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Por Natalio R. Botana. Historiador y politólogo
“La idea de Macri de unir a los argentinos es un eslogan, porque la estrategia del Gobierno desde el 1º de marzo en su discurso de campaña fue dividir, ya que le resulta funcional a su proyecto político”. Matías Tombolini
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Nacionales - 19-03-2017 / 09:03
CRÓNICAS DE LA REPÚBLICA

El Gobierno de Macri y las estrategias de doble filo: ¿Y si Cristina gana en octubre?

El Gobierno de Macri y las estrategias de doble filo: ¿Y si Cristina gana en octubre?
Podrían enumerarse tres de esas estrategias en las que al Gobierno le puede salir todo bien como le puede salir todo mal. No descubren la pólvora quienes dicen que con un peronismo que ya sufre clara abstinencia de poder -algunos más que otros, como el cristinismo duro- una derrota en octubre sería directamente catastrófica.
El Gobierno de Mauricio Macri está utilizando armas de doble filo para salir del marasmo político y económico en el que está metido. Hay tres de esas estrategias en las que al Gobierno le puede salir todo bien como le puede salir todo mal.
 
Para empezar, hay quejas por la persistencia en entronizar a Cristina Fernández como el único contrincante de Macri sobre el ring. Aquel "ella o yo" que pronunció Mauricio en una reunión de mesa chica cuando despuntaba la campaña. Si Cristina es candidata en octubre lo será en la provincia de Buenos Aires, de eso nadie tiene dudas.
 
Hay una posibilidad que hoy ninguna encuesta puede descartar seriamente: que Cristina se presente y gane. Ella tiene una intención de voto muy afianzada, el núcleo duro del kirchnerismo y sus aliados de la izquierda, que ronda el 25 % de piso. Ningún otro posible candidato, ni siquiera el Frente Renovador y la eventual dupla Massa-Stolbizer, tiene esa intención de voto.
 
Y Cambiemos, en tanto, figura tercero con cualquier alquimia que se ensaye. Carrió y alguien más en la fórmula (Facundo Manes, Gladys González, Esteban Bullrich) ha sido la más monitoreada, siempre con el mismo resultado. Lilita mide muy bien en la Capital y en algún punto del interior de la provincia. Pero en el conurbano perdería por paliza.
 
En las elecciones de medio tiempo no hay un "resultado nacional", sino que importa quién gana en Buenos Aires. El ejemplo más concreto fue la derrota de Néstor Kirchner a manos de De Narváez en 2009. El FpV ganó ese día a nivel país, pero lo que resaltó fue la caída del ex presidente.
 
Peor todavía: si Cristina gana, al día siguiente de su triunfo se instala como candidata para 2019. La pregunta: ¿quién gobierna en medio de ese previsible calvario?
 
La siguiente crítica es al hecho de que, desde el mismo Gobierno, se advierta que existe un plan para desestabilizar a Macri para que se vaya antes. Pregunta que los puristas del macrismo no podrían responder, pero que se cae de madura. ¿Por qué el Gobierno le da letra a esa supuesta intentona golpista? ¿Por qué, si tiene datos concretos, no hace la denuncia a la Justicia en vez de menear la información por los medios todos los días? Siguiente interrogante, más grave: ¿Quién va a invertir en el país si el propio Gobierno anda diciendo que lo quieren voltear?
 
El Gobierno, finalmente, se queja todos los días de la ola de piquetes que se ha desatado, pero siempre termina en lo mismo: sentando a los piquetetos a la mesa de Carolina Stanley para negociar nuevos planes. Conclusión: al día siguiente hay mil piquetes nuevos o los mismos de antes, pero que ahora piden otra cosa. Eso también puede pesar en octubre y volverse un pelotazo en contra.

 
CRÓNICAS DE LA REPÚBLICA
 
El Gobierno y las estrategias de doble filo
 
Hay un dato que valdría la pena reiterar antes de avanzar en el conteo de otra semana complicada: en el Gobierno no todos se postran ante la biblia de Durán Barba, ese decálogo de estrategias, posturas y discursos que, por lo general, Mauricio Macri aprueba.
 
Y ejecutan con precisión de orfebres el séquito más poderoso de la administración que componen Peña, Quintana y Lopetegui. Al pasar, conviene recordar que el trío ya se cargó a Prat Gay, Melconian, Costantini, Regazzoni y Conte Grand, el segundo del ministro Garavano.
 
En tales disidencias se escuchan críticas, que no son nuevas, sobre esos preceptos que el ecuatoriano supone infalibles. Es en esos sectores donde por estos días cunde la presunción de que el Gobierno está utilizando armas de doble filo para salir del marasmo político y económico en el que está metido. No es distinta de la que ya han expresado periodistas, analistas y consultores.
 
Podrían enumerarse tres de esas estrategias en las que al Gobierno le puede salir todo bien como le puede salir todo mal. No descubren la pólvora quienes dicen que con un peronismo que ya sufre clara abstinencia de poder -algunos más que otros, como el cristinismo duro- una derrota en octubre sería directamente catastrófica.
 
Para empezar, y no de ahora, hay quejas por la persistencia en entronizar a Cristina Fernández como la única contrincante de Macri sobre el ring. Aquel "ella o yo" que pronunció Mauricio en una reunión de mesa chica cuando despuntaba la campaña. Si la doctora es candidata en octubre lo será en la provincia de Buenos Aires, de eso nadie tiene dudas.
 
Cultores del "antiduranbarbismo" han alertado sobre una posibilidad que hoy ninguna encuesta puede descartar seriamente: que Cristina se presente y gane. Ella tiene una intención de voto muy afianzada, el núcleo duro del kirchnerismo y sus aliados de la izquierda, que ronda el 25 % de piso. Ningún otro posible candidato, ni siquiera el Frente Renovador y la eventual dupla Massa-Stolbizer, tiene esa intención de voto.
 
Y Cambiemos, en tanto, figura tercero con cualquier alquimia que se ensaye. Carrió y alguien más en la fórmula (Facundo Manes, Gladys González, Esteban Bullrich) ha sido la más monitoreada, siempre con el mismo resultado. Ya se ha dicho que Lilita mide muy bien en la Capital y en algún punto del interior de la provincia. Pero en el conurbano perdería por paliza.
 
 
¿Y si Cristina gana en octubre?
 
Consultores dicen con razón que en las elecciones de medio tiempo no hay un "resultado nacional", sino que importa quién gana en Buenos Aires. El ejemplo más concreto fue la derrota de Néstor Kirchner a manos de De Narváez en 2009.
 
El FpV ganó ese día a nivel país, pero lo que resaltó fue la caída del expresidente. Peor todavía: si Cristina gana, al día siguiente de su triunfo se instala como candidata para 2019. La pregunta que se hacen en aquellos despachos y entre analistas: ¿quién gobierna en medio de ese previsible calvario?
 
La siguiente crítica es al hecho de que, desde el mismo Gobierno, se advierta que existe un plan para desestabilizar a Macri para que se vaya antes. Uno a uno los funcionarios han ido escalando en esa estrategia y ahora acusan directamente a la expresidenta de dirigir ese plan desde Santa Cruz.
 
Pregunta que los puristas del macrismo no podrían responder, pero que se cae de madura. ¿Por qué el Gobierno le da letra a esa supuesta intentona golpista? ¿Por qué, si tiene datos concretos, no hace la denuncia a la Justicia en vez de menear la información por los medios todos los días?
 
Siguiente interrogante, más grave: ¿Quién va a invertir en el país si el propio Gobierno anda diciendo que lo quieren voltear? Inexplicable, cuando se sabe que esas amenazas provienen de un pasado al que la sociedad no quiere volver: el cristinismo recalcitrante, La Cámpora, la runfla de impresentables que los acompaña y la izquierda siempre lista para subirse al colectivo de turno.
 
No hay prédica de confianza que valga si un Gobierno se engancha, o alimenta, el supuesto de que el peronismo lo quiere empujar a no terminar su mandato. Más cuando los inversores, actuales y futuros, piensan en el largo plazo. Es curioso que lo recite el propio Macri, en una clara contradicción de ese mal juego que están jugando.
 
El Gobierno, finalmente, se queja todos los días de la ola de piquetes que se ha desatado, pero siempre termina en lo mismo: sentando a los piquetetos a la mesa de Carolina Stanley para negociar nuevos planes o prebendas. Conclusión: al día siguiente hay mil piquetes nuevos o los mismos de antes, pero que ahora piden otra cosa.
 
Macri rechazó esta semana un pedido de Patricia Bullrich para aplicar el protocolo antipiquetes en la Panamericana y el Puente Pueyrredón. Y reclamó "nuevos métodos". No hay otra manera de poner límites o desalojar sin aplicar cierto rigor, aunque sea mínimo.
 
No hay por cierto un mensaje a la sociedad absolutamente mayoritaria que sufre este despropósito y ve cercenada su propia libertad. Eso también puede pesar en octubre y volverse un pelotazo en contra.
 
Por Eugenio Paillet
 
Fuente: La Nueva
 

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22-05-2017 / 09:05
22-05-2017 / 09:05
22-05-2017 / 08:05
En otros tiempos la gravísima crisis institucional que vive Brasil hubiese servido como ha ocurrido tantas veces para disimular los desaguisados internos de una economía que persiste en demorar su arranque pese a los anuncios del gobierno de Mauricio Macri.
 
O acechanzas como los nuevos problemas en los que parecería estar metido el titular de la AFI, Gustavo Arribas. Pero esta vez el problema del socio mayor del Mercosur le llevó más tiempo que el deseado a Macri durante su gira asiática. No es para menos.
 
Todos los analistas y consultores, además de funcionarios del propio Gobierno, coinciden en afirmar que la Argentina sufrirá en carne propia un eventual desbarranque de la economía brasileña como consecuencia de la crisis institucional.
 
Que, para más datos, había comenzado a dar signos de reactivación antes de las denuncias que pesan sobre Michel Temer y tornan más que incierto su futuro presidencial.
 
La industria automotriz, y otros rubros como los autopartistas, calzado, textiles y las alimentarias, se verían perjudicadas si ese supuesto se confirma en la realidad, lo que en definitiva demoraría todavía más la tan pregonada reactivación local.
 
En el Gobierno igual sacan pecho y ratifican que la obra pública en marcha y por venir será el motor que moverá la campaña hacia las legislativas de octubre. "Hoy no hay un ciudadano que no tenga cerca suyo o en su zona una maquina trabajando", se entusiasma Rogelio Frigerio.
 
Ni la prometedora gira por Asia o los eventuales remezones locales del Lava Jato brasileño impiden que en el Gobierno se deje de mirar el costado político de la gestión, que hoy está casi exclusivamente emparentado con la campaña electoral. 

21-05-2017 / 11:05
21-05-2017 / 11:05
La crisis y la recesión económica que vive la Argentina, gracias a Mauricio Macri, han hecho que se trasluzcan problemas que evidencian las diferencias entre los que más y menos tienen. En uno de los sectores donde más se puede observar esta situación es en el consumo, ya que presenta características bien específicas sobre el poder adquisitivo y de compra de cada una de las clases sociales.
 
Mientras los sectores medios y bajos destinan gran parte de sus salarios a alimentos y bienes de primera necesidad, los sectores más pudientes invierten su capital en la compra de bienes suntuosos y de lujo. Esto ha hecho que la compra de las capas populares se haya reducido en forma considerable, a la vez que la capacidad de ahorro del grupo de mayor poder económico no se haya visto resentida.
 
En los primeros 17 meses del gobierno para los ricos de Macri, en la franja más vulnerable de la sociedad disminuyó drásticamente el consumo de productos básicos de la canasta de alimentos, como la leche, la carne o las harinas, reflejando una crisis que el Gobierno intenta ocultar bajo el tan loable lema de buscar la "pobreza cero", discurso que todavía no ha tenido ninguna clase de resultado concreto.
 
Un claro ejemplo que muestra que la "pobreza cero" todavía es una realidad muy lejana es la caída que se evidencia en la compra de aceite en los sectores más vulnerables, que presentó una retracción del 53%, lo cual se explica en el incremento registrado del 68% en la venta de grasa porcina, un producto más económico y al alcance de los más humildes a la hora de fritar y cocinar sus alimentos.
 
A su vez, datos oficiales manifiestan que el consumo de artículos de la Canasta Básica Alimentaria cayó un 56% en lo que va de 2017, lo que se traduce en que menguó un 44% la adquisición de harinas por parte de los más pobres, y en que descendió un 38% la compra de carne, un alimento muy caro y que forma parte sustancial en la dieta.
 
Esta situación puede observarse también en un elemento clave y central para el desarrollo y  crecimiento de los más chicos, como lo es la leche, cuyo consumo en los estratos más bajos mermó un 38%. Un caso similar es la venta de fideos, que retrocedió un 33% en el año.
 
Por el contrario, puede contemplarse una realidad completamente opuesta en los sectores más pudientes y concentrados del poder, que han demostrado una capacidad de consumo concentrada en la compra de distintos bienes suntuosos, como por ejemplo los autos de alta gama, cuya venta se acrecentó un 83% durante el último año.
 
Circunstancia idéntica se vive con la adquisición de motos de última tecnología, que desde el inicio del gobierno de Cambiemos creció un 72%, mientras que las ventas de los jets ski, o motos de agua, se incrementó en un 57% en los últimos meses solo en el 10% de la población, que coincide con las clases más ricas del país.

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