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Nacionales - 26-09-2017 / 12:09
LAS VENTAS DE AGOSTO TAMBIÉN DARÁN MAL

El consumo es la mancha negra en los “brotes verdes” macristas

El consumo es la mancha negra en los “brotes verdes” macristas
Mediciones de consultoras privadas ya indican que, a pesar de los indicadores positivos en varias ramas de la actividad, aún no se registra una reacción en las góndolas. Los analistas debaten si la situación responde a la lenta recuperación del salario o si además hay un cambio de actitud.
El Gobierno de Macri sigue con una piedra en el zapato: en medio de la euforia por los "brotes verdes", por el supuesto repunte de la actividad económica y la imaginada mejora general de los indicadores, los números del consumo masivo siguen en terreno negativo.
 
A esta altura, ya empieza a ser tema de debate si las nuevas modalidades de compra de los argentinos responden, exclusivamente, a una reacción natural y temporal ante la caída del ingreso o si, más allá de eso, hay otras cuestiones de fondo y duraderas, vinculadas con un cambio de paradigma.
 
El mapa por sectores es bien claro a la hora de mostrar qué sucede en Argentina:
 
- De un lado, los "brotes verdes" -algunos ya crecidos- que se visualizan en varias ramas de actividad industrial (como la producción de vehículos) y en la construcción, gracias al empuje de la obra pública, las inversiones privadas y al boom de créditos hipotecarios.
 
- En la otra vereda, marcando un claro contraste, aparecen rubros más emparentados con el consumo de corto plazo -como el textil- que siguen de capa caída. Incluso si la comparación se efectúa con respecto a un año atrás, cuando parecía que ya habían tocado un piso en su caída.
 
Las ventas en supermercados tampoco han logrado recuperarse. De esto da cuenta el propio INDEC, a través de sus informes. Los resultados de julio -últimos relevados- fueron tan malos como los del mes anterior, con un retroceso de 2,1% en la facturación de las grandes superficies.
 
Las primeras señales indican que agosto no será mejor. Al menos, así lo advierten varias consultoras privadas que, en forma mensual, testean la evolución del consumo masivo. Algunas de esas compañías ya les han reportado a sus clientes un nuevo bajón en las ventas de agosto.
 
Esos informes -mantenidos en estricta reserva para evitar efectos negativos en medio de la campaña electoral- dan cuenta de que el descenso superó los dos puntos medido en cantidades, en relación con el mismo mes del año pasado.
 
A diferencia del instituto oficial, estas consultoras privadas no se limitan a analizar lo sucedido en las grandes cadenas de retail, sino que amplían la muestra a los almacenes de barrio, supermercados de cercanía y a los autoservicios de origen chino.
 
Los rubros que siguen mostrando los peores registros son:
 
- Bebidas sin alcohol
- Higiene
- Limpieza de ropa y hogar
- Alimentos congelados
 
En todos estos casos, el bajón supera el promedio y se ubica entre 4,4% y el 5,6%. En contraste, se observa cierta reacción en las ventas de alimentos. Sobre todo en los más básicos, como leche y aceites.
 
También, en galletitas, uno de los rubros "estrella" en los supermercados (la Argentina se encuentra entre los países latinoamericanos con mayor consumo por habitante). Por ahora, confirman las consultoras, al rubro que mejor le va es al que incluye "bebidas con alcohol": mejoró entre 3% y 4% en agosto.
 
 
La paradoja del IVA en alza
 
La caída en el consumo masivo llamó la atención de una gran mayoría de economistas. En particular, a los que destacaron la recuperación en la recaudación tributaria del IVA, indicador que suele ser interpretado como presunto síntoma de la mejora en los niveles de consumo.
 
La consultora LCG -fundada por el ex ministro Martín Lousteau- recordó que el mes pasado había crecido 12% en términos reales. No obstante, asoció este repunte al mayor dinamismo en las ventas de autos (+16%) y motos (+68%) de agosto.
 
Frente a estos datos, la posibilidad más plausible es que existe una franja de la población con chances de gastar más, frente a otra -socialmente postergada- que está consumiendo menos que el año pasado. Esto estaría evidenciando que la suba en la recaudación impositiva no necesariamente está asociada a una mejora sustancial en términos de volumen físico.
 
Sobre este punto, un informe de la Universidad Nacional de Avellaneda (Undav) resulta revelador: el poder adquisitivo sigue en declive, pese a la desaceleración inflacionaria. "Indagando en la paritarias de los 22 principales gremios (que explican aproximadamente un 90% del total de los trabajadores registrados), se encuentra un ajuste salarial promedio del 23,3% para año actual", indica el documento.
 
Agrega que como la inflación esperada punta a punta (enero a diciembre 2017) "puede trepar al 25%", entonces el poder adquisitivo tendría un retroceso por segundo año consecutivo.
 
Si bien esa estimación puede ser refutada por la realidad (no hay en la City ninguna consultora que avale esa expectativa inflacionaria), lo cierto es que la mejora salarial de los empleados en blanco está "pari passu" con la inflación. Además, si se tiene en cuenta que el resto de los asalariados habría tenido un ajuste remunerativo inferior, entonces puede asignársele altas chances a que la caída del consumo esté emparentada a esa cuestión.
 
En la misma línea, la flamante consultora Bacanal -comandada por la ex CCR, Patricia Sosa- indaga sobre la pérdida de poder de compra de los consumidores. En este caso, se entrevistó a unas 1.500 personas para que den cuenta sobre cómo cree que evolucionó su poder adquisitivo respecto al de hace un año:
 
- Un 64% percibe que es "bastante o mucho menor"
- Un 28% considera que sigue igual
- Apenas el 8% señaló que mejoró
 
¿Tendrá que ver esta percepción con la cautela del público a la hora de sacar la tarjeta o el efectivo para comprar?
 
Más allá de los números, entre los analistas se empieza a dar otro debate. El hecho de que:
 
- Se disparen las ventas financiadas de 0km, las de motos, que haya récord de créditos hipotecarios y de personas comprando dólares "colchón"
- Y, al mismo tiempo, que se contraiga la comercialización de ropa, de algunas líneas de alimentos y de rubros vinculados con el esparcimiento
 
Lleva a muchos analistas a pensar que se está ante la presencia de un "cambio de paradigma".  Algunos creen que se está comenzando a priorizar el largo plazo en detrimento del corto, tendencia que puede potenciarse con una economía en progreso y con la baja de la inflación.
 
En otras palabras, señalan que muchos argentinos ahora están pagando la cuota de un bien durable (vivienda, auto) y que ese pedacito del salario lo han resignado para darse algún "gustito".
 
Otros, en cambio, lo asocian a una cuestión emparentada con la mayor desigualdad social. Es decir, una parte de la sociedad viene mejorando su poder adquisitivo y otra va quedando rezagada y con menor capacidad de consumo. Por lo pronto, afirma que este "nuevo paradigma" obligaría a tomar a este 2017 como un "año base", que sirva para comparar la evolución de los próximos años.
 
 
El optimismo de la visión oficial
 
En el Gobierno son más benévolos con el análisis. Suponen que, en promedio, existe una mejora (pequeña, pero mejora al fin) en el poder de compra de los asalariados. Y creen que de esto da cuenta precisamente el anticipo de los indicadores sociales que miden en el Palacio de Hacienda para evaluar la situación económica.
 
La posición de los funcionarios es que ninguna consultora, por sofisticada que sean sus mediciones, termina de auscultar la realidad. Esto, ya sea porque no consideran el consumo en cadenas mayoristas o la magnitud de las compras de miles de argentinos por Internet.
 
Esa observación es válida, salvo por un par de cuestiones. Una, es que los mayoristas (aun con todo su crecimiento de los últimos tiempos) absorben tan sólo una pequeña porción del consumo masivo: 10% del total, según la consultora Kantar WorldPanel.
 
Lo mismo vale para las compras "online" por Mercado Libre. Y más aún si solamente se consideran las de alimentos, que es lo básico que venden las cadenas minoristas.
 
Lo que queda muy en claro es que para ver las mejoras habrá que seguir esperando. ¿Cuánto? Poco tiempo, supone la consultora LCG. "Las prestaciones de ANSES tuvieron un alza del 13% en septiembre, lo que implica una suba real del 4% interanual. Asimismo, la recuperación de la confianza (11%, según el índice Di Tella) podría también dar otro indicio de mejora del consumo", resaltan en la compañía.
 
Mientras tanto, los niveles de demanda siguen deprimidos. Sea porque los aumentos tarifarios les quitan poder de fuego a los salarios o porque -tal como creen en Hacienda- ahora hay un traslado desde el consumo al ahorro.
 
Lo cierto es que, a poco de expirar este 2017, lo único que queda es jugarse a un 2018 mejor. El desafío del Gobierno será entonces conjugar el objetivo de ajuste fiscal con la mejora de la actividad económica en general y del nivel de compras en particular.
 
Por Claudio Zlotnik
 
Fuente: iProfesional
 
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20-06-2018 / 10:06
La agenda oficial del presidente conservador Mauricio Macri marcaba que hoy a las 9 participaría en el Monumento a la Bandera del tradicional acto en conmemoración a Manuel Belgrano. Sin embargo, a último momento, el titular del PRO de Santa Fe, Federico Angelini, anunció que el mandatario no asistirá para evitar las protestas en su contra.
 
Angelini eligió decir que "se priorizó cuidar la paz". El discurso de Macri hubiera sido el primero tras los cambios en el equipo económico, que no frenaron la corrida ni la devaluación del peso frente al dólar. "Querían empañar el Día de la Bandera. No queremos darle margen a los violentos", fruteó el dirigente del PRO santafecino, al confirmar el faltazo del presidente, que debería haber compartido el acto con la intendenta Mónica Fein y el gobernador Miguel Lifschitz.
 
Luego la noticia fue confirmada por el ministro del Interior, Rogelio Frigerio: "Con motivo de haber recibido notificaciones de los responsables de la seguridad presidencial y del Gobierno de Santa Fe donde se indicaba que se debían reforzar las medidas de seguridad para evitar la posibilidad de que se generen disturbios en las calles de Rosario de organizaciones políticas, se suspenderá mañana la asistencia del Presidente".
 
Las protestas estaban organizadas por sectores que se movilizan y reclaman contra las medidas antipopulares que lleva adelante el gobierno de Macri. Además se preveía la movilización de organizaciones sociales y políticas. Solo dos muestras, entre muchas otras posibles, de rechazo al ajuste en curso que implementa el actual Poder Ejecutivo a favor del gran empresariado y en contra de los trabajadores.
 
El Gobierno de los Ricos viene atravesando tensos episodios, el último que se viralizó, fue la entrega de una banana al jefe de Gabinete, Marcos Peña, tras ser bautizado como "El Gorila del año", lo mismo pasó en el mundial de Rusia, en donde la hinchada argentina realizó cánticos con referencia al precio del dólar.
 
Por supuesto, para evitar este tipo de protestas o "escraches", en un ambiente "poco feliz" que se respira en las últimas semanas por los efectos de la política neoliberal: inflación, tarifazos, acuerdo neocolonial con el FMI, pérdida del poder adquisitivo, etc., el Gobierno de los CEOs decidió "por razones de seguridad", que Macri no viaje a Rosario.
 
La Opinión Popular

20-06-2018 / 09:06
Ni sostener una pyme o industria; ni financiarse con tarjeta de crédito; ni acceder a un crédito hipotecario. Nada de lo que implique producción, reactivación de la economía o sueños de futuro será posible en esta Argentina de Mauricio Macri condenada por sus gobernantes a ser un país de frontera.
 
Así lo ha vuelto a decretar el Gobierno de los CEOs, que ayer, para contener el dólar, convalidó el triunfo de la bicicleta financiera y volvió a hundir las fuerzas de cualquier sector productivo. Nada es más rentable que especular en el país de la alianza Cambiemos.
 
Ante las altas expectativas de devaluación, el nuevo titular del Banco Central, Luis Caputo, buscó en vano ganarle al mercado. Tratando de evitar que los bancos utilizaran los pesos provenientes del pago de vencimientos de Lebacs y se volcaran en manada a la compra de dólares, llevó la tasa de interés para el plazo más corto (27 días) del 40% al exorbitante 47%.
 
La decisión de Caputo de elevar la tasa de las Lebas de corto plazo -27 días- al 47% le generará a los tenedores de ese título una ganancia a julio de 7.106 millones de pesos. Sin embargo, apenas pudo renovar el 59,9% de los $514.779 millones que vencieron ayer. 
 
A la espera del préstamo del Fondo Monetario Internacional, que el Gobierno de Macri utilizará no para fomentar la producción, sino para contener la corrida cambiaria, la suba de tasas se complementará mañana con el incremento de los encajes bancarios, que implica inmovilizar unos $67.000 millones para evitar su traspaso a dólares. Además, se reduce del 10 al 5% la posición global neta en divisas, que funciona como un techo a la tenencia de dólares de bancos.
 
Pese a la batería de medidas, a los cambios de nombres, el rumbo de la economía y la desconfianza de los mercados en la Argentina no cambia: tal fue la demanda por el billete norteamericano ayer que cerró al alza, en $28,46. En el mercado de futuros, en tanto, se pactaron operaciones por US$595 millones, y para el cierre de diciembre, el plazo más largo negociado, el precio superó los $33. 
 
El cóctel es explosivo: las divisas genuinas no ingresan, los dólares se fugan y para contener la devaluación (con su consecuente efecto inflacionario) el Gobierno recurre a medidas recesivas que privilegian el dinero ocioso y desaniman la producción, verdadera fuente de riquezas en el país que tiene todo por hacer.
 
En tanto, el capital financiero sigue amasando grandes ganancias gracias a esta bicicleta financiera. Ahora necesita el Gobierno de los Ricos desarmar la bomba de las Lebac, que lo hará con nueva deuda, además de los fondos que recibirá del FMI. Un acuerdo neocolonial que viene con una profundización del ajuste para los trabajadores y demás sectores populares.
 
La Opinión Popular

19-06-2018 / 10:06
 Al filo de sus 60 años, el presidente Mauricio Macri parece la encarnación del extravío que el poder puede causar en algunos hombres.
 
Obnubilado quizá por expresiones de deseo sin asidero en la realidad, pensando más en el futuro electoral que en el pragmatismo de la coyuntura, ya no parece quedar en él nada de aquel joven con comprensión de los mercados, que desde muy chico se fogueó en el mundo empresarial y, junto a su padre, supo ser testigo del levantamiento del imperio Socma, que luego llegaría a gerenciar.
 
Herida la confianza de los mercados, pero también la de los ciudadanos que lo votaron, el Currículum Vitae del Presidente no alcanzó, siquiera, para que en sus más de dos años de Gobierno pudiera sacar al país del ostracismo de ser una economía de frontera y elevarlo a la categoría de emergente, en crecimiento, imán para los inversores del mundo.
 
De confirmarse lo que ya trascendió, tampoco lo logrará este año: mañana, Día de la Bandera, la Morgan Stanley Capital International (MSCI), sociedad encargada de tomar la decisión, anunciaría que la Argentina seguirá siendo un país de frontera.
 
La devaluación, la alta inflación, las tasas recesivas y el desplome de las acciones argentinas no son terreno fértil para la lluvia de inversiones ni el financiamiento externo.
 
Pudo el Presidente preparar el suelo para reactivar la producción, la generación de empleo y distribución de riquezas. Prefirió, en cambio, germinar la especulación y cuando los mercados no confiaron más, tuvo un rapto "brillante": acordar el salvataje de plomo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), que quita más de lo que da.
 
Porque, como se trasluce en la carta de intención enviada al organismo por el Gobierno argentino, los millones de dólares recibidos se utilizarán para asistir a la corrida cambiaria, mientras se buscará achicar el gasto con más miseria, mellando conquistas sociales como jubilaciones y salarios dignos y los pobres, como toda limosna, recibirán el equivalente a unos pocos gramos de pan por día.
 

18-06-2018 / 11:06
En algún momento tenía que empezar a pasar. Las devaluaciones no son gratuitas, sobre todo en la Argentina. El contagio a los precios suele ser rápido. Y es lo que ya ocurre.
 
Antes de que empezara el fin de semana, las principales cadenas de supermercados recibieron mails con nuevas listas de precios. Hay aumentos que, en su mayoría, van de 7% al 10% en los principales rubros. Aunque hay casos de incrementos de hasta 18%, como sucede con los importados.
 
Las fábricas y comercializadoras de alimentos y productos de limpieza justificaron las remarcaciones por la suba del dólar. Pero estos ajustes no responden a la escalada de la última semana. Estos incrementos toman en cuenta parte de la corrida del mes pasado.
 
Durante mayo, el tipo de cambio pasó de $20,80 a $25,40. Esa suba -del 22% en un solo mes- no había tenido su traspaso pleno a los demás precios de la economía.
 
El propio Federico Sturzenegger lo había contemplado, cuando en una de sus últimas apariciones públicas como jefe del Banco Central, manifestó que la inflación de mayo sería "bastante menor" a la de abril. Pero que esperaba un rebrote para junio.
 
En efecto, el Indec acaba de publicar un índice de "apenas" 2,1% para mayo. Y aunque los alimentos registraron un avance superior -de 3,3%-, ese registro tuvo que ver más que nada con la propia dinámica inflacionaria y no tanto con la primera ola devaluatoria.
 
La realidad es que la fuerza del contagio a los precios apareció ahora. La intransigencia de los fabricantes e importadores provocó, incluso, que alguno de los grandes supermercados devolviera la mercadería en medio de la entrega, argumentando que no podían convalidar semejantes aumentos.
 
En concreto, la ola de incrementos incluyó a las principales empresa del sector. Molinos, por ejemplo, anunció un ajuste general del 7% a partir de este mismo lunes.
 
Los aumentos incluyen a cientos de sus productos, todos protagonistas de la mesa familiar. Molinos elabora desde fideos y aceites (distintas categorías y calidades) hasta harinas. También es muy fuerte en arroz y congelados.

18-06-2018 / 10:06
Con una pésima gestión del mercado cambiario y sin dólares suficiente en las reservas, el sendero para el tipo de cambio es ascendente. El gobierno de Mauricio Macri no puede frenar la corrida, simplemente porque no hay suficientes dólares disponibles para atender la demanda y se sometió a los dictados del FMI.
 
"Que baje el dólar, la puta que te parió". El cántico, unánime, partió de entre la multitud de argentinos que este fin de semana caminaron por las calles rusas, convocados por la fiebre mundialista para ver a Lionel Messi y equipo. Condenarlo como un insulto o reducirlo a una picardía sería subestimar el poder de la alerta, de esas palabras que dicen mucho más de lo que gritan.
 
Lo que hay, lo que se percibe, es un hartazgo que ni los miles de kilómetros que nos separan de Rusia, ni la euforia mundialista por el debut argentino han podido mitigar. El desastre económico, esta vez, hace mella en la Argentina, sin distinción de capas sociales, castigando ya no solo a los vulnerables de siempre, sino también a las clases medias y medias altas.
 
Precisamente, son estas las que ahora dirigen sus gritos al presidente Macri, clamando por algo más que un dólar estable. Piden lo que todavía no existe: un programa económico razonable y sustentable. Un esquema, algo que vaya más allá del simple cambio de ministros como se pueden cambiar los fusibles de un hogar.
 
Pero la paciencia de la clase media que votó a este Gobierno de los Ricos, por momentos mezquina o adormecida, tiene sus límites y por fin parece advertir que le ha llegado su hora, que el acuerdo neocolonial alcanzado con el FMI es, menos que un rescate, un salvavidas de plomo, no solo para el sector público, o los castigados salarios de los obreros o las jubilaciones de miseria, sino también un ajuste que la incluye.
 
El acuerdo neocolonial con el FMI definirá, para mal, el futuro de la Argentina, afectará a vastos sectores de la sociedad y sobre el que, no obstante, el Presidente no ha abierto la boca para dar una explicación de lo acordado. Hacerlo, implicaría exponer la crudeza de una realidad y unas metas brutales de ajuste, alejadas de las promesas que hizo a sus votantes.
 
Macri se cuida de evitar el sincericidio, pero quienes lo eligieron ya sienten la traición, con un malestar hondo, que viaja kilómetros. Él hace como si no los escuchara, se empecina en su rumbo sin plan y reduce todo a un juego de ajedrez, cambiando figuritas en el mismo álbum.
 
En el tema del dólar, el acuerdo neocolonial Macri-FMI es claro, planea absorber las presiones externas a través de un tipo de cambio flexible y ventas de divisas muy limitadas. O sea, dejar que se devalué la moneda todo lo que el mercado estime o especule, sin mencionar que no habrá botes salvavidas para todos.
 
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