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Nacionales - 17-05-2017 / 10:05
INTENDENTES JUSTICIALISTAS SE NEGARON A ESTAR CON BOUDOU, SABBATELLA Y D´ELÍA

Un encuentro, por la unidad entre el PJ bonaerense y los cristinistas, terminó en fracaso

Un encuentro, por la unidad entre el PJ bonaerense y los cristinistas, terminó en fracaso
El estallido de anoche, además de visibilizar las tensiones entre el PJ territorial y los ultra K, explicita una rebeldía contra la conducción telepática de la ex presidenta Cristina y su intento por delegar ese mando en su hijo, Máximo. Más simple: el poder de fuego de La Cámpora y los demás satélites ultra K dependen al extremo de que la ex presidente sea candidata. Ayer, los más de 20 intendentes que pegaron el faltazo al acto de Máximo Kirchner, mostraron esa carta desafiante.
Se profundizan las diferencias y crece el debate en el seno del PJ. Referentes de las principales líneas internas del Partido Justicialista bonaerense tenían previsto anoche mantener un encuentro, que había sido convocado por el titular del PJ, Fernando Espinoza. Pero, intendentes peronistas se negaron a participar de un cónclave con ultra K y otros personajes resistidos del cristinismo y le vaciaron el acto al hijo de Cristina.
 
El objetivo de la reunión era definir los lineamientos de la unidad de cara a los comicios legislativos, pero todo estalló por los aires cuando los intendentes, que buscan tomar distancia del ultrakirchnerismo, se enteraron que iban a subir al palco principal varias de las figuras más resistidas por el peronismo y por la opinión pública en general, como son el exvicepresidente Amado Boudou, el expiquetero Luis D´Elía, la exdiputada Diana Conti y el extitular del Afsca, Martín Sabbatella.
 
El éxodo fue masivo: se retiraron cerca de 60 dirigentes. Solo quedaron los ultra K. La evidente fractura en el seno del PJ bonaerense llevó a que uno de los asistentes, en momentos en que tomó el micrófono Máximo Kirchner, le realizara reproches a viva voz. "Máximo, tenés que decirnos por qué hoy no están los intendentes", le espetó, y el diputado nacional casi no tuvo reacción.
 
Otra señal del clima de malestar se dio cuando muchos de los asistentes se negaron a cantar la marcha peronista. "Es una vergüenza que quieran cantar la marcha ante tantos impresentables que ni siquiera son peronistas, como Boudou, Sabbatella y D´Elía", explicaron.
 
Intendentes del Grupo Esmeralda y del más kirchnerista Fenix se marcharon para dejarle en claro a La Cámpora, pero también a Espinoza -que hoy está jugando en tándem con la agrupación de Máximo-, que esta vez no aceptarán mansamente que monopolicen las listas. Además de no querer compartir el palco con corruptos e impresentables, los intendentes le explicaron a Espinoza que no están dispuestos a que los arríen a un acto sin hablar antes con Cristina.
 
Espinoza intentó invocar a Cristina para justificar la convocatoria, pero le dejaron claro que ahora no aceptan intermediarios. Mientras eso ocurría, en San Telmo Máximo y Magario insistían en pedir la unidad, acompañados apenas por Jorge Ferraresi (Avellaneda) y Mario Secco (Ensenada). La mayoría estaba en otro lado.
 
Pero, el problema y la solución es Cristina. Si da un paso al costado  contribuirá a la necesaria renovación del peronismo. Ganaría prestigio y le daría a su sector expectativa de integración en un proyecto de mayorías. No hay que ser imaginativo para visualizar que pasaría si se aferra a la idea de volver. Claro que para alguien que ganó todo, lo más difícil es entender cuando llegó el momento de retirarse. Les pasa a los boxeadores y a los presidentes, suelen dejar el ring muy vapuleados.
 
La Opinión Popular

LA INTERNA OPOSITORA
 
El intento K de sumar a D'Elía, Boudou y Sabbatella divide al PJ bonaerense
 
- Ahí me avisan que Boudou se fue. ¿Vamos?
 
Eduardo "Wado" De Pedro, canciller K ante los alcaldes del PJ, trasmitió la novedad sin cortar el teléfono. Creyó que, con ese anuncio, evitaba una crisis que había empezado a media tarde y terminó, esta noche, con una (otra) fractura expuesta en el peronismo de Buenos Aires.
 
El acto, que sería una postal de la unidad entre el peronismo territorial y los espacios K, terminó diezmado por los faltazos de intendentes que no quisieron compartir escenario con Amado Boudou. El ex vicepresidente, notificado del malhumor que generó su nombre, optó por irse.
 
Máximo Kirchner llegó temprano al polideportivo del Suterh sobre la calle Venezuela pero tuvo que esperar hasta las 20.30 para agarrar el micrófono y cerrar el mini acto. La postal no pudo ocultar el vacío que le hizo casi todo el PJ del conurbano.
 
Contrariado, el diputado habló de "traidores". No dio nombres, pero los que lo escucharon sabían a quienes iba dirigido ese adjetivo. A esa hora, a 200 metros, los alcaldes del PJ se amontonaban, furibundos, en la sede del Frente Nacional Peronista (FNP) en Bolívar al 448. Fernando Espinoza, jefe del PJ y promotor de la mesa ampliada, estaba allí y fue el puching ball de los alcaldes que le reprocharon haber decidido sin consultar.
 
Verónica Magario (La Matanza), mientras tanto, daba un discurso repleto de elogios para Cristina Kirchner. Junto a Jorge Ferraresi (Avellaneda) y Patricio Mussi (Berazategui), fueron los únicos intendentes del Gran Buenos Aires en el acto del Suterh, en medio de la galaxia K.
 
La ventaja de la dualidad: Espinoza en una trinchera, Magario en otra donde estaban Luis D'Elía, Juliana Di Tullio, Leopoldo Moreau, Martín Sabbatella, Gabriel Mariotto, Edgardo Depetri, Diana Conti y, entre otros, Carlos Castagnetto.
 
Es el colectivo K que, según acordaron Máximo y Espinoza, se integraban a la unidad sellada por los intendentes del PJ con La Cámpora. Detalle: muchos alcaldes no sabían el alcance de la apertura y lo vieron como una emboscada. Martín Insaurralde, Ariel Sujarchuk, Gustavo Menéndez y Fernando Gray, entre otros, se amotinaron y dijeron que no participarían del acto.
 
Hubo una charla dura, entre gritos y reproches, donde "Wado" ofició de abogado K para evitar el cisma que se venía gestando. En las últimas 20 horas hubo dos juntadas clave: el lunes a la noche, "Tano" Menéndez abrió su casa en Merlo para una cena descarnada entre un puñado de alcaldes y Florencio Randazzo.
 
El ex ministro confirmó que no se va del PJ, que quiere primarias y que no pactará con Sergio Massa. "Yo juego, si ustedes están de otro lado, voy a armar lista en sus distritos", le dijo a Menéndez, Leo Nardini (Malvinas) Santiago Maggioti (Navarro) y Gustavo Barrera (Villa Gesell).
 
Al mediodía, también en Merlo, esos alcaldes se juntaron con Insaurralde, Gray y Juan Pablo de Jesús (La Costa) para emitir un manifiesto: "Si Cristina es candidata, todos vamos con ella. Pero si no es, las listas las definen los intendentes".
 
Detrás de ese poema político latía el temor que estalló a la tarde. ¿Cuál es?: que Espinoza, como jefe del PJ y de Matanza, pacte con Máximo Kirchner manejar la lapicera de las listas en detrimento de los intendentes.
 
El estallido de anoche, además de visibilizar las tensiones entre el PJ territorial y los K, explicita una rebeldía contra la conducción telepática de la ex presidenta y su intento por delegar ese mando en su hijo.
 
Más simple: el poder de fuego de La Cámpora y los demás satélites K depende al extremo de que la ex presidente sea candidata. Ayer, los más de 20 intendentes que pegaron el faltazo al acto de Máximo Kirchner, mostraron esa carta desafiante.
 
Anoche, un dirigente le dijo a Clarín que dan por hecho que "Insaurralde arregló con Randazzo", una dosis tóxica cuando horas antes el lomense se abocó a organizar un clamor para pedirle a la ex presidenta que sea candidata a senadora.
 
Por Pablo Ibáñez
 
Fuente: Clarín, Hoy en la Noticia, La Política Online y LOP
 

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Un encuentro, por la unidad entre el PJ bonaerense y los cristinistas, terminó en fracaso
Intendentes del peronismo se negaron a participar de un cónclave que tuvo la asistencia de Boudou, D’Elía, Sabbatella y otros personajes resistidos del ultrakirchnerismo. Se profundizaron las diferencias y crece el debate en el seno del justicialismo
21-01-2018 / 21:01
21-01-2018 / 19:01
21-01-2018 / 11:01
A Marcos Peña, el jefe de Gabinete, le endilgan culpabilidades varias, entre ellas la indiferencia u hostilidad papal. Sea por episodios ocurridos cuando Macri era intendente y Bergoglio era Bergoglio, como la ley igualitaria, o por otros de esta fase presidencial.
 
Sin embargo, el accidentado pasado porteño no ha sido decisivo: cuando fue elegido papa, Francisco recibió a Macri con más simpatía que a Cristina, se alegró de fotografiarse con la hija menor, Antonia. Luego se invirtieron los roles, la dama superó al ingeniero, pontífice con corazón sensible ante una viuda plañidera.
 
Desde entonces llovieron las imputaciones sobre Peña y el enojo del Vaticano, hasta contradictorias: unos le atribuyen pertenencia al Opus Dei (dominante fracción religiosa opuesta y en guerra con la Compañía de Jesús a la que pertenece Francisco) y, otros, una inclinación ateísta imperdonable para la Iglesia, que prefiere a quienes depositan su fe en cualquier Dios antes que a los pacíficos descarriados no creyentes en el más allá.
 
Para Macri es un misterio inexplicable esa apatía demostrada por el Papa, y a sus amigos les confesó que no le pudo sacar siquiera una sonrisa en su última entrevista. Ni haciendo un número vivo.
 
Estas relaciones importan por la ruptura manifiesta entre lo que el Papa considera liberalismo, plata y patronal, representado por Macri, según él (también por el electo Sebastián Piñera, al que apenas saludó fría y protocolarmente en Chile), y una doctrina social cristiana contraria al mercado, de fuerte contenido estatista, más dedicada a socorrer pobres caritativamente.
 
Por lo tanto, con Peña o sin Peña enfrente, difícil que la distancia se acorte entre el Gobierno y el Vaticano.

21-01-2018 / 10:01
La moda periodística de este verano es preguntarse por qué no viene el papa Francisco a la Argentina. El género admite ricas y variadas posibilidades.
 
Clarín trabaja una vertiente surrealista: trata de inducir la interpretación de que la iglesia católica argentina repudia a quienes usan a Francisco para una política conflictiva contra el gobierno de Macri, lo que claramente contradice el texto del documento episcopal al respecto.
 
Morales Solá en La Nación incorpora un matiz: les aconseja a los macristas que no le adjudiquen al Papa enemistad con Macri e incorpora una lectura histórica que permite inferir una excelente relación entre ambos, convenientemente sazonada por la demostración del encono que, en cambio, separaría al pontífice de Cristina.
 
La lectura del mensaje Evangelium Gaudium y de la encíclica Laudato sii permite adentrarse en la esencia del mensaje que el Papa ha colocado en el centro de su misión pastoral como jefe de la iglesia, y pensar la cuestión de su no visita al país a partir de ahí.
 
¿Cuál es el hilo común de todo ese sistema de señales que emite el Papa? Sin duda se trata de la construcción de un jalón de la doctrina social de la iglesia orientado al mundo de nuestros días. Esa doctrina, nacida con la encíclica Rerum Novarum, promulgada por León XIII en 1891, tuvo en sus orígenes el propósito de intervención en la cuestión de las relaciones entre el trabajo y el capital.
 
Tanto en sus vertientes más conservadoras, como en las más progresistas, el catolicismo puso la cuestión de la explotación del trabajo en el centro de su preocupación, estuviera ésta guiada por el temor a la rebelión obrera o por la solidaridad con los que sufren la injusticia de esa explotación. Sus interlocutores son los pobres, los perseguidos, los discriminados.
 
Los comunicadores críticos del Papa -los que dicen lo que los poderosos de la Argentina piensan pero no quieren decir- han armado su propio relato o, mejor dicho, han elaborado un modo de incluir al Papa en el relato general de la historia reciente del país.
 
Francisco es peronista. En consecuencia no está conforme con que Macri gobierne el país. Su rechazo a visitarnos sería así una forma de molestar al presidente, de demostrarle su antipatía, de intervenir políticamente en su contra.
 
¿Es efectivamente política la conducta del Papa? Claro que sí: colocarse en este momento del mundo como un crítico de la globalización neoliberal, afirmar que el capitalismo es la cultura del descarte, que "esta economía mata", que el derrame de las riquezas desde la cúpula híper concentrada del capital hacia las clases populares es una visión farsesca y que tal cosa no ha ocurrido nunca ni puede ocurrir...todas esas son definiciones claramente políticas.
 
Pero reducir a Francisco al lugar de un operador político argentino sería pura ignorancia si no fuera, como es, ocultamiento y manipulación. 

20-01-2018 / 17:01
Los referentes legislativos de Cambiemos retornaron de sus vacaciones esta semana y volvieron a las playas con una certeza: será difícil dar grandes batallas en el Congreso este año, tras la traumática sanción de la reforma previsional.
 
"Sólo tendremos leyes con debates abiertos y participativos", fue la consigna que los diputados Emilio Monzó y Mario Negri y los senadores Luis Naidenoff y Federico Pinedo le comunicaron a sus pocos pares que atendían el martes. Venían de escucharla en la Casa Rosada, en la primera reunión de gabinete ampliada del año. La próxima será en un mes, ya en el retiro espiritual de Chapadmalal.
 
Entretanto, Mauricio Macri echó leña al fuego con nuevos DNUs que enfurecieron al peronismo dialoguista, mote asignado a los bloques referenciados en los gobernadores que le ayudaron estos años a tener leyes, aunque no tanto como él hubiera querido.
 
Desde sus casas o sus remansos vacacionales, los peronistas no K cruzaron llamadas que derivaron en un comunicado del Bloque Justicialista en contra del megadecreto de reforma del Estado. Ya hablan de una mini cumbre informal en Salta, donde trabaja full time Pablo Kosiner, jefe del BJ, artífice de los avatares de la reforma previsional en Diputados.
 
Macri quiere que los legisladores no sean protagonistas y sólo debatan leyes con amplios consensos y sin riesgos. Y está dispuesto a resolver los temas cruciales por decreto. En Cambiemos admiten que Mauri no se acostumbró a la negociación permanente y prefiere ignorarlos todo lo posible.

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