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Por Natalio R. Botana. Historiador y politólogo
“Macri es una mezcla de superficialidad e ignorancia. Hay mucha gente enojada con el Gobierno por la situación económica que nunca termina de arrancar y puede darle un castigo en las elecciones de octubre”. Beatriz Sarlo
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Nacionales - 04-07-2017 / 16:07
DANGER: ESTÁ AL NIVEL DEL PEOR MOMENTO DE LOS DOCE AÑOS K

En muy mal momento, cae fuerte la confianza en el Gobierno de Macri

En muy mal momento, cae fuerte la confianza en el Gobierno de Macri
En muy mal momento, cae fuerte la confianza en el Gobierno de Macri.
Los dos indicadores de humor social más confiables que existen en la Argentina son el Índice de Confianza del Consumidor y el Índice de Confianza en el Gobierno. Ambos los elabora, desde hace años, la Universidad Di Tella. Los números difundidos esta semana deberían hacer sonar las alarmas en la Casa Rosada.
 
El primero fue difundido la semana pasada: la confianza del consumidor cayó un 8,5%, y está al nivel del peor momento de los doce años K, cuando Francisco de Narváez derrotó a Néstor Kirchner en la provincia de Buenos Aires.
 
El segundo se conoció ayer: la Confianza del Gobierno se derrumbó un 9,5 por ciento. Tanto los números en sí como la comparación con la serie histórica reflejan que las perspectivas electorales del Gobierno ingresan en una zona de serias dudas.
 
Al votar, las personas evalúan la gestión de un Gobierno. Es raro que voten al oficialismo porque se opone al Gobierno anterior. En ese razonamiento están los límites de la estrategia anticristinista.
 
Tal vez, a último momento, Cristina vuelva a juntarle votos a Macri. Pero el Gobierno debería dar razones positivas para votarlo y la percepción de que eso ocurra cae abruptamente en las últimas mediciones.
 
En épocas electorales es habitual que todo el mundo desconfíe de las encuestas por dos razones. La primera es que muchas veces se difunden números falsos para generar expectativas. Como sostiene correctamente Jaime Durán Barba en su último libro, eso es una pavada. Pero se hace.
 
La segunda razón es porque, en los últimos tiempos, en la Argentina y en el mundo, las encuestas han fallado mucho: la gente miente, el teléfono celular incorporó un nuevo elemento difícil de calibrar, los instrumentos no alcanzan para que las mediciones sean precisas.
 
Las mediciones de "la Di Tella", que en realidad son realizadas por la empresa Poliarquía, se distinguen entre esos estudios. Por un lado, no encuestan sobre opciones electorales. Además, se realizan con los mismos métodos desde hace años. Finalmente, cualquiera que mire la serie histórica verá que los números bajan o suben independientemente de quién esté en el Gobierno, y eso despeja sospechas.
 
Los números de esta semana parecen ser una bisagra en la historia de este Gobierno. Durante un año y medio se produjo en la Argentina una situación curiosa. Era récord, al mismo tiempo, la cantidad de gente que decía estar mal y la cantidad que sostenía que la situación estaba por mejorar. "Estamos mal pero vamos bien", parecía ser el lema.
 
El Índice de Defensa del Consumidor formula preguntas del estilo: ¿Cómo cree que la economía está respecto de hace un año? ¿Cómo le parece que va a estar dentro de un año? ¿Y su situación personal? ¿Está mejor que hace doce meses? ¿Cree que va a mejorar en el futuro? ¿Se compró un auto, una heladera, una casa en el último año? ¿Piensa hacerlo en el futuro próximo?
 
Lo lógico es que las expectativas dependan de la situación actual de la persona encuestada. Si a alguien le va bien, es razonable que crea que todo va a mejorar, o viceversa.
 
Sin embargo, en la era macrista las curvas se separaron de manera muy tajante. La mayoría de los argentinos estaban mal pero creían en el futuro: las expectativas buenas convivían con una realidad angustiante. Y de eso se derivaba la buena imagen del Gobierno: era quien podría solucionar los problemas del presente.
 
Eso parece haber cambiado en los últimos meses. Se habría terminado "el aguante", para usar un término del sociólogo Eduardo Fidanza. Las expectativas bajaron abruptamente y, con ella, la imagen del oficialismo.
 
Es ilustrativa la comparación con otras mediciones. El Índice de Confianza del Consumidor está en los niveles más bajos desde principios del 2003, compitiendo de igual a igual con lo que sucedía en 2009, ante la crisis de Lehman Brothers. Si ese único indicador se tomara como referencia, el Gobierno tendría serios problemas para ganar la elección.
 
La situación de la Confianza en el Gobierno, en cambio, es un poco más holgada: se sitúa en un lugar promedio entre la que tenía Cristina cuando ganó con el 54 por ciento y cuando Daniel Scioli fue derrotado. Dado que Cambiemos no aspira a obtener grandes mayorías, ese dato puede ser definitorio en los próximos meses.
 
En pocas semanas, los argentinos sintetizarán en un voto la respuesta a un combo de preguntas: ¿Está usted mejor que hace un año? Está claro que no, pero ¿quién tiene la culpa de eso? ¿Quién es el más capacitado para sacarme de esa situación? ¿Quién podrá ayudarnos? ¿Es sólo la economía? ¿O también se hablará de paz social, de inseguridad, de corrupción y de narcotráfico?
 
Después de que el Gobierno emergió del pozo al que había caído en febrero, con la eliminación del Ahora 12 y el escándalo del Correo, parecía que tenía controladas las cosas: el optimismo se había reinstalado en la Casa Rosada.
 
Ahora, a menos de seis semanas del primer test electoral, las cosas se empiezan a complicar. Tiene su lógica: al votar, las personas evalúan la gestión de un Gobierno. Es raro que voten al oficialismo porque se opone al Gobierno anterior. En ese razonamiento están los límites de la estrategia anticristinista.
 
Tal vez, a último momento, Cristina vuelva a juntarle votos a Macri. Pero el Gobierno debería dar razones positivas para votarlo y la percepción de que eso ocurra cae abruptamente en las últimas mediciones.
 
Danger.
 
Por Ernesto Tenembaum
 
Fuente: Infobae
 
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20-09-2017 / 18:09
20-09-2017 / 16:09
20-09-2017 / 10:09
Se profundiza el conflicto en las escuelas secundarias porteñas en protesta por la reforma educativa planteada por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. En medio de las movilizaciones y tomas de colegios que impulsaron los estudiantes, que recibieron un fuerte apoyo por parte del resto de la comunidad educativa, de sus compañeros, de sus padres y de los docentes, crece la resistencia a la reforma educativa -la segunda que implementó el PRO- denominada Secundaria del Futuro.
 
Los reclamos tiene que ver con dos planteos globales: primero, que la prórroga no se implemente durante el año 2018, sino que el año que viene debe servir para debatir el proyecto de reforma educativa, puesto que existe una gran falta de información sobre los detalles del proyecto y, en consecuencia, no se alcanzaron consensos con la comunidad educativa.
 
El segundo punto: quieren tener una participación real en el debate, que hasta ahora no existió. En la anterior reforma que se implementó entre 2012 y 2014, que llamaron Nueva Escuela Secundaria (NES), se realizaban jornadas en las que se discutían los temas, pero no cumplían ningún objetivo de los que se proponían, porque no se escuchaban ni tenían en cuenta lo que recibían de parte de los estudiantes.
 
La nueva reforma planteada profundiza la NES y significa un cambio en el paradigma de la educación secundaria. No otra cosa es el tema de las pasantías laborales gratuitas en 5° año. El 50% del tiempo estará destinado a "aplicar los aprendizajes en empresas y organizaciones". El resto será destinado al desarrollo de habilidades y proyectos de emprendedurismo.
 
También un sistema de créditos muy polémico, que tiene una matriz neoliberal. Se eliminarán las calificaciones numéricas y serán reemplazadas por un sistema de créditos. Los que no logren reunir los mínimos no repetirán el año, sino que asistirán a clases de apoyo del área de conocimiento que necesiten.
 
La ministra de Educación de la Ciudad de Buenos Aires, Soledad Acuña, denunció que dos partidos políticos y algunos gremios docentes están detrás de la tomas de los colegios, medida de fuerza que ya lleva tres semanas en algunos casos. "Acá hay demasiados actores políticos y partidarios que están tomando partido de esto. El FIT, el Frente para la Victoria y algunos sindicatos docentes están detrás de las tomas", aseguró la funcionaria.
 
Por parte del Gobierno macrista existió, desde un comienzo, una fuerte demonización contra los estudiantes, los acusaron de kirchneristas y, con esa excusa, no se sentaron a debatir como debieron haberlo hecho. La ministra Acuña subestimó a los estudiantes y dijo que son títeres de los partidos políticos y sindicatos de docentes.
 
La Opinión Popular

19-09-2017 / 08:09
19-09-2017 / 08:09
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