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Internacionales - 07-08-2017 / 20:08
EFEMÉRIDES POPULARES

En Estados Unidos, Richard Nixon renuncia a la presidencia tras la amenaza de un juicio político

En Estados Unidos, Richard Nixon renuncia a la presidencia tras la amenaza de un juicio político
Esta semana se cumplió un nuevo aniversario de la dimisión de Richard Nixon, el trigésimo séptimo presidente de los Estados Unidos, presionado por el escándalo de Watergate.
Una semana como esta pero hace más de cuarenta años, arruinado por el caso Watergate, renunciaba por primera y única vez a su cargo un Presidente de los Estados Unidos. Richard Milhous Nixon fue el trigésimo séptimo presidente de los Estados Unidos. Ha sido el único hasta la fecha en dimitir del cargo.
 
Meses antes de su renuncia se había producido un extraño caso de allanamiento de la sede central del Partido Demócrata (en el edificio de oficinas Watergate), que el 17 de junio de 1972 destapó un método de realizar escuchas ilegales por hombres contratados por algunos colaboradores del Presidente.
 
En marzo de 1974 el Gran Jurado federal consideró al presidente copartícipe, sin cargos formales, en una conspiración para obstruir la acción de la justicia en la investigación del escándalo Watergate. En la tarde del 08 de agosto, Nixon anunció su dimisión. El 09 de agosto, Nixon renuncia y Gerald Ford presta juramento del cargo.
 
La Opinión Popular

La histórica renuncia de Richard Nixon
 
Por: Mariano Caucino
 
Una semana como esta pero hace cuarenta años, arruinado por el caso Watergate, renunciaba por primera y única vez a su cargo un Presidente de los Estados Unidos.
 
Richard Nixon fue, sin dudas, uno de los grandes presidentes de la segunda mitad del siglo XX: la paranoia y los pecados cometidos no podrán jamás borrar de la historia la política exterior revolucionaria de la administración Nixon-Kissinger que logró la apertura a China y forjó las bases de un mundo que hoy vemos en toda su dimensión. El propio Ford lo reconocería en sus Memorias, al admitir que Nixon "nos dio la mejor política exterior que tuvo este país".
 
Envuelto en el escándalo Watergate, el presidente Nixon resistiría hasta los primeros días de agosto de 1974. El día 6, al borde del inicio del juicio político al Presidente, una gestión de Alexander Haig (entonces Chief of Staff) ante el ultraconservador senador Barry Goldwater comprobaría que tan solo una docena de senadores respaldarían al titular de la Casa Blanca. Para evadir el impeachement, Nixon requería al menos 34 votos sobre el total de 100 que integraban el Senado.
 
Al renunciar Nixon, conviene tener presente la situación que atraviesan los EEUU hacia mediados de los años setenta: recesión, aumento notorio del precio del petróleo como consecuencia del shock petrolero de 1973, y una caída del PBI norteamericano de 6 puntos entre 1973 y 1975 y una alta inflación. En 1971, el gobierno de Nixon se había visto obligado a decretar el fin de la convertibilidad del dólar e imponer ciertos controles de precios. Pronto se sumará la derrota en Vietnam.
 
Nixon recibe elogios y críticas a lo largo del mundo. Harold Wilson, Yitsak Rabin y Golda Meir lo destacan como líder. La agencia oficial china, por su parte, lamenta que el presidente norteamericano "no haya contado con apoyo del Congreso para evitar el juicio político". El órgano del PC cubano, el Granma advierte que "Nixon crió cuervos y los propios cuervos lo han devorado", al tiempo que lo califica de "furibundo anticomunista, acérrimo partidario del capital privado y los intereses monopolistas". ("Reacción mundial: elogios para Richard Nixon", Clarín, 10 de agosto de 1974)
 
Al asumir la presidencia, en circunstancias absolutamente inéditas en la historia norteamericana, Ford afirma: "Soy perfectamente consciente de que no ha sido elegido vuestro Presidente a través de sus boletas, y por eso les pido me confirmen a través de sus plegarias. Espero que ellas sean las primeras de muchas. Si no me eligieron a través del voto secreto, tampoco yo he llegado al cargo a través de promesas secretas. Yo no hice campaña por la Presidencia ni por la Vicepresidencia. No he suscripto ninguna plataforma partidaria. No estoy endeudado con ningún hombre y solo con una mujer -mi querida esposa- al comenzar este difícil tarea. Mis queridos americanos, nuestra larga pesadilla nacional ha terminado. Nuestra Constitución funciona; nuestra gran República es un gobierno de leyes y no de hombres. Aquí gobierna el pueblo. Pero aquí hay un poder mayor, bajo el nombre con el que lo honremos, que nos ordena no solo el deber sino el amor, no solo la justicia sino la piedad..."
 
Henry Kissinger, por su parte, fue confirmado como secretario de Estado. En sus Memorias, Ford recuerda la recomendación de su antecesor: "Henry (Kissinger) es un genio, pero no debes que aceptar todo lo que te recomienda. El puede ser invalorable, y te va a ser leal, pero tu no puedes darle mano libre por completo".
 
"Ratificó Ford la política internacional de EEUU", tituló Clarín, el día 10.
 
Kissinger, a su vez, solía bromear con que "no puedo ser presidente mientras esta maldita Constitución no sea enmendada para permitir que alguien nacido en el extranjero pueda alcanzar la Presidencia, pero desde luego, la Constitución nada dice sobre mi imposibilidad en ser emperador".
 
Gerald Ford indultó a su predecesor, semanas más tarde. Probablemente supiera que dicha medida afectaría notoriamente sus posibilidades de alcanzar la reelección en 1977, como efectivamente sucedió. Su derrota ante Jimmy Carter lo privó de un mandato elegido por derecho propio. Años más tarde, su actitud patriótica de anteponer los intereses permanentes del Estado por sobre sus propias necesidades políticas personales le valieron el galardón del "Profile in Courage Award", otorgado nada menos que por la familia Kennedy.
 
 
Por su parte, Nixon moriría en 1994. Su residencia en San Clemente (California) y largas estadías en Nueva York fueron el marco en el que transitó su vida como ex presidente. Durante muchos años, hizo grandes esfuerzos por ser readmitido en la sociedad política norteamericana y sus éxitos de política exterior fueron reconocidos muchos años después.
 
Kissinger, quien cosechó el prestigio de la política exterior creativa e innovadora de su administración, al punto de convertirse en una celebridad mundial, reflexionó años más tarde en sus Memorias ("Years of Upheaval", 1979) que el caso Watergate se había convertido "en una tragedia griega en la que Nixon terminó cumpliendo su propia naturaleza. Una vez que comenzó, no podía terminar de otra manera".
 
Recién en 2005 se conoció la verdadera identidad de quien actuó como "Garganta Profunda" en el escándalo Watergate. Se trató de Mark W. Felt, número dos del FBI de entonces. La revelación tuvo lugar 30 años después del caso.
 
El caso Watergate, el destino personal de Richard Nixon y la actitud de Gerald Ford de preservar ante todo los genuinos intereses nacionales de su país nos hacen reflexionar, cuarenta años más tarde, sobre la fundamental importancia de las instituciones en el devenir histórico de las naciones.
 
Fuente: infobae.com

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La Batalla de Ayacucho fue el último gran enfrentamiento dentro de las campañas terrestres de las guerras de independencia hispanoamericanas (1809-1826) y significó el final definitivo del dominio colonial español en América del sur. La batalla se desarrolló en la Pampa de Quinua o Ayacucho, Perú, el 09 de diciembre de 1824. Alrededor de 80 valientes Granaderos argentinos (los últimos de los 4.000 que cruzaron los Andes con José de San Martín) participaron en la victoria, junto a combatientes colombianos, venezolanos, peruanos y chilenos. 
 
El general venezolano Antonio José de Sucre, a los 29 años, fue el protagonista central de la batalla, al mando de las fuerzas patrióticas, que acometieron directamente a la masa desorganizada de tropas colonialistas que, sin poder formar para la batalla, descendía en hileras de las montañas. Lo acompaña el intrépido general colombiano José María Córdoba, de 25 años, que alzando su sombrero blanco de jipijapa en la punta de su espada, entusiasma a sus hombres lanzándose al combate con el grito: "¡División! ¡De frente! ¡Armas a discreción y paso de vencedores".

La frase lanzada por el general Jacinto Lara al iniciar el combate es menos homérica pero más criolla. Los hombres de Lara eran hijos de los llanos venezolanos y "gente cruda". Su general les dirigió antes de la batalla la siguiente arenga: "¡Zambos del carajo! ¡Al frente están los godos puñeteros! El que manda la batalla es Antonio José de Sucre, que como  ustedes saben, no es ningún cabrón. Conque así, apretarse los cojones y ... ¡a ellos!".
 
Las fuerzas patriotas sumaban 5.780 hombres y los realistas, 9.310 soldados. La victoria americana fue completa. Cayeron prisioneros el virrey José de la Serna con todos sus generales, empezando por José de Canterac y Jerónimo Valdés, con más de 600 oficiales y dos mil hombres de tropa. Más de dos mil muertos (307 patriotas y 1800 realistas) quedaron sobre el campo de Ayacucho donde concluía el poder colonial español en América.

La victoria de los revolucionarios independentistas supuso la desaparición del contingente militar realista español más importante que seguía en pie, sellando la independencia peruana con una capitulación militar que puso fin al Virreinato del Perú. Terminaron así estas guerras de liberación en todo un continente, que había comenzado medio siglo atrás, cuando los yanquis iniciaron las hostilidades contra los ingleses el 19 de abril de 1775.

 
Presencia indestructible de Eva Perón 
Por Blas García

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