La Opinión Popular
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El clima en Paraná
¿Hacia dónde vamos?
Por Natalio R. Botana. Historiador y politólogo
“Parece que el Presidente Mauricio Macri y su gobierno de ricos continúa la senda del gobierno anterior en lo que hace a favorecer sus negocios personales y enriquecerse a costa del Estado”. Victoria Donda
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Nacionales - 19-03-2017 / 10:03

El Paro “matero” de la CGT, válvula de escape a la tensión social

El Paro “matero” de la CGT, válvula de escape a la tensión social
El Gobierno de Macri le teme a un mayor desgaste de su autoridad y los gremialistas no quieren que eventuales desbordes pongan en jaque su liderazgo.
Tanto para el Gobierno de Macri como para la CGT, lo importante no era ponerle una fecha al paro general que venía madurando en la dirigencia sindical y la oposición política, sino las características que ambos desean que tenga esa medida de fuerza.
 
A la Casa Rosada y a la central obrera no les interesa ni les conviene que el conflicto social siga profundizándose. El Gobierno le teme a un mayor desgaste de su autoridad y los gremialistas no quieren que eventuales desbordes pongan en jaque su liderazgo.
 
Al final, quedó formalizada la fecha del 6 de abril, volviendo a una modalidad que hace mucho no se utilizaba y que en otras épocas  era llamada con ironía un paro "matero", es decir, sin movilizaciones ni actos, con los trabajadores quedándose en sus casas tomando mate. El anuncio sirvió para descomprimir en parte la tensión generada por los reclamos.
 
A medida que se endurece la oposición gremial y política, también lo hace el Gobierno y la confrontación se profundiza. Un ejemplo de esta disputa que escala en intensidad, es el conflicto docente en la provincia de Buenos Aires.
 
Esa pulseada viene recortándole a la gobernadora María Eugenia Vidal una buena parte de su imagen positiva, que la tenía al tope de la dirigencia nacional. Que eso ocurra en el distrito clave donde se van a dirimir las elecciones parlamentarias de octubre, le agrega al oficialismo  una preocupación que deberá resolver en el corto plazo.
 
Como el conflicto social está ligado de manera estrecha a la disputa política, en la Casa Rosada ahora relativizan la importancia de las elecciones de octubre.
 
Ya lo había dicho la gobernadora Vidal cuando sostuvo que "perder una elección no es el fin del mundo". Aquella frase no les gustó para nada a los aliados de Cambiemos, en especial al radicalismo, y provocó largos debates en el interior del Gobierno.
 
Una de las condiciones que Macri y sus asesores consideran favorable es que la oposición esté atomizada. El peronismo está lejos de encontrar en el corto plazo un núcleo alrededor del cual se inicie un proceso de unificación, y tampoco se hace visible el surgimiento de un liderazgo superador de las divisiones.
 
La alianza con Margarita Stolbizer limita las posibilidades de Sergio Massa de representar al peronismo, la CGT no está en condiciones de liderar al movimiento, Cristina expresa más a la izquierda que al PJ, que no se sabe si será o no candidata y si tendrá competencia en las PASO. Deberá pasar tiempo para que se pueda buscar la unidad.
 
Esa posibilidad llegaría recién después de las elecciones de octubre, con los resultados en la mano. El mismo desafío, para ese entonces, lo tendrá el Gobierno traducido en fortaleza o debilidad.

 
Válvula de escape a la tensión social
 
Tanto para el Gobierno nacional como para la CGT, lo importante no era ponerle una fecha al paro general que venía madurando en la dirigencia sindical y la oposición política, sino las características que ambos desean que tenga esa medida de fuerza.
 
En apariencia resulta paradójico, pero por razones muy similares, a la Casa Rosada y a la central obrera no les interesa ni les conviene que el conflicto social siga profundizándose.
 
El Gobierno le teme a un mayor desgaste de su autoridad y los gremialistas no quieren que eventuales desbordes pongan en jaque su liderazgo.
 
El análisis de estas circunstancias les llevó más horas de conversaciones a funcionarios y sindicalistas que la enumeración de las motivaciones de la huelga y las posibilidades de encontrar soluciones.
 
Al final, quedó formalizada la fecha del jueves 6 de abril, volviendo a una modalidad que hace mucho no se utilizaba y que en otras épocas  era llamada con ironía un paro "matero", es decir, sin movilizaciones ni actos, con los trabajadores quedándose en sus casas tomando mate.
 
A pesar de que la decisión no fue sorpresa para nadie y menos para Mauricio Macri, que días antes tuvo un anticipo y hasta una consulta sobre el tema por parte de un dirigente cegetista, el anuncio en conferencia de prensa el jueves sirvió para descomprimir en parte la tensión generada por los reclamos.
 
Podría decirse que era una necesidad de todos, en medio de un contexto de agitación extrema.
 
Es un fenómeno típicamente porteño, pero la bronca de los habitantes de la Ciudad de Buenos Aires por los piquetes y movilizaciones que hacen del tránsito un caos insoportable todos los días, tiene dos claros destinatarios.
 
Por un lado, los manifestantes cualquiera sea su identificación y, por otro, los funcionarios del gobierno local que muestran de manera exasperante su inoperancia para evitar los cortes.
 
Esta situación, que domina la superficie de lo que está ocurriendo en el país, no es gratis para nadie, y contribuye a crear estados colectivos de ánimo de los que cada actor social tarde o temprano deberá hacerse cargo.
 
 
 
Todo cuesta
 
Convencido de que el modelo de gestión y el rumbo elegido es el adecuado, el Presidente frente a sus funcionarios ya no es sólo un predicador del cambio sino un jefe más enérgico que les exige voluntad y eficiencia. A medida que se endurece la oposición gremial y política, también lo hace el Gobierno y la confrontación se profundiza.
 
Un ejemplo de esta disputa que escala en intensidad, es el conflicto docente en la provincia de Buenos Aires. Esa pulseada viene recortándole a la gobernadora María Eugenia Vidal una buena parte de su imagen positiva, que la tenía al tope de la dirigencia nacional.
 
Que eso ocurra en el distrito clave donde se van a dirimir las elecciones parlamentarias de octubre, le agrega al oficialismo  una preocupación que deberá resolver en el corto plazo.
 
Todo confluye, como siempre, en el resultado que vaya mostrando la economía en los números grandes, pero de manera fundamental en las cuentas de las familias.
 
El ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, ya ha tomado debida nota de que los plazos se han acortado, la tolerancia social también y la urgencia sobrevuela su gestión. Por eso cualquier pequeño dato favorable que aparece en las estadísticas o que transmitan los sectores de la producción, es celebrado en su despacho como un gran éxito.
 
Tanto Dujovne como otros funcionarios del área conservan un optimismo tal que les permite imaginar que luego del paro general del 6 de abril, la CGT dejará de tener razones como para continuar un plan de lucha, del que ya ha comenzado a hablarse en los sindicatos más combativos.
 
 
A futuro
 
Como el conflicto social está ligado de manera estrecha a la disputa política, en algunos despachos de la Casa Rosada ahora relativizan la importancia de las elecciones de octubre.
 
Ya lo había dicho la gobernadora Vidal cuando sostuvo que "perder una elección no es el fin del mundo". Aquella frase no les gustó para nada a los aliados de Cambiemos, en especial al radicalismo, y provocó largos debates en el interior del Gobierno. El discurso electoral del oficialismo se irá ajustando entonces en función del clima social que se observe.
 
Una de las condiciones que Macri y sus asesores consideran favorable es que la oposición esté atomizada. El peronismo está lejos de encontrar en el corto plazo un núcleo alrededor del cual se inicie un proceso de unificación, y tampoco se hace visible el surgimiento de un liderazgo superador de las divisiones.
 
Factor clave en cualquier intento de acuerdos es el rol actual y futuro de la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner. Un importante dirigente del peronismo no kirchnerista admite que en los últimos meses el panorama interno ha cambiado y no todos lo han advertido.
 
Sostiene que la alianza con Margarita Stolbizer limita las posibilidades de Sergio Massa de representar al peronismo, que la CGT no está en condiciones de liderar al movimiento, que Cristina expresa más a la izquierda que al PJ, que no se sabe si será o no candidata y si tendrá competencia en las PASO. Asegura entonces que deberá pasar un buen tiempo para que se pueda buscar la unidad.
 
Esa posibilidad llegaría recién después de las elecciones de octubre, con los resultados en la mano. El mismo desafío, para ese entonces, lo tendrá el Gobierno traducido en fortaleza o debilidad.
 
Por Carlos Sacchetto
 
Fuente: La Voz del Interior
 

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22-03-2017 / 09:03
Ya se quejaron los usuarios, ya se conocieron los reclamos de los comerciantes y ya hubo polémica política. Lo único que faltaba para confirmar que el plan "Precios Transparentes" está lejos de los objetivos buscados por el Gobierno era el dato del impacto sobre los bancos.
 
Por lo pronto, los números muestran una contundente caída en los créditos generados luego del cambio regulatorio impuesto por el BCRA. Según datos del organismo, los montos financiados por las entidades se desplomaron en febrero a niveles similares a los vigentes en igual mes de 2014: apenas alcanzaron los $17.700 millones.
 
Pero claro, en el medio hubo una muy alta inflación, de modo tal que si se consideran los aumentos de precios acumulados en estos dos años, entonces la caída de la financiación -en términos reales- es nada menos que del 60% (tomando como referencia el IPC de la Ciudad de Buenos Aires).
 
Alguien podría argumentar que ese derrape estuvo fuertemente influenciado por la recesión de los últimos doce meses, pero no es tan así. Aun si la comparación se efectúa sólo entre enero y febrero (lapso en el que el único cambio de fondo fue la regulación de las tarjetas) el descenso también ha sido alarmante: superó el 60%.
 
Para los banqueros, la luz de alerta se prende a raíz de la enorme caída en un rubro clave: la generación de intereses. Si se compara cuánto cobraron por el ingreso de fondos del mes anterior ($1.653 millones) frente a los de febrero ($663 millones), la conclusión es elocuente: dejaron de facturar casi $1.000 millones.

22-03-2017 / 09:03
22-03-2017 / 09:03
22-03-2017 / 08:03
22-03-2017 / 08:03
Al anunciar los resultados del Plan Argentina Aprende 2016, el presidente Mauricio Macri se salió del libreto intentando desprestigiar la labor de los maestros, pero terminó desnudando su verdadero pensamiento reaccionario cuando subrayó, como si fuera un mero comentarista de la realidad, "la terrible inequidad entre el que puede ir a escuela privada versus aquel que tiene que caer en la escuela pública".
 
Macri se mostró "sorprendido" por los resultados pese a que su gobierno viene filtrando hace días los resultados de los exámenes a través de los medios afines como Clarín y La Nación. El Gobierno buscaba impactar con los resultados de las pruebas y responsabilizar a los gremios de "destruir la educación pública". En vez de eso, el Presidente fue cuestionado por sus prejuicios sobre el sistema educativo público, que la mayoría de su gabinete jamás pisó.
 
La estrategia fue adelantada desde hace días: Macri buscaba presentar los resultados del Plan Aprender en medio del conflicto docente que ya lleva tres semanas, a un día de la Marcha Federal Docente y cuando le exigen que respete la ley y convoque a la paritaria nacional. Buscaba así contraponer las demandas salariales a los resultados de la evaluación. No obstante, el desliz en el discurso terminó exponiéndolo a las críticas.
 
El uso del verbo "caer" generó una polémica que se trasladó enseguida a las redes sociales, generando una oleada de críticas en Twitter, donde varios usuarios recordaron que "René Favaloro tuvo que caer en la escuela pública", mientras que otros mensajes destacaban que la frase usada por el jefe de Estado resume el "desprecio" del mandatario por la escuela pública. "Yo caí en la universidad pública. A vos se te nota que caíste en la privada, no sabés ni hablar. En cuanto a la inequidad, sos el presidente: arreglala", decía otro.
 
La posición entre educación pública y privada se ve reforzada por los datos de los años en los que Macri fue jefe de Gobierno porteño, en los que se subejecutaron las partidas destinadas a la educación pública a la par de que crecían las que iban a subsidiar la privada. Si le preocupa la educación pública, ¿por qué discontinuaron los programas de capacitación? ¿por qué los chicos se quedaron esperando una netbook que nunca les llegó? ¿por qué no distribuyen libros?...
 
Este nuevo entuerto mediático se da luego del acaecido el fin de semana, cuando en el programa de Mirtha Legrand, Macri no supo contestar cuánto era el haber mínimo de un jubilado, y aseguró que constaba de "nueve mil y pico", cuando en realidad se ubica en los $6.394, y a pesar de que se le enmendó el error en el que había caído, siguió ratificando que la mínima era de "nueve mil y pico de pesos". Horas difíciles las que vive Macri con respecto a sus palabras públicas. Sin libreto no puede ocultar su pensamiento oligárquico.
 
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