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Internacionales - 06-08-2017 / 20:08
EFEMÉRIDES HISTÓRICAS

Persas y griegos libran la Batalla de las Termópilas

Persas y griegos libran la Batalla de las Termópilas
Persas y griegos libran la Batalla de las Termópilas.
Durante la Segunda Guerra Médica, una alianza de polis griegas lideradas por Esparta (por tierra), y Atenas (por mar), se unieron para detener la invasión del Imperio persa de Jerjes I. El 07 de agosto del año 480 a. C., en Grecia, persas y griegos comienzan la Batalla de las Termópilas.
 
El lapso de la batalla, por el acceso al estratégico paso para la invasión de Grecia, se extendió siete días, siendo tres los días de los combates. Se desarrolló en el estrecho paso de las Termópilas (cuyo nombre se traduce por Puertas Calientes; derivada de los manantiales cálidos que existían allí), en agosto de 480 a. C.
 
Enormemente superados en número, los griegos detuvieron el avance del Imperio aqueménida, situándose estratégicamente en la parte más angosta del desfiladero (se estima 10 a 30 metros), por donde no pasaría la totalidad del poderío persa. En esas mismas fechas tenía lugar la batalla de Artemisio, donde por mar los atenienses combatían a la flota de provisiones persas.
 
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La invasión persa fue una respuesta tardía a la derrota sufrida en el 490 a.C. en la Primera Guerra Médica, que había finalizado con la victoria de Atenas en la batalla de Maratón.
 
Jerjes reunió un ejército y una armada inmensas para conquistar la totalidad de Grecia, que conforme a las estimaciones modernas estaría compuesto por unos 250.000 hombres (más de 2 millones, según Heródoto). Ante la inminente invasión, el general ateniense Temístocles propuso que los aliados griegos bloquearan el avance del ejército persa en el paso de las Termópilas, a la vez que detenían a la armada persa en el estrecho de Artemisio.
 
Un ejército aliado formado por unos 7.000 hombres aproximadamente marchó al norte para bloquear el paso en el verano de 480 a. C.
 
Durante una semana (tres días completos de combate), la pequeña fuerza comandada por el rey Leónidas I de Esparta bloqueó el único camino que el inmenso ejército persa podía utilizar para acceder a Grecia, en un ancho que no superaba los veinte metros (otras fuentes refieren cien metros).
 
Las bajas persas fueron considerables, no así el ejército espartano. Al sexto día, un residente local llamado Efialtes traicionó a los griegos mostrando a los invasores un pequeño camino que podían usar para acceder a la retaguardia de las líneas griegas.
 
Sabiendo que sus líneas iban a ser sobrepasadas, Leónidas despidió a la mayoría del ejército griego, permaneciendo allí para proteger su retirada junto con 300 espartanos, 700 tespios, 400 tebanos y posiblemente algunos cientos de soldados más, la mayoría de los cuales cayeron en los combates.
 
Tras el enfrentamiento, la armada aliada recibió en Artemisio las noticias de la derrota en las Termópilas. Dado que su estrategia requería mantener tanto las Termópilas como Artemisio, y ante la pérdida del paso, la armada aliada decidió retirarse a Salamina.
 
Los persas atravesaron Beocia y capturaron la ciudad de Atenas, que previamente había sido evacuada. Con el fin de alcanzar una victoria decisiva sobre la flota persa, la flota aliada atacó y derrotó a los invasores en la batalla de Salamina a finales de año.
 
Temiendo quedar atrapado en Europa, Jerjes se retiró con la mayor parte de su ejército a Asia, dejando al general Mardonio al mando de las tropas restantes para completar la conquista de Grecia. Al año siguiente, sin embargo, los aliados consiguieron la victoria decisiva en la batalla de Platea, que puso fin a la invasión persa.
 
Tanto los escritores antiguos como los modernos han utilizado la batalla de las Termópilas como un ejemplo del poder que puede ejercer sobre un ejército el patriotismo y la defensa de su propio terreno por parte de un pequeño grupo de combatientes.
 
Así, el comportamiento de los defensores ha servido como ejemplo de las ventajas del entrenamiento, el equipamiento y el uso del terreno como multiplicadores de la fuerza de un ejército, y se ha convertido en un símbolo de la valentía frente a la adversidad insuperable.
 
Fuente: Wikipedia
 
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Camilo Torres Restrepo fue un sacerdote católico colombiano, pionero de la Teología de la Liberación, cofundador de la primera Facultad de Sociología de Colombia y miembro del grupo guerrillero Ejército de Liberación Nacional (ELN).
 
Durante su corta vida, promovió el diálogo entre el marxismo y el catolicismo. Su trabajo en los Llanos Orientales con campesinos, y su participación en la junta del Instituto Colombiano de Reforma Agraria, entre 1962 y 1964, terminaron por convencerlo de la necesidad de un cambio social radical en Colombia.
 
Entre mayo y octubre de 1965 realizó actividad de agitación popular: recorrió el país, participó en manifestaciones y encuentros, dirigió el periódico Frente Unido y aglutinó un grupo de simpatizantes y aliados que incluían al partido comunista, a los grupos urbanos del ELN, a marxistas e izquierdistas independientes y a dirigentes sindicales.
 
A pesar de las prohibiciones del estado de sitio, grandes manifestaciones lo recibían, en las que su figura carismática y su lenguaje sencillo ganaron el compromiso popular para su propuesta política.
 
El éxito de sus primeros actos se conjugó con una visión romántica y optimista del papel de la guerrilla para convencerlo de que el país estaba al borde de una revolución, en la que triunfarían las guerrillas del ELN.
 
Por ello, en vez de tratar de construir un movimiento político alternativo con una perspectiva de largo plazo, entendió su acción como una preparación de la opinión para su gesto de adhesión a la guerrilla.
 
Esta se produjo en octubre de 1965, cuando anunció públicamente su compromiso con la guerrilla. El 15 de febrero de 1966, tropas de la Quinta Brigada, dieron muerte al cura guerrillero, cuando trataba de apoderarse del fusil de un soldado.
 
Su impacto sobre la Iglesia latinoamericana fue amplio y prolongado. Influyó en la opción guerrillera de muchos sacerdotes y religiosos durante los años siguientes, y sus ideas marcaron la mentalidad de los teólogos de la Liberación y de grupos guerrilleros.
 
Su rechazo de los mecanismos electorales desvió de la acción democrática a los nuevos movimientos de izquierda. Su honestidad y carisma, reforzados por su muerte como martirio, sirvieron para consolidar y dar un aura heroica y de generosidad a esa alternativa que ha sido tan costosa: la insurrección armada y la violencia como formas de lucha política. 
 
Por Carlos Morales

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