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"El 90% de los que nacen pobres, mueren pobres por inteligentes y trabajadores que sean. Y el 90% de los que nacen ricos mueren ricos, por idiotas y haraganes que sean". Joseph Stiglitz, premio Nobel de Economía
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Nacionales - 19-03-2017 / 10:03

El Paro “matero” de la CGT, válvula de escape a la tensión social

El Paro “matero” de la CGT, válvula de escape a la tensión social
El Gobierno de Macri le teme a un mayor desgaste de su autoridad y los gremialistas no quieren que eventuales desbordes pongan en jaque su liderazgo.
Tanto para el Gobierno de Macri como para la CGT, lo importante no era ponerle una fecha al paro general que venía madurando en la dirigencia sindical y la oposición política, sino las características que ambos desean que tenga esa medida de fuerza.
 
A la Casa Rosada y a la central obrera no les interesa ni les conviene que el conflicto social siga profundizándose. El Gobierno le teme a un mayor desgaste de su autoridad y los gremialistas no quieren que eventuales desbordes pongan en jaque su liderazgo.
 
Al final, quedó formalizada la fecha del 6 de abril, volviendo a una modalidad que hace mucho no se utilizaba y que en otras épocas  era llamada con ironía un paro "matero", es decir, sin movilizaciones ni actos, con los trabajadores quedándose en sus casas tomando mate. El anuncio sirvió para descomprimir en parte la tensión generada por los reclamos.
 
A medida que se endurece la oposición gremial y política, también lo hace el Gobierno y la confrontación se profundiza. Un ejemplo de esta disputa que escala en intensidad, es el conflicto docente en la provincia de Buenos Aires.
 
Esa pulseada viene recortándole a la gobernadora María Eugenia Vidal una buena parte de su imagen positiva, que la tenía al tope de la dirigencia nacional. Que eso ocurra en el distrito clave donde se van a dirimir las elecciones parlamentarias de octubre, le agrega al oficialismo  una preocupación que deberá resolver en el corto plazo.
 
Como el conflicto social está ligado de manera estrecha a la disputa política, en la Casa Rosada ahora relativizan la importancia de las elecciones de octubre.
 
Ya lo había dicho la gobernadora Vidal cuando sostuvo que "perder una elección no es el fin del mundo". Aquella frase no les gustó para nada a los aliados de Cambiemos, en especial al radicalismo, y provocó largos debates en el interior del Gobierno.
 
Una de las condiciones que Macri y sus asesores consideran favorable es que la oposición esté atomizada. El peronismo está lejos de encontrar en el corto plazo un núcleo alrededor del cual se inicie un proceso de unificación, y tampoco se hace visible el surgimiento de un liderazgo superador de las divisiones.
 
La alianza con Margarita Stolbizer limita las posibilidades de Sergio Massa de representar al peronismo, la CGT no está en condiciones de liderar al movimiento, Cristina expresa más a la izquierda que al PJ, que no se sabe si será o no candidata y si tendrá competencia en las PASO. Deberá pasar tiempo para que se pueda buscar la unidad.
 
Esa posibilidad llegaría recién después de las elecciones de octubre, con los resultados en la mano. El mismo desafío, para ese entonces, lo tendrá el Gobierno traducido en fortaleza o debilidad.

 
Válvula de escape a la tensión social
 
Tanto para el Gobierno nacional como para la CGT, lo importante no era ponerle una fecha al paro general que venía madurando en la dirigencia sindical y la oposición política, sino las características que ambos desean que tenga esa medida de fuerza.
 
En apariencia resulta paradójico, pero por razones muy similares, a la Casa Rosada y a la central obrera no les interesa ni les conviene que el conflicto social siga profundizándose.
 
El Gobierno le teme a un mayor desgaste de su autoridad y los gremialistas no quieren que eventuales desbordes pongan en jaque su liderazgo.
 
El análisis de estas circunstancias les llevó más horas de conversaciones a funcionarios y sindicalistas que la enumeración de las motivaciones de la huelga y las posibilidades de encontrar soluciones.
 
Al final, quedó formalizada la fecha del jueves 6 de abril, volviendo a una modalidad que hace mucho no se utilizaba y que en otras épocas  era llamada con ironía un paro "matero", es decir, sin movilizaciones ni actos, con los trabajadores quedándose en sus casas tomando mate.
 
A pesar de que la decisión no fue sorpresa para nadie y menos para Mauricio Macri, que días antes tuvo un anticipo y hasta una consulta sobre el tema por parte de un dirigente cegetista, el anuncio en conferencia de prensa el jueves sirvió para descomprimir en parte la tensión generada por los reclamos.
 
Podría decirse que era una necesidad de todos, en medio de un contexto de agitación extrema.
 
Es un fenómeno típicamente porteño, pero la bronca de los habitantes de la Ciudad de Buenos Aires por los piquetes y movilizaciones que hacen del tránsito un caos insoportable todos los días, tiene dos claros destinatarios.
 
Por un lado, los manifestantes cualquiera sea su identificación y, por otro, los funcionarios del gobierno local que muestran de manera exasperante su inoperancia para evitar los cortes.
 
Esta situación, que domina la superficie de lo que está ocurriendo en el país, no es gratis para nadie, y contribuye a crear estados colectivos de ánimo de los que cada actor social tarde o temprano deberá hacerse cargo.
 
 
 
Todo cuesta
 
Convencido de que el modelo de gestión y el rumbo elegido es el adecuado, el Presidente frente a sus funcionarios ya no es sólo un predicador del cambio sino un jefe más enérgico que les exige voluntad y eficiencia. A medida que se endurece la oposición gremial y política, también lo hace el Gobierno y la confrontación se profundiza.
 
Un ejemplo de esta disputa que escala en intensidad, es el conflicto docente en la provincia de Buenos Aires. Esa pulseada viene recortándole a la gobernadora María Eugenia Vidal una buena parte de su imagen positiva, que la tenía al tope de la dirigencia nacional.
 
Que eso ocurra en el distrito clave donde se van a dirimir las elecciones parlamentarias de octubre, le agrega al oficialismo  una preocupación que deberá resolver en el corto plazo.
 
Todo confluye, como siempre, en el resultado que vaya mostrando la economía en los números grandes, pero de manera fundamental en las cuentas de las familias.
 
El ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, ya ha tomado debida nota de que los plazos se han acortado, la tolerancia social también y la urgencia sobrevuela su gestión. Por eso cualquier pequeño dato favorable que aparece en las estadísticas o que transmitan los sectores de la producción, es celebrado en su despacho como un gran éxito.
 
Tanto Dujovne como otros funcionarios del área conservan un optimismo tal que les permite imaginar que luego del paro general del 6 de abril, la CGT dejará de tener razones como para continuar un plan de lucha, del que ya ha comenzado a hablarse en los sindicatos más combativos.
 
 
A futuro
 
Como el conflicto social está ligado de manera estrecha a la disputa política, en algunos despachos de la Casa Rosada ahora relativizan la importancia de las elecciones de octubre.
 
Ya lo había dicho la gobernadora Vidal cuando sostuvo que "perder una elección no es el fin del mundo". Aquella frase no les gustó para nada a los aliados de Cambiemos, en especial al radicalismo, y provocó largos debates en el interior del Gobierno. El discurso electoral del oficialismo se irá ajustando entonces en función del clima social que se observe.
 
Una de las condiciones que Macri y sus asesores consideran favorable es que la oposición esté atomizada. El peronismo está lejos de encontrar en el corto plazo un núcleo alrededor del cual se inicie un proceso de unificación, y tampoco se hace visible el surgimiento de un liderazgo superador de las divisiones.
 
Factor clave en cualquier intento de acuerdos es el rol actual y futuro de la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner. Un importante dirigente del peronismo no kirchnerista admite que en los últimos meses el panorama interno ha cambiado y no todos lo han advertido.
 
Sostiene que la alianza con Margarita Stolbizer limita las posibilidades de Sergio Massa de representar al peronismo, que la CGT no está en condiciones de liderar al movimiento, que Cristina expresa más a la izquierda que al PJ, que no se sabe si será o no candidata y si tendrá competencia en las PASO. Asegura entonces que deberá pasar un buen tiempo para que se pueda buscar la unidad.
 
Esa posibilidad llegaría recién después de las elecciones de octubre, con los resultados en la mano. El mismo desafío, para ese entonces, lo tendrá el Gobierno traducido en fortaleza o debilidad.
 
Por Carlos Sacchetto
 
Fuente: La Voz del Interior
 

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22-02-2018 / 10:02
El Gobierno de los Ricos quiso menospreciar la masiva movilización de trabajadores  calificándola y circunscribiéndola al "acto de Moyano". Así se encargaron de titular los medios de comunicación: Clarín, La Nación e Infobae, aliados y "pauta dependientes" del macrismo. Sin embargo, la presencia multitudinaria y plural la convirtió en una manifestación opositora en todos sus términos.
 
La mal llamada "marcha de Moyano" fue masiva y contundente. Una noticia pésima para el gobierno de Mauricio Macri. Una verdadera multitud participó de la concentración de trabajadores que convocaron gremios de la CGT, las dos CTA y movimientos sociales para repudiar las políticas de ajuste neoliberal y flexibilización que aplica el Gobierno de los Ricos.
 
Los organizadores calcularon 400 mil participantes. El creciente deterioro de las condiciones de vida de las amplias mayorías es uno de los motivos de fondo que habilitó el éxito de la movilización. El saqueo a los jubilados inició un proceso declinante para el Gobierno, que el olfato de Moyano terminó empujado a las calles una movilización que concentró la oposición social a Macri.
 
Los discursos tuvieron como denominador común la crítica al modelo económico neoliberal, la persecución a dirigentes sindicales y la necesidad de generar un polo opositor al gobierno conservador de derecha. Cambiemos sumó, a la falta de respuesta de la economía y al creciente descontento social, la pérdida de la calle que nunca tuvo. Y también el desprestigio a los dirigentes sindicales colaboracionistas que quedaron pintados de amarillo fosforescente.
 
No hay que ser un genio de la política para saber quien quedó mejor parado: Si Moyano golpeando sobre las consecuencias del ajuste neoliberal ante ciento de miles de personas o los burócratas sindicales a punto de subirse a un avión para pasear por Europa con el ministro de Trabajo, Jorge Triaca.
 
Además, Moyano sumó en la convocatoria a intendentes peronistas: pejotistas y massistas, movimientos sociales, partidos de izquierda, La Cámpora y un sector del movimiento sindical peronista. No es poco para un dirigente que estaba más para jubilarse que para pasar dar estas peleas y que el antiobrerismo de Macri empujó a la oposición activa.
 
El camionero logró sortear sin despeinarse la ofensiva del gobierno de los CEOs para dejarlo en soledad, porque juega un juego distinto a la política electoral, lo suyo es la discusión de poder descarnada en base a demostraciones de fuerza de acción directa. No se somete al voto ni espera validarse en la opinión pública. Se convirtió así en el líder de facto de la resistencia de base social al proyecto de Macri.
 
La Opinión Popular

21-02-2018 / 11:02
21-02-2018 / 11:02
 
En medio de la segunda jornada del paro de 48 horas en la actividad y previo a la movilización del sindicalismo opositor que compartirá con Hugo Moyano, el gremio bancario celebró un fallo judicial que dispuso restituir a entidad sindical la potestad de recaudar el denominado aporte solidario a los trabajadores no afiliados y a la par ordenó a las entidades financieras continuar pagando a su personal los ajustes por inflación determinados en la cláusula gatillo del acuerdo paritario 2017 hasta la firma de un nuevo convenio.
 
La medida cautelar en favor de la Asociación Bancaria (AB), dispuesta por el juez Julián Benito Flores, titular del Juzgado Civil y Comercial Nº 11 de Resistencia, Chaco, será apelada en las próximas horas por el Ministerio de Trabajo, que en enero último había resuelto la nulidad de la cuota solidaria del 1% del salario que el gremio cobrara a unos 45.000 trabajadores no afiliados. En tanto, desde las cámaras empresarias que agrupan a los bancos evitaron ayer anticipar una posición y solo señalaron que evaluarán con sus respectivos asesores letrados el camino a seguir frente la medida judicial.
 
El fallo tuvo lugar en momentos en que la negociación paritaria sectorial está estancada (los bancos ofrecieron una suba salarial de 9% con cláusula gatillo, que fue rechazada por el gremio, que insistió con un reclamo de aumento de 20%) y se profundiza el escenario de conflicto con la amenaza de nuevos paros tras la huelga de 48 horas que culminó ayer. 
21-02-2018 / 11:02
La marcha contra las políticas de ajuste neoliberal del gobierno de Mauricio Macri promete ser multitudinaria. El sector combativo de la CGT y las dos CTA son los convocantes. No será la primera movilización contra la alianza Cambiemos pero abre una nueva etapa político sindical de mayor confrontación contra la política económica que ahoga a trabajadores con la inflación, precariza e incrementa el desempleo.
 
El gobierno de Macri ha intentado por todos los medios desmerecer las razones de la convocatoria como una forma de reducir el caudal de participación popular. El número de gremios que decidieron no participar de la movilización fue difundido por los grandes medios ultra macristas como Clarín, La Nación e Infobae, a modo de presagio negativo de la magnitud de la marcha.
 
Sin embargo, la estrategia macrista sucia anti-Moyano comienza a generar ruido en todo el sindicalismo. En su afán por aislar al líder camionero, el macrismo incurrió en prácticas que el resto de la CGT teme se puedan trasladar al resto de las organizaciones, incluidas las "Macri friendly". El temor compartido por los "gordos", los grandes gremios de servicios e "independientes", colaboracionistas con todos los gobiernos, es que las presiones oficiales sobre el camionero se vuelvan un boomerang contra el resto del sindicalismo.
 
De todos modos y más allá de esta situación gremial, lo real es que el grado de desmoronamiento de la economía llevará no solo a partidos de la oposición, organizaciones de Derechos Humanos sino también a gente sin una afiliación definida a participar de esta concentración.
 
La marcha cuenta con el aval del Consejo Directivo de una CGT en crisis, acordada con las dos CTAs, siendo la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) uno de los principales sindicatos de esas centrales. Además participará la Corriente Federal de Trabajadores, que tiene en Sergio Palazzo de Bancarios uno de sus principales referentes.
 
La Ctera, el gremio mayoritario en docentes a nivel nacional, que en la provincia de Buenos Aires a través de Suteba está iniciando la pelea salarial contra el techo del 15% que propone María Eugenia Vidal en las paritarias, también será de la partida.
 
Los movimientos sociales ligados a la conducción espiritual del Papa Francisco también saldrán a protestar: se trata de la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP), la Corriente Clasista y Combativa (CCC) y Barrios de Pie.
 
El peronismo, que intenta superar su crisis con iniciativas de reunificación, sumará columnas desde el conurbano bonaerense: Gustavo Menéndez, que está al frente del PJ en la Provincia de Buenos Aires, convocó a participar. Un sector del PJ apuesta a que una movilización masiva contribuya a consolidar una oposición al Gobierno de Macri para el 2019. La intranquilidad del macrismo, los grandes medios oficialistas y el establishment económico es manifiesta.
 
La Opinión Popular

20-02-2018 / 18:02
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