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Por Natalio R. Botana. Historiador y politólogo
“Si uno solo puede ser macrista o cristinista -si así son las cosas- estamos en el fondo del pozo y ni imaginamos la salida”. Julio Bárbaro
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Nacionales - 13-02-2017 / 07:02
CRÓNICA DE LA REPÚBLICA

El relato K en versión macrista

El relato K en versión macrista
Macri es en definitiva el padre de esa criatura. Del llamado duranbarbismo, que cree que nada de lo malo o desprolijo que haga el gobierno, aun en casos que podrían rozar hechos de corrupción, va a influir en el votante de octubre.
Hay más de una mirada en el gobierno de Mauricio Macri, que no solo abarca al oficialismo representado en Cambiemos sino hacia dentro mismo del llamado "macrismo puro", sobre los daños que pueden hacerle al plan electoral para octubre casos como la endeble y errática explicación del jefe de la AFI, Gustavo Arribas, o el problemón por el acuerdo con Franco Macri para condonarle la deuda del Correo.
 
Macri prefiere suponer que todo se trata de política. O de "teñido" de política. Y que así como desde el terreno propio se alienta y agiganta todo lo que tiene que ver con las penurias judiciales de Cristina Fernández, Oscar Parrilli y compañía, del mismo modo se busca minimizar el impacto de la viga en el ojo propio.
 
Apelan al viejo recurso K de que "todo tiene que ver con todo", que en este caso sería el interés de una fiscal que no pertenece a Justicia Legítima pero que le ha proporcionado material para las habituales cataratas de tuits de Cristina, para embadurnar de lodo el arranque de la campaña macrista hacia las elecciones.
 
Es la vigencia del "relato" del macrismo de igual modo que el tan criticado por ellos mismos "relato" kirchnerista que imperó durante doce años. Pero, podrían estar los encargados de esa gestión para acomodar los tantos como les convenga cayendo en un peligroso error: dar por cierto que con las penurias ajenas alcanza. Que con todo lo malo que le pasa a Cristina no hay forma de que la gente los mire a ellos.
 
Macri es en definitiva el padre de esa criatura. Del llamado duranbarbismo, que cree que nada de lo malo o desprolijo que haga el gobierno, aun en casos que podrían rozar hechos de corrupción, va a influir en el votante de octubre.
 
Marcos Peña es el abanderado de esa bajada de línea, de ese relato. Mario Quintana y Gustavo Lopetegui, los Ceos del gabinete, lo siguen. Creen que los casos de corrupción macrista que hoy se ventilan en los diarios "sólo le interesan a los periodistas que los escriben y no mucho más".
 
Asombra el quietismo de Lilita Carrió, que ya antes se había llamado a silencio mientras Arribas, su denunciado, no podía explicar en el Congreso si vendió un departamento o un juego de sillones. El electorado podría visualizar que aquello de "venimos a cambiar la historia" o el credo del peñismo según el cual "no somos lo mismo" puede hacer agua por algún costado.
 
No deberían olvidarlo: Cristina se hundió en las encuestas de imagen más por la monumental corrupción que se destapó desde que dejó el gobierno que por lo bien o mal que gobernó durante ocho años.

 
El relato en versión macrista
 
Hay más de una mirada en el gobierno, que para ponerlo en claro se traduciría en que no solo abarca al oficialismo representado en el sello Cambiemos sino hacia dentro mismo del llamado "macrismo puro", sobre los daños que pueden hacerle al plan electoral para octubre casos como los que ya han ocurrido, la endeble y errática explicación del jefe de la AFI, Gustavo Arribas, para citar un ejemplo, o ahora el problemón surgido por el acuerdo con Franco Macri para condonarle la deuda del Correo Argentino.
 
El presidente, para empezar, prefiere suponer que todo se trata de política. O de "teñido" de política, sería más bien el caso. Y que así como desde el terreno propio se alienta y agiganta todo lo que tiene que ver con las penurias judiciales de Cristina Fernández, Oscar Parrilli y compañía, del mismo modo se busca minimizar el impacto de la viga en el ojo propio.
 
O apelar al viejo recurso kirchnerista de que "todo tiene que ver con todo", que en este caso sería el interés de una fiscal que no pertenece a Justicia Legítima pero que le ha proporcionado material para las habituales cataratas de tuits de la doctora, para embadurnar de lodo el arranque de la campaña macrista hacia las elecciones.
 
Es decir la vigencia ahora mismo del "relato" del macrismo de igual modo que el tan criticado por ellos mismos "relato" kirchnerista que imperó durante doce años.
 
Podrían estar los comunicadores oficiales encargados de esa gestión para acomodar los tantos como les convenga cayendo en un peligroso error: dar por cierto que con las penurias ajenas alcanza. Que con todo lo malo que le pasa a la ex presidente y su tropa no hay forma de que la gente los mire a ellos.
 
Y que, por consiguiente, la aparición de las denuncias contra el acuerdo entre padre e hijo por el Correo en este mismo momento "no es casual". Lo que en ese caso debería ser tratado no como lo que parece ser, es decir una posible bicicleta financiera con ribetes de escándalo, sino como una maniobra más de las tantas que hoy hacen de la política y de los políticos dos de los estamentos menos valorados por la sociedad detrás del sindicalismo de cualquier origen o pelaje.
 
Macri hijo es en definitiva el padre de esa criatura. Del llamado duranbarbismo, que cree que nada de lo malo o desprolijo que haga el gobierno, aun en casos que podrían rozar hechos de corrupción, va a influir en el votante de octubre.
 
Que lo que va a pesar en las urnas es la economía, el crecimiento, la baja de la inflación y la recuperación del salario, entre otras consignas de manual que los comunicadores oficiales toman de la palabra presidencial y llenan con mensajes y comentarios las redes sociales.
 
Marcos Peña es el abanderado de esa bajada de línea, de ese relato. Mario Quintana y Gustavo Lopetegui, los Ceos del gabinete, lo siguen.
 
Hay una segunda mirada, que tal vez abarque a buena parte del resto del gabinete de ministros, que no es tan contemplativa. O no está tan convencida de que las verdades del consultor ecuatoriano sean palabras bíblicas.
 
O que los casos que hoy se ventilan en los diarios "sólo le interesan a los periodistas que los escriben y no mucho más", credo que se re repite como latiguillo en esos despachos.
 
No sería tan así. Se escuchan por caso críticas a la actitud de Laura Alonso, que de seguro hubiese estallado por los aires si en vez de a Macri el caso del Correo involucrara a Cristina o a su fallecido esposo, mientras que ahora relativiza todo, chicanea a Margarita Stolbizer y dice desafiante que "obviamente" va a abrir un expediente.
 
La titular de la Oficina Anticorrupción no es nueva en esto de utilizar distintas varas, lo que es comprobable apenas se acude a los archivos de los últimos años.
 
No se trata solo de esa porción del gobierno que no compra a libro cerrado el credo de Durán Barba. Los aliados radicales de Cambiemos, que siguen trinando pese a los esfuerzos de Ernesto Sanz pero por otros menesteres (cargos, salir del rol de "segundones" en la campaña", ninguneo en el Congreso), están más preocupados por el impacto que esto puede tener en la campaña.
 
"Parece algo más gordo que lo de Arribas, o lo del fallido decreto de las ART, en especial porque es el padre de Macri, y porque el cristinismo se está haciendo un festival", dice un correligionario crítico.
 
Sin mencionar a los que adscriben a la idea de que hay un "relato macrista", que se asombran por el quietismo de Lilita Carrió, que ya antes se había llamado a silencio mientras Arribas, su denunciado, no podía explicar en el Congreso si vendió un departamento o un juego de sillones.
 
Aquella mirada no tan condescendiente de una parte del gobierno y de los radicales hace hincapié en que el electorado podría visualizar que aquello de "venimos a cambiar la historia" o el credo del peñismo según el cual "no somos lo mismo" puede hacer agua por algún costado. O que decir que los candidatos en octubre son Macri y Vidal por ahí no alcance.
 
No deberían olvidarlo: Cristina Fernández se hundió en las encuestas de imagen más por la monumental corrupción que se destapó desde que dejó el gobierno que por lo bien o mal que gobernó durante ocho años.
 
Otra vez el duranbarbismo sale a calmar a los quejosos de adentro y de afuera. "La gente vota con el bolsillo, no se olviden", los despacha.
 
Por Eugenio Paillet
 
Fuente: lanueva.com
 

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26-03-2017 / 11:03
"La manifestación, que expresa demandas y a la vez afirma la identidad del grupo que las porta introduce una relación diferenciada con el tiempo de la política (...) intenta demostrar su fuerza para evitar la violencia." Del libro "La manifestación. Cuando la acción colectiva toma las calles."
 
Olivier Fillieule
Danielle Tartakowsky
 
El libro citado comienza recordando que la revista Time eligió como personaje del año 2011 "al manifestante". Es presumible que la  revista  autóctona Gente no imitará el ejemplo en 2017 porque sus criterios para los castings son diferentes.
 
De todos modos, la cita viene a cuento en este marzo vibrante, signado por cinco actos masivos en menos de veinte días, contando solo la Plaza de Mayo y sus inmediaciones.  Hubo muchas otras, entre frutazos y las conmemoraciones del 24 de marzo en todos los confines del país.
 
Las cifras son secundarias  y muy estimativas.  Millones de personas, en cualquier caso. Cada convocatoria tuvo su pliego de demandas, oradores o documentos vinculados a ellas, personalidad propia si se admite la expresión. No se recuerda una seguidilla de estas características desde la recuperación de la democracia.
 
Fuerza y no violencia, ese fue el signo que el potente aparato de propaganda oficialista intentó vanamente distorsionar. El espacio público se ocupó con respeto, una serena alegría. Los incidentes fueron mínimos, considerando la cantidad de gente congregada.
 
Los manifestantes salen en defensa propia. Es válido debatir sobre sus reclamos a condición de advertir que todos encuadran en la lógica institucional. Paritarias docentes, aumentos de salarios, cambios en la política económica, respeto a la igualdad de género, protección contra la violencia machista y siguen las firmas.
 
El gobierno del presidente Mauricio Macri ganó las elecciones y arrancó con la condigna legitimidad de origen que confiere cargos, espacios políticos... y responsabilidades. Lo que viene después, de cajón, no es apenas el "fin de la luna de miel" sino la medición popular de la legitimidad de ejercicio.
 
Con quince meses largos de gestión, el macrismo recoge día tras días los frutos de su propia siembra. Prima el descontento, extendido en el vasto espacio de las clases medias y populares.
26-03-2017 / 11:03
26-03-2017 / 10:03
El Gobierno de Mauricio Macri se encuentra empantanado entre la incapacidad para retomar la iniciativa y el desgaste que genera la durísima huelga de los maestros, mientras el kirchnerismo mostró 2 veces más -la Marcha de los Docentes y el 24/03- que tiene una mayor capacidad de movilización, organización y de encarnar el creciente odio antimacrista de una parte de la opinión pública, sobre todo, bonaerense.
 
La comunicación oficial no deja en claro cuál es el eje de la campaña que tendrá el macrismo en esta elección. ¿Hay que votar a "Cambiemos" para que no vuelva el kirchnerismo al poder o hay que votarlos porque están haciendo obras y cumpliendo promesas y anuncios realizados?
 
En realidad, hay varios grupos de votante de Cambiemos, sumando los que aportaron su voto en las PASO, la 1ra. vuelta + el balotaje: están los "PRO puros" + los aliados radicales + los seguidores de Elisa Carrió + grupos peronistas antikirchneristas + los antikirchneristas puros. Y, algunos de ellos, han comenzado a poner su duda repetir su voto. ¿Qué está haciendo el Gobierno para volver a seducirlos? Nada. Y esto es grave.
 
Quizás, quién más está haciendo para que el voto antikirchnerista vuelva a canalizarse a Cambiemos sea el propio kirchnerismo, que en las 5 grandes marchas que se organizaron en 2 semanas, aportaron las columnas más nutridas, tomaron el control de los actos y, en la de la CGT, coparon el escenario; superando a organizaciones de derechos humanos, sindicatos y partidos de izquierda. Sin duda, todo un éxito de organización, armado y obediencia de la estructura, sin contar con recursos necesarios para sostener todo lo necesario en una movilización.
 
Que el kircherismo sea hoy el colectivo social que tiene mayor capacidad de movilización del peronismo es también culpa del Gobierno. Desde el comienzo de la gestión del PRO, el plan fue polarizar con el kirchnerismo para eliminar a Sergio Massa del escenario electoral.
 
Si bien el ex intendente de Tigre viene "escapando" del desgaste que produce el choque entre el macrismo y el kirchnerismo gracias a sus viajes al exterior (ahora está en China); el efecto negativo que generó esta polarización es que no permitió que el peronismo se deskirchnerizara, tal como era de esperar luego de una derrota electoral tan contundente.
 
Hoy, no hay nadie en el peronismo que mida mejor en las encuestas que Cristina Fernández. Hoy, no hay nadie que tenga el poder de movilización que tiene La Cámpora. Hoy, no hay nadie en el peronismo que pueda articular alianzas tan amplias como el kirchnerismo. La duda resulta si todas esas ventajas se terminarán por confirmar en las urnas.
 
Los problemas pasan por las narices del Gobierno y el Gobierno no entiende por qué ocurren. Esto demuestra una desconexión con la realidad y una incapacidad notable para escuchar. La consecuencia, en política, son las derrotas electorales.

26-03-2017 / 09:03
26-03-2017 / 09:03
No se había completado la desconcentración de la multitud que protagonizó el miércoles pasado la denominada marcha federal educativa a Plaza de Mayo, cuando uno de los principales funcionarios de la Jefatura de Gabinete de la Nación manifestó lo que muchos creen en la Casa Rosada, incluido el presidente Mauricio Macri: "Estamos atravesando bien lo peor de la tempestad".
 
A esa hora, Marcos Peña seguía dándole una encendida batalla dialéctica a la oposición en la Cámara de Diputados, con su primer informe de gestión del año.
 
Para el Gobierno, esa tempestad desatada por la protesta social comenzará a amainar tras el paro general convocado por la CGT para el 6 de abril. Hasta entonces, las calles de Buenos Aires y otras ciudades del país se saturarán de gritos, quejas y banderas agitadas.
 
También de piquetes y cortes, que seguirán por ahora sin recibir sanciones efectivas porque los estrategas del oficialismo quieren evitar episodios de violencia. Sospechan que los sectores más duros de la oposición están esperando victimizarse ante cualquier atisbo de represión.
 
Informes de Inteligencia que circulan en los despachos del Gobierno aseguran que los grupos más extremos buscan que se produzca una muerte, para convertirla en símbolo de la lucha.
 
La historia tiene abundantes episodios de esas características que sirvieron para realimentar espirales de violencia. Macri reiteró su reclamo de una mayor firmeza para evitar el bloqueo de las vías de circulación, pero con la especial recomendación de evitar enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas de seguridad.
 
Las masivas concentraciones del viernes, para recordar el 24 de marzo de 1976, día en que las Fuerzas Armadas se apoderaron del Estado para instaurar la última y brutal dictadura militar, también formaron parte de la tempestad que atraviesa el Gobierno.
 
Fueron claras y contundentes expresiones opositoras, ganadas por consignas partidarias como el "Vamos a volver" del kirchnerismo o las clásicas exigencias revolucionarias de la izquierda.

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