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Sociedad e Interés General - 17-07-2017 / 21:07
EFEMÉRIDES POPULARES. EL 18 DE JULIO DE 1882 NACE EN PARANÁ, EL GRAN NOVELISTA Y NOTABLE PENSADOR NACIONALISTA CATÓLICO, MANUEL GÁLVEZ

Manuel Gálvez, exponente del nacionalismo cultural y temible polemista

Manuel Gálvez, exponente del nacionalismo cultural y temible polemista
Manuel Gálvez, exponente del nacionalismo cultural y temible polemista.
En Paraná, Entre Ríos, el 18 de julio de 1882 nace Manuel Gálvez. Fue narrador, poeta, ensayista, historiador y biógrafo. Se comprometió con la denominada "reacción nacionalista" cuyo objetivo fue rescatar el legado cultural español y fomentar el orgullo por pertenecer a una misma raíz hispánica.
 
Autor de "Nacha Regules", "La Maestra Normal", "Hombres en soledad", "La Gran Familia de los Laris". Del conjunto de su obra se destacan tres de sus biografías: la de Hipólito Yrigoyen, la de Juan Manuel de Rosas y la de Domingo Faustino Sarmiento.
 
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De una antigua familia criolla (descendía del fundador de Buenos Aires, Juan de Garay), acomodada y entregada a la política, recibió una esmerada educación en la provincia de Santa Fe, y estudió Leyes en Buenos Aires, pero no quiso hacer carrera política ni entregarse a la abogacía y fundó en 1903 la revista Ideas. Viajó después por toda Europa.
 
Junto a Ricardo Rojas y Leopoldo Lugones se comprometió con la denominada "reacción nacionalista" cuyo objetivo fue rescatar el legado cultural español y fomentar el orgullo por pertenecer a una misma raza hispánica. Hizo por entonces su única aproximación a la lírica con dos libros, El enigma interior y Sendero de humildad, de sesgo posmodernista y centrados en las preocupaciones religiosas del autor, recientemente convertido al Catolicismo.
 
Desde la prensa defendió la profesionalización del escritor y se convirtió en un activo promotor de empresas culturales, revitalizando la vida literaria y periodística de la nación. Publicó las primeras obras de no pocos autores jóvenes desde las empresas editoriales que llegó a dirigir y propagó generosamente sus méritos mediante la crítica literaria en sus artículos periodísticos.
 
Su primera obra importante fue El diario de Gabriel Quiroga. Opiniones sobre la vida argentina (Buenos Aires: Moen, 1910), novela que suponía ya su acercamiento a la "reacción nacionalista" luego reforzado con su novela El solar de la raza, (1913); luego siguió una multitud de novelas que hacen pensar en él como el Benito Pérez Galdós argentino, por su intención de reflejar fielmente todos los aspectos de historia reciente y de la sociedad contemporánea en su país.
 
Así se lo propuso conscientemente el propio autor, como declaró en sus Memorias:
"Me refiero al plan que tracé en 1912. ¿Había en ese plan ambicioso alguna influencia de Balzac, de Zola, y, acaso, de Pérez Galdós y Baroja? No es imposible, sobre todo, del primero. La formidable construcción del maestro, que comprende toda, o casi toda, la sociedad francesa de su época, me tenía impresionado. Yo también soñé con describir, a volumen por año, la sociedad argentina de mi tiempo. El plan abarcaba unas veinte novelas, agrupadas en trilogías. Debían evocar la vida provinciana, la vida porteña y el campo; el mundo político, intelectual y social; los negocios, las oficinas y la existencia obrera en la urbe; el heroísmo, tanto en la guerra con el extranjero como en la lucha contra el indio y la naturaleza; y algo más". 
 
Obtuvo el premio Municipal con Nacha Regules (1919) y el Nacional con El general Quiroga (1932). Acaso su novela más célebre sea El mal metafísico (1916), que pretende describir a su generación. Muy lograda es su novela El gaucho de los cerrillos. Como ensayista, si dejamos fuera sus innumerables artículos periodísticos, empezó con Informe sobre el paro forzoso (Buenos Aires: Alsina, 1913). Fue elegido académico de la Argentina de Letras y miembro correspondiente de la Real Academia Española. Fundó la sección argentina del Pen Club en Buenos Aires y fue nominado en tres ocasiones para el premio Nobel de Literatura.
 
Entre su obra novelística la crítica destaca las obras siguientes: La maestra normal(Buenos Aires: Nosotros, 1914), El mal metafísico (Buenos Aires: Nosotros, 1916),La sombra del convento (Buenos Aires: Agencia General de Librería y Publicaciones, 1917) y Nacha Regules (Buenos Aires: Pax, 1919), Historia de un arrabal (Buenos Aires: Agencia General de Librería y Publicaciones, 1922),Hombres en soledad (Buenos Aires: Club del Libro, 1938).
 
Del conjunto de su obra se destacan tres de sus biografías: la de Hipólito Yrigoyen, la de Juan Manuel de Rosas y la de Domingo Faustino Sarmiento.
 
El gaucho de los cerrillos es una de las mejores novelas históricas que se han escrito en Hispanoamérica. El gaucho de los cerrillos es Rosas. Describe las luchas civiles argentinas durante el mandato de Dorrego, el fusilamiento de éste por Lavalle -que se levantó contra él- hasta la instauración de la larga dictadura de Rosas.
 
La situación se halla apreciada desde Buenos Aires, donde se vive la incertidumbre, la angustia y la guerra con todas sus consecuencias familiares: elecciones fraudulentas amañadas desde el mismo poder; cambios de gobierno; días de terror en el ambiente de calles y pulperías, tipos de gauchos y negros callejeros; militares enardecidos hasta la locura; honradas familias cuyas amistosas relaciones se tornan en odio por la pasión políticas; aclamaciones a los vencedores y agresiones e insultos frente a las casas de los vencidos..
 
Y en medio de estos acontecimientos políticos, la trama de la novela gira en torno a dos familias víctimas de sus propias pasiones y rencores: los Hinojosa (federales) los Montellano (unitarios). Los destruidos amores de Tomás Hinojosa y Remedios Montellano -de ascendiente shakesperiano- son como símbolo y síntesis de las lamentables consecuencias de esta lucha.
 
El gaucho de los cerrillos está considerada como una novela nacional argentina, como un documento histórico, aunque sensiblemente desfigurado por la invectiva y por la pasión. "Mi actitud es la de evocar ambientes -decía Manuel Gálvez-, vastos panoramas. No soy, me parece, un creador de caracteres individuales".
 
Fuente: Wikipedia

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Herminio Iglesias fue peronista, sindicalista, intendente de Avellaneda, diputado y fallido candidato a gobernador de Buenos Aires en 1983 por el PJ. Su quema del ataúd con la sigla UCR fue el símbolo de la derrota del peronismo a manos del radical Raúl Alfonsín.
 
Participó del 17 de octubre de 1945. Presidió la agrupación vandorista "30 de Junio", en Avellaneda. Fue baleado en 1972 por otros peronistas. Corrió a tiros a Juan Manuel Abal Medina ese mismo año. Fue baleado otra vez, en este caso le rozaron el escroto, en septiembre de 1973, también por una interna con sus adeptos.
 
Tenía una fama basada en exabruptos, provocaciones y un curioso manejo del idioma. Era un exponente de la ortodoxia justicialista, una fórmula que con menos eufemismo podría traducirse como un "pesado" del peronismo bonaerense. Gozaba de un nombre en su territorio, Avellaneda, ganado, entre otras cosas, a fuerza de pistola.

Los que estabamos en las antípodas ideológicas de Iglesias recordamos -nobleza obliga- que las tres firmas que llevaba el documento de denuncia de la represión militar entregado a la Comisión de Derechos Humanos de la OEA, en plena dictadura, eran las de Alfonsín, Deolindo Felipe Bittel  y Herminio Iglesias. Y él se ofreció para entregar el documento donde el PJ y la UCR defendían a los derechos humanos. Eran tiempos donde no abundaban los valientes.
 
En Herminio había un elemento central del peronismo: la reivindicación de los humildes. Venía de abajo en serio, no se había criado en las bibliotecas, ni siquiera sabía dónde quedaban. Era duro, forjado en la vida, expresaba como nadie la cultura de la calle, la de la noche, la del dolor. No era un mafioso, como lo querían definir los cajetillas, tampoco un santón, como lo imaginaban algunos fanáticos de la política. Murió el 16 de febrero de 2007.

Alguno nos acusará de defender a personas que tenían relación con el delito. En rigor, la política los sacó de la marginalidad, no como tantos a los que ahora la política los inició en el mundo de la corrupción y el delito. Y la gran mayoría de ellos tienen carreras universitarias.
 
Por Carlos Morales para La Opinión Popular

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