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Internacionales - 06-08-2017 / 18:08
EFEMÉRIDES POPULARES

Explosión de Cali (Colombia)

Explosión de Cali (Colombia)
Explosión de Cali (Colombia).
La Explosión de Cali es como se le denomina al desastre ocurrido el 07 de agosto de 1956 en el centro de la ciudad de Cali (Colombia), provocado por la explosión repentina de siete camiones del ejército cargados con 1053 cajas de dinamita provenientes de Buenaventura cargados con 42 toneladas de explosivo plástico gelatinoso, que se iban a emplear en la construcción de carreteras en el departamento de Cundinamarca. En 1956 la ciudad de Cali apenas contaba con 120.000 habitantes, de los cuales 4.000 fallecieron a causa de la explosión, y otros 12.000 más quedaron heridos.
 
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Explosión en Cali
 
Un convoy militar compuesto por seis camiones cargó la dinamita el día anterior en el puerto de Buenaventura, y partió sobre las 12 del día con destino al polvorín de San Jorge en Cali. Pasada la medianoche, los seis camiones arribaron a la ciudad con su embarque mortal. En razón a que la carga solo podía ser entregada hasta el día siguiente, los dos suboficiales responsables del cargamento, sin medir los riesgos, solicitaron autorización para parquear los vehículos en la plazoleta del antiguo ferrocarril del Pacífico, frente a las dependencias de la Policía Militar. En la cabina de cada camión quedó de guardia un centinela.
 
Por: Armando Caicedo Garzón
 
Apenas había transcurrido una hora de la llegada cuando, de improviso, la serena noche de víspera de feriado en Cali estalló con vocación de juicio final. Un relámpago rojo, inmenso, centelleó un instante y el retumbar de mil truenos conmocionó a la trasnochadora ciudad.
 
Lo que fuera hasta comienzos de los años cuarenta, el puro centro de Cali, con su movida estación del ferrocarril y su multicolor rosario de hotelitos, tiendas, fondas, almacenes de repuestos y talleres, desapareció en una fracción de segundo. El epicentro de la catástrofe no era más que una tronera de 60 metros de diámetro, por 25 de profundidad.
 
Entre las calles 12 y 25 y las carreras 1a. a 7a., en ocho manzanas a la redonda, la atmósfera polvorienta le imprimía al sector el aspecto de ciudad arrasada por un bombardeo. Unas pocas estructuras metálicas retorcidas apenas se sostenían, y bajo las ruinas se oían los quejidos angustiosos de las víctimas atrapadas. Los casi trescientos vehículos que transitaban o se encontraban parqueados en las vecindades aparecieron como abstractos monumentos de chatarra.
 
En las siguientes 15 manzanas, se habían desentejado todas las edificaciones y los muros de muchas de ellas amenazaban con desplomarse. Las palmas más altas, orgullo de los caleños, aparecían como siniestras varas negras desplumadas.
 
En el cementerio la onda explosiva abrió las bóvedas, lanzando al exterior los despojos humanos y dejó sin puertas los establecimientos comerciales del sector.
 
Las edificaciones y alojamientos de los soldados de la compañía destacada del Batallón Codazzi y de la Policía Militar de la 3a. Brigada - lugar en donde se estacionaron los camiones desaparecieron atomizadas.
 
El general Alberto Gómez, Jefe Civil y Militar del Valle, se reunió con sus oficiales, 15 minutos después de la explosión, y ordenó movilizar todos los recursos militares en ayuda de las víctimas. El primer parte oficial se emitió por la radio a las 4:50 de la madrugada y en las primeras 24 horas se sucedieron otros 19 comunicados.
 
Al amanecer, todas las cadenas radiales iniciaron un maratónico despliegue informativo, atendiendo la angustia de miles de caleños que buscaban avisar a sus familiares, en el resto del país, sobre su estado de salud. Gente humilde hacía cola frente a las emisoras portando papelitos con los datos que necesitaban transmitir.
 
Esa misma tarde, la Televisora Nacional, que ajustaba 2 años de inaugurada, inició el primer teletón de su historia. Los bogotanos entre solidarios y noveleros desfilaron frente a las cámaras dejando ver su generosidad en forma de alcancías, ayuda en especie y alimentos, que eran acopiados por la Cruz Roja y Sendas.
 
Por las características de la tragedia fue difícil consolidar un dato exacto sobre el número de muertos, pero se calcula que 1.200 personas perecieron y un número similar sufrieron heridas que obligaron a su hospitalización.
 
El Presidente, general Rojas Pinilla, habló por radio a las 3 de la tarde. Aprovechó su alocución, de profundo pesar por la espantosa tragedia, para echarles vainazos a los ex presidentes Alberto Lleras y Laureano Gómez, quienes 4 días atrás habían publicado el acuerdo político firmado en España, conocido como Pacto de Benidorm en el que, a nombre de los dos partidos, declaraban a su gobierno militar como dictatorial e inconstitucional.
 
El Gobierno, luego de decretar tres días de duelo, epilogó su declaración con esta frase: ... y les prometo solemnemente ante Dios y los hombres que las Fuerzas Armadas no descansarán hasta que los responsables materiales e intelectuales de tan alevoso y criminal atentado sean sancionados severa y justamente.
 
Más de 5 mil familias que resultaron damnificadas se quedaron esperando.
 
Fuente: eltiempo.com

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20-06-2018 / 17:06
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18-06-2018 / 22:06
18-06-2018 / 21:06
En 1859, Maximiliano de Habsburgo fue contactado por primera vez por los monárquicos mexicanos - los miembros de la aristocracia mexicana, encabezada por José Pablo Martínez del Río - con una propuesta para convertirse en el emperador de México.
 
Él no aceptó al principio, pero después de la intervención francesa en México, dirigida por Napoleón III, de la captura de la ciudad de México por el General Élie-Frédéric Forey y del plebiscito que confirmó la proclamación del imperio, mientras las tropas francesas ocupaban la mayor parte del territorio, consintió en aceptar la corona en el año 1863.
 
El archiduque Fernando Maximiliano José de Austria era miembro de la Casa Imperial de Habsburgo-Lorena. Después de una carrera en la Armada de Austria, fue proclamado, el 10 de abril de 1864, emperador como: Maximiliano I de México.
 
Dio inicio así al Segundo Imperio Mexicano, con el apoyo de Napoleón III de Francia y un grupo de mexicanos conservadores que trataron de revivir la monarquía mexicana instaurada anteriormente por Agustín de Iturbide (Agustín I de México).
 
Muchos países, entre ellos los Estados Unidos, se negaron a reconocer a ese gobierno. Esto ayudó a asegurar el éxito de las fuerzas liberales encabezados por Benito Juárez, quien se negó a consentir el Imperio. Hubo guerra continua entre las tropas imperiales (conformada por mexicanos, franceses, austriacos y belgas) y los republicanos mexicanos.
 
Después de la final de la "Guerra de Secesión", los Estados Unidos comenzaron a suministrar armas a los partidarios de Juárez en El Paso del Norte en la frontera con México. Mientras tanto, Maximiliano invitó a los ex confederados esclavistas a trasladarse a México en una serie de asentamientos.
 
Sin embargo, en 1866, Napoleón III retiraría sus tropas en el frente de la resistencia mexicana, debido a la oposición de EE.UU. bajo la Doctrina Monroe, y para aumentar su contingente militar en el país para hacer frente al creciente ejército prusiano de Otto Von Bismarck.
 
La ciudad de Querétaro cayó en mayo de 1867, y tras un consejo de guerra, Maximiliano I, fue condenado a muerte. Benito Juárez se negó a conmutar la pena, para enviar un mensaje de que México no toleraría ningún gobierno impuesto por las potencias extranjeras. La sentencia se llevó a cabo el 19 de junio 1867.
 
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18-06-2018 / 08:06
El 18 de junio de 1986, a las seis de la mañana, los presos por terrorismo de las cárceles de San Juan de Lurigancho (presos comunes), en el Pabellón Azul de la isla penal de El Frontón (subversivos) y Santa Bárbara (mujeres), que poseían un control tácito al interior de los centros, se amotinaron en forma coordinada y tomaron como rehenes a los guardias de las cárceles y a tres periodistas.
 
Los amotinados en las tres cárceles presentaron un pliego único de 26 demandas, la mayoría relacionada a mejoras en las condiciones de vida de los prisioneros y la disolución del Instituto Nacional Penitenciario (INPE), entidad encargada de las prisiones en el país. Alan García y los miembros de su gobierno fueron tomados desprevenidos por el incidente.
 
La iglesia Católica peruana en el documento publicado el 19 de junio de 1986 y titulado Masacre de los penales de Lima relata: "En la madrugada del 18, los detenidos de los penales de El Frontón, Lurigancho y Santa Bárbara, en Lima, se amotinan y toman rehenes. El consejo de ministros y el presidente Alan García deciden encargar al Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas la restauración del orden. En Santa Bárbara -cárcel de mujeres- interviene la Guardia Republicana. Las rehenes son liberadas. Hay dos reclusas muertas. 
 
En Lurigancho intervienen el Ejército y la Guardia Republicana. Al amanecer del 19 un rehén es liberado. Los ciento veinticuatro reclusos -según el informe oficial- son fusilados después de rendirse. En el Frontón, la operación se encomienda a la Marina, que bombardea el Pabellón Azul durante todo el día. Sobreviven treinta internos, que se rinden. Eran alrededor de doscientos detenidos. En todo el proceso se impide el acceso a las autoridades civiles: jueces, fiscales, directores de penales. Tampoco la prensa".
 
Fue el asesinato masivo más grande durante la lucha contrasubversiva en Perú.
 
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