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Sociedad e Interés General - 28-03-2017 / 20:03
EFEMÉRIDES POPULARES. EL 29 DE MARZO DE 1962, FRONDIZI ES DERROCADO POR LOS MILITARES

Un golpe militar derroca al presidente Arturo Frondizi

Un golpe militar derroca al presidente Arturo Frondizi
Arturo Frondizi.
Arturo Frondizi, abogado, periodista y político radical, que fue elegido como presidente de Argentina y gobernó entre el 1 de mayo de 1958 y el 29 de marzo de 1962, cuando fue derrocado por un golpe de estado militar.
 
El 18 de marzo de 1962, en las elecciones parciales para legisladores y gobernadores, el Peronismo, que estaba proscripto, ganó diez de las catorce gobernaciones en juego, entre ellas la de Buenos Aires, donde se impuso la fórmula del Frente Justicialista: Framini-Anglada. Después del cierre de los comicios, nadie llamó a Olivos y nadie, salvo algún pariente, visitó a Frondizi.
 
Los militares antiperonistas exigieron que Frondizi anulara las elecciones para que el Peronismo no tuviera ningún legislador en el Congreso y el Presidente asumió la total responsabilidad de intervenirlas, ya que tenía información muy precisa de que se venía el golpe, y pensaba que, de no intervenir a las provincias peronistas, lo aceleraría aún más.
 
Mientras tanto, las 62 Organizaciones Gremiales Peronistas anunciaron una huelga general de protesta por las intervenciones a las provincias donde triunfaron los candidatos justicialistas.
 
El día 21, Frondizi anula la elección y el día 27, declara: "no me suicidaré, no renunciaré y no dejaré el país". Dos días después, el 29 de marzo de 1962, es derrocado por los militares y obligado a dimitir.
 
Vigilado por el jefe de la Casa Militar, que para mayor escarnio e ironía lo custodiaba para llevarlo a prisión, partió a la isla Martín García. No lo salvó ni el hecho de desconocer, días antes, el triunfo electoral del peronismo en las elecciones provinciales.
 
El día 30 asume el senador José María Guido, que encontrándose primero en la línea de sucesión presidencial ocupó las funciones de los poderes ejecutivo y legislativo. Con ello se intentó maquillar el golpe de Estado con una salida seudo constitucional. Pero, Guido es un títere tras el cual gobiernan los militares gorilas antiperonistas.
 
Blas García

Cómo se gestó el golpe que lo derrocó hace cincuenta años

Por Albino Gómez

El autor fue testigo en la Casa Rosada y en Olivos de la presión militar que determinó la caída.

El 18 de marzo de 1962, en las elecciones parciales para legisladores y gobernadores, el peronismo ganó diez de las catorce gobernaciones, entre ellas la de Buenos Aires, donde se impuso la fórmula del Frente Justicialista: Framini-Anglada. Yo estuve toda la tarde en Olivos, donde reinaba la soledad y el silencio.

La derrota no fue una sorpresa para el presidente, ya que estaba seguro de que era muy distinto ganar elecciones parciales en las provincias, que enfrentar al peronismo en una votación general donde pudiera expresarse, por primera vez, votando a sus propios candidatos.

Pero no pudo resistir las presiones de los más importantes dirigentes de su Partido. El día 18, después del cierre del comicio, nadie llamó a Olivos y nadie, salvo algún pariente, visitó a Frondizi.

Yo me quedé en su despacho de la planta baja de la quinta de Olivos, dormitando en el sillón del escritorio y recibiendo llamados oficiales, como el del ministro Vítolo, que lo hizo a la dos de la mañana y me pidió que despertara al presidente.

Durante la conversación, el presidente asumió la total responsabilidad de intervenirlas, ya que tenía información muy precisa de que se venía el golpe, ya muy difícil de parar, y pensaba que no intervenir a las provincias conflictivas lo aceleraría aún más.

El 20 de marzo, se reunieron algunos altos jefes militares: los almirantes Penas, Clément y Jorge Palma; los generales Poggi y Fraga, y los brigadieres Rojas Silveyra y Mario Romanello.

Decidieron entonces tomar medidas y se labró un acta secreta que contenía tres iniciativas: limitar el poder del presidente por medio de un gabinete de coalición impuesto por las Fuerzas Armadas; pedirle la renuncia u obligarlo a dejar el cargo preservando las formas constitucionales, y finalmente, instalar en el poder a una junta militar.

Mientras tanto, las 62 organizaciones peronistas anunciaron una huelga general de protesta por las intervenciones a las provincias donde triunfaron los candidatos peronistas.

El día 23 Frondizi renovó parcialmente su gabinete con figuras más potables para los militares, como Jorge Wehbe en Economía y Rodolfo Martínez (h) en Defensa.

Al mismo tiempo, sugirió como mediador de la crisis al general Aramburu, quien declaró que la renuncia del presidente no significaría la quiebra del orden institucional. Claro estaba, la renuncia "legalizaba" el golpe.

Durante dos días Aramburu intentó sin éxito recomponer las relaciones gobierno-oposición tratando de hallar cierto consenso para el mantenimiento de Frondizi al frente del gobierno. Pero el 26 de marzo anunciaba el fracaso de su gestión conciliadora ante la inflexibilidad que encontró en la mayoría de los representantes de las fuerzas vivas de la Nación. Y le dijo al presidente "Doctor, he agotado la gestión y todo se hará respetuosamente, dentro del orden constitucional, pero usted debe renunciar".

El día 27, la secretaría de Prensa de la Presidencia de la Nación emitió un breve comunicado en el que hacía saber la decisión final de Frondizi de no renunciar.

Ya el día 28, la normalidad institucional se tornaba imposible de sostener en pié. El secretario del Ejército, general Rosendo M. Fraga, consciente del peligro que corría la estabilidad del presidente le había manifestado su disposición de utilizar en su resguardo a las fuerzas leales, cosa difícil de aceptar por parte de Frondizi, que siempre se opuso al derramamiento de sangre.

Pero Fraga fue detenido por orden del general Poggi que pasó a dominar la situación interna del arma.

Ese mismo día renunciaron los tres secretarios militares (Fraga, Clément y Rojas Silveyra). Entre tanto, el ministro Martínez consultaba con la Corte Suprema de Justicia, si, al ser destituido el presidente, cabía aplicar la Ley de Acefalía, en cuyo caso José María Guido asumiría la presidencia, en su carácter de titular provisional del Senado. Los jueces se pronunciaron a favor de la validez de la Ley de Acefalía.

Pero la estructura gubernamental, ya seriamente deteriorada, recibió su estocada mortal al difundirse el comunicado en que los tres comandantes en jefe (Poggi, Alsina y Penas) anunciaron que: "Atento a la gravísima situación imperante exigimos el alejamiento de sus funciones del señor presidente de la Nación, a fin de agotar los medios para salvar la organización constitucional. Esta decisión se notificará en el día de la fecha, por conducto de la autoridad militar que cada fuerza estime conveniente."

Poco después de conocido el texto del comunicado militar, sus firmantes mantuvieron una nueva reunión con el presidente para inducirlo a que aceptara presentar su dimisión.

Sin embargo, Frondizi les reiteró una vez más su firme resolución de no declinar su investidura. La posición asumida por el presidente indujo a estos a difundir una manifestación conjunta de las tres fuerzas que expresaba: "Cumpliendo con el sentir de las fuerzas armadas nos dirigimos al presidente de la República solicitándole su renuncia o alejamiento del cargo que ocupa. La contestación del doctor Frondizi fue negativa. Por lo tanto se le hace responsable de la situación planteada y obraremos en consecuencia".

Ese día 28 de marzo fue mi último en la Casa Rosada. Ya prácticamente no tenía papeles ni documentos allí y me fui directamente a la Quinta. A las dos de la mañana fue dado a conocer el último comunicado del gobierno de Arturo Frondizi: "A las 0.50 de hoy, 29 de marzo, el señor presidente de la Nación, doctor Arturo Frondizi expresó que estaba irrevocablemente decidido a mantener su actitud de no renunciar, continuando, en consecuencia, en el ejercicio de su cargo".

Las Fuerzas Armadas en un comunicado del 29 de marzo de 1962, trataron de justificar la destitución del presidente Frondizi utilizando, entre otras, razones como las que transcribimos: "Las Fuerzas Armadas han tomado hoy una grave responsabilidad ante la historia...Vigilaron la marcha del proceso institucional con la mirada puesta en un solo objetivo: la plena realización de los ideales de la Revolución Libertadora. Tuvieron, por ello, que intervenir activa y enérgicamente cuando la subversión totalitaria amenazó la vida y la seguridad de los argentinos....Urgieron, pues, al Jefe de Estado a rectificar las actitudes... el gobierno enfrentaba, por una parte, el resurgimiento de fuerzas extremistas infiltradas en la democracia; por la otra, la inminente posibilidad de disturbios sociales de magnitud... Las Fuerzas Armadas al tomar la decisión de promover el alejamiento del presidente, creemos salvar a la Constitución..."

Como se podrá apreciar, a través de ese documento quedó muy en claro toda la arbitrariedad conceptual y de acción de las Fuerzas Armadas.

De todos modos, y no obstante los más de treinta conatos de golpe de Estado y las trabas que sufrió durante sus casi cuatro años de gobierno, que debía durar entonces seis años, hubo logros en orden al desarrollo económico del país, realmente extraordinarios.

El hecho final y cierto, es que a las 7.30, custodiado por el jefe de la Casa Militar, que para mayor escarnio e ironía lo custodiaba para llevarlo a prisión, partió a Martín García. Y Argentina perdía así su última oportunidad en el siglo XX para despegar y transformarse en una Nación plenamente desarrollada, socialmente justa, democrática y soberana.

Mientras, apremiado por sus correligionarios y por el ministro de la Corte Julio Oyhanarte, el senador José María Guido se adelantaba a cualquier eventual intento del general Poggi, y juraba ante la Corte Suprema el cargo de presidente, cumpliéndose de ese modo con la sucesión determinada por la Ley de Acefalía.

Con ello se intentaba maquillar el golpe de Estado con una salida seudo constitucional.

Fuente: Clarín

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18-08-2017 / 20:08
18-08-2017 / 20:08
17-08-2017 / 19:08
Oscar Alfredo Gálvez nació en Caballito el 17 de agosto de 1913. Fue Campeón en Turismo de Carretera y en Pista (en 1947 y 1948); y en TC en 1953, 1954 y 1961. Adhirio fervorosamente al peronismo.
 
Escribió parte de la historia del automovilismo argentino, junto con su hermano Juan, y el menor Roberto, aunque éste último sólo asomó a este deporte. Hijos de una familia porteña, en que el padre era mecánico, desde chicos sintieron su pasión por los fierros, lo que hizo que Oscar se sintiera "mecánico", y dejara la escuela primaria, después de intentar tres veces cursar el 4º grado.
 
Los hermanos Gálvez fabricaban sus propios autos, rígidos, duros, cuadrados, pesados, prepararon el auto para que Oscar corriera en 1937 las Mil Millas Argentinas, y Juan logró acompañarlo, modificando su documento, pues era todavía menor de edad, y el anecdotario señala que perdieron el segundo puesto por perder tiempo en cambiar la correa que ataba el capot (que se cortaba por ser un cinturón común de pantalones).
 
En 1939 participaron en el Gran Premio Getulio Vargas, en que los Gálvez rompieron el diferencial, lo ataron con alambre y continuaron, pero sobre el final volcaron, se reacomodaron y llegaron segundos, atrás de Juan Manuel Fangio.
 
En 1940 tuvieron un tremendo vuelco al caer a un precipicio, y decidieron comenzar a usar casco. Oscar -lo que son las épocas- consiguió uno de paracaidista y Juan otro de los que usan en los tanques de guerra.  Esos eran los tiempos con anécdotas pintorescas de los pioneros de esta actividad.
 
La Opinión Popular

16-08-2017 / 21:08
16-08-2017 / 21:08
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