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                  03:08  |  Lunes 01 de Mayo de 2013  |  Entre Ríos
El clima en Paraná
¿Hacia dónde vamos?
Por Natalio R. Botana. Historiador y politólogo
“El modelo económico que aplica el Gobierno atrasa 40 años y hay que cambiarlo porque estamos en estanflación, se triplicó la deuda y tenemos un problema de fuga de capitales”. Aldo Pignanelli
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Nacionales - 07-04-2017 / 10:04
EL MACRISMO LO MINIMIZÓ Y MANDÓ A REPRIMIR LOS PIQUETES

Contundente paro nacional de trabajadores contra el Gobierno de los ricos

Contundente paro nacional de trabajadores contra el Gobierno de los ricos
La medida de la CGT se debería haber tomado antes. Desde que el Gobierno de Macri asumió, las políticas que desarrolló fueron en desmedro de la clase trabajadora y en ese sentido no era tolerable la idea de que había que darle tiempo. Darle tiempo al Gobierno implicó pérdida de puestos de trabajo y deterioro en la calidad de vida de los trabajadores. Este paro llega tarde. Las dos CTA han tenido una reacción mucho más cercana a lo que sucedía en la realidad. La CGT ha tenido una esperanza de negociación, mientras en realidad el gobierno no dio nunca ninguna señal de que la situación fuera a cambiar. Como ha sucedido tantas veces, la marcha del 7 de marzo culminó con las bases superando a la cúpula. Le puso límite a la espera, las bases reclamaron fuertemente una reacción a la cúpula. La medida de fuerza se tornó imperiosa y fue contundente.
La huelga general de trabajadores contra las políticas neoliberales de Mauricio Macri se sintió muy fuerte. El primer paro general de la CGT repercutió en todo el país. Por su magnitud, sorprendió a los propios organizadores. Para la CTA, tuvo un 90 por ciento de acatamiento. La CGT lo calificó de "contundente".
 
La adhesión de los gremios de transporte fue estratégica pero también resultó importante el respaldo de pymes que colaboraron junto a los sindicatos a enmudecer y vaciar las zonas comerciales de todas las ciudades. A pesar del esfuerzo del Gobierno, como la liberación de peajes y el libre estacionamiento en la ciudad de Buenos Aires, no consiguió contrarrestar la efectividad de la medida de fuerza. El #YoNoParo solo tuvo fuerza en las redes sociales de los trolls macristas.
 
La Gendarmería, bajo la conducción del Eugenio Burzaco, ordenó una salvaje represión a los piquetes que habían organizado partidos y sindicatos de izquierda. No hubo piedad con los manifestantes. Los palos, el agua y el gas pimienta lo distribuyeron a discreción. La represión dejó heridos y detenidos. Y el Gobierno pagó el costo político.
 
La respuesta del Gobierno al paro nacional, que encima incluyó el fallo judicial que lo obliga a convocar a la paritaria nacional docente, fue la provocativa ironía presidencial ("Qué bueno que estemos acá trabajando", dijo, ante millonarios y banqueros, en el "mini Davos"), complementada por la represión a los piquetes y una ristra de declaraciones de los funcionarios macristas ninguneado el paro.
 
El jefe de Gabinete, Marcos Peña, se limitó a decir que la ausencia de transporte público impidió "a los que acompañan el cambio" ir a trabajar. Por su parte, el ministro de Trabajo, Jorge Triaca, dijo que el paro "fue innecesario e inoportuno" y se animó a mentir que en varias provincias el paro no afectó la vida cotidiana.
 
Sin embargo, los reportes que llegaron desde el interior del país contradicen al funcionario. Por caso, en Jujuy, uno de los distritos que con mano de hierro controla Cambiemos a través del radical autoritario Gerardo Morales, el paro tuvo un alto acatamiento al igual que en Córdoba, Tucumán, Santiago del Estero, Santa Fe, Entre Ríos, Chubut, Misiones y La Rioja, entre otras.
 
La marcha del #1A, protagonizada por una minoría, que la pasa muy bien y apoya al Gobierno, envalentonó al macrismo y en el paro quiso cumplir su "mandato": mayor dureza contra los sindicatos y más represión y palos para los que cortan las calles. La estrategia electoral de Durán Barba dice que hay que polarizar. Esto puede tener un costo de gobernabilidad. Los 7 meses hasta las elecciones es mucho tiempo.
 
La huelga general dejó expuesta la realidad: el Gobierno no puede asumir hasta el final el "mandato" de su núcleo duro, acicateado por su propio "relato"; y la clase trabajadora dijo presente con un pronunciamiento masivo contra el plan antipopular de Cambiemos. Fue el primer paro nacional y nada indica que vaya a ser el último.
 
La Opinión Popular

 
El paro, la grieta y la estrecha avenida del medio
 
La política argentina se dirime en un permanente Boca-River. La grieta se ensancha por la voluntad de ambos polos, que se retroalimentan por una fractura que les ofrece el monopolio pleno del escenario. Mientras el ciudadano 'del centro' observa como espectador pasivo, pero padece sus consecuencias. La ancha avenida del medio se recorta sobre la realidad apenas como un estrecho sendero.
 
El primer paro de la CGT contra Mauricio Macri quedó entrampado por esa misma lógica binaria. En algún sentido era bastante previsible. Lo parió la mismísima grieta en el bochornoso final de la movilización del 7 de marzo.
 
Tanto empeño de la conducción colegiada de la central obrera por hegemonizar el control del conflicto social y desde allí constituirse en la vanguardia de la reconstrucción peronista obnubiló la comprensión de la profundidad de la fisura que divide a la sociedad. Pecó de cierta ingenuidad, llamativo en dirigentes acostumbrados desde hace años a librar duras batallas.
 
La realidad económica les ofreció argumentos concretos para la huelga. Una economía estancada, con el consumo por el piso, destrucción de empleo privado formal y persistente contracción del poder de compra de asalariados y sectores vulnerables constituyeron los ejes de un manifiesto bastante sólido para justificar el desafío sindical. Pero los argumentos del que "no llega a fin de mes", del que "no tiene una moneda en el bolsillo", de quien "patea la calle por un trabajo que no consigue" o de "la pyme que cierra porque no vende o no puede competir con los importados", sucumbieron al calor de la grieta que domina el debate político en la opinión pública y establece categorías antagónicas, totales.
 
El Gobierno interpretó mejor la lógica del escenario donde debía librar la batalla contra el paro. Aunque su comprensión fue tardía y recién afloró como balance del mensaje que portaba la movilización del sábado pasado que respaldó su gestión. Macri asumió entonces personalmente el desafío de lanzar la ofensiva total contra el poder sindical, el mismo que funcionó el último año como gran aliado de su administración para contener el conflicto social y garantizar las fiestas en paz. "Mafiosos", les enrostró en vivo y en directo. Varios dirigentes mascaron bronca y se prometieron venganza.
 
En esa dinámica, el día después de la huelga emerge como una cuestión insoslayable. Y expone los interrogantes más profundos. El futuro de la relación entre el Gobierno y la primera línea sindical es quizás el más significativo porque de su resolución depende en buena medida el horizonte del conflicto social. Envalentonado por los efectos de su embestida, el Presidente parece decidido en no dar un solo paso atrás. Ello se traduce para sus colaboradores en mantener la guardia alta contra los gremios y reducir toda instancia de diálogo a negociaciones sectoriales que diluyan la institucionalidad cegetista.
 
En buena medida la apuesta sintetiza el deseo de que vuele por los aires el esfuerzo de reunificación del sindicalismo peronista. Cualquier semejanza con la división que Cristina Kirchner promovió en la escena sindical tras la muerte de Néstor Kirchner no es mera coincidencia.
 
El gran desafío para los sindicalistas será entonces exorcizar los fantasmas de una nueva fractura. Ello supone un sacrificio concreto para superar las diferencias que fragmentan puertas adentro la univocidad de la central y desde allí consolidar un consenso de fondo con capacidad de trascender la división bipolar de la esfera pública. Algo así como saltar su propia grieta para ensanchar la apuesta por una tercera posición.
 
Por Elizabeth Peger
 
Fuentes: El Cronista, Página12, Clarín, La Izquierda Diario, iProfesional y LOP
 

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30-04-2017 / 10:04
Convendría poner las cosas en su justa medida: regresar al mundo y con ello combatir la pobreza y crear empleo genuino, además de generar políticas internas profundas que todavía no se ven, llevará tiempo. Bastante más que el de las urgencias del macrismo por presentar hechos concretos antes de las elecciones de octubre. Y con un escenario local que sigue sin ayudar.
 
Macri recibió elogios a mano llena en Washington, pero escuchó a la vez la misma cantinela que en sus visitas a España y Holanda. Los empresarios insisten en que planean invertir pero prefieren esperar a ver el resultado de las elecciones de octubre. Desconfían de una vuelta al populismo y quieren saber si hay riesgo de perder las elecciones y enturbiar el panorama hacia 2019, y más allá.
 
En todo caso, a varios de quienes lo consultaron, les dijo que estaba absolutamente seguro que Cambiemos ganará las elecciones porque la gente no quiere volver al pasado, aunque haya sectores que no la estén pasando bien.
 
Macri ha logrado acomodar los tantos en el rodeo propio. Carrió será candidata en Capital, no habrá definitivamente espacio para Martín Lousteau, que si quiere competir tendrá que hacerlo por afuera, y en la provincia Esteban Bullrich será el candidato a senador. Siempre bajo la misma consigna: la campaña se la ponen al hombro Macri y Vidal y ellos son "los candidatos".
 
El Gobierno a su vez no deja de agradecer los buenos servicios que sigue prestando Cristina Fernández como "jefa de campaña" de Cambiemos. El estallido de la crisis en una Santa Cruz que los Kirchner manejaron como su estancia durante 25 años es un pelotazo en contra para los cristinistas que proponen una vuelta al pasado.
 
Tal vez por esas mismas razones cunde la desesperación en el peronismo que no quiere saber más nada con ella y busca su destino en las elecciones de octubre. Una frase de Florencio Randazzo refleja acabadamente ese momento: "No caigamos en la trampa, tenemos que unirnos, el único enemigo es Macri", rogó en un acto el miércoles. Claro que esa unión, vale la aclaración de los propios randazzistas, no incluye a la doctora y sus fanáticos.
 
Todos, oficialismo y oposición, miran hacia el 24 de junio: ese día habrá que inscribir candidatos y se sabrá si ella se presenta o no. Enorme paradoja: hay más macristas que peronistas rezando para que Cristina compita.

30-04-2017 / 10:04
30-04-2017 / 10:04
30-04-2017 / 09:04
30-04-2017 / 09:04
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