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Sociedad e Interés General - 12-04-2017 / 17:04
EFEMÉRIDES POPULARES

Eduardo Galeano, escritor clave de la literatura latinoamericana

Eduardo Galeano, escritor clave de la literatura latinoamericana
“Probablemente no haya región en el mundo que contenga tantas maravillas escondidas como América Latina”, sostenía Galeano.
El escritor y periodista uruguayo Eduardo Galeano, una de las plumas más destacadas de la literatura latinoamericana, murió hoy 13 de abril en Montevideo a los 74 años, de un cáncer de pulmón.
 
Eduardo Germán María Hughes Galeano fue ganador del premio Stig Dagerman. Sus libros más conocidos, Las venas abiertas de América Latina (1971) y Memoria del fuego(1986), han sido traducidos a veinte idiomas. Sus trabajos trascienden géneros ortodoxos y combinan documental, ficción, periodismo, análisis político e historia.
 
Publicó más de 30 libros. Su libro Las venas abiertas de América Latina fue censurado por las dictaduras militares de Uruguay, Argentina y Chile. Y sufrió el exilio por la dictadura argentina.
 
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Una nena chiquita, nacida en Tacuarembó, una localidad del interior uruguayo, llega por primera vez al mar. Se encuentra con esa bestia de agua que la enmudece, y cuando logra articular palabra, le pide al padre: "Papá, por favor ayudame a mirar". La anécdota la contó Eduardo Galeano en el Teatro San Martín, en 1986. La contó para decir algo más: "Yo creo que la función del escritor consiste en ayudar a mirar. Que el escritor es alguien que quizás puede tener la alegría de ayudar a mirar a los demás".
 
Ser escritor no fue el primer destino de Eduardo Hughes Galeano, nacido en Montevideo el 3 de septiembre de 1940, y fallecido hoy, a los 74 años, a causa de un cáncer de pulmón. Su primera aspiración fue el "fútbol-fiesta" -así describía a esa gran pasión a la que le dedicó dos libros y miles de minutos de su vida-, pero pronto se supo un "patadura". Después vendrían las ganas de ser pintor, dibujante, "de ser Picasso", decía. De hecho, su primera publicación no fue un artículo periodístico ni un cuento, sino una caricatura política a sus catorce años en el semanario El sol del Partido Socialista. Las Letras llegarían unos (pocos) años más tarde, de la mano de la prensa gráfica: primero como editor en el semanario Marcha, más tarde a cargo de la dirección del diario Epoca, cuando tenía 24 años.
 
Para Galeano, el periodismo no tenía en ese entonces -ni tuvo nunca- nada que envidiarle a la literatura. Sus artículos de opinión se publicaron durante décadas, en la Argentina especialmente en el diario Página/12, del que fue asiduo encargado de las contratapas. Sin embargo, la vocación por la ficción apareció enseguida: en 1963 publicó Los días siguientes, una novela corta a la que más tarde juzgaría como "bastante mala" pero que sirvió de puntapié inicial para su camino literario, que luego contaría con títulos entre los cuales se destacaron, por sobre todos, Las venas abiertas de América Latina, de 1971 y la trilogía Memoria del fuego, publicada entre 1982 y 1986.
 
La historia de Latinoamérica, que intentó narrar sobre todo en esas dos ocasiones, fue una de sus obsesiones: "Probablemente no haya región en el mundo que contenga tantas maravillas escondidas como América Latina", sostenía. Sobre Las venas..., que recorrió el continente en la espalda de miles de mochileros y que el presidente venezolano Hugo Chávez le regaló a su par estadounidense Barack Obama en 2009 haciéndola subir 60.275 lugares en el ranking de los libros más vendidos de Europa hasta llegar al quinto puesto, Osvaldo Bayer dijo: "Muy pocos autores latinoamericanos entraron tanto, en cuanto a política, historia y sociología, como entró Galeano; si en Europa se conocen los problemas de la región entre la intelectualidad y el estudiantado es por su libro".
 
Chávez le regaló a Obama el libro de Galeano durante la Quinta Cumbre de las Américas, Galeano escribió la obra entre los 27 y los 31 años, y se convirtió a través de ella en un referente de la izquierda regional, aunque prefirió nunca identificarse directamente con un partido, sino con el socialismo. Su libro, del que en 2011 se manifestaría "muy orgulloso" pero diría también "me pesa como un ancla porque marca un estándar que me siento obligado a alcanzar una y otra vez" le valdría la lamentable censura por parte de las dictaduras uruguaya, chilena y argentina durante los años setenta. Llegaría al mismo tiempo el exilio de su país, al que definió habitado por "tres millones de anarquistas conservadores: no nos gusta que nadie nos mande, y nos cuesta cambiar".
 
Buenos Aires fue entonces su primer destino, y allí dirigió durante 1973 la revista cultural Crisis, que apostó a la difusión de cultura popular: "La revista recogió las voces de los locos del manicomio, los niños de las escuelas, los obreros de las fábricas, los enfermos de los hospitales; queríamos difundir a los que venían de abajo", sostenía. Para él, en ese entonces "Buenos Aires era el centro del renacimiento cultural latinoamericano".
 
Pero la dictadura le puso fin a ese impulso, y se llevó, entre tantos, a Haroldo Conti, a quien Galeano definió como "un hermano". Su siguiente destino fue España, donde en Puerta de Hierro ya había conocido a Juan Domingo Perón durante un viaje. El General había sugerido, durante su exilio en España, que quería conocer al escritor, y cuando Galeano le preguntó por qué no se mostraba en público más seguido, Perón le contestó, según el propio uruguayo relataba, que "el prestigio de Dios está en que se hace ver muy poco".
 
La estadía en España fue clave para seguir viendo Latinoamérica desde lejos, y construir así Memorias del fuego, el libro que más orgullo le generaba: "Fueron tres tomos, mil páginas, toda la historia de las Américas de norte a sur. Había que estar muy loco para emprender semejante aventura. Muy loco o muy exiliado", dijo en 2012. Recién en 1985 volvió a su Montevideo natal, donde muchos decían que era habitual encontrarlo caminando por la costanera.
 
La ecología, la política internacional, la historia, el fútbol, el lugar de la mujer, los derechos humanos y el amor fueron tema para su pluma, que le valió el premio Casa de las Américas en 1975 y 1978 y el premio Stig Dagerman en 2010, entre otros reconocimientos. Escribir también le valió amigos: uno de ellos fue el también uruguayo Juan Carlos Onetti, a quien definió como un "falso puescorpín". "Conmigo, siempre fue cariñoso, quizá porque yo, que era muy chiquilín, era capaz de compartir con él jornadas de largos silencios". De él aprendió una de las únicas rutinas que guiaron su escritura: "Las únicas palabras que merecen existir son las palabras mejores que el silencio", le dijo el autor de El astillero, y Galeano tomó nota. Su otra rutina era "escribir cuando le picaba, sin horarios ni obligación".
 
El libro de los abrazos, El fútbol a sol y a sombra, Bocas del tiempo, Espejos y Voces de nuestro tiempo son algunos de los títulos de un autor que fue traducido a más de veinte idiomas y que sacudió la escena latinoamericana extendiendo su influencia a las generaciones que lo siguieron: alcanza con recordar su visita a la Feria del Libro de Buenos Aires en 2012 para presentar su último libro, Los hijos de los días. Llenó las dos salas más grandes de La Rural -una con su presencia, la otra con pantallas en vivo-, y la mayoría allí era sub 30, con uno, dos, varios de sus libros suyos en una mochila lista para recorrer las venas del continente que Galeano narró.
 
Hace casi treinta años, Galeano dijo que "la idea de la muerte individual deja de tener importancia, si uno adquiere la certeza de sobrevivir en los demás, sobrevivir en las cosas que quedan". Los libros que escribió, los artículos periodísticos que publicó, las conferencias que brindó durante más de cincuenta años ayudaron a mirar a miles. En esas miradas, atravesadas y ampliadas por su obra, sobrevive el patadura, dibujante y escritor uruguayo.
 
Por Julieta Roffo
 
Fuente: Clarín 

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24-05-2018 / 19:05
24-05-2018 / 19:05
En 1809, la Junta Central de Sevilla envió como nuevo virrey del Río de la Plata a Baltazar Hidalgo de Cisneros, quien ordenó la desmovilización de las milicias que habían defendido Buenos Aires de las invasiones inglesas de 1806 y 1807, además de exigir el restablecimiento del monopolio comercial español. Los criollos bonaerenses rechazaron ambas medidas.
 
Mantuvieron sus tropas armadas y presionaron por la tolerancia de comercio con Inglaterra, que ahora era aliada de la Junta Central de España en la guerra contra Napoleón. El virrey, consciente de la debilidad de sus fuerzas y sin esperanza de recibir ayuda de la metrópoli, aceptó las demandas de Buenos Aires.
 
Un grupo de criollos se reunía secretamente discutiendo diversos planes para derrocar al virrey. Los más activos eran los militares Cornelio Saavedra Miguel de Azcuénaga, los abogados Manuel Belgrano, José Castelli y Mariano Moreno, y los comerciantes Juan Larrea y Domingo Matheu.
 
El 17 de mayo de 1810 llegó una noticia que desencadenó la revolución. En España había caído la Junta Central, la que había nombrado virrey a Cisneros, y se había instalado un Consejo de Regencia, arrogándose la representatividad de España y las colonias. En los días siguientes, los conspiradores bonaerenses movilizaron las milicias y convocaron al pueblo a Cabildo Abierto y destituyeron al virrey, declarando que su autoridad era ilegítima, al no existir la Junta que le había otorgado el cargo.

La Revolución de Mayo inició el proceso de surgimiento del Estado Argentino sin proclamación de la independencia formal, ya que la Primera Junta no reconocía la autoridad del Consejo de Regencia de España e Indias, pero aún gobernaba nominalmente en nombre del rey de España, Fernando VII, quien había sido depuesto por las Abdicaciones de Bayona y su lugar ocupado por el francés José Bonaparte.
 
Aun así, dicha manifestación de lealtad, conocida como la máscara de Fernando VII, es considerada una maniobra política que ocultaba las intenciones independentistas de los revolucionarios, inspirados en la Revolución Francesa y la Independencia de Estados Unidos. Así, el 25 de mayo de 1810 tiene más valor simbólico que histórico. Valor simbólico de un hecho fundacional que todo pueblo necesita reconocer para afianzar su identidad.
 
No hubo violencia, que es una de las características ineludibles que tiene el vocablo revolución, ni hubo cambios radicales. No fue tampoco una gran movilización popular como lo fue la reconquista de Buenos Aires durante las invasiones inglesas. No fue un gesto imperativo de la masa sublevada como el 17 de octubre de 1945, pero tampoco una decisión tomada exclusivamente por los doctores y la "gente decente" como lo cuenta la historia liberal mitrista.
 
No declaró la independencia pues se hizo en nombre de Fernando VII. Destituyó un virrey, pero ese hecho ya tenía antecedentes con la destitución de Sobremonte cuando se eligió a Liniers. No existieron las escarapelas celestes y blancas que nos enseñó falsamente la historia oficial porque se repartían estampitas con la efigie de Fernando VII, con un tono rojizo como el de la bandera española.
 
Por último, aunque parece evidente que no puede asignarse a un día y a un hecho puntual la carga simbólica de la independencia y constitución de la Argentina libre y soberana, hay quienes consideran el 9 de julio, fecha de la declaración de la Independencia, como ícono del nacimiento del país, y otros, a la fecha del 25 de mayo.
 
Uno de los motivos del debate tiene que ver con el hecho de que hay quienes consideran que la Revolución de Mayo fue un acontecimiento protagonizado solo por Buenos Aires mientras que la Declaración de la Independencia fue un acto que contó con la activa participación de las provincias. Parece claro, eso sí, que la Revolución de Mayo es la celebración del inicio de una serie de acontecimientos que desembocaron en la formalización de la independencia en 1816.
 
La Opinión Popular

24-05-2018 / 19:05
El Club Atlético River Plate es un club deportivo de la ciudad de Buenos Aires. Es el equipo que ganó más campeonatos locales de índole profesional en la Argentina. Fue fundado, de acuerdo a la versión oficial del club, el 25 de mayo de 1901.
 
Originalmente instalado en el barrio de La Boca, luego se mudó al barrio de Palermo, donde tenía su propio estadio, pero con el paso de los años el club creció en popularidad y tuvo que trasladarse en 1938 al barrio de Belgrano, al norte de la ciudad de Buenos Aires, donde se ubican sus instalaciones, aunque generalmente se relaciona la ubicación del club con el barrio de Núñez. Su histórico rival es el Club Atlético Boca Juniors, con quien disputa el llamado Superclásico del fútbol argentino.
 
Es el club más ganador del profesionalismo, con 56 títulos. En el plano nacional, ostenta el récord de haber ganado 36 campeonatos de Primera División (1 durante el amateurismo y 35 en el profesionalismo), lo que lo hace el máximo campeón del fútbol argentino. Además, también alcanzó el título de campeón en 8 copas nacionales oficiales (1 en la era amateur y 7 en la profesional) y 2 títulos de Segunda División (1 en la era amateur y 1 en la era profesional).
 
El club también posee 15 títulos internacionales oficiales de mayores,16 entre los que se cuentan una Copa Intercontinental, tres Copas Libertadores, una Copa Interamericana, una Copa Sudamericana, una Supercopa Sudamericana, una Recopa Sudamericana y una Copa Suruga Bank, todos ellos organizados por la Conmebol.
 
La Opinión Popular

24-05-2018 / 19:05
24-05-2018 / 19:05
Néstor Carlos Kirchner fue una figura política decisiva en la  Argentina de los últimos tiempos. Asumió como presidente el 25 de mayo de 2003 y su gobierno generó un estilo que rescató la política del descrédito en que había caído, privilegió la militancia y jerarquizó la figura presidencial y su autoridad.
 
Significó un cambio total respecto al nefasto modelo neoliberal que se implantó con el golpe militar de 1976, se profundizó en la década de los 90 con el menemismo, explotó con la crisis de 2001 y terminó con el gobierno radical de la Alianza.
 
Hoy todos debemos reconocer los logros concretos de su gestión, como: el crecimiento económico; el desarrollo de la industria nacional y la importante contracción de la tasa del desempleo; las mejoras salariales en la mayoría de las actividades, que han superado las proyecciones inflacionarias; el auge del consumo y el crédito; la ampliación de los beneficios jubilatorios para personas que no habían hecho aportes; la función activa del Estado desplazando al "mercado".
 
Además, el discurso reivindicativo, nacional y popular, frente a las grandes corporaciones empresariales y a organismos internacionales como el FMI; la renovación de la Corte Suprema; el desendeudamiento con el Fondo Monetario Internacional; la política de Derechos Humanos y la nulidad de las leyes de obediencia debida: la integración regional... Por todo esto, ya tiene un lugar en la historia, con toda justicia.
 
El oficialismo quiso construir un mito con la figura de Néstor Kirchner, para que cumpla una función unificadora de los K, corriendo el riesgo de transformarlo en fábula. Antes de convertirlo en mito, sus seguidores deberían darle la oportunidad de ser juzgado sin pasiones, simplemente como un hombre de su tiempo.  
 
Lo real es que Néstor Kirchner ha marcado un antes y un después. Es parte fundamental en la realidad argentina, vive en el corazón de su pueblo, porque puso nuevamente en marcha un proyecto político peronista transformador que forjó nuevos derechos, en la pelea por la igualdad de oportunidades y la equidad social, en la lucha permanente de la causa nacional y popular por: la Soberanía Política, la Independencia Económica y la Justicia Social.
 
Transcribimos aquí su discurso completo en la asunción presidencial en la Asamblea Nacional.
 
Por Blas García

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