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Por Natalio R. Botana. Historiador y politólogo
“En cada barrio se repiten las preocupaciones que relatan los vecinos en relación con el empleo. O falta trabajo, o es precario, o tienen temor a perderlo. En todos los casos, la plata no alcanza”. Margarita Stolbizer
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Nacionales - 20-04-2017 / 11:04

Macri, dispuesto a dar la "madre de todas las batallas" por el plan económico neoliberal

Macri, dispuesto a dar la
La dura defensa del plan anti-inflacionario y la suba de tasas de interés dejan en evidencia que el Gobierno de Mauricio Macri está dispuesto a pagar un alto costo político con tal de reafirmar que su prioridad es la meta del 17%. Entre los economistas hay desconfianza, incluso luego del giro sobre el tema dólar.
Es habitual que en sus discursos, el Presidente Mauricio Macri reafirme que la inflación es el principal escollo a resolver, y que señale que la progresiva disminución será la clave del crecimiento de los próximos años. Justamente, en línea con las recomendaciones del titular del Central, Federico Sturzenegger.
 
La sintonía entre ambos no es nueva. De hecho, Sturzenegger es un militante "amarillo" puro: manejó los destinos del estratégico Banco Ciudad cuando él era jefe de Gobierno y, en 2013, llegó a Diputados por expreso pedido de Macri. Esa renovada confianza le dio al banquero espacio político para avanzar en medidas antes resistidas en el Gabinete nacional, como el reciente aumento de las tasas, que frena la recuperación del nivel de actividad.
 
En la city porteña hacen otra lectura de la situación. Sospechan que el alineamiento del equipo económico responde más que nada a las señales que el Ejecutivo enviara a los funcionarios del Gabinete. "El que no está de acuerdo, se va. Y, si no, miren lo que les pasó a Prat Gay y a Melconian", es la frase amenazante que resuena en los principales despachos.
 
Ni siquiera Francisco Cabrera, en su rol de responsable por mejorar los niveles de producción del país, se atreve a levantar la voz ni a formular críticas, pese a sus diferencias. Sus cuestionamientos pasan por la estrategia implementada por el BCRA de mantener elevado el costo del dinero. Si bien lo afectan de modo directo, prefiere no levantar olas y esperar que lleguen mejores tiempos para su área. El ministro admite que, bajo el actual contexto, no hay demasiado oxígeno para las pequeñas y medianas empresas, ya que requieren de tasas más bajas para su operatoria diaria o en caso de que quieran expandirse.
 
Así las cosas, las principales críticas a la estrategia de Sturzenegger se escuchan, llamativamente, en el gremio de los economistas. El sablazo más impactante provino de Miguel Ángel Broda, quien no tuvo piedad y lo criticó con dureza: "Acá no hay ni plan A ni plan B. Esto es insostenible en el largo plazo". "No se puede tener elevado déficit fiscal financiado mangueando ahorro externo y, al mismo tiempo, una tasa de inflación declinante", recalca, siendo plenamente consciente del impacto que generan sus palabras en el ámbito empresarial.
 
No obstante, Sturzenegger en su lucha contra el alza de precios se encuentra con un escollo: la desconfianza de propios y ajenos, que la dejan plasmadas en números. Y ya no se trata solamente de las proyecciones que trazan 55 consultoras y bancos de primer nivel (compiladas en la encuesta "REM" que realiza mes a mes el propio Banco Central). También el FMI se acaba de sumar a la lista de desconfiados. Según el organismo, este año el PBI se expandirá apenas 2,2%, por debajo del 3,5% previsto por la Casa Rosada.
 
Sturzenegger optó por jugar a fondo y reafirmar que logrará una inflación del 17% para este año. Los inversores escuchan y callan. Poco creen que se podrá cumplir con a esa cifra, subir fuerte las tasas, sostener el atraso cambiario, recuperar el nivel de actividad para que el país crezca, todo de manera simultánea. 

 
Macri, dispuesto a enfrentar a la city para dar la "madre de todas las batallas" por las expectativas económicas
 
En la actualidad, el número de teléfono más importante en la agenda de Mauricio Macri es el de Federico Sturzenegger. Las últimas dos veces que viajó al extranjero, le pidió al titular del Banco Central que lo mantuviera al tanto de las últimas novedades. Ocurrió cuando visitó España y Holanda. También lo hizo llamar para evacuar dudas en la previa a las reuniones pactadas con otros mandatarios. Los contactos entre ambos se suceden casi de manera permanente.
 
Hoy día, Sturzenegger se ha convertido en el principal asesor del jefe de Estado -acaso el único- en materia económica. Macri le cree y avala su plan de acción. Con Carlos Melconian y Alfonso Prat Gay fuera del Gobierno, "Federico" (a secas, como lo llama en público) pasó a ser una suerte de "gurú".
 
Es habitual que en sus discursos, el Presidente reafirme que la inflación es el principal escollo a resolver, y que señale que la progresiva disminución será la clave del crecimiento de los próximos años. Justamente, en línea con las recomendaciones del titular del Central.
 
La sintonía entre ambos no es nueva. De hecho, Sturzenegger es un militante "amarillo" puro: manejó los destinos del estratégico Banco Ciudad cuando él era jefe de Gobierno y, en 2013, llegó a Diputados por expreso pedido de Macri.
 
Esa renovada confianza le dio al banquero espacio político para avanzar en medidas antes resistidas en el Gabinete nacional, como el reciente aumento de las tasas, que demora la recuperación del nivel de actividad.
 
Ahora, como admite el propio Sturzenegger, también cuenta con el respaldo del sucesor de Prat Gay, Nicolás Dujovne, quien ya dejó entrever que avala la decisión de mantener los tipos de interés en terreno positivo. Es decir, por encima de la inflación. "No es habitual contar con el apoyo del ministro de Hacienda, y nosotros lo tenemos", afirma el titular del BCRA.
 
 
Desconfianza en la city
 
En la city porteña hacen otra lectura de la situación. Quienes suelen tener contacto con el Banco Central sospechan que el alineamiento de Dujovne responde más que nada a las señales que el Ejecutivo enviara a los funcionarios del Gabinete.
 
"El que no está de acuerdo, se va. Y, si no, miren lo que les pasó a Prat Gay y a Melconian", es la frase amenazante que resuena en los principales despachos.
 
Ni siquiera Francisco Cabrera, en su rol de responsable por mejorar los niveles de producción del país, se atreve a levantar (demasiado) la voz ni a formular críticas, pese a sus diferencias.
 
Sus cuestionamientos pasan por la estrategia implementada por el BCRA de mantener elevado el costo del dinero. Si bien lo afectan de modo directo, prefiere no levantar olas y esperar que lleguen mejores tiempos para su área.
 
El ministro admite que, bajo el actual contexto, no hay demasiado oxígeno para las pequeñas y medianas empresas, ya que requieren de tasas más bajas para su operatoria diaria o en caso de que quieran expandirse.
 
Así las cosas, las principales críticas a la estrategia de Sturzenegger se escuchan, llamativamente, en el gremio de los economistas. Incluso, de varios de los que mantuvieron un buen vínculo con el ahora inquilino de Reconquista 266.
 
El sablazo más impactante provino de Miguel Ángel Broda, quien no tuvo piedad y lo criticó con dureza: "Acá no hay ni plan A ni plan B. Esto es insostenible en el largo plazo".
 
"No se puede tener elevado déficit fiscal financiado mangueando ahorro externo y, al mismo tiempo, una tasa de inflación declinante", recalca, siendo plenamente consciente del impacto que generan sus palabras en la city y en el ámbito empresarial.
 
En medio de las críticas cruzadas -ya sea del lado de los economistas heterodoxos como también desde la ortodoxia- Sturzenegger da la pelea que él entiende que tiene que dar. Para algunos, está plenamente convencido de los beneficios que traerán sus políticas. Para otros, es sólo un provocador.
 
Él, en tanto, cree que vale la pena arriesgar para ganar la "guerra por las expectativas", y que cuenta con las armas suficientes como para dar esa batalla. Está persuadido de que cuanto más rápido baje la inflación, más rápido arrancará la actividad económica.
 
No obstante, en su lucha contra el alza de precios se encuentra con un escollo: la desconfianza de propios y ajenos, que la dejan plasmadas en números. Y ya no se trata solamente de las proyecciones que trazan 55 consultoras y bancos de primer nivel (compiladas en la encuesta "REM" que realiza mes a mes el propio Banco Central). También el FMI se acaba de sumar a la lista de desconfiados.
 
Según el organismo, este año el PBI se expandirá apenas 2,2%, por debajo del 3,5% previsto por la Casa Rosada. Off the record, varios analistas admiten que ese crecimiento podría ser aún inferior.
 
Sturzenegger, junto con Dujovne y Luis Caputo (Finanzas) viajaron a la reunión anual del Fondo Monetario, en Washington, para intentar convencer a inversores y financistas de que las metas para este año son perfectamente alcanzables. Pero, más que para apaciguar las dudas sobre inflación, los funcionarios tendrán que hacer un gran esfuerzo para sosegar las dudas que genera el plano fiscal, con un nivel de gastos del Estado muy por encima de los ingresos.
 
Los inversores creen que a Dujovne se le hará muy cuesta arriba dar cumplimiento a un rojo en las cuentas públicas de "apenas" 4,2% del PIB, como marca el Presupuesto. Entre otras cosas, porque el letargo de la actividad económica impide el despegue de la recaudación. Mientras el titular de Hacienda da su batalla por el déficit, Sturzenegger hace lo propio con los precios.
 
Al momento de presentar el Informe de Política Monetaria, optó por jugar a fondo y reafirmar que logrará una inflación del 17% para este año. Los inversores escuchan y callan. Poco creen que se podrá cumplir con a esa cifra, subir fuerte las tasas, sostener el atraso cambiario, recuperar el nivel de actividad para que el país crezca, todo de manera simultánea. Ni siquiera el anuncio de una meta de las reservas 50% por encima a las existentes en la actualidad, aplaca la incertidumbre.
 
En voz baja, los economistas consultados por iProfesional hacen referencia a algunas contradicciones. Como la rebaja de encajes, seguida de la suba del costo del dinero y de la intervención en el mercado de cambios, luego de haber señalado que (las reservas) eran un "fetiche".
 
 
Reclamos por mayor coherencia
 
Desde las principales oficinas de la city, además, le siguen achacando al Gobierno la falta de coordinación en materia de política económica. Por cierto, en esas críticas incluyen a Sturzenegger. Para Pablo Goldin, economista de MacroViews, "no se entiende cuál es la estrategia oficial". Observa una gran contradicción entre recuperar el nivel de actividad y, al mismo tiempo, reducir el dinero en circulación.
 
"Ir a fondo para cumplir con las metas inflacionarias implica debilitar la marcha de la economía. La actividad depende en gran medida de la cantidad de pesos que hay en la calle, y el Banco Central viene absorbiéndolos", afirma.
 
"Cuando se mira el total de moneda local en circulación, en términos reales, resulta que hay menos dinero que a mediados de 2015, que es cuando comenzó el ciclo recesivo", apunta.
 
De acuerdo con la consultora M&S, fundada por Carlos Melconian, hoy día el circulante en poder del público (a precios constantes) es un 20% inferior al de finales de 2015. Esta contracción dificulta la recuperación y, tal como señalan algunos analistas en sus informes sobre política monetaria, "hay poca plata en la calle para reactivar".
 
Fernando Marengo, director de la consultora de Ricardo Arriazu, también ventila sus críticas: "El Gobierno no quiere reconocer que el principal problema es el frente fiscal. Y tampoco está la decisión política de reducirlo". "Entonces, parece a todas luces evidente que este estrés de la política monetaria resulta inconsistente", asegura.
 
En su visión, la sobreoferta de dólares para cubrir el rojo en las cuentas públicas genera un atraso cambiario histórico, que le hace perder al país competitividad incluso en sectores en los que puede ser más competitivos". En cuanto a las tasas de interés, remarca que "la decisión de elevarlas no hace otra cosa que atraer los capitales especulativos, por el carry trade".
 
Este concepto refiere a inversores que toman créditos a un tipo de interés bajo en un país (en la moneda de esa nación) y luego colocan ese dinero en otra nación que ofrece una tasa mayor (pesos en Argentina). Con lo obtenido, cancelan el préstamo y se quedan con la diferencia.
 
Por otro lado, advierte que el alza de intereses y la llegada de fondos del exterior afectan a las empresas que requieren de dinero más barato para su operatoria diaria. "Hay una contradicción entre lo que se dice y lo que se hace. La suba de los tipos de interés y el ingreso de capitales generan un crowding out", ya que los privados terminan comprando esa masa de dólares que el Banco Central no quiere.
 
"Ese flujo de pesos que va a la adquisición de billetes verdes podría destinarse a algo productivo, cosa que no sucede. En la práctica, es como si el Gobierno estuviese emitiendo bonos en dólares y sacándole pesos a los inversores locales", concluye Marengo.
 
Con un ojo puesto en el tablero político y el otro en el nivel de actividad, el gremio de los economistas se mantiene en alerta. No solo ellos, también muchos funcionarios clave de la administración, que prefieren adoptar un bajo perfil y no agitar las aguas.
 
La situación económica es seguida de cerca desde las oficinas del primer piso de la Rosada, donde conviven la Jefatura de Gabinete y los ministros coordinadores. Desde allí se monitorea cada indicador y se susurran críticas de diversa índole que, por ahora, los funcionarios evitan que se hagan públicas.
 
Por Claudio Zlotnik
 
Fuente: iProfesional
 

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23-10-2017 / 19:10
23-10-2017 / 12:10
23-10-2017 / 10:10
El gobierno de Cambiemos redondeó ayer un gran triunfo electoral nacional que incluyó a los cinco principales distritos del país, lo que le permite ampliar su representación en el Congreso aunque sin conseguir mayoría propia en ninguna de las dos cámaras.
 
Es histórico: las primeras elecciones de medio término son favorables a los oficialismos. Hace menos de dos años, que ese electorado llevó al gobierno a los representantes de Cambiemos y sería muy extraño y hasta poco razonable, que cambiara de sentido en tan poco tiempo.
 
Desde la recuperación de la democracia, hace 33 años, el único que perdió las elecciones de medio término fue el radical Fernando de la Rúa. Es difícil que un mandato se cambie a los dos años de haberlo otorgado y en general el electorado lo entiende de esa manera, más allá de los odios y grietas con que se presentan estas elecciones.
 
Contra todas las evidencias de un modelo económico neoliberal que no tiene sustentabilidad posible de largo y hasta mediano plazo; con un fuerte endeudamiento; con un déficit de cuenta corriente pavoroso; con una caída de las exportaciones que remiten al ingreso especulativo de divisas como única posibilidad de financiamiento...
 
Con la inminencia de los aumentos anunciados en todas las tarifas de servicios públicos; con el sector agropecuario ya sentado en la retención de sus liquidaciones de granos a la espera de que se corrija el dólar, la falsedad de los "brotes verdes" y de la "primavera económica" impulsada por índices espurios de recuperación se reveló, entonces, más fuerte que todo otro factor.
 
Frente a los indicios potenciados de que tarde o temprano se chocará de nuevo contra las condiciones objetivas de 2000/2001, volvió a mostrarse que muy difícilmente la población se distancie de lo que eligió hace poco tiempo. Al revés: dobla la apuesta.
 
Cambiemos contó con el respaldo invalorable de los grandes medios de comunicación que actuaron con eficiencia para cubrir el malestar que fueron despertando con el aumento de la inflación y de las tarifas. La idea de que "estamos dispuestos a hacer este sacrificio para después favorecernos" prevaleció en gran parte de los electores que consideran estos dos años como un sacrificio necesario para recoger los frutos después de ese plazo de gracia.
 
El electorado mostró que tiene disposición al sacrificio, pero también una expectativa que se ve aumentada por el esfuerzo que se le exige. Pero las primeras medidas del Gobierno, que ha salido fortalecido de estas elecciones, serán otra vez de sacrificio para el ciudadano común, incluyendo a quienes los respaldaron con sus votos, sin que se avisten por ningún lado los beneficios que se esperan. La pregunta es entonces, hasta cuándo se mantendrá esa disposición al sacrificio por parte del electorado de Cambiemos, que está votando a una fuerza cuyas políticas le han empeorado su calidad de vida.
 
La Opinión Popular

22-10-2017 / 17:10
22-10-2017 / 16:10
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