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Sociedad e Interés General - 16-08-2017 / 21:08
EFEMÉRIDES POPULARES. EL 17 DE AGOSTO DE 1850 MUERE UN SOLDADO ARGENTINO Y UN HÉROE AMERICANO

José de San Martín y el sentido de la Patria como Proyecto de Liberación

José de San Martín y el sentido de la Patria como Proyecto de Liberación
Los duros años de formación en los ejércitos europeos, bajo la inspiración de los más destacados estrategas y políticos de la época, con el influjo de las ideas de libertad e igualdad diseminadas por la Revolución Francesa y difundidas por las sociedades secretas, permitieron a José de San Martín adquirir competencias de liderazgo para ser el promotor de la independencia nacional. En 1816 era el patriota más preclaro, tanto desde el punto de vista político como militar, en el Río de la Plata, y conducía los sucesos en función de su estrategia para vencer al colonialismo español en toda América.

El 17 de agosto de 1850, en Boulogne-sur-Mer (Francia), moría José Francisco de San Martín, un revolucionario americano, que fue un convencido impulsor de la liberación de la Patria Grande. Sus campañas militares fueron un aporte importante a la insurrección contra la colonización hispánica y decisivas para conseguir la Independencia Americana.

En 1816, año en que se concretó nuestra Independencia Nacional, San Martín era el patriota más esclarecido, desde el punto de vista político tanto como del militar, en el Río de la Plata, y conducía los sucesos en función de su estrategia para vencer al colonialismo español en toda América. 
 
En su proyecto para declarar la Independencia, San Martín se impuso militarmente a los españoles y políticamente a aquellos sectores vinculados a la elite de Buenos Aires que ya estaban negociando, tanto con España como con Inglaterra, una nueva dependencia para la Argentina. Esto no se lo perdonaron nunca los unitarios porteños y el Libertador se tiene que ir de nuestra Patria en 1824, perseguido por Rivadavia, y amenazado de muerte.

Desde su Cuartel General de Mendoza, el 4 de septiembre de 1816, nos dejaba una enseñanza siempre vigente: "La Patria no hace al soldado para que la deshonre con sus crímenes, ni le da armas para que cometa la bajeza de abusar de estas ventajas ofendiendo a los ciudadanos con cuyos sacrificios se sostiene. La tropa debe ser tanto más virtuosa y honesta, cuanto es creada para conservar el orden, afianzar el poder de las leyes y dar fuerza al gobierno para ejecutarlas y hacerse respetar de los malvados que serían más insolentes con el mal ejemplo de los criminales. La Patria no es abrigadora de crímenes". 

Hoy como ayer, la alternativa histórica es entre independencia económica o subdesarrollo y miseria, lo que implica optar entre un país dependiente o luchar por una nación justa, libre y soberana. Por eso, nuestra historia es la conjunción de triunfos y derrotas, de avances y de retrocesos en el camino hacia la liberación nacional. Y por eso, nuestra tradición política es hija de la lucha por la emancipación nacional, que se origina en las más antiguas raíces de la Patria.
 
José de San Martín, el ejemplo más claro a seguir, nos señaló: "Seamos Libres, lo demás no importa nada. Juremos no dejar las armas de la mano, hasta ver el país enteramente libre, o morir con ellas, como hombres de coraje". 

Escribe: Blas García

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Blas García 

La lucha por la emancipación nacional
 
La historia de nuestra Patria está caracterizada por la lucha constante del pueblo para conformar una Argentina independiente de ataduras e imposiciones externas.
 
Siguiendo su destino, a los siete años José Francisco de San Martín viaja a España y con el tiempo se une al ejército español que combatía la dominación napoleónica de la Península, participando en las batallas de Bailén y La Albuera.   
 
Las noticias de los movimientos de independencia americanos le llevaron a abandonar su carrera militar en España y a embarcarse en 1812, tras una escala en Londres, hacia Buenos Aires. Fue allí donde concibió su plan de liberación nacional y continental.
 
En Buenos Aires se le encomendó la creación del Regimiento de Granaderos a Caballo, que resistió un ataque realista durante el Combate de San Lorenzo. Luego reforzó el Ejército del Norte.
 
 
Las líneas políticas de nuestra revolución
 
Desde el 25 de mayo de 1810, luchaban dos argentinas que no podían entenderse, que necesariamente eran antagónicas, que chocaron desde los comienzos de nuestra historia.
 
Y como no hay nación sin organización política que la sustente, unos y otros dieron origen a las dos corrientes políticas que, prolongadas a través de distintos nombres: provincianos y porteños, federales y unitarios, yrigoyenistas y conservadores, peronistas y antiperonistas, han llegado hasta nuestros días.
 
Para un sector que participó en la Revolución de Mayo de 1810 esta significaba la salida de la órbita española para entrar en la órbita inglesa. Ello implicaba reconocer la apertura de la economía y  el libre comercio inaugurado por los ingleses en 1806-7, durante las invasiones, en contra del monopolio español.
 
Para ellos, la argentinidad nació consubstanciada con el régimen liberal y su objetivo consistía en abrirse, económica y culturalmente, a la llamada "civilización europea", al enciclopedismo francés y al libre cambio inglés.
 
Esto beneficiaba a la clase de los comerciantes porteños, que lucraban con las exportaciones agro-ganaderas y con las importaciones de manufacturas inglesas, lo que hacía que los grupos con intención independentista del interior del país no se vinculasen a ellos, por cuanto su política perjudicaba a las producciones provinciales que no podían competir con la industria inglesa.
 
 
José de San Martín, el Libertador
 
El primer choque político importante en la Revolución de Mayo se produjo con el ingreso de los Diputados del interior a la Primera Junta. Moreno sostuvo que no convenía que ingresaran los diputados del interior, porque si no la Revolución iba a perder su eficacia por falta de ejecutividad del gobierno. Saavedra, en cambio, quería que los diputados del interior se incorporasen a la Primer Junta,  para transformar la Revolución porteña en Revolución nacional.
 
Un acontecimiento de suma importancia en el proceso revolucionario, fue la llegada de San Martín, Carlos María de Alvear y un grupo de oficiales españoles de origen americano, que habían luchado, en España, contra Napoleón. Tenían una gran preparación militar y estaban al tanto de los adelantos estratégicos y las tácticas más modernas.
 
En la América española eran escasos los militares de carrera, y aún en la Revolución Norteamericana no tuvo la presencia de un grupo tan preparado militarmente como el recién llegado al Río de la Plata.
 
Eran tiempos revolucionarios y estos oficiales organizaron la Logia Lautaro, logia republicana, que cumplía las funciones de un aparato político, cuya finalidad era conseguir la independencia y llevar fuera de las fronteras la revolución producida en el Río de la Plata.
 
Las actividades del gobierno porteño encabezado por el nefasto Bernardino Rivadavia produjeron reacciones en los sectores políticos con vocación independentista. Todos unificaron sus esfuerzos para derrocar al nuevo despotismo que quería restaurar la monarquía en el Río de la Plata. San Martín con las fuerzas militares, participando políticamente, exige la renuncia del triunvirato rivadaviano.
 
Mientras San Martín representaba en América del Sur las tendencias del liberalismo revolucionario y popular de que estaban imbuidas las Juntas Populares de la revolución española y que ganaron la conciencia de los patriotas, el partido de los unitarios rivadavianos, encarnaba, en el puerto de Buenos Aires, el estilo y los métodos del absolutismo ilustrado español, anacrónico ya en España.
 
 
Perspectiva independentista americana
 
En el año de 1816, San Martín era el patriota más esclarecido política y militarmente en el Río de la Plata, conduciendo la marcha de los acontecimientos en función de su estrategia para derrotar al colonialismo español en América.
 
Su primer paso fue garantizar la Independencia en el Río de la Plata, y así lo hizo. Si bien no participó personalmente en el "Congreso de Tucumán" de 1816, en el cual se proclamó la Independencia, fue el principal responsable político de este hecho.
 
Quienes intervinieron en dicho Congreso se hallaban divididos en cuanto a la conveniencia de declarar la Independencia, y fueron justamente los hombres enviados por el Libertador quienes impusieron la decisión de romper el vínculo con España.
 
El Congreso se pudo llevar a cabo en el marco de una mínima seguridad en las provincias, provista por la victoria de San Martín en la batalla de San Lorenzo y por la presencia de las tropas del Norte y de Cuyo reorganizadas por él.
 
Para lograr la Declaración de Independencia, San Martín se impuso militarmente a los españoles y políticamente a aquellos sectores vinculados a la elite de Buenos Aires que ya estaban negociando, tanto con España como con Inglaterra, la nueva dependencia argentina.
 
Desde la ciudad de Mendoza inició su plan para la liberación definitiva de Sudamérica: tras crear al Ejército de los Andes cruzó con el mismo la cordillera de los Andes y liberó Chile, en las batallas de Maipú y Chacabuco.
 
Tomando bajo su control los barcos chilenos, atacó la ciudad de Lima, centro del poder español en Sudamérica, y declaró su independencia en 1821.
 
Desacatándose del gobierno porteño y desobedeciendo las órdenes de utilizar las fuerzas militares para reprimir a los caudillos federales, San Martín pudo realizar la Campaña de Chile y Perú y lograr la definitiva independencia del sur del continente. 
 
En 1820, los unitarios porteños emplazaron a San Martín y su Ejército de los Andes para aniquilar a los caudillos federales y sojuzgar las provincias del interior, sin reparar en que, si el Libertador hubiera obedecido, la campaña independista habría quedado trunca y la frontera oeste desguarnecida para el paso de los ejércitos realistas españoles.
 
La versión oficial de la historia liberal insiste con que San Martín evadió mezclarse en las guerras civiles, pero la verdad es que lo que no quiso fue enfrentarse con los caudillos federales, con cuyos postulados coincidía, y con quienes sostenía un cálido intercambio epistolar.
 
La oligarquía porteña, dispuesta a enriquecerse como intermediaria de un comercio sin restricciones con Europa, y con el beneficio de las rentas de la Aduana de Buenos Aires, le pagó dejándolo abandonado a su propia suerte, en suelo peruano, del cual pasó al exilio definitivo.
 
Si bien San Martín contaba con los hombres aportados por las provincias federales, nada era posible sin los fondos que le negó Buenos Aires.
 
Cuado se encontró en Guayaquil con Simón Bolívar, San Martin no contaba con el apoyo del gobierno de Buenos Aires, y tras dicha entrevista le cedió su ejército y la meta de finalizar la liberación del Perú a Bolívar. San Martín partió a Europa, perseguido por los unitarios y sólo quiso volver cuando gobernaba su compañero del ejército de los Andes, Manuel Dorrego, y ofrecer sus servicios a la patria que estaba en guerra con el Brasil. Al llegar al puerto se enteró de la desgraciada noticia el asesinato de Dorrego por Juan Lavalle. No quiso desembarcar. Murió el 17 de agosto de 1850.
 
Junto con Simón Bolívar es considerado la figura más importante de la liberación de Sudamérica del poder español. Argentina lo reconoce como el Padre de la Patria y lo considera un héroe y prócer nacional. En el Perú, se lo reconoce como libertador de aquel país, con el título de "Fundador de la Libertad del Perú" y en Chile su ejército le reconoce el grado de Capitán General.
 
Escribe: Blas García

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18-09-2017 / 20:09
18-09-2017 / 20:09
El día 19 de septiembre de 1945 se realiza la Marcha de la Constitución y la Libertad, en donde la oposición juega todas sus armas contra la candidatura de Juan Perón, bajo los auspicios de la Embajada yanqui y las estrofas de la Marsellesa. Amplios sectores de clase media confluyen con la clase alta y la oligarquía, concentrándose frente al Congreso.
 
El Daily Mail, de Londres, sostiene: "Fue una demostración política, pero ni Bond Street podía haber hecho una exhibición tal de modelos y ni aún Mr. Cochran, el conocido empresario teatral, lograría reunir tantas mujeres bonitas para exhibirlas en una mezcla semejante de pasión política y de alegría".
 
El historiador Norberto Galasso relata que a la cabeza de la manifestación marchan la derecha y la izquierda del viejo país: "Don Joaquín de Anchorena y Antonio Santamarina contestaban a los aplausos con elegantes galerazos, Rodolfo Ghioldi, Pedro Chiaranti y Ernesto Giudici (todos del PC), con el puño en alto, Alfredo Palacios (PS) con amplios ademanes que no desacomodaban su chambergo".
 
También integran las primeras filas: Manuel Ordoñez, Carlos Saavedra Lamas, Jorge Walter Perkins, Eustaquio Méndez Delfino, Rodolfo Aráoz Alfaro y otros oligarcas, sumándose, en las cercanías de Plaza Francia, un personaje conocido: el embajador yanqui Spruille Braden.
 
Días después, al partir, Braden declara que no solo ha estado en la parte final de la marcha sino que el personal de la embajada fue dispuesto estratégicamente a lo largo del itinerario. The New York Times sostiene: "250.000 personas se congregaron a favor de la libertad. Multitud record gritó ¡Muera Perón!"
 
El historiador Rodolfo Puiggros afirma que esa marcha constituyó la antesala del golpe: "El plan maquinado por Braden con los 'demócratas' se dividía en tres etapas: primero, un acto en el Luna Park convocado por el Partido Comunista (31/8/45), segundo, la marcha de la Constitución y la Libertad (19/9/45) y tercero, el golpe militar".
 
En la noche de 19, Braden informa, con sumo alborozo: "La concurrencia a la manifestación se ha estimado en doscientas a trescientas mil personas (algunos, creen medio millón) y ha tenido una representatividad genuina, evidenciada por la forma en que se hallaban entremezcladas las clases sociales y los grupos políticos. Tuvo buena organización y autodisciplina... Las dimensiones y naturaleza de la manifestación resultan notables".
 
La embajada norteamericana en La Paz informa, a su vez, que "anoche debió realizarse en Salta una reunión de la que participarían miembros del Ejército que se están poniendo contra Perón. El movimiento está destinado a derrocar al actual régimen, indefectiblemente el 26 de octubre próximo".
 
El día 22, Braden abandona la Argentina, con rumbo a Estados Unidos. El día anterior a su partida -sostiene el agregado cultural de la embajada, Mr. Griffith"Braden sostuvo una conversación con José Peter, el jefe de la organización gremial de los comunistas en los frigoríficos, para discutir la situación obrera".
 
Por Blas García 

17-09-2017 / 19:09
Sin memoria ni justicia, hoy se cumplen 11 años de la segunda desaparición de Julio López, el testigo clave que aportó datos indispensables para que avance el juicio contra Miguel Etchecolatz -que fue el responsable de su primera desaparición-, militares y policías involucrados con la última dictadura cívico-militar.
 
El albañil, que ya había estado desaparecido tres años (1976-1979) durante la dictadura militar genocida, cuando era cruelmente común y cotidiano que los milicos se llevaran a cualquier persona que militara o estuviera ligada a un militante, se había transformado en una figura mediática que le comenzó a hacer ruido a muchos, por aquellos días de 2006.
 
Testigo fundamental del juicio contra el siniestro Etchecolatz, el albañil López no pudo presenciar la condena contra el represor, porque ese mismo día lo desaparecieron, 30 años después de su primer secuestro, como en el peor momento de la dictadura, pero en democracia.
 
En aquel momento, y luego de su desaparición, todos salieron a apuntar a los sectores ligados con el represor Etchecolatz, pero desde la Policía nunca explicaron nada.
 
Una parte de la sociedad está atenta a la falta de López, pero otros parecen no querer verla. Hay un mandato del poder hacia determinados sectores de derechos humanos de no hablar de Julio López. Diez años de dolor, de desazón, desconcierto y muchos interrogantes.
 
Un 18 de septiembre, dejó su casa y su familia López, un desaparecido político en democracia. Hoy volvemos a exigir que impulse una investigación en serio sobre el destino de Jorge Julio López, testigo clave en los juicios por los crímenes de la dictadura militar.
 
De la redacción de La Opinión Popular

16-09-2017 / 18:09
El 17 de septiembre de 1861 tuvo lugar la batalla de Pavón entre las fuerzas porteñas, comandadas por el general Bartolomé Mitre, y las tropas federales de la Confederación Argentina, al mando del general Justo José de Urquiza.
 
Cuando estaba ganando la batalla, Urquiza retira sus tropas, aun teniendo superioridad numérica. La victoria fue para los porteños, que extenderían así su dominio unitario a todo el país. Y Urquiza  se convierte en el jefe traidor del Partido Federal, lo que luego le costaría la vida.
 
La batalla de Pavón suscitó polémicas que aún perduran, pero al margen de las interpretaciones sobre los entretelones de la batalla, lo cierto es que el resultado de este combate abre el camino para que los liberales porteños permitan la penetración del neocolonialismo británico en nuestra Patria.
 
Esta relación consistía en la coincidencia de los sectores ganaderos y comerciales porteños con los importadores de productos industriales ingleses, que trabajaban mancomunados con los inversores británicos. Argentina pasó a ser la granja y Gran Bretaña, la fábrica. Dejamos de ser una Patria libre y pasamos a ser un país semicolonial y dependiente.
 
En las guerras civiles argentinas del siglo XIX se definió la identidad de nuestra Patria y su lugar en el mundo. Caseros, Pavón, Cepeda y la guerra de genocidio que el mitrismo llevó al Paraguay, consolidaron el triunfo de quienes se identificaban con la "civilización", de acuerdo a la definición de Sarmiento, en perjuicio de quienes representarían a la "barbarie", el interior federal.
 
A continuación, transcribimos un artículo del maestro José María Rosa sobre esta batalla, sus interpretaciones y consecuencias.
 
Por Blas García

16-09-2017 / 18:09
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