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El clima en Paraná
Lo dijo el doctor René Favaloro hace 20 años: “Con el aborto legal no habrá más ni menos abortos, habrá menos madres muertas. El resto es educar, no legislar”.
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Nacionales - 17-04-2017 / 09:04
EN SU AFÁN POR DIFERENCIARSE DE LOS K ESTÁ ADOPTANDO SUS FORMAS Y CARACTERÍSTICAS

Un Macri fascinado por la confrontación, corre el riesgo de quedarse solo con su "minoría intensa"

Un Macri fascinado por la confrontación, corre el riesgo de quedarse solo con su
Los sectores de clase media alta y alta, una “minoría intensa” de votantes y simpatizantes del macrismo que salieron a confrontar con los sindicalistas y con el kirchnerismo entre marzo y abril en redes sociales como Facebook y Twitter, recurrieron a esos espacios y a WhatsApp para organizarse y salir el 1 de abril a las avenidas de las grandes ciudades para expresar su apoyo al oficialismo.
Al macrismo le ocurre algo paradójico: en su afán por diferenciarse del kirchnerismo está adoptando algunas de sus formas y características.  Sobre todo, la de confundir a su "minoría intensa" con toda la opinión pública, lo lleva a radicalizar su discurso y sus políticas.
 
En los últimos días abundaron señales en este sentido. En particular, luego de la inyección anímica de la marcha de apoyo del 1A y el movimiento "anti-paro de la CGT" organizado en redes sociales. A partir de ese entonces, se notó una conducta claramente confrontativa de  Mauricio Macri, tanto delante de los micrófonos como a la hora de tomar medidas para reprimir los piquetes y las protestas en las calles.
 
Tras el apoyo recibido, Macri entendió que buena parte de la sociedad lo había puesto en su cargo para que luchara "contra las mafias". Días después, en el paro general de la CGT, reaccionó con frialdad ante el pedido de diálogo sindical. Luego endureció su posición con el gremio docente, al afirmar que "violan las normas y después van al paro".
 
Su actual postura marca un claro contraste respecto a la observada en Macri "versión 2016". Es decir, aquel que se congraciaba con la Iglesia y con sus propios socios políticos de la coalición Cambiemos al convocar a la Mesa del Diálogo Social. El cambio más notorio quizás sea el del nuevo entusiasmo por la firmeza policial y represiva ante los piquetes y otras formas de ocupación del espacio público. 
 
Hubo un día clave: el del Paro General para realizar un operativo policial de bajo riesgo, por el fuerte clima social anti-piquete que se había gestado en las semanas previas. Luego, por el hecho de que los cortes de calles eran producto de unas pocas personas vinculadas con partidos de izquierda y sin el apoyo de la CGT.
 
Hay un choque que se agudiza. Por un lado, los trabajadores, los sindicatos que se autodefine como la "columna vertebral" del peronismo, las organizaciones de izquierda, las agrupaciones sociales; que recurren a la dinámica del paro, las protestas en las calles y en los lugares de trabajo para visualizar sus reclamos.
 
Por el otro, los sectores de clase media alta y alta, una "minoría intensa" de votantes y simpatizantes del macrismo que salieron a confrontar con los sindicalistas y con el kirchnerismo entre marzo y abril en redes sociales como Facebook y Twitter, y que recurrieron a esos espacios y a WhatsApp para organizarse y salir el 1 de abril a las avenidas de las grandes ciudades para expresar su apoyo al oficialismo.
 
Como el kirchnerismo, que seguía a Laclau en el sentido de que gobernar necesariamente implica definir un adversario con el cual confrontar, ahora el macrismo encuentra atractiva su nueva fase de "mano dura". En el medio, la mayoría de los argentinos miran con preocupación el recrudecimiento de la "grieta".
 
La Opinión Popular

 
La ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, el día del Paro se mostró exultante en su raid de medios de comunicación. Sonriente, explicaba el cambio de actitud tras soportar un año de reproches por la demora en la aplicación del famoso "protocolo anti piquetes".
 
Felicitada por el Presidente, subió su perfil y hasta asumió un discurso decididamente partidario: "La búsqueda del poder por parte de un sindicalismo que pertenece a un movimiento político, es incesante y permanente".
 
"Todo gobierno que no ha sido liderado por el peronismo, ha tenido paros sistemáticos. Es evidente, histórico y probado", afirmó la funcionaria. "No vamos a permitir que nos bloqueen el Gobierno. Desde que asumimos nos hicieron 1.124 bloqueos y piquetes", agregó Bullrich.
 
Pronunció estos dichos luego de haber justificado la acción policial que le impidió al gremio docente instalar la "escuela itinerante" en la plaza del Congreso, un domingo a la noche.
 
 
¿Laclau tenía razón?
 
Lo cierto es que, lejos de su promesa del día de la asunción (cuando se refirió a trabajar por la "unión de todos los argentinos" y a "superar la etapa de la confrontación"), Macri parece haber descubierto un inconfesado atractivo por las ideas del filósofo K que inspiró la "grieta" social y política.
 
Se trata de Ernesto Laclau, sociólogo que residía en Inglaterra y que falleció hace tres años. Durante el kirchnerismo, fortaleció su teoría sobre la necesidad de todo gobierno populista de generar un "relato" y de establecer un permanente estado de confrontación. Según ese planteo, no hubo progreso social en la historia que no haya surgido de los conflictos y sin haber afectado los intereses de aquellos grupos concentradores de poder.
 
Su influencia era notoria en los discursos de Cristina Kirchner, quien se jactaba de que cada medida que tomaba era para favorecer a algún sector postergado de la sociedad por la vía de recortarle privilegios a esos grupos. Desde ese punto de vista, la célebre "grieta" no sólo era inevitable sino que se presentaba como un objetivo deseable, porque las quejas de una parte eran la medida del éxito en la reparación de la otra.
 
Como consecuencia lógica de esa forma de gobernar, todo el "relato" quedaba cruzado por la antinomia "ellos versus nosotros" que, con su reconocida habilidad retórica, CFK cultivó y perfeccionó en los discursos en sus "patios militantes".
 
A la hora del análisis político, así fuera en los debates del grupo Carta Abierta como en los paneles del recordado programa "6-7-8", siempre las interpretaciones de cada hecho de actualidad se daban en el marco de esa lucha incesante entre sectores irreconciliables. Así fuera una devaluación, un conflicto sindical o las transmisiones de fútbol en TV, todo pasaba por identificar y exponer los intereses ocultos que había en juego.
 
Frente a ese estilo político, Macri había prometido ser lo opuesto. Las alusiones a la "revolución de la alegría", el estilo zen para la búsqueda introspectiva de la felicidad, el culto al trabajo en equipo con "retiros espirituales", la renuncia voluntaria a las cadenas oficiales en TV, todo llevaba a pensar en un drástico cambio de fondo y de formas.
 
Sin embargo, en las últimas semanas algo empezó a modificarse. Ya no cultiva la espiritualidad zen sino, más bien, parece disfrutar más con la confrontación abierta. Lo mismo ocurre con sus principales funcionarios, que ya no están dispuestos a poner la otra mejilla sino que prefieren ir al choque.
 
Como síntoma de la nueva etapa, hasta el "filósofo oficial del macrismo", Alejandro Rozichner (que redacta los discursos del mandatario) también se alejó de sus ponencias sobre la felicidad para argumentar a favor de la nueva actitud del Gobierno.
 
Sobre el incidente con los docentes, aseguró que se encuadra dentro de la lógica del relato K: "Es la realidad contada al revés. Caso por caso, aplican la misma fórmula. Los hechos dados vuelta". Y dejó frases como: "Patoteros que se victimizan haciéndose los 'docentes' y lo que menos les importa es la educación"; "No respetan la ley y se fingen agredidos"; "Usar a los chicos para hacer mala política. No va. El patoterismo resulta más evidente que nunca, ya no engañan a nadie".
 
 
Un arma de doble filo
 
La gran pregunta es si este cambio de estilo le será redituable al Gobierno desde el punto de vista político o si, como le pasó al kirchnerismo, el hecho de recostarse en su "minoría intensa" puede acarrearle un costo mayor.
 
Por ahora, prevalece el argumento "validador" de las encuestas. Un último sondeo refleja una amplia mayoría (63%) que expresa su hartazgo por las protestas que implican cortes de calles y de autopistas.
 
Pero, como sabe todo buen "gurú" de campaña electoral, esas encuestas deben ser leídas con cuidado para evitar el riesgo de malinterpretarlas. Ese mismo sondeo que está en manos del Gobierno deja en claro que la postura anti-piquete no es homogénea: es un 90% favorable entre quienes apoyan al macrismo y cae a la mitad (45%) en el resto de la opinión pública.
 
Pero, sobre todo, el detalle interesante es que una cosa es manifestar el enojo por un corte de calle y otra muy distinta es avalar la represión policial. Cuando se le pregunta al entrevistado si apoyaría el uso de la violencia para desalojar piquetes, ahí ese visto bueno desciende al 37%. Y si en esas manifestaciones hay mujeres y niños, cae al 20%.
 
El riesgo del macrismo parece claro: así como en su momento daba la sensación de que Cristina Kirchner dirigía sus discursos a la "tropa K" y a los televidentes del programa "6-7-8", Macri corre un peligro político similar.
 
Concretamente, el de confundir a todo su electorado con la postura de una parte del mismo, como por ejemplo la de Baby Etchecopar. El conductor radial, referente de la postura pro "mano dura", felicitó públicamente a Patricia Bullrich al día siguiente del paro general: "Por fin aparecieron los palos" dijo, al tiempo que aseguró que ahora sí sentía que lo que paga de impuestos tenía una contraprestación.
 
"Festejamos cada palo dado a estos negros como un gol desde casa (...) Cada vez que veía que bajaba un machete de la Policía yo ponía en Himno Nacional... eso es lo que queríamos, eso es lo que votamos, es lo que apoyamos", dijo Etchecopar.
 
Hay ciertos apoyos que más bien parecen una ayuda al enemigo. Nadie lo sabe mejor que Cristina Kirchner, que recibe un "salvavidas de plomo" cada vez que personajes como Luis D'Elía o Hebe de Bonafini expresan su adhesión.
 
El riesgo del Presidente es que por cada elogio, del estilo Etchecopar, se exponga a perder el apoyo de sus propios socios de coalición. Ya hubo señales de incomodidad y hasta de rechazo explícito por parte de dirigentes de la Unión Cívica Radical, cuando se produjeron los incidentes con los docentes.
 
Es posible que, en la balanza, los estrategas del macrismo consideren que los eventuales costos del "endurecimiento" son menores que los beneficios. Es que, efectivamente, en la Argentina la explotación de "la grieta" es un fenómeno de alto rating. Pero claro, eso no significa un éxito político asegurado.
 
Como ya comprobó el kirchnerismo, las minorías intensas hacen ruido y pueden premiar a un político con el "mimo" de una manifestación callejera, pero otorgan un "techo" electoral bajo. Macri, que durante años sufrió ese efecto limitante, recién pudo superar su "techo" de votos cuando sumó aliados y cambió el estilo. Su discurso ganador fue el del rechazo a la confrontación.
 
Por Fernando Gutiérrez
 
Fuente: iProfesional
 

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25-06-2018 / 09:06
Está en marcha el tercer paro general de la CGT durante el gobierno anti obrero de Mauricio Macri. Las distintas y heterogéneas organizaciones sindicales, políticas y sociales que adhieren a la medida de fuerza plantearon que será el más contundente de estos tres años: no habrá transporte (ni trenes, ni colectivos, ni subte, ni aviones) y las principales ramas del trabajo se sumarán.
 
La huelga, que se extenderá por 24 horas desde la medianoche, fue convocada para exigir cambios en el rumbo económico neoliberal y en rechazo de aquello que los gremios definen como un "brutal ajuste" impuesto por el nefasto Fondo Monetario Internacional (FMI).
 
La protesta, que cuenta hasta con cierto aval de la Iglesia, también apunta a forzar al Gobierno a revisar su plan de recortes en la administración pública y refrendar una suerte de pacto anti despidos hasta fin de año en el sector privado, una alternativa que ya fue desechada desde la Casa Rosada tras el fallido antecedente de 2016.
 
Si bien la CGT llamó a un paro sin movilización, diversas agrupaciones de izquierda harán cortes de ruta, de calles y actos en distintos puntos del país para manifestarse contra el acuerdo con el FMI, el atraso salarial, el ajuste y el aumento de tarifas.
 
Diversos funcionarios macristas de primera línea del Gobierno de los Ricos cuestionaron la medida y hasta llamaron a carnerear e ir a trabajar. El ministro del Interior, Rogelio Frigerio, sostuvo que "la gente no sabe por qué paran". "Vive en otra realidad", le respondió el triunviro de la CGT Carlos Acuña.
 
El gobierno de los CEOs y los medios afines (como Clarín, La Nación e Infobae) afirman que paro de la CGT "tiene un alto costo" para el país. Lo que dejaría de producirse por la jornada sin actividad alcanzaría la suma de USD 1.000 millones. Sin embargo, nada dicen de un saqueo cotidiano: los pagos de la deuda pública, que cuestan cada día casi 200 millones de dólares, tomando las cifras que capital e intereses que ha cancelado Macri desde que asumió.
 
La Opinión Popular

24-06-2018 / 12:06
24-06-2018 / 10:06
El Gobierno de los Ricos enfrentará este lunes el paro más fuerte de la CGT desde que asumió el millonario Mauricio Macri. Fortalecida por la adhesión de los gremios del transporte y el amplio respaldo de todos sus sectores internos, la central obrera enviará así una señal de malestar contra la política económica neoliberal.
 
Será la postal de un país sin colectivos, trenes ni subtes, con la que buena parte de la dirigencia buscará ganar "musculatura" para retomar las negociaciones con el Gobierno de los CEOs, interrumpidas por el creciente clima de conflictividad y la interna sindical.
 
La definición del paro se precipitó por decisiones tomadas en la Casa Rosada. Luego de dilatar la fecha de la medida durante un mes, el sindicalismo esperaba al menos avanzar en el freno a los despidos por seis meses, la quita de Ganancias sobre el aguinaldo, paritarias sin techo, la devolución de los fondos a las obras sociales y la exclusión de cambios en la Ley de Contrato de Trabajo en los proyectos de reforma laboral.
 
Para la estadística, el de mañana será el tercer paro general de la CGT contra el gobierno anti obrero de Macri. La medida de fuerza promete contundencia porque, a diferencia de diciembre pasado, la adhesión de los sindicatos se presenta hasta el momento sin fisuras y la coyuntura ayuda.
 
Sin embargo, la efectividad de la huelga crecerá en tanto se enmarque en un proceso posterior no sólo de unidad sindical sino a partir de un programa que todos acompañen. Es el camino necesario para que el Gobierno sienta que tiene enfrente un actor político de peso y no una congregación informe y dividida que se vuelve incapaz de defender los derechos de los trabajadores ante el programa económico de ajuste que implementan en la Casa Rosada.
 
De alguna manera, Moyano hijo se expresó en ese sentido cuando exigió que el reclamo "no se agote el lunes a la noche" al entender que el modelo neoliberal del Gobierno continuará que por más que esté golpeado no hay señales de que se detenga y, como indicó el camionero "vendrán por los convenios colectivos de trabajo, la reforma laboral, con un ajuste brutal después del acuerdo con el Fondo".
 
En tanto, a contramano de la orden bajada desde la CGT, la izquierda realizará una veintena de piquetes en los principales accesos a la Capital y una protesta en el Obelisco para evitar que la medida se convierta en un "paro dominguero". 


El gobierno de los Ricos une a todos en contra. La Iglesia católica avala el paro. Las razones sobran. La necesidad de continuar la lucha, también. ¿Entonces, qué puede salir mal? Es por eso que lo más importante comienza el martes.

La Opinión Popular

23-06-2018 / 11:06
23-06-2018 / 10:06
La desocupación, la pobreza, el trabajo esclavo e infantil, el consumo de drogas, el narcotráfico, el estado de las escuelas, la violencia cotidiana que mata a los ciudadanos decentes y la desigualdad en las paritarias frente a una inflación que ataca los bolsillos de los argentinos. "Todos esos temas se están tapando", advirtió ayer la Iglesia, en la voz del presidente de la Comisión Episcopal para la Pastoral Social, monseñor Jorge Lugones.
 
Puso un ejemplo directo: "No puede ser que a algunos trabajadores se les dé un 25% de aumento y a los docentes un 15% en tres cuotas", en clara alusión al acuerdo alcanzado por Camioneros frente a la flaca oferta que le hacen a los docentes, o a los médicos, o a aquellos sindicatos con los que cierra paritarias en el 12%.
 
Y es que, mientras se imponen otros temas, menos urgentes, o se cubre la agenda con lo que sucede en el Mundial de Rusia hay cuestiones de las que no se habla. La devaluación, en tanto, sigue su curso, y la inflación proyecta para este año una suba del 32%, muy lejos incluso del techo salarial del 20% que el Gobierno, a regañadientes, estaría dispuesto a ofrecer.
 
Basta un dato para comprender que la brecha entre salarios que suben por escalera e inflación que va por ascensor se ensancha mes a mes: la canasta básica medida por el Indec se ubicó en mayo en casi $19.000, sin reparar en el impacto de la devaluación de las últimas jornadas.
 
Ni en puntas de pie llegan a ella los jubilados, con haberes mínimos que recién este mes superan apenas los $8.000; ni un policía, que vela por la seguridad de todos en esta Argentina violenta y puede cobrar $17.000; ni un trabajador estatal que con el ajuste reinante con suerte conserva el trabajo y se resigna a percibir $12.000; ni un empleado de comercio, cuyo salario oscila entre los $15.000 y $20.000.
 
Hay una paradoja en este país de economía hundida y desigualdad creciente: la crisis iguala en su malestar a los sectores medios; castiga a los vulnerables de siempre y equipara en sus ganancias a funcionarios, amigos del poder y sectores especuladores beneficiados con la corrida cambiaria que hizo saltar el dólar por las nubes y nos llevó a tocar las puertas del funesto FMI.
 
Para los trabajadores y el pueblo en general el escenario es crítico: con la depreciación del peso, solo en lo que va del año la pérdida del poder adquisitivo está en el orden del 50%. Tal depresión en la capacidad de compra repercute directamente en el mercado interno, ya asediado por tarifazos, presiones impositivas y tasas de financiamiento imposibles.
 
El gobierno de Mauricio Macri reconoce la inflación y se propuso nuevos objetivos para bajarla. ¿Subiendo salarios? ¿Aplicando un plan económico de crecimiento? De ningún modo. Será a la manera del FMI: frenando más el empleo y los salarios. La ecuación es tan perniciosa como simple: sin dinero ni consumo la economía se enfría y la inflación baja. El neoliberalismo nos dejó sus recetas. El Gobierno de los Ricos, para mal de muchos y ganancia de muy pocos, vuelve a aplicarlas.
 
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