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Por Natalio R. Botana. Historiador y politólogo
“Si uno solo puede ser macrista o cristinista -si así son las cosas- estamos en el fondo del pozo y ni imaginamos la salida”. Julio Bárbaro
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Nacionales - 12-02-2017 / 10:02
ENTRE CRISTINA Y LA FALTA DE RUMBO DE MACRI SE PONE EN RIESGO LA RECUPERACIÓN

La estrategia de polarización macrista mete a la Argentina en una encerrona innecesaria: ¿Qué pasa si gana Cristina?

La estrategia de polarización macrista mete a la Argentina en una encerrona innecesaria: ¿Qué pasa si gana Cristina?
Macri cree que polarizando con el kirchnerismo, ellos son los únicos que pueden garantizar futuro. Cálculo cuyo principal problema no es su falta de grandeza –sería impiadoso exigirle eso un político-, sino que mete a la Argentina en una encerrona innecesaria: ¿Qué pasa si gana Cristina?
La semana que pasó un grupo de fondos de inversión visitaron el país, la preocupación por un eventual triunfo de Cristina Kirchner en las elecciones de Octubre fue indisimulable. Y el diagnostico inapelable: "Si Cristina gana olvídense de las inversiones".
 
El temor no es disparatado, los propios funcionarios reconocen como posible una derrota en la provincia de Buenos Aires, donde todo indica competirá la ex presidenta. María Eugenia Vidal intentó enmarcar esa hipótesis: "Perder la elección no es el fin del mundo". Los inversores piensan distinto.
 
Si el ganador fuera Sergio Massa el efecto sería neutro. Macri apuesta su mandato a la llegada de esas inversiones. Pero el laboratorio político que conduce Marcos Peña cree que es más importante polarizar con Cristina que darle horizonte de previsibilidad al país.
 
O mejor dicho, cree que polarizando con el kirchnerismo, ellos son los únicos que pueden garantizar futuro. Cálculo cuyo principal problema no es su falta de grandeza -sería impiadoso exigirle eso un político-, sino que mete a la Argentina en una encerrona innecesaria: ¿Qué pasa si gana Cristina?
 
El otro problema que se ata a ese "programa" electoral del oficialismo -y que lo explica- es la ausencia de una agenda propia, como bien señaló el periodista Marcelo Longobardi.
 
Macri mezcla kirchnerismo -acaba de autorizar que crezca la masa monetaria a niveles del 2015, por ejemplo-, con ajustes atomizados, con una declamación de la ética pública estilo UCR, que se choca de frente con los Correos, Angelicis y Arribas.
 
Ya es una obviedad que la única oferta clara de Cambiemos es la misma de la campaña: "Nosotros o el kirchnerismo". La grieta convertida en programa de Gobierno.
 
Con el inconveniente detalle que ya llevan más de un año en el poder. Un cuarto del mandato. El discurso suena gastado, porque está gastado. Y la espectacularidad de las denuncias contra la ex presidenta no la mellan en las encuestas, porque no todo se resuelve con los medios.

 
Nada de esto perfora la suficiencia blindada contra toda autocrítica del núcleo duro del Presidente. No hay nada de qué preocuparse, es otra vez el microclima intoxicado del círculo rojo, con su alarmismo habitual.
 
Se equivocaron antes y se equivocan ahora. Vamos a ganar y el Gobierno está muy bien. La oposición es la que está en problemas con sus divisiones y las encuestas están operadas.
 
Frente a la fe, se acaban las discusiones. Sólo queda esperar a Octubre.
 
Pero afuera el mundo sigue rodando. El ministro Luis Caputo, verdadero hombre fuerte del área económica, miente con su mejor cara de Poker cada vez que le preguntan por el efecto de un hipotético triunfo de Cristina: "No pasa nada". Pero sabe que miente.
 
Como también sabe que empujada por Trump la Reserva Federal va a subir al menos dos veces la tasa este año. Por eso tomó 17 mil millones de dólares de deuda en enero y siguió de largo con colocaciones ya imposibles de contar.
 
"Argentina arrastra una mala reputación de años en los mercados que no se terminó de disipar, si por Trump la tasa sube un punto en México a nosotros nos va a pegar 1,3 puntos de mínima", explicó un experimentado operador.
 
Déficit, atraso cambiario, deuda creciendo fuerte, problemas de empleo, inflación todavía muy alta, caída brutal de la actividad industrial, presión fiscal récord, los problemas siguen amontonándose, en el medio de tenues señales de mejora.
 
"Comparados los números del final del 2015 con el final del 2016, después de un año de Gobierno de Cambiemos, el país está peor", afirmó implacable un importante funcionario de Macri, expulsado por decir verdades como esas.
 
Homogéneo es un concepto gris para tenerlo como horizonte personal. Pero en política es peligroso. Suele disparar procesos de paranoia y manía de control. Los problemas que enfrenta el país son demasiado complejos como para pensar que todas las soluciones están en poder de un grupo de parecidos.
 
O dicho de otra manera es notable que se busque la uniformidad de pensamiento, cuando lo que se extraña es eso: La falta de una idea clara sobre el rumbo elegido.
 
A no ser que se crea que las tres columnas centrales de la "ideología" new age del PRO, que difundió el filósofo oficial Alejandro Rozitchner y hasta ahora nadie desmintió, son la razón de Estado del macrismo: Cercanía, positividad y futuro.
 
Hay que hacer un esfuerzo extraordinario para encontrar conceptos más propicios para llenar con casi cualquier cosa... y sus opuestos. Acaso el filósofo, haya dicho la verdad.
 
Por Ignacio Fidanza
 
Fuente: La Política Online
 

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26-03-2017 / 11:03
"La manifestación, que expresa demandas y a la vez afirma la identidad del grupo que las porta introduce una relación diferenciada con el tiempo de la política (...) intenta demostrar su fuerza para evitar la violencia." Del libro "La manifestación. Cuando la acción colectiva toma las calles."
 
Olivier Fillieule
Danielle Tartakowsky
 
El libro citado comienza recordando que la revista Time eligió como personaje del año 2011 "al manifestante". Es presumible que la  revista  autóctona Gente no imitará el ejemplo en 2017 porque sus criterios para los castings son diferentes.
 
De todos modos, la cita viene a cuento en este marzo vibrante, signado por cinco actos masivos en menos de veinte días, contando solo la Plaza de Mayo y sus inmediaciones.  Hubo muchas otras, entre frutazos y las conmemoraciones del 24 de marzo en todos los confines del país.
 
Las cifras son secundarias  y muy estimativas.  Millones de personas, en cualquier caso. Cada convocatoria tuvo su pliego de demandas, oradores o documentos vinculados a ellas, personalidad propia si se admite la expresión. No se recuerda una seguidilla de estas características desde la recuperación de la democracia.
 
Fuerza y no violencia, ese fue el signo que el potente aparato de propaganda oficialista intentó vanamente distorsionar. El espacio público se ocupó con respeto, una serena alegría. Los incidentes fueron mínimos, considerando la cantidad de gente congregada.
 
Los manifestantes salen en defensa propia. Es válido debatir sobre sus reclamos a condición de advertir que todos encuadran en la lógica institucional. Paritarias docentes, aumentos de salarios, cambios en la política económica, respeto a la igualdad de género, protección contra la violencia machista y siguen las firmas.
 
El gobierno del presidente Mauricio Macri ganó las elecciones y arrancó con la condigna legitimidad de origen que confiere cargos, espacios políticos... y responsabilidades. Lo que viene después, de cajón, no es apenas el "fin de la luna de miel" sino la medición popular de la legitimidad de ejercicio.
 
Con quince meses largos de gestión, el macrismo recoge día tras días los frutos de su propia siembra. Prima el descontento, extendido en el vasto espacio de las clases medias y populares.
26-03-2017 / 11:03
26-03-2017 / 10:03
El Gobierno de Mauricio Macri se encuentra empantanado entre la incapacidad para retomar la iniciativa y el desgaste que genera la durísima huelga de los maestros, mientras el kirchnerismo mostró 2 veces más -la Marcha de los Docentes y el 24/03- que tiene una mayor capacidad de movilización, organización y de encarnar el creciente odio antimacrista de una parte de la opinión pública, sobre todo, bonaerense.
 
La comunicación oficial no deja en claro cuál es el eje de la campaña que tendrá el macrismo en esta elección. ¿Hay que votar a "Cambiemos" para que no vuelva el kirchnerismo al poder o hay que votarlos porque están haciendo obras y cumpliendo promesas y anuncios realizados?
 
En realidad, hay varios grupos de votante de Cambiemos, sumando los que aportaron su voto en las PASO, la 1ra. vuelta + el balotaje: están los "PRO puros" + los aliados radicales + los seguidores de Elisa Carrió + grupos peronistas antikirchneristas + los antikirchneristas puros. Y, algunos de ellos, han comenzado a poner su duda repetir su voto. ¿Qué está haciendo el Gobierno para volver a seducirlos? Nada. Y esto es grave.
 
Quizás, quién más está haciendo para que el voto antikirchnerista vuelva a canalizarse a Cambiemos sea el propio kirchnerismo, que en las 5 grandes marchas que se organizaron en 2 semanas, aportaron las columnas más nutridas, tomaron el control de los actos y, en la de la CGT, coparon el escenario; superando a organizaciones de derechos humanos, sindicatos y partidos de izquierda. Sin duda, todo un éxito de organización, armado y obediencia de la estructura, sin contar con recursos necesarios para sostener todo lo necesario en una movilización.
 
Que el kircherismo sea hoy el colectivo social que tiene mayor capacidad de movilización del peronismo es también culpa del Gobierno. Desde el comienzo de la gestión del PRO, el plan fue polarizar con el kirchnerismo para eliminar a Sergio Massa del escenario electoral.
 
Si bien el ex intendente de Tigre viene "escapando" del desgaste que produce el choque entre el macrismo y el kirchnerismo gracias a sus viajes al exterior (ahora está en China); el efecto negativo que generó esta polarización es que no permitió que el peronismo se deskirchnerizara, tal como era de esperar luego de una derrota electoral tan contundente.
 
Hoy, no hay nadie en el peronismo que mida mejor en las encuestas que Cristina Fernández. Hoy, no hay nadie que tenga el poder de movilización que tiene La Cámpora. Hoy, no hay nadie en el peronismo que pueda articular alianzas tan amplias como el kirchnerismo. La duda resulta si todas esas ventajas se terminarán por confirmar en las urnas.
 
Los problemas pasan por las narices del Gobierno y el Gobierno no entiende por qué ocurren. Esto demuestra una desconexión con la realidad y una incapacidad notable para escuchar. La consecuencia, en política, son las derrotas electorales.

26-03-2017 / 09:03
26-03-2017 / 09:03
No se había completado la desconcentración de la multitud que protagonizó el miércoles pasado la denominada marcha federal educativa a Plaza de Mayo, cuando uno de los principales funcionarios de la Jefatura de Gabinete de la Nación manifestó lo que muchos creen en la Casa Rosada, incluido el presidente Mauricio Macri: "Estamos atravesando bien lo peor de la tempestad".
 
A esa hora, Marcos Peña seguía dándole una encendida batalla dialéctica a la oposición en la Cámara de Diputados, con su primer informe de gestión del año.
 
Para el Gobierno, esa tempestad desatada por la protesta social comenzará a amainar tras el paro general convocado por la CGT para el 6 de abril. Hasta entonces, las calles de Buenos Aires y otras ciudades del país se saturarán de gritos, quejas y banderas agitadas.
 
También de piquetes y cortes, que seguirán por ahora sin recibir sanciones efectivas porque los estrategas del oficialismo quieren evitar episodios de violencia. Sospechan que los sectores más duros de la oposición están esperando victimizarse ante cualquier atisbo de represión.
 
Informes de Inteligencia que circulan en los despachos del Gobierno aseguran que los grupos más extremos buscan que se produzca una muerte, para convertirla en símbolo de la lucha.
 
La historia tiene abundantes episodios de esas características que sirvieron para realimentar espirales de violencia. Macri reiteró su reclamo de una mayor firmeza para evitar el bloqueo de las vías de circulación, pero con la especial recomendación de evitar enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas de seguridad.
 
Las masivas concentraciones del viernes, para recordar el 24 de marzo de 1976, día en que las Fuerzas Armadas se apoderaron del Estado para instaurar la última y brutal dictadura militar, también formaron parte de la tempestad que atraviesa el Gobierno.
 
Fueron claras y contundentes expresiones opositoras, ganadas por consignas partidarias como el "Vamos a volver" del kirchnerismo o las clásicas exigencias revolucionarias de la izquierda.

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