La Opinión Popular
                  17:46  |  Miércoles 13 de Diciembre de 2013  |  Entre Ríos
El clima en Paraná
¿Hacia dónde vamos?
Por Natalio R. Botana. Historiador y politólogo
“Con la reforma previsional impulsada por el Gobierno de Macri, los jubilados van a perder plata, pero no poder adquisitivo”. Pablo Tonelli, diputado nacional por el PRO.
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Nacionales - 17-04-2017 / 09:04
EN SU AFÁN POR DIFERENCIARSE DE LOS K ESTÁ ADOPTANDO SUS FORMAS Y CARACTERÍSTICAS

Un Macri fascinado por la confrontación, corre el riesgo de quedarse solo con su "minoría intensa"

Un Macri fascinado por la confrontación, corre el riesgo de quedarse solo con su
Los sectores de clase media alta y alta, una “minoría intensa” de votantes y simpatizantes del macrismo que salieron a confrontar con los sindicalistas y con el kirchnerismo entre marzo y abril en redes sociales como Facebook y Twitter, recurrieron a esos espacios y a WhatsApp para organizarse y salir el 1 de abril a las avenidas de las grandes ciudades para expresar su apoyo al oficialismo.
Al macrismo le ocurre algo paradójico: en su afán por diferenciarse del kirchnerismo está adoptando algunas de sus formas y características.  Sobre todo, la de confundir a su "minoría intensa" con toda la opinión pública, lo lleva a radicalizar su discurso y sus políticas.
 
En los últimos días abundaron señales en este sentido. En particular, luego de la inyección anímica de la marcha de apoyo del 1A y el movimiento "anti-paro de la CGT" organizado en redes sociales. A partir de ese entonces, se notó una conducta claramente confrontativa de  Mauricio Macri, tanto delante de los micrófonos como a la hora de tomar medidas para reprimir los piquetes y las protestas en las calles.
 
Tras el apoyo recibido, Macri entendió que buena parte de la sociedad lo había puesto en su cargo para que luchara "contra las mafias". Días después, en el paro general de la CGT, reaccionó con frialdad ante el pedido de diálogo sindical. Luego endureció su posición con el gremio docente, al afirmar que "violan las normas y después van al paro".
 
Su actual postura marca un claro contraste respecto a la observada en Macri "versión 2016". Es decir, aquel que se congraciaba con la Iglesia y con sus propios socios políticos de la coalición Cambiemos al convocar a la Mesa del Diálogo Social. El cambio más notorio quizás sea el del nuevo entusiasmo por la firmeza policial y represiva ante los piquetes y otras formas de ocupación del espacio público. 
 
Hubo un día clave: el del Paro General para realizar un operativo policial de bajo riesgo, por el fuerte clima social anti-piquete que se había gestado en las semanas previas. Luego, por el hecho de que los cortes de calles eran producto de unas pocas personas vinculadas con partidos de izquierda y sin el apoyo de la CGT.
 
Hay un choque que se agudiza. Por un lado, los trabajadores, los sindicatos que se autodefine como la "columna vertebral" del peronismo, las organizaciones de izquierda, las agrupaciones sociales; que recurren a la dinámica del paro, las protestas en las calles y en los lugares de trabajo para visualizar sus reclamos.
 
Por el otro, los sectores de clase media alta y alta, una "minoría intensa" de votantes y simpatizantes del macrismo que salieron a confrontar con los sindicalistas y con el kirchnerismo entre marzo y abril en redes sociales como Facebook y Twitter, y que recurrieron a esos espacios y a WhatsApp para organizarse y salir el 1 de abril a las avenidas de las grandes ciudades para expresar su apoyo al oficialismo.
 
Como el kirchnerismo, que seguía a Laclau en el sentido de que gobernar necesariamente implica definir un adversario con el cual confrontar, ahora el macrismo encuentra atractiva su nueva fase de "mano dura". En el medio, la mayoría de los argentinos miran con preocupación el recrudecimiento de la "grieta".
 
La Opinión Popular

 
La ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, el día del Paro se mostró exultante en su raid de medios de comunicación. Sonriente, explicaba el cambio de actitud tras soportar un año de reproches por la demora en la aplicación del famoso "protocolo anti piquetes".
 
Felicitada por el Presidente, subió su perfil y hasta asumió un discurso decididamente partidario: "La búsqueda del poder por parte de un sindicalismo que pertenece a un movimiento político, es incesante y permanente".
 
"Todo gobierno que no ha sido liderado por el peronismo, ha tenido paros sistemáticos. Es evidente, histórico y probado", afirmó la funcionaria. "No vamos a permitir que nos bloqueen el Gobierno. Desde que asumimos nos hicieron 1.124 bloqueos y piquetes", agregó Bullrich.
 
Pronunció estos dichos luego de haber justificado la acción policial que le impidió al gremio docente instalar la "escuela itinerante" en la plaza del Congreso, un domingo a la noche.
 
 
¿Laclau tenía razón?
 
Lo cierto es que, lejos de su promesa del día de la asunción (cuando se refirió a trabajar por la "unión de todos los argentinos" y a "superar la etapa de la confrontación"), Macri parece haber descubierto un inconfesado atractivo por las ideas del filósofo K que inspiró la "grieta" social y política.
 
Se trata de Ernesto Laclau, sociólogo que residía en Inglaterra y que falleció hace tres años. Durante el kirchnerismo, fortaleció su teoría sobre la necesidad de todo gobierno populista de generar un "relato" y de establecer un permanente estado de confrontación. Según ese planteo, no hubo progreso social en la historia que no haya surgido de los conflictos y sin haber afectado los intereses de aquellos grupos concentradores de poder.
 
Su influencia era notoria en los discursos de Cristina Kirchner, quien se jactaba de que cada medida que tomaba era para favorecer a algún sector postergado de la sociedad por la vía de recortarle privilegios a esos grupos. Desde ese punto de vista, la célebre "grieta" no sólo era inevitable sino que se presentaba como un objetivo deseable, porque las quejas de una parte eran la medida del éxito en la reparación de la otra.
 
Como consecuencia lógica de esa forma de gobernar, todo el "relato" quedaba cruzado por la antinomia "ellos versus nosotros" que, con su reconocida habilidad retórica, CFK cultivó y perfeccionó en los discursos en sus "patios militantes".
 
A la hora del análisis político, así fuera en los debates del grupo Carta Abierta como en los paneles del recordado programa "6-7-8", siempre las interpretaciones de cada hecho de actualidad se daban en el marco de esa lucha incesante entre sectores irreconciliables. Así fuera una devaluación, un conflicto sindical o las transmisiones de fútbol en TV, todo pasaba por identificar y exponer los intereses ocultos que había en juego.
 
Frente a ese estilo político, Macri había prometido ser lo opuesto. Las alusiones a la "revolución de la alegría", el estilo zen para la búsqueda introspectiva de la felicidad, el culto al trabajo en equipo con "retiros espirituales", la renuncia voluntaria a las cadenas oficiales en TV, todo llevaba a pensar en un drástico cambio de fondo y de formas.
 
Sin embargo, en las últimas semanas algo empezó a modificarse. Ya no cultiva la espiritualidad zen sino, más bien, parece disfrutar más con la confrontación abierta. Lo mismo ocurre con sus principales funcionarios, que ya no están dispuestos a poner la otra mejilla sino que prefieren ir al choque.
 
Como síntoma de la nueva etapa, hasta el "filósofo oficial del macrismo", Alejandro Rozichner (que redacta los discursos del mandatario) también se alejó de sus ponencias sobre la felicidad para argumentar a favor de la nueva actitud del Gobierno.
 
Sobre el incidente con los docentes, aseguró que se encuadra dentro de la lógica del relato K: "Es la realidad contada al revés. Caso por caso, aplican la misma fórmula. Los hechos dados vuelta". Y dejó frases como: "Patoteros que se victimizan haciéndose los 'docentes' y lo que menos les importa es la educación"; "No respetan la ley y se fingen agredidos"; "Usar a los chicos para hacer mala política. No va. El patoterismo resulta más evidente que nunca, ya no engañan a nadie".
 
 
Un arma de doble filo
 
La gran pregunta es si este cambio de estilo le será redituable al Gobierno desde el punto de vista político o si, como le pasó al kirchnerismo, el hecho de recostarse en su "minoría intensa" puede acarrearle un costo mayor.
 
Por ahora, prevalece el argumento "validador" de las encuestas. Un último sondeo refleja una amplia mayoría (63%) que expresa su hartazgo por las protestas que implican cortes de calles y de autopistas.
 
Pero, como sabe todo buen "gurú" de campaña electoral, esas encuestas deben ser leídas con cuidado para evitar el riesgo de malinterpretarlas. Ese mismo sondeo que está en manos del Gobierno deja en claro que la postura anti-piquete no es homogénea: es un 90% favorable entre quienes apoyan al macrismo y cae a la mitad (45%) en el resto de la opinión pública.
 
Pero, sobre todo, el detalle interesante es que una cosa es manifestar el enojo por un corte de calle y otra muy distinta es avalar la represión policial. Cuando se le pregunta al entrevistado si apoyaría el uso de la violencia para desalojar piquetes, ahí ese visto bueno desciende al 37%. Y si en esas manifestaciones hay mujeres y niños, cae al 20%.
 
El riesgo del macrismo parece claro: así como en su momento daba la sensación de que Cristina Kirchner dirigía sus discursos a la "tropa K" y a los televidentes del programa "6-7-8", Macri corre un peligro político similar.
 
Concretamente, el de confundir a todo su electorado con la postura de una parte del mismo, como por ejemplo la de Baby Etchecopar. El conductor radial, referente de la postura pro "mano dura", felicitó públicamente a Patricia Bullrich al día siguiente del paro general: "Por fin aparecieron los palos" dijo, al tiempo que aseguró que ahora sí sentía que lo que paga de impuestos tenía una contraprestación.
 
"Festejamos cada palo dado a estos negros como un gol desde casa (...) Cada vez que veía que bajaba un machete de la Policía yo ponía en Himno Nacional... eso es lo que queríamos, eso es lo que votamos, es lo que apoyamos", dijo Etchecopar.
 
Hay ciertos apoyos que más bien parecen una ayuda al enemigo. Nadie lo sabe mejor que Cristina Kirchner, que recibe un "salvavidas de plomo" cada vez que personajes como Luis D'Elía o Hebe de Bonafini expresan su adhesión.
 
El riesgo del Presidente es que por cada elogio, del estilo Etchecopar, se exponga a perder el apoyo de sus propios socios de coalición. Ya hubo señales de incomodidad y hasta de rechazo explícito por parte de dirigentes de la Unión Cívica Radical, cuando se produjeron los incidentes con los docentes.
 
Es posible que, en la balanza, los estrategas del macrismo consideren que los eventuales costos del "endurecimiento" son menores que los beneficios. Es que, efectivamente, en la Argentina la explotación de "la grieta" es un fenómeno de alto rating. Pero claro, eso no significa un éxito político asegurado.
 
Como ya comprobó el kirchnerismo, las minorías intensas hacen ruido y pueden premiar a un político con el "mimo" de una manifestación callejera, pero otorgan un "techo" electoral bajo. Macri, que durante años sufrió ese efecto limitante, recién pudo superar su "techo" de votos cuando sumó aliados y cambió el estilo. Su discurso ganador fue el del rechazo a la confrontación.
 
Por Fernando Gutiérrez
 
Fuente: iProfesional
 

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13-12-2017 / 11:12
13-12-2017 / 11:12
La mayoría de los diputados del flamante interbloque referenciado en los gobernadores no quiere votar la reforma jubilatoria que les quita 100.000 millones a los jubilados y Cambiemos los necesita para garantizar su sanción, en una sesión que estaba prevista para el miércoles 20 pero podrían adelantar para este jueves.
 
Cambiemos necesita unos 30 diputados aproximadamente para tener mayoría, aún después del recambio legislativo que les permitió aumentar su cantidad de bancas. Sigue necesitando de los peronistas. Ya el massismo le dio la espalda a la reforma, entonces necesita de los gobernadores, los mismos que permitieron que la reforma se apruebe en el Senado. Pero en Diputados su peso es relativo y obliga a cuentas más finas.
 
En Cambiemos hay confianza de llegar a la mayoría pero si Rogelio Frigerio no logra ablandar a los mandatarios en estos días, a Mario Negri y Nicolás Massot no les será tan sencillo.  Lo que le preocupa a Cambiemos son los gobernadores que callan como Urtubey, Bordet, Uñac y Verna cuyos legisladores no estuvieron en la reunión escandalosa de ayer. Incluso algunos de los diputados que responden a esos cuatro mandatarios provinciales ya habrían avisado que no apoyarán la reforma.
 
Según las cuentas que hicieron en Cambiemos, sólo necesitan 23 aliados para abrir la sesión especial y aprobar la reforma neoliberal y dicen tenerlos, pero algunos de los 'contabilizados' están agarrados con alfileres y además el número es muy justo para arriesgarse en el recinto, aunque no sería la primera vez que el macrismo parlamentario corre riesgos que a veces terminaron mal.
 
La Opinión Popular

13-12-2017 / 10:12
En un plenario de comisiones cargado de tensión, discusiones, trifulcas y discursos encendidos de macristas y opositores, Cambiemos logró en Diputados dictamen favorable a la reforma previsional que el Gobierno de Macri pactó con los gobernadores peronistas y que podará entre 75 mil y 100 mil millones de pesos anuales a jubilados, pensionados, discapacitados, asignaciones familiares, beneficiarios de las asignaciones universales por hijo y embarazo, para tapar agujeros financieros de la administración central y la provincia de Buenos Aires.
 
La oposición terminó por unificar un dictamen de rechazo entre el FpV-PJ, el Frente Renovador y los puntanos de Compromiso Federal a los que se sumarían el Movimiento Evita, el FIT y Libres del Sur a los que el oficialismo excluyó de las comisiones de Presupuesto y Previsión Social.
 
Los diputados del interbloque Argentina Federal, que responden a los gobernadores peronistas, casi no participaron del plenario y se reunieron en la búsqueda infructuosa de unificar posiciones. La mayoría de los diputados del flamante interbloque referenciado en los gobernadores no quiere votar la reforma jubilatoria y Cambiemos los necesita para garantizar su sanción.
 
Los ministros de Trabajo, Jorge Triaca, de Hacienda, Nicolás Dujovne, y el titular de la Anses, Emilio Basavilbaso, serían los únicos oradores en defensa del proyecto oficial. No habría otros, más allá de los diputados que intervinieron. Cambiemos apostó a un trámite súper exprés, aunque no logró esquivar las voces de protesta que había borrado del debate.
 
Triaca comenzó su disertación cuando un numeroso grupo de jubilados y trabajadores de distintos gremios comenzaron a abuchearlo. "Es lo que votó el pueblo argentino unos meses atrás". La respuesta enardeció a la gente que levantó el tono: "atorrante", "ladrón", "traidor", le gritaron. El jefe de los diputados PRO, Nicolás Massot, hizo un discurso provocador contra el kirchnerismo, pero no dedicó una sola palabra a la defensa del proyecto. 
Muy incendiarias sus frases pero no respondió al interrogante: ¿esto es para que los jubilados cobren más o para que cobren menos?

 
Triaca no pudo continuar y un grupo de trabajadores identificado con el Apops (el gremio de la Anses) que reclamaban participación en la discusión se cruzaron con la seguridad de la Cámara. El jefe del bloque del FpV-PJ, Agustín Rossi, en una demostración de buen estado físico, saltó una mesa para interponerse entre los dos grupos y frenar la pelea.
 
En Cambiemos evaluaban anoche si confirmaban que contarían con los votos suficientes, cambiarían la estrategia y convocarían a una sesión este jueves para tratar la reforma previsional. Quieren evitar que la sesión ómnibus del 19 y 20 de diciembre se tope con una masiva marcha que organizaciones de trabajadores, organizaciones sociales y jubilados preparan para esa fecha. En este marco, la perspectiva de un Paro Nacional y una movilización masiva el día que se trate la norma se hace urgente y más que necesaria.
 
La Opinión Popular

12-12-2017 / 16:12
12-12-2017 / 12:12
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