducen las prestaciones en el sistema de cobertura a jubilados. Los empleos que se crean son precarios, monotributistas y en escalas salariales de medias a bajas.
 
La fuga de capitales tiene niveles de intensidad máxima según registros oficiales. Se está ampliando la brecha de las cuentas externas con déficit creciente en el balance comercial y en la cuenta corriente de la balanza de pagos. El desequilibrio de las cuentas públicas se acentúa con la muy fuerte suba de la carga de intereses de la deuda, parcialmente compensado con reducción de subsidios, que es la contracara de los tarifazos.
 
El ingreso disponible promedio de la población ha descendido y los anuncios de próximos aumentos en las tarifas de luz, gas, agua y transporte agudizarán esa tendencia. Por eso el consumo privado global sigue deprimido pese a las cifras que marca el Indec en registro del PIB y de explicaciones disparatadas de funcionarios y analistas afines al macrismo acerca de su comportamiento.
 
Quienes pueden eludir el marketing de confusión de la inmensa red oficial de propaganda pública y privada, que en estos días ha presentado como el inicio de un fuerte crecimiento los últimos datos del Producto cuando, en realidad, es un leve rebote estadístico respecto a la recesión autoinfligida en 2016 y con la economía siguiendo por debajo del pico de 2015, tienen una pregunta que los desvela. La situación económica descripta al comienzo los provoca a expresar la inmediata interpelación acerca de cuándo explota y se precipita una crisis.
 
Esa inquietud se adelanta a querer definir el final del ciclo y de ese modo debilita el análisis del proceso, el daño presente y las consecuencias a futuro, que es lo más relevante de esta renovada experiencia económica regresiva.
 
El deseo de determinar cuándo será el punto final es provocado por el desvío conceptual acerca del papel del economista en la sociedad. La idea equivocada y dominante es que el economista sabe el futuro para precisar hasta con decimales la evolución de las principales variables.
 
Si dice cuánto estará el dólar dentro de un año, cuál será la evolución del Producto y sentencia el porcentaje exacto de aumento de la tasa de inflación, cómo no va a poder precisar cuándo estallará la crisis de un proyecto político-económico donde en casi todos los frentes está acumulando tensiones.
 
Transitar el camino del pronosticador y de predecir el momento del estallido de una crisis es muy seductor para economistas, que de ese modo abusan de la ansiedad social y del desconocimiento general de las cuestiones básicas del funcionamiento de la economía, además de que le permite una facturación abultada por tirar cifras hipnotizadoras. Ese lugar de poder es muy tentador y es placentero para la mayoría de los economistas.
 
Para no tropezar con esa trampa, que poco colabora en la comprensión y sólo ayuda a distraer de aspectos fundamentales de lo que está sucediendo en el ciclo económico, es necesario concentrarse en la tendencia y consecuencias del modelo económico en curso. 
 
El aspecto principal de la reflexión económica no es acertar cuándo estallará la crisis que está incubando el gobierno de Cambiemos, aunque es obvio que a cualquier le gustaría saberlo pero que no es posible determinar, sino que la tarea relevante es precisar los daños económicos, laborales y sociales que está provocando la actual política económica.
 
Costos que condicionarán la futura política de reparación, como así también serán una restricción adicional a los ya estrechos márgenes de autonomía de una economía periférica de desarrollo intermedio como la argentina. 
 
 
Insustentable
 
El último informe del Centro de Estudios Económicos y Sociales Scalabrini Ortiz ofrece un panorama acerca del actual estado de la economía. Apunta que la política de endeudamiento externo es insustentable y que sólo permite patear hacia adelante la restricción externa sin solucionar o incluso agravando los problemas económicas que le dieron origen. Detalla que a la fuga de capitales, déficit energético e industrial, se le sumó un déficit comercial récord que se afianza como una característica estructural del modelo económico.
 
La "buena herencia" del  desendeudamiento kirchnerista permite seguir con el festival del bono por un par de años estiman en la city, informa el CESO cuyo director es Andrés Asiain. Para preguntar por qué una vez más se acumulan pesadas deudas en divisas sin saber cómo se pagarán mientras el déficit comercial se convierte en estructural. Sentencia que, más allá de que pueda haber un par de años más del actual ritmo de endeudamiento externo, es una política que lleva a un callejón sin salida.
 
Claudio Scaletta, periodista de este diario y editorialista en el suplemento económico Cash, acaba de publicar un libro que es un aporte magnífico para identificar y profundizar las características del proyecto de la Segunda Alianza.
 
Sin caer en la tentación de establecer plazos, va orientando el análisis del actual ciclo económico para concluir que no es sustentable. En "La recaída neoliberal. La insustentabilidad de la economía macrista", interpela también con la pregunta de por qué se reincide en una política económica que conduce a la insustentabilidad social y financiera, cuando tanto la teoría como la experiencias, local y global, "conoce" el resultado al final del camino.
 
 
Inevitable
 
En esa definición Scaletta no adelanta cuándo será la crisis, pero que ésta será inevitable por la propia lógica de la política económica que se está implementando. Aclara que proyectar el futuro es lo que los economistas no deberían hacer y qué es lo que siempre hacen mal. Insiste con que si se quiere proyectar con decimales la evolución de variables particulares las posibilidades de error crecen exponencialmente.
 
Sin embargo explica que la economía es una ciencia, que tiene leyes y que las relaciones causa-efecto existen y, por lo tanto, se puede estimar cuál puede ser el resultado. Luego ofrece una idea esclarecedora para utilizar cuando el objetivo es abordar con profundidad analítica la esencia de la economía política: "lo que en cambio es improbable fallar, si se dispone de buena teoría, es respecto a las tendencias de las variables fundamentales". Y la tendencia con su respectivo desenlace de la economía macrista es muy evidente revisando la historia local.
 
Para Scaletta el único riesgo real de las predicciones generales es la ocurrencia de hechos extraordinarios que alteren las variables centrales. Por ejemplo la evolución de la tasa de interés internacional. Con la economía arrojada a un nuevo ciclo de endeudamiento desenfrenado, la eventual alza de la tasa que define la banca central estadounidense es clave.
 
Al Ministerio de la Deuda a cargo de Luis Caputo se le complicaría las emisiones de deuda y debería pactar tasas aún más altas que las actuales. Como la deuda financia los desequilibrios de las cuentas externas e internas, no sólo sería más caro conseguir los fondos sino que podrían aparecer incertidumbres acerca de la capacidad de pago del país, lo que cerraría el grifo de dólares de la deuda y, en ese caso, como en 1989 y 2001, irrumpiría la crisis.
 
 Con la misión de seducir al mundo de las finanzas internacionales, principal sostén de la presente política económica regresiva, Scaletta plantea que hay pocas dudas respecto a que el gobierno de Macri seguirá el viejo esquema de los programas de condicionalidades estilo FMI similares a los que ya se aplican en otros países de la región y el mundo.
 
En la mira de los programas del Fondo se encuentran los derechos laborales, los sistemas previsionales, los salarios públicos, la privatización de todo lo que se pueda y cualquier rezago de los Estados benefactores. La intención política de impulsar esos proyectos no es un misterio puesto que ya fueron adelantados por los principales funcionarios del gobierno.
 
Este recorrido económico no surge de la posesión de la bola de cristal o de una mente esclarecida, indica Scaletta, sino que son las secuencias estandarizadas que ya se presentaron en el pasado, en Argentina y en el mundo, y de los que el presente parece apenas un calco.
 
Ante el ansioso interrogante entonces de cuándo estalla la crisis, observa con lucidez que "quizá la pregunta, no debería ser si puede funcionar o no el neoliberalismo, sino por qué habría de funcionar lo que ya demostró que no funciona".
 
Por Alfredo Zaiat
 
Fuentes: Página12, La Izquierda Diario y La Opinión Popular
 

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20-06-2018 / 10:06
La agenda oficial del presidente conservador Mauricio Macri marcaba que hoy a las 9 participaría en el Monumento a la Bandera del tradicional acto en conmemoración a Manuel Belgrano. Sin embargo, a último momento, el titular del PRO de Santa Fe, Federico Angelini, anunció que el mandatario no asistirá para evitar las protestas en su contra.
 
Angelini eligió decir que "se priorizó cuidar la paz". El discurso de Macri hubiera sido el primero tras los cambios en el equipo económico, que no frenaron la corrida ni la devaluación del peso frente al dólar. "Querían empañar el Día de la Bandera. No queremos darle margen a los violentos", fruteó el dirigente del PRO santafecino, al confirmar el faltazo del presidente, que debería haber compartido el acto con la intendenta Mónica Fein y el gobernador Miguel Lifschitz.
 
Luego la noticia fue confirmada por el ministro del Interior, Rogelio Frigerio: "Con motivo de haber recibido notificaciones de los responsables de la seguridad presidencial y del Gobierno de Santa Fe donde se indicaba que se debían reforzar las medidas de seguridad para evitar la posibilidad de que se generen disturbios en las calles de Rosario de organizaciones políticas, se suspenderá mañana la asistencia del Presidente".
 
Las protestas estaban organizadas por sectores que se movilizan y reclaman contra las medidas antipopulares que lleva adelante el gobierno de Macri. Además se preveía la movilización de organizaciones sociales y políticas. Solo dos muestras, entre muchas otras posibles, de rechazo al ajuste en curso que implementa el actual Poder Ejecutivo a favor del gran empresariado y en contra de los trabajadores.
 
El Gobierno de los Ricos viene atravesando tensos episodios, el último que se viralizó, fue la entrega de una banana al jefe de Gabinete, Marcos Peña, tras ser bautizado como "El Gorila del año", lo mismo pasó en el mundial de Rusia, en donde la hinchada argentina realizó cánticos con referencia al precio del dólar.
 
Por supuesto, para evitar este tipo de protestas o "escraches", en un ambiente "poco feliz" que se respira en las últimas semanas por los efectos de la política neoliberal: inflación, tarifazos, acuerdo neocolonial con el FMI, pérdida del poder adquisitivo, etc., el Gobierno de los CEOs decidió "por razones de seguridad", que Macri no viaje a Rosario.
 
La Opinión Popular

20-06-2018 / 09:06
Ni sostener una pyme o industria; ni financiarse con tarjeta de crédito; ni acceder a un crédito hipotecario. Nada de lo que implique producción, reactivación de la economía o sueños de futuro será posible en esta Argentina de Mauricio Macri condenada por sus gobernantes a ser un país de frontera.
 
Así lo ha vuelto a decretar el Gobierno de los CEOs, que ayer, para contener el dólar, convalidó el triunfo de la bicicleta financiera y volvió a hundir las fuerzas de cualquier sector productivo. Nada es más rentable que especular en el país de la alianza Cambiemos.
 
Ante las altas expectativas de devaluación, el nuevo titular del Banco Central, Luis Caputo, buscó en vano ganarle al mercado. Tratando de evitar que los bancos utilizaran los pesos provenientes del pago de vencimientos de Lebacs y se volcaran en manada a la compra de dólares, llevó la tasa de interés para el plazo más corto (27 días) del 40% al exorbitante 47%.
 
La decisión de Caputo de elevar la tasa de las Lebas de corto plazo -27 días- al 47% le generará a los tenedores de ese título una ganancia a julio de 7.106 millones de pesos. Sin embargo, apenas pudo renovar el 59,9% de los $514.779 millones que vencieron ayer. 
 
A la espera del préstamo del Fondo Monetario Internacional, que el Gobierno de Macri utilizará no para fomentar la producción, sino para contener la corrida cambiaria, la suba de tasas se complementará mañana con el incremento de los encajes bancarios, que implica inmovilizar unos $67.000 millones para evitar su traspaso a dólares. Además, se reduce del 10 al 5% la posición global neta en divisas, que funciona como un techo a la tenencia de dólares de bancos.
 
Pese a la batería de medidas, a los cambios de nombres, el rumbo de la economía y la desconfianza de los mercados en la Argentina no cambia: tal fue la demanda por el billete norteamericano ayer que cerró al alza, en $28,46. En el mercado de futuros, en tanto, se pactaron operaciones por US$595 millones, y para el cierre de diciembre, el plazo más largo negociado, el precio superó los $33. 
 
El cóctel es explosivo: las divisas genuinas no ingresan, los dólares se fugan y para contener la devaluación (con su consecuente efecto inflacionario) el Gobierno recurre a medidas recesivas que privilegian el dinero ocioso y desaniman la producción, verdadera fuente de riquezas en el país que tiene todo por hacer.
 
En tanto, el capital financiero sigue amasando grandes ganancias gracias a esta bicicleta financiera. Ahora necesita el Gobierno de los Ricos desarmar la bomba de las Lebac, que lo hará con nueva deuda, además de los fondos que recibirá del FMI. Un acuerdo neocolonial que viene con una profundización del ajuste para los trabajadores y demás sectores populares.
 
La Opinión Popular

19-06-2018 / 10:06
 Al filo de sus 60 años, el presidente Mauricio Macri parece la encarnación del extravío que el poder puede causar en algunos hombres.
 
Obnubilado quizá por expresiones de deseo sin asidero en la realidad, pensando más en el futuro electoral que en el pragmatismo de la coyuntura, ya no parece quedar en él nada de aquel joven con comprensión de los mercados, que desde muy chico se fogueó en el mundo empresarial y, junto a su padre, supo ser testigo del levantamiento del imperio Socma, que luego llegaría a gerenciar.
 
Herida la confianza de los mercados, pero también la de los ciudadanos que lo votaron, el Currículum Vitae del Presidente no alcanzó, siquiera, para que en sus más de dos años de Gobierno pudiera sacar al país del ostracismo de ser una economía de frontera y elevarlo a la categoría de emergente, en crecimiento, imán para los inversores del mundo.
 
De confirmarse lo que ya trascendió, tampoco lo logrará este año: mañana, Día de la Bandera, la Morgan Stanley Capital International (MSCI), sociedad encargada de tomar la decisión, anunciaría que la Argentina seguirá siendo un país de frontera.
 
La devaluación, la alta inflación, las tasas recesivas y el desplome de las acciones argentinas no son terreno fértil para la lluvia de inversiones ni el financiamiento externo.
 
Pudo el Presidente preparar el suelo para reactivar la producción, la generación de empleo y distribución de riquezas. Prefirió, en cambio, germinar la especulación y cuando los mercados no confiaron más, tuvo un rapto "brillante": acordar el salvataje de plomo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), que quita más de lo que da.
 
Porque, como se trasluce en la carta de intención enviada al organismo por el Gobierno argentino, los millones de dólares recibidos se utilizarán para asistir a la corrida cambiaria, mientras se buscará achicar el gasto con más miseria, mellando conquistas sociales como jubilaciones y salarios dignos y los pobres, como toda limosna, recibirán el equivalente a unos pocos gramos de pan por día.
 

18-06-2018 / 11:06
En algún momento tenía que empezar a pasar. Las devaluaciones no son gratuitas, sobre todo en la Argentina. El contagio a los precios suele ser rápido. Y es lo que ya ocurre.
 
Antes de que empezara el fin de semana, las principales cadenas de supermercados recibieron mails con nuevas listas de precios. Hay aumentos que, en su mayoría, van de 7% al 10% en los principales rubros. Aunque hay casos de incrementos de hasta 18%, como sucede con los importados.
 
Las fábricas y comercializadoras de alimentos y productos de limpieza justificaron las remarcaciones por la suba del dólar. Pero estos ajustes no responden a la escalada de la última semana. Estos incrementos toman en cuenta parte de la corrida del mes pasado.
 
Durante mayo, el tipo de cambio pasó de $20,80 a $25,40. Esa suba -del 22% en un solo mes- no había tenido su traspaso pleno a los demás precios de la economía.
 
El propio Federico Sturzenegger lo había contemplado, cuando en una de sus últimas apariciones públicas como jefe del Banco Central, manifestó que la inflación de mayo sería "bastante menor" a la de abril. Pero que esperaba un rebrote para junio.
 
En efecto, el Indec acaba de publicar un índice de "apenas" 2,1% para mayo. Y aunque los alimentos registraron un avance superior -de 3,3%-, ese registro tuvo que ver más que nada con la propia dinámica inflacionaria y no tanto con la primera ola devaluatoria.
 
La realidad es que la fuerza del contagio a los precios apareció ahora. La intransigencia de los fabricantes e importadores provocó, incluso, que alguno de los grandes supermercados devolviera la mercadería en medio de la entrega, argumentando que no podían convalidar semejantes aumentos.
 
En concreto, la ola de incrementos incluyó a las principales empresa del sector. Molinos, por ejemplo, anunció un ajuste general del 7% a partir de este mismo lunes.
 
Los aumentos incluyen a cientos de sus productos, todos protagonistas de la mesa familiar. Molinos elabora desde fideos y aceites (distintas categorías y calidades) hasta harinas. También es muy fuerte en arroz y congelados.

18-06-2018 / 10:06
Con una pésima gestión del mercado cambiario y sin dólares suficiente en las reservas, el sendero para el tipo de cambio es ascendente. El gobierno de Mauricio Macri no puede frenar la corrida, simplemente porque no hay suficientes dólares disponibles para atender la demanda y se sometió a los dictados del FMI.
 
"Que baje el dólar, la puta que te parió". El cántico, unánime, partió de entre la multitud de argentinos que este fin de semana caminaron por las calles rusas, convocados por la fiebre mundialista para ver a Lionel Messi y equipo. Condenarlo como un insulto o reducirlo a una picardía sería subestimar el poder de la alerta, de esas palabras que dicen mucho más de lo que gritan.
 
Lo que hay, lo que se percibe, es un hartazgo que ni los miles de kilómetros que nos separan de Rusia, ni la euforia mundialista por el debut argentino han podido mitigar. El desastre económico, esta vez, hace mella en la Argentina, sin distinción de capas sociales, castigando ya no solo a los vulnerables de siempre, sino también a las clases medias y medias altas.
 
Precisamente, son estas las que ahora dirigen sus gritos al presidente Macri, clamando por algo más que un dólar estable. Piden lo que todavía no existe: un programa económico razonable y sustentable. Un esquema, algo que vaya más allá del simple cambio de ministros como se pueden cambiar los fusibles de un hogar.
 
Pero la paciencia de la clase media que votó a este Gobierno de los Ricos, por momentos mezquina o adormecida, tiene sus límites y por fin parece advertir que le ha llegado su hora, que el acuerdo neocolonial alcanzado con el FMI es, menos que un rescate, un salvavidas de plomo, no solo para el sector público, o los castigados salarios de los obreros o las jubilaciones de miseria, sino también un ajuste que la incluye.
 
El acuerdo neocolonial con el FMI definirá, para mal, el futuro de la Argentina, afectará a vastos sectores de la sociedad y sobre el que, no obstante, el Presidente no ha abierto la boca para dar una explicación de lo acordado. Hacerlo, implicaría exponer la crudeza de una realidad y unas metas brutales de ajuste, alejadas de las promesas que hizo a sus votantes.
 
Macri se cuida de evitar el sincericidio, pero quienes lo eligieron ya sienten la traición, con un malestar hondo, que viaja kilómetros. Él hace como si no los escuchara, se empecina en su rumbo sin plan y reduce todo a un juego de ajedrez, cambiando figuritas en el mismo álbum.
 
En el tema del dólar, el acuerdo neocolonial Macri-FMI es claro, planea absorber las presiones externas a través de un tipo de cambio flexible y ventas de divisas muy limitadas. O sea, dejar que se devalué la moneda todo lo que el mercado estime o especule, sin mencionar que no habrá botes salvavidas para todos.
 
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