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Por Natalio R. Botana. Historiador y politólogo
“En cada barrio se repiten las preocupaciones que relatan los vecinos en relación con el empleo. O falta trabajo, o es precario, o tienen temor a perderlo. En todos los casos, la plata no alcanza”. Margarita Stolbizer
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Sociedad e Interés General - 24-03-2017 / 07:03
24 DE MARZO DE 1976, UN DÍA PARA NO OLVIDAR JAMÁS

A 41 años del Golpe Militar Genocida que estableció el Terrorismo de Estado

A 41 años del Golpe Militar Genocida que estableció el Terrorismo de Estado
El golpe de Estado de 1976 estableció una junta militar, liderada por el teniente general Jorge Rafael Videla, el almirante Emilio Eduardo Massera y el brigadier general Orlando Ramón Agosti. Esta dictadura militar instauró el Terrorismo de Estado que produjo miles de desaparecidos: 30.000 luchadores sociales barridos por la represión, de todos los sectores políticos populares y revolucionarios. La inmensa mayoría de las víctimas fueron jóvenes, la inmensa mayoría fueron cuadros y militantes de la clase trabajadora, la inmensa mayoría fueron peronistas.
El 24 de marzo de 1976 una sublevación militar derrocó a la presidenta constitucional Isabel Perón instalando una dictadura de tipo permanente autodenominada "Proceso de Reorganización Nacional", gobernada por una Junta Militar integrada por tres militares, uno por cada fuerza. La junta designó como presidente de facto a Jorge Rafael Videla.

El gobierno militar suprimió los derechos civiles de los ciudadanos y las libertades públicas, anuló las garantías constitucionales, suspendió la actividad política, vedó los derechos de los trabajadores, intervino los sindicatos y la CGT, prohibió las huelgas, disolvió el Congreso y los partidos políticos, y destituyó la Corte Suprema de Justicia.

La dictadura impuso el terrorismo de Estado como método sistemático, un régimen de represión ilegal, violencia indiscriminada, persecuciones, tortura sistematizada y desaparición forzada de personas, en el que se violaron masivamente los derechos humanos y se produjeron, en un verdadero genocidio, decenas de miles de desaparecidos.

Para imponer un gobierno alejado de los intereses nacionales, el golpe militar fue ejecutado en contra del Pueblo y del peronismo en su conjunto, institucional, política e individualmente. Pensado en función del molde agro exportador de fines del siglo XIX que, dados los cambios internacionales, derivó en el programa financiero y desindustrializador, el modelo neoliberal.

El Terrorismo de Estado produjo miles de desaparecidos. Hubo 30.000 luchadores sociales barridos por la represión, de todos los sectores políticos populares y revolucionarios. La inmensa mayoría de las víctimas fueron jóvenes, la inmensa mayoría fueron cuadros y militantes de la clase trabajadora, la inmensa mayoría fueron peronistas. Y aprovechamos la ocasión para rendir un homenaje y recordar a nuestros compañeros secuestrados y desaparecidos.

El Proceso puso fin al "Estado de Bienestar" fundado por Juan Perón y al Proyecto Nacional y Popular concebido por el justicialismo desde la década del 40, dejando en lamentable estado la convivencia democrática, la economía, la sociedad y las instituciones, abriendo profundas grietas que recién después de casi cuatro décadas empiezan a ser curadas.

Esta dictadura, el 2 de abril de 1982, nos llevó a un conflicto bélico que nos alejó de las Malvinas, con unas fuerzas armadas preparadas para la represión a los reclamos populares, pero que no lo estaban aptas para la defensa de la soberanía nacional.

A 41 años de aquel infausto 24 de marzo, convocamos a mantener viva la memoria del Pueblo en apoyo a la continuidad de la búsqueda de memoria, verdad y justicia por los crímenes de lesa humanidad cometidos y en defensa de los Derechos Constitucionales, los Derechos Humanos y las Libertades individuales de ayer, de hoy y de siempre.

De la redacción de La Opinión Popular

Las causas del golpe, según sus autores

Desde la muerte de Juan Perón, en julio de 1974, su viuda María Estela Martínez gobernaba en un clima de violencia generado en parte por las luchas internas del peronismo, el accionar de organizaciones guerrilleras de izquierda y de bandas criminales de ultraderecha, como la Triple A.

La historia "oficial", narrada por militares y cómplices del golpe, explica sus razones en la violencia existente, lo cual habría llevado a la sociedad a "golpear la puerta de los cuarteles en busca de paz y de orden".

Sostenían que la violencia política le ganó a los guerrilleros, encabezados por Montoneros y ERP, la indiferencia de la opinión pública que simpatizaba con ellos, cuando eran noveles agrupaciones que luchaban contra la Revolución Argentina del General Juan C. Onganía.

A la par de la acción de la guerrilla, aumentó el terrorismo paraestatal de la Triple A. La suma de ambos sumergió al país en una espiral de violencia incontrolable que derivó en la dictadura.


La realidad de los hechos

Si bien es innegable el grado de violencia política existente en la sociedad tras la muerte de Perón, la "historia oficial" es parcial, de forma deliberada, porque no menciona las causas más importantes que provocaron el golpe.
Los motivos del golpe deben buscarse en el contexto internacional y en el cambio del modelo económico:

1. Desde la crisis del petróleo de 1973, los depósitos de los bancos de los países occidentales, principalmente norteamericanos, estaban repletos de divisas de las naciones exportadoras de este producto. Estos capitales debían ser prestados. El FMI "creó" la conciencia de que era bueno para un país en desarrollo como la Argentina recibir "inversiones".

En forma correlativa se "recomendó", desde los organismos de crédito internacional, la necesidad de achicar los aparatos estatales y privatizar los servicios públicos y los recursos naturales que fueron adquiridos por empresas multinacionales con el fin de librar al Estado y a los particulares de "cargas distorsivas".

En el mundo, el capital financiero, el más improductivo y salvaje de todos, asumía la conducción del capitalismo global.

2. Los EE.UU. necesitaban de forma urgente la alineación de Latinoamérica y el apoyo irrestricto de "nuevos gobiernos". La situación internacional, la derrota en Vietnam, el avance en los movimientos populares, reflejado en la victoria de Cámpora en Argentina y Allende en Chile, elecciones con triunfos populares, hizo pensar en una grave crisis política del capitalismo dependiente.

3. La amenaza de que un movimiento popular se extienda a toda Latinoamérica, con las peligrosas consecuencias que acarreaba dentro del marco de la guerra fría, impulsó al Departamento de Estado norteamericano, y a sus organismos de inteligencia, a intervenir de forma directa instalando dictaduras militares de corte derechistas y proyanquis.

El golpe del '76 fue decisivo para la inserción del país en el molde globalizador fomentado por Estados Unidos; justificado con el pretexto de la lucha mundial contra el comunismo.

Pero ni el golpe tuvo su origen en el "peligro subversivo", ni la violencia aplicada fue para "la pacificación y el orden".
La implantación del modelo neoliberal a través de un gobierno dependiente y de un régimen de terror masivo, se combinaba con la necesidad de poner fin a una experiencia social y política soberana, de pleno empleo y la existencia de una legislación laboral que no se correspondía con los intereses económicos de las empresas trasnacionales.
 

Destrucción del Modelo Popular

El primer objetivo del golpe fue demoler las bases del modelo nacional y popular del peronismo. Este modelo era una política de justicia social, distribución del ingreso y movilidad social ascendente, de trabajo, de salud y educación para todos, de vivienda digna, de crecimiento de la producción y desarrollo acelerado de la economía, de dignidad nacional, de plena auto-determinación y soberanía.

Las fuerzas económicas y sociales que impulsaron el Proyecto Nacional fueron los trabajadores, los empresarios industriales nacionales (sobre todo medianos y pequeños); con apoyo de una gran parte de los asalariados de clase media y el protagonismo preponderante del Estado.


Miseria planificada

En el nuevo programa económico neoliberal y reaccionario de Videla - Martínez de Hoz está el origen de la dictadura y de sus consecuencias, en la reconversión de la oligarquía dominante que une sus intereses con el imperialismo norteamericano y en la destrucción de gran parte del empresariado nacional a través de la apertura económica.

Como lo señalaba el compañero Rodolfo Walsh en su carta de 1977, que contiene reflexiones sobre el primer año de la dictadura y que la dirigió a la Junta Militar el día antes que estos lo asesinaran: "En la política económica de ese gobierno debe buscarse no sólo la explicación de sus crímenes sino una atrocidad mayor que castiga a millones de seres humanos con la miseria planificada".

Y continuaba: "En un año, la dictadura:

-Ha reducido el salario real de los trabajadores al 40% y disminuido su participación en el ingreso nacional del 50% al 30% del PBI,

-Se ha elevado de 6 a 18 horas la jornada de labor que necesita un obrero para pagar la canasta familiar, llevando la desocupación al doble, prometiendo aumentarla con 300.000 nuevos despidos, retrotraído las relaciones de producción a los comienzos de la era industrial.

-El consumo de alimentos ha disminuido el 40%, el de ropa más del 50%, el de medicinas ha desaparecido prácticamente en las capas populares.

-Hay zonas del Gran Buenos Aires donde la mortalidad infantil superaba el 30%, cifra que nos iguala con Rhodesia, Dahomey o las Guayanas; enfermedades como la diarrea estival, las parasitosis y hasta la rabia en que las cifras trepaban hacia marcas mundiales o las superan.

-El descenso del producto bruto era del 3%, la deuda exterior alcanza a 600 dólares por habitante, la inflación anual al 400%, un aumento del circulante que en solo una semana de diciembre llegó al 9%.

Dictada por el Fondo Monetario Internacional según una receta que se aplica indistintamente al Zaire o a Chile, a Uruguay o Indonesia, la política económica de esa Junta sólo reconocía como beneficiarios a la vieja oligarquía ganadera, la nueva oligarquía especuladora financiera y un grupo selecto de monopolios internacionales encabezados por la ITT, la Esso, las automotrices, la U.S.Steel y la Siemens".

La indiscriminada apertura económica, la destrucción del mercado interno, la desindustrialización del país y el endeudamiento público fueron las consecuencias reales de la dictadura.

El Establishment, mediante el ajuste neoliberal, sentenció a muerte al Modelo de Estado de Bienestar peronista, librando a su suerte a todo el pueblo argentino.


Devastación institucional

Una política semejante sólo pudo imponerse destruyendo a las organizaciones que defendían los intereses del pueblo y persiguiendo a todos los que lucharan por la soberanía nacional y la justicia social, prohibiendo los partidos, interviniendo sindicatos, amordazando a la prensa, a la cultura, a los disidentes e implantando el terror más salvaje que ha conocido la Argentina.

Desde el plano institucional, los jerarcas del Proceso Militar ejercieron la suma del poder público con el predominio de las Fuerzas Armadas por sobre las demás instituciones del gobierno. Así:

-Fueron depuestos la presidente, los gobernadores y los jueces.

-Fueron disueltos: el Congreso Nacional, las legislaturas provinciales y los consejos deliberantes.

-Se prohibió la actividad política estudiantil y de los partidos.

-La CGE, la CGT y los sindicatos más importantes fueron intervenidos, sus fondos eliminados; y las actividades relacionadas con las huelgas y las negociaciones colectivas laborales, declaradas ilegales.
Plan sistemático de genocidio

La dictadura había logrado desarticular las instituciones que contenían las bases del proyecto fundado por el peronismo en la década de los 40, pero estas medidas no tenían la fuerza suficiente para consolidar el nuevo modelo sino se eliminaba totalmente la oposición social al régimen.

Para ello, el golpe militar destruyó el tejido social de la argentina, desarticulando las fuerzas populares de la sociedad civil. Represión invisible hecha de nocturnidad y silencio cómplice, de miedos y de ausencias.

Los militares implementaron un plan genocida de magnitudes nunca vistas en Latinoamérica. Fue la dictadura que más se mantuvo, la que tomó las decisiones más intolerantes y crueles, de modo absoluto y arbitrario. Y fue la más perversa.

Los métodos que la dictadura puso en práctica para eliminar la oposición política tomaron por sorpresa a todos, dada su brutalidad:

- Guarniciones y regimientos devenidos en campos de concentración, en centros de detención ilegales, en los cuales jamás accedió un abogado, juez o un observador internacional.

- Centros de tortura y unidades especiales, militares y policiales, cuya función era secuestrar, interrogar, torturar y matar.

-Eran prácticas habituales de tortura la picana, la violación, el asesinato o se los "desaparecía", arrojándolos vivos, adormecidos con drogas, desde aviones en vuelo al Río de la Plata o al mar.

- Y se apropiaron también de los bebés de los disidentes, criados con identidades falsas.

- El "derecho al botín" concedido a los represores ilegales expandió el robo y la corrupción a niveles que antes no se habían conocido en el país.


Reflexiones sobre la violencia

Toda una generación nació a la política bajo la violencia antipopular y la vivió continuamente.

Los bombardeos al pueblo el 16 de junio de 1955 en Plaza de Mayo, el sangriento golpe de septiembre de 1955; las persecuciones y encarcelamientos, el castigo al movimiento del General J.J. Valle y los fusilamientos de peronistas en los basurales de José León Suárez; el secuestro y la desaparición de Vallese, el plan represivo Conintes que llenó las cárceles de peronistas, el exilio y la proscripción de Perón, los asesinatos de Mussi, Méndez, Retamal, Bello, Cabral, el Cordobazo, los fusilamientos de revolucionarios en la cárcel de Trelew, formaron la experiencia y la conciencia de muchos jóvenes de esa época.

La rebeldía a esta opresión asumió, numerosas veces, formas violentas. A muchos les pareció justo responder a la violencia "de arriba", del poder, con la violencia "de abajo", la violencia popular.

La resistencia peronista, las luchas obreras contra el Conintes, el Cordobazo, fueron momentos gloriosos en las batallas de las clases populares argentinas, que asumieron las formas que le imponían las circunstancias.

El pensamiento "pacifista", especialmente el del radicalismo, margina injustamente a mártires que lucharon por la justicia social con los medios y en las condiciones que les permitía el sistema, cuando los caminos de la democracia real estaban cerrados. Por lo menos para la mayoría peronista.

Para muchos, la lucha violenta cesó con el retorno del General Perón a la Patria, cuando el peronismo llegó al gobierno en 1973.

Muchos otros siguieron avalando el uso de la fuerza y algunos pocos la ejercieron: idolatraron la violencia y equivocaron los medios.

Esa conducta le sirvió a los represores para incluir a toda una generación que propugnaba cambios en la sociedad como "los sospechosos de ser guerrilleros".

Y actuaron como sostenía el dictador Videla: "Si es preciso en la Argentina deberán morir todas las personas que sean necesarias para lograr la seguridad del país".


No hubo errores ni excesos...

El General Ibérico Saint Jean, Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, en mayo de 1977 decía: "Primero mataremos a todos los subversivos, luego mataremos a sus colaboradores, después... a sus simpatizantes, enseguida... a aquellos que permanecen indiferentes, y finalmente mataremos a los tímidos".

No hubo "errores" ni "excesos", sino un plan asesino deliberado. Y contradictoriamente a lo que surge de la leyenda de la "guerra sucia", no fueron muchos los que actuaron en la guerrilla.

En la Argentina no hubo, ni cerca, 30.000 guerrilleros. La cantidad la inventaron quienes querían justificar 30.000 muertes. Hubo sí, 30.000 luchadores sociales desaparecidos, barridos por la represión, de todos los sectores políticos revolucionarios. La inmensa mayoría de las víctimas fueron jóvenes, la inmensa mayoría fueron cuadros y militantes de la clase trabajadora, la inmensa mayoría fueron peronistas.

Las víctimas sobrevivientes, los familiares de los caídos, las valientes "Madres de Plaza de Mayo" y los militantes de derechos humanos han mostrado su coraje y la tenaz exigencia de verdad y justicia, sin búsquedas de revanchas por mano propia.


Por un proyecto nacional y popular

De la larga lista de mártires y héroes de la causa nacional, es esa Juventud la que, a 35 años del golpe, debe ser recordada como paradigma y ejemplo.

Llena de energía, de rebeldía e inconformismo social, esta generación política, encabezada por la gloriosa JP de los 70 fue la generación del compromiso desinteresado por una sociedad mejor, más honesta, más justa.

Una generación que participó políticamente, persiguió una revolución para la Argentina, se sacrificó, militó y pavimentó con su sangre el camino para cambiar un país dependiente, sometido económica y culturalmente, evidentemente injusto en la distribución de la riqueza y el poder.


La salida del modelo neoliberal

La dictadura militar no se instaló sólo para torturar y matar gente, sino para posibilitar una transferencia masiva de riquezas hacia los núcleos más concentrados de la economía, quienes se apropiaron además de buena parte de los negocios públicos.

Los responsables externos fueron los gobiernos de los países centrales y sus mandatarios instalados en los organismos financieros internacionales, particularmente el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, instigadores de estas políticas neoliberales que durante décadas mostraron al endeudamiento y el consecuente ajuste como virtudes.

Con el retorno a la democracia, ni Raúl Alfonsín, que administró "el modelo", ni Carlos Menem, que lo profundizó, modificaron el cuadro en lo esencial.

El alfonsinismo no supo, no quiso o no pudo y cayó por la crisis que desató con la hiperinflación.

Menem se montó en la ola neoliberal aumentando la deuda hacia fuera y hacia adentro a costa del empobrecimiento de millones de argentinos. Y dentro de ese marco, como no hay política posible a favor del campo popular, De la Rúa-Álvarez precipitaron el agotamiento del plan de convertibilidad y llevaron al país a la catástrofe.

El proyecto de "miseria planificada" que Rodolfo Walsh denunciaba en 1977 fue hegemónico desde 1976 a 2001.

Las luchas populares que culminaron en el estallido popular de diciembre del 2001 marcaron un punto de inflexión.

Lo que vino después fue el inevitable default de Adolfo Rodríguez Saá y la "tarea de bombero" de Eduardo Duhalde.

Los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner, dos testigos sobrevivientes de la generación del 70, han transitado un camino en parte distinto al de sus predecesores, pero que aun requiere de cambios drásticos para consolidar una ruptura definitiva con el pasado.

Desde el 2003 a la fecha hubo buenas medidas de gobierno. Se restauró el principio de autoridad política, se ha colocado a nuestro país en un lugar más digno ante el mundo, privilegiando el alineamiento internacional con países hermanos de Latinoamérica. Se consolidó un perfil exportador y se protegió en parte la industria nacional con un dólar alto (hoy perdiendo nuevamente competitividad) que desbarata los privilegios de la parasitaria burguesía comercial importadora, la "patria financiera" y el poder concentrado de las empresas privatizadas. La estatización de los fondos de las AFJP, antes en mano de la usura financiera, o la implementación de la asignación por hijo son hechos destacables, aunque insuficientes hoy por su alcance y el rol destructivo de la inflación.

En lo que refiere a las políticas de Derechos Humanos, se han conseguido grandes avances en materia judicial, con las causas contra los genocidas y las condenas obtenidas. También en el terreno legislativo se avanzó con la derogación de las leyes de la impunidad. Se ha instituido al 24 de Marzo como el "Día Nacional de la Memoria".

Existen logros innegables desde el 2002 hasta la fecha, el gobierno de Duhalde y las gestiones del kirchnerismo realizaron cambios en los ejes políticos que trazaron el destino de los argentinos desde 1976 hasta diciembre del 2001.

Pero aún queda mucho por hacer. El combate contra la pobreza y la exclusión extrema, el desarrollo industrial y la conformación de un amplio sector exportador que incorpore valor agregado, el manejo de los estratégicos recursos naturales aun en manos de la rapiña neoliberal y la consolidación del estado como centro del desarrollo económico a través del adecuado rol de control o como empresario son cuestiones pendientes.

Pero sin dudas, la distribución de la riqueza es la gran deuda con el pueblo. Nuestra sociedad es tanto -o más desigual- de lo que fue desde el golpe al 2001. Crece la economía pero sin justicia social. La concentración de la renta en sectores económicos dominantes, de todos los rubros de la producción y servicios, ha crecido en forma peligrosa para la democracia en los últimos años.

Del mismo modo, hoy la inflación se ha convertido en un problema para buena parte de la sociedad argentina, en especial los sectores más humildes. Un verdadero federalismo, que permita el desarrollo y la autonomía de las provincias, hoy arrinconadas por una política centralista, es una demanda urgente que debe ser atendida.
Aprender de la historia

Han pasado 35 años y la imagen de aquellos días aciagos debe tener el valor de una lección histórica, para que nunca más se reitere un tiempo de odio y desprecio que costó tanto dolor, porque la memoria no es solo recordar el pasado, sino el requisito básico para construir el futuro.

Pero llevar adelante el proyecto nacional no es responsabilidad de una sola persona. Ya no se trata sólo de lo que el gobierno o el oficialismo puedan o no hacer.

Es nuestra misión, como peronistas, junto a todos los sectores nacionales y populares que luchamos por una patria justa, libre y soberana, acompañar, defender y profundizar la democracia popular y recrear, por la militancia y la memoria, el lazo entre las luchas de ayer y las que hoy emprendemos para cumplir con las demandas del pueblo.

Carlos Morales para La Opinión Popular

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A 41 años del Golpe Militar Genocida que estableció el Terrorismo de Estado
Titular del diario La Razón el día del golpe.
A 41 años del Golpe Militar Genocida que estableció el Terrorismo de Estado
Militares reprimen a las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo quienes exigían la aparición de sus familiares en Plaza de Mayo.
16-10-2017 / 19:10
El 17 de Octubre de 1945, Juan Perón fue rescatado de la cárcel por la masiva movilización de la clase trabajadora, exponiendo así la falencia del régimen oligárquico antinacional -rapaz y parasitario- y la caducidad de los viejos partidos políticos seudodemocráticos, sobrepasados por el proletariado, que de ahora en más, podía obtener reivindicaciones que ya no se pedían, se reclamaban, porque ya no se confiaba en la buena voluntad de los sectores dominantes sino en la propia fuerza de los trabajadores.
 
Ese día resurge la Argentina profunda, el subsuelo de la Patria sublevado, y reaparece para continuar escribiendo la historia de las masas populares, una secuencia que va desde las lanzas primero -con las montoneras federales del interior-, el voto después -con el radicalismo yrigoyenista- y por último los sindicatos obreros -con el peronismo-. Tres momentos en los que el Pueblo lucha para realizarse con el federalismo, la soberanía política y la democracia social.
 
Como consecuencia de la actuación revolucionaria de las masas populares el 17 de octubre de 1945, el justicialismo llega al poder y produce transformaciones en todos los ámbitos de la realidad del país. La Revolución Nacional, de Eva y Juan Perón, rompió con el modelo semicolonial dependiente, logrando la independencia económica, la justicia social y permitiendo importantes conquistas a los sectores populares. Una Nueva Argentina con el Pueblo de protagonista.

La terrible reacción gorila de la vieja Argentina oligárquica y autoritaria, en el golpe de septiembre de 1955, dan la medida de la trascendencia revolucionaria del peronismo. Cómo los movimientos nacionales antecesores: el federalismo de Rosas y el radicalismo de Yrigoyen; solo se alcanzaron conquistas transitorias y fueron derrotados por la estructura de la injusticia y la dependencia. Revolución y contrarrevolución.
 
A partir de 1955, la exclusión política del peronismo produjo un proceso de Resistencia que ampliaría su perfil. Aglutinó, representó y canalizó a todas las rebeldías y críticas contra el sistema económico, social y político, crecientemente ineficaz y en el cual era el único actor apartado. En esta lucha, el peronismo constituyó el agrupamiento de las fuerzas populares y proletarias, mientras que el régimen militar se identificaba con los intereses de la oligarquía, la burguesía entreguista y los partidos liberales.
 
Todos estos esfuerzos son partes de un mismo combate, en la que todavía no se han alcanzado triunfos definitivos. Corsi e ricorsi, la Patria aparece como un proyecto inacabado que debemos realizarlo plenamente hoy cuando el capitalismo globalizado pretende desembarazarse de las limitaciones que, a lo largo del siglo XX, le impusieran los Estados Nacionales y los movimientos sociales encabezados por la clase trabajadora, para aplicar sus políticas neoliberales de injusticia social.
 
Las medidas económicas del macrismo están inspiradas en el neoliberalismo, que fue establecido durante la Revolución Fusiladora (1955), continuadas por las armas en la dictadura de Jorge Rafael Videla (1976-1983) y por los votos en el gobierno de Carlos Menem (1989-1999). Este tipo de recetas reaccionarias, que aumentan la injusticia quitando derechos sociales y agrandan la dependencia con el fuerte endeudamiento, siempre fracasaron, provocando resistencias populares y revueltas sociales. Por eso, como integrantes del Movimiento Nacional y Popular que cambió la historia política argentina, volvemos a levantar, como en 1945, el cuestionamiento del sistema económico-social injusto y la necesidad de dar pelea para cambiarlo.
 
Escribe: Blas García

16-10-2017 / 17:10
El coronel Juan Perón estaba preso. Nada se oponía a la restauración oligárquica y al retorno a la Década Infame, interrumpida por la irrupción de la Revolución de Junio de 1943. Pero en ese momento la clase obrera se movilizó y desde ese momento se convertiría en un actor determinante del proceso político.
 
Nadie la conocía aun. Carecía de antecedentes. Venía de abajo, del subsuelo de la Patria, y su marcha fue irresistible. Si había demorado en aparecer, lo cierto es que nadie pudo desde entonces olvidarlo jamás.
 
En la madrugada del 17 de octubre de 1945 comenzó una movilización de la clase trabajadora en los barrios populares del oeste de Capital Federal así como de las zonas industriales de sus alrededores.
 
Los obreros no ingresaban a trabajar en las fábricas y talleres e iban recorriendo los establecimientos vecinos incitando a abandonarlos a quienes se encontraban en ellos para luego marchar coreando consignas en favor de Juan Perón por las calles principales hacia el centro de la Capital Federal.
 
Aquel 17 de octubre los trabajadores dejaron sus herramientas, apagaron las máquinas de sus talleres y fabricas, se subieron al tranvía o al ómnibus y se fueron a la Plaza de Mayo. Estaban dispuestos a dar la vida por Perón.
 
Un nuevo ciclo histórico se iniciaba en la Argentina.
 
Escribe Blas García

 

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16-10-2017 / 17:10
15-10-2017 / 18:10
El 16 de octubre de 1798, en Buenos Aires, Virreinato del Río de la Plata, nace Martiniano Chilavert. Fue un militar argentino de destacada participación en la guerra del Brasil y en las guerras civiles entre federales y unitarios. En su última etapa de exilio, al enterarse de la batalla de Vuelta de Obligado (en que una flota anglofrancesa ataca el territorio argentino), aunque opositor político decidido a Juan Manuel de Rosas, en abril de 1846 le ofreció sus servicios. En esto, Chilavert compartía las ideas del general José de San Martín.
 
En el conflicto que enfrentó a Rosas con Justo José de Urquiza y el esclavista Imperio del Brasil, dirigió todas las fuerzas de artillería de la Confederación en la batalla de Caseros, haciendo fuego contra el grueso de las tropas brasileñas hasta agotar la munición. Como se le terminaron las balas, mandó recoger los proyectiles del enemigo que estaban desparramados alrededor suyo y disparó con éstos. Y cuando no hubo nada más que disparar, finalmente la infantería brasileña pudo avanzar y así terminó la batalla.
 
Habiendo tenido ocasión de escapar, permaneció sin embargo fumando tranquilamente al pie del cañón hasta que lo llevaron frente a Urquiza. Allí contestó las insolentes provocaciones del entrerriano y este ordenó su fusilamiento por la espalda (castigo usualmente aplicado a los traidores), pero cuando lo llevaron al sitio de fusilamiento, el 4 de febrero de 1852, Chilavert, tras derribar a quienes lo arrastraban, exigió ser fusilado de frente y a cara descubierta. Se defendió a golpes, pero fue ultimado a bayonetazos y golpes de culata. Su cadáver permaneció insepulto varios días.
 
A los pocos días, Urquiza ordenó el fusilamiento del regimiento completo de Aquino, desde oficiales hasta el último soldado y los colgó de los árboles de Palermo.
 
La Opinión Popular

15-10-2017 / 18:10
Juan Perón había surgido a la vida política dos años antes, desde la Secretaría de Trabajo y Previsión, y había dignificado al obrero otorgando derechos vulnerados desde siempre. Unidos en el odio a Perón y defendiendo sus intereses, el frente oligárquico logra aislarlo, despojarlo de todos su cargos forzando su renuncia y recluirlo en la isla de Martín García. Parecía que una vez más en nuestra historia, los que más tenían, los que hacían las  leyes, los que vivían del trabajo ajeno, imponían su voluntad omnipotente.
 
Pero los trabajadores argentinos reaccionan y en la mañana del lunes 16 de octubre de 1945, los dirigentes de la CGT se entrevistan con presidente Edelmiro J. Farrell, al cual le trasmite su preocupación por la situación del coronel Perón, así como que algunos gremios han empezado a salir a la calle reclamando por su libertad. También le expresan la preocupación reinante en la clase trabajadora ante las versiones de los diarios acerca del nuevo gabinete que estaría integrado por hombres de la oligarquía y del conservadorismo.
 
Por su parte, la Unión Obrera Local- expresión sindical del Partido Comunista-sostiene que"desautoriza las versiones a favor de una huelga inminente lanzadas por un grupo afecto al gobierno desplazado y por elementos nazis que pretenden obstruir el camino de las elecciones libres".
 
A su vez, el Partido Socialista denuncia "la maniobra encaminada a confundir la opinión de los trabajadores y crear factores de perturbación y anarquía...tentativa de los dirigentes entregados a la dictadura implantada por el ex secretario de Trabajo y Previsión".
 
Los partidos de "izquierda" de la oligarquía, más que confundidos, no saben de donde sale esa "chusma" peroniana, como la denominan despectivamente, que nada tiene que ver con el modelo de obrero de sus libros y manuales, pulcro y atildado, con el que están acostumbrados a tratar.
 
A la tarde se conoce la decisión de la Central Obrera: por 16 votos contra 11, "la CGT, en defensa de las conquistas obtenidas y las por obtener y considerando que éstas se hallan en peligro ante la toma del poder por las fuerzas del capital y la oligarquía, declara un Paro General en todo el país por el término de 24 horas, que se hará efectivo el día jueves 18 de octubre, a partir de la cero hora".
 
Comienza así, el devenir histórico por el cual los trabajadores argentinos se introducen por primera vez y para siempre en la escena política nacional, para terminar con la semicolonia pastoril y construir una nación moderna e independiente, y lo hacen con un movimiento popular que tiene como eje al proletariado. En nuestro país nada volvería a ser igual.
 
Escribe Blas García

 

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