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Por Natalio R. Botana. Historiador y politólogo
“Parece que el Presidente Mauricio Macri y su gobierno de ricos continúa la senda del gobierno anterior en lo que hace a favorecer sus negocios personales y enriquecerse a costa del Estado”. Victoria Donda
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Nacionales - 16-02-2017 / 10:02

La vuelta del proteccionismo: con ola importadora macrista y dólar en baja, los defensores de la industria nacional recuperan posiciones

La vuelta del proteccionismo: con ola importadora macrista y dólar en baja, los defensores de la industria nacional recuperan posiciones
El control de la inflación sigue al tope de la agenda macrista. El ministro Cabrera advirtió que estudian incrementar el nivel de competencia en el mercado interno. Gremios e industrias no tardaron en reaccionar, en un contexto en el que Trump amenaza con una "guerra comercial" a gran escala.
Para algunos, fue un error de diagnóstico. Para otros, un problema de timing. Lo cierto es que el Gobierno de Macri, que se había trazado como meta lograr una mayor apertura de la economía como una forma de eliminar una de las tantas distorsiones heredadas del kirchnerismo, ahora se enfrenta a una férrea oposición por parte de empresarios, sindicatos y hasta políticos.
 
Cuando el macrismo ideó su plan de gestión, acabar con el "cerrojo" importador fue uno de sus primeros objetivos. Y tenía fundamentos de base económica y política. Básicamente porque consideraba estas trabas como sinónimo de inflación, al tener un mercado casi cautivo, y de pérdida de competitividad, porque el 80% de los exportadores requieren de al menos un bien importado para completar sus procesos de producción.
 
Además, para el Gobierno, acabar con este "cepo comercial" era una manera de volver a reinsertar a la Argentina en el mundo. Los gestos de aprobación del entonces presidente de los EE.UU., Barack Obama, no hacían más que convencerlo de seguir este camino.
 
También, el macrismo sentía que tenía a su favor a la opinión pública. La "avalancha" de turistas que cada año viaja al exterior, aprovechando para comprar desde ropa hasta tecnología, y las interminables quejas por lo caro que está el país respecto del resto del mundo, convencieron a los funcionarios de que una mayor apertura de la economía era el camino correcto.
 
Sin embargo, en esa transición se está topando con un férreo lobby proteccionista. La novedad es que, a diferencia del clásico y algo desgastado discurso industrialista -que suele reclamar un cierre importador sin ofrecer nada a cambio ni analizar las causas de sus imposibilidades de competir-, este lobby llega con argumentos renovados.
 
La fuerte caída en el nivel de actividad, los crecientes problemas de desempleo y una inflación que en 2016 no sólo no se controló sino que se disparó al 40%, forman parte de la base argumentativa de empresarios, gremialistas y políticos que reclaman un mayor cuidado hacia la industria nacional.
 
Sin embargo, el principal condimento que impulsa esta nueva ola proteccionista se basa en el cambio de ciclo a nivel mundial. Y esto está representado por la llegada de Donald Trump al poder en los EE.UU.
 
El líder del Frente Renovador, Sergio Massa, fue de los primeros en criticar la postura del macrismo, en un contexto en el que la llegada de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos plantea un cambio de paradigma para el comercio internacional. "Nos metieron en la cabeza que la globalización era abrirnos y abrirnos, y ahora el mundo nos corrió el arco y vive un proceso de cierre", disparó Massa

 
Sin anestesia, el ex ministro de Economía, Axel Kicillof, se refirió al Gobierno macrista como "un salto olímpico a los '90". "Son mata Pymes", disparó.
 
En diálogo con iProfesional, José Ignacio de Mendiguren, presidente de la Comisión de Industria de la Cámara de Diputados agregó que "el mundo hoy está en posición vendedora, no compradora. Todos los países están tratando de no importar la crisis de otros. Por eso sobran productos en el mundo, los barcos con contenedores están flotando y buscando dónde colocar ese exceso".
 
"Por eso el Gobierno, antes de amenazar con abrir más las importaciones, debería estar enfocado en el cuidado del empleo y en fomentar el mercado local, que explica el 80% del ritmo de actividad", agregó.
 
Entre los sindicatos, el tema de las importaciones también viene prendiendo muy fuerte y es una de las causas que señalan a la hora de explicar las pérdidas de puestos de trabajo.
 
Tras la cumbre en la que la CGT decidió retirarse de la mesa de diálogo con el Ejecutivo, uno de los tres líderes de la Confederación, Juan Carlos Schmidt, arremetió contra los problemas de entendimiento entre los propios funcionarios del Gabinete frente a un tema tan sensible como el manejo del comercio exterior.
 
"Hemos dialogado con los funcionarios de la cartera de Trabajo, pero acá hay cosas que los exceden. Estamos frente a una apertura de importaciones que perjudica el trabajo de los argentinos y la producción nacional. Así, no podemos seguir", sostuvo.
 
Para hacer frente a estos reclamos, el secretario de Comercio, Miguel Braun, volvió a apelar a los argumentos que en otras oportunidades ya habían esgrimido desde el macrismo: que se trata de un regreso a la "normalidad" y que esto ayudará a bajar precios.
 
"Estamos camino a ser un país normal donde se puede comprar, exportar, e importar. Venimos de un sistema muy extraño en el que todas las importaciones las tenía que aprobar un funcionario, vamos hacia una mayor normalidad".
 
"Esto no implica una apertura indiscriminada. Va a haber más competencia, como con las computadoras, y esto es bueno para los consumidores y ayuda a que los empresarios tengan que competir", agregó el funcionario.
 
 
El "condimento extra": el dólar barato
 
Desde el arco empresario, las críticas provienen desde los sectores más afectados por el bajón en el nivel de actividad. Y apuntan contra el Gobierno porque entienden que se generó un "microclima" propicio para el crecimiento de las importaciones, comenzando por el avance del "dólar barato".
 
A medida que al Ministerio de Hacienda se le complicó el manejo de la inflación y que se consolidó el ingreso de divisas por el blanqueo, la competitividad cambiaria se fue deteriorando a pasos acelerados, más aun tras el último retroceso del billete verde, que perforó el piso de los $16.
 
"El proceso de desinflación actual, logrado sólo con ajuste monetario, únicamente es sostenible en el corto y mediano plazo y al costo de convalidar un proceso de sostenida apreciación del tipo de cambio real", advierte Gabriel Caamaño Gómez.
 
El ex secretario de Industria, Dante Sica, es de los que no duda al afirmar que la Argentina convive actualmente "con una situación de atraso cambiario".  Para graficar la situación, el experto señaló que para igualar el valor promedio del billete verde de los últimos 25 años, entonces debería cotizar a cerca de $22.
 
Durante el último gobierno kirchnerista, en los períodos que arreció el atraso cambiario, los industriales contaban con una "última compuerta": el control deliberado de las importaciones, que era manejado por el entonces secretario de Comercio, Guillermo Moreno.
 
Ahora que ambas compuertas (dólar y cerrojo) no están "activadas", los industriales aseguran que comenzaron a sentir de manera más concreta el avance de la competencia del exterior. El sector industrial siempre quedó en una posición muy incómoda cada vez que en sus reclamos incluyó el pedido de una devaluación.
 
Y en momentos en que hay consultoras como Ecolatina que alertan que este año no se recuperará el poder adquisitivo perdido en 2016, los empresarios se cuidan en no incluir el reclamo de un dólar más caro en su lista de reclamos al Gobierno.
 
Por eso, para los empresarios es más viable exigir un mayor nivel de protección, con el argumento de la pérdida de puestos de trabajo como punta de lanza.
 
 
Sectores más golpeados
 
Sin dudas, la electrónica, que había crecido con fuerza bajo el amparo del kirchnerismo, es una de las ramas de actividad más afectadas, luego de que el Gobierno anunciara la eliminación del arancel del 35% a las importaciones de computadoras.
 
Pese a los esfuerzos oficiales por intentar mostrar esta apertura como sinónimo de modernización, competitividad y menores precios, la crisis que se generó por los más de 180 despedidos en Banghó preocupa y mucho a los ministerios que conducen Triaca y Cabrera.
 
Básicamente porque la Unión Obrera Metalúrgica intercedió de lleno en el conflicto, hasta lograr que esos despidos se conviertan en suspensiones por 60 días, durante los cuales los empleados cobrarán el 70% de sus salarios. Y porque el gremio anticipó que endurecerá su postura.
 
"Vamos a mostrarle al Gobierno que nosotros no vamos a tolerar más la apertura de las importaciones como hicieron, porque por eso los trabajadores de Banghó se quedaron sin empleo", disparó Antonio Caló.
 
La UOM también está en alerta por el cese de actividades de la última fábrica de llantas del país, Mefro Wheels, que esta semana cerró sus puertas de manera definitiva, dejando en la calle a 170 empleados.
 
"La importación es indiscriminada", alertaron desde la sede Rosario del gremio. "Están aniquilando la actividad industrial", subrayaron luego.
 
Donde también se registra mucha inquietud es en el sector del calzado. Según datos del Observatorio de importaciones, creado por el gobierno de Santa Fe, el año pasado ingresaron 27,3 millones de pares.
 
Fueron casi 5 millones más que en 2015, para un sector en el que las ventas internas se desplomaron cerca del 20% y que ya sufrió la pérdida de unos 1.400 puestos de trabajo.
 
"Les estamos explicando a los funcionarios que la suba de importaciones no ayudó a bajar precios, en absoluto. Fue todo ganancia para el sector comercial", apuntó un directivo de la Cámara de la Industria del Calzado (CIC).
 
En el caso de la línea blanca, el macrismo había mantenido reuniones con las empresas del sector. Según afirmó a iProfesional un directivo de la cámara sectorial, mantuvieron diversas reuniones con funcionarios de Producción en las que le alertaron sobre la entrada de equipos, principalmente desde China.
 
En el caso puntual de las heladeras, desde esa cartera incluso habían admitido que "hubo un impacto sobre la producción argentina" por el crecimiento de la competencia que llegó del exterior. 
 
Pero afirmaron que esto se estaba corrigiendo y que al cierre de ese año las cifras de importaciones iban a ser "las que hemos tenido tradicionalmente". Sin embargo, las mismas mantuvieron su ritmo y culminaron 2016 con 130.000 unidades, un 330% por encima de 2015.
 
Off the record, fuentes cercanas a Producción aseguran que, al igual que sucedió con las computadoras -cuyos precios ya bajaron hasta 35% por la quita de aranceles- en el caso de las heladeras la competencia importada está ayudando a moderar los valores de venta al público.
 
Desde la cámara industrial muestran la otra cara: afirman que el último año el sector perdió 500 empleos y que están trabajando al 50% de su capacidad instalada, dado que están en condiciones de fabricar 1,5 millón de equipos pero en 2016 sólo produjeron 750.000.
 
En el caso del sector textil, Ariel Schale, director ejecutivo de Fundación ProTejer, advierte que las importaciones de prendas se dispararon más de un 30% el año pasado, pero así y todo, "el índice de precios al consumidor correspondiente a este rubro también creció fuertemente". 
 
"La ropa comprada en el exterior no ayuda a controlar la inflación. Sólo permite inflar los márgenes de rentabilidad de las empresas importadoras", acota.
 
Según un informe de ProTejer, sólo el 45% del precio de una prenda corresponde a la etapa de la cadena de valor. El 55% restante se va entre impuestos, gastos bancarios e inmobiliarios, entre otros ítems.
 
A estos datos, desde la entidad suman otras cifras preocupantes: la industria está trabajando al 55% de su capacidad y en 2016, a lo largo de la cadena productiva, se destruyeron 20.000 puestos de trabajo.
 
En paralelo, desde la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) adelantaron que están preparando una solicitada en la que le reclamarán al Gobierno por el decreto 1205, con el que el macrismo volvió a instaurar el régimen de importación de bienes de capital usados, un mecanismo que había sido eliminado a comienzos de 2013 por la administración kirchnerista.
 
Se trata de una medida que busca facilitar la entrada de maquinaria y equipos para así -según el macrismo- favorecer una mejora en los niveles de competitividad y productividad.
 
Sin embargo, el secretario Industrial de la CAME, Pedro Cascales, señaló a iProfesional que "hay rubros en los que existe producción nacional y estas empresas podrían verse seriamente afectados por la entrada de material usado".
 
El directivo advirtió que las ramas amenazadas son las de informática, equipamiento para el sector petrolero y embarcaciones.
 
Para Schale, de ProTejer, en el Gobierno existe "un error de diagnóstico" porque muestra una vocación más aperturista en momentos en que "la puja por los mercados de consumo va a ser feroz", lo que llevará a que fábricas de China y de otros países asiáticos "apelen al dúmping y a otras medidas de comercio desleal".
 
"A una administración que opina que la inflación se controla importando más, le diría que el mundo cambió. Ya no estamos hablando de competitividad. Es una pelea global por los puestos de trabajo", apunta Schale.  
 
Por Juan Diego Wasilevsky
 
Fuente: iprofesional.com
 

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19-02-2017 / 19:02
En una de las peores semanas para el Gobierno desde que asumió Mauricio Macri como presidente, debido al escándalo del Correo y la polémica por el retoque a la baja del aumento de las jubilaciones, Cambiemos logró dos victorias al hilo en el Congreso: la sanción de la reforma del régimen de ART y el aval al DNU que endurece la ley migratoria. La particularidad de ambos triunfos es que el macrismo los consiguió con la sorpresiva ausencia de legisladores del Frente para la Victoria.
 
El miércoles a la noche, cuando finalizaba la sesión, los bloques que lideran Sergio Massa y Diego Bossio le retiraron su apoyo a la ley de ART al enterarse que el Gobierno había modificado por resolución la fórmula de cálculo de la ley de Movilidad Jubilatoria. Ambos espacios se abstuvieron. La votación la ganó Cambiemos con 88 votos a favor, 44 abstenciones y 22 votos en contra.
 
Durante la votación, los diputados del Frente para la Victoria-PJ, la bancada más numerosa de la cámara baja, se quedaron sospechosamente de pie junto a sus poltronas, para figurar como ausentes y no votar.
 
"Si el kirchnerismo se sentaba y votaba en contra, caía la ley. Salvaron al Gobierno", afirmó Massa al día siguiente de la sesión. El tigrense, de todas maneras, iba a votar a favor del proyecto y no mandó a su tropa a votar en contra, sino a abstenerse. El kirchnerismo argumentó que si, en lugar de abstenerse, el massimo y el bloque de Bossio no daban quórum, la ley se caía.
 
Así, la ley de ART fue rechazada solamente por el Movimiento Evita (bloque Peronismo para la Victoria), Progresistas (socialismo, Libres del Sur y Margarita Stolbizer) y el Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT).

19-02-2017 / 10:02
19-02-2017 / 10:02
19-02-2017 / 09:02
La pregunta sigue siendo la misma entre analistas y observadores. A los que se suman ahora hasta aliados de Cambiemos o funcionarios del propio Gobierno que no aprueban a libro cerrado ni el sentido de la oportunidad de algunas decisiones que se han tomado, ni la chapucería aplicada para llevarlas adelante.
 
También es cierto que hay más de una respuesta para esa pregunta que a estas alturas bien podría ser la del millón. Una: cuánto daño le provocarán al Gobierno y a la coalición que encabeza Mauricio Macri tantos errores no forzados, y algunas perjudiciales muestras de insensibilidad de algunos funcionarios, en el resultado de las elecciones de octubre.
 
Tan cruciales una vez más para el destino de mediano o largo plazo, pero en especial para los tiempos que podría durar esta experiencia no peronista al mando de la administración del país.
 
Otra: si la persistencia en el error y la contramarcha que a estas alturas resulta casi patológica en un Gobierno que se ufana de tener "el mejor equipo de los últimos cincuenta años" harán que el oficialismo salga derrotado de ese paso por las urnas en apenas ocho meses, que podrían tener un previo llamado de atención en las primarias del próximo mes de agosto.
 
O si como creen los estrategas del macrismo, y algunos funcionarios que no temen pecar de soberbios o autosuficientes, la economía triunfará, la inflación será doblegada, los salarios ganarán la vieja carrera, y los errores cometidos no pasarán de ser una anécdota.
 
Un dato de la historia reciente, desde el renacimiento de la democracia para acá, va y viene en los análisis que son comunes a oficialistas y opositores cuando se dan a la tarea de orejear lo que puede ocurrir en esos comicios clave: la ciudadanía suele darse el gusto de castigar a los gobernantes que no hacen las cosas bien, aunque les sigan guardando la necesaria dosis de esperanza, cuando lo que se vota no es la gestión propiamente dicha sino bancas en el Congreso o en las legislaturas provinciales.

19-02-2017 / 09:02
El miércoles pasado en el Congreso, que es el principal ámbito donde reina la política, se tuvo la sensación de que la coalición Cambiemos había entrado en una crisis irremontable.
 
No era la oposición la que lo percibía, sino los principales dirigentes del oficialismo en Diputados, donde estuvo a punto de fracasar la votación del cambio en las Aseguradoras de Riesgos del Trabajo (ART) impulsado por el Gobierno de Macri.
 
Luego de soportar más de cuatro horas de críticas, burlas y chicanas sobre el acuerdo entre la familia presidencial y el Estado por la deuda del Correo Argentino, el interbloque que preside el radical Mario Negri se enteró de que la Anses había modificado el cálculo que se utiliza para aumentar de manera  automática las jubilaciones.
 
Hubo asombro, indignación y hasta fuertes insultos hacia miembros del Gobierno, como fue el caso de Elisa Carrió, que utilizó los más subidos de tono.
 
Emilio Monzó, Nicolás Massot, Fernando Sánchez y el propio Negri llamaban exasperados a distintos funcionarios pidiendo explicaciones y recomendando que esa modificación se anulara.
 
Uno de los que respondió fue el vicejefe de Gabinete, Mario Quintana, quien sorprendido por tanto escándalo dijo "pero si son 20 pesos de diferencia, es una pavada...".
 
Su interlocutor le habló de la sensibilidad del tema y le recordó que el Gobierno había asignado 75 mil millones de pesos para la reparación histórica a los jubilados y ahora echaba por tierra esa buena señal, justamente por esa "pavada".
 
En la Casa Rosada, hubo funcionarios que insistieron hasta la mañana siguiente con mantener el nuevo cálculo, sin advertir la gravedad del momento.
 
Fue el Presidente quien decidió dar la cara y volver atrás con la medida. El error con las jubilaciones se sumaba al conflictivo acuerdo con el Correo, y a las otras muchas equivocaciones cometidas desde que asumió a fines de 2015.
 
Esa noche, los legisladores de Cambiemos se fueron a dormir con la incertidumbre de una crisis política que traería serias consecuencias.

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