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Lo dijo el doctor René Favaloro hace 20 años: “Con el aborto legal no habrá más ni menos abortos, habrá menos madres muertas. El resto es educar, no legislar”.
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Nacionales - 16-04-2017 / 17:04
ENTREVISTA AL TITULAR DE LA FUNDACIÓN CONIN

Abel Albino: “La desnutrición infantil es un cáncer social a extirpar en toda la Argentina”

Abel Albino: “La desnutrición infantil es un cáncer social a extirpar en toda la Argentina”
El titular de la fundación Conin, doctor Abel Albino, pidió que se reconozca que el hambre “es un problema estructural del país”, y consideró “vergonzosa” la actitud del kirchnerismo de “esconder las estadísticas de pobreza y desnutrición”.
Una de las máximas populares indica que el hambre es la peor de las violencias sociales. Esta realidad golpea con mayor crudeza en los niños, ya que, según datos oficiales, más de un millón y medio de chicos de entre 0 y 17 años están sumidos en la pobreza más extrema, con un porcentaje de desnutrición infantil que llega a poco más del 4%, lo que evidencia cómo la falta de oportunidades sigue latente en la Argentina.
 
Ante esta situación angustiante, Abel Albino, director de la Fundación Conin (Cooperadora para la Nutrición Infantil), desde hace más de dos décadas viene desplegando una importante red de lucha contra la desnutrición en los sectores más vulnerables de la sociedad.
 
Para el doctor en Medicina y miembro de la Academia Española de Nutrición, "el hambre es un síntoma de que algo anda mal en la Argentina", a la vez que criticó a la clase dirigente al sostener que "el país se cae a pedazos", mientras los políticos se pelean sin dar una solución real y concreta a los problemas cotidianos de la sociedad.
 
-¿Cómo nace la Fundación Conin?
 
-Conin nace cuando yo estaba estudiando y trabajando en Europa. Entonces me chocó un poco ver esos países tan pequeños, tan poderosos... y no pude dejar de pensar en el nuestro, que es tan grande, tan rico y está arruinado, empobrecido.
 
Por eso, un día llamé a Mendoza y dije que no me sentía en paz. A partir de ahí, y luego de un viaje al Vaticano, donde Juan Pablo II me dijo: Sigan el ejemplo del beato José María, ocúpense de los más pobres, los más necesitados, volví al país y terminé dedicándome a combatir la pobreza y la desnutrición.
 
-¿Quiénes fueron sus referentes a la hora de ejecutar esta pelea?
 
- El beato José María empezó su labor en los hospitales pobres de Madrid, donde todos eran tuberculosos y la gente moría como moscas. Entonces planteó que hay que cambiar esta sociedad por dentro, que necesitaba gente comprometida con la sociedad, con una camisa y un corazón.
 
Todo eso me impactó, servir decía la Madre Teresa, los más pobres  decía el Papa. Son tres grandes imágenes que me influenciaron: San José María, el papa Juan Pablo II y la Madre Teresa de Calcuta. Ellos son mis principales referentes.
 
-¿En qué consiste la tarea que implementan desde Conin?
 
-Hoy estamos haciendo, promocionando y fogoneando en la Argentina el proyecto Conin. No­sotros tenemos 86 centros en el país trabajando. Ya hemos atendido 16.000 niños en todo el país. En el hospital de Mendoza, de los 2.000 chicos consultados hemos salvado a 1.999. Solo se nos murió uno, entre 600 casos graves. Aunque sea una sola pérdida, nos afecta en el alma, porque cuando se muere un hijo, aunque tengas 12, es inconmensurable el dolor.
 
-¿Cuál es la situación que vive la Argentina hoy en relación al desarrollo de los más chicos?
 
-Me dediqué a la desnutrición infantil tras haber estudiado en Chile y ver cómo ellos, en base a un trabajo serio y mancomunado, pudieron salir de la situación terrible que vivían. Si Chile pudo revertir una realidad lamentable, ¿por qué no podemos en la Argentina? Hoy vemos a dirigentes que están a las trompadas, a los insultos entre ellos y no piensan en el futuro de los más chicos. El país se cae a pedazos, la mamá se está muriendo y todos los hijos están peleándose para ver con qué se quedan. Así es difícil crecer.
 
 -¿Cómo definiría la desnutrición infantil en nuestro país?
 
-Como un cáncer social a extirpar en toda la Argentina. Tenemos que reconocer la realidad y, si lo hacemos, eso significará un primer síntoma de que se puede mejorar. De ahí en más, vamos para arriba. Lamentablemente, durante muchos años se escondió la pobreza bajo la alfombra y no se hicieron los trabajos necesarios para acabar con la desnutrición infantil.
 
-Justamente una de las mayores críticas que se le hacen al gobierno K es este ocultamiento de las estadísticas oficiales, ¿qué piensa sobre esta actitud del anterior gobierno?
 
-Es una cosa vergonzosa esconder las estadísticas de pobreza y desnutrición. Llegaron a lo increíble de decir que estábamos mejor que Alemania y esto no puede pasar, todos sabemos cómo estamos y cómo estábamos. Se llega a esto porque en un momento dado empiezan a olvidarse de la razón de ser, de la labor política, que es una de las más nobles que puede desarrollar un hombre: buscar el bien común. Llega un momento en que los dirigentes se olvidan de esto y empiezan a buscar el bien personal.
 
-¿Qué explicaciones le encuentra entonces a este accionar?
 
-Hay miles de explicaciones, pero es sorprendente y vergonzoso, no podemos seguir así y todos somos un poco responsables por acción y omisión. Así que entre todos tenemos que sacar al país adelante, el gobierno junto a las ONG, el empresariado, la Iglesia, los colegios, la comunidad toda trabajando como hermanos que somos.
 
-Durante la década pasada se implementaron gran cantidad de planes sociales para acabar con el hambre. ¿En su opinión, sirvieron de algo?
 
-El hambre es un problema estructural del país y es un síntoma de que algo anda mal en la Argentina. Todos dentro de cuatro horas vamos a tener hambre, pero la desnutrición es una enfermedad individual y social, profunda, gigantesca, que tarda años en solucionarse. Los planes sociales sirvieron para mantener a los pobres dentro de su propia pobreza, no para sacarlos de ella, por lo cual el fin último que se decía buscar con los mismos no se cumplió en lo más mínimo.
 
 -¿Cuál es el futuro que le espera a la Argentina como país?
 
- La principal riqueza de un país es su capital humano, y si el capital humano está dañado el país no tiene futuro. Si trabajamos sobre esto, lo que nos espera es excelente. Pero si hacemos mal las cosas y no creamos políticas de Estado para combatir el hambre y la desnutrición infantil, lo que todos queremos, que es la igualdad de oportunidades, no llegará a ser una realidad.
 
 
Logros en la lucha contra el hambre
 
En otro de los tramos de su charla con nuestro medio, el doctor Abel Albino se refirió a cómo afecta a los niños una mala nutrición. Para el director de la fundación Conin, "es fundamental que las máximas autoridades de la Nación se decidan a dar su pelea contra la mala nutrición y desnutrición infantil".
 
En ese sentido, el médico pediatra señaló que "se dan alteraciones anatómicas, fisiológicas, bioquímicas, metabólicas, hasta daños cerebrales, y si nosotros queremos competir en el mercado tenemos que tener la mejor semilla, el mejor trato, el mejor alimento, hidratación, los mejores nutrientes en la tierra para tener productos de calidad. Solo así miraremos el futuro con optimismo".
 
Además, Albino destacó los logros conseguidos por su fundación, al indicar que "en estos años hemos sacado adelante a 16.000 niños en Argentina. Hicimos un trabajo en la Universidad de Gran Bretaña para saber cuánto valía un chico de Conin tomado precozmente y significa un ahorro para el país de millones de dólares".
 
"Si Conin ha sacado adelante a estos niños, significa que hemos contribuido a la grandeza del país en 16 millones de dólares. Hoy tengo 5.000 chicos en carpeta, son US$ 5 millones más. Yo no tengo ni edad ni paciencia para pararme en la esquina a quejarme de lo mal que anda el país. Tengo que ayudar al país y al Gobierno, porque el fracaso del Gobierno es el fracaso de todos", resaltó.
 
Fuente: Diario HOY
 
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25-06-2018 / 09:06
Está en marcha el tercer paro general de la CGT durante el gobierno anti obrero de Mauricio Macri. Las distintas y heterogéneas organizaciones sindicales, políticas y sociales que adhieren a la medida de fuerza plantearon que será el más contundente de estos tres años: no habrá transporte (ni trenes, ni colectivos, ni subte, ni aviones) y las principales ramas del trabajo se sumarán.
 
La huelga, que se extenderá por 24 horas desde la medianoche, fue convocada para exigir cambios en el rumbo económico neoliberal y en rechazo de aquello que los gremios definen como un "brutal ajuste" impuesto por el nefasto Fondo Monetario Internacional (FMI).
 
La protesta, que cuenta hasta con cierto aval de la Iglesia, también apunta a forzar al Gobierno a revisar su plan de recortes en la administración pública y refrendar una suerte de pacto anti despidos hasta fin de año en el sector privado, una alternativa que ya fue desechada desde la Casa Rosada tras el fallido antecedente de 2016.
 
Si bien la CGT llamó a un paro sin movilización, diversas agrupaciones de izquierda harán cortes de ruta, de calles y actos en distintos puntos del país para manifestarse contra el acuerdo con el FMI, el atraso salarial, el ajuste y el aumento de tarifas.
 
Diversos funcionarios macristas de primera línea del Gobierno de los Ricos cuestionaron la medida y hasta llamaron a carnerear e ir a trabajar. El ministro del Interior, Rogelio Frigerio, sostuvo que "la gente no sabe por qué paran". "Vive en otra realidad", le respondió el triunviro de la CGT Carlos Acuña.
 
El gobierno de los CEOs y los medios afines (como Clarín, La Nación e Infobae) afirman que paro de la CGT "tiene un alto costo" para el país. Lo que dejaría de producirse por la jornada sin actividad alcanzaría la suma de USD 1.000 millones. Sin embargo, nada dicen de un saqueo cotidiano: los pagos de la deuda pública, que cuestan cada día casi 200 millones de dólares, tomando las cifras que capital e intereses que ha cancelado Macri desde que asumió.
 
La Opinión Popular

24-06-2018 / 12:06
24-06-2018 / 10:06
El Gobierno de los Ricos enfrentará este lunes el paro más fuerte de la CGT desde que asumió el millonario Mauricio Macri. Fortalecida por la adhesión de los gremios del transporte y el amplio respaldo de todos sus sectores internos, la central obrera enviará así una señal de malestar contra la política económica neoliberal.
 
Será la postal de un país sin colectivos, trenes ni subtes, con la que buena parte de la dirigencia buscará ganar "musculatura" para retomar las negociaciones con el Gobierno de los CEOs, interrumpidas por el creciente clima de conflictividad y la interna sindical.
 
La definición del paro se precipitó por decisiones tomadas en la Casa Rosada. Luego de dilatar la fecha de la medida durante un mes, el sindicalismo esperaba al menos avanzar en el freno a los despidos por seis meses, la quita de Ganancias sobre el aguinaldo, paritarias sin techo, la devolución de los fondos a las obras sociales y la exclusión de cambios en la Ley de Contrato de Trabajo en los proyectos de reforma laboral.
 
Para la estadística, el de mañana será el tercer paro general de la CGT contra el gobierno anti obrero de Macri. La medida de fuerza promete contundencia porque, a diferencia de diciembre pasado, la adhesión de los sindicatos se presenta hasta el momento sin fisuras y la coyuntura ayuda.
 
Sin embargo, la efectividad de la huelga crecerá en tanto se enmarque en un proceso posterior no sólo de unidad sindical sino a partir de un programa que todos acompañen. Es el camino necesario para que el Gobierno sienta que tiene enfrente un actor político de peso y no una congregación informe y dividida que se vuelve incapaz de defender los derechos de los trabajadores ante el programa económico de ajuste que implementan en la Casa Rosada.
 
De alguna manera, Moyano hijo se expresó en ese sentido cuando exigió que el reclamo "no se agote el lunes a la noche" al entender que el modelo neoliberal del Gobierno continuará que por más que esté golpeado no hay señales de que se detenga y, como indicó el camionero "vendrán por los convenios colectivos de trabajo, la reforma laboral, con un ajuste brutal después del acuerdo con el Fondo".
 
En tanto, a contramano de la orden bajada desde la CGT, la izquierda realizará una veintena de piquetes en los principales accesos a la Capital y una protesta en el Obelisco para evitar que la medida se convierta en un "paro dominguero". 


El gobierno de los Ricos une a todos en contra. La Iglesia católica avala el paro. Las razones sobran. La necesidad de continuar la lucha, también. ¿Entonces, qué puede salir mal? Es por eso que lo más importante comienza el martes.

La Opinión Popular

23-06-2018 / 11:06
23-06-2018 / 10:06
La desocupación, la pobreza, el trabajo esclavo e infantil, el consumo de drogas, el narcotráfico, el estado de las escuelas, la violencia cotidiana que mata a los ciudadanos decentes y la desigualdad en las paritarias frente a una inflación que ataca los bolsillos de los argentinos. "Todos esos temas se están tapando", advirtió ayer la Iglesia, en la voz del presidente de la Comisión Episcopal para la Pastoral Social, monseñor Jorge Lugones.
 
Puso un ejemplo directo: "No puede ser que a algunos trabajadores se les dé un 25% de aumento y a los docentes un 15% en tres cuotas", en clara alusión al acuerdo alcanzado por Camioneros frente a la flaca oferta que le hacen a los docentes, o a los médicos, o a aquellos sindicatos con los que cierra paritarias en el 12%.
 
Y es que, mientras se imponen otros temas, menos urgentes, o se cubre la agenda con lo que sucede en el Mundial de Rusia hay cuestiones de las que no se habla. La devaluación, en tanto, sigue su curso, y la inflación proyecta para este año una suba del 32%, muy lejos incluso del techo salarial del 20% que el Gobierno, a regañadientes, estaría dispuesto a ofrecer.
 
Basta un dato para comprender que la brecha entre salarios que suben por escalera e inflación que va por ascensor se ensancha mes a mes: la canasta básica medida por el Indec se ubicó en mayo en casi $19.000, sin reparar en el impacto de la devaluación de las últimas jornadas.
 
Ni en puntas de pie llegan a ella los jubilados, con haberes mínimos que recién este mes superan apenas los $8.000; ni un policía, que vela por la seguridad de todos en esta Argentina violenta y puede cobrar $17.000; ni un trabajador estatal que con el ajuste reinante con suerte conserva el trabajo y se resigna a percibir $12.000; ni un empleado de comercio, cuyo salario oscila entre los $15.000 y $20.000.
 
Hay una paradoja en este país de economía hundida y desigualdad creciente: la crisis iguala en su malestar a los sectores medios; castiga a los vulnerables de siempre y equipara en sus ganancias a funcionarios, amigos del poder y sectores especuladores beneficiados con la corrida cambiaria que hizo saltar el dólar por las nubes y nos llevó a tocar las puertas del funesto FMI.
 
Para los trabajadores y el pueblo en general el escenario es crítico: con la depreciación del peso, solo en lo que va del año la pérdida del poder adquisitivo está en el orden del 50%. Tal depresión en la capacidad de compra repercute directamente en el mercado interno, ya asediado por tarifazos, presiones impositivas y tasas de financiamiento imposibles.
 
El gobierno de Mauricio Macri reconoce la inflación y se propuso nuevos objetivos para bajarla. ¿Subiendo salarios? ¿Aplicando un plan económico de crecimiento? De ningún modo. Será a la manera del FMI: frenando más el empleo y los salarios. La ecuación es tan perniciosa como simple: sin dinero ni consumo la economía se enfría y la inflación baja. El neoliberalismo nos dejó sus recetas. El Gobierno de los Ricos, para mal de muchos y ganancia de muy pocos, vuelve a aplicarlas.
 
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