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Lo dijo el doctor René Favaloro hace 20 años: “Con el aborto legal no habrá más ni menos abortos, habrá menos madres muertas. El resto es educar, no legislar”.
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Nacionales - 13-02-2017 / 07:02
CRÓNICA DE LA REPÚBLICA

El relato K en versión macrista

El relato K en versión macrista
Macri es en definitiva el padre de esa criatura. Del llamado duranbarbismo, que cree que nada de lo malo o desprolijo que haga el gobierno, aun en casos que podrían rozar hechos de corrupción, va a influir en el votante de octubre.
Hay más de una mirada en el gobierno de Mauricio Macri, que no solo abarca al oficialismo representado en Cambiemos sino hacia dentro mismo del llamado "macrismo puro", sobre los daños que pueden hacerle al plan electoral para octubre casos como la endeble y errática explicación del jefe de la AFI, Gustavo Arribas, o el problemón por el acuerdo con Franco Macri para condonarle la deuda del Correo.
 
Macri prefiere suponer que todo se trata de política. O de "teñido" de política. Y que así como desde el terreno propio se alienta y agiganta todo lo que tiene que ver con las penurias judiciales de Cristina Fernández, Oscar Parrilli y compañía, del mismo modo se busca minimizar el impacto de la viga en el ojo propio.
 
Apelan al viejo recurso K de que "todo tiene que ver con todo", que en este caso sería el interés de una fiscal que no pertenece a Justicia Legítima pero que le ha proporcionado material para las habituales cataratas de tuits de Cristina, para embadurnar de lodo el arranque de la campaña macrista hacia las elecciones.
 
Es la vigencia del "relato" del macrismo de igual modo que el tan criticado por ellos mismos "relato" kirchnerista que imperó durante doce años. Pero, podrían estar los encargados de esa gestión para acomodar los tantos como les convenga cayendo en un peligroso error: dar por cierto que con las penurias ajenas alcanza. Que con todo lo malo que le pasa a Cristina no hay forma de que la gente los mire a ellos.
 
Macri es en definitiva el padre de esa criatura. Del llamado duranbarbismo, que cree que nada de lo malo o desprolijo que haga el gobierno, aun en casos que podrían rozar hechos de corrupción, va a influir en el votante de octubre.
 
Marcos Peña es el abanderado de esa bajada de línea, de ese relato. Mario Quintana y Gustavo Lopetegui, los Ceos del gabinete, lo siguen. Creen que los casos de corrupción macrista que hoy se ventilan en los diarios "sólo le interesan a los periodistas que los escriben y no mucho más".
 
Asombra el quietismo de Lilita Carrió, que ya antes se había llamado a silencio mientras Arribas, su denunciado, no podía explicar en el Congreso si vendió un departamento o un juego de sillones. El electorado podría visualizar que aquello de "venimos a cambiar la historia" o el credo del peñismo según el cual "no somos lo mismo" puede hacer agua por algún costado.
 
No deberían olvidarlo: Cristina se hundió en las encuestas de imagen más por la monumental corrupción que se destapó desde que dejó el gobierno que por lo bien o mal que gobernó durante ocho años.

 
El relato en versión macrista
 
Hay más de una mirada en el gobierno, que para ponerlo en claro se traduciría en que no solo abarca al oficialismo representado en el sello Cambiemos sino hacia dentro mismo del llamado "macrismo puro", sobre los daños que pueden hacerle al plan electoral para octubre casos como los que ya han ocurrido, la endeble y errática explicación del jefe de la AFI, Gustavo Arribas, para citar un ejemplo, o ahora el problemón surgido por el acuerdo con Franco Macri para condonarle la deuda del Correo Argentino.
 
El presidente, para empezar, prefiere suponer que todo se trata de política. O de "teñido" de política, sería más bien el caso. Y que así como desde el terreno propio se alienta y agiganta todo lo que tiene que ver con las penurias judiciales de Cristina Fernández, Oscar Parrilli y compañía, del mismo modo se busca minimizar el impacto de la viga en el ojo propio.
 
O apelar al viejo recurso kirchnerista de que "todo tiene que ver con todo", que en este caso sería el interés de una fiscal que no pertenece a Justicia Legítima pero que le ha proporcionado material para las habituales cataratas de tuits de la doctora, para embadurnar de lodo el arranque de la campaña macrista hacia las elecciones.
 
Es decir la vigencia ahora mismo del "relato" del macrismo de igual modo que el tan criticado por ellos mismos "relato" kirchnerista que imperó durante doce años.
 
Podrían estar los comunicadores oficiales encargados de esa gestión para acomodar los tantos como les convenga cayendo en un peligroso error: dar por cierto que con las penurias ajenas alcanza. Que con todo lo malo que le pasa a la ex presidente y su tropa no hay forma de que la gente los mire a ellos.
 
Y que, por consiguiente, la aparición de las denuncias contra el acuerdo entre padre e hijo por el Correo en este mismo momento "no es casual". Lo que en ese caso debería ser tratado no como lo que parece ser, es decir una posible bicicleta financiera con ribetes de escándalo, sino como una maniobra más de las tantas que hoy hacen de la política y de los políticos dos de los estamentos menos valorados por la sociedad detrás del sindicalismo de cualquier origen o pelaje.
 
Macri hijo es en definitiva el padre de esa criatura. Del llamado duranbarbismo, que cree que nada de lo malo o desprolijo que haga el gobierno, aun en casos que podrían rozar hechos de corrupción, va a influir en el votante de octubre.
 
Que lo que va a pesar en las urnas es la economía, el crecimiento, la baja de la inflación y la recuperación del salario, entre otras consignas de manual que los comunicadores oficiales toman de la palabra presidencial y llenan con mensajes y comentarios las redes sociales.
 
Marcos Peña es el abanderado de esa bajada de línea, de ese relato. Mario Quintana y Gustavo Lopetegui, los Ceos del gabinete, lo siguen.
 
Hay una segunda mirada, que tal vez abarque a buena parte del resto del gabinete de ministros, que no es tan contemplativa. O no está tan convencida de que las verdades del consultor ecuatoriano sean palabras bíblicas.
 
O que los casos que hoy se ventilan en los diarios "sólo le interesan a los periodistas que los escriben y no mucho más", credo que se re repite como latiguillo en esos despachos.
 
No sería tan así. Se escuchan por caso críticas a la actitud de Laura Alonso, que de seguro hubiese estallado por los aires si en vez de a Macri el caso del Correo involucrara a Cristina o a su fallecido esposo, mientras que ahora relativiza todo, chicanea a Margarita Stolbizer y dice desafiante que "obviamente" va a abrir un expediente.
 
La titular de la Oficina Anticorrupción no es nueva en esto de utilizar distintas varas, lo que es comprobable apenas se acude a los archivos de los últimos años.
 
No se trata solo de esa porción del gobierno que no compra a libro cerrado el credo de Durán Barba. Los aliados radicales de Cambiemos, que siguen trinando pese a los esfuerzos de Ernesto Sanz pero por otros menesteres (cargos, salir del rol de "segundones" en la campaña", ninguneo en el Congreso), están más preocupados por el impacto que esto puede tener en la campaña.
 
"Parece algo más gordo que lo de Arribas, o lo del fallido decreto de las ART, en especial porque es el padre de Macri, y porque el cristinismo se está haciendo un festival", dice un correligionario crítico.
 
Sin mencionar a los que adscriben a la idea de que hay un "relato macrista", que se asombran por el quietismo de Lilita Carrió, que ya antes se había llamado a silencio mientras Arribas, su denunciado, no podía explicar en el Congreso si vendió un departamento o un juego de sillones.
 
Aquella mirada no tan condescendiente de una parte del gobierno y de los radicales hace hincapié en que el electorado podría visualizar que aquello de "venimos a cambiar la historia" o el credo del peñismo según el cual "no somos lo mismo" puede hacer agua por algún costado. O que decir que los candidatos en octubre son Macri y Vidal por ahí no alcance.
 
No deberían olvidarlo: Cristina Fernández se hundió en las encuestas de imagen más por la monumental corrupción que se destapó desde que dejó el gobierno que por lo bien o mal que gobernó durante ocho años.
 
Otra vez el duranbarbismo sale a calmar a los quejosos de adentro y de afuera. "La gente vota con el bolsillo, no se olviden", los despacha.
 
Por Eugenio Paillet
 
Fuente: lanueva.com
 

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17-06-2018 / 16:06
Por una mínima diferencia -mínima pero decisiva- la despenalización del aborto fue aprobada en la Cámara de Diputados. Hay indicios para pensar que también podría ser aprobaba en Senadores. Si el señor Pichetto declaró que esto puede ser posible, es porque sabe de lo que está hablando.
 
De todos modos, la batalla por la despenalización del aborto está ganada. La ganó la sociedad, la ganaron las mujeres, la ganó la historia. En todos los países civilizados del mundo se comparte este criterio. Se discuten matices, detalles, pero en lo fundamental el acuerdo acerca del derecho de la mujer a interrumpir su embarazo es fuerte.
 
Agrego algo más: el derecho a interrumpir su embarazo sin que por ello vaya presa. Porque ése es el "detalle" decisivo, lo que a modo de síntesis diría que se debatió hasta la mañana del jueves en Diputados. Esa fue la pregunta que debía responder cada diputado a la hora de intervenir: ¿Va o no va presa? Lo demás se conversa.
 
En realidad, lo que se decidió fue legalizar aquello que de manera sórdida, oscura, culposa, se realizaba en la sociedad con sus consecuencias: muertes, mutilaciones, heridas irreparables. Les guste o no a los objetores, las mujeres abortan y seguirán abortando cuando lo consideren necesario, pero con un detalle: hasta la semana pasada la prohibición transformaba a esta decisión en un delito y habilitaba por bajo cuerda la industria millonaria de los médicos aborteros. Ahora empezará de dejar de ser así.
 
Por supuesto, acá también se establecían diferencias. Las mujeres con recursos podían disponer de algunas garantías; las pobres mujeres padecían las consecuencias de su pobreza. 

17-06-2018 / 11:06
"Hemos acordado un stand by de acceso privado por 50 mil millones de dólares. Esto es un reflejo del apoyo de la comunidad internacional al país", publicaron los diarios el 7 de junio. Antes de eso, el Gobierno no había dado pistas sobre tal acuerdo.
 
Ni los partidos aliados en Cambiemos conocían lo mínimo como para responder sin trastabillar las preguntas del periodismo. El acontecimiento que definirá los próximos años no fue discutido.
 
Un buen político sabe que es peligroso liberar fuerzas que no se está en condiciones de dirigir. En general, Macri no lo hace, por eso hasta hoy no ha puesto en debate público lo que ha firmado con el FMI. Hubo que esperar a la mañana del último viernes para una deslucida exposición y conferencia de prensa del ministro Dujovne, que agregó algunas precisiones.
 
Primero se firmó el acuerdo con el FMI. Luego, a las cansadas, el Gobierno se refirió a sus imposiciones, sus límites y sus consecuencias. Hay palabras que los argentinos preferimos no volver a usar. Pero el pacto fue un blindaje y significa un severo ajuste, esa dupla semántica y económica que nos marcó en los comienzos de este siglo.
 
Como si se tratara de una obra jugada en otro teatro, el pacto con el FMI fue todo lo contrario a los apasionados debates por el aborto de las últimas semanas. Precisamente, el acuerdo firmado con el FMI es un ejemplo de opacidad extrema, no porque el periodismo no acerque los datos de las obligaciones contraídas, sino porque esas mismas obligaciones son complicadas y solo el discurso político democrático puede restaurar un nivel aceptable de inteligibilidad.
 
Macri firmó primero y todavía no abrió la boca ni siquiera frente a sus aliados políticos, mucho menos frente a sus opositores. Reclama un acuerdo en un páramo discursivo. En este caso, la falla política no afecta solo a los excluidos sino a vastos sectores sociales más organizados y, probablemente, mejor preparados para comprender de qué se trata y, en consecuencia, para apoyar u oponerse razonadamente.
 
Todo el mundo está preocupado por alcanzar acuerdos. Pero preocupa otra cosa: cómo se llega a ellos y cómo se los garantiza. Por eso, los acuerdos antes de firmarse deben ser públicos y debatidos. Lo que Macri y su ministro Dujovne hicieron respecto del FMI fue ciertamente lo contrario. Una falla en lo político que no asegura un buen futuro. 

17-06-2018 / 10:06
A pesar de que Mauricio Macri se vanagloriaba de contar con "el mejor equipo económico de los últimos 50 años", ya cambió de ministro de Hacienda y presidente del Banco Central y completó los relevos sacando a los ministros de Producción y de Energía, la cara visible del tarifazo.
 
En medio de la disparada del dólar y la salida del presidente del BCRA, Federico Sturzenegger, Macri decidió reemplazar a los ministros de Energía, Juan José Aranguren y de Producción, Francisco Cabrera. Mediante un comunicado, la Casa Rosada anunció que sus reemplazantes serán el petrolero Javier Iguacel y el analista Dante Sica, respectivamente.
 
Estos cambios de gabinete no hacen más que confirmar el fracaso total de la política económica de Macri. Este tipo de cambios de nombre por nombre o a modo de manotazo de ahogado, pero que hacia afuera lo quieren mostrar como cambios profundos, no van a servir si la economía no es mirada de otra manera y con distintos ojos.
 
Macri está haciendo un cambio de nombres para sacarse de encima a los ministros más desgastados y seguir reforzando el plan de ajuste del FMI. Pero el problema no es el cambio de nombres, sino el cambio del proyecto económico neoliberal.
 
Sica no va a empezar una política de aliento a las exportaciones, de freno a las importaciones o de aliento a la industria y a la producción nacional. Tampoco se van a retrotraer las tarifas que tanto descontento social han generado. No habrá ningún cambio en el rumbo económico de este gobierno.
 
Como se vienen llevando las políticas de este Gobierno de los Ricos, será imposible y no va ser viable esta economía que lleva a la ruptura más profunda de las clases sociales, con miles de argentinos que día a día caen en la línea de la pobreza y con la clase media tambaleando.
 
Con un país que no tiene un mercado interno robusto, sin pymes protegidas por el gobierno de los CEOs, pretendiendo bajar los salarios y jubilaciones, cosas que ya ocurrió con la abrupta devaluación y la suba del dólar que en breve podría llegar a los 30 pesos y sin control de precios; cuando la cadena de pagos se rompe o cuando termina siendo más productivo dejar de invertir y poner el dinero en la timba financiera como lo son las Lebac, estamos por muy mal camino.
 
Mientras esta crisis parece no tener fin, será preciso enfrentar sus consecuencias. Si con el mejor equipo de los últimos 50 años nos fue tan mal, y terminamos en la B: el FMI, no queremos imaginar cómo nos va a ir ahora que entran los suplentes.
 
La Opinión Popular

16-06-2018 / 16:06
La única discusión es sobre los tiempos y la profundidad, el sentido está descontado: Mauricio Macri aceptó que tiene que hacer una drástica reducción de su gabinete para recuperar la confianza de un mercado que ni pestañeó ante la designación del súper trader Luis "Toto" Caputo en el Banco Central.
 
Las versiones hablan de una reducción de los actuales 20 ministerios a una cifra que va de siete a trece. Medio Ambiente, Modernización y Cultura pasarían a secretarías dependientes de la Presidencia, como fueron tradicionalmente. Y Energía y Producción serían degradadas a ese mismo nivel, sólo que para ubicarse debajo de Nicolás Dujovne, en la construcción por cuotas y a regañadientes que ensaya Macri, de un ministro de Economía tradicional.
 
Mucho más sensible, pero acaso igual de impactante, sería eliminar los ministerios de Salud y Educación y reemplazarlos por algún tipo de organismo de enlace con las provincias, que en rigor asumen toda la carga de la gestión en esas áreas. Son todas versiones que corren por estas horas, al igual que el eventual regreso de una cartera de Obras Públicas tradicional.
 
Lo que nadie discute es que el mercado pidió y pide un ajuste severo de un gabinete diseñado con criterios escandinavos, para un país inmenso e indomable como la Argentina. Llama también la atención el notable perfil bajo que transita Marcos Peña. "Está bastante corrido", afirmó una fuente que conoce muy de adentro el funcionamiento del macrismo.
 
Un deslizamiento que coincide con el protagonismo cada vez mayor de Nicolás "Nicky" Caputo, uno de los que más empuja el cambio profundo del gabinete.

16-06-2018 / 09:06
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