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Por Natalio R. Botana. Historiador y politólogo
“Si uno solo puede ser macrista o cristinista -si así son las cosas- estamos en el fondo del pozo y ni imaginamos la salida”. Julio Bárbaro
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Internacionales - 11-03-2017 / 09:03
EFEMÉRIDES POPULARES

Accidente nuclear de Fukushima I, uno de los más graves de la historia

Accidente nuclear de Fukushima I, uno de los más graves de la historia
Accidente nuclear de Fukushima I, uno de los más graves de la historia.
El 11 de marzo de 2011 se producía un terremoto de 9 grados y tsunami en Japón, en el que murieron 15.836 personas y unas 8400 continúan desaparecidas. El terremoto ocurrió a las 14:46 hora local, y su epicentro se ubicó en el mar, frente a la costa de Honshu, 130 km al este de Sendai, y tuvo una duración de 6 minutos aproximadamente.
 
Posteriormente, un tsunami afectó la costa del Pacífico, con olas que superaban los 10 metros, que arrasó poblaciones enteras. Es el terremoto más potente sufrido en Japón hasta la fecha, así como el cuarto más potente del mundo de todos los terremotos medidos.
 
Como consecuencia de los desperfectos ocasionados por el terremoto se producen explosiones en los edificios que albergan los reactores nucleares, fallos en los sistemas de refrigeración, triple fusión del núcleo y liberación de radiación al exterior en la Central nuclear Fukushima I, constituyendo uno de los mayores desastres medioambientales de la historia reciente.
 
La Opinión Popular

El tsunami en Japón fue una catástrofe natural que no se pudo impedir, pero el accidente en la central nuclear de Fukushima 1 sí se podía y debía haber evitado. Así consta en un informe difundido por el Parlamento nipón, que atribuye el peor desastre desde Chernóbil en 1986 a «la connivencia entre el Gobierno, los reguladores y la empresa eléctrica que opera la planta, Tepco, así como a su falta de diligencia».
 
Según concluye la comisión que ha investigado el siniestro, «fue provocado por la mano del hombre porque todos ellos traicionaron el derecho de la nación a estar a salvo de los accidentes nucleares».
 
Tras entrevistar a 1.167 personas durante 900 horas desde el pasado mes de diciembre, los diez expertos nombrados por la Dieta (Parlamento japonés) creen que el motivo del desastre radicó en el falso mito de la seguridad nuclear y la falta de previsión, así como en una respuesta inadecuada que estuvo plagada de errores humanos.
 
Entre ellos destacan que Tepco hizo caso omiso a las advertencias que recomendaban aumentar las medidas de seguridad contra los tsunamis y que la Agencia de Seguridad Industrial Nuclear no le obligó a cumplirlas y no estaba preparada «para un desastre cuya escala superó los anteriores».
 
El informe, de 641 páginas, también pone en duda que el tsunami del 11 de marzo de 2011 fuera el único causante del accidente, como asegura Tepco, y no descarta que el potente terremoto anterior, de magnitud 9, dañara el reactor número 1 de Fukushima.
 
Hasta ahora, tanto la compañía eléctrica como el Gobierno venían insistiendo en que las olas de más de 20 metros golpearon la planta nuclear y destrozaron los sistemas de refrigeración eléctrica de sus reactores.
 
Como consecuencia, estos se calentaron y fundieron hasta desencadenar varias explosiones de hidrógeno que dieron lugar a gravísimas fugas radiactivas, tan peligrosas que hubo que evacuar a 80.000 personas que vivían en 20 kilómetros alrededor de la central y no podrán regresar a sus hogares durante décadas o, quizás, nunca.
 
 
Sin reactores
 
En un archipiélago con gran actividad sísmica como es Japón, dicha sospecha puede frustrar los planes del Gobierno de volver a conectar el medio centenar de reactores con que cuenta el país, que antes generaban un tercio de la electricidad.
 
En Ohi, en la industrializada región de Kansai, precisamente este jueves ha entrado en funcionamiento el primero de ellos, ya que todos estaban detenidos desde mayo por pruebas de seguridad.
 
Este es el tercer informe que ve la luz sobre Fukushima. El primero, elaborado por Tepco, descargaba de toda responsabilidad a la empresa eléctrica y culpaba sin remisión a las proporciones del tsunami, mientras que el segundo, redactado por expertos nucleares y sismólogos, alertaba también de la laxitud en los controles sobre la industria atómica.
 
Aunque dicho informe aseguraba que el entonces primer ministro, Naoto Kan, había impedido una catástrofe aún mayor al prohibirle a Tepco que evacuara a los trabajadores, como pretendía, la comisión de investigación parlamentaria sostiene que el Gobierno retrasó el plan de lucha contra las fugas radiactivas y no estableció una cadena de mando apropiada.
 
Fuente: abc.es
 

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27-03-2017 / 21:03
27-03-2017 / 20:03
La Comuna de París fue un breve movimiento insurreccional que gobernó la ciudad de París de marzo a mayo de 1871, instaurando un proyecto político popular autogestionario, que para algunos autores, se asemejó al anarquismo o al comunismo.
 
Tras la derrota y derrumbe del gobierno imperial de Napoleón III en la guerra franco-prusiana (1870-1871), París fue sometida a un sitio de más de cuatro meses (septiembre de 1870 - enero de 1871), que culminó con la entrada triunfal de los prusianos -que se retiraron de inmediato- y la proclamación imperial de Guillermo I de Alemania en el Palacio de Versalles.
 
Debido a que París no aceptaba rendirse, la nueva Asamblea Nacional y el gobierno provisional de la República, presidido por Adolphe Thiers, prefirieron instalarse en Versalles y desde ahí doblegar a la población rebelde. El vacío de poder en París provocó que la milicia ciudadana, la Guardia Nacional Francesa, se hiciera de forma efectiva con el poder a fin de asegurar la continuidad del funcionamiento de la administración de la ciudad.
 
Se beneficiaron del apoyo y de la participación activa de la población obrera descontenta, del radicalismo político muy extendido en la capital que exigía una república democrática, y de la oposición a la más que probable restauración de la monarquía borbónica.
 
La Comuna de París fue constituida el 28 de marzo de 1871. Los 92 miembros del «Consejo Comunal» incluían obreros, artesanos, pequeños comerciantes, profesionales (tales como médicos y periodistas), y un gran número de políticos.
 
La Opinión Popular
27-03-2017 / 17:03
Habiendo llegado Adolf Hitler al poder mediante elecciones, el 28 de marzo de 1933, con el proceso conocido como Gleichschaltung (coordinación), donde el Estado y la sociedad empezaron a ser apropiadas por el Partido Nazi y sus organizaciones, Alemania entró en una brutal dictadura totalitaria.
 
En su deseo de unificar el país bajo un totalitario gobierno central, Hitler primero enfiló la ley habilitante contra el federalismo alemán. Los gobiernos de los estados más grandes, Prusia y Baviera, ya habían sido usurpados, y los gobiernos de otros estados más pequeños pronto corrieron la misma suerte.
 
El 31 de marzo, Hitler promulgó una ley que disolvía todas las dietas (asambleas) regionales, y ordenaba su reconstitución bajo los resultados de las últimas elecciones nacionales. Una semana después, Hitler asentó gobernadores para cada estado, y les concedió la facultad de disolver las dietas y destituir a los jueces. De esta manera, todos los gobiernos regionales empezaron a seguir las directivas de Berlín, y Hitler acabó con la celosa autonomía que los históricos estados alemanes habían defendido desde la Guerra de los Treinta Años (1618-1648).
 
El siguiente objetivo de Hitler fueron los sindicatos, otrora poderosas organizaciones obreras que habían contrarrestado exitosamente un golpe de derecha en 1920. El 2 de mayo, todos los sindicatos fueron disueltos y "coordinados" forzosamente en un sindicato único, el Frente Alemán del Trabajo, y sus líderes fueron colocados bajo "custodia protectora", un eufemismo que implicaba la internación en campos de concentración.
 
Ni siquiera aquellos que habían estado colaborando con el régimen nazi se salvaron; solamente a los sindicatos católicos se les concedió un respiro de dos meses, luego recibieron el mismo trato. Desde entonces, los representantes sindicales fueron electos directamente por Hitler, y como los contratos firmados por estos eran legalmente vinculantes, las huelgas quedaron prohibidas de facto.
 
En este punto, los partidos políticos de oposición se encontraban tan indefensos e impotentes que se empezaron a doblegar ante la mínima presión del gobierno nazi; el 10 de mayo, se confiscaron todas las propiedades del Partido Socialdemócrata, y se cerraron sus periódicos; los socialdemócratas respondieron eligiendo una nueva directiva más tolerante al nazismo, pero tres días después, se disolvió el movimiento por considerarlo "subversivo".
 
Los líderes socialdemócratas terminaron acompañando a sus homólogos comunistas en los campos de concentración. El Partido Popular Alemán y el Partido Democrático Alemán, baluartes de la democracia alemana, se disolvieron voluntariamente a inicios de julio; de inmediato hicieron lo mismo los partidos católicos.
 
Hitler luego ordenó a las SS que mataran a los oponentes de su propio partido y a colaboradores de dudosa fidelidad durante la llamada «Noche de los cuchillos largos». A ello siguió el proceso de supresión de diversos grupos raciales, políticos, sociales y religiosos que consideraba «enemigos de Alemania» y «razas impuras», lo que los llevó a los campos de concentración en una liquidación sistemática de comunistas, judíos, testigos de Jehová, gitanos, enfermos mentales y homosexuales.
 
La Opinión Popular

27-03-2017 / 08:03
26-03-2017 / 19:03
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