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Por Natalio R. Botana. Historiador y politólogo
“Macri es una mezcla de superficialidad e ignorancia. Hay mucha gente enojada con el Gobierno por la situación económica que nunca termina de arrancar y puede darle un castigo en las elecciones de octubre”. Beatriz Sarlo
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Internacionales - 25-05-2017 / 09:05

Temer utiliza el Ejército para reprimir al pueblo en Brasilia

Temer utiliza el Ejército para reprimir al pueblo en Brasilia
POR PRIMERA VEZ, DESDE LA DICTADURA, SE APLICA UNA MEDIDA EXTREMADAMENTE AUTORITARIA. Durante las marchas en Brasilia, contra las reformas del gobierno golpista, ilegítimo, conservador y derechista, el presidente Michel Temer decretó la utilización de las Fuerzas Armadas (Marina, Ejército y Aeronáutica) para cercenar el derecho de manifestación. Desde la dictadura, las Fuerzas Armadas no eran accionadas por un presidente para reprimir a manifestantes que participaban en una masiva protesta.
Durante las marchas en Brasilia, contra las reformas del gobierno golpista, ilegítimo, conservador y derechista, el presidente Michel Temer decretó la utilización de las Fuerzas Armadas (Marina, Ejército y Aeronáutica) para cercenar el derecho de manifestación. Desde la dictadura, las Fuerzas Armadas no eran accionadas por un presidente para reprimir a manifestantes que participaban en una masiva protesta.
 
Las fuerzas represivas dispararon y, al final del día, el saldo fue de 49 heridos atendidos de urgencia (lo que implica que pude haber más heridos leves) y 7 detenidos entre los manifestantes. Ya es casi un Estado de Sitio lo de Brasil para sostener al corrupto Temer, quien desesperado para no ir preso, intenta mantenerse a cualquier precio.
 
La razón de esta reacción del Gobierno de Temer fueron los violentos enfrentamientos que se produjeron en Brasilia mientras una masiva manifestación sindical exigía la salida del presidente Temer, asediado por denuncias de corrupción, y exigir el fin del ajuste y las reformas.
 
La tensión era tal que grupos de manifestantes atacaron a pedradas varios ministerios a lo largo de la Explanada que conduce al Congreso y consiguieron invadir una sala del Ministerio de Agricultura, que prendieron fuego. Decenas de miles de trabajadores respondieron a la convocatoria sindical. Ríos humanos confluyeron hacia el Congreso, rodeado de vallas de seguridad, al grito unánime de "¡Fora Temer!".
 
Los participantes pedían asimismo elecciones "Directas ya" y el retiro de los proyectos de reforma de las jubilaciones y de flexibilización de la legislación laboral. "La reforma del régimen laboral desorganiza al movimiento sindical. La reforma de las jubilaciones hace prácticamente imposible que alguien se jubile en Brasil" con derechos completos, afirmó el diputado Paulo Pereira da Silva, líder de la central Força Sindical (FS), que fue aliado de Temer en los primeros meses de su gobierno.
 
Esta nueva crisis se produce apenas un año después de la destitución por el Congreso de la presidenta Dilma Rousseff. Quien era su vicepresidente, Temer, la reemplazó, con la expectativa de completar el mandato hasta finales de 2018 y aplicar un programa de severos ajustes para sacar al país de la peor recesión de su historia.
 
Pero la economía no despega, la desocupación alcanza niveles récords y los escándalos de corrupción implican a sus principales ministros y gran parte de los aliados del impopular mandatario. La izquierda, que denuncia el "golpe institucional" a Dilma, ve en la súbita aceleración de la crisis una inmejorable oportunidad para cobrarse su revancha.
 
Esta decisión coloca a Brasil en las puertas del autoritarismo, en el momento en que más del 85% de los brasileños desean la salida de Temer y elecciones directas para presidente. Brasilia entró en llamas con las protestas contra el ajuste y las reformas de un gobierno ilegítimo, que llegó al poder por medio de un golpe parlamentario.
 
La Opinión Popular

 
El gobierno de Michel Temer se terminó
 
El gobierno del presidente Michel Temer acabó. Aunque fue víctima de una controvertida operación claramente ideada para incriminarlo, el presidente vive una situación embarazosa, como bien definió el ex presidente Fernando Henrique Cardoso. El diálogo con el empresario Joesley Batista, uno de los dueños de la empresa JBS, contiene fragmentos inapropiados para una conversación de un presidente de la República.
 
El propio Temer ya sabe que, desde el punto de vista político, es prácticamente imposible superar ese escándalo. Si lo logra, quedará al frente de un gobierno débil e incapaz de aprobar las reformas institucionales que tanto necesita el país en este momento. En el fondo, Temer intenta ganar tiempo para dejar la Presidencia de acuerdo con el ritual constitucional y no por una renuncia al mandato.
 
El presidente asumió el mando del país hace un año, en medio de una de las más graves crisis políticas y económicas de la historia de Brasil. Mientras era vicepresidente, publicó -siete meses antes de sustituir a Dilma Rousseff- el documento "Puente para el Futuro", un conjunto detallado de propuestas para modernizar la economía brasileña.
 
Luego de "romper" con Dilma, Temer se presentó a la Nación, con su versión de la "Carta a los Brasileños" - documento que Lula lanzó en la carrera presidencial de 2002 para tratar de calmar los mercados-, como una alternativa a la entonces presidenta, cuyo gobierno llevó al país a la ruina. Tres años de recesión, la contracción de casi el 8% del PBI, la caída del 10% del ingreso per capita en el bienio 2015-2016, la inflación de dos dígitos, la explosión de la deuda pública, 14,2 millones de desempleados, etc.
 
Poco después de asumir la Presidencia, Temer admitió que no tenía legitimidad popular, pero gozaba de legitimidad constitucional. Al tomar posesión en un momento tan complejo de la vida nacional, percibió que, incluso sin capital político, su gobierno podría avanzar en una audaz y necesaria agenda de reformas institucionales.
 
Nombró, entonces, a un equipo económico respetable, que rápidamente empezó a elaborar tres propuestas cruciales para sacar a Brasil del atolladero: la adopción de un techo para impedir el crecimiento real (sobre la inflación) del gasto público durante 20 años; la reforma previsional y la reforma laboral (que ya fue sustancialmente alterada, para peor, por la Cámara).
 
Temer sabía que su mayor desafío era adoptar medidas, no para acelerar el crecimiento de la economía a corto plazo, sino para crear las bases de una expansión sostenida a mediano y largo plazo. Se dedicó entonces a formar una mayoría en el Congreso que le permitiera aprobar sus proyectos. Antes, montó un ministerio "congresal", es decir que eligió cada ministro en base al número de votos que su partido garantizó en el parlamento.
 
En poco tiempo, el Congreso aprobó la enmienda constitucional que instituyó el techo de gastos y la posibilidad de la reforma laboral. Además, otros proyectos importantes, como cambios en el marco regulatorio del sector petrolero, fueron aprobados. El triunfo de Temer fue justamente este: ampliar su base de apoyo en el Congreso para aprobar medidas en el área económica. Y sufrió muy pocas derrotas en ese período.
 
Paralelamente a la iniciativa legislativa, el gobierno Temer logró derribar la inflación. Medida por el IPCA descendió del 10,6% en 2015 al 6,3% el año pasado. Para este año, la mediana de las expectativas del mercado -registrada por el boletín Focus que publica el Banco Central-previó un IPCA por debajo del 4%, el índice más bajo en 12 años. El BC volvió a controlar las expectativas de inflación, algo que no ocurría desde mediados de 2010, y a reducir la tasa básica de interés (Selic). Las proyecciones marcan que para diciembre la tasa Selic real rondará en torno al 4,41%.
 
La actividad económica, después de tres años de recesión, comenzó a esbozar señales de recuperación en el primer trimestre. Y aunque fue mucho más lenta que en otras recesiones, aún así, fue consistente. Y ganaría un ritmo más rápido si se aprobara la reforma de la Seguridad Social.
 
Pero con la crisis que involucra a Temer, cambió todo. Desde el pasado viernes, Brasil se detuvo para ver la extensión del estrago provocado por la grabación de la conversación de Temer con el empresario de JBS. Y nada más sucederá antes de que se resuelva este embrollo.
 
Dilma Rousseff cayó como consecuencia de una combinación de factores: crisis económica y pérdida del control de su base de apoyo. Técnicamente, sufrió el juicio político debido a las "pedaleadas fiscales" -el uso de bancos federales para pagar gastos de la administración directa, práctica vedada por la ley-. Se produjeron porque Dilma arruinó las finanzas públicas -de 2008 a 2015 el gasto corriente creció un 50% por encima de la variación de la inflación del período, mientras que los ingresos avanzaron apenas el 17%-.
 
Ya hay en Brasilia negociaciones entre bastidores para definir quién será el candidato de la base aliada que apoya hoy al gobierno a disputar la elección indirecta en el Congreso contra el candidato de la oposición. En este escenario que se mostraba caótico al final de la semana pasada empieza a emerger un poco de racionalidad: hay una percepción en la clase política de que la agenda de reformas adoptada por Temer necesita ser mantenida, de lo contrario, la economía volverá al caos en que se encontraba hace poco más de un año y todo lo que se ha hecho ha sido en vano.
 
Algunos líderes creen que, dada la gravedad del momento político, el nuevo gobierno, que tendrá un mandato corto (hasta el 31 de diciembre de 2018), debe conducir las reformas con menos ambición de lo que hizo Temer. El actual presidente aprobó el techo, una medida radical de control del gasto público, y propuso una reforma previsional que, si es aprobada, representará un salto en relación a las reglas de jubilación anacrónicas e insostenibles vigentes hoy.
 
"En este momento, hay que quedarse a mitad de camino entre las demandas del mercado y la disposición política de los congresistas a sancionar medidas impopulares", dijo un político experimentado. "El mercado no conoce a Brasilia y Brasilia no conoce al mercado".
 
Fuente: El Cronista, iProfesional, Urgente 24 y La Opinión Popular
 

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Temer utiliza el Ejército para reprimir al pueblo en Brasilia
En las calles de Brasilia pidieron la renuncia de Michel Temer.
Temer utiliza el Ejército para reprimir al pueblo en Brasilia
La brutal represión contra una protesta que comenzó siendo pacífica dejó destrozos y heridos y provocó violentos incidentes. Un ministerio fue incendiado y otros fueron atacados a pedradas por los manifestantes, como reacción ante la violencia policial. Y el Presidente, añadiendo más leña al fuego, firmó un decreto movilizando a las Fuerzas Armadas, en principio apenas en la capital, pero el ensayo podría extenderse a otros lugares del país.
24-09-2017 / 20:09
24-09-2017 / 20:09
21-09-2017 / 21:09
20-09-2017 / 21:09
La crisis comenzó en el día 21 de septiembre de 1993 cuando el presidente Borís Yeltsin decretó la disolución del Congreso de los Diputados del Pueblo de Rusia y el Sóviet Supremo de Rusia, organismos que eran un obstáculo para su consolidación en el poder y la realización de la reforma neoliberal. El decreto de Yeltsin era ilegal al ir en contra de la vigente Constitución de la RSFS de Rusia de 1978.
 
El Congreso rechazó el decreto presidencial y aprobó la destitución del presidente Yeltsin mediante una apelación. El vicepresidente en vigor, Aleksandr Rutskói, fue nombrado presidente, tal y como mandaba la constitución. El 28 de septiembre las protestas públicas contra el gobierno de Yeltsin tomaron las calles en Moscú. En la represión de las mismas se produjeron varios muertos.
 
El ejército, bajo el control de Yeltsin, determinó el final de la crisis. Los diputados se encerraron en la Casa Blanca, edificio sede del Parlamento ruso, y se dispusieron a resistir el asedio de las fuerzas bajo control del depuesto presidente. La semana siguiente las protestas populares contra Yeltsin y en apoyo al Parlamento y al Soviet fueron creciendo. Alcanzaron el punto álgido el día 2 de octubre. Rusia se encontraba a las puertas de una guerra civil.
 
En ese punto, las cúpulas militares mostraron su apoyo al depuesto presidente y este ordenó el desalojo de la Casa Blanca a la fuerza. La orden de Yeltsin se materializó mediante el bombardeo, por carros de combate y artillería del edificio sede de la soberanía popular. La Casa Blanca fue destruida y muchos de sus ocupantes murieron en el ataque. El propio gobierno estimó el número de muertos en 187 y en 473 el de heridos.
 
La Opinión Popular

20-09-2017 / 20:09
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