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“Quienes votaron a Macri aceptaron sacrificarse hoy para estar mejor mañana, pero están cada vez más descreídos. Ahora, lo que va a quedar va a ser peor que lo que dejó Menem”. Beatriz Sarlo
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Nacionales - 13-08-2017 / 12:08

El Tercer Gobierno Radical y el maleficio del eterno retorno

El Tercer Gobierno Radical y el maleficio del eterno retorno
Raúl Alfonsín – Fernando de La Rúa - Mauricio Macri.
Comparar entre sí a los gobiernos radicales no peronistas que gestionaron la democracia renacida (o nacida) en 1983 puede ser un ejercicio útil para analizar si esta vez se repetirá la historia o si podremos dar el gran salto hacia adelante.
 
El Primer Gobierno Radical de Raúl Alfonsín logró, en su primera elección legislativa (1985) un triunfo colosal, tanto que casi todos pensaron que políticamente ya no habría marcha atrás en casi nada, que un país moría y nacía otro.
 
A partir de entonces se comenzó a hablar con palabras como "refundación" o incluso "tercer movimiento histórico", síntesis superadora del yrigoyenismo y el primer peronismo. El alfonsinismo se imaginó un gobierno de cien años o, por lo menos, cien años con gobiernos similares a él.
 
Sin embargo, salvo en ese aspecto, el gobierno de Alfonsín no fue fundacional, no sólo porque no pudo completar los seis años que constitucionalmente tenía.
 
El Segundo Gobierno Radical, de Fernando de La Rúa, en el polo opuesto del de Alfonsín, perdió estrepitosamente su primera elección legislativa, lo cual fue el prólogo inmediato de su caída. Por lo tanto es razonable caracterizar a ese gobierno como un "interregno".
 
El Tercer Gobierno Radical no peronista, de Mauricio Macri, por ahora no pretende mostrarse como refundacional. En realidad su principal característica política positiva es que pretende rescatar las bases republicanas de la democracia. ¿Podremos alguna vez terminar con el maleficio del eterno retorno?
 
La refundación de Alfonsín
 
El gobierno de Raúl Alfonsín logró, en su primera elección legislativa (1985) un triunfo colosal, tanto que casi todos pensaron que políticamente ya no habría marcha atrás en casi nada, que un país moría y nacía otro.
 
A partir de entonces se comenzó a hablar con palabras como "refundación" o incluso "tercer movimiento histórico", síntesis superadora del yrigoyenismo y el primer peronismo. El alfonsinismo se imaginó un gobierno de cien años o, por lo menos, cien años con gobiernos similares a él.
 
El balance fue agridulce. El triunfo legislativo de 1985 ayudó a fortalecer las bases aún frágiles de la naciente democracia a fin de que ésta persistiera, lo cual efectivamente ocurrió. Sin embargo, salvo en ese aspecto, el gobierno de Alfonsín no fue fundacional, no sólo porque no pudo completar los seis años que constitucionalmente tenía sino porque, con su ida, el pasado se impuso otra vez mucho más que el futuro y sentaría las bases para que en el siglo XXI ese pasado volviera aún con más furia.
 
 
El interregno de De la Rúa
 
El gobierno de Fernando de La Rúa, en el polo opuesto del de Alfonsín, perdió estrepitosamente su primera elección legislativa, lo cual fue el prólogo inmediato de su caída.
 
Por lo tanto es razonable caracterizar a ese gobierno como un "interregno", dando a esa palabra el siguiente significado: "En determinadas monarquías, entre la finalización del término de un monarca y la elevación del siguiente se produce de ordinario una vacancia en el puesto. Interregno es una interrupción en la normal sucesión de los monarcas, como los reyes, papas o emperadores".
 
Que eso exactamente fue De la Rúa, un interregno entre dos monarcas. Como en 1999, cuando ganó la Alianza, el peronismo aún no había consolidado la sucesión entre un monarca y otro; el no peronismo sirvió para ganar tiempo hasta que esa sucesión se produjera. Y cuando ya estaba madura, el nuevo monarca peronista sustituyó al anterior e hizo volar por los aires la etapa del interregno.
 
Luego vendría una pelea entre distintos reyes peronistas, pero ésa ya es otra historia.
 
 
La transición macrista
 
El tercer gobierno no peronista por ahora no pretende mostrarse como refundacional. En realidad su principal característica política positiva es que pretende rescatar las bases republicanas de la democracia que las diversas monarquías avasallaron.
 
Un objetivo más modesto que el de Alfonsín pero, por sobre todas las cosas, lo que no quiere ser es un interregno entre dos monarcas peronistas como De la Rúa o entre la misma monarca que se postula para reciclarse hacia un tercer reinado (Menem también lo intentó, fracasando).
 
Si no se trata de una refundación ni de un interregno, ¿de qué se tratará el gobierno de Macri? En el caso de resultar medianamente exitoso en sus objetivos básicos, la palabra que lo podría caracterizar es la de "transición" entendiendo a la misma como "estado intermedio entre uno más antiguo y otro a que se llega en un cambio".
 
No es que necesariamente Macri sea un mero presidente de transición (podrá serlo o no), sino que las tareas que hoy está cumpliendo su gobierno son de transición entre algo que no ha muerto del todo y algo que no ha nacido aún.
 
El mismo Macri puede ser el que nazca como lo nuevo más allá de la transición en una segunda etapa, o cualquier otro de cualquier otro signo. Pero lo importante es que nazca alguien nuevo para que el pasado no vuelva a ocupar el vacío que, de acuerdo a nuestra historia, puede en cualquier momento reiterarse.
 
 
Entre la monarquía y la república
 
El gobierno de Alfonsín así como en 1985 logró fortalecerse con su gran triunfo legislativo, en 1987 hasta pudo crear un peronismo a su imagen y semejanza, un peronismo en un todo de acuerdo con las coordenadas democráticas del momento, que intentaba dejar de lado todo lo que de su pasado fuera autoritario.
 
Pero en 1989 todo se vino abajo, por lo cual un nuevo rey peronista pudo diluir el nuevo peronismo dentro del viejo y la Argentina siguió cometiendo los mismos errores de siempre, disfrazada con las tendencias más modernas de la época pero conservando en lo profundo todos los vicios ancestrales.
 
Ni qué decir de lo que pasó con el interregno delarruista, que en algunas cosas retrocedimos incluso a la anarquía de 1820 y, en vez de refundar, refundimos al país todo. A partir de 2003, ya despejados casi todos los obstáculos, se pretendería construir una monarquía populista no republicana, paso a paso, pero yendo por todo.
 
 
¿Interregno o transición?
 
Lo que está en juego en el período electoral que comienza hoy y culminará en octubre es, sin más vueltas, si la Argentina está en medio de un interregno o de una transición. Si nos estamos preparando para otra vez volver atrás o si se están gestando las bases materiales para seguir hacia adelante.
 
En 2001, suponiendo -con la mayor de las buenas intenciones- que De la Rúa cayó solamente por sus inmensos errores, lo cierto es que la oposición triunfante, si no lo hizo caer, al menos preparó todas las condiciones para una eventual caída.
 
Prueba irrefutable es que apenas ganaron las elecciones legislativas, en vez de permitir al oficialismo aliancista que pusiera los presidentes de ambas Cámaras, el peronismo se apropió de las mismas, para asegurarse la sucesión que preveía inminente.
 
Ya las brevas estaban maduras para que la monarquía peronista nos hiciera retroceder otra vez al ayer como ella sólo sabe hacerlo. Esta vez incluso lograría algo hasta entonces impensable: luego del fallido intento duhaldista de volver al peronismo tradicional, se impondría una pareja que buscó y logró hacer desde el gobierno una mise en scene de la peor década del siglo XX, la de los años 70, a la cual reinterpretó como la mejor, la de la lucha de la épica, el idealismo y el heroísmo contra el mal. Una lucha de la que los nuevos reyes se reivindicaron como sus continuadores.
 
Hoy, sin embargo, existe -si el voto popular lo empuja y la clase dirigente lo asume- la posibilidad de reconstruir mejorado lo bueno que se intentó entre 1983 y 1987, para desde allí saltar al futuro: el de un oficialismo que en vez de buscar la pretenciosa refundación alfonsinista pero rescatando su gran voluntad democrática, se asuma como gestor de la transición entre lo viejo y lo nuevo, junto a una oposición que sea capaz de renovarse de un modo tal que corte definitivamente la cabeza al rey, a todo rey, y sea el otro soporte definitivo de la nueva república.
 
Porque sólo entre oficialismo y oposición acordando en los temas esenciales, se podrá acabar con los interregnos donde todo parece moverse pero hacia ningún lado para, en el fondo, repetir una y mil veces la misma historia.
 
¿Podremos alguna vez terminar con el maleficio del eterno retorno?
 
Por Carlos Salvador La Rosa
 
Fuente: losandes.com.ar
 
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16-07-2018 / 16:07
16-07-2018 / 09:07
La industria sufrió un fuerte retroceso en mayo según las estadísticas que reveló la Unión Industrial Argentina (UIA) y que difundirá en las próximas horas. El nivel de actividad fabril cayó por debajo del -2% en la comparación interanual, situación que se verá agravada ante un escenario de crisis generalizada que se observará desde junio en adelante, con sectores clave en pleno descenso, lo que provocará que la producción manufacturera termine el año con un promedio de cero crecimiento.
 
A contramano de esa realidad y sin autocrítica frente a la crisis que cada día golpea con más recesión, devaluación e inflación, el presidente Mauricio Macri, desde la nube de gas en que vive, se empeña en afirmar que "vamos por el camino correcto" hacia "un país pujante e inclusivo".
 
"De eso se trata el cambio que vine a proponerles desde el primer día: de construir una Argentina más justa, transparente, donde se dice la verdad y se trabaja con las manos limpias", dijo ayer Macri aferrándose a la letanía de ese inasequible país virtual, tan distinto de la realidad con la que se convive a diario.
 
Hablan por él y sus "manos limpias", el millonario escándalo por la millonaria deuda (que se niega a pagar) del Correo Argentino, una de sus tantas empresas; o la cantidad de funcionarios (él incluido) con empresas fantasmas en paraísos fiscales para facilitar el lavado de dinero; o las denuncias que salpican a su alfil bonaerense, la gobernadora Mariu Vidal, por solo citar algunos casos.
 
Sin autocrítica frente a la crisis que cada día golpea a cinco de cada diez chicos que viven en la pobreza, que no comen como corresponde y vastos sectores de la clase media que son empujados a la miseria. Mientras se acepta el brutal ajuste que impone el FMI, sin proponer un plan económico que cambie el rumbo neoliberal, con empleo y producción capaz de reactivar la economía.
 
En la misma línea se pronunció el jefe de Gabinete, el inútil Marcos Peña, al postular que, pese a la "economía más fría" y "recesiva" de los próximos meses, lo que se viene tras la "tormenta" es un camino de "crecimiento y desarrollo". Son metáforas de un país virtual. La pregunta sobreviene: ¿En qué mano esconderá Macri la varita mágica que no la vemos?
 
La Opinión Popular

15-07-2018 / 11:07
Por más maquillaje que intente ponerle, el ajuste que el FMI le impuso a Mauricio Macri se concretará recortando gasto público (social, si se puede), salarios de estatales, subsidios. Despidos, reducción de áreas, imposiciones simétricas a las provincias. La "fiesta" la pagarán los laburantes, los humildes, las clases medias en descenso, las Pymes. El resto es fulbito para la tribuna.
 
El macrismo ni siquiera amaga o maquina mejorar un poco la recaudación impositiva. El poder fáctico aliado (banca internacional, exportadores agropecuarios, petroleras, concesionarias de energía o gas) lo hiere con fuego amigo. El Gobierno no les pide una pequeña ayuda a los amigos: que aporten un diezmo al "sacrificio colectivo", ajeno a las clases dominantes.
 
Tal vez el torniquete del FMI fuerce al macrismo a revisar el fundamentalismo fiscal pro establishment, hasta hoy cedieron a las presiones de los aliados fácticos, casi gozosamente, como en la reunión con la Mesa de Enlace del campo.
 
Todo se le hubiera facilitado a Macri suponiendo que la Selección Argentina hubiera estado hoy domingo en la Final del Mundial con Lionel Messi a la cabeza y que a su vez combinaba perfectamente con el inicio de las vacaciones de invierno, que el  Gobierno lo imaginaba como real.
 
En ese marco, pretendía avanzar con el ajuste, principalmente en el recorte de empleados públicos, y cumplir la letra chica del acuerdo con el FMI firmado hace un mes, que estima un achique del 30% del personal dependiente del estado.
 
A esto hay que sumarle a un contexto de país en el que  el empleo genuino no funciona como consecuencia de la inflación y la brutal caída del consumo y con la imposibilidad de que las pymes puedan crecer por la falta de créditos, siendo este país el que paga en la actualidad la tasa de interés más alta a nivel mundial
 
Ese combo explosivo hará que la economía actual siga teniendo consecuencias letales. Nos gustaría decir que "lo peor ya pasó", que va a crecer el empleo y los salarios, como afirman los periodistas militantes del macrismo, pero no solo será un sueño que se esfumará inmediatamente como de Messi levantando la Copa en Moscú. 
Terminó el Mundial que no sirvió de cortina de humo ni de freno al conflicto. En esas ligas, como en tantas otras, las penas son de nosotros y las vaquitas son ajenas.


La Opinión Popular

15-07-2018 / 10:07
14-07-2018 / 10:07
Un techo a las paritarias estatales del 8%; la venta de los fondos de los jubilados en poder de la Anses; más tarifazos; mayor ahogo financiero a las provincias, más despidos, venta de tierras y un freno a la baja de las retenciones (promesa insignia de Cambiemos). Estas son apenas algunas de las nuevas exigencias que se desprenden de la letra chica del acuerdo entre el Gobierno de Macri y el FMI y que vaticinan un ajuste  más feroz, de agonía lenta e interminable.
 
El ajuste, en su magnitud y los detalles que salieron a la luz ayer eran hasta el momento desconocidos. En verdad, todo estaba escrito en el documento que el 12 de junio le envió el staff del FMI al directorio del organismo para que aprobara el préstamo de US$50.000 millones. El Gobierno lo tenía y lo guardó bajo siete llaves. (¡Flor de HdeP!).
 
Textualmente, exigen: "achicar el gasto en salarios en el Estado mediante un recorte de empleados no prioritarios en 2018 y congelar las contrataciones en el sector público en 2019 y 2020"; "limitar la suba nominal de los salarios del sector público (incluyendo pagos no remunerativos) al 8%"; "reducir las transferencias a las provincias y asegurar que esa reducción se complete con recortes en los gastos provinciales en bienes, servicios y salarios".
 
Además, "reducir aún más los subsidios ineficientes a la energía y el transporte" (lo que se traducirá en más tarifazos); "racionalizar el gasto público en bienes y servicios"; "recortar la obra pública"; "vender tierras e inmuebles públicos"; "amortizar los activos en fondos de pensión (el Fondo de Garantía de Sustentabilidad de la Anses) para financiar el gasto público en antiguos litigios judiciales por jubilaciones"; "mantener el impuesto a las exportaciones de soja en el 25,5%".
 
En plena recesión, con una devaluación e inflación galopante y el poder adquisitivo escurriéndose como agua entre los dedos, el ajuste nos volverá a todos más pobres. Porque la decisión está tomada: "El acuerdo con el FMI se cumplirá a rajatabla", dijo en las últimas horas el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne.
 
Música para los oídos de la directora del organismo, Christine Lagarde, quien la próxima semana visitará el país para reunirse con sus empleados: el Presidente Macri, el titular del Banco Central, Luis Caputo, y el propio Dujovne.
 
Christine, temerosa que el Gobierno no pueda cumplir con sus metas (en el documento advierte que "hay riesgos importantes para la sostenibilidad de la deuda" externa), vendrá aquí a tomar examen, como la reina que vigila sus colonias. También, mantendrá reuniones con sectores de la oposición. Entonces, se caerán varias caretas, sabremos quiénes están con el pueblo, quiénes en contra. Del Gobierno de los Ricos no esperemos más que patadas.
 
La Opinión Popular

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