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Nacionales - 05-07-2017 / 09:07

El cóctel explosivo: la suba de combustibles y el alza del dólar empujan la inflación en el rubro alimentos

El cóctel explosivo: la suba de combustibles y el alza del dólar empujan la inflación en el rubro alimentos
A pesar de la firmeza de la política monetaria y del escenario de retracción en el consumo, los comestibles y bebidas lideran las subas de precios. En las empresas se critica la persistencia en medidas ortodoxas y hasta no faltan quienes se preguntan si se necesita "un poco de morenismo".
Federico Sturzenegger miró fijo a su interlocutor y remató un extenso diálogo sobre los causantes de la inflación: "¿Sabés por qué el jabón en polvo aumentó 50% en el último año en el negocio que está en la esquina de mi casa? Porque los consumidores convalidaron el precio. Y lo hacen porque en la economía hay demasiados pesos dando vueltas". Para el presidente del Banco Central, no hay lugar a dudas sobre qué hacer ante una situación así: "Hay que mantener la mano dura".
 
La anécdota, traducida a medidas de política monetaria, significa que hay un pleno convencimiento en cuanto a sostener un régimen que tenga bajo control al dinero circulante, por la vía de las altas tasas de interés. Para la mayoría de sus colegas -muchos de la City, ortodoxos como él-, el funcionario actúa como un "fundamentalista del mercado".
 
A esos economistas no les convence la estrategia del BCRA para combatir la inflación. Al contrario, cada vez se muestran más distantes de "Sturze", como lo nombran en confianza. La rigidez del banquero central es, desde hace tiempo, controversial porque tiene "lado B": si la forma de combatir la inflación es el desincentivo al consumo, eso va en contra del demorado objetivo de reanimar la economía. Pero ahora se agrega algo peor: aun con la "mano dura", la inflación amaga volver a dispararse, y con los alimentos como uno de los rubros de mayor aumento.
 
Son demasiadas malas noticias para un Gobierno que se ilusiona con anunciar, justo antes de las elecciones, una caída en el índice de la pobreza. Por ahora, el presidente Macri le da la derecha. El jefe de Estado desistió de aplicar otras fórmulas para enfriar las remarcaciones en los precios, sobre todo de los alimentos.
 
A tal punto, que el titular de un reconocido banco le preguntó a uno de los directores del BCRA, medio en chiste y medio en serio, si no haría falta "un poco de morenismo" para evitar abusos de parte de los formadores de precios.
 
Los alimentos, a la cabeza
 
La reciente actualización de los precios en los combustibles amenaza con agravar el escenario. Ni bien trascendió el incremento del 7,2% en las naftas y del 6% en el gasoil, desde la casilla de mail de una de las principales compañías alimenticias remarcaron entre 5% y 7% los valores de los fideos de las líneas más económicas y de la yerba.
 
El dato hubiese pasado desapercibido para los supermercados que recibieron ese correo, si no fuera por un hecho: fue enviado un domingo, con tal de no perder un solo día de facturación con el nuevo esquema de precios.
 
La línea de puntos que une el ajuste en el gasoil con los valores de los alimentos es bien visible, por lo que, en definitiva, profundizará un fenómeno que ya era evidente antes de este último reajuste.
 
Según la consultora Elypsis, una de las más seguidas por los economistas ya que mide la evolución online de más de 300.000 productos, el rubro de alimentos y bebidas se encareció 1,8% durante junio. Y se volvió a colocar entre los de mayor suba. El mes anterior se había disparado 2%.
 
Los productos lácteos encabezan el ranking del mes pasado, con un incremento del 3,3%. La leche fluida (3,6%) y los quesos (3,9%), a su vez, son los que empujaron los incrementos. Los panificados y el azúcar subieron 2,9%. Las verduras, en tanto, lo hicieron en un 2,3% promedio.
 
Siempre según Elypsis, las carnes avanzaron 1%, luego de haberlo hecho en un 2,5% durante mayo. De esta forma, el rubro de los alimentos sigue encabezando los movimientos de los precios. Según el INDEC, son mayoría los productos alimenticios que se encarecieron bien por encima del índice de la inflación general.
 
Los aceites están al tope de ese ranking preocupante: los precios subieron 67,9% entre mayo del año pasado y mayo último. Los lácteos lo hicieron en un 36,2%. Las bebidas, con los vinos que en promedio aumentaron 41%, corren en tercer lugar.
 
¿Qué está ocurriendo? ¿Habrá que quemar los libros de economía que aseguran que, ante una actividad pinchada, los precios deberían estar tranquilos? Lo primero que salta a la vista son los incrementos en los costos de las compañías, que indefectiblemente deben aplicarse al valor final de los productos. A comienzos de año se dieron ajustes en las tarifas de electricidad y gas, que las empresas fueron trasladando a medida que les llegaron las facturas.
 
Pero no fue lo único, claro está. Fernando Marengo, director de la consultora Arriazu & Asociados, tiene algunas explicaciones adicionales:
 
-Aceites: el impacto, según el especialista, se vincula con la decisión oficial de liberar un mercado que estuvo durante 12 años regulado por la administración anterior. "Un sinceramiento del mercado", refiere Marengo, en diálogo con iProfesional.
 
-Bebidas: hubo un notable incremento en el rubro "Vinos" debido al fracaso de la última vendimia. La caída en la producción presionó sobre los precios. Este año fue de 19 millones de quintales cuando entre 2010 y 2015, en promedio, alcanzó los 26,5 millones de quintales. Esta campaña, junto a la del año pasado, se anotan entre las peores en 50 años, lo que obligó a las autoridades a importar volúmenes récord desde Chile.
 
-Lácteos: con un 36,2% de suba interanual, este rubro le pone presión a la canasta básica. Hubo dos variables que confluyeron: primero, la crisis terminal en SanCor, que disminuyó la producción en niveles que el resto de las compañías no alcanzaron a compensar. Luego, el impacto de las inundaciones, que azotaron la mayoría de las cuencas lecheras.
 
 
El efecto dólar
 
El economista Emmanuel Alvarez Agis, viceministro de Axel Kicillof, viene estudiando el comportamiento de los precios de los alimentos en relación al tipo de cambio. Es una foto que vale la pena observar habida cuenta del último movimiento alcista del billete verde, que lo llevó por encima de los $17.
 
Agis toma como ejemplos dos hechos recientes: el Brexit, de julio de 2016, y la elección de Donald Trump, en noviembre último. El punto común a ambos casos fue la suba del tipo de cambio en la Argentina.
 
-Brexit: luego de la suba del dólar del 5,7% en aquel julio de 2016, la inflación de alimentos y bebidas pasó de un promedio mensual de 2,1% entre febrero y julio 2016 a un 3,1% en agosto, tras el salto del tipo de cambio.
 
- "En el mismo sentido, luego de una devaluación mensual de +3,3% en diciembre de 2016 por el "Efecto Trump", la inflación mensual de alimentos y bebidas pasó de un promedio de +1,6% en septiembre-diciembre 2016, a +2,9% en enero de este año", escribió Agis en el último reporte de su consultora, "PxQ".
 
En diálogo con iProfesional, el ex viceministro habla de una paradoja: "Pese a la menor demanda, los precios suben", afirma. "Una de las explicaciones es que a las empresas les siguen incrementando los costos fijos: la luz, el alquiler, el agua y ahora los combustibles", agrega.
 
Desde una de las fábricas de alimentos más grandes del país aseguran que, en los últimos meses, se han resignado márgenes de rentabilidad para evitar una caída superior en las ventas. Pero que esa baja fue largamente compensada por el crecimiento de los costos, con lo cual los consumidores siguen abonando los productos cada vez más caros.
 
"Tenemos las manos atadas. Subimos los precios sólo para hacer frente a las tarifas más altas y también para comprar gasoil más costoso. Los márgenes están retraídos, y en la industria nadie está pensando en recomponerlos. No, por lo menos, hasta que el consumo levante", le cuenta una fuente confiable de la industria alimenticia a iProfesional.
 
Entre los mayores costos que se sumaron en junio figura la segunda cuota de la paritaria de los empleados de comercio, que cerraron con un aumento salarial del 27% anual.
 
En una de las principales fábricas de productos farináceos del país advierten a iProfesional que, tras un incipiente repunte de las ventas durante abril, la situación volvió a terreno negativo. "Lo peor es que con los continuos aumentos de los costos, nosotros no prevemos una mejora significativa en el corto plazo. Ojalá nos equivoquemos, pero estamos trabajando con nuestros stocks bajo esos presupuestos".
 
Desde los supermercados también le corren el cuerpo. Contra lo que muchos piensan, el sector comercial asegura que también han achicado al máximo los márgenes. Y adelantan un dato: la caída de ventas en las grandes superficies habría alcanzado al 5%, en términos reales, durante junio. Los números definitivos los informará el INDEC, recién dentro de dos semanas.
 
Lo que sorprende, admiten en uno de los grandes supermercados, es que estos signos negativos suceden a otros, también en rojo, del año pasado. "No sabemos qué hacer para levantar la cabeza", grafican en una de las empresas referentes del mercado.
 
Por Claudio Zlotnik
 
Fuente: iProfesional
 
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20-04-2018 / 16:04
20-04-2018 / 10:04
20-04-2018 / 09:04
Desde que asumió Mauricio Macri las facturas de electricidad treparon 1600 % para los usuarios, tomando como referencia un consumo residencial promedio. Y la inflación se aceleró deteriorando el poder de compra del salario. El rechazo social a las subas en las facturas energéticas se hizo sentir en las calles. El malestar también tuvo una manifestación en el Congreso en el fallido debate del miércoles.
 
Este jueves, a puertas cerradas, el Presidente Mauricio Macri, el jefe de Gabinete, Marcos Peña, el ministro de Energía, Juan José Aranguren, el presidente provisional del Senado, Federico Pinedo, y el jefe del bloque Pro, Nicolás Massot, junto a sus aliados radicales y de la Coalición Cívica, abordaron el tema tarifazos. Pero la conclusión fue lamentable.
 
No hubo debate, sino una puesta en escena para la gilada en la que solo se abordaron las tarifas del gas y se decidió "financiar optativamente" las boletas, para pagar durante el verano los cargos correspondientes a los meses de mayor consumo: mayo-junio y julio-agosto. La "brillante" opción apenas sería sobre un 25% del total de la factura de gas y con un recargo del 20%.
 
El Gobierno aceptó hacer un retoque cosmético en su política de tarifas para demostrar apertura ante sus aliados, radicales y lilitos, e intentar descomprimir el escenario en el que la oposición casi reúne los votos para una sesión especial que podría haber iniciado una modificación del aumento previsto para el gas.
 
Con la idiosincrasia empresarial grabada a fuego, Macri no está dispuesto a perder y, pretende que la modesta concesión de la financiación en cuotas la paguen las provincias. "Que los gobernadores aporten el dinero que supone desdoblar los aumentos". Así se lo hizo saber al gobernador de Mendoza y titular de la UCR, Alfredo Cornejo, autor de la polémica propuesta.
 
Pensando en las ganancias, omitieron tratar las subas en otros servicios básicos como la luz y el agua. Tampoco se contempló la situación de las PyMes, industrias o comercios. La "solución" del tarifazo en cuotas solo alcanza a los usuarios residenciales y deja afuera a un sector cuyo incremento en los costos necesariamente implica un traslado a los precios de venta.
 
El repudio general a las subas exageradas de tarifas golpea sobre la principal política ajustadora que el Gobierno ofrece a los "mercados" a cambio de que le hagan el aguante con la deuda externa: la preocupación se la transmitieron a Nicolás Dujovne y Luis Caputo en la asamblea anual del FMI que tiene lugar por estas horas.
 
En conclusión, una verdadera burla. El tarifazo sigue en pie y las ganancias de los amigos de Macri no se tocan. Y ahora al negocio energético se le suma el financiero. Los tarifazos y la baja de los subsidios son la pieza clave del ajuste macrista.
 
La Opinión Popular

19-04-2018 / 10:04
Meses atrás, el Gobierno de Mauricio Macri anunció con bombos y platillos que había crecido el empleo. Se destacaba, entre esos datos, una importante masa de trabajadores en negro, aunque sin informar la metodología utilizada para la medición de ese empleo no registrado.
 
El tono triunfalista del gobierno podría sugerir a los trabajadores que no hay nada de qué preocuparse: el macrismo habría hecho bien su tarea y el amargo trago de "soportar" durante largos meses los despidos, la abrupta caída del salario real y la mayor precarización laboral, habría valido la pena pues "lo peor ya pasó".
 
Pero, ayer, el INDEC difundió nuevas cifras que desnudan la precariedad que envuelve a ese supuesto crecimiento del trabajo: en el último trimestre de 2017, los empleos no registrados y los cuentapropistas representaron 69 de cada 100 puestos creados en el segundo año del gobierno de los CEOs. 
 
Durante el cuarto trimestre del año pasado se contabilizaron 157 mil posiciones informales más que en el mismo período del año anterior, marcando un alza de 3,3%. En cuanto a los no asalariados, se observó un incremento interanual para el período octubre-diciembre de 222 mil puestos (4,5% más).
 
El informe precisó que durante el cuarto trimestre de 2017 existían 20,8 millones de puestos de trabajo en el país. Sin embargo, ese registro no coincide con la cantidad de personas ocupadas, ya que una persona que se declara como ocupada puede desempeñarse en más de un puesto.
 
Sobre esa cifra, existen 5,2 millones de cuentapropistas, mientras que los no registrados llegan a los 4,9 millones de individuos. Fácilmente se advierte que en lo que va de la gestión Macri la caída del empleo formal se ha remplazado con inserciones laborales inestables, de bajos salarios y tareas precarias. Tal es el caso de los monotributistas, cuentapropistas y changarines.
 
Esto profundiza el deterioro de las condiciones de vida de los sectores populares, preparando el camino para que el gobierno de los ricos pueda imponer las reformas laborales regresivas que exigen los grandes empresarios.
 
La Opinión Popular

19-04-2018 / 09:04
La fantasía macrista de una oposición eternamente enredada en sus divisiones es eso, una fantasía. La confluencia opositora, por ahora, es temática más que electoral, pero alcanzó para abrir una crisis profunda en la alianza Cambiemos, montada sobre una realidad que la Casa Rosada se empeñó en no mirar: El fuerte impacto de los tarifazos en las economías familiares y productivas que ya venían golpeadas por una fuerte inflación que está lejos de ceder.
 
Los sectores populares, los que solo desde el año pasado enfrentan aumentos de más del 500% en los servicios (luz, agua, gas, transporte), en el marco de una inflación generalizada y sin que sus salarios hayan crecido en similar proporción, merecen respeto. También las PyMes, muchas veces obligadas a bajar las persianas por no poder hacer frente a incrementos que superan el 1.000%.
 
El debate que ayer debía darse en el Congreso era por los que todavía no saben de qué se trata todo esto, pero deberán pagar nuevos aumentos en lo que resta del año. Sin embargo, otra vez triunfó el bochorno: en Diputados, Nicolás Massot, cual adolescente rebelde, jugando a las escondidas, sin la preocupación de tener que dejar de comer para pagar la luz o el gas, porque a sus bolsillos todos los meses entra $150.000 (sin contar el dinero que recibe por canjes de pasajes, para pagos de asesores, subsidios o becas).
 
El presidente de la Cámara, Emilio Monzó, apurando el levantamiento de la sesión para no discutir uno de los problemas centrales de la coyuntura actual. Y el diputado de la campera amarilla, Alfredo Olmedo, poniéndole el punto final a este nuevo capítulo de la decadencia: porque esperaba sentado en su banca, hasta que se le acercó el macrista Javier Pretto y lo levantó. El quórum fracasó y pasó lo que en una cancha de fútbol: insultos, gritos, show.
 
Pero en el Congreso se juega nada menos que el futuro de todos. La crisis energética no se resolvió, las empresas, con menos subsidios pero con el beneficio de los tarifazos, vuelven a ser las grandes ganadoras y los usuarios siguen pagando los costos. Durante 2017, los dueños de Edenor y Edesur, Marcelo Mindlin y Niky Caputo, ganaron más de 9 mil millones de pesos. Uno es el principal amigo de Macri y el otro le compró la empresa constructora.
 
Un eco de ese hartazgo se hizo sentir con el "ruidazo" de bocinas y cacerolas que anoche tuvo lugar en toda la Argentina y que expresó el descontento que recorre el cuerpo de la sociedad y que no hace más que agigantarse al calor de la política neoliberal macrista.
 
En la Casa Rosada se estuvo lejos de la euforia. Cuando todavía no anochecía ya se conocía la convocatoria a una reunión de los referentes parlamentarios del macrismo. ¿La finalidad? Encontrar alguna suerte de maniobra mágica que permita descomprimir el descontento social.
 
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