La Opinión Popular
                  17:33  |  Martes 23 de Mayo de 2013  |  Entre Ríos
El clima en Paraná
¿Hacia dónde vamos?
Por Natalio R. Botana. Historiador y politólogo
“La idea de Macri de unir a los argentinos es un eslogan, porque la estrategia del Gobierno desde el 1º de marzo en su discurso de campaña fue dividir, ya que le resulta funcional a su proyecto político”. Matías Tombolini
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Nacionales - 19-03-2017 / 10:03

El Paro “matero” de la CGT, válvula de escape a la tensión social

El Paro “matero” de la CGT, válvula de escape a la tensión social
El Gobierno de Macri le teme a un mayor desgaste de su autoridad y los gremialistas no quieren que eventuales desbordes pongan en jaque su liderazgo.
Tanto para el Gobierno de Macri como para la CGT, lo importante no era ponerle una fecha al paro general que venía madurando en la dirigencia sindical y la oposición política, sino las características que ambos desean que tenga esa medida de fuerza.
 
A la Casa Rosada y a la central obrera no les interesa ni les conviene que el conflicto social siga profundizándose. El Gobierno le teme a un mayor desgaste de su autoridad y los gremialistas no quieren que eventuales desbordes pongan en jaque su liderazgo.
 
Al final, quedó formalizada la fecha del 6 de abril, volviendo a una modalidad que hace mucho no se utilizaba y que en otras épocas  era llamada con ironía un paro "matero", es decir, sin movilizaciones ni actos, con los trabajadores quedándose en sus casas tomando mate. El anuncio sirvió para descomprimir en parte la tensión generada por los reclamos.
 
A medida que se endurece la oposición gremial y política, también lo hace el Gobierno y la confrontación se profundiza. Un ejemplo de esta disputa que escala en intensidad, es el conflicto docente en la provincia de Buenos Aires.
 
Esa pulseada viene recortándole a la gobernadora María Eugenia Vidal una buena parte de su imagen positiva, que la tenía al tope de la dirigencia nacional. Que eso ocurra en el distrito clave donde se van a dirimir las elecciones parlamentarias de octubre, le agrega al oficialismo  una preocupación que deberá resolver en el corto plazo.
 
Como el conflicto social está ligado de manera estrecha a la disputa política, en la Casa Rosada ahora relativizan la importancia de las elecciones de octubre.
 
Ya lo había dicho la gobernadora Vidal cuando sostuvo que "perder una elección no es el fin del mundo". Aquella frase no les gustó para nada a los aliados de Cambiemos, en especial al radicalismo, y provocó largos debates en el interior del Gobierno.
 
Una de las condiciones que Macri y sus asesores consideran favorable es que la oposición esté atomizada. El peronismo está lejos de encontrar en el corto plazo un núcleo alrededor del cual se inicie un proceso de unificación, y tampoco se hace visible el surgimiento de un liderazgo superador de las divisiones.
 
La alianza con Margarita Stolbizer limita las posibilidades de Sergio Massa de representar al peronismo, la CGT no está en condiciones de liderar al movimiento, Cristina expresa más a la izquierda que al PJ, que no se sabe si será o no candidata y si tendrá competencia en las PASO. Deberá pasar tiempo para que se pueda buscar la unidad.
 
Esa posibilidad llegaría recién después de las elecciones de octubre, con los resultados en la mano. El mismo desafío, para ese entonces, lo tendrá el Gobierno traducido en fortaleza o debilidad.

 
Válvula de escape a la tensión social
 
Tanto para el Gobierno nacional como para la CGT, lo importante no era ponerle una fecha al paro general que venía madurando en la dirigencia sindical y la oposición política, sino las características que ambos desean que tenga esa medida de fuerza.
 
En apariencia resulta paradójico, pero por razones muy similares, a la Casa Rosada y a la central obrera no les interesa ni les conviene que el conflicto social siga profundizándose.
 
El Gobierno le teme a un mayor desgaste de su autoridad y los gremialistas no quieren que eventuales desbordes pongan en jaque su liderazgo.
 
El análisis de estas circunstancias les llevó más horas de conversaciones a funcionarios y sindicalistas que la enumeración de las motivaciones de la huelga y las posibilidades de encontrar soluciones.
 
Al final, quedó formalizada la fecha del jueves 6 de abril, volviendo a una modalidad que hace mucho no se utilizaba y que en otras épocas  era llamada con ironía un paro "matero", es decir, sin movilizaciones ni actos, con los trabajadores quedándose en sus casas tomando mate.
 
A pesar de que la decisión no fue sorpresa para nadie y menos para Mauricio Macri, que días antes tuvo un anticipo y hasta una consulta sobre el tema por parte de un dirigente cegetista, el anuncio en conferencia de prensa el jueves sirvió para descomprimir en parte la tensión generada por los reclamos.
 
Podría decirse que era una necesidad de todos, en medio de un contexto de agitación extrema.
 
Es un fenómeno típicamente porteño, pero la bronca de los habitantes de la Ciudad de Buenos Aires por los piquetes y movilizaciones que hacen del tránsito un caos insoportable todos los días, tiene dos claros destinatarios.
 
Por un lado, los manifestantes cualquiera sea su identificación y, por otro, los funcionarios del gobierno local que muestran de manera exasperante su inoperancia para evitar los cortes.
 
Esta situación, que domina la superficie de lo que está ocurriendo en el país, no es gratis para nadie, y contribuye a crear estados colectivos de ánimo de los que cada actor social tarde o temprano deberá hacerse cargo.
 
 
 
Todo cuesta
 
Convencido de que el modelo de gestión y el rumbo elegido es el adecuado, el Presidente frente a sus funcionarios ya no es sólo un predicador del cambio sino un jefe más enérgico que les exige voluntad y eficiencia. A medida que se endurece la oposición gremial y política, también lo hace el Gobierno y la confrontación se profundiza.
 
Un ejemplo de esta disputa que escala en intensidad, es el conflicto docente en la provincia de Buenos Aires. Esa pulseada viene recortándole a la gobernadora María Eugenia Vidal una buena parte de su imagen positiva, que la tenía al tope de la dirigencia nacional.
 
Que eso ocurra en el distrito clave donde se van a dirimir las elecciones parlamentarias de octubre, le agrega al oficialismo  una preocupación que deberá resolver en el corto plazo.
 
Todo confluye, como siempre, en el resultado que vaya mostrando la economía en los números grandes, pero de manera fundamental en las cuentas de las familias.
 
El ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, ya ha tomado debida nota de que los plazos se han acortado, la tolerancia social también y la urgencia sobrevuela su gestión. Por eso cualquier pequeño dato favorable que aparece en las estadísticas o que transmitan los sectores de la producción, es celebrado en su despacho como un gran éxito.
 
Tanto Dujovne como otros funcionarios del área conservan un optimismo tal que les permite imaginar que luego del paro general del 6 de abril, la CGT dejará de tener razones como para continuar un plan de lucha, del que ya ha comenzado a hablarse en los sindicatos más combativos.
 
 
A futuro
 
Como el conflicto social está ligado de manera estrecha a la disputa política, en algunos despachos de la Casa Rosada ahora relativizan la importancia de las elecciones de octubre.
 
Ya lo había dicho la gobernadora Vidal cuando sostuvo que "perder una elección no es el fin del mundo". Aquella frase no les gustó para nada a los aliados de Cambiemos, en especial al radicalismo, y provocó largos debates en el interior del Gobierno. El discurso electoral del oficialismo se irá ajustando entonces en función del clima social que se observe.
 
Una de las condiciones que Macri y sus asesores consideran favorable es que la oposición esté atomizada. El peronismo está lejos de encontrar en el corto plazo un núcleo alrededor del cual se inicie un proceso de unificación, y tampoco se hace visible el surgimiento de un liderazgo superador de las divisiones.
 
Factor clave en cualquier intento de acuerdos es el rol actual y futuro de la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner. Un importante dirigente del peronismo no kirchnerista admite que en los últimos meses el panorama interno ha cambiado y no todos lo han advertido.
 
Sostiene que la alianza con Margarita Stolbizer limita las posibilidades de Sergio Massa de representar al peronismo, que la CGT no está en condiciones de liderar al movimiento, que Cristina expresa más a la izquierda que al PJ, que no se sabe si será o no candidata y si tendrá competencia en las PASO. Asegura entonces que deberá pasar un buen tiempo para que se pueda buscar la unidad.
 
Esa posibilidad llegaría recién después de las elecciones de octubre, con los resultados en la mano. El mismo desafío, para ese entonces, lo tendrá el Gobierno traducido en fortaleza o debilidad.
 
Por Carlos Sacchetto
 
Fuente: La Voz del Interior
 

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22-05-2017 / 09:05
22-05-2017 / 09:05
22-05-2017 / 08:05
En otros tiempos la gravísima crisis institucional que vive Brasil hubiese servido como ha ocurrido tantas veces para disimular los desaguisados internos de una economía que persiste en demorar su arranque pese a los anuncios del gobierno de Mauricio Macri.
 
O acechanzas como los nuevos problemas en los que parecería estar metido el titular de la AFI, Gustavo Arribas. Pero esta vez el problema del socio mayor del Mercosur le llevó más tiempo que el deseado a Macri durante su gira asiática. No es para menos.
 
Todos los analistas y consultores, además de funcionarios del propio Gobierno, coinciden en afirmar que la Argentina sufrirá en carne propia un eventual desbarranque de la economía brasileña como consecuencia de la crisis institucional.
 
Que, para más datos, había comenzado a dar signos de reactivación antes de las denuncias que pesan sobre Michel Temer y tornan más que incierto su futuro presidencial.
 
La industria automotriz, y otros rubros como los autopartistas, calzado, textiles y las alimentarias, se verían perjudicadas si ese supuesto se confirma en la realidad, lo que en definitiva demoraría todavía más la tan pregonada reactivación local.
 
En el Gobierno igual sacan pecho y ratifican que la obra pública en marcha y por venir será el motor que moverá la campaña hacia las legislativas de octubre. "Hoy no hay un ciudadano que no tenga cerca suyo o en su zona una maquina trabajando", se entusiasma Rogelio Frigerio.
 
Ni la prometedora gira por Asia o los eventuales remezones locales del Lava Jato brasileño impiden que en el Gobierno se deje de mirar el costado político de la gestión, que hoy está casi exclusivamente emparentado con la campaña electoral. 

21-05-2017 / 11:05
21-05-2017 / 11:05
La crisis y la recesión económica que vive la Argentina, gracias a Mauricio Macri, han hecho que se trasluzcan problemas que evidencian las diferencias entre los que más y menos tienen. En uno de los sectores donde más se puede observar esta situación es en el consumo, ya que presenta características bien específicas sobre el poder adquisitivo y de compra de cada una de las clases sociales.
 
Mientras los sectores medios y bajos destinan gran parte de sus salarios a alimentos y bienes de primera necesidad, los sectores más pudientes invierten su capital en la compra de bienes suntuosos y de lujo. Esto ha hecho que la compra de las capas populares se haya reducido en forma considerable, a la vez que la capacidad de ahorro del grupo de mayor poder económico no se haya visto resentida.
 
En los primeros 17 meses del gobierno para los ricos de Macri, en la franja más vulnerable de la sociedad disminuyó drásticamente el consumo de productos básicos de la canasta de alimentos, como la leche, la carne o las harinas, reflejando una crisis que el Gobierno intenta ocultar bajo el tan loable lema de buscar la "pobreza cero", discurso que todavía no ha tenido ninguna clase de resultado concreto.
 
Un claro ejemplo que muestra que la "pobreza cero" todavía es una realidad muy lejana es la caída que se evidencia en la compra de aceite en los sectores más vulnerables, que presentó una retracción del 53%, lo cual se explica en el incremento registrado del 68% en la venta de grasa porcina, un producto más económico y al alcance de los más humildes a la hora de fritar y cocinar sus alimentos.
 
A su vez, datos oficiales manifiestan que el consumo de artículos de la Canasta Básica Alimentaria cayó un 56% en lo que va de 2017, lo que se traduce en que menguó un 44% la adquisición de harinas por parte de los más pobres, y en que descendió un 38% la compra de carne, un alimento muy caro y que forma parte sustancial en la dieta.
 
Esta situación puede observarse también en un elemento clave y central para el desarrollo y  crecimiento de los más chicos, como lo es la leche, cuyo consumo en los estratos más bajos mermó un 38%. Un caso similar es la venta de fideos, que retrocedió un 33% en el año.
 
Por el contrario, puede contemplarse una realidad completamente opuesta en los sectores más pudientes y concentrados del poder, que han demostrado una capacidad de consumo concentrada en la compra de distintos bienes suntuosos, como por ejemplo los autos de alta gama, cuya venta se acrecentó un 83% durante el último año.
 
Circunstancia idéntica se vive con la adquisición de motos de última tecnología, que desde el inicio del gobierno de Cambiemos creció un 72%, mientras que las ventas de los jets ski, o motos de agua, se incrementó en un 57% en los últimos meses solo en el 10% de la población, que coincide con las clases más ricas del país.

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