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¿Hacia dónde vamos?
Por Natalio R. Botana. Historiador y politólogo
"Con todo respeto le decimos al gobierno de Macri que cambie este rumbo, que por acá vamos mal”. Gustavo Bordet
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Nacionales - 07-04-2017 / 10:04
EL MACRISMO LO MINIMIZÓ Y MANDÓ A REPRIMIR LOS PIQUETES

Contundente paro nacional de trabajadores contra el Gobierno de los ricos

Contundente paro nacional de trabajadores contra el Gobierno de los ricos
La medida de la CGT se debería haber tomado antes. Desde que el Gobierno de Macri asumió, las políticas que desarrolló fueron en desmedro de la clase trabajadora y en ese sentido no era tolerable la idea de que había que darle tiempo. Darle tiempo al Gobierno implicó pérdida de puestos de trabajo y deterioro en la calidad de vida de los trabajadores. Este paro llega tarde. Las dos CTA han tenido una reacción mucho más cercana a lo que sucedía en la realidad. La CGT ha tenido una esperanza de negociación, mientras en realidad el gobierno no dio nunca ninguna señal de que la situación fuera a cambiar. Como ha sucedido tantas veces, la marcha del 7 de marzo culminó con las bases superando a la cúpula. Le puso límite a la espera, las bases reclamaron fuertemente una reacción a la cúpula. La medida de fuerza se tornó imperiosa y fue contundente.
La huelga general de trabajadores contra las políticas neoliberales de Mauricio Macri se sintió muy fuerte. El primer paro general de la CGT repercutió en todo el país. Por su magnitud, sorprendió a los propios organizadores. Para la CTA, tuvo un 90 por ciento de acatamiento. La CGT lo calificó de "contundente".
 
La adhesión de los gremios de transporte fue estratégica pero también resultó importante el respaldo de pymes que colaboraron junto a los sindicatos a enmudecer y vaciar las zonas comerciales de todas las ciudades. A pesar del esfuerzo del Gobierno, como la liberación de peajes y el libre estacionamiento en la ciudad de Buenos Aires, no consiguió contrarrestar la efectividad de la medida de fuerza. El #YoNoParo solo tuvo fuerza en las redes sociales de los trolls macristas.
 
La Gendarmería, bajo la conducción del Eugenio Burzaco, ordenó una salvaje represión a los piquetes que habían organizado partidos y sindicatos de izquierda. No hubo piedad con los manifestantes. Los palos, el agua y el gas pimienta lo distribuyeron a discreción. La represión dejó heridos y detenidos. Y el Gobierno pagó el costo político.
 
La respuesta del Gobierno al paro nacional, que encima incluyó el fallo judicial que lo obliga a convocar a la paritaria nacional docente, fue la provocativa ironía presidencial ("Qué bueno que estemos acá trabajando", dijo, ante millonarios y banqueros, en el "mini Davos"), complementada por la represión a los piquetes y una ristra de declaraciones de los funcionarios macristas ninguneado el paro.
 
El jefe de Gabinete, Marcos Peña, se limitó a decir que la ausencia de transporte público impidió "a los que acompañan el cambio" ir a trabajar. Por su parte, el ministro de Trabajo, Jorge Triaca, dijo que el paro "fue innecesario e inoportuno" y se animó a mentir que en varias provincias el paro no afectó la vida cotidiana.
 
Sin embargo, los reportes que llegaron desde el interior del país contradicen al funcionario. Por caso, en Jujuy, uno de los distritos que con mano de hierro controla Cambiemos a través del radical autoritario Gerardo Morales, el paro tuvo un alto acatamiento al igual que en Córdoba, Tucumán, Santiago del Estero, Santa Fe, Entre Ríos, Chubut, Misiones y La Rioja, entre otras.
 
La marcha del #1A, protagonizada por una minoría, que la pasa muy bien y apoya al Gobierno, envalentonó al macrismo y en el paro quiso cumplir su "mandato": mayor dureza contra los sindicatos y más represión y palos para los que cortan las calles. La estrategia electoral de Durán Barba dice que hay que polarizar. Esto puede tener un costo de gobernabilidad. Los 7 meses hasta las elecciones es mucho tiempo.
 
La huelga general dejó expuesta la realidad: el Gobierno no puede asumir hasta el final el "mandato" de su núcleo duro, acicateado por su propio "relato"; y la clase trabajadora dijo presente con un pronunciamiento masivo contra el plan antipopular de Cambiemos. Fue el primer paro nacional y nada indica que vaya a ser el último.
 
La Opinión Popular

 
El paro, la grieta y la estrecha avenida del medio
 
La política argentina se dirime en un permanente Boca-River. La grieta se ensancha por la voluntad de ambos polos, que se retroalimentan por una fractura que les ofrece el monopolio pleno del escenario. Mientras el ciudadano 'del centro' observa como espectador pasivo, pero padece sus consecuencias. La ancha avenida del medio se recorta sobre la realidad apenas como un estrecho sendero.
 
El primer paro de la CGT contra Mauricio Macri quedó entrampado por esa misma lógica binaria. En algún sentido era bastante previsible. Lo parió la mismísima grieta en el bochornoso final de la movilización del 7 de marzo.
 
Tanto empeño de la conducción colegiada de la central obrera por hegemonizar el control del conflicto social y desde allí constituirse en la vanguardia de la reconstrucción peronista obnubiló la comprensión de la profundidad de la fisura que divide a la sociedad. Pecó de cierta ingenuidad, llamativo en dirigentes acostumbrados desde hace años a librar duras batallas.
 
La realidad económica les ofreció argumentos concretos para la huelga. Una economía estancada, con el consumo por el piso, destrucción de empleo privado formal y persistente contracción del poder de compra de asalariados y sectores vulnerables constituyeron los ejes de un manifiesto bastante sólido para justificar el desafío sindical. Pero los argumentos del que "no llega a fin de mes", del que "no tiene una moneda en el bolsillo", de quien "patea la calle por un trabajo que no consigue" o de "la pyme que cierra porque no vende o no puede competir con los importados", sucumbieron al calor de la grieta que domina el debate político en la opinión pública y establece categorías antagónicas, totales.
 
El Gobierno interpretó mejor la lógica del escenario donde debía librar la batalla contra el paro. Aunque su comprensión fue tardía y recién afloró como balance del mensaje que portaba la movilización del sábado pasado que respaldó su gestión. Macri asumió entonces personalmente el desafío de lanzar la ofensiva total contra el poder sindical, el mismo que funcionó el último año como gran aliado de su administración para contener el conflicto social y garantizar las fiestas en paz. "Mafiosos", les enrostró en vivo y en directo. Varios dirigentes mascaron bronca y se prometieron venganza.
 
En esa dinámica, el día después de la huelga emerge como una cuestión insoslayable. Y expone los interrogantes más profundos. El futuro de la relación entre el Gobierno y la primera línea sindical es quizás el más significativo porque de su resolución depende en buena medida el horizonte del conflicto social. Envalentonado por los efectos de su embestida, el Presidente parece decidido en no dar un solo paso atrás. Ello se traduce para sus colaboradores en mantener la guardia alta contra los gremios y reducir toda instancia de diálogo a negociaciones sectoriales que diluyan la institucionalidad cegetista.
 
En buena medida la apuesta sintetiza el deseo de que vuele por los aires el esfuerzo de reunificación del sindicalismo peronista. Cualquier semejanza con la división que Cristina Kirchner promovió en la escena sindical tras la muerte de Néstor Kirchner no es mera coincidencia.
 
El gran desafío para los sindicalistas será entonces exorcizar los fantasmas de una nueva fractura. Ello supone un sacrificio concreto para superar las diferencias que fragmentan puertas adentro la univocidad de la central y desde allí consolidar un consenso de fondo con capacidad de trascender la división bipolar de la esfera pública. Algo así como saltar su propia grieta para ensanchar la apuesta por una tercera posición.
 
Por Elizabeth Peger
 
Fuentes: El Cronista, Página12, Clarín, La Izquierda Diario, iProfesional y LOP
 

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22-08-2017 / 09:08
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Los gremios nucleados en la Confederación General del Trabajo (CGT), las dos Centrales de Trabajadores de la Argentina (CTA) y distintos movimientos sociales volverán a marchar hoy a partir de las 15 horas hacia Plaza de Mayo en rechazo a las políticas económicas y sociales neoliberales de Mauricio Macri, contra la precarización laboral, el aumento de la edad jubilatoria y en defensa del empleo.
 
La Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP), Barrios de Pie y la Corriente Clasista Combativa (CCC) marcharán a Plaza de Mayo junto a la CGT, mientras que la izquierda irá más temprano para reclamar un Paro General. La CTEP llevará sus propios reclamos como la "plena implementación de la ley de emergencia social" y la "sanción de la ley de emergencia alimentaria", para mejorar la alimentación de niños y jóvenes en situación de vulnerabilidad.
 
Pese al alto grado de convocatoria, la dirigencia colaboracionista de los sindicatos de servicios, denominados "Los Gordos", los llamados "independientes" y los sectores del transporte ya descartaron su respaldo a una posible huelga nacional. Se espera que estos gremios estén presentes hoy en la Plaza, pero "sin forzar la convocatoria hasta el extremo", dejaron trascender. No estarán presentes los jerarcas de las 62 Organizaciones Peronistas que prefirieron ir a almorzar con los funcionarios macristas.
 
A más de un mes de la represión y el desalojo de la fábrica de PepsiCo, que fue el motivo original que desencadenó la movilización, uno de los objetivos será que las autoridades nacionales convoquen al diálogo. En caso de que el Gobierno no de una respuesta, está presente la idea de un paro nacional, aunque todavía no se ha confirmado.
 
En este marco, la CGT se encuentra atravesando un momento de pujas internas entre los jefes sindicales, ya que hay múltiples diferencias entre quienes promueven un paro general, como el titular de La Bancaria, Sergio Palazzo, el camionero Pablo Moyano, y otros como "Los Gordos", referentes de los grandes servicios, quienes no quieren movilizar y reducirán al mínimo su participación. 
 
El único orador de la jornada será Juan Carlos Schmid, que codirige la central obrera junto a Héctor Daer (Sanidad) y Carlos Acuña (Estaciones de Servicio). Schmid sostuvo que la marcha "consolida a la CGT" y muestra "organización y disciplina" dentro de ella, al tiempo que también demuestra su capacidad de "movilizar y expresar pacíficamente, pero con firmeza" lo que piensan.
 
Se espera para hoy una importante movilización contra el ajuste, la desocupación, la modificación en las condiciones laborales, los cambios en las jubilaciones y la reforma en la ley de ART. Despues de la marcha, en septiembre, se reunirá el Comité Central Confederal que será el encargado de decidir los pasos a seguir.
 
La Opinión Popular

21-08-2017 / 16:08
21-08-2017 / 09:08
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