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“A los que les guste mucho la plata hay que correrlos de la política. Hay que buscar gente que viva con sencillez, con sobriedad, como la inmensa mayoría de la sociedad”. Pepe Mujica
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Nacionales - 07-04-2017 / 10:04
EL MACRISMO LO MINIMIZÓ Y MANDÓ A REPRIMIR LOS PIQUETES

Contundente paro nacional de trabajadores contra el Gobierno de los ricos

Contundente paro nacional de trabajadores contra el Gobierno de los ricos
La medida de la CGT se debería haber tomado antes. Desde que el Gobierno de Macri asumió, las políticas que desarrolló fueron en desmedro de la clase trabajadora y en ese sentido no era tolerable la idea de que había que darle tiempo. Darle tiempo al Gobierno implicó pérdida de puestos de trabajo y deterioro en la calidad de vida de los trabajadores. Este paro llega tarde. Las dos CTA han tenido una reacción mucho más cercana a lo que sucedía en la realidad. La CGT ha tenido una esperanza de negociación, mientras en realidad el gobierno no dio nunca ninguna señal de que la situación fuera a cambiar. Como ha sucedido tantas veces, la marcha del 7 de marzo culminó con las bases superando a la cúpula. Le puso límite a la espera, las bases reclamaron fuertemente una reacción a la cúpula. La medida de fuerza se tornó imperiosa y fue contundente.
La huelga general de trabajadores contra las políticas neoliberales de Mauricio Macri se sintió muy fuerte. El primer paro general de la CGT repercutió en todo el país. Por su magnitud, sorprendió a los propios organizadores. Para la CTA, tuvo un 90 por ciento de acatamiento. La CGT lo calificó de "contundente".
 
La adhesión de los gremios de transporte fue estratégica pero también resultó importante el respaldo de pymes que colaboraron junto a los sindicatos a enmudecer y vaciar las zonas comerciales de todas las ciudades. A pesar del esfuerzo del Gobierno, como la liberación de peajes y el libre estacionamiento en la ciudad de Buenos Aires, no consiguió contrarrestar la efectividad de la medida de fuerza. El #YoNoParo solo tuvo fuerza en las redes sociales de los trolls macristas.
 
La Gendarmería, bajo la conducción del Eugenio Burzaco, ordenó una salvaje represión a los piquetes que habían organizado partidos y sindicatos de izquierda. No hubo piedad con los manifestantes. Los palos, el agua y el gas pimienta lo distribuyeron a discreción. La represión dejó heridos y detenidos. Y el Gobierno pagó el costo político.
 
La respuesta del Gobierno al paro nacional, que encima incluyó el fallo judicial que lo obliga a convocar a la paritaria nacional docente, fue la provocativa ironía presidencial ("Qué bueno que estemos acá trabajando", dijo, ante millonarios y banqueros, en el "mini Davos"), complementada por la represión a los piquetes y una ristra de declaraciones de los funcionarios macristas ninguneado el paro.
 
El jefe de Gabinete, Marcos Peña, se limitó a decir que la ausencia de transporte público impidió "a los que acompañan el cambio" ir a trabajar. Por su parte, el ministro de Trabajo, Jorge Triaca, dijo que el paro "fue innecesario e inoportuno" y se animó a mentir que en varias provincias el paro no afectó la vida cotidiana.
 
Sin embargo, los reportes que llegaron desde el interior del país contradicen al funcionario. Por caso, en Jujuy, uno de los distritos que con mano de hierro controla Cambiemos a través del radical autoritario Gerardo Morales, el paro tuvo un alto acatamiento al igual que en Córdoba, Tucumán, Santiago del Estero, Santa Fe, Entre Ríos, Chubut, Misiones y La Rioja, entre otras.
 
La marcha del #1A, protagonizada por una minoría, que la pasa muy bien y apoya al Gobierno, envalentonó al macrismo y en el paro quiso cumplir su "mandato": mayor dureza contra los sindicatos y más represión y palos para los que cortan las calles. La estrategia electoral de Durán Barba dice que hay que polarizar. Esto puede tener un costo de gobernabilidad. Los 7 meses hasta las elecciones es mucho tiempo.
 
La huelga general dejó expuesta la realidad: el Gobierno no puede asumir hasta el final el "mandato" de su núcleo duro, acicateado por su propio "relato"; y la clase trabajadora dijo presente con un pronunciamiento masivo contra el plan antipopular de Cambiemos. Fue el primer paro nacional y nada indica que vaya a ser el último.
 
La Opinión Popular

 
El paro, la grieta y la estrecha avenida del medio
 
La política argentina se dirime en un permanente Boca-River. La grieta se ensancha por la voluntad de ambos polos, que se retroalimentan por una fractura que les ofrece el monopolio pleno del escenario. Mientras el ciudadano 'del centro' observa como espectador pasivo, pero padece sus consecuencias. La ancha avenida del medio se recorta sobre la realidad apenas como un estrecho sendero.
 
El primer paro de la CGT contra Mauricio Macri quedó entrampado por esa misma lógica binaria. En algún sentido era bastante previsible. Lo parió la mismísima grieta en el bochornoso final de la movilización del 7 de marzo.
 
Tanto empeño de la conducción colegiada de la central obrera por hegemonizar el control del conflicto social y desde allí constituirse en la vanguardia de la reconstrucción peronista obnubiló la comprensión de la profundidad de la fisura que divide a la sociedad. Pecó de cierta ingenuidad, llamativo en dirigentes acostumbrados desde hace años a librar duras batallas.
 
La realidad económica les ofreció argumentos concretos para la huelga. Una economía estancada, con el consumo por el piso, destrucción de empleo privado formal y persistente contracción del poder de compra de asalariados y sectores vulnerables constituyeron los ejes de un manifiesto bastante sólido para justificar el desafío sindical. Pero los argumentos del que "no llega a fin de mes", del que "no tiene una moneda en el bolsillo", de quien "patea la calle por un trabajo que no consigue" o de "la pyme que cierra porque no vende o no puede competir con los importados", sucumbieron al calor de la grieta que domina el debate político en la opinión pública y establece categorías antagónicas, totales.
 
El Gobierno interpretó mejor la lógica del escenario donde debía librar la batalla contra el paro. Aunque su comprensión fue tardía y recién afloró como balance del mensaje que portaba la movilización del sábado pasado que respaldó su gestión. Macri asumió entonces personalmente el desafío de lanzar la ofensiva total contra el poder sindical, el mismo que funcionó el último año como gran aliado de su administración para contener el conflicto social y garantizar las fiestas en paz. "Mafiosos", les enrostró en vivo y en directo. Varios dirigentes mascaron bronca y se prometieron venganza.
 
En esa dinámica, el día después de la huelga emerge como una cuestión insoslayable. Y expone los interrogantes más profundos. El futuro de la relación entre el Gobierno y la primera línea sindical es quizás el más significativo porque de su resolución depende en buena medida el horizonte del conflicto social. Envalentonado por los efectos de su embestida, el Presidente parece decidido en no dar un solo paso atrás. Ello se traduce para sus colaboradores en mantener la guardia alta contra los gremios y reducir toda instancia de diálogo a negociaciones sectoriales que diluyan la institucionalidad cegetista.
 
En buena medida la apuesta sintetiza el deseo de que vuele por los aires el esfuerzo de reunificación del sindicalismo peronista. Cualquier semejanza con la división que Cristina Kirchner promovió en la escena sindical tras la muerte de Néstor Kirchner no es mera coincidencia.
 
El gran desafío para los sindicalistas será entonces exorcizar los fantasmas de una nueva fractura. Ello supone un sacrificio concreto para superar las diferencias que fragmentan puertas adentro la univocidad de la central y desde allí consolidar un consenso de fondo con capacidad de trascender la división bipolar de la esfera pública. Algo así como saltar su propia grieta para ensanchar la apuesta por una tercera posición.
 
Por Elizabeth Peger
 
Fuentes: El Cronista, Página12, Clarín, La Izquierda Diario, iProfesional y LOP
 

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24-04-2018 / 12:04
El gobierno de Mauricio Macri, una alianza política de conservadores y radicales, acaba de pisar, probablemente, la línea que lo separaba de su decadencia política.
 
La pérdida de sintonía fina con el impiadoso e inconmovible aumento de las tarifas, en un contexto de inflación por encima de las metas oficiales, falta de ingreso de inversiones genuinas y sequía que afecta al principal sector, el agroindustrial, que trae dólares para que la economía funcione, encamina la experiencia de Cambiemos al colapso, semejante en proporciones pero muy diferente al que en 2012 marcó el comienzo del final del malabarismo K, apenas un año después de conseguir la reelección de CFK con el 54% de los votos.
 
Y es distinta porque hace seis años la clase media salió a la calle, inéditamente, para decir "basta" a la intolerancia seudo izquierdista del kirchnerismo pero ahora el límite se está gestando sin manifestaciones, lo que, al ser menos visible, es tanto peor para una administración que ha comenzado a despeñarse en la necedad o, peor aún, en practicar la contumacia en el error.
 
Todo lo que hace el Gobierno conspira en contra de la reactivación económica, sin poder domar la inflación. De hecho, una encuesta de la consultora Opinaia encontró que el 45% de la población consideró que este año perderá poder adquisitivo y, como en economía las expectativas juegan un rol relevante, esa constatación puede tener coletazos perversos.
 
Lo cierto es que el manejo gubernamental del macrismo es una proyección del viejo y anticuado management verticalista de las grandes empresas, en cuya armadura no figuran las percepciones sociales ni comunicacionales ni políticas.
 
De ese modo, el gobierno de Cambiemos está encerrado en su lógica y desestima cualquier crítica porque, postula, proviene de la "vieja política", es decir, los viejos trucos de los necrosados partidos, como el peronismo o el radicalismo, o las izquierdas de todo pelaje.
 
Por esas razones, se acumulan los indicios, significativos y contundentes, de que la experiencia Cambiemos de Macri ha iniciado el proceso de pérdida de apoyo de la clase media, lo que comienza a poner en duda la reelección en 2019 y, en cambio, abrir un período de cambios inesperados en el recambio político, ya que la clase media en la Argentina ha demostrado que sus apoyos son solo temporales.

23-04-2018 / 10:04
"Este es el último aumento de tarifas que hay." La frase del presidente provisional del Senado, Federico Pinedo, un dirigente calmo y centrado que suele ser una voz racional en momentos de turbulencia, sonó extemporánea cuando todavía no se acallaron las protestas y los sinsabores del incremento de tarifas que colocaron en tensión al macrismo hacia fines de la semana pasada.
 
Se trata, sin embargo, de un planteo contradictorio con lo anunciado por el propio ministro de Energía, el polémico Juan José Aranguren, quien ya blanqueó que el cronograma de la quita de subsidios terminará recién en octubre de 2019, por lo que hasta entonces continuarán las subas. Además, en mayo está previsto un nuevo incremento del servicio de agua que brinda AySA; y hacia finales de año, entre octubre y noviembre, debería aplicarse el segundo reajuste semestral en las tarifas de gas y de electricidad.
 
Las declaraciones de Pinedo fueron reproducidas por los medios masivos ultra macristas, como Clarín, Las Nación e Infobae, sin ningún cotejo con los anuncios oficiales hechos por el mismo Gobierno.
 
Está claro que lo que Pinedo salió a plantear es parte del libreto duranbarbista del optimismo permanente macrista: que la inflación se va a reducir en el segundo semestre y, por lo tanto, los próximos incrementos van a ir acompasados a ese número sin saltos ornamentales de alturas siderales. Dicho en estas horas, parece más una frase destinada a los anales de la mentira.
 
La Opinión Popular

23-04-2018 / 09:04
En línea con el traspié que sufrió el miércoles la oposición en la Cámara de Diputados nacional, tampoco logró prosperar una sesión especial en la Cámara baja bonaerense, impulsada por bloques del justicialismo y del Frente Renovador (FR), para tratar una veintena de proyectos que buscan reducir la carga impositiva en las facturas de gas y luz de los usuarios locales.
 
Pero la polémica por la suba de tarifas no sólo tuvo su correlato legislativo en Buenos Aires. En Santa Fe, la Legislatura provincial se convirtió hace tiempo en una caja de resonancia por este tema. Y hay ejemplos diversos de proyectos que proponen congelar las tarifas. Y en La Pampa, los diputados Espartaco Marín y Lucrecia Barruti, junto a otros legisladores del PJ, presentaron en la Legislatura provincial un proyecto.
 
La Administración Provincial de Energía de La Pampa aseguró que la Provincia tiene que "cubrir los baches que deja Nación" en relación al sistema energético.
 
Sin embargo, quienes viven en la ciudad de Buenos Aires tienen todavía las tarifas más bajas del país. Un usuario promedio de Edenor o de Edesur con un consumo mensual de 150 KWh pagó en diciembre pasado 8,84 milésimos de dólar por KWh (antes de la última tanda de aumentos), según el último informe de la consultora Montamat & Asociados. Al mismo tiempo, un santafesino debía desembolsar por la misma cantidad de electricidad US$141,6 milésimos y un cordobés, US$148,7 milésimos.
 
Así están las cosas con el gobierno centralista de Mauricio Macri.
 
La Opinión Popular

23-04-2018 / 09:04
Marcos Marcelo Mindlin, amigo íntimo del presidente Mauricio Macri, es uno de los que hará punta desde el martes con las Participaciones Público-privadas (PPP), la nueva alquimia a la que apuesta el Gobierno de los Ricos para llegar a las elecciones del año que viene con la obra pública a toda velocidad y, supuestamente, sin gastar un peso del Tesoro.
 
Mindlin, el dueño del mayor conglomerado energético del país, cuyo patrimonio se agrandó al calor del tarifazo de su amigo Macri, que concentró las críticas de opositores y oficialistas, moverá para eso la última pieza que sumó a su tablero: la constructora SACDE. Es el nuevo nombre que él y sus socios le pusieron a IECSA, la histórica constructora de Franco Macri que condujo, en los papeles y para cuidar las apariencias, Ángelo Calcaterra, desde que su primo Mauricio se lanzó a la política.
 
Los contactos fluidos de Mindlin con Macri le da una ventaja difícil de descontar a la hora de quedarse con contratos donde el dinero lo adelanta el contratista y el riesgo ante los prestamistas lo asume el propio Estado, aunque sin que se compute como deuda externa.
 
El mecanismo funciona parecido al de los ferrocarriles construidos por los ingleses a principios de siglo XX: el privado adelanta los fondos para una obra y se asegura el repago a varios años con la garantía de la propia obra. Si es un tren, lo opera directamente o retiene los pasajes como garantía de cobro. Si es una ruta, cobra el peaje o se asegura que se lo giren. Si no tiene ganancias suficientes, el Estado le garantiza el recupero emitiendo pagarés a su nombre.
 
El puntapié inicial de las PPP argentinas iba a ser hoy, mientras tanto, el Gobierno negocia ventajas de último momento para tentar a los inversores. Ya les condonó el impuesto a las Ganancias y el IVA, aumentó un 50% los peajes en cuatro de los corredores que se licitarán y los habilitó a realizar "importaciones temporarias" de equipos y materiales.
 
Pero lo principal que reclamaban (y obtuvieron) los potenciales inversores es el derecho a litigar en tribunales extranjeros contra el Estado argentino, como hicieron los bonistas buitre que no aceptaron la quita de los canjes de deuda de 2005 y 2010. 
 
Las PPP fueron evaluadas negativamente por el Comité de Auditores de la Unión Europea, que acaba de advertir "demoras y sobrecostos en casi todos los casos" y "deficiencias extendidas" en el mecanismo que se apresta a abrazar el país. Su informe, de 79 páginas, puntualiza que "por el tamaño de los proyectos, pocas empresas pueden hacerlos" y que "el sistema incentiva proyectos más grandes de lo necesario". También calcula que se termina pagando más de lo presupuestado.
 
La Opinión Popular

22-04-2018 / 19:04
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