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Por Natalio R. Botana. Historiador y politólogo
“El modelo económico que aplica el Gobierno atrasa 40 años y hay que cambiarlo porque estamos en estanflación, se triplicó la deuda y tenemos un problema de fuga de capitales”. Aldo Pignanelli
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Nacionales - 19-03-2017 / 10:03

Ernesto Sanz: un superministro sin Ministerio

Ernesto Sanz: un superministro sin Ministerio
Muchos se preguntan acerca de cuándo Ernesto Sanz asumirá y en cuál Ministerio lo hará, por más que él lo desmienta una y otra vez. Quizá lo que hay que analizar es qué hace hoy Sanz en vez de lo que hará mañana, porque más que un asesor influyente, en los hechos, interviene en política tanto o más que cualquier ministro de Macri. Foto: Blas García para La Opinión Popular (Permitida su reproducción citando la fuente)
Cuando a Ernesto Sanz le preguntan en público acerca de cuándo asumirá un cargo nacional, responde que nunca estuvo mejor que ahora, conciliando lo personal con lo político, sin dejar ninguno de los dos de lado. Pero cuando le preguntan en privado, frunce el ceño como insinuando que sólo lo hará si no le queda más remedio.
 
Aunque en los hechos hoy está ejerciendo a pleno el poder. No hay decisión importante en que no se lo consulte, ni reunión clave a lo que no asista. Parece ser una especie de ministro de Planificación Estratégica que aparte de meterse en los temas coyunturales, se toma su tiempo para pensar la política, cosa que a veces la función impide. Se siente como el arquitecto de un nuevo sistema institucional que surgirá si a "Cambiemos" la va bien.
 
Está plenamente identificado con Mauricio Macri menos en lo ideológico ("él es liberal, yo soy socialdemócrata", les dice a todos, pero que eso los complementa no los contradice) aunque critica al PRO como un partidito chiquito que no ve más allá de la General Paz. Y se siente plenamente radical pero cree que la UCR hoy es un partido lloroso, que se queja si no le dan el poder que cree merecer pero igual se queja si se lo dan porque el gobierno es de "derecha". Entonces, en vez de cogobernar, se juntan en congresos estériles para hacer catarsis. 
 
Por eso no se quedó como presidente de la UCR, porque cree no representar a todos, ni siquiera a la mayoría dirigencial. Sanz repite a todos los que lo quieran oír que quiere construir un partido con poder, con principios pero del poder y no testimonial como es ahora.
 
Se ocupó de hacerles saber a sus correligionarios que se fue a España con Macri porque no tenía el menor interés de asistir a un Congreso partidario de quejosos y en cambio sí juntarse con los principales líderes socialdemócratas españoles, porque mientras Macri construye con la derecha del PP, él busca hacerlo con la izquierda del PSOE. Incluso se ríe de la picardía que hizo: "Dije que no iría a la recepción del rey porque no me gusta usar frac, pero eso fue una excusa para irme de tapas con mis amigos socialistas, porque nosotros tenemos que ser la pata socialdemócrata de Cambiemos".
 
Para Sanz el radicalismo debe volver a ser el gran partido que fue, pero para eso necesita más Morales y más Cornejos, gente que está ejerciendo el poder y reconstruyendo la UCR federal. Va y viene entre Macri y Cornejo, dice sentirse el correo del zar. Y en ese rol, cuando puede, le dice al pasar al gobernador mendocino -como paternal crítica- que está pensando demasiado en el Estado y poco en la sociedad.
 
Que es el único que hace política cuando lo que debería hacer es llevar la política a todos lados para que la clase dirigente local, que está flojita, pueda volver a prestigiarse.
 
Sanz cree que Macri es mucho más que el PRO y que "Cambiemos" es mucho más que sus partes, el PRO y la UCR. Piensa que entre todos han gestado una construcción misteriosa que nadie sabe muy bien qué es. Que un partido no peronista ejerza a la vez el poder en la Nación, Buenos Aires y Capital es algo poco frecuente, que si se lo maneja bien servirá para armar un nuevo sistema político institucional que vaya más allá del Estado. Él se siente el superministro de esa construcción, para lo cual una cartera lo obstaculizaría en vez de ayudarlo. Veremos si puede resistir.
 
Según Sanz, el problema de Macri es exactamente el contrario de Cornejo. El mendocino delega poco, mientras que el porteño delega demasiado. Y muy pocos de los delegados de Macri le gustan a Sanz. Cree que los Ceos no ven o menosprecian la realidad política, aunque con ellos no tiene problemas porque lo escuchan cuando les dice que hay consecuencias reales que ni el mejor organigrama puede prever. Pero todo se le complica con Durán Barba. Podría decirse que el consultor ecuatoriano es el principal rival de Ernesto Sanz en el gabinete en las sombras.
 
Según el mendocino, los Ceos entienden poco la realidad política pero él y otros los ayudan a entenderla, y todo mejora aunque sea un poco. En cambio, con Durán Barba eso es imposible porque no cree que exista la realidad política sino otra realidad por fuera de ella que es la única que importa. Allí es cuando Sanz se enoja y les repite a todos los que lo quieran oír: "El círculo rojo cuenta, la política cuenta, el periodismo cuenta, si los ignoramos no por eso nos van a dejar de joder".
 
Casi se podría decir que Sanz quisiera ser la contracara exacta de Durán Barba, el que influye para el lado contrario. Si el ecuatoriano tiene un rol sin cargo desde la asesoría, él hará lo mismo pero desde la política. En vez de apostar todo a las redes cree que la nueva política se construye partiendo de la que hay.
 
Aunque de Macri le gusta casi todo, hay algo con lo que disintió profundamente. Que una vez lo designó para que construyera un Consejo Económico Social, él se puso con todo y cuando casi lo tenía armado, Macri -aconsejado por Durán Barba- se lo desarmó. Pero cree que la culpa no es sólo del ecuatoriano, sino que a Macri los acuerdos no lo convencen mucho, porque viene de una cultura que siempre los ignoró. Por eso se propone no cejar en su intento de hacerlo acuerdista al presidente.
 
Elisa Carrió en su momento se sentía muy a gusto con Sanz, pero de a poco la relación se fue resintiendo. Lilita cree que el mendocino está políticamente muy cerca de Lorenzetti y de Angelici, dos de sus más feroces enemigos. Y cree que al abandonar la conducción de la UCR dejó que los radicales en el gobierno los designara casi todos quien para ella es el peor de todos los radicales, el "Coti" Nosiglia.
 
Por su lado, Sanz también se decepcionó con Lilita y da sus razones: "Para mí Lilita es un Alem sin partido. Quiso que la UCR fuera a ella, pero el partido no fue a ella. Y yo fui uno de los que me ocupé de que no fuera. Yo quiero una UCR fuerte porque es la única estructura sólida que tiene esta nueva construcción que es Cambiemos".
 
Pero como le gusta más sentirse arquitecto y constructor que polemista, de inmediato imagina el rol que debería tener Lilita, o los roles. La ve junto a Cristina Kirchner, a ambas en el Congreso como las dos voces más fuertes de las dos Argentinas en pugna. Cree que juntas sus voces sumarían al sistema que él sueña ayudar a construir. O también como la Procuradora General en lugar de Gils Carbó. Para Sanz con Carrió en ese cargo estaríamos en el mejor de los mundos. Y hete aquí la otra crítica que le hace a Macri por no llevarle el apunte: no haberse animado a hacerle juicio político a Gils Carbó cuando Sanz junto a Pichetto y otros más tenían el número de votos para destituir, a quien según él es la peor de todas las rémoras K, la más dañina.
 
Sobre Massa, cree que no sirve para nada en el futuro diseño institucional porque quiere ser el tercero en pugna. Sanz se imagina un país donde haya dos grandes coaliciones, no una tercera vía como propone Durán Barba. En una coalición estará el peronismo, en la otra el radicalismo, pero ambas serán infinitamente más que esos dos partidos, supone. Hasta en esto quiere Sanz aguarle el asado a Durán Barba.
 
Le agradece irónicamente al kirchnerismo que éste, por el absurdo, le haya enseñado que la cultura de la confrontación no sirve más. Que hoy hay que sumar. Por eso piensa que si el país hoy lo preside un liberal tirando más hacia la derecha, lo que hay que intentar es  ver si es posible sumar programática y políticamente las  concepciones diversas para construir juntos, en vez de quedarse en  principios abstractos.
 
Este superministro sin Ministerio al compartir su pasión política con una más intensa vida privada, se encontró, gracias a su esposa, que la practica, con los beneficios de una técnica para mejorar la vida: la Bioneuroemoción o Biodecodificación neuroemocional.
 
Ahora él también la practica y aunque no sepamos muy bien qué es, a Sanz le sirve "para administrar el ego y poner los pies en la tierra". Gracias a ella logra escaparse de su trabajo, buscar a los nietos en la guardería y llevarlos de paseo furtivo con sus tres añitos cada uno. Cosa que apenas asuma en el Ministerio que todos lo profetizan, no podrá hacer más.
 
Por Carlos Salvador La Rosa
 
Fuente: losandes.com.ar
 
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29-04-2017 / 09:04
El Presidente Mauricio Macri visitó ayer el buque rompehielos Almirante Irízar que volverá a navegar tras diez años sin hacerlo a causa de desperfectos. El mandatario recordó el incendio que provocó la salida de servicio de la nave, afirmando que: "Alguien que estaba ahí como jefe de operaciones volverá a la Antártida como comandante: Mangiaterra, quien es, como yo, hijo de ingleses". Dicho comentario cayó muy mal entre los presentes, quienes lo silbaron al unísono.
 
"Es un chiste, es hijo de italianos, como yo", se excusó Macri, tratando de explicar su "ocurrencia", antes de continuar con su discurso. La aparente broma del jefe de Estado resultó desafortunada ante los que lo escuchaban, por referirse desaprensivamente al país con el cual la Argentina estuvo en guerra en 1982 por la soberanía de las Malvinas.
 
Además, durante el breve discurso del Presidente, que duró poco más de cuatro minutos, obreros de la industria naval que trabajaron reparando el buque le gritaron en varias oportunidades: Macri, traé trabajo!", pero no recibió respuesta del mandatario.
 
Sin hacerse eco de los reclamos en su contra por la falta de políticas que favorezcan la creación de nuevas fuentes de empleo y el sostenimiento de las existentes, el jefe de Estado lamentó que el Irízar estuviera "más de una década fuera de servicio". "Pudimos demostrar nuestra aptitud de trabajo, lo que los argentinos somos capaces de hacer cuando juntos coordinamos una buena labor, como lo fue reparar este rompehielos", sostuvo Macri, sin darse por aludido respecto de las críticas recibidas.
 
Si por algo será recordado el líder del PRO, es por su desafortunado humor. En 2014, cuando aún era jefe de Gobierno porteño, Macri aseguró que "no puede haber nada más lindo que un piropo, por más que esté acompañado de una grosería" y al mismo tiempo agregó, bromeando: "Ahora piropeo menos, porque mi mujer me mata", tras lo cual le llovió una catarata de críticas.
 
En septiembre del año pasado, en un encuentro con su par de Rusia, Vladimir Putin, el Presidente quiso hacerle un chiste afirmando que la Argentina ganará el mundial a desarrollarse en aquel país durante 2018. Putin no entendió el comentario, lo miró serio y le preguntó, traductor mediante, si lo estaba cargando.
 
"Miren chicas que las estoy mirando en detalle, eh", expresó Macri como una humorada cuando manejaba un drone en el acto de presentación de las obras de ampliación de la Ruta Nacional 5, en noviembre del año pasado. Y como si todo lo dicho fuera poco, días atrás el jefe de Estado fue duramente reprobado por bromear sobre las personas de la tercera edad al decir que "los abuelos de 80 años baten récord en bajar pornografía. ¡Estaban como locos!".
 
Después, Macri y sus principales ministros se sorprenden frente al contraste entre el entusiasmo que reciben en EE.UU y las críticas y repudios en la Argentina.
 
La Opinión Popular

28-04-2017 / 09:04
28-04-2017 / 09:04
28-04-2017 / 08:04
Con la condena a Venezuela como bandera, Argentina retomó el alineamiento incondicional con EE.UU. en materia de Defensa y Seguridad. El presidente Mauricio Macri y su par yanqui, Donald Trump, coincidieron en sus críticas al mandatario venezolano, Nicolás Maduro, y acordaron "trabajar estrechamente para preservar las instituciones democráticas" en el país caribeño. El ansiado (en especial para el Gobierno argentino) encuentro encuadró a la Argentina como aliado regional del país del norte.
 
¿Qué consiguió Macri a cambio? Mientras el presidente argentino observaba a su anfitrión con una sonrisa de oreja a oreja y cierto embelesamiento en la mirada, el magnate yanqui lo llenó de elogios, le deseó lo mejor, pero no le resolvió la urgencia más importante de la relación bilateral: el freno a las importaciones de biodiesel, el principal producto que la Argentina vende a EE.UU. por cerca de 1.200 millones de dólares anuales. Práctico, Trump le propuso armar un "panel" para ver el tema. Un panel es una comisión y ya se sabe para que se arman las comisiones.
 
En el caso de los limones, Trump lo despachó con su broma sobre Corea del Norte, aunque en la delegación argentina afirmaban que en la reunión de Francisco Cabrera con Wilbur Ross se acordó levantar en los próximos días la prohibición del ingreso, aunque habría que tomarlo con pinzas hasta que se concrete la decisión. De cualquier manera el tema de los limones es más simbólico que importante en términos económicos: Se trata de un mercado potencial de u$s 50 millones, monedas comparado con lo que representa el biodiesel.
 
El lado positivo -total no cuesta plata- fue el apoyo de Trump al ingreso de Argentina a la OCDE. Cuando Macri le sacó el tema, rapidísimo, el magnate ordenó a su secretario de Estado, Rex Tiullerson, que de inmediato "apoyemos el ingreso de Argentina a la OCDE". En el fondo, Trump no cree en los organismos multilaterales a los que considera poco más que una burocracia costosa y decadente y vio en el aire la oportunidad de darle algo a Macri que no representa costo alguno. A diferencia de lo que busca instalar Cambiemos, quedó demostrado que Argentina no es un socio estratégico de EE.UU.
 
Sin muchos avances concretos que mostrar, el clima obviamente favorable a sus "reformas económicas" neoliberales dejó sumamente conforme a la comitiva argentina que mostró como hecho más trascendente que se logró "reencauzar" la relación entre ambos jefes de Estado luego de que, en la campaña electoral, la gestión Macri manifestara su apoyo a Hillary Clinton.
 
En resumen, Macri comprometió una Argentina metida de lleno como socia de los Estados Unidos en crisis globales que le quedan grandes. Nuestro país no tiene interés directo ni capacidad para ser parte en el conflicto de Corea. Tampoco en el del Mar Meridional de la China. O en la escalada entre Washington y Teherán, la guerra en Siria y el ISIS. Si no, recordemos cómo le fue a la participación de Menem en el conflicto del Medio Oriente. Pero, para Macri fue un día especial. "Maravilloso", lo describió extasiado.
 
La Opinión Popular

27-04-2017 / 10:04
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