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Sociedad e Interés General - 04-08-2017 / 20:08
EFEMÉRIDES POPULARES

Se funda el Movimiento Revolucionario Peronista (MRP)

Se funda el Movimiento Revolucionario Peronista (MRP)
El 05 de agosto de 1964, en pleno gobierno del radical Arturo U. Illia y mientras se desarrollaban sucesivos "planes de lucha" por parte de la CGT, se reunió en Buenos Aires el plenario del Movimiento Revolucionario Peronista, en la sede sindical de Yatay 129. En primer lugar habló Eduardo J. Salvide, por la Juventud Revolucionaria Peronista, quien dio lectura al Manifiesto Revolucionario.
 
Dicho Manifiesto señala, entre otros conceptos: "ante el brutal sojuzgamiento que sufre el país, ahogado por la presión de los intereses extranjerizantes y por el apoyo que le prestan los grupos oligárquicos nativos y frente a la defección de la burocracia conciliadora, que ha traicionado al Movimiento y a Perón, constituimos el MRP...adoptando para su quehacer una sola postura: la revolucionaria"...
 
"El Movimiento surge como una necesidad para suprimir definitivamente la explotación y la injusticia social; para reconquistar la soberanía nacional; para impulsar la unidad de los pueblos de América Latina, reivindicando las nacionalidades indoamericanas; para realizar en el plano universal la internacional de los pueblos inspirada por el General Perón, frente a la opresión imperialista y colonialista".
 
Se encuentran entre sus objetivos: "arrancar el poder a las clases privilegiadas que lo usurpan e implantar el estado revolucionario", así como "forjar la dirección del movimiento sobre la base del centralismo revolucionario"; "formar las fuerzas armadas populares" y trabajar para crear las condiciones para el regreso incondicional de Perón"...
 
Roberto Salar, Secretario General del Sindicato de Obreros Ceramistas, leyó luego el Decálogo Revolucionario, en el que se establecen, entre otros, como puntos programáticos del MRP:
 
-nacionalización de todos los sectores claves de la economía
-reforma agraria
-confiscación de los grupos monopólicos
-planificación integral de la economía
-reforma urbana
-realización de una política educacional que lleve los beneficios de la alfabetización a todo el pueblo
-política internacional soberana y relación con todos los pueblos del mundo y solidaridad y apoyo activos a todos los pueblos que luchan por su liberación contra el imperialismo y el colonialismo.
 
La Opinión Popular

Movimiento Revolucionario Peronista (MRP)
 
En el Congreso fundacional se hallaban presentes los directivos sindicales: Arias, Secretario General del Sindicato de Jaboneros; Juan Eyheralde, directivo máximo del Calzado y dueño de casa; Blanco, de la Agrupación Nacional de Empleados de Comercio (Viajantes); Juan José Jonch, de la Agrupación Nacional de Telefónicos; Ricardo De Luca, Secretario General de los Obreros Navales, y algunos políticos, entre los que me encontraba.
 
En dicha asamblea no se hace alusión a las divergencias internas, quedando sólo patentizadas por los estribillos que entonó la concurrencia, en su mayoría formada por elementos jóvenes:
 
Vandor, Vandor, Vandor, cambia de colores según la ocasión!
Fusiles, machetes, por otro 17!
Los yankis y los bolches lo quieren a Perón, Perón hay uno sólo y no está en liquidación!
 
Se entonó el Himno Nacional, se hizo un minuto de silencio en memoria de Evita, mientras se escucharon pasajes de uno de los últimos discursos de nuestra Jefa Espiritual, en el cual se manifestaba "contra los imperialismos y las fuerzas de la reacción que quieren copar a Perón"...
 
Nicanor Leyes, en nombre del equipo militar al MRP, dio lectura a un mensaje de Villalón en el que dice que "el MRP no es un partido político porque jamás el peronismo lo fue. No es una división peronista. No acepta, no aspira ni le interesa su participación o control de otras estructuras partidarias existentes. No lucha contra ningún organismo ni persona que sepa mantener bien alto las banderas del peronismo como movimiento revolucionario". Se refiere indirectamente a los últimos enfrentamientos partidarios indicando que el nuevo nucleamiento está "por sobre las peleas pequeñas de hombres, que sólo se enfrentan, en definitiva, para conducir aparatos para la componenda y elecciones espúreas, satisfaciendo sus apetitos siempre ajenos al Líder y a la Doctrina". Finalmente expresa que "nos oponemos con todas nuestras fuerzas a los procesos electoralistas" y "sólo entendemos de la toma del poder por el pueblo".
 
Gustavo Rearte leyó una extensa Declaración de Principios confeccionada por varios compañeros, donde se amplían algunos de los conceptos formulados en los documentos anteriores:
 
05 DE AGOSTO DE 1964
 
PLENARIO DEL MOVIMIENTO REVOLUCIONARIO PERONISTA
 
DECLARACIÓN
 
El Pueblo trabajador de la Argentina, reunido en magna asamblea a través de sus legítimos representantes, hombres y mujeres del peronismo revolucionario.
 
CONSIDERANDO:
 
Que el Movimiento ya ha alcanzado su plena madurez como fuerza revolucionaria, debe imponerse, al reiniciar la lucha por la reconquista del poder, poniendo en marcha la nueva etapa, a través de la cual complete y profundice las tareas transformadoras del gobierno popular peronista, truncas en 1955; que la lucha será larga y que la revolución no terminará con la conquista del poder.
 
DECLARA QUE:
 
1) El peronismo es un movimiento revolucionario que entronca con todas las grandes revoluciones de la humanidad. Desde su iniciación en las históricas jornadas del 45, y especialmente en el grandioso hecho de masas del 17 de octubre, que tuvo el carácter de un acto de rebeldía de la clase trabajadora contra las fuerzas reaccionarias y antihistóricas, el peronismo es el sinónimo de revolución. Sus realizaciones desde el poder y la extraordinaria trayectoria de lucha y sacrificio de sus bases, después, lo confirman. Negar esta esencia es negar el peronismo.
 
2) El gobierno popular peronista, dirigido por el general Perón, inició el proceso revolucionario de liberación nacional. Sus actos constituyeron manifestaciones concretas de lucha antiimperialistas y de reconquista de la autodeterminación nacional vendida por la oligarquía a los explotadores extranjeros; de impulso a la soberanía popular a través de la movilización de las masas y la construcción planificada de la nueva Argentina, al servicio del Pueblo.
 
3) La falta de desarrollo de una estructura revolucionaria nacional que representara el papel de nexo entre Perón y el Pueblo, que cumpliera tan extraordinariamente Evita, permitió que se produjera el cerco del gobierno popular peronista por la burguesía capituladora ante el imperialismo. Su ideología antinacional y contrarrevolucionaria pudo penetrar gracias a la complicidad de la burocracia conciliadora que, desde entonces, negoció al movimiento y a su jefe.
 
4) La interrupción del proceso revolucionario peronista por el nefasto golpe reaccionario de 1955 ha dejado inconclusa la tarea de liberación. La traición de la burguesía y la burocracia del movimiento que impidió la profundización constante de la acción transformadora que impulsaba Perón y que trabó la construcción del instrumento defensivo del Pueblo: las milicias obreras armadas por las que tanto bregó Evita, abrieron el camino al zarpazo oligárquico e imperialista que inauguró el nuevo período ininterrumpido de opresión, persecución y humillación de nuestro Pueblo hasta el presente.
 
5) La debilidad de la línea revolucionaria, producto de la defección de la burocracia conciliadora, obligó al movimiento a pactar con la burguesía, que pudo así capitalizar en su provecho la gravitación de las masas en la falsa opción de 1958. Ya en el gobierno, al servicio de sus mezquinos intereses de grupo, que opuso a los de la Nación, pudo consumar la más vil traición al Pueblo y a la Patria al entregar la soberanía al capital financiero yanki.
 
6) El duro proceso de la lucha acentuó la toma de conciencia de su papel histórico por la clase trabajadora. El 18 de marzo de 1962, el Pueblo castigó la traición imponiendo su propio camino. El 7 de julio ratificó esta decisión al repudiar la nueva maniobra frentista urdida por la burguesía "frigerista", que pretendió nuevamente atar al movimiento a la cola de fuerzas más reaccionarias. Pero la claridad del Pueblo demostró que eso ya no era posible.
 
POR TODO ESTO SOSTIENE:
 
1) Que hemos llegado a un punto en que nadie puede llamarse a engaño; los mercaderes del movimiento encaramados en organismos de dirección, que hace tanto tiempo los vienen llevando de fracaso en fracaso, han pretendido convertir al movimiento en un partido político liberal más, negando su esencia revolucionaria. Encontraron como respuesta el total repudio de las bases. En el futuro intentarán nuevamente desviar el movimiento, complicándolo en el fraudulento juego electoralero de la reacción, para lo cual tratarán de trabar la definición revolucionaria que ya los desborda y de impedir el regreso de Perón, que amenaza sus posiciones.
 
2) Que las bases, por encima de la burocracia conciliadora y sus maniobras de entrega del movimiento y de Perón, han demostrado a lo largo de este duro y difícil proceso de lucha, que no aceptan los acuerdos espurios con fuerzas reaccionarias y que consideran la lucha revolucionaria en todas sus formas como el único camino para lograr el regreso de Perón y conquistar su liberación, por lo que derrotarán nuevamente todo intento de desviarla de sus objetivos.
 
3) Que es esencial reivindicar a los héroes y los mártires y a todos los actos de lucha popular que jalonan la resistencia del Pueblo al ejército de ocupación. Las jornadas de junio y setiembre de 1955 en que a pecho descubierto las masas enfrentaron las bombas y bayonetas asesinas de la contrarrevolución; los mártires del 9 de junio; los héroes anónimos de la resistencia de todos estos años de represión y violencia antipopular, forman ya parte de la historia del proceso de lucha por la liberación y serán ejemplo e inspiración permanente para la acción.
 
4) Que es de justicia condenar ala burocracia y repudiar a los tránsfugas que la representan como traidores al movimiento peronista, a sus organizaciones, a su tradición de lucha, a sus mártires, al Pueblo y a su Líder, el general Perón, y a la revolución que él encabeza.
 
5) Que la clase trabajadora, base esencial del peronismo, es la única capaz de conducir consecuentemente, sin vacilaciones, hasta el fin, el proceso revolucionario arrastrando tras de sí a los sectores no comprometidos. Estos han demostrado terminantemente que por sus vacilaciones y por su debilidad ante el enemigo, que conducen al compromiso y a la traición, no están en condiciones de asumir la conducción revolucionaria. Por lo tanto, los trabajadores constituyen la vanguardia del Pueblo en la lucha contra la reacción.
 
6) Que para que el movimiento pueda cumplir el papel de conducción, de aglutinador, que la clase trabajadora argentina le impone, debe desprenderse de los elementos burgueses y reformistas que lo frenan, y superarse. Para ello debe darse una estructura y una dirección centralizada revolucionaria, altamente representativa de las bases, que incorpore los elementos ideológicos que permita penetrar profundamente en las contradicciones de la sociedad y forjar un programa revolucionario mínimo que contemple las necesidades de todo el Pueblo.
 
7) Que el régimen en descomposición ha cerrado todos los caminos al Pueblo apoyado en la violencia y en la represión y haciendo del fraude y la proscripción de las mayorías populares su "sistema de gobierno". Condenada históricamente, la reacción ha escogido la forma en que habrá de ser destruida. A la violencia responderemos con la violencia, y como dijo Perón: "Por cada uno de los militantes del Pueblo que caiga caerán cinco de ellos". Nuestro Pueblo sabrá recoger la tradición de las montoneras gauchas y responder golpe por golpe a la reacción con sus mismas armas. De hoy en adelante sabremos utilizar la lucha armada como método supremo de la acción política.
 
8) Que el enemigo, aunque aparentemente poderoso, en realidad es débil. El régimen, que solamente representa a doscientas familias privilegiadas, es un gigante con pies de barro. Nosotros somos millones y cuando nos pongamos en marcha no habrá fuerza capaz de detenernos, en la medida en que esclarezcamos nuestros objetivos, nos organicemos para la acción y dominemos y pongamos en práctica todas las formas de lucha. Para ello el Pueblo deberá oponer al ejército de ocupación del régimen sus propias fuerzas armadas y las milicias obreras que le permitan conquistar la victoria y defenderla después.
 
9) Que las tareas tendientes a construir el instrumento revolucionario se confunden con las destinadas a poner en marcha el proceso de liberación en el plano nacional. El eje de la acción debe ser la movilización total del Pueblo, hasta un grado tal que cada hombre se convierta en un militante.
 
Sólo manteniendo una estrecha y permanente relación con las masas, la dirección revolucionaria podrá interpretar profundamente sus anhelos y su voluntad y elaborar las consignas de lucha que respondan a sus intereses. Porque la revolución la harán las masas y nada podrá reemplazar esta acción.
 
COMPROMISO:
 
1) Nos comprometemos a llevar hasta sus últimas instancias la tarea de rescate de la soberanía nacional iniciada por el gobierno popular peronista que culminará con la expulsión definitiva del imperialismo de nuestro país, que succiona el esfuerzo de nuestro Pueblo y las riquezas nacionales, impidiendo la plena expansión de la potencialidad de nuestro país.
 
2) Nos comprometemos a la eliminación total de las clases sociales parasitarias que sirven a los intereses del gran capital financiero internacional. Los viejos grupos oligárquicos ligados a la tradicional dependencia de nuestro país al imperialismo inglés, así como los nuevos sectores de la burguesía que sirven de instrumento a la penetración del imperialismo yanki.
 
3) Nos comprometemos a construir una nueva Argentina cuyo objetivo será la supresión de la inhumana explotación del hombre por el hombre, en que los únicos privilegiados serán los niños; en que la salud no será el privilegio de la minoría; en la que el bienestar material y la dignidad humana sean un producto común del esfuerzo de todos y en la que, sobre la plena expansión de las capacidades creadoras del Pueblo, se sienten las bases para forjar una auténtica cultura nacional de las mayorías y para que el arte y el conocimiento en todas sus formas no sean privilegios de elites extranjerizantes y deformantes de la conciencia nacional.
 
4) Nos comprometemos a apoyar activamente a todos los pueblos del mundo que luchen por la liberación, y, en especial, a nuestros hermanos de América Latina, sometidos al hambre, la explotación, la miseria y la ignorancia, por el imperialismo y sus lacayos, las fuerzas reaccionarias internas. Del mismo modo, nos oponemos a las guerras de rapiña v declaramos nuestra decisión de respetar y hacer respetar la autodeterminación de los pueblos y la igualdad de todas las naciones del mundo.
 
EN CONSECUENCIA:
 
Asumimos ante el Pueblo y la historia el compromiso de dar la vida por el cumplimiento del programa revolucionario.
 
Asumimos ante el Pueblo y la historia el compromiso de construir la estructura y desarrollar la dirección revolucionaria centralizada que constituyen las herramientas de lucha y esclarecimiento ideológico de la clase trabajadora y que, uniendo a las bases del movimiento y a Perón, conduzca al proceso de liberación que lleve al triunfo este proyecto de liberación, con lealtad, abnegación y sacrificio total, e incorporando a la acción a los demás sectores del Pueblo argentino no comprometidos con la reacción.
 
Asumimos ante el Pueblo y la historia el compromiso de forjar el ejército del Pueblo que canalice la capacidad revolucionaria popular en la lucha contra el ejército de ocupación, permitiendo, junto con las milicias obreras, iniciar la lucha armada contra los sectores privilegiados nacionales e imperialistas, como forma de acción política.
 
Asumimos ante el Pueblo y la historia el compromiso de llevar a cabo la acción revolucionaria y en permanente y estrecha relación con las masas, transformación a cada hombre en un militante y a través de la movilización constante del Pueblo.
 
Por el regreso incondicional del General Perón.
Por la liberación nacional y social de nuestra Patria y nuestro Pueblo.
Por la revolución antiimperialista de América Latina y del mundo.
Viva Perón. Viva Evita. Viva la revolución.
Liberación o muerte.
 
MOVIMIENTO REVOLUCIONARIO PERONISTA - COMANDO NACIONAL
 
Alguno de sus integrantes fueron Héctor Orlando Villalón, Mario Valotta, Gonzalo Cháves, "Pancho" Gaitán, "Chango" MENA, Ricardo De Luca, Juan Eyheralde, Roberto Salar, Gustavo Rearte, Arias, Luis Rubeo, Fausto Rodríguez, Eduardo Mercado, Jaime, Bernabé Castellano.

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17-08-2017 / 19:08
Oscar Alfredo Gálvez nació en Caballito el 17 de agosto de 1913. Fue Campeón en Turismo de Carretera y en Pista (en 1947 y 1948); y en TC en 1953, 1954 y 1961. Adhirio fervorosamente al peronismo.
 
Escribió parte de la historia del automovilismo argentino, junto con su hermano Juan, y el menor Roberto, aunque éste último sólo asomó a este deporte. Hijos de una familia porteña, en que el padre era mecánico, desde chicos sintieron su pasión por los fierros, lo que hizo que Oscar se sintiera "mecánico", y dejara la escuela primaria, después de intentar tres veces cursar el 4º grado.
 
Los hermanos Gálvez fabricaban sus propios autos, rígidos, duros, cuadrados, pesados, prepararon el auto para que Oscar corriera en 1937 las Mil Millas Argentinas, y Juan logró acompañarlo, modificando su documento, pues era todavía menor de edad, y el anecdotario señala que perdieron el segundo puesto por perder tiempo en cambiar la correa que ataba el capot (que se cortaba por ser un cinturón común de pantalones).
 
En 1939 participaron en el Gran Premio Getulio Vargas, en que los Gálvez rompieron el diferencial, lo ataron con alambre y continuaron, pero sobre el final volcaron, se reacomodaron y llegaron segundos, atrás de Juan Manuel Fangio.
 
En 1940 tuvieron un tremendo vuelco al caer a un precipicio, y decidieron comenzar a usar casco. Oscar -lo que son las épocas- consiguió uno de paracaidista y Juan otro de los que usan en los tanques de guerra.  Esos eran los tiempos con anécdotas pintorescas de los pioneros de esta actividad.
 
La Opinión Popular

16-08-2017 / 21:08
16-08-2017 / 21:08
16-08-2017 / 21:08

El 17 de agosto de 1850, en Boulogne-sur-Mer (Francia), moría José Francisco de San Martín, un revolucionario americano, que fue un convencido impulsor de la liberación de la Patria Grande. Sus campañas militares fueron un aporte importante a la insurrección contra la colonización hispánica y decisivas para conseguir la Independencia Americana.

En 1816, año en que se concretó nuestra Independencia Nacional, San Martín era el patriota más esclarecido, desde el punto de vista político tanto como del militar, en el Río de la Plata, y conducía los sucesos en función de su estrategia para vencer al colonialismo español en toda América. 
 
En su proyecto para declarar la Independencia, San Martín se impuso militarmente a los españoles y políticamente a aquellos sectores vinculados a la elite de Buenos Aires que ya estaban negociando, tanto con España como con Inglaterra, una nueva dependencia para la Argentina. Esto no se lo perdonaron nunca los unitarios porteños y el Libertador se tiene que ir de nuestra Patria en 1824, perseguido por Rivadavia, y amenazado de muerte.

Desde su Cuartel General de Mendoza, el 4 de septiembre de 1816, nos dejaba una enseñanza siempre vigente: "La Patria no hace al soldado para que la deshonre con sus crímenes, ni le da armas para que cometa la bajeza de abusar de estas ventajas ofendiendo a los ciudadanos con cuyos sacrificios se sostiene. La tropa debe ser tanto más virtuosa y honesta, cuanto es creada para conservar el orden, afianzar el poder de las leyes y dar fuerza al gobierno para ejecutarlas y hacerse respetar de los malvados que serían más insolentes con el mal ejemplo de los criminales. La Patria no es abrigadora de crímenes". 

Hoy como ayer, la alternativa histórica es entre independencia económica o subdesarrollo y miseria, lo que implica optar entre un país dependiente o luchar por una nación justa, libre y soberana. Por eso, nuestra historia es la conjunción de triunfos y derrotas, de avances y de retrocesos en el camino hacia la liberación nacional. Y por eso, nuestra tradición política es hija de la lucha por la emancipación nacional, que se origina en las más antiguas raíces de la Patria.
 
José de San Martín, el ejemplo más claro a seguir, nos señaló: "Seamos Libres, lo demás no importa nada. Juremos no dejar las armas de la mano, hasta ver el país enteramente libre, o morir con ellas, como hombres de coraje". 

Escribe: Blas García

13-08-2017 / 18:08
El Juicio a las Juntas fue el proceso judicial realizado por la justicia civil (por oposición a la justicia militar) en la Argentina en 1985 por orden del presidente Raúl Ricardo Alfonsíncontra las tres primeras juntas militares de la dictadura autodenominada Proceso de Reorganización Nacional (1976-1983) debido a las graves y masivas violaciones de derechos humanos cometidas en ese período.
 
En diciembre de 1983, cinco días después de asumir como presidente, Alfonsín sancionó el decreto 158 por el cual ordenaba procesar a las tres juntas militares que dirigieron el país desde el golpe militar del 24 de marzo de 1976 hasta la Guerra de las Malvinas. El mismo día creó una Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep), integrada por personalidades independientes para relevar, documentar y registrar casos y pruebas de violaciones de derechos humanos, y fundar así el juicio a las juntas militares.
 
El juicio tuvo una gran trascendencia internacional y sobre todo para la región, en donde en los países limítrofes como Chile, Uruguay o Brasil, que sufrieron crímenes similares, llevar a los represores ante la justicia fue imposible y nunca condenaron a sus criminales. Jorge Rafael Videla Emilio Eduardo Massera fueron condenados a reclusión perpetua e inhabilitación absoluta perpetua con la accesoria de destitución. Los demás acusados fueron destituidos de sus cargos.
 
Este juicio, muy importante en la historia mundial, tuvo un alto impacto, tanto político como psicológico, y una trascendencia que puso al presidente Raúl Alfonsín a la vanguardia de su época en derechos humanos.
 
El 14 de agosto de 1998, bajo el Gobierno de Carlos Saúl Menem, los jueces de las más altas instancias deciden "dar carpetazo" (clausurar) a las investigaciones sobre los desaparecidos durante la dictadura. Volverán a abrirse recién durante el Gobierno de Néstor Kirchner.
 
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