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“Quienes votaron a Macri aceptaron sacrificarse hoy para estar mejor mañana, pero están cada vez más descreídos. Ahora, lo que va a quedar va a ser peor que lo que dejó Menem”. Beatriz Sarlo
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Nacionales - 12-08-2017 / 11:08
LA APUESTA A LA POLARIZACIÓN CONVIRTIÓ EN DRAMÁTICA UNA ELECCIÓN QUE NO LO ERA

El macrismo llega a las PASO con la lengua afuera

El macrismo llega a las PASO con la lengua afuera
Es tan sencillo de criticar como entender la obsesión del Gobierno con Massa. El peronismo unificado detrás de una variante racional con base en el territorio que concentra el 40 por ciento del electorado, alimenta el fantasma de jaque mate. Foto: Blas García para La Opinión Popular (Permitida su reproducción citando la fuente)
En los últimos cien metros el alma le volvió al cuerpo al Gobierno de Mauricio Macri. Esteban Bullrich acortó la distancia con Cristina según las últimas encuestas y no está descartado que gane. Tampoco que la ex presidenta agrande la diferencia y se vuelva inalcanzable. De esperanzas también se vive.
 
Pero olvidemos por un momento la pasión resultadista y analicemos la estrategia. Durán Barba diseñó una llave mágica: La polarización. Confrontando con Cristina los nuestros se ven más lindos, la gente se olvida de la economía y discute pasado o futuro, honestos o corruptos. Además, se divide al peronismo y así Massa no se lleva todo y termina ganando, no sólo ahora sino que queda como presidenciable fuerte.
 
Si Cristina termina ganando las elecciones el macrismo habrá logrado atenuar la amenaza de Massa a cambio de instalar una mucho más grave: el regreso de la ex presidenta al poder. ¿Quién puede creer que si triunfa no se tentará con intentarlo?
 
Si Cristina gana, el país, no ya Cambiemos, tendrá un problema que no tenía. Hasta hace apenas cuatro meses no quería saber nada con volver a competir por un cargo. Y si pierde por un par de puntos, el riesgo será apenas menor. Ese fue el gran aporte de la polarización que idearon en la Casa Rosada.

 
Es tan sencillo de criticar como de entender la obsesión del Gobierno con Sergio Massa. El peronismo unificándose detrás de una variante racional, con base en el territorio que concentra el 40 por ciento del electorado, es buen combustible para alimentar los fantasmas de un jaque mate.
 
Por ese lado, puede decirse que la estrategia tuvo un éxito moderado y habrá que esperar el resultado de la elección para terminar de dimensionarlo.
 
Si el líder de 1País, Sergio Massa, supera el 20 por ciento seguirá vivo, al menos como potencial amenaza. La hipótesis sobre la que se empieza a trabajar en el peronismo de una primaria con el salteño Juan Manuel Urtubey, es una opción abierta.
 
Urtubey mantiene con Massa una pulseada central en torno a Córdoba. José Manuel de la Sota está alineado con el hombre de Tigre, pero el ascendente vicegobernador Martín Llaryora tiene línea directa con el salteño, igual que la fueguina Roxana Bertone, hasta ahora la más comprometida con su candidatura. La apuesta de Urtubey es lograr que Juan Schiaretti sea el gran articulador de su proyecto presidencial, que logre encolumnar a la mayor cantidad de gobernadores. Se verá.
 
El lado B de la apuesta por la polarización es evidente, basta mirar la evolución del dólar en la última semana, que obligó al Banco Central a quemar 1800 millones de las reservas. El sensor más fino para detectar problemas en la Argentina es la moneda estadounidense. Si se escapa y centraliza la agenda es señal que el Gobierno está haciendo algo mal, por acción u omisión. Con culpa o sin ella. No tiene importancia discutirlo.
 
Si Cristina termina ganando las elecciones el macrismo habrá logrado atenuar la amenaza de Massa a cambio de instalar una mucho más grave: el regreso de la ex presidenta al poder. ¿Quién puede creer que si triunfa no se tentará con intentarlo?
 
Y es ahí donde la estrategia oficial revela su costado menos encantador. La Argentina necesita como el agua un acuerdo político que la estabilice, en un sendero de desarrollo posible. Eso implica trabajar para que las alternativas compartan un marco de valores o al menos el diagnóstico de los problemas.
 
Es acaso esa la tarea más importante de un gobierno de transición. Una categoría que Macri encarna por definición, al ser el hombre al que le tocó suceder a un régimen populista agotado.
 
Esto no significa que su rol en la política deba consumirse en un mandato, sino algo mucho más importante que los años que le toquen en la Casa Rosada: La certeza que su tarea desborda la política clásica de competencia por ganar y mantener el poder, para ser una pieza clave en la edificación de un nuevo sistema.
 
La pregunta más importante es si Macri está dispuesto a ser Adolfo Suárez, el hombre que sacó a España de las catacumbas del franquismo y la metió en un camino de democracia y modernidad económica, que se extendió por tres décadas. Si la respuesta es positiva, la política tiene que volver al centro de la escena y es tiempo que Durán Barba se tome unas merecidas vacaciones.
 
Es bastante obvio que el consultor ecuatoriano ya dio lo mejor de sí. Llegar con la lengua afuera a una elección de medio término que no representaba mayor desafío que ganar o perder un puñado de legisladores, que no van a cambiar nada en términos de mayorías, no parece un trabajo excepcional. En el camino, Macri logró enojar a los que estaban para acordar, como su amigo el gobernador de Córdoba.
 
Y así terminamos celebrando como el gran triunfo cultural de esta campaña, que la gobernadora de Buenos Aires haya apabullado a un panelista de televisión, que se supone representa al kirchnerismo.
 
Si Cristina gana, el país, no ya Cambiemos, tendrá un problema que no tenía. Hasta hace apenas cuatro meses no quería saber nada con volver a competir por un cargo. Y si pierde por un par de puntos, el riesgo será apenas menor. Ese fue el gran aporte de la polarización que idearon en la Casa Rosada.
 
Por Ignacio Fidanza
 
Fuente: La Política Online
 

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16-07-2018 / 16:07
16-07-2018 / 09:07
La industria sufrió un fuerte retroceso en mayo según las estadísticas que reveló la Unión Industrial Argentina (UIA) y que difundirá en las próximas horas. El nivel de actividad fabril cayó por debajo del -2% en la comparación interanual, situación que se verá agravada ante un escenario de crisis generalizada que se observará desde junio en adelante, con sectores clave en pleno descenso, lo que provocará que la producción manufacturera termine el año con un promedio de cero crecimiento.
 
A contramano de esa realidad y sin autocrítica frente a la crisis que cada día golpea con más recesión, devaluación e inflación, el presidente Mauricio Macri, desde la nube de gas en que vive, se empeña en afirmar que "vamos por el camino correcto" hacia "un país pujante e inclusivo".
 
"De eso se trata el cambio que vine a proponerles desde el primer día: de construir una Argentina más justa, transparente, donde se dice la verdad y se trabaja con las manos limpias", dijo ayer Macri aferrándose a la letanía de ese inasequible país virtual, tan distinto de la realidad con la que se convive a diario.
 
Hablan por él y sus "manos limpias", el millonario escándalo por la millonaria deuda (que se niega a pagar) del Correo Argentino, una de sus tantas empresas; o la cantidad de funcionarios (él incluido) con empresas fantasmas en paraísos fiscales para facilitar el lavado de dinero; o las denuncias que salpican a su alfil bonaerense, la gobernadora Mariu Vidal, por solo citar algunos casos.
 
Sin autocrítica frente a la crisis que cada día golpea a cinco de cada diez chicos que viven en la pobreza, que no comen como corresponde y vastos sectores de la clase media que son empujados a la miseria. Mientras se acepta el brutal ajuste que impone el FMI, sin proponer un plan económico que cambie el rumbo neoliberal, con empleo y producción capaz de reactivar la economía.
 
En la misma línea se pronunció el jefe de Gabinete, el inútil Marcos Peña, al postular que, pese a la "economía más fría" y "recesiva" de los próximos meses, lo que se viene tras la "tormenta" es un camino de "crecimiento y desarrollo". Son metáforas de un país virtual. La pregunta sobreviene: ¿En qué mano esconderá Macri la varita mágica que no la vemos?
 
La Opinión Popular

15-07-2018 / 11:07
Por más maquillaje que intente ponerle, el ajuste que el FMI le impuso a Mauricio Macri se concretará recortando gasto público (social, si se puede), salarios de estatales, subsidios. Despidos, reducción de áreas, imposiciones simétricas a las provincias. La "fiesta" la pagarán los laburantes, los humildes, las clases medias en descenso, las Pymes. El resto es fulbito para la tribuna.
 
El macrismo ni siquiera amaga o maquina mejorar un poco la recaudación impositiva. El poder fáctico aliado (banca internacional, exportadores agropecuarios, petroleras, concesionarias de energía o gas) lo hiere con fuego amigo. El Gobierno no les pide una pequeña ayuda a los amigos: que aporten un diezmo al "sacrificio colectivo", ajeno a las clases dominantes.
 
Tal vez el torniquete del FMI fuerce al macrismo a revisar el fundamentalismo fiscal pro establishment, hasta hoy cedieron a las presiones de los aliados fácticos, casi gozosamente, como en la reunión con la Mesa de Enlace del campo.
 
Todo se le hubiera facilitado a Macri suponiendo que la Selección Argentina hubiera estado hoy domingo en la Final del Mundial con Lionel Messi a la cabeza y que a su vez combinaba perfectamente con el inicio de las vacaciones de invierno, que el  Gobierno lo imaginaba como real.
 
En ese marco, pretendía avanzar con el ajuste, principalmente en el recorte de empleados públicos, y cumplir la letra chica del acuerdo con el FMI firmado hace un mes, que estima un achique del 30% del personal dependiente del estado.
 
A esto hay que sumarle a un contexto de país en el que  el empleo genuino no funciona como consecuencia de la inflación y la brutal caída del consumo y con la imposibilidad de que las pymes puedan crecer por la falta de créditos, siendo este país el que paga en la actualidad la tasa de interés más alta a nivel mundial
 
Ese combo explosivo hará que la economía actual siga teniendo consecuencias letales. Nos gustaría decir que "lo peor ya pasó", que va a crecer el empleo y los salarios, como afirman los periodistas militantes del macrismo, pero no solo será un sueño que se esfumará inmediatamente como de Messi levantando la Copa en Moscú. 
Terminó el Mundial que no sirvió de cortina de humo ni de freno al conflicto. En esas ligas, como en tantas otras, las penas son de nosotros y las vaquitas son ajenas.


La Opinión Popular

15-07-2018 / 10:07
14-07-2018 / 10:07
Un techo a las paritarias estatales del 8%; la venta de los fondos de los jubilados en poder de la Anses; más tarifazos; mayor ahogo financiero a las provincias, más despidos, venta de tierras y un freno a la baja de las retenciones (promesa insignia de Cambiemos). Estas son apenas algunas de las nuevas exigencias que se desprenden de la letra chica del acuerdo entre el Gobierno de Macri y el FMI y que vaticinan un ajuste  más feroz, de agonía lenta e interminable.
 
El ajuste, en su magnitud y los detalles que salieron a la luz ayer eran hasta el momento desconocidos. En verdad, todo estaba escrito en el documento que el 12 de junio le envió el staff del FMI al directorio del organismo para que aprobara el préstamo de US$50.000 millones. El Gobierno lo tenía y lo guardó bajo siete llaves. (¡Flor de HdeP!).
 
Textualmente, exigen: "achicar el gasto en salarios en el Estado mediante un recorte de empleados no prioritarios en 2018 y congelar las contrataciones en el sector público en 2019 y 2020"; "limitar la suba nominal de los salarios del sector público (incluyendo pagos no remunerativos) al 8%"; "reducir las transferencias a las provincias y asegurar que esa reducción se complete con recortes en los gastos provinciales en bienes, servicios y salarios".
 
Además, "reducir aún más los subsidios ineficientes a la energía y el transporte" (lo que se traducirá en más tarifazos); "racionalizar el gasto público en bienes y servicios"; "recortar la obra pública"; "vender tierras e inmuebles públicos"; "amortizar los activos en fondos de pensión (el Fondo de Garantía de Sustentabilidad de la Anses) para financiar el gasto público en antiguos litigios judiciales por jubilaciones"; "mantener el impuesto a las exportaciones de soja en el 25,5%".
 
En plena recesión, con una devaluación e inflación galopante y el poder adquisitivo escurriéndose como agua entre los dedos, el ajuste nos volverá a todos más pobres. Porque la decisión está tomada: "El acuerdo con el FMI se cumplirá a rajatabla", dijo en las últimas horas el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne.
 
Música para los oídos de la directora del organismo, Christine Lagarde, quien la próxima semana visitará el país para reunirse con sus empleados: el Presidente Macri, el titular del Banco Central, Luis Caputo, y el propio Dujovne.
 
Christine, temerosa que el Gobierno no pueda cumplir con sus metas (en el documento advierte que "hay riesgos importantes para la sostenibilidad de la deuda" externa), vendrá aquí a tomar examen, como la reina que vigila sus colonias. También, mantendrá reuniones con sectores de la oposición. Entonces, se caerán varias caretas, sabremos quiénes están con el pueblo, quiénes en contra. Del Gobierno de los Ricos no esperemos más que patadas.
 
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