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Lo dijo el doctor René Favaloro hace 20 años: “Con el aborto legal no habrá más ni menos abortos, habrá menos madres muertas. El resto es educar, no legislar”.
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Nacionales - 01-07-2017 / 12:07
BUSCA UN ATAJO PARA DESPEGAR DESPUÉS DE OCTUBRE

Macri está molesto: Quiere acelerar el ajuste, pero lo traban las restricciones políticas y electorales

Macri está molesto: Quiere acelerar el ajuste, pero lo traban las restricciones políticas y electorales
Macri, Marcos Peña y Durán Barba.
Las elecciones de Octubre tienen sobre la administración de Mauricio Macri un efecto anestésico que contra lo que proclama el kirchnerismo, está moderando hasta la exasperación -de Macri- las reformas que el presidente entiende hay que implementar para que la Argentina pase de la fase de promesa a realidad.
 
Lo que se macera en esa molestia contenida del Presidente es otra frustración: La certeza de cierto agotamiento del gradualismo tal y como se administró hasta aquí. Macri está fastidioso por la dicotomía de Presidente y Candidato, que le impide avanzar con las reformas que tiene en mente hasta después de octubre. Planea un acuerdo con al menos cinco gobernadores, para concretarlas.
 
La reforma previsional es el famoso ajuste que reclama la ortodoxia. El grueso del gasto del Estado se ubica en esa franja. Para avanzar en esa hoja de ruta construyó el artilugio de la polarización y ahora sólo le queda ganar las elecciones. Nada menos. El riesgo es altísimo: La polarización es un juego muy volátil que puede volcar los dados del lado menos esperado.
 
Si Cristina llega a ganar la provincia de Buenos Aires, Macri, Marcos Peña y Durán Barba, no sólo sufrirían una severa pérdida de autoridad política, sino que habrían sido los autores de una crisis política que vuele por el aire la posibilidad de la recuperación.
 
"Macri está fastidioso y protesta en las reuniones: 'Yo quiero gobernar, vamos a meterle'", reconoció a LPO una fuente con acceso a las infinitas rondas de coordinación que la actual administración instrumentó para empujar el Gobierno y que también empiezan a estar en revisión. "Son unas 20 horas semanales, las que se pasa un ministro en reuniones de coordinación", reconocieron a LPO.
 
"Macri participa en gran parte de ellas y el cuerpo ya le está pasando la factura, no podemos seguir con 23 ministerios", agregó la fuente. Otro funcionario aborda el debate desde otro lugar: "El problema de gobernar no es tanto la cantidad de ministerios, si no como logras que la línea política perfore la burocracia, nosotros en muchas áreas todavía no lo conseguimos".
 
Esa es la micro gestión que -es verdad- también puede incidir y mucho en el éxito o fracaso de un gobierno. Pero lo que se macera en esa molestia contenida del Presidente es otra frustración: La certeza de cierto agotamiento del gradualismo tal y como se administró hasta aquí.
 
Macri está fastidioso por la dicotomía de Presidente y Candidato, que le impide avanzar con las reformas que tiene en mente hasta después de octubre. Planea un acuerdo con al menos cinco gobernadores, para concretarlas.
 
"Después de octubre se vienen las grandes reformas, no queda margen para seguir demorándolas", reconoció a LPO una fuente al tanto de las discusiones. ¿Cuáles son esas reformas? Básicamente dos: Impositiva y Previsional.
 
En la primera está la clave para devolverle competitividad al sector privado, entiende el gobierno. Hay que bajar la carga impositiva y por ahora se apunta fuerte a ingresos brutos. Para ello habrá que compensar a las provincias, acaso dándoles una participación mayor en el IVA.
 
No es un tema sencillo, por ejemplo en la Ciudad ese tributo representa más del 70 por ciento de los ingresos del Gobierno. "Es la Ciudad Autónoma de los Ingresos Brutos", se burlan los peronistas del interior.
 
El tema hace varias semanas que se trata cada quince días en el Congreso, en reuniones con poco rating mediático, pero que concentran la atención de los gobernadores, como pocas cosas.
 
La reforma previsional es el famoso ajuste que reclama la ortodoxia. El grueso del gasto del Estado se ubica en esa franja. Con esas dos reformas el Gobierno buscará además bajar el costo laboral. Por eso, no hay previsto ni habrá una gran reforma laboral al estilo Ley Mucci o la reforma de De la Rúa, que meta al Gobierno en una pelea frontal con los sindicatos, de final incierto.
 
El Gobierno sigue en este último punto una estrategia de aproximación indirecta al estilo de Liddell Hart, uno de los autores favoritos del Papa Francisco. ¿Quién lo hubiera imaginado?
 
 
Cinco gobernadores
 
Como es obvio, ni estas ni otras reformas de corte "institucional" como la reforma política, se podrán concretar sin acuerdos con la oposición. "Son cinco gobernadores", explicó a LPO una de las fuentes consultadas. Con esa masa crítica, más los votos propios y de aliados, en la Casa Rosada estiman que después de octubre alcanzaría para construir mayorías en las cámaras que pasen las leyes necesarias.
 
El subtexto de este diseño es que Macri ya decidió prescindir -o acotar al máximo- los acuerdos con Sergio Massa y descuenta la oposición cerril del kirchnerismo.
 
Se trata en el fondo de una readaptación del reclamado Pacto de la Moncloa que saque al país de la pausa actual, pero que el Gobierno decidió abordar de una manera casi kirchnerista: Primero ganar las elecciones y después prácticamente imponerlo.
 
Para avanzar en esa hoja de ruta construyó el artilugio de la polarización y ahora sólo le queda ganar las elecciones. Nada menos. El riesgo es altísimo: La polarización es un juego muy volátil que puede volcar los dados del lado menos esperado.
 
Si Cristina Kirchner llega a ganar la provincia de Buenos Aires, Macri, Marcos Peña y Durán Barba, no sólo sufrirían una severa pérdida de autoridad política, sino que habrían sido los autores de una crisis política que vuele por el aire la posibilidad de la recuperación.
 
Se podría haber acotado ese riesgo con un pacto previo con el peronismo más racional -incluido Massa- para se eligió prevalecer para después acordar desde la fuerza, entendiendo que acaso la Argentina no respeta otras formas.
 
"No se confundan, nosotros no somos radicales, a nuestra manera ejercemos el poder", agregó la fuente consultada y se despidió con una frase con gusto a revancha: "Si llegamos a ganar habría que discutir alguna vez como es esto que los que no sabemos de política estamos en el Gobierno y los que saben, en el llano".
 
Por Ignacio Fidanza
 
Fuente: La Política Online 
 
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25-06-2018 / 09:06
Está en marcha el tercer paro general de la CGT durante el gobierno anti obrero de Mauricio Macri. Las distintas y heterogéneas organizaciones sindicales, políticas y sociales que adhieren a la medida de fuerza plantearon que será el más contundente de estos tres años: no habrá transporte (ni trenes, ni colectivos, ni subte, ni aviones) y las principales ramas del trabajo se sumarán.
 
La huelga, que se extenderá por 24 horas desde la medianoche, fue convocada para exigir cambios en el rumbo económico neoliberal y en rechazo de aquello que los gremios definen como un "brutal ajuste" impuesto por el nefasto Fondo Monetario Internacional (FMI).
 
La protesta, que cuenta hasta con cierto aval de la Iglesia, también apunta a forzar al Gobierno a revisar su plan de recortes en la administración pública y refrendar una suerte de pacto anti despidos hasta fin de año en el sector privado, una alternativa que ya fue desechada desde la Casa Rosada tras el fallido antecedente de 2016.
 
Si bien la CGT llamó a un paro sin movilización, diversas agrupaciones de izquierda harán cortes de ruta, de calles y actos en distintos puntos del país para manifestarse contra el acuerdo con el FMI, el atraso salarial, el ajuste y el aumento de tarifas.
 
Diversos funcionarios macristas de primera línea del Gobierno de los Ricos cuestionaron la medida y hasta llamaron a carnerear e ir a trabajar. El ministro del Interior, Rogelio Frigerio, sostuvo que "la gente no sabe por qué paran". "Vive en otra realidad", le respondió el triunviro de la CGT Carlos Acuña.
 
El gobierno de los CEOs y los medios afines (como Clarín, La Nación e Infobae) afirman que paro de la CGT "tiene un alto costo" para el país. Lo que dejaría de producirse por la jornada sin actividad alcanzaría la suma de USD 1.000 millones. Sin embargo, nada dicen de un saqueo cotidiano: los pagos de la deuda pública, que cuestan cada día casi 200 millones de dólares, tomando las cifras que capital e intereses que ha cancelado Macri desde que asumió.
 
La Opinión Popular

24-06-2018 / 12:06
24-06-2018 / 10:06
El Gobierno de los Ricos enfrentará este lunes el paro más fuerte de la CGT desde que asumió el millonario Mauricio Macri. Fortalecida por la adhesión de los gremios del transporte y el amplio respaldo de todos sus sectores internos, la central obrera enviará así una señal de malestar contra la política económica neoliberal.
 
Será la postal de un país sin colectivos, trenes ni subtes, con la que buena parte de la dirigencia buscará ganar "musculatura" para retomar las negociaciones con el Gobierno de los CEOs, interrumpidas por el creciente clima de conflictividad y la interna sindical.
 
La definición del paro se precipitó por decisiones tomadas en la Casa Rosada. Luego de dilatar la fecha de la medida durante un mes, el sindicalismo esperaba al menos avanzar en el freno a los despidos por seis meses, la quita de Ganancias sobre el aguinaldo, paritarias sin techo, la devolución de los fondos a las obras sociales y la exclusión de cambios en la Ley de Contrato de Trabajo en los proyectos de reforma laboral.
 
Para la estadística, el de mañana será el tercer paro general de la CGT contra el gobierno anti obrero de Macri. La medida de fuerza promete contundencia porque, a diferencia de diciembre pasado, la adhesión de los sindicatos se presenta hasta el momento sin fisuras y la coyuntura ayuda.
 
Sin embargo, la efectividad de la huelga crecerá en tanto se enmarque en un proceso posterior no sólo de unidad sindical sino a partir de un programa que todos acompañen. Es el camino necesario para que el Gobierno sienta que tiene enfrente un actor político de peso y no una congregación informe y dividida que se vuelve incapaz de defender los derechos de los trabajadores ante el programa económico de ajuste que implementan en la Casa Rosada.
 
De alguna manera, Moyano hijo se expresó en ese sentido cuando exigió que el reclamo "no se agote el lunes a la noche" al entender que el modelo neoliberal del Gobierno continuará que por más que esté golpeado no hay señales de que se detenga y, como indicó el camionero "vendrán por los convenios colectivos de trabajo, la reforma laboral, con un ajuste brutal después del acuerdo con el Fondo".
 
En tanto, a contramano de la orden bajada desde la CGT, la izquierda realizará una veintena de piquetes en los principales accesos a la Capital y una protesta en el Obelisco para evitar que la medida se convierta en un "paro dominguero". 


El gobierno de los Ricos une a todos en contra. La Iglesia católica avala el paro. Las razones sobran. La necesidad de continuar la lucha, también. ¿Entonces, qué puede salir mal? Es por eso que lo más importante comienza el martes.

La Opinión Popular

23-06-2018 / 11:06
23-06-2018 / 10:06
La desocupación, la pobreza, el trabajo esclavo e infantil, el consumo de drogas, el narcotráfico, el estado de las escuelas, la violencia cotidiana que mata a los ciudadanos decentes y la desigualdad en las paritarias frente a una inflación que ataca los bolsillos de los argentinos. "Todos esos temas se están tapando", advirtió ayer la Iglesia, en la voz del presidente de la Comisión Episcopal para la Pastoral Social, monseñor Jorge Lugones.
 
Puso un ejemplo directo: "No puede ser que a algunos trabajadores se les dé un 25% de aumento y a los docentes un 15% en tres cuotas", en clara alusión al acuerdo alcanzado por Camioneros frente a la flaca oferta que le hacen a los docentes, o a los médicos, o a aquellos sindicatos con los que cierra paritarias en el 12%.
 
Y es que, mientras se imponen otros temas, menos urgentes, o se cubre la agenda con lo que sucede en el Mundial de Rusia hay cuestiones de las que no se habla. La devaluación, en tanto, sigue su curso, y la inflación proyecta para este año una suba del 32%, muy lejos incluso del techo salarial del 20% que el Gobierno, a regañadientes, estaría dispuesto a ofrecer.
 
Basta un dato para comprender que la brecha entre salarios que suben por escalera e inflación que va por ascensor se ensancha mes a mes: la canasta básica medida por el Indec se ubicó en mayo en casi $19.000, sin reparar en el impacto de la devaluación de las últimas jornadas.
 
Ni en puntas de pie llegan a ella los jubilados, con haberes mínimos que recién este mes superan apenas los $8.000; ni un policía, que vela por la seguridad de todos en esta Argentina violenta y puede cobrar $17.000; ni un trabajador estatal que con el ajuste reinante con suerte conserva el trabajo y se resigna a percibir $12.000; ni un empleado de comercio, cuyo salario oscila entre los $15.000 y $20.000.
 
Hay una paradoja en este país de economía hundida y desigualdad creciente: la crisis iguala en su malestar a los sectores medios; castiga a los vulnerables de siempre y equipara en sus ganancias a funcionarios, amigos del poder y sectores especuladores beneficiados con la corrida cambiaria que hizo saltar el dólar por las nubes y nos llevó a tocar las puertas del funesto FMI.
 
Para los trabajadores y el pueblo en general el escenario es crítico: con la depreciación del peso, solo en lo que va del año la pérdida del poder adquisitivo está en el orden del 50%. Tal depresión en la capacidad de compra repercute directamente en el mercado interno, ya asediado por tarifazos, presiones impositivas y tasas de financiamiento imposibles.
 
El gobierno de Mauricio Macri reconoce la inflación y se propuso nuevos objetivos para bajarla. ¿Subiendo salarios? ¿Aplicando un plan económico de crecimiento? De ningún modo. Será a la manera del FMI: frenando más el empleo y los salarios. La ecuación es tan perniciosa como simple: sin dinero ni consumo la economía se enfría y la inflación baja. El neoliberalismo nos dejó sus recetas. El Gobierno de los Ricos, para mal de muchos y ganancia de muy pocos, vuelve a aplicarlas.
 
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