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Nacionales - 03-07-2017 / 08:07

Alarmante crecimiento de la desigualdad y la pobreza

Alarmante crecimiento de la desigualdad y la pobreza
"Hemos comenzado un camino que no se detiene, y que va a terminar en la pobreza 0", alardeó hace unos meses atrás el presidente Mauricio Macri, derrochando optimismo de cara al futuro. Ese slogan de campaña fue un verdadero "cuento del tío" porque la realidad va por otro lado, ya que, a pesar de los datos favorables que muestran algunos números de la macroeconomía, la escasez evidencia la verdadera situación social en el país.
 
Desde que la alianza Cambiemos llegó a la Casa Rosada en diciembre de 2015, un millón y medio de argentinos se sumergieron en la pobreza, lo que representa un promedio de dos ciudadanos por minuto que caen por debajo del mínimo indispensable para subsistir, algo que no sucedía desde la crisis de 2001 que terminó con la salida del radical Fernando de la Rúa del poder.
 
Con el agravamiento de la crisis económica, una inflación sin control y medidas neoliberales que no dan con la solución a los problemas reales, la pobreza no hace más que aumentar, alcanzando por estas horas a más de 13 millones de ciudadanos, a los que se suman 2,7 millones de indigentes. El camino hacia la "pobreza cero" en la Argentina, que prometió Macri, nunca existió.
 
Esto último empeora si se tiene en cuenta el hecho de que, con el macrismo, 600.000 habitantes cayeron en la indigencia, es decir, un argentino cada 73 segundos, un dato crudo que sirve para graficar el fuerte deterioro social que afecta a más de un tercio de la población. Es el resultado de un Estado que está en manos de una dirigencia que representa la codicia de los grandes grupos económicos concentrados.
 
Tan angustiante es la imagen que asola hoy a la sociedad que los números fríos de la actualidad marcan que en nuestro país, un lugar donde se producen alimentos para más de 400 millones de personas, alrededor de 6 millones de ciudadanos pasan hambre, según un estudio realizado por la Universidad Católica Argentina (UCA), con el agravante de que el 20% de los chicos sufren desnutrición crónica.
 
La pobreza extrema en los sectores más carenciados creció en grandes proporciones, y ya ni siquiera pueden adquirir productos de terceras marcas o sueltos, y para el suministro de alimentos necesitan sí o sí de una asistencia oficial. La desoladora imagen del tejido social advierte que uno de cada diez hogares argentinos carece de los recursos necesarios para alimentar a todos sus integrantes.
 
A esta situación se llega por un modelo que descarta trabajadores, al mismo tiempo que facilita la ganancia de los grandes empresarios, el aumento de la desigualdad y la concentración de la riqueza. Cambiemos están agravando esta situación, al implantar con mayor dogmatismo las recetas neoliberales que han hecho del desempleo y la pobreza un flagelo estructural. Y el gobierno de Macri, de los ricos y para los ricos, no explica los motivos por los cuáles, un modelo neoliberal que históricamente ha generado desigualdad, empleo precario, menores salarios, pobreza y exclusión, ahora debería producir el efecto contrario.
 
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Destrucción total
 
Uno de los sectores más perjudicados por las medidas económicas del gobierno de Macri ha sido la clase media, que vio disminuir considerablemente su número para caer en la miseria. Un dato clave marca que la asistencia a comedores escolares y comunitarios se acrecentó en casi un 400% en los últimos 18 meses, y en los barrios marginales la escasez y la vulnerabilidad se han vuelto moneda corriente.
 
Ante una consulta de este medio, el director del Instituto de Investigación Social, Económica y Política Ciudadana (Isepci), Isaac Rudnik, señaló que "el sostenimiento de niveles de pobreza durante más de una década en torno al 30% de la población es expresión de una estructura productiva consolidada que no contempla generar trabajo para todos los argentinos. Para estos modelos son varios millones los que sobran".
 
En ese sentido, el economista, que trabaja y efectúa acciones sociales en los barrios del Conurbano, aseveró que "la consecuencia es que para los que sobran no solo no hay ingresos mínimos para satisfacer sus necesidades básicas, sino que solo hay educación y salud de segunda, no hay viviendas dignas, no hay infraestructura de base que les garantice servicios adecuados".
 
"La malnutrición y las carencias educativas agravan los problemas de las personas que viven en esas condiciones, y limitan seriamente las posibilidades para que puedan encontrar caminos que les permitan salir de esa situación. El último estudio que estamos terminando indica que la malnutrición en todo el país está por encima del 40% en el sector más bajo de la población, un dato que sirve para mostrar el estado real de la situación en territorio nacional", resaltó Rudnik.
 
La promesa de Mauricio Macri de lograr "pobreza 0" en su mandato parece estar más lejana que nunca, ya que las acciones oficiales no sirven para paliar un flagelo que con el correr de los meses ha crecido a un ritmo vertiginoso, casi a tanta velocidad como la caída social del país.
 
 
Ingresos por el piso
 
La mitad de la población en la Argentina tiene ingresos mensuales inferiores a los 10.000 pesos, según cifras difundidas por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec), conducido por Jorge Todesca. Por su parte, poco más del 5% de la población activa que pertenece a los sectores con menos ingresos se debe manejar con hasta $3.000 mensuales, cayendo de este modo en la indigencia.
 
Si se comparan ambos extremos de los deciles de población, el 10% del estrato más alto logra ingresos 15 veces superiores al inferior. A esto se le suma que el 66% de los argentinos gana menos que lo necesario para costear la Canasta Básica Total (CBT), que el mes pasado llegó a los $14.665.
 
 
La desigualdad, como marca imperante en la sociedad
 
A pesar de los discursos políticos que hablan de igualar la relación entre los que más y los que menos tienen, la Argentina es un país dividido por las enormes y crecientes diferencias sociales, que cada día son más marcadas. De este modo, los que no tienen nada están totalmente marginados del sistema, sin posibilidad alguna de crecimiento.
 
Históricamente, la Argentina es un país signado por la desigualdad. Lo que se ha dado en los últimos meses es una caída de la participación de los asalariados en el ingreso de aproximadamente 3 puntos del Producto Bruto Interno (PBI). Esto implica que durante 2016 se transfirieron aproximadamente unos 16.000 millones de dólares a los sectores más concentrados de la economía desde la realidad de quienes trabajan.
 
En diálogo con este medio, el economista y exdiputado nacional Claudio Lozano destacó que "la desigualdad nos acompaña hace rato, y las políticas puestas en marcha por Macri terminan ampliando estas diferencias. Por ende, desde diciembre de 2015 para acá, el cuadro de desigualdad que ya existía se ha profundizado significativamente".
 
En ese sentido, el exlegislador dijo que "esto crece como resultado de la devaluación, quita de retenciones, permisividad en el aumento de los precios, tasas de interés elevadas que comprometen el nivel de actividad y como consecuencia del cuadro de recesión que se vivió durante el año pasado. Además, hay un hecho objetivo que es que la recuperación de la actividad económica sigue de manera irregular y muy lentamente".
 
"Ensanche de la desigualdad y aumento de la pobreza son las características que tiene el impacto de la política económica puesta en marcha por Macri. En nuestro país la pobreza y el hambre se podrían resolver con invertir apenas el 6% del PBI, y no tendríamos ningún pobre. Con invertir apenas el 1% no habría indigencia. Esto indica que en la Argentina las razones por las cuales tenemos pobres y tenemos hambre es porque hay desigualdad, no porque no se pueda resolver", recalcó Lozano.
 
 
"Hay que reorientar el modelo productivo nacional"
 
La recesión que acecha al país desde hace largo tiempo ha puesto sobre el tapete la discusión de un modelo productivo que sirva para reindustrializar la Argentina y acabar con la imagen que asola a buena parte del país, con fábricas de chimeneas apagadas y persianas bajas.
 
Buscando disminuir el impacto social de sus políticas, el Gobierno nacional viene ejecutando acciones que no han ayudado a recuperar la confianza en nuevas inversiones, y los anunciados brotes verdes a los que apeló para despertar en la sociedad la esperanza de recuperación económica todavía brillan por su ausencia.
 
Julio Gambina, profesor en la Universidad Nacional de Rosario y la UBA, le dijo a este medio que, "pese a la recesión y desaceleración productiva, las ganancias de los sectores más concentrados de la economía han sido muy elevadas. En consecuencia, lo que hay que reorientar es el modelo productivo nacional, para que la política económica tenga como beneficiarios a la mayoría que hoy está en situación empobrecida y que ha perdido su capacidad de ingreso".
 
Para el economista y doctor en Ciencias Sociales, "la solución real al problema de la pobreza pasa por modificar la orientación de la política económica y los beneficiarios. Hay una situación de inequidad del impacto que generan las medidas económicas, por lo que hay que cambiarlas para modificar la situación de pobreza".
 
De acuerdo al profesional, "hay que modificar las medidas para generar una política industrial que no sea una como la que existe ahora, que no favorezca el modelo primario exportador. Por lo tanto, hay muchas decisiones que hay que llevar adelante si se quiere cambiar la política económica".
 
"Con el panorama actual, no da para ser optimistas entre los sectores más vulnerables de la sociedad. Para que la mayoría de los trabajadores, jubilados y los pequeños y medianos productores del agro puedan ser optimistas, hay que cambiar los ejes de orientación de la política económica", resaltó Gambina.
 
 
Propuestas ante el crecimiento de la brecha social
 
Una de las claves para entender el crecimiento sin parangón de la pobreza en la Argentina es la enorme brecha que existe entre los que más y los que menos tienen, que se agranda con el correr de los meses.
 
Expertos en la temática le han ofrecido al Gobierno propuestas concretas para acabar con esta situación. Para ello, señalan que en nuestro país hay 114.000 personas que tienen un patrimonio neto de más de un millón de dólares.
 
A su vez, hay 11 personas que tienen fortunas de más de 1.000 millones de dólares de patrimonio neto. Por su parte, 1.040 argentinos tienen fortunas de más 30 millones de dólares, lo cual equivale a un promedio por persona de 135 millones de dólares de patrimonio neto por cada uno de ellos.
 
Si a esos 114.000 argentinos que tienen un patrimonio neto superior al millón de dólares se les aplicara lo que corresponde para cobrarles el impuesto a los bienes personales, que es el 0,75%, se recaudarían 12.750 millones de dólares o, lo que es lo mismo, 199.000 millones de pesos.
 
De ese modo, se estaría en condiciones de garantizar un ingreso a cada persona en situación de pobreza de 15.200 pesos por año, 1.200 pesos por persona por mes, o 5.000 por familia. Al hacer esto habrían desaparecido el hambre y la pobreza en la Argentina, y se daría solución a uno de los reclamos más urgentes de la sociedad.
 
 
Alteraciones en los sectores más vulnerables
 
Con una realidad que acecha y acorrala a la sociedad en su conjunto, hay cifras que sirven claramente para evidenciar cómo la situación estructural de pobreza ha calado hasta lo más hondo del ser nacional.
 
De acuerdo a datos oficiales, en nuestro país existen algo más de 22 millones de personas que no tienen cobertura de salud. Es decir, la mitad de los argentinos no tiene ninguna clase de revestimiento para hacer frente a una enfermedad, algo que lo compara con las peores naciones del mundo.
 
A eso se le suma que algo más del 50% de las maternidades públicas no son seguras, ya sea por falta de personal calificado o de insumos. A esto hay que agregarle que alrededor del 35% de los nacimientos actuales corresponden a hogares pobres.
 
Además, la inflación genera más pobreza y desigualdad. La evolución de la inflación no ha sido equitativa al interior de la estructura social. Los más perjudicados en lo que respecta a las capacidades de subsistencia fueron los hogares de estratos muy bajos y de espacios segregados.
 
Otro dato preocupante es que cerca de la mitad de los chicos de hasta 14 años son pobres. Entre 2015 y 2016 se sumaron 580.000 que apenas tienen lo mínimo para comer y hacer frente a sus necesidades.
 
Fuente: Diario HOY
 

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20-04-2018 / 16:04
20-04-2018 / 10:04
20-04-2018 / 09:04
Desde que asumió Mauricio Macri las facturas de electricidad treparon 1600 % para los usuarios, tomando como referencia un consumo residencial promedio. Y la inflación se aceleró deteriorando el poder de compra del salario. El rechazo social a las subas en las facturas energéticas se hizo sentir en las calles. El malestar también tuvo una manifestación en el Congreso en el fallido debate del miércoles.
 
Este jueves, a puertas cerradas, el Presidente Mauricio Macri, el jefe de Gabinete, Marcos Peña, el ministro de Energía, Juan José Aranguren, el presidente provisional del Senado, Federico Pinedo, y el jefe del bloque Pro, Nicolás Massot, junto a sus aliados radicales y de la Coalición Cívica, abordaron el tema tarifazos. Pero la conclusión fue lamentable.
 
No hubo debate, sino una puesta en escena para la gilada en la que solo se abordaron las tarifas del gas y se decidió "financiar optativamente" las boletas, para pagar durante el verano los cargos correspondientes a los meses de mayor consumo: mayo-junio y julio-agosto. La "brillante" opción apenas sería sobre un 25% del total de la factura de gas y con un recargo del 20%.
 
El Gobierno aceptó hacer un retoque cosmético en su política de tarifas para demostrar apertura ante sus aliados, radicales y lilitos, e intentar descomprimir el escenario en el que la oposición casi reúne los votos para una sesión especial que podría haber iniciado una modificación del aumento previsto para el gas.
 
Con la idiosincrasia empresarial grabada a fuego, Macri no está dispuesto a perder y, pretende que la modesta concesión de la financiación en cuotas la paguen las provincias. "Que los gobernadores aporten el dinero que supone desdoblar los aumentos". Así se lo hizo saber al gobernador de Mendoza y titular de la UCR, Alfredo Cornejo, autor de la polémica propuesta.
 
Pensando en las ganancias, omitieron tratar las subas en otros servicios básicos como la luz y el agua. Tampoco se contempló la situación de las PyMes, industrias o comercios. La "solución" del tarifazo en cuotas solo alcanza a los usuarios residenciales y deja afuera a un sector cuyo incremento en los costos necesariamente implica un traslado a los precios de venta.
 
El repudio general a las subas exageradas de tarifas golpea sobre la principal política ajustadora que el Gobierno ofrece a los "mercados" a cambio de que le hagan el aguante con la deuda externa: la preocupación se la transmitieron a Nicolás Dujovne y Luis Caputo en la asamblea anual del FMI que tiene lugar por estas horas.
 
En conclusión, una verdadera burla. El tarifazo sigue en pie y las ganancias de los amigos de Macri no se tocan. Y ahora al negocio energético se le suma el financiero. Los tarifazos y la baja de los subsidios son la pieza clave del ajuste macrista.
 
La Opinión Popular

19-04-2018 / 10:04
Meses atrás, el Gobierno de Mauricio Macri anunció con bombos y platillos que había crecido el empleo. Se destacaba, entre esos datos, una importante masa de trabajadores en negro, aunque sin informar la metodología utilizada para la medición de ese empleo no registrado.
 
El tono triunfalista del gobierno podría sugerir a los trabajadores que no hay nada de qué preocuparse: el macrismo habría hecho bien su tarea y el amargo trago de "soportar" durante largos meses los despidos, la abrupta caída del salario real y la mayor precarización laboral, habría valido la pena pues "lo peor ya pasó".
 
Pero, ayer, el INDEC difundió nuevas cifras que desnudan la precariedad que envuelve a ese supuesto crecimiento del trabajo: en el último trimestre de 2017, los empleos no registrados y los cuentapropistas representaron 69 de cada 100 puestos creados en el segundo año del gobierno de los CEOs. 
 
Durante el cuarto trimestre del año pasado se contabilizaron 157 mil posiciones informales más que en el mismo período del año anterior, marcando un alza de 3,3%. En cuanto a los no asalariados, se observó un incremento interanual para el período octubre-diciembre de 222 mil puestos (4,5% más).
 
El informe precisó que durante el cuarto trimestre de 2017 existían 20,8 millones de puestos de trabajo en el país. Sin embargo, ese registro no coincide con la cantidad de personas ocupadas, ya que una persona que se declara como ocupada puede desempeñarse en más de un puesto.
 
Sobre esa cifra, existen 5,2 millones de cuentapropistas, mientras que los no registrados llegan a los 4,9 millones de individuos. Fácilmente se advierte que en lo que va de la gestión Macri la caída del empleo formal se ha remplazado con inserciones laborales inestables, de bajos salarios y tareas precarias. Tal es el caso de los monotributistas, cuentapropistas y changarines.
 
Esto profundiza el deterioro de las condiciones de vida de los sectores populares, preparando el camino para que el gobierno de los ricos pueda imponer las reformas laborales regresivas que exigen los grandes empresarios.
 
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19-04-2018 / 09:04
La fantasía macrista de una oposición eternamente enredada en sus divisiones es eso, una fantasía. La confluencia opositora, por ahora, es temática más que electoral, pero alcanzó para abrir una crisis profunda en la alianza Cambiemos, montada sobre una realidad que la Casa Rosada se empeñó en no mirar: El fuerte impacto de los tarifazos en las economías familiares y productivas que ya venían golpeadas por una fuerte inflación que está lejos de ceder.
 
Los sectores populares, los que solo desde el año pasado enfrentan aumentos de más del 500% en los servicios (luz, agua, gas, transporte), en el marco de una inflación generalizada y sin que sus salarios hayan crecido en similar proporción, merecen respeto. También las PyMes, muchas veces obligadas a bajar las persianas por no poder hacer frente a incrementos que superan el 1.000%.
 
El debate que ayer debía darse en el Congreso era por los que todavía no saben de qué se trata todo esto, pero deberán pagar nuevos aumentos en lo que resta del año. Sin embargo, otra vez triunfó el bochorno: en Diputados, Nicolás Massot, cual adolescente rebelde, jugando a las escondidas, sin la preocupación de tener que dejar de comer para pagar la luz o el gas, porque a sus bolsillos todos los meses entra $150.000 (sin contar el dinero que recibe por canjes de pasajes, para pagos de asesores, subsidios o becas).
 
El presidente de la Cámara, Emilio Monzó, apurando el levantamiento de la sesión para no discutir uno de los problemas centrales de la coyuntura actual. Y el diputado de la campera amarilla, Alfredo Olmedo, poniéndole el punto final a este nuevo capítulo de la decadencia: porque esperaba sentado en su banca, hasta que se le acercó el macrista Javier Pretto y lo levantó. El quórum fracasó y pasó lo que en una cancha de fútbol: insultos, gritos, show.
 
Pero en el Congreso se juega nada menos que el futuro de todos. La crisis energética no se resolvió, las empresas, con menos subsidios pero con el beneficio de los tarifazos, vuelven a ser las grandes ganadoras y los usuarios siguen pagando los costos. Durante 2017, los dueños de Edenor y Edesur, Marcelo Mindlin y Niky Caputo, ganaron más de 9 mil millones de pesos. Uno es el principal amigo de Macri y el otro le compró la empresa constructora.
 
Un eco de ese hartazgo se hizo sentir con el "ruidazo" de bocinas y cacerolas que anoche tuvo lugar en toda la Argentina y que expresó el descontento que recorre el cuerpo de la sociedad y que no hace más que agigantarse al calor de la política neoliberal macrista.
 
En la Casa Rosada se estuvo lejos de la euforia. Cuando todavía no anochecía ya se conocía la convocatoria a una reunión de los referentes parlamentarios del macrismo. ¿La finalidad? Encontrar alguna suerte de maniobra mágica que permita descomprimir el descontento social.
 
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