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Sociedad e Interés General - 22-09-2017 / 18:09
EFEMÉRIDES POPULARES. EL 23 DE SEPTIEMBRE DE 1850, MUERE JOSÉ GERVASIO ARTIGAS EN EL PARAGUAY

Artigas, el montonero de la Revolución de Mayo, fundador del Federalismo y primer Gran Caudillo Argentino

Artigas, el montonero de la Revolución de Mayo, fundador del Federalismo y primer Gran Caudillo Argentino
Artigas, el montonero de la Revolución de Mayo, luchó contra el Imperio Español y el Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarbe y contra los unitarios instalados en Buenos Aires y Montevideo.
Perteneciente a la generación revolucionaria independentista de José de San Martín y Simón Bolívar, el caudillo montonero oriental José Gervasio Artigas es el fundador del federalismo en la Argentina.
 
El gobierno porteño abandonó el destino de la provincia oriental a las tropas portuguesas que luchaban contra Artigas, quien, al frente del gauchaje de las campañas había combatido la dominación española, y se enfrentaba simultáneamente, a dos fuerzas: el centralismo bonaerense que lo obligó a levantar la bandera del federalismo para defender su patria grande y las tropas lusitanas que pretendían anexar la Banda Oriental al Brasil para controlar el Río de la Plata y el Paraná.
 
Organizó las Fuerzas Libertadoras en la Banda Oriental y la "Liga de los pueblos libres" contra el centralismo unitario porteño, que subordinaba el naciente país a la política de Buenos Aires y Gran Bretaña. La singularidad de Artigas reside en que fue el único americano que libró en el Río de la Plata una lucha incesante y simultanea contra el Imperio británico, contra el Imperio español, contra el Imperio portugués y contra la oligarquía de Buenos Aires.
 
Artigas se erigió en caudillo de la defensa nacional en el Río de la Plata y al mismo tiempo en arquitecto de la unidad federal de las provincias del Sur. Defendió la frontera exterior, mientras luchaba para impedir la creación de fronteras interiores. Fue, en tal carácter, uno de los primeros caudillos latinoamericano y, sin duda, el más grande caudillo argentino.

Los argentinos hemos pagado tributo a la falsificación de la historia y a la falsía de nuestro origen; y hemos amputado al gran caudillo latinoamericano Artigas, para confinarlo a la Banda Oriental. Y desde hace un siglo, su estatua evoca a un prócer del Uruguay.

Por eso, hoy queremos rescatar su figura y una línea histórica que se inicia en el Federalismo que él fundó, continua con el Irigoyenismo y culmina en el Peronismo, que integra a los mejores hombres e ideas del viejo movimiento en el nuevo y que trasmite las tradiciones nacionalistas, populares y democráticas, originadas en las antiguas raíces de la Patria.
 
Escribe: Blas García

Felipe Vallese, el primer detenido-desaparecido, fue un mártir de la JP
Blas García

La Historia Oficial 

Este artículo no pretende ser un análisis histórico. No somos historiadores sino simplemente intérpretes políticos de la historia. Pero sabemos que la historia oficial, la que nos enseñaron por décadas en la escuela es, como la definió y calificó Ernesto Palacio: "La Historia Falsificada". Escrita por los vencedores de Caseros, es una historia liberal, porteñista, extranjerizante, elitista y antiprovinciana. 
 

Esta "historia" es una permanente descalificación a las luchas populares y los lideres que la encarnaban. Es también un sistemático ocultamiento de las verdades históricas fundado en un sistema de valores liberales usado para edificar, sobre la impostura histórica, el orden neocolonial de la oligarquía. 

 
Para comprender al Peronismo

El conocimiento histórico permite esclarecer el significado del Peronismo. Nuestro movimiento es un fenómeno que irrumpe en la historia argentina pero no como una ruptura total con el pasado. A pesar de sus particularidades, el Peronismo es la continuidad de experiencias colectivas y solo se puede comprender cuando lo enraizamos con ellas.

Y esto es así porque el "pasado está presente", es decir, toda política actúa sobre un marco histórico conformado por las instituciones y los valores desarrollados a lo largo de los años y décadas.

Para comprender al Peronismo es necesario también rastrear sus orígenes. Si bien Juan Perón construyó un movimiento que irrumpió en la escena política contra ciertas estructuras económicas y sociales, en esta tarea continúa la lucha ya emprendida por otros movimientos en otras etapas históricas. 

En esa continuidad el peronismo se identifica con aquellas corrientes que fueron un intento de realización de lo nacional, que pusieron por encima de todo el papel del pueblo y de los líderes populares. Conocer esto nos permite establecer lazos de continuidad y convertir al peronismo en la encarnación de una tradición histórica.

Entender el porqué del peronismo requiere saber que la historia política argentina esta signada por una continua lucha, a veces encubierta y a veces violentamente manifiesta entre fuerzas políticas, económicas y sociales en pugna permanente. 

En este contexto se explica el origen y la continuidad histórica del peronismo, entendido como el mayor grado de conciencia del pueblo argentino y el punto más alto de la ofensiva popular contra la oligarquía y el imperialismo.

 
Las dos argentinas

El enfrentamiento se inició en 1810; su continuidad a lo largo de casi 200 años a pesar de las profundas transformaciones económicas, sociales y políticas acaecidas en el país solo puede explicarse por la esencia misma de esta lucha ya casi bicentenaria: Dos proyectos de país totalmente antagónicos. 

Desde 1810, luchan dos argentinas que no pueden entenderse, que necesariamente son antagónicas, que chocaron desde los comienzos de nuestra historia. Dos concepciones que tendían a excluirse. 

Para unos, la argentinidad nació consubstanciada con el régimen liberal y su objetivo consistía en abrirse, económica y culturalmente, a la llamada "civilización europea", al enciclopedismo francés y al libre cambio inglés. 

Pero, para otros argentinos, la Patria era algo real y vivo, que estaba en los hombres y las cosas de la tierra. Era una nacionalidad con sus modalidades propias, su manera de sentir y de pensar que le daban individualidad, y que justamente había que preservar de la penetración foránea. 

Unos y otros dieron origen a las dos corrientes políticas que, prolongadas a través de distintos nombres: provincianos y porteños, federales y unitarios, yrigoyenistas y conservadores, peronistas y antiperonistas, han llegado hasta nuestros días. Es aquí, en donde el peronismo encuentra sus raíces, sus causas y su destino histórico.
 

Las líneas políticas de la Revolución de Mayo

En nuestra patria existieron dos corrientes que chocaban desde los días de la Revolución de Mayo: la del puerto de Buenos Aires, cosmopolita, librecambista, vehículo de ideas e intereses que convenían a Europa y trataba de imponer al resto del país; y otra, nacional y popular, que pensaba al país en términos de una nación y como parte de la unidad latinoamericana.

Desde la Independencia, los intereses foráneos tenían su aliado natural en la burguesía comercial de Buenos Aires, dispuesta a enriquecerse como intermediaria de un comercio sin restricciones con Europa. Su primera víctima fue Mariano Moreno, cuya visión americanista chocó con el centralismo unitario que subordinaba el país a la política bonaerense.

Este sector, si bien no se impuso en términos absolutos, consiguió su objetivo primario: frenar la impronta revolucionaria y transformadora de la gesta de Mayo y circunscribir los efectos de la misma a los intereses concretos de la burguesía porteña. 

Su objetivo era entrar en la órbita de influencia política y económica de Inglaterra, hecho que respondía solo a las necesidades de la clase de los comerciantes porteños, que lucraban con las exportaciones agro-ganaderas y con las importaciones de manufactura inglesa.

Esta dirección política hacía que los grupos con intención independentista del interior del país no se vinculasen a la "Revolución del puerto porteño", por cuanto su política perjudicaba a los productos provinciales que no podían competir con la industria inglesa.


Artigas, el montonero de la Revolución de Mayo

Desde 1810, los intereses foráneos que apostaban al divisionismo tenían su aliado natural en la burguesía comercial de Buenos Aires, dispuesta a enriquecerse como intermediaria de un comercio sin restricciones con Europa, y con el beneficio de las rentas de la Aduana de Buenos Aires. 

Contra el centralismo unitario que subordinaba el país a la política porteña, se levantó el montonero oriental José Gervasio Artigas, que debe ser considerado como el primer gran caudillo argentino, y su lucha por la independencia contra el avance portugués en el Río de la Plata es paralela a la llevada a cabo por San Martín contra los españoles.
Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes, Misiones y Córdoba se unen a los orientales, formando la Liga de los Pueblos Libres. Como Protector de la Liga, Artigas luchó, junto con los jefes litoraleños, contra el centralismo porteño del Directorio. 

Artigas concebía una nación federal, una federación de provincias, dentro de la cual la Banda Oriental estaría incluida, en pie de igualdad con respecto a Buenos Aires, pero con una inequívoca finalidad: el surgimiento de una nueva y poderosa nación que respetase las economías y autonomías regionales. En materia económica luchó contra el imperialismo inglés con los medios que tuvo a su alcance, por eso fue odiado por el sector mercantil pro-británico.

Las clases altas porteña temía que la influencia del caudillo oriental y su enorme popularidad se extendieran al resto de las provincias. Veía en la acción de Artigas un peligroso ejemplo que propugnaba un cambio social.

El reparto de tierras y ganado entre los sectores desposeídos concretado por Artigas en la Banda Oriental, bien podía trasladarse a la otra margen del plata y poner en juego la base de su poder económico.

Diferenciándose del liberalismo económico desenfrenado, Artigas promulgó el 9 de septiembre de 1815 un Reglamento de Comercio que establecía: "Que todos los impuestos que se impongan a las introducciones extranjeras, serán iguales en todas las Provincias Unidas, debiendo ser recargadas todas aquellas que perjudiquen nuestras artes o fábricas, a fin de dar fomento a la industria de nuestro territorio".
 
 
El Padre de los pobres
 
A fines de 1819, Artigas estaba entre dos fuegos; por un lado los directoriales porteños y por el otro los portugueses. Artigas ataca el campamento portugués y es derrotado, en Tacuarembó primero y luego por Ramírez en Las Huachas. Debió marchar hacia el exilio en el Paraguay.
 
Allí vivió humildemente, bajo la protección de los sucesivos gobernantes paraguayos, Gaspar Rodríguez de Francia y Carlos Antonio López. Habitó en una modesta chacra donde vivió en el ostracismo por 30 años. Murió el 23 de septiembre de 1850, rodeado de indios y campesinos que lo llamaban en guaraní Caraí Marangatú, ni más ni menos que el Padre de los pobres.
 

Unitarismo de la burguesía mercantil porteña

Contra los disparates monárquicos de los grupos unitarios fue que los gauchos federales de Pancho Ramírez y Estanislao López impusieron el principio republicano en el año 1820; fue contra la Constitución aristocratizante de Rivadavia que se alzaron seis años después los caudillos de las provincias.

El liberalismo unitario fue el que concedió a Inglaterra la franquicia para que sus barcos navegasen nuestros ríos, ¿A cambio de qué?, a cambio del derecho de que los barcos que no teníamos navegasen por el río Támesis en Inglaterra; el mismo unitarismo que dio toda la tierra pública como garantía al contraer el empréstito con Baring Brother's; el que entregó las minas de Famatina a un consorcio europeo del cual Rivadavia estaba a sueldo; el que creó el Banco de Descuentos, dando el control a los comerciantes ingleses, etc.

Este sector buscó siempre imponer un gobierno al resto del país para convalidar una política que arruinaba a las provincias mediterráneas con la apertura de la economía nacional a las importaciones, con el libre cambio, y perjudicaba a las provincias litorales con el embotellamiento del comercio por el puerto de Buenos Aires.


Buenos Aires crece a costa del país

La Revolución de Mayo trasladó el centro económico del interior a Buenos Aires, que ya se venía perfilando con la creación del Virreinato del Río de la Plata en 1776 y con el Reglamento de Comercio Libre de 1778. Situación que se ve confirmada en 1809 con la apertura del puerto de Buenos Aires a los ingleses, a instancias de éstos y de los grupos comerciales, y que no será alterada fundamentalmente por la Primera Junta. 

Buenos Aires, con escasa población y una economía más atrasada que el interior, tenía exigua capacidad importadora, pues a su vez tenía reducida capacidad de exportación. Pero la demanda por parte de Gran Bretaña de productos agropecuarios correspondientes a zonas de clima templado, que aumenta con la pérdida de su colonia norteamericana, hace que coincida su interés económico con el de los comerciantes y ganaderos bonaerenses. 

La ciudad puerto debía aumentar su capacidad de exportación, apropiándose de tierras que se encontraban en manos de los indios, incrementando la disponibilidad de las mismas para la formación de unidades económicas de producción. Eso contribuyó a formar un poderoso sector comercial instalado en el puerto de Buenos Aires, encargado del intercambio de la producción bonaerense con la extranjera. 

Pero paradójicamente se importaba del extranjero lo que nuestro interior producía, compitiendo las mercaderías industrializadas inglesas con la producción regional, que en ese momento era autosuficiente.

El control de la aduana de Buenos Aires por la burguesía mercantil porteña, hizo que las provincias fueran obligadamente tributarias de la aduana, y que ésta beneficiase solamente a los sectores mercantil y ganadero bonaerense y producían la ruina de la industria artesanal del interior del país, que no se veía beneficiada, sino combatida. 

Eso explica el levantamiento de los caudillos contra Buenos Aires, que había monopolizado la Revolución de Mayo y habían convertido una revolución en un modelo económico a medidas de sus intereses en desmedro de la mayoria. Desde el interior se inicio la lucha contra el poder porteño, la lucha por organizar el país respetando las realidades regionales, económicas e institucionales, por la participación del interior en los beneficios de la aduana y con la necesaria protección de las industrias internas, de las cuales vivían las poblaciones provincianas.


Luchas entre federales y unitarios

En el Río de la Plata se enfrentaron por el poder dos partidos: el de la minoría vernácula aliada al capitalismo europeo y el de la gran mayoría de criollos y gauchos apegados a la tierra. El partido unitario era liberal y se organizó en base a la hegemonía de Inglaterra y Francia como metrópolis extranjeras; el Partido federal era nacionalista y se organizó en base al liderazgo de caudillos provinciales que, por orgullo nacional y por conciencia patriótica, resistieron la penetración foránea. 

Existía entre ambos partidos una diferencia de clase y de ideología que era lo esencial. En el Partido Unitario se agrupaban las minorías anti-nacionales vinculadas al capitalismo extranjero; en el Partido Federal se encuadraban las mayorías nacionales que impulsaban un proyecto de país independiente, soberano y desarrollado.

Los diez años (1810-1820) de la lucha heroica de Artigas contra españoles, portugueses y porteños permitieron fundar el federalismo en el Río de la Plata. Continuador de la política de Artigas, el Partido Federal se estructuró a través de cuatro caudillos que constituyeron sus más sólidas columnas: Juan Manuel de Rosas, Facundo Quiroga, Pancho Ramírez y Estanislao López.
 
Escribe: Blas García

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18-09-2018 / 18:09
18-09-2018 / 18:09
18-09-2018 / 18:09
El día 19 de septiembre de 1945 se realiza la Marcha de la Constitución y la Libertad, en donde la oposición juega todas sus armas contra la candidatura de Juan Perón, bajo los auspicios de la Embajada yanqui y las estrofas de la Marsellesa. Amplios sectores de clase media confluyen con la clase alta y la oligarquía, concentrándose frente al Congreso.
 
El Daily Mail, de Londres, sostiene: "Fue una demostración política, pero ni Bond Street podía haber hecho una exhibición tal de modelos y ni aún Mr. Cochran, el conocido empresario teatral, lograría reunir tantas mujeres bonitas para exhibirlas en una mezcla semejante de pasión política y de alegría".
 
El historiador Norberto Galasso relata que a la cabeza de la manifestación marchan la derecha y la izquierda del viejo país: "Don Joaquín de Anchorena y Antonio Santamarina contestaban a los aplausos con elegantes galerazos, Rodolfo Ghioldi, Pedro Chiaranti y Ernesto Giudici (todos del PC), con el puño en alto, Alfredo Palacios (PS) con amplios ademanes que no desacomodaban su chambergo".
 
También integran las primeras filas: Manuel Ordoñez, Carlos Saavedra Lamas, Jorge Walter Perkins, Eustaquio Méndez Delfino, Rodolfo Aráoz Alfaro y otros oligarcas, sumándose, en las cercanías de Plaza Francia, un personaje conocido: el embajador yanqui Spruille Braden.
 
Días después, al partir, Braden declara que no solo ha estado en la parte final de la marcha sino que el personal de la embajada fue dispuesto estratégicamente a lo largo del itinerario. The New York Times sostiene: "250.000 personas se congregaron a favor de la libertad. Multitud record gritó ¡Muera Perón!"
 
El historiador Rodolfo Puiggros afirma que esa marcha constituyó la antesala del golpe: "El plan maquinado por Braden con los 'demócratas' se dividía en tres etapas: primero, un acto en el Luna Park convocado por el Partido Comunista (31/8/45), segundo, la marcha de la Constitución y la Libertad (19/9/45) y tercero, el golpe militar".
 
En la noche de 19, Braden informa, con sumo alborozo: "La concurrencia a la manifestación se ha estimado en doscientas a trescientas mil personas (algunos, creen medio millón) y ha tenido una representatividad genuina, evidenciada por la forma en que se hallaban entremezcladas las clases sociales y los grupos políticos. Tuvo buena organización y autodisciplina... Las dimensiones y naturaleza de la manifestación resultan notables".
 
La embajada norteamericana en La Paz informa, a su vez, que "anoche debió realizarse en Salta una reunión de la que participarían miembros del Ejército que se están poniendo contra Perón. El movimiento está destinado a derrocar al actual régimen, indefectiblemente el 26 de octubre próximo".
 
El día 22, Braden abandona la Argentina, con rumbo a Estados Unidos. El día anterior a su partida -sostiene el agregado cultural de la embajada, Mr. Griffith"Braden sostuvo una conversación con José Peter, el jefe de la organización gremial de los comunistas en los frigoríficos, para discutir la situación obrera".
 
Por Blas García 

17-09-2018 / 22:09
Sin memoria ni justicia, hoy se cumplen 12 años de la segunda desaparición de Julio López, el testigo clave que aportó datos indispensables para que avance el juicio contra Miguel Etchecolatz -que fue el responsable de su primera desaparición-, militares y policías involucrados con la última dictadura cívico-militar.
 
El albañil, que ya había estado desaparecido tres años (1976-1979) durante la dictadura militar genocida, cuando era cruelmente común y cotidiano que los milicos se llevaran a cualquier persona que militara o estuviera ligada a un militante, se había transformado en una figura mediática que le comenzó a hacer ruido a muchos, por aquellos días de 2006.
 
Testigo fundamental del juicio contra el siniestro Etchecolatz, el albañil López no pudo presenciar la condena contra el represor, porque ese mismo día lo desaparecieron, 30 años después de su primer secuestro, como en el peor momento de la dictadura, pero en democracia.
 
En aquel momento, y luego de su desaparición, todos salieron a apuntar a los sectores ligados con el represor Etchecolatz, pero desde la Policía nunca explicaron nada.
 
Una parte de la sociedad está atenta a la falta de López, pero otros parecen no querer verla. Hay un mandato del poder hacia determinados sectores de derechos humanos de no hablar de Julio López. Diez años de dolor, de desazón, desconcierto y muchos interrogantes.
 
Un 18 de septiembre, dejó su casa y su familia López, un desaparecido político en democracia. Hoy volvemos a exigir que impulse una investigación en serio sobre el destino de Jorge Julio López, testigo clave en los juicios por los crímenes de la dictadura militar.
 
De la redacción de La Opinión Popular

17-09-2018 / 08:09
El 17 de septiembre de 1861 tuvo lugar la batalla de Pavón entre las fuerzas porteñas, comandadas por el general Bartolomé Mitre, y las tropas federales de la Confederación Argentina, al mando del general Justo José de Urquiza.
 
Cuando estaba ganando la batalla, Urquiza retira sus tropas, aun teniendo superioridad numérica. La victoria fue para los porteños, que extenderían así su dominio unitario a todo el país. Y Urquiza  se convierte en el jefe traidor del Partido Federal, lo que luego le costaría la vida.
 
La batalla de Pavón suscitó polémicas que aún perduran, pero al margen de las interpretaciones sobre los entretelones de la batalla, lo cierto es que el resultado de este combate abre el camino para que los liberales porteños permitan la penetración del neocolonialismo británico en nuestra Patria.
 
Esta relación consistía en la coincidencia de los sectores ganaderos y comerciales porteños con los importadores de productos industriales ingleses, que trabajaban mancomunados con los inversores británicos. Argentina pasó a ser la granja y Gran Bretaña, la fábrica. Dejamos de ser una Patria libre y pasamos a ser un país semicolonial y dependiente.
 
En las guerras civiles argentinas del siglo XIX se definió la identidad de nuestra Patria y su lugar en el mundo. Caseros, Pavón, Cepeda y la guerra de genocidio que el mitrismo llevó al Paraguay, consolidaron el triunfo de quienes se identificaban con la "civilización", de acuerdo a la definición de Sarmiento, en perjuicio de quienes representarían a la "barbarie", el interior federal.
 
A continuación, transcribimos un artículo del maestro José María Rosa sobre esta batalla, sus interpretaciones y consecuencias.
 
Por Blas García

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