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Por Natalio R. Botana. Historiador y politólogo
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Sociedad e Interés General - 10-04-2017 / 21:04
EFEMÉRIDES POPULARES

El actor Alfredo Alcón, ninguno como él

El actor Alfredo Alcón, ninguno como él
Alfredo Alcón: un insidioso y brillante Mandinga en "Nazareno Cruz y el Lobo".
El 11 de abril de 2014 muere Alfredo Félix Alcón Riesco, ese es su nombre completo, quien fue uno de los más grandes actores argentinos de los últimos 50 años. Se desempeñó tanto en cine como en teatro y en televisión. 

Fue uno de los actores más relevantes y talentosos de la escena nacional. La vastedad de su trayectoria iniciada en 1955 lo convirtió en un icono del teatro y del cine, donde protagonizó 40 películas desde la denominada "época de oro" de la pantalla grande. Falleció el 11 de abril a los 84 años en su casa a causa de un problema respiratorio por el que había sido operado tiempo atrás.

Alcón tiene el mérito de haber protagonizado a próceres de la historia (José de San Martín y Martín de Güemes), a personajes de célebres obras literarias nacionales como Martín Fierro, Los siete locos, Un guapo del 900, Saverio el cruel, Boquitas pintadas y Una excursión a los indios ranqueles; y hasta al mismísimo Diablo.

En efecto, Alcon fue un Lucifer porteño y canchero en la delirante El agujero en la pared y un insidioso y brillante Mandinga en Nazareno Cruz y el Lobo. Este último film, dirigido por Leonardo Favio, llevó a las salas en su época a 3.5 millones de espectadores. Un récord dificil de igualar, aún hoy día.

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Desde su debut profesional, hace 59 años, Alfredo Alcón protagonizó películas clave del cine argentino, entre ellas "Nazareno Cruz y el lobo", de Leonardo Favio, en 1975, uno de los films vistos de la historia del cine nacional, con 3,5 millones de espectadores.

También fue el actor principal de "El santo de la espada" (1970), "La maffia" (1972) y "Los siete locos" (1973). Obtuvo el Oso de Plata en el Festival Internacional de Cine de Berlín y que dirigió el argentino Leopoldo Torre Nilsson, con quien compartió varios trabajos consagrados, entre ellos "Boquitas pintadas" (1974), Concha de Plata y Premio Especial del Jurado en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián.

Su última actuación fue el año pasado en la obra teatral "Final de partida", que también dirigió, en el Teatro San Martín. El actor Joaquín Furriel, quien lo acompañó en esa obra, lo consideró un "faro". "Fue protagonista no sólo de su vida sino de una época, un actor extraordinario", declaró.

Sobre las tablas, Alcón interpretó personajes de obras de William Shakespeare, Federico García Lorca, Arthur Miller, Tennessee Williams, Henrik Ibsen, Eugene O'Neill y Samuel Beckett, entre muchos otros autores clásicos del teatro.

Alfredo Félix Alcón Riesco había nacido el 3 de marzo de 1930 en el barrio porteño de Liniers, aunque otras versiones afirman que fue en la localidad bonaerense de Ciudadela, en las afueras de la capital. Estudió en el Conservatorio Nacional de Arte Dramático y a poco de recibirse se sumó al ciclo "Las dos carátulas", que en 1951 se emitía por Radio del Estado, hoy Nacional, donde también tenía que leer informes del Mercado de Hacienda.

Su debut en el teatro fue en la obra "Colomba", dirigida por Juan Carlos Thorry, y en 1955 actuó en el film "El amor nunca muere" como galán de Mirtha Legrand. En el plano internacional, filmó "Los inocentes" (1964) bajo las órdenes del español Juan Antonio Bardem y en 1978 rodó en España "Cartas de amor de una monja" (1978), de Jorge Grau.

También tuvo una prolífica carrera en televisión, donde actuó en "Yerma", "Hamlet", "Otelo", "Por el nombre de Dios", "Vulnerables", "Locas de amor" y "Herederos de una venganza", su última aparición en la pantalla chica. Su fallecimiento generó conmoción entre sus colegas y todo el ámbito cultural y político argentino.

El actor Roberto Carnaghi calificó a Alcón como "un ser divertido, maravilloso". "Fue un actor popular y que hizo teatro del primer nivel con una gran responsabilidad y una ética sobre el trabajo. Respetó siempre a los compañeros", destacó.

Para Lito Cruz, "si bien Alfredo se nos fue físicamente, dejó una enseñanza no sólo sobre un escenario sino sobre la vida. Un gran compañero de trabajo que siempre estaba dispuesto a rendir al máximo en cada una de sus actuaciones", lo recordó.

Fuente: Página 12

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30-04-2017 / 19:04
30-04-2017 / 18:04
El 1° de Mayo es un día marcado por una larga historia de luchas y sacrificios, que arrancó en Chicago (EE.UU.), cuando un grupo de trabajadores organizó una movilización popular en reclamo de la jornada laboral de 8 horas en una época en que lo "natural" era trabajar entre 12 y 16 horas por día.
 
Esa huelga obrera iniciada el 1º de mayo de 1886 tuvo su punto álgido tres días más tarde, el 04 de mayo, con la Revuelta de Haymarket. La mayor democracia del mundo respondió brutalmente y, fraguando un atentado, encarceló a un grupo de militantes populares en los que intentó escarmentar a toda la clase trabajadora. En un proceso plagado de irregularidades, los dirigentes anarquistas detenidos fueron acusados, juzgados sumariamente y ahorcados el 11 de noviembre de 1887. Son los Mártires de Chicago.
 
Con el tiempo, el sentido de la fecha perdió mucho de su contenido de lucha. El Estado de Bienestar en el occidente capitalista desarrollado y la consolidación de las repúblicas soviéticas donde presuntamente ese sistema opresor había sido suplantado por el socialismo, otorgaron al 1º de Mayo un carácter festivo alejado de los contornos rebeldes iniciales. Argentina conoció esa etapa bajo el primer peronismo y el 1º de Mayo puso de relieve cada vez más su carácter de fiesta de los trabajadores.
 
El retorno del capitalismo salvaje, el abandono del Estado de su función de mediador entre las clases y su vuelta al rol de ejecutor de los intereses del establishment financiero e industrial, determinaron el regreso de males que se pensaban extinguidos, como el desempleo, la marginación de grandes masas hacia la periferia social y el hambre en grandes zonas del planeta, incluso en los países avanzados.
 
Hoy,  el 1º de Mayo no es una fecha muy adecuada para festejos. La lucha obrera y popular logró la reducción de la jornada laboral, las leyes sociales y la dignificación del trabajador. Las conquistas sociales están asociadas a esas luchas contra dos sistemas que se entrelazan: el imperialismo externo y las formas de opresión interior que sólo subsisten porque están asociadas al primero.
 
La lucha por la educación, la salud y un modo de vida digno se da en esa marcha señalada por la revolución y la contrarrevolución, entre el progreso de los valores humanos y el recorte de estos por obra de un utilitarismo implacable.

En nuestro país, durante muchos años, cada 1º de Mayo los trabajadores ocupan las calles y se manifiestan desafiando al poder, recordándole que no es un día de fiesta, que existen y que no se resignan a ser solo una parte del engranaje productivo. Sólo así la conmemoración del 1º de Mayo recupera su sentido.

De la redacción de La Opinión Popular

30-04-2017 / 18:04
30-04-2017 / 18:04
El movimiento obrero argentino tiene una larga historia de luchas, iniciadas poco después de la mitad del siglo XIX, por grupos socialistas y anarquistas llegados en la gran inmigración europea. En el siglo XX se desarrollaron grandes y poderosos sindicatos de industria que pusieron a la clase obrera como protagonista de la historia argentina y al mismo tiempo fue objeto de persecuciones y matanzas.
 
El 01 de mayo de 1909 la Federación Obrera Regional Argentina FORA (anarquista) convoca a un acto que es severamente reprimido por la policía, bajo las órdenes del Coronel Ramón Falcón. La oligarquía argentina ha tenido desde siempre una vocación de utilizar la violencia y asesinar para resolver los conflictos sociales, económicos y políticos. Con esa maldita costumbre de matar, doce obreros son asesinados y 105 son heridos.
 
En respuesta, la FORA y la Unión General de Trabajadores (UGT), con el apoyo del Partido Socialista, llaman a la huelga general por tiempo indeterminado. La respuesta fue contundente: Buenos Aires y los principales centros obreros del país quedan completamente paralizados durante una semana.
 
El 04 de mayo se realiza el entierro de los muertos con una asistencia de 300.000 personas. Hablan el anarquista Juan Bianchi (FORA), el sindicalista Luis Lotito (UGT) y el socialista Alfredo Palacios (PS).
 
El día 08 de mayo la huelga sigue y el gobierno acepta negociar con el Comité de Huelga (FORA, UGT y PS), lográndose la libertad de los presos y la reapertura de los locales obreros. El gobierno oligárquico tuvo que ceder y, por primera vez en la historia de las huelgas generales, un gobierno tuvo que pactar con los obreros.
 
La Opinión Popular

30-04-2017 / 18:04
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